4 lecciones de miedo…

El miedo debe ser la más natural y más sentida de las emociones humanas. De hecho, cualquier experto en desarrollo humano nos dirá que, junto con el amor, lo es.

Prácticamente ni un día pasa sin que escuchemos hablar a alguien (nosotros mismos incluidos) sobre algún temor a algo o a alguien. Y sin embargo, poco hacemos por aprender a entender nuestros miedos, superarlos y vivir con, o mejor aún, a pesar de estos.

Algunos hablan de saber vivir sin miedo, pero con franqueza, hasta ahora no he conocido a alguien que pueda comprobar que Juan sin miedo sí existe.
No, desde mi punto de vista, no se trata de vivir sin miedo (pues esto sería equivalente a dejar de sentir), sino de aprender a reconocerlo, vencerlo y seguir adelante aún cuando aquella “amenaza” a la que tememos siga latente.

Y si bien no conozco a ningún experto domador de miedos, sí he sido lo suficientemente afortundado para conocer algunas brillantes personas que ya sea personalmente, a través de sus libros, publicaciones o conferencias, me han dejado por lo menos 4 lecciones respecto al miedo:

  1. Jamás dejes de hacer algo por temor a hacerlo.
    Siempre que no atente contra tu integridad personal, aquellas cosas que más miedo tienes de hacer, son típicamente una clara indicación de hacía donde tienes que encaminarte. Correr hacía nuestros miedos (no de ellos) se vuelve crítico para avanzar en nuestra vida. Suena a cliché, pero la realidad es que en verdad más allá del velo del miedo está el potencial de todo lo que podemos lograr.
  1. Vivir todos los días temerosos y preocupados es un desperdicio de vida.
    Mark Twain dijo “Pasé la mitad de mi vida preocupándome por cosas que nunca ocurrieron”.
    Y de qué sirve pasar todo nuestro tiempo preocupados, temiendo a aquello que no ha pasado y que tal vez nunca ocurra, y que si ocurre, probablemente poca opción tendremos de evitar que suceda. ¿Para que sufrir las cosas dos veces (una cuando te preocupas por lo que pueda pasar y otra solo si sucede) cuando los más probable es que nunca las tengas que sufrir?
  1. El miedo es un mal consejero si reaccionamos solo a este. El miedo, sino somos capaces de controlarlo, altera nuestros nervios, nos enoja, nos hace intempestivos y cualquier decisión que tomamos bajo la influencia directa del miedo tiene grandes probabilidades de ser justo la que no queríamos o debíamos tomar.
    Una cosa es tener que reaccionar rápidamente ante una situación de emergencia y “pensar sobre nuestros pies” y otro totalmente distinta es no saber reconocer el momento en el que debemos de detenernos, hacer una pausa, aclarar nuestras emociones y tomar una decisión fría y bien pensada.
  1. Una de las mejores formas de combatir el miedo es la preparación y la anticipación.
    Dedicamos tanto tiempo y energía a escuchar a nuestros miedos que nos olvidamos de pensar en qué podemos hacer para evitarlos.
    Quiero decir, pasamos años con miedo a sufrir un infarto porque “tenemos mucho estrés, comemos mal y no hacemos ejercicio” en lugar de usar todo es tiempo para procurar nuestra salud, ejercitarnos todos los días y tener una mejor nutrición.
    Tememos quedarnos sin trabajo y no tener un colchón en dónde caer, pero desperdiciamos el tiempo en trivialidades en lugar de hacer un fondo de ahorro o, mejor aún, comenzar  a construir nuestra propia empresa.
    Tenemos miedo de lo que no conocemos y aún así pocas veces nos damos la oportunidad de explorar eso y aprender de ello.
    O, de igual forma, tenemos miedo del nuev@ jef@, pero en lugar de acercarnos a ella para conocerle y entenderle, preferimos bañarnos en el miedo del resto de nuestros compañeros perdiendo el tiempo alimentando los mismos rumores que desde un inicio nos hicieron temerle.
    O peor aún tenemos terminar viviendo la vida de los demás pero muy pocos son los que se atreven construir y vivir desde la ya la vida que en realidad quieren vivir.

La realidad es que pocas veces nos damos el tiempo de tratar de entender a qué y especialmente por qué le tenemos miedo, pero si lo hacemos, tal vez, solo tal vez descubramos que… no era para tanto.

¿Y ustedes a qué le tienen miedo y cómo están aprendiendo a vencerle?

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