Las 5 E’s del emprendedor

Con frecuencia resulta difícil definir qué y quién es un emprendedor.

Hay muchas suposiciones y percepciones, una correctas y otras no tanto, al respecto. Y, como en todo, cada quien tiene su propia opinión.

Desde mi punto de vista, para definir cómo es un emprendedor, primero tenemos que entender que todos tenemos la capacidad y hasta obligación de serlo. No importa si eres un empresario que con sus propios recursos inicia una nueva operación o si eres parte de una compañía, lo que más necesita el mundo hoy es gente con ganas de emprender acciones positivas y llevarlas a cabo. No solo personas que generen ideas o echen algo a andar para abandonarlo después, sino emprendedores capaces de crear oportunidades y planes de acción que llevan a cabo de principio a fin.

Seguramente conocemos a más emprendedores de los que pensamos y más probable que no, nosotros mismos seamos buenos emprendedores, ya sea como dueños de nuestra propia empresa o formando parte de alguna organización.

Definirlo no debería ser tan difícil en mi parecer. Y tal vez haya 5 E’s que podríamos buscar en cada persona para saber que tan buen emprendedor es:

Entendimiento: un gran emprendedor entiende claramente cuál es el propósito que quiere servir y entiende también cuáles son los objetivos que tiene que alcanzar para cumplir con su misión.

Entrenamiento: un gran emprendedor sabe que ser muy talentoso de poco sirve, si ese talento no se cultiva, educa y desarrolla, por lo que busca prepararse mejor y desarrollar las competencias y habilidades que complementan mejor sus fortalezas y áreas de oportunidad.

Experiencia: un gran emprendedor, comprende también que a pesar de la crucial importancia del estudio continuo, ese no servirá de mucho, si no pone en práctica aquello que ha aprendido. De modo que pronto deja la teoría atrás para dar paso a la práctica para poner a prueba lo que ha estudiado y acumular experiencia.

Enfoque: un gran emprendedor está siempre pendiente de no caer en la tentación de la popularidad, sabe que no se puede, ni se debe, querer ser todo para todos y mantiene su enfoque todo el tiempo en sus objetivos.

Ejecución: un gran emprendedor sabe que a las palabras se las lleva el viento. No pierde tiempo diciendo qué es lo que va a hacer. Sabe que hay un momento para la reflexión y el discurso, pero también reconoce que no importa que tan brillante sea una idea, si esta no es transformada en una acción real, carecerá siempre de valor alguno. En otras palabras, entienden que el verdadero valor de un plan no está en su teoría sino en su ejecución.

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