Dulce resistencia.

Ser constantes y continuar trabajando por conseguir nuestros objetivos nunca es tan fácil como parece. Seguir adelante a pesar de todos los retos que se interponen en el camino siempre resulta complejo, cansado y con frecuencia incluso desgastante.

Pero enfrentar una gran resistencia que se muestra clara y franca para avanzar es, de hecho, el mejor tipo de resistencia podemos enfrentar:
Si en nuestro camino encontramos un muro alto y ancho que hay que sortear para seguir adelante, entendemos que tendremos que saltarlo, rodearlo o atravesarlo para seguir adelante y buscamos la manera más eficaz de hacerlo; en cambio si en el mismo camino encontramos un cómodo sofá que nos invita a descansar y tomarlo con calma, probablemente nos acomodemos tan bien en el que olvidemos continuar.

Tener en frente un gran reto y que las cosas se presenten difíciles, no es lo peor que nos puede pasar. Tener críticos que menosprecien nuestro esfuerzo o cínicos que digan que nunca lo vamos a lograr, tampoco. Por el contrario, cuando menos así identificamos bien al enemigo a vencer y podemos calcular el tamaño del esfuerzo que nos va a tomar llegar a donde queremos llegar.

Por el otro lado, cuando las cosas aparenten ser fáciles, cuando todo lo obtenemos sin mayor esfuerzo, cuando vivimos cómodos en el estatus quo y rodeados de gente que solo nos dice que todo lo que hacemos lo hacemos bien y nos justifica cuando no lo hacemos; cuando nosotros mismos nos damos más “Chance” del que en verdad necesitamos, no hacemos otra cosa que engañarnos a nosotros mismos, y crearnos algo mucho peor que un gran reto. Nos creamos una dulce y amigable resistencia que poco a poco y sin darnos cuentas nos va alejando de nuestro camino.

El gran problema con esta dulce resistencia es que casi siempre viene acompañada de genuinas y buenas intenciones y, por lo tanto, no estamos alertas ante estas.
Es como la metáfora de la rana hervida. ¿La recuerdan? Si tratas de meter a una rana en una olla de agua hirviendo, esta inmediatamente saltará afuera para salvarse a si misma, pero si tomas a la misma rana y la pones dentro de la misma olla con agua a una temperatura agradable para esta y lentamente vas aumentado la temperatura hasta hervir el agua, la rana se quedará ahí,cociéndose sin darse cuenta.

Piénsenlo un momento. ¿Cuántas veces no hemos caído ante esta afable resistencia?
Cada vez que apretamos el botón de snooze en el despertador para “dormir 5 minutos más” en lugar de levantarnos a hacer el ejercicio que tan solo la noche anterior nos prometimos que íbamos a hacer sin falta, justificándonos tras el pretexto de habernos acostado tarde y que merecemos dormir un poco más.
Cada vez que teníamos que estudiar tan solo un poco más para el exámen del día siguiente y que nuestros amigos nos convencían de ir a jugar dardos y tomar algo en la noche.
Cada vez que un famililar, un ser querido o nosotros mismos justificamos alguna falta de nuestra parte estamos, de algún modo, sometiéndonos a esa dulce y amigable resitencia.

Y no es que esté mal darnos espacio o que tengamos que vivir en un régimen dictatorial.
Está bien tomarlo con calma y regalarnos, de vez en vez, “5 minutos más”. Pero si ese “chance” nos distrae constantemente de donde tenemos que enfocarnos para lograr nuestros objetivos, entonces no se trata de un tiempo y espacio para nosotros, sino de una dulce resistencia que tenemos que enfrentar.

Picture credit: Vivianev

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Un comentario el “Dulce resistencia.

  1. Efrain,

    Mi palabra clave para esto es EQUILIBRIO. Me sucede que a veces se me pasa la mano de uno o de otro lado. O me quedo mucho en el sofa descansando o me tiranizo demasiado. Ambos extremos suelen cobrarmela cara. Una porque me carga una culpa impresionante por haber “echado la hueva” de más y la otra porque he exagerado en trabajar y el estress se deja sentir con todo y mi cuerpo lo resiente.

    Lo que me ayuda a estar en equilibrio, es preguntarme si eso que estoy haciendo me acerca o me aleja de mi fin ultimo en la vida. Regularmente la respuesta es la que me da la pauta para decidir si “merezco otros 30 minutos de descanso” o “ya es hora de levantarse, vamos.”

    Buen post como siempre.

    Saludos,

    Eloy López.

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