Y todo seguirá igual, a menos que…

Mucho se habla todos los días de la famosa o infame e inevitable transformación de los negocios en esta “era digital”.

No hay día que pase sin que escuchemos o leamos a alguien comentar sobre la importancia de no quedarse atrás, de ser parte de esta gran transformación, de llevar nuestros negocios al siguiente paso. “De transformarse o morir”.

La vasta mayoría de las conversaciones se centran, sin embargo, en la tecnología que necesitamos adquirir, las plataformas digitales que necesitamos adoptar y el nuevo tipo de talento que necesitamos integrar con conocimientos más técnicos y habilidades que les permitan acelerar la digitalización de nuestros negocios.

Pero muy poco se habla de la transformación que previa a todo esto, como líderes tenemos que hacer.

Y es que poco importa si tenemos todos los recursos económicos para adquirir todos los elementos técnicos, tecnológicos y humanos que necesitamos para dicha conversión; si nosotros como líderes no adoptamos una nueva manera de pensar y de actuar, al final, después de de todo ese esfuerzo e inversión terminaremos por dejarlo todo igual sin importar cuántos avances tecnológicos logremos, con cuántas herramientas de planeación y construcción de modelos predictivos contemos, o a cuántas personas “mejor preparadas” con todo tipo de masters y PHDs contratemos. Si los líderes no se transforman, todo seguirá igual.

Y resulta trágico ver que, hasta en las organizaciones que más progresistas e innovadoras consideramos, quedan enormes rastros y restos de un liderazgo enfocado en el bien único de unos cuantos, a la imposición de la forma sobre el fondo y del control de todo y de todos. Y por estas viejas prácticas de administración, es que todo sigue y tristemente seguirá igual… a menos que..

… a menos que, como líderes, nos atrevamos a ser y hacer las cosas diferentes:
  1. Nos atrevamos a dejar atrás la caduca visión de imponer jerarquías en las que nadie puede moverse ni tomar acción sin el visto bueno del “director” y en las que todos viven bajo la tiranía de hacer las cosas porque es lo que “los jefes quieren ver”.
    Y, en su lugar, adoptemos un enfoque de trabajo en el que todos los integrantes de la organización no solo sepan cuál es el propósito compartido de toda la empresa, sino lo que cada integrante debe de hacer para contribuir a cumplir ese propósito y los empoderemos con la confianza de que harán lo correcto y no solo lo que con “el jefe” es popular.
  2. Nos atrevamos a dejar atrás la inservible práctica de guardar y ocultar información de los demás y pretender utilizarla para manipular las acciones de otros. La información no es poder sino la compartes de manera eficiente con los demás.
    Y en su lugar comencemos a hacer de la comunicación clara, transparente y puntual una de nuestras más arraigadas prácticas como profesionales (y en lo personal).
  3. No atrevamos a dejar de hacer “planes de excel” con modelos económicos realizados por personas que por más expertas, preparadas, geniales y bien intencionadas que sean, no tienen una exposición directa al mundo real. En su lugar confiemos en el equipo que pueden hacer trabajando de la mano y escuchando a quienes tienen la experiencia y conocimiento de primera mano porque por años han estado al frente, construyendo los negocios y dando la cara y hasta la vida por estos.
  4. Nos atrevamos a dejar atrás la insistente necesidad de “hacer todo, de acuerdo al plan en el excel” y de pretender que todo los factores los podemos controlar con dicho plan. Dejemos de pretender que la forma es más importante que el fondo, y que si algo no sale de acuerdo al plan entonces fue el equipo quien falló y este estuvo mal.
    En su lugar, además de planear, comencemos a ejecutar. Planear es bueno, pero ejecutar, experimentar, probar, aprender y aplicar esa lección a un nuevo plan a ejecutar, es mucho mejor.
  5. Nos atrevamos a dejar de de acusar y echar culpas a los demás y en su lugar aprendamos a asumir nuestra responsabilidad. No sabemos, preguntemos. No podemos, intentemos. No tenemos, busquemos. Pero no asumamos que nadie más que nosotros lo hace todo bien.
  6. Nos atrevamos a dejar de celebrar solo los resultados a corto plazo, ignorando que estos son el resultado del trabajo de años atrás. En su lugar aprendamos a ver lo que ha sido, lo que es y lo que será, de una manera integral. Es la única manera en las que de verdad nos podemos desarrollar.

Un comentario el “Y todo seguirá igual, a menos que…

  1. Que gran mensaje Efrain, digno de enmarcar y guardar para recordarlo cada mañana. La transformación y el cambio debe empezar con cada uno de nosotros, nuevos tiempos, nuevos hábitos. Saludos

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