De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Equivocarse está bien, no hacerlo, no.

¿Cuándo fue la última vez que se equivocaron? ¿Cuáles fueron las consecuencias de su error? ¿Qué aprendieron entonces y cómo aplicaron su lección?

¿Cuándo fue la última vez que criticaron a alguien por el error que cometieron o peor aún lo juzgaron y condenaron, haciéndolo que “pague” por su equivocación?

Equivocarse está bien. Hacerlo muchas veces y con frecuencia ¡está muy bien! Quiere decir que seguimos intentando, que estamos aprendiendo y cada vez más acercándonos a aquello que queremos lograr.

Cometer exactamente el mismo error una y otra y otra vez, no está bien. Tenemos que aprender a reconocer con humildad cuando nos hemos equivocado y abrirnos a aprender la lección que ese difícil momento nos da.

Jamás cometer un error, está simplemente mal.  Presumir que nunca te has equivocado es confesar que nunca te has arriesgado a hacer algo nuevo y que ni siquiera lo has querido intentar.

Y criticar y condenar a quienes se equivocan una y otra vez, mientras observan seguros y cómodamente detrás de un escritorio es mucho, muchísimo, peor.

Así que si en algún momento sentimos las ganas de criticar a alguien en nuestro trabajo, en nuestra familia o en nuestro círculo social, por el error que cometieron, tomémonos un momento para preguntarnos ¿Y últimamente en qué me he equivocado yo?

 

Del quisiera al quiero lograr.

“Quisiera bajar de peso”, “Me gustaría estudiar un posgrado”, “Me encantaría vivir en ______”, “Como quisiera trabajar por mi cuenta”…

Cuantas cosas nos gustaría hacer. No puedo recordar un solo día en que no haya escuchado a alguien (con cierta frecuencia a mi mismo) decir todo lo que quisiera lograr y hacer.

Pero realmente ¿Que tan comprometidos estamos con lo que queremos hacer?

Hay una gran diferencia entre un simple quisiera y un quiero de verdad.

Un simple quisiera es una respuesta casual a un difuso interés en algo que, en realidad no es de mayor importancia para nosotros. Un Simple quisiera no hace otra cosa más que reflejar algunos de nuestros gustos o fantasías:
Nos gusta una ciudad u otro país por su colorido, calidad o nivel de vida y decimos que “nos gustaría vivir ahí”, vemos el estilo de vida o de trabajo de alguien más y comentamos que “quisiéramos trabajar ahí”. Encontramos una fotografía de cuando pesábamos 20 kilos menos y pensamos “quisiera estar tan delgado como a mis 20s otra vez”. Vemos a un profesional que nos inspira con su trabajo y decimos “quisiera ser tan exitoso como él/ella”.

Pero un simple quisiera deja las cosas tal y como están, porque un simple quisiera no requiere de un compromiso de nuestra parte, no exige ni el más mínimo esfuerzo, ni mucho menos implica un riesgo para nosotros, más allá de que las cosas, por más que quisiéramos que fueran de otra forma, siempre seguirán igual.

Un quiero, en cambio, es definitivo.
Un quiero implica que sentimos algo más que un casual gusto por algo; un quiero indica pasión por aquello que queremos lograr.
Un quiero separa al amateur del profesional. Un quiero rompre records en los deportes y crea empresas que cambia la historia de los demás.
Un quiero fija objetivos, marca un rumbo e indica que estamos dispuestos a hacer grandes esfuerzos y sacrificios por aquello que queremos lograr.
Un quiero, detona la definición de un plan y su puesta en acción.
Un quiero nos impulsa a permanecer en el camino que hemos emprendido, nos hace responsables por los avances que tengamos, por los retos que enfrentemos, las desfortunas que en el camino tengamos y las lecciones que de estas aprendamos.
Un quiero nos ayuda a rodearnos de personas que comparten nuestra pasión y compromiso y que, por lo tanto, pueden ayudarnos (y nosotros a ellos) a lograr lo que queremos.
Un quiero puede cambiar vidas enteras.

Por eso hoy, dedica un buen rato a pensar y separar tus simples quisieras de tu quiero de verdad, da ese primer gran paso y arranca desde ya ese plan de acción que te llevará a donde en verdad quieres llegar.

De carreras…

Existen, desde mi punto de vista, tres maneras de desarrollar una carrera profesional.
Ninguna es necesariamente mejor que las otras dos, simplemente cada una responde a las necesidades, principios, valores e intereses que cada quien pueda tener, al resultado final que, al llegar a la “meta” se quiera lograr y al precio que se esté dispuesto a pagar.

Por un lado están las carreras de velocidad. Es el tipo de carrera en la que el profesional está enfocado en obtener un ascenso meteórico y llegar al puesto más alto lo más rápido posible. Seguramente han conocido a más de una persona que son corredores de velocidad. Los identificas fácilmente pues tienen características muy claras.
Típicamente son arrogantes con sus compañeros, condescendientes y abusivos con sus equipos de reporte directo y corteses y subordinados con sus jefes directos e indirectos.
Son inteligentes y tienen un enfoque digno de una mirilla de rayo laser. Se ponen una meta para cada trimestre y hacen hasta lo imposible por lograrla. Normalmente tienen a un mentor o mejor dicho padrino dentro de la organización y hacen lo que este les indique. Si les dice que tienen que viajar 29 días del mes o que se tienen que ir a vivir al otro lado del mundo para seguir con su trabajo, lo hacen sin pensarlo dos veces, no importando el precio que paguen ellos o sus familias. Normalmente son muy productivos para la empresa en la que trabajan y entienden y defienden el estatus quo de la organización pues saben como aprovecharlo en su carrera de velocidad. Dan buenos resultados al negocio… hasta que se queman, físicamente por todo el desgaste que se generan o figurativamente al cometer algún error grave, producto de su misma ambición.

Por el otro lado, está la carrera de resistencia. Sin pena ni gloria pasan los días quienes prefieren hacer este tipo de carrera en que día a día, de lunes a viernes, se presentan en punto de las 9 de la mañana y están ahí cumpliendo fielmente con sus tareas, entre salidas a fumar, paradas a la cafetera, paseos por la tiendita de la esquina y demás pretextos para ocupar su tiempo hasta las 6 de la tarde, aunque algunos prefieren hacerse ver ocupados hasta las 8 de la noche. Dominan el arte de parecer ocupados todo el tiempo y saben en que momento deben agachar la cabeza. Quienes hacen una carrera de resistencia, no están interesados en reconocimientos especiales ni en destacar. Buscan más bien tranquilidad y estabilidad. No se quieren meter en problemas y prefieren “llevar la fiesta en paz” con todos. Son difíciles de identificar al principio pues, buscando esta tranquilidad, tratan de agradarle a todos y se esfuerzan frecuentemente por hacer un buen trabajo, siempre hasta el limite de lo indispensablemente necesario para no poner en juego su estabilidad y seguridad. Cosa que los hace también muy productivos para la empresa.
Pasado el tiempo, los identificas porque después de tantos años en la misma organización, su lealtad es premiada con una que otra promoción, que los va llevando, al paso de los años a llegar a una posición a la que jamás esperaron llegar.

El tercer tipo de carrera, no lo es en realidad, pues quienes toman este camino, más que en desarrollar una carrera están enfocados en crear una forma de vivir. Saben lo que quieren y qué tienen que hacer para lograrlo; y entienden que cada trabajo que toman representa un paso más dentro de su plan. Entienden el precio que hay que pagar, aunque, más frecuente que no, en ocasiones se congelan ante el miedo de pagarlo. Son también relativamente fáciles de identificar pues casi siempre están desafiando al estatus quo de la organización y se enfrentan seguido (a veces en una lucha silenciosa) con los “corredores de velocidad” que se sienten amenazados al haber alguien que piensa diferente a ellos y a su mentor.
A pesar de que a algunos, equivocadamente les gusta llamar a quienes optan por este camino “Job Hoppers”, la realidad es que son, también, muy productivos para las empresas para las que trabajan pues, conscientes de que cada paso es importante para seguir adelante en su plan de vida, hacen lo mejor que pueden para cumplir con el trabajo que tienen, llegando incluso con frecuencia a convertirse en los líderes de la organización.

Ninguna opción mejor ni peor que las otras dos. Simplemente diferentes caminos para desarrollar una carrera profesional. Todas, en su manera, productivas para las empresas.
Y todas con su precio que pagar.

La pregunta que queda es: ¿en cuál de las tres queremos estar?

Picture credit: KIVA.DANG

Compartiendo y aprendiendo de una industria.

“¿Pero por qué habría de participar en cursos para entrenar a mi competencia?”, “No me gusta enviar a mi gente a estos seminarios porque la competencia luego me los quiere piratear”, “Esta empresa no es cuna de talento”, “No capacito a mis clientes para que así siempre me necesiten”.
Son solo algunas de las más tristes excusas que he escuchado en los últimos años de parte, lamentablemente, de algunos muy destacados miembros de la industria del marketing digital.
Pretextos absurdos para esconder su miedo a no ser lo suficientemente buenos para competir. Prefieren incluso que una industria entera se quede estancada, siempre que esto les permita conservar por un rato más, eso a lo que ellos prefieren llamar ventaja competitiva.
Y entonces, un mercado que debería crecer tan rápido como la tecnología, se ve deprimido en su desarrollo, no por la poca adopción, experimentación o inversión de los anunciantes, sino porque algunos, simplemente no predican con el ejemplo.
“La información es poder” bien dice el dicho y tristemente a algunos aún les gusta creer que “quien tiene la información tiene el poder”. Sin embargo, lo cierto hoy es que la única manera de seguir creciendo y desarrollando cualquier industria, organización o mercado es compartiendo y aprendiendo.

Que a miembros de tu equipo les ofrezcan nuevas oportunidades de trabajo porque cuentan con un conocimiento y experiencia que obtuvieron colaborando contigo, no es malo, por el contrario, habla muy bien de ti. Que estos quieran explorar estas nuevas posibilidades o no, está en tus manos: ¿qué haces para desarrollarlos y retenerlos? ¿Qué te mantiene atractivo como empresa?

Ayudar a tus clientes a aprender más sobre tú trabajo y prepararlos para saber tanto o más que tú, no es para que ellos dejen de contratar tus servicios, sino para que los sepan aprovechar mejor. Ellos ya tienen muchas cosas en sus manos, y tomar tu trabajo es lo menos que quieren. ¿Cómo te mantienes vigente y a la vanguardia con tus clientes? ¿Qué haces para continuar aportándoles valor?

Participar en proyectos de capacitación y desarrollo a los que puede acceder tu competencia, no debería ser para ti una amenaza. Crear nuevos programas de desarrollo para dotar de mayor conocimiento y mejores herramientas a todos los que participamos en una industria no puede hacer otra cosa más que elevar la barra para todos y crecer el tamaño del pastel.
¿Qué haces tú para mantenerte en la punta de la ola?

En resumen, ayudar a  que todos los integrantes de la industria estén mejor preparados no te quita negocio, ni empleados ni clientes. Poner nuestro granito de arena para que todos hagan un mejor trabajo, crece, construye y refuerza la credibilidad de quienes participamos de este mercado y crea nuevas oportunidades para todos.

Por eso comparte, aprende, sueña, actúa y sé feliz.

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姒儿喵喵