De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Atrévete a preguntar

¿En cuantas ocasiones no se han quedado con la duda respecto a algo o con las ganas de obtener algún trato especial, conseguir una bonificación exclusiva o simplemente con las ganas de preguntar y saber por qué algo es de la manera que es?

Mi consejo: no se queden callados y con las ganas de preguntar.

A muchos les parecerá peligroso atreverse a preguntar y correr el riesgo de parecer tontos, ilusos, confiados, inocentes, ignorantes o ridículos.
Muy pocas son las personas hoy que están dispuestas a mostrar su lado vulnerable para poder aprender, crecer o lograr algo; y consecuencia de esto, muchos se quedan tal y como estaban y con las ganas de avanzar.

Miles de malentendidos diarios crecen fuera de proporción precisamente porque alguien no tuvo el valor de ser directo y preguntar a cerca de lo que está sucediendo.
Miles de personas se quedan en la mediocridad por temor a alzar la mano y preguntar si existe alguna oportunidad mejor para ellos, para su vida o para su familia.
Miles de parejas rompen porque nunca tuvieron cara para voltear a ver al otro y preguntar si son felices o que pueden hacer para crecer su felicidad.
Miles de padres pelean con sus hijos porque en lugar de predicarles no se dan espacio para preguntarles si están bien o si necesitan algo más de atención.
Miles de viajeros permanecen atorados en la incomodidad de un pequeño asiento de avión porque no tuvieron la iniciativa de preguntar si acaso había la posibilidad de hacer un cambio a primera clase o cualquier otro asiento mejor.
Miles de estudiantes reprueban una materia porque en clase prefirieron guardar silencio y aparentar saberlo todo en lugar de pedir que el profesor lo repitiera una vez más.
Y miles y miles de personas se quedan con todas las ganas de hacer lo que quieren hacer solo porque no se atrevieron a preguntar si lo podían hacer.

¡Atrévanse a preguntar! No hay pregunta tonta, no hay pregunta sin respuesta (aun cuando la respuesta no sea exactamente la que esperábamos), no hay porque quedarse callado.

Yo he aprendido que el valor de preguntar siempre trae consigo una gran recompensa.
Ok, lo admito, puede ser que no siempre se nos de la respuesta que quisiéramos, pero más frecuente que no, esta sí se da.

Es más, algunas de las cosas que obtenido por tan solo atreverme a preguntar son:

  • Mi esposa, cuando le pregunté hace diez años si quería ser mi novia y 4 años más tarde si se quería casar conmigo.
  • Mi Auna cantidad menor de pago a la que pedían.
  • Ascensos a primera clase sin costo adicional al volar en una línea comercial.
  • La oportunidad de ser un co-autor para la nueva versión 2008 del libro The Age of Conversation ’08.
  • El acceso a participar como expositor y conferencista en distintos eventos de instituciones educativas.
  • Desarrollar negocios con distintos clientes solo por tomarme el tiempo de preguntarles qué es lo que necesitan.
  • Establecer grandes relaciones de negocio y especialmente personales, solo por preguntar “¿Cómo estas? o mejor aún ¿Quién eres?

Así que he aquí un par de preguntas para ti: ¿Qué has dejado de preguntar que te ha detenido en el pasado? ¿Qué has querido pedir y hasta ahora no te has atrevido a hacer?
Respóndete a ti mismo esto y no dejes que esta semana termine sin que hayas levantado la mano y te hayas atrevido a preguntar.

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El poder de saber preguntar.

Si pudieras hoy hacer una sola pregunta, la que tú quieras, con la certeza absoluta de que te sería respondida en el mismo momento, sin trucos ni nada a cambio. ¿Qué preguntarías?
¿Qué incógnita buscarías resolver? Talvez algo como, cómo te irá en el trabajo o si cambiarás de auto próximamente, si recibirás un aumento o una promoción o si te mudarás al extranjero. Quizá buscarías saber si ese alguien especial aún te quiere o lo ha dejado de hacer, o si alguien te quiere hacer daño o si la situación económica, social o laboral te será más favorable.

¿Por qué desperdiciamos esa oportunidad única con preguntas superficiales y “yoyistas” (como las llamo yo)?
¿Por qué perder el tiempo preguntando si nos irá mejor en la vida, en lugar de de hacernos entender a nosotros mismos que debemos disfrutar y agradecer de corazón (“El corazón también tiene neuronas” dijo René May en una conferencia que dio el día de ayer, sobre el don que tiene y comparte para ayudar a los demás), todo lo que hoy forma parte de nuestras vidas?
Comprender que hasta que no sepamos apreciar con sinceridad todas las bendiciones que la vida nos da, no estaremos listos para valorar aquellos cambios por los que queremos preguntar.

¿Por qué no entonces hace mejor uso de esa única oportunidad y preguntar como es que podemos ayudar a los demás? ¿Qué podemos hacer para impactar la vida de quienes nos rodean? ¿Qué podemos hacer para ayudar a que su día sea un poco o mucho mejor?

Quizá si aprendiéramos a hacer estas preguntas, descubriríamos que no necesitamos a alguien más con un don especial para darnos la respuesta. Y entenderíamos que a quien deberíamos preguntárselas es a aquel sujeto que vemos en el espejo todas las mañanas.

Yo ayer desperdicié mi pregunta única al hacer una tan mundana, lo que me consiguió una respuesta igual de ordinaria.
Hoy después de pasar el día entero y toda la tarde de ayer meditando al respecto, llegué a una gran (y por cierto, aliviadora) conclusión:

La respuesta que en realidad ayer buscaba, la obtuve hoy, y es la que acabo de compartir aquí.
Después de todo, en la mayoría de las ocasiones, del algún modo, las respuestas vienen ocultas ya dentro de las preguntas que hacemos, así que solo hay que saber que preguntar.

¿Alguna pregunta?