Un mentor, un coach, un porrista y un amigo entran a…

No, no se trata del inicio de un chiste, sino de la gente que necesitamos que entre en nuestras vidas, las personas de las que deberíamos rodearnos  y de los roles que debemos asumir.

Hablar de estos cuatro roles no es descubrir el hilo negro, ni inventar la rueda.
Probablemente muchos hayan escuchado a personalidades como Tim Ferris o Chris Hogan compartir la importancia de estos roles en distintos foros.
Pero debo preguntar: ¿Qué tanto estamos poniendo atención a esta recomendación? Tener y ser para otros, un mentor, tener y ser para otros un un coach, tener y ser para otros su porrista, tener y ser para otros su amigo incondicional.

Tener un mentor se trata de encontrar a alguien que haya avanzado ya sobre el camino que pretendemos recorrer, alguien que con tiempo, trabajo, estudio y dedicación a un propósito similar al nuestro, va delante de nosotros y que con generosidad está dispuesta a compartirnos su experiencia; dejarnos ver sus retos, sus errores y sus aciertos. A prestarnos sus lecciones, como nuestras, para hacernos un poco más visible el camino que queremos andar.

Tener un coach, no es tener un mentor, ni un psicólogo, ni un doctor.
Tener un coach significa tener a nuestro a lado a una persona que con su preparación y experiencia, nos ayude a entender dónde estamos, a definir a dónde queremos llegar y a esbozar un plan para lograrlo.
Un coach, nos mantiene fieles a ese plan. Un coach no consiente, no complace. Un coach no nos da las respuestas, pero sin duda nos ayudan a encontrarlas. Mejor aún, un coach nos mantiene honestos y claros y nos lleva a plantearnos aquellas cosas que no nos hemos atrevido a preguntar. Un coach nos da el empuje que necesitamos para continuar y avanzar.

Tener un coach no siempre es suficiente.  Necesitamos también saber que hay alguien más allá afuera que cree en nosotros, un porrista.

Un porrista que celebre nuestros logros incluso antes de tenerlos. Un porrista que al inicio del día, con su mirada nos dejan ver que creen en nosotros y que por la noche nos abraza y nos dice mañana será otro día para continuar.

Y un amigo. Un amigo con quien conversar y compartir nuestros secretos, nuestros sentimientos, miedos y anhelos. Un amigo que conozca nuestra historia y nuestro por qué.  Un amigo que a veces solo escuche y en otras nos ponga en nuestro lugar.

Y así como necesitamos de un mentor, un coach, un porrista y un amigo, necesitamos serlo para otros también, pues compartir es aprender y aprender es crecer.

Compartir como mentor de alguien más aquellas lecciones que tanto nos dolió aprender. Prestar la luz obtenida en nuestro camino para alumbrar un poco el de quien viene atrás y ayudarle a sortear los retos que ha de enfrentar.

Ayudar como coach a quién está intentando encontrar y ganarse su lugar. Ayudarle a trazar un plan, fijar objetivos y acompañarlo en el camino que ha de comenzar.

Celebrar, como porrista, hasta los más pequeños logros de alguien más. Y prestarle cada nuevo día nuestro ánimo y confianza interminable en que ellos lo pueden lograr.

Y ser de alguien especial un amigo leal, honesto, sin intereses. Un amigo incondicional.

 

 

2 comentarios el “Un mentor, un coach, un porrista y un amigo entran a…

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