De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Personal Branding y la organización.

“¿Cuál es el impacto que tiene el Personal Branding de un individuo sobre la empresa para la que trabaja? ¿Debería la empresa limitarlo o impulsarlo?” Han sido unas de las mejores ( o más deseadas debería decir) preguntas que he escuchado sobre Personal Branding.

Para muchos, el tema de Personal Branding trata sobre una agenda en particular para promover su propia carrera profesional o comercial. Para otros, los más “corporativos”, es un tema sin importancia y pasajero a lo más.

Por fortuna, para muchos más, definir, ejercer y desarrollar nuestra marca personal es un tema de vida, así, sin más ni más.

Ejercer nuestra marca personal, como lo hemos comentado en el pasado, no se trata de auto promoverse, alimentar nuestro propio ego y salvaguardar nuestra inseguridad; sino de dejar una huella positiva en la vida de los demás, trabajando colaborando, contribuyendo, ayudando, compartiendo, enseñando o aprendiendo… y sí, dejando también en la organización para la que laboramos,  nuestra huella personal.

Ciertamente, contar con una fuerte marca personal ha impulsado el desarrollo de las carreras profesionales de incontables personas que han sabido ejecutar cuidadosamente no solo su plan de carrera sino de vida por igual; y no tendría porque ser de otra manera. Si han contribuido positivamente a la vida de otros, ¿por qué no debería irles bien a estos también?
Y de la misma forma, contar con empleados que tienen una fuerta marca personal ha sido muy positivo y productivo para aquellas organizaciones que no solo saben aprovechar esta enorme fortaleza de sus integrantes, sino que también la promueven y nutren para fortalecer su marca laboral.

Verán, todas las empresas tienen muchos más voceros de los que formalmente entrenan y autorizan para hablar en su nombre.
De hecho cada integrante de la corporación es un vocero potencial, no solo por lo que informalmente, en distintos lugares y de manera accidental pueden compartir sobre la empresa para la que trabajan, sino por la imagen que proyectan de ellos, y de la empresa ante los demás.

Es curioso ver lo mucho que las empresas invierten en desarrollar, posicionar y fortalecer su marca comercial, solo para olvidarse de hacer lo mismo con su marca laboral.
Invierten millones de dólares e incansables horas hombre en inventar y reinventar todos los días su marca como la mejor que podemos comprar; y gastan un gran tanto más en hacerse de recursos y ayuda para atraer al talento que quieren contratar; olvidándose de que en sus filas están aquellas personas que a final de cuentas puede convertirse en su mejor imán, su propio staff.

Tener integrantes que ejercen una sólida marca personal como agentes de confianza que aportan valor a una industria o a una comunidad, que comparten su conocimiento, trabajo y pasión con los demás y que buscan aprender también de estos, no puede más que hacer más atractiva y sexy a la organización para la que trabajan.

¿Quién no quisiera trabajar con  gente talentosa, que no solo es de los mejores en lo que hace, tiene una gran experiencia y pasión por su trabajo, pero que además lo hace con humildad y apertura a continuar aprendiendo? ¿Quién no quisiera rodearse de gente buena en lo profesional y en lo personal? ¿Y quién no quiere trabajar para una empresa en la que no solo contará con buenos benificios económicos y grandes prestaciones, pero en la que también podrá nutrir y desarrollar su talento para poder aportar aún más a su trabajo y a su comunidad?

Definitivamente, nuestra marca personal  sí puede influenciar directa y positivamente a la marca laboral de nuestro empleador, de la misma forma en la que la organización para la que laboramos puedes ayudarnos a nutrir y fortalecer nuestra marca personal.

Picture credit: Stefano Principato

De maestros y guías… y la autoridad intelectual.

Es curioso, pero cada vez que alguien utiliza la palabra “Gurú” en una red social, en un blog, en un evento, en un podcast o hasta en una charla privada entre amigos, provoca una serie de reacciones en cadena, casi como si usara la palabra genocidio.
Algunos se emocionan y otros se ofenden, pero todos tienen algo que opinar.

Pero en realidad la palabra gurú no tiene nada de malo en si misma. Es más bien el pésimo uso que algunos pocos (o no tan pocos) le han dado para instantaneizar (si existe la palabra) su “autoridad” sobre algún tema o especialización.

Vivimos en una época en la que, como compartió con nosotros, aquí en DLC, Pam Thomas hace ya un par de años, parece que solo buscamos la gratificación instantánea y los resultados inmediatos: pérdida instantánea (o casi instantánea) de peso, comida instantánea, respuestas instantáneas…y sí, carreras profesionales meteóricas, instantáneas también.

Gurú, de hecho, de acuerdo al diccionario de la Real lengua Española, quiere decir, en el hinduismo, maestro espiritual o jefe religioso; o bien una persona a quien se considera maestro o guía y se le reconoce como autoridad intelectual.

Pero ¿Puede uno en verdad ser una autoridad intelectual al instante?

Sí leo los perfiles en Linkedin.com de algunos de los más representativos líderes de opinión de la industria de la mercadotecnia y la comunicación, definitivamente no.
A ellos, convertirse, no en un guru, sino en un “Agente de Confianza” como acertádamente los llama Chris Brogan, les ha tomado años de trabajo, de riesgos y aprendizajes, de apostar por su pasión y esfuerzo y por la huella que han dejado en la vida de los demás. Y han entendido que, también en palabras de Chris: “Personal Branding is not about you…” y que, como dice Seth Godin“toma por lo menos 10 años construir un éxito de la noche a la mañana”, tal como lo hicieron:

o en México

Dénle un vistazo a sus perfiles y verán por qué hoy ellos son, no gurús, sino importantes líderes de opinión.
Picture credit: Walkingalone

Nutriendo talento en tu organización.

No es ningún secreto: el éxito de una persona como profesional está directamente atado no solo a que tan duro trabaje y que tan dedicado sea a su labor, sino también a la pasión con que trabaja y, sobre todo, a que tan claro tenga cuales son sus más grandes fortalezas y habilidades, cuáles son sus áreas de oportunidad y que tanto se aleje de estas últimas para acercarse, desarrollar y maximizar a las primeras.
Es decir, entre más nos enfoquemos en continuar desarrollando y potencializando nuestras fortalezas y rodéandonos de personas que puedan cubrir nuestras debilidades, más probabilidades de alcanzar el éxito tendremos.

Desafortunadamente, en lugar de abrir espacios y oportunidades para que las personas desarrollen todo su potencial, parecemos vivir en una sociedad en la que obligar a la gente a trabajar incesantemente en aquello para lo que no es buena, parece ser el modus operandi.

Desde que somos pequeños, comenzamos a dar destellos tanto de nuestro talento como de nuestros intereses, gustos y pasiones; a la vez que aquello para lo que no somos tan buenos se hace evidente también.
Entonces, si tu problema es con las matemáticas, te obligan a tomar clases adicionales de “regularización” por las tardes, o si tu conflicto es con los deportes, te inscriben a cuanto entrenamientos se les puedan ocurrir a tus padres. Y claro, no es extraño, 15 o 20 años después, tener a tantos deportistas que nunca lo fueron y algunos contadores frustrados también.

Lo más increíble es que esto no termina en nuestra niñez, pues a veces, como profesionales y en nuestras empresas, sin darnos cuenta, continuamos con esta tradición.

Buscamos, atraemos y contratamos personas porque sabemos que tienen las habilidades y experiencia que necesitamos para nuestra organización. Dedicamos cientos de horas hombre al año a identificar, entrevistar, examinar y contratar a los mejores profesionales que podemos atraer a nuestra empresa. Echamos mano de asesores, coaches, head hunters,  recomendaciones personales y hasta redes sociales y motores de búsqueda para encontrar al mejor candidato, a quien contratamos a cambio de ofrecerle un gran paquete de compensación.
Y una vez que lo tenemos, le cortamos las alas y lo sentamos en pequeño cubículo junto con el resto de nuestros empleados como si fueran trofeos de colección.

A veces, por necesidad, otras por burocracia y en otras más por algo mucho peor, inseguridad, perdemos de vista las razones por las que inicialmente los invitamos a colaborar con nuestra empresa y olvidamos desarrollar y aprovechar su potencial. Nos confundimos pensando que porque nuestra empresa ya le da una buen paquete de beneficios, el empleado está conforme con su trabajo, pero en realidad solo está conforme con su paquete de compensación y no necesariamente con su labor.

Acciones, seguros, comida, autos, etc, todos son, en efecto, una gran prestación que los empleados debemos siempre agradecer y apreciar. Pero al mismo tiempo, cada empresa debe entender que la mayoría de la gente, una vez que tenemos (y si no me creen, pregúntenle a Abraham Maslow) cubiertas nuestras necesidades de seguridad, buscamos el sentido de pertencia a un lugar en donde podemos desarrollar nuestro potencial, tener un impacto en la vida de los demás, ser reconocido por esto y lograr cierta auto realización.

Y si nuestra organización no está dando el espacio para que nuestros integrantes puedan trabajar en estas áreas tan importantes de sus vidas, estos seguramente en cualquier momento buscarán un lugar que no solo les de la oportunidad de hacerlo, sino que entusiástamente tenga un gran enfoque en nutrir su potencial.

Y entonces nosotros como empresa nos tenemos que preguntar ¿De qué lado queremos estar?

Picture credit: 姒儿喵喵

Más allá del ‘SPLAT’

NOTA: de acuerdo al diccionario, ‘Splat’ es el sonido que se genera cuando un objeto líquido o mojado golpea una superficie sólida o cuando un objeto sólido golpea la superficie de un líquido.

“Un día un hombre se encuentra a un viejo sabio en el camino y le pregunta – ¿en qué dirección está el éxito? –
El barbado gurú no dice palabra alguna pero con el dedo apunta hacia un lugar en la distancia. El hombre emocionado ante el prospecto de encontrar éxito fácil y rápidamente  sale corriendo hacía allá. Entonces, a lo lejos se escucha un estruendoso ‘SPLAT’. Un rato más tarde, el hombre confundido y algo golpeado, regresa cojeando, asumiendo que tomó la dirección equivocada.
Al llegar con el gurú le hace la misma pregunta, y el viejo sabio, una vez más en silencio apunta en la misma dirección. El hombre, obediente, se dirige para allá de nuevo, solo que ahora el ‘SPLAT’ que se oye a la distancia es ensordecedor. Golpeado, algo ensangrentado y muy irritado regresa a gatas hasta el viejo sabio y le grita – ¡Te pregunté cuál era el camino al éxito, seguí tus direcciones y todo lo que conseguí fue un enorme ‘SPLAT’! ¡No más señas! ¡Habla! -.

Solo entonces el sabio habló y dijo brevemente: – El éxito está allá, justo después del ‘SPLAT’”.

David Cottrell Monday Morning Mentoring, Pag. 12.

¿Cuántas veces no hemos sentido que por más que tratamos e intentamos, todo lo que conseguimos es un ‘SPLAT’ en la cara? Probablemente, algunos incluso se sientan así ahora mismo; en su vida en general o en algún asunto muy particular.
Tal vez respecto a su carrera profesional y esa promoción que tanto anhelan; o quizás por ese proyecto aún no logrado.

No importa de qué estemos hablando, si vale la pena, el ‘SPLAT’, más probable que no, estará ahí; eso no está a discusión.

La pregunta que entonces queda es que tan perseverantes seremos para llegar más allá de el ‘SPLAT’.

Photo credit: Perfect Weather to Fly

Medio año, un tema, una rueda, una escala, una visión y un reto reducido.

Julio ha llegado y con él el inicio de la segunda mitad del año; 184 días fresquecitos y por utilizar para continuar trabajando en nuestro tema del 2010.

Digo tema porque, como recordarán, desde hace tres años decidí dejar de hacer propósitos incumplibles y cambiarlos por temas rectores para todo el  trabajo, personal y profesional, que durante cada año haré para seguir avanzando hacia la visión de vida que tengo.

Si fuera una empresa (y todos somos de alguna manera nuestra propia empresa), justo este sería el momento en el que estaría haciendo mi “mid-year review” como le llaman la mayoría de las organizaciones y estaría evaluando si el camino recorrido ha sido el correcto y cuáles son los cambios que necesitamos hacer para corregir el rumbo y asegurar que lleguemos a las metas del año. Incluso, esta es justo la época del año en que muchas empresas realizan evaluaciones parciales del desempeño a sus integrantes.
Y analizar de dónde venimos, dónde estamos y a dónde vamos es algo que todos deberíamos hacer.
Dicho esto, definir si estoy cumpliendo con mis objetivos y los del área y pedir retroalimentación de mis colegas, aunque importante, me resulta incompleto, por lo menos en lo personal.
De modo que he aquí algunas herramientas que a lo largo de los últimos años (y meses, estudiando para la certificación internacional con Coach)he conocido y que hoy me están ayudando a evaluar cómo y dónde estoy y qué tengo que hacer ahora para continuar avanzando hacia mi cima personal:

  • Un tema anual: Contar con un tema rector que guíe mis actividades y acciones durante todo el año me ha resultado mucho más eficiente y eficaz que fijarme propósitos u objetivos inalcanzables. Un concepto rector para el año no solo me ayuda a definir la dirección a seguir para continuar avanzando hacia mi visión de vida, sino que también me da la flexibilidad suficiente para modificar la ruta cuando así resulta necesario, sin hacerme sentir que fallo o cumplo, porque entiendo que todo es un aprendizaje y parte del camino a recorrer.
  • Rueda de vida: esta es una herramienta que apenas hace poco conocí en mi clase de coaching. Consiste en trazar un círculo partido en 8 partes, temas o conceptos más importantes para la vida de cada quien, y que se califican de manera honesta y justa del uno al diez, siendo el 10 la mejor  o más satisfactoria calificación. Los conceptos básicos pueden ser: familia, finanzas, trabajo, comunidad, amigos, salud y libertad personal, dejando un octavo para cualquier otro tema que queramos incluir; sin embargo esta gráfica de pie de 8 partes la podemos personalizar de acuerdo al tema que queremos analizar.

    Tomarnos el tiempo de calificar cada área importante de nuestra vida, no solo nos ayuda a ver en cuáles tenemos que trabajar para mejorar, pero también nos avisa si nuestro tema rector está alineado con nuestros valores y prioridades en verdad.
  • La escala de satisfacción y visión en el resultado: al calificar nuestro nivel de satisfacción en cada una de las ocho partes arriba mencionadas, además de identificar las principales áreas de oportunidad, nos obligamos a crear una visión clara de cómo sería nuestra vida si cada uno de los 8 factores tuvieran 10 de calificación. De otro modo ¿cómo podríamos decir atinadamente que están en un 8, un 5 o un 1?
    Y contar con una visión clara de cómo queremos que sean las cosas, resulta crítico para poder avanzar en nuestra vida. Después de todo, como dicen por ahí, no hay cosa más inútil que caminar rápidamente hacía ninguna dirección. Al definir esta visión, podemos también establecer cuales serán nuestros escalones o bloques para ir de la calificación que nos hayamos otorgado, hasta el 10 y como debería de verse cada paso avanzando.
  • Reduciendo los retos: esta es una lección que después de leer Switch de Dan y Chip Heath y The leader who had no title de Robin Sharma , estoy poniendo en práctica cada día.
    Los retos pueden resultar con frecuencia tan abrumadores que en vez de enfrentarlos nos congelamos ante el prospecto de librarlos. Sin embargo hay algo que podemos hacer y eso es reducir los más grandes retos en pequeñas tareas o acciones diarias que fácilmente podemos lograr y que en conjunto, con el tiempo, suman como resultado vencer aquel gigantesto reto.  “Pequeños pasos a diario, construyen grandes éxitos al final”. Simples acciones que día a día nos lleven más allá de esa barrera a la que David Cottrell llama “SPLAT” (tema que tocaré en un siguiente post).

Así que ahí lo tienen 4 simples herramientas que, aunque no pretendo decirles que les resolverán la vida como por arte de magia, yo estoy usando y conociendo mejor día a día mientras continuo avanzando hacia mi cima personal.

¿Ustedes que usarán para los siguientes 184 días? Me gustaría aprender un poco más.

La verdad atrás de tu marca personal.

Mucho se habla del tema de personal Branding. Muchos autores, pensadores y líderes de opinión actuales han dedicado incansables horas a escribir y compartir conocimiento sobre este tema, el cual ha se ha vuelto tan popular, que es difícil encontrar a un joven adulto profesional que comienza su carrera,  que no le esté dando importancia a ejercer su marca personal.

Yo mismo he escrito posts y presentado conferencias en diversas ocasiones sobre los pasos que hay que tomar para, primero para definir cuál es tu marca personal y después para comenzar a ejercerla; así como cuales son los beneficios de hacerlo.

Pero después de tantos años (sí, en el mundo en línea 4 o 5 años son muchos) de pensar, investigar y compartir sobre este tema en particular puedo  asegurar con toda confianza que el concepto que hasta ahora hemos manejado del personal branding ha sido, por mucho, limitado y hasta miope.

Tu marca personal no se trata de cuántos perfiles en redes sociales administras todos los días y cuanto contenido, y de que calidad, compartes a diario. Tampoco se trata solo de cuantos seguidores en Twitter o contactos en Linkedin tienes. Ciertamente no es solo contar las veces que tus alertas de Google se disparan con el uso de tu nombre.
Mucho menos se trata de manipular o restringir la información que los reclutadores y profesionales de recursos humanos pueden encontrar sobre ti, en la red. Y por supuesto tampoco se trata de aparentar ser otra persona en línea a la que eres en realidad. “Se tu mismo, todos los demás ya tienen dueño”, dice el dicho.

Personal Branding no es un concepto que hable de crear tu marca personal. Si hiciéramos eso, como personas, no seríamos más importantes que una bolsa amarilla de papas fritas con una cara sonriente que te dice que no podrás comer solo una.

Nuestra marca personal no se crea como un concepto creativo que después es distribuido a través de distintos medios.

Cierto es que el fácil acceso que, hoy,  los medios digitales nos dan para alcanzar a millones de personas para compartir con ellos nuestro contenido, es lo que ha disparado con tanto impulso a la técnica del personal branding. Y digo técnica porque si tan solo nos limitamos a usar los medios digitales para compartir un concepto artificial de nuestra marca personal, no estamos haciendo mejor trabajo que el de cualquier publicista exitoso que maneja a cualquier marca, famosa y popular.

Nuestra marca personal pues, no se crea, se gana, se define día con día con los actos reales que hacemos a diario. Nuestra marca personal se dibuja con las acciones que llevamos a cabo en nuestra vida, con nuestros éxitos y fracasos, con nuestra experiencia y, sobre todo, con el impacto que nuestras acciones tienen sobre la vida de los demás.

Nuestra marca personal, no es un logotipo ni un slogan, mucho menos un selling line.
Nuestra marca personal es eso, una marca. Una marca que dejamos en la gente con la que interactuamos todos los días.

Nuestra marca personal no se define por qué tan exitosos somos, sino más bien con cuan significativos somos para los demás.

Cómo decía el filósofo, político y militar Pericles ( Y no el de los locos Adams!) : “Lo que dejas atrás no es lo que queda grabado en monumentos de piedra, sino lo que queda entretejido en la vida de los demás.”

Eso es tú marca personal.

Picture credit: Cindy47452 / Flickr

¿Y qué queremos hacer?

“Las cosas no siempre son fáciles. Frecuentemente tenemos que enfrentar más retos de los que quisiéramos y la vida constantemente nos invita a salir de nuestra área de confort”, pensaba mientras un amigo valientemente me contaba que esta era su última semana de labores en su actual trabajo, del cual lo estaban, por razones válidas o no, liquidando.

Tranquilo me pedía consejos sobre cómo podía echar a andar su propio negocio, tal vez una agencia de marketing digital pues lleva algunos años dándoles cierto nivel de soporte a estas o quizás algo de mercadotecnia móvil pues es un nicho poco explorado aún.

“¿Pero en realidad es eso lo que quieres hacer o es lo que crees que puedes hacer?”, le pregunté.

“Es que ahora que he estudiado el MBA me siento preparado para manejar mi propio negocio y algunas personas de la industria me han invitado a colaborar con ellos”, replicó.

Y aunque puedo entender  y hasta identificarme completamente con su posición e interés de rápidamente anclarse a una nueva base que le ofrezca estabilidad, no puedo evitar preguntarme a mí mismo:

“Si tuvieras oportunidad de hacer algo diferente en tu trabajo o en tu vida, si tuvieras luz verde, todo el espacio, todos los recursos, todas las herramientas y todo el tiempo para hacer ese cambio. ¿Qué harías?”

¿Buscarías realizarte como persona, trabajando haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer, generando así el estilo, el nivel y la calidad de vida con que quieres vivir? ¿O una vez más seguirías el camino que crees que debes seguir porque en tu casa, en tu trabajo, en tu círculo social, te dijeron que así debes vivir?

¿Trabajarías para ser “una personas de éxito” (sea lo que sea que signifique para cada quien) ó trabajarías en convertirte en una persona de valor?

¿Sobrevivirías cada día intentando acumular todos los bienes materiales que crees necesitar para vivir bien (porque te han dicho que eso es lo que te hace feliz) o vivirías como quieres vivir?

Y al responderme, no pretendo decir que entonces para ser felices necesitamos renunciar a todas las comodidades y juguetes que nos gustan o que debemos darle la espalda a la profesión que elegimos ejercer, para convertirnos en un yogi o hermitaño de la montaña para encontrar paz, serenidad y felicidad.

Muy al contrario, si ser un gran ejecutivo es lo que te mueve, si ser un campeón olímpico es lo que te hace vibrar, o ser un músico reconocido mueve tus fibras, está muy bien.

Pero está muy bien porque eso es lo que a ti te hace vivir y no porque los demás dicen que así debe de ser.

Y si en este momento la vida nos presenta una encrucijada en la que debemos elegir qué camino seguir, tal vez lo mejor sea no lamentarnos porque no nos está dando lo que creemos que merecemos, sino alegrarnos porque nos está dando la oportunidad una vez más de respondernos a nosotros mismos ¿Qué es lo que queremos hacer?

Y sea lo que sea que lo que en verdad queramos hacer, hagámoslo. Demos el primer paso hoy y mañana el segundo. Cada día avanzando hacia donde queremos ir.
No esperemos que de la noche a la mañana obtengamos todo lo que queremos tener, seamos pacientes y constantes y recordemos que son los pequeños pasos que damos cada día los que nos llevan al gran éxito que con el tiempo habremos de lograr.

¿Entonces, ustedes qué quieren hacer de verdad?

Picture credit: Todo-Juanjo

¿Recuerdan a Voltron?

¿Recuerdan  a Voltron? Si tienen más 25 años probablemente sí y si son mayores de esto probablemente esta comparación les haga sentido; ahora, si tienen más de 45 años y veían todavía a Voltron, quizás sean un tanto más geek de lo normal 🙂

Voltron, para quienes no lo recuerdan o no lo conocieron era una caricatura sobre un grupo de ¿Soldados? ¿Agentes? ¿super héroes? Qué se yo!…El caso es que era un grupo de personas que conducían naves en forma de león, mismos que en el momento más crítico de su batalla, se unían en una sola unidad que formaba a un gigantesco y poderoso robot llamado….exacto! Voltron.

El líder del grupo colocaba su león en… sí sí, lo adivinaron! en la cabeza y torso de Voltron, mientras que los otros vehículos formaban las piernas y pies y los brazos y manos.

Entonces, en movimientos perfectamente bien coordinados que seguían al pié de la letra las instrucciones giradas por la cabeza del robot y potencializadas por el torso de Voltron, cada extremidad o unidad hacía su parte, logrando así… síp lo adivinaron de nuevo… ganar la batalla.

Por supuesto cada integrante del equipo era el mejor en su especialidad y nadie más podría conducir mejor que ellos su propio vehículo, en eso cada quien brillaba a lo grande.

Y claro, como toda estrella, cada uno quería lucir por sí solo y demostrar lo buenos que eran, y así se enfrentaban a sus “enemigos” hasta que, por hacerlos solos y descoordinadamente, comenzaban a perder.

Entonces el líder del grupo llamaba a todos los integrantes a unirse y formar a Voltron una vez más.

¿Pero se imaginan si en media batalla el brazo izquierdo decide ir a la derecha y el brazo derecho a la izquierda, mientras que la pierna izquierda quiere ir hacia adelante y la derecha hacia atrás; y la cabeza no define cuál es el movimiento que hay que hacer?

Seguramente entre discusiones, jalones, estirones y empujones, Voltron se…si! Lo adivinaste de nuevo! Estás muy agudo el día de hoy! …voltron se separaría y su gran poder quedaría aún más débil que antes de que sus diferentes partes se unieran.
Y una vez separados, el ego y la soberbia de varios les impediría darse cuenta de lo importante que es volverse a agrupar , y se ocuparían solo de culpar a los otros por no escucharlos a ellos.

Voltron quedaría inutilizado, no tendría capacidad para hacer ni el más mínimo de los esfuerzos y lentamente dejaría de exisitir.

“¿Pero de qué estás hablando Efraín? ¿En verdad nos estás contando una caricatura?” Algunos se estarán preguntando, pero…

¿A poco no es justo esto lo que vemos que pasa con más frecuencia que no en todas las organizaciones?

Empleados que creen ser los poseedores de la verdad absoluta predicando día con día que ellos saben justo lo que su organización necesita para ser mejor, actuando por separado tratando de lucir más que su equipo, mientras los catalizadores de la empresa, los gerentes y directores de las diferentes áreas, quienes pueden potencializar las habilidades de sus equipos, permanecer inmóviles sin tomar decisión alguna  para no arriesgar quedar mal ante la cabeza que no termina de tomar la decisión del camino que hay que seguir.

¿Lo ven? Pies y brazos queriendo ir en distintas direcciones y torso y cabeza sin tomar una decisión.

Visto así, sí que resulta ser mucho más importante que recordar tan solo una caricatura ¿no?

Reconoce, entiende y actúa.

En el organismo humano, cuando algo anda mal, el dolor que sentimos es la señal de aviso de que algo a lo que tenemos que ponerle atención, no está bien.

Entonces, si el dolor es tan solo una tolerable molestia, actuamos con la típica actitud desentendida que tanto nos caracteriza e ignoramos las señales. Simplemente decidimos darle prioridad a otras cosas, típicamente mucho más triviales que nuestra propia salud.

Y así, si el dolor no se vuelve más intenso, dejamos que ese pequeño malestar, se vuelva parte de nuestra cotidianeidad, convirtiéndose en un enemigo silencioso que poco a poco, sin darnos cuenta va desgastando nuestro organismo hasta que ese diminuto e ignorado problema se convierte en una seria condición que amenaza nuestra salud o hasta nuestra vida tal vez.

Lo mismo sucede en las organizaciones. El dolor en este caso no es un rayo intenso y agudo en el estómago u otro lugar; más bien se presenta en la forma de uno o varios clientes quejándose del pobre servicio que están recibiendo o en el cambiante y descendente desempeño de los integrantes de la empresa.

A veces, cuando se trata solo de un empleado y estamos envueltos en el remolino de lo urgente, preferimos hacernos de la vista gorda y dejar que esa persona continúe haciendo mal su trabajo, engañándonos y pensando que solo se arreglará o que su actitud no afectará a los demás. En otras, preferimos incluso encubrir sus problemas con tal de continuar “avanzando” hacia nuestros objetivos.
Llegamos al extremo de engañarnos a nosotros mismos haciéndonos pensar que podemos ignorar la situación, en lugar de tomar decisiones y acciones importantes al respecto.

Y así el tiempo avanza y la situación solo hace lo natural: empeorar.

Entonces, llega la crisis: Clientes abandonando nuestros servicios y empleados destacados renunciando o peor aún adoptando una actitud similar.
Y solo en ese momento, cuando la cuota del trimestre se ve amenazada y alguien más arriba en la organización pregunta que está pasando, es que por fin tomamos acción.

A veces, si tenemos suerte, contamos con los recursos y las personas que nos pueden ayudar y aún no es demasiado tarde, logramos resolver el problema y recuperar nuestra salud o la de la organización. Otras, tristemente la única acción que queda es la de la extirpación.
Es decir, terminamos liquidando al sujeto quien provocara la crisis, explicándole lo mal que hizo su trabajo, a pesar de haberle dado buenas evaluaciones por meses y meses; y como su pobre desempeño, ese que ignoramos y hasta promovimos durante tantos meses, afectó tanto a la empresa.

Extirpamos el problema. ¿O no? Porque ¿De qué sirve quitar el elemento dañado, sin que nosotros cambiemos de actitud y volvamos a olvidar que hasta la gripa más simple puede provocar una gran neumonía terminal?

¿Lo recuerdan?

¿Lo recuerdan? Esa sensación cuando éramos niños y estábamos a punto de vivir algo nuevo. Lo sentíamos cada año escolar que comenzaba, cada navidad esperando a Santa Clause o cada noche de verano en la que dormir resultaba imposible ante la víspera del viaje de vacaciones que al día siguiente emprenderíamos con nuestra familia. Lo sentimos durante años y años, en distintas etapas de nuestra vida, al pasar a secundaria o al graduarnos de la Universidad o cuando por fin conseguimos nuestro primer trabajo formal.

Pero el ser humano es rutinario por naturaleza y después de un rato el olor a nuevo de esos días se va perdiendo ante la repetición casi automática de aquellas actividades del día a día que en un inicio pensamos que nunca nos hartarían.

Entonces tratamos de suplir lo aburrido de nuestra cotidianeidad con placebos alternativos que en muy poco tiempo terminan por gastar su novedad. Compramos alguna prenda de moda, un viaje de fin de semana o nos mudamos de casa, incluso algunos de país.

Pero olvidamos que no importa cuántos cambios hagamos, siempre habrá la misma constante en todo lo que hagamos: nosotros mismos.
Y así cada vez que “cambiamos” algo en nuestra vida, al poco tiempo volvemos a sentir que nos falta esa emoción de hacer lo que queremos hacer; y todo porque entre tantos cambios y cambios, perdemos de vista que lo que en realidad tenemos que cambiar es nuestra actitud.
Dejar atrás aquello que no nos gusta hacer pero que creemos que no tenemos otra opción más que hacerlo, perder el miedo a arriesgarnos a hacer lo que en el fondo sabemos que más queremos y mejor sabemos hacer. Vernos al espejo y decirnos a nosotros mismos que merecemos darnos la oportunidad de dar un giro real a nuestra vida, tomar la iniciativa y volver a sentir esa profunda emoción que esta noche, después de tantos años, no nos dejará dormir otra vez.

¿Lo recuerdan? ¿Y qué esperan para vivirlo otra vez?

Manten lo primero, primero.

Planes y estrategias de negocio a 10 y 5 años, planes anuales de trabajo y programas de trimestrales que te llevan a su vez a los objetivos del mes, los proyectos de la semana y finalmente a la lista de pendientes y tareas que tienes que realizar cada día.

“Lo que no está en la agenda, simplemente no se implementa” dicen algunos expertos en administración.

Pero “¿Y cómo le hago para asegurarme de no salirme del plan y hacer todo lo que tengo que hacer?”, fue la pregunta que hoy alguien conmigo compartió.

Una pregunta que seguramente todos nos hacemos al día, por lo menos una vez y que me llevó a recordar un pasaje del libro“Monday Morning Mentoring”de David Cottrell, en el que el autor sostiene que para ser un líder eficiente y eficaz, uno tiene que mantener siempre lo primero en primer lugar.

Por supuesto distintas técnicas y metodologías para administrar el flujo de trabajo existen ya; desde calendarios y agendas, impresas y digitales, donde enlistamos todos los pendientes y tareas por hacer, hasta hojas de tiempo donde resumimos las actividades que hemos realizado ya.

Pero esto me resulta totalmente insuficiente ya.

Porque hacerse el ocupado es muy fácil y, con relativa sencillez, todos los días podríamos hacernos de una intensa lista de pendientes y urgentes que resolver si ni siquiera tenernos que esforzar; bastaría con decirle que sí a cada persona que cruza por nuestro lugar de trabajo interrumpiendo y pidiéndonos algo más.

“No hay cosa más inútil que hacer eficientemente aquello que no tenemos por qué hacer”.

Por eso la enorme importancia de saber qué es para nosotros lo que ocupa ese primerísimo lugar y que debe servir como guía para todo lo demás.

En la mayoría de las organizaciones, a esta guía le llaman misión. En el caso de las personas podríamos llamarle visión, principios o valor.

Y así cada cosa que hagamos, nuestros estudios, nuestro trabajo, cada acción debería de estar guiada por esa principal razón.

El trabajo que elijamos, los hobbies que escojamos, las actividades que hagamos, todas debiesen estar amarradas a esta razón; así, cualquier otra cosa, por importante o urgente que parezca, si no está ligada con esta razón principal, no necesariamente lo será.

De modo que la pregunta que queda ahora es: Para ti ¿Cuál es tu principal razón?

Ayúdame a entrevistar a un importante líder de opinión del Marketing Digital

He de confesarlo, soy muy afortunado. La profesión a la que me dedico me ha permitido conocer y aprender de mucha gente talentosa, experimentada e interesante; y a veces algunas de esas personas con las que he podido interactuar resultan ser importantes líderes de opinión que han ayudado a formar y transformar la industria del marketing digital a nivel mundial.

¡Y el próximo jueves, esta oportunidad se repetirá una vez más!

Así es, este jueves 18 de Junio conoceré y entrevistaré personalmente a uno de los principales influenciadores del marketing on-line hoy día y en esta ocasión quiero compartirlo con mis amigos, no solo porque publicaré el video de la entrevista aquí y en Mekate.com, sino porque ahora les pediré que me ayuden a hacer la entrevista también.

¿De quién estoy hablando? Eso no se los diré, pero si quieren ayudarme a entrevistar a una gran presonalidad, sigan leyendo.

Es muy sencillo. Todos tenemos siempre preguntas que quisiéramos hacer pero no siempre tenemos la oportunidad de hacerlas, así que llena la siguiente forma y dime qué quieres que le pregunte a este experto.
Las 5 preguntas más interesantes las incluiré en la entrevista dándole crédito a la persona que la envío.

¡Pero no es todo! ¿Quieres acompañarme a la entrevista?

Si vives en la Ciudad de México (o puedes venir fácilmente y por tu cuenta) y te dedicas a la publicidad y mercadotecnia digital, dime a quién crees que voy a entrevistar.
La primera persona que me diga de quién estoy hablando y me envíe su biografía y títulos de los libros que ha publicado, lo invitaré a acompañarme a la entrevista…claro, no todo es gratis…si ganas, tendrás que ayudarme y manejar la cámara para grabar. 🙂 (Obvio, si ya te conté de quien se trata ¡No vale!)

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