Una sonrisa para llevar

Grand aprendizaje el que me han dado, una vez más, mi esposa y mi hija hace tan solo unos momentos.

Después de varios días de estar trabajando sobre un seminario y 3 diferentes presentaciones que estaré dando esta semana, dedicando incluso los últimos dos días (sábado y domingo) desde las 6 de la mañana, he terminado, como podrán suponerse, física y mentalmente exhausto, simplemente agotado. ¡y solo vamos a la mitad del camino! Pues aún están por venir los momentos más entretenidos y divertidos: los de presentar.

Así que cansado y ya mal humorado, como cualquier otro mortal que esté trabajando en domingo por la noche, estaba ya a punto de comenzar a responder de mala gana a cuanto comentario me llegara. Sí incluso, tontamente, hasta los ofrecimientos de ayuda, de porras y de apoyo. (¿Qué quieren? Soy tan humano y torpe como cualquiera).

Entonces, cuando acudía agobiado al llamado de mis princesas, poniendo cara de pocos amigos, ellas me recibieron con una gran sonrisa. Y no cualquier sonrisa, sino una capaz de iluminar una noche lunar entera y de calentar al mismo polo sur.

Es curioso como llegamos a enfocarnos tanto en hacer lo que estamos haciendo que olvidamos por qué y para quién lo estamos haciendo.

Entonces, después de ese refrescante baño de alegría, pude regresar a mi computadora y retomar mis pendientes, entre ellos escribir esta corta pero importante entrada, con la que ahora recuerdo que nunca he de olvidarme de tomar de cada una de mis princesas una sonrisa para llevar.

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