De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Ser gurú no es suficiente

Ser listo no es suficiente, ser astuto tampoco lo es.

Tener labia no lo es todo.

Conocer tan solo un poco más que los demás y ser un “trend setter” o “early adopter” de nuevas tecnologías, tampoco basta.

Que 9 de cada 10 palabras que salen de tu boca sean groserías no te hace “cool” y hacer comentarios ofensivos al referirte a los demás no te hace, para nada, superior a ellos.

Ser el tuerto entre los ciegos, no necesariamente te hace el rey.

Y tener más de 2000 seguidores en twitter ciertamente no te hace una autoridad.

Por supuesto todos, absolutamente todos, tenemos el derecho de hablar, expresarnos y compartir nuestra opinión. Pero lograr que nuestra opinión realmente sea valiosa para los demás…eso se gana. Y no se gana de un momento a otro por hacer comentarios que creemos astutos o que demeritan el trabajo de los demás.

Que nuestra voz sea escuchada con atención y que la gente nos abra su mente y corazón se  gana con trabajo, con hechos, resultados y sobre todo con humildad.

Es tan penoso ver como tantas “celebridades”  improvisadas en Internet, que se llaman a sí mismos “gurú”,  inundan la red de comentarios tan absurdos, hablando de temas de los que no tienen mayor idea que el resto de nosotros, como si fueran el más importante y conocido experto de esos temas. Ejerciendo opiniones y juicios sobre asuntos en los que su experiencia se limita a tener un programa de live streaming en la red que es visto por solo 7 personas, pero en el que hablan de temas como si fueran veteranos de estos y cuando los enfrentas con una pregunta sobre su experiencia, su reacción es tan solo balbucear.

Todos tenemos algo que decir, todos tenemos algo de qué hablar, pero antes de hacerlo pensemos en guardar un poco más de silencio y ponernos a trabajar y dejar que nuestra labor, los hechos y las huellas que dejamos en la vida de otros, hablen por nosotros sobre nuestra marca personal.

Picture credit: Emilie Ogez

Nutriendo talento en tu organización.

No es ningún secreto: el éxito de una persona como profesional está directamente atado no solo a que tan duro trabaje y que tan dedicado sea a su labor, sino también a la pasión con que trabaja y, sobre todo, a que tan claro tenga cuales son sus más grandes fortalezas y habilidades, cuáles son sus áreas de oportunidad y que tanto se aleje de estas últimas para acercarse, desarrollar y maximizar a las primeras.
Es decir, entre más nos enfoquemos en continuar desarrollando y potencializando nuestras fortalezas y rodéandonos de personas que puedan cubrir nuestras debilidades, más probabilidades de alcanzar el éxito tendremos.

Desafortunadamente, en lugar de abrir espacios y oportunidades para que las personas desarrollen todo su potencial, parecemos vivir en una sociedad en la que obligar a la gente a trabajar incesantemente en aquello para lo que no es buena, parece ser el modus operandi.

Desde que somos pequeños, comenzamos a dar destellos tanto de nuestro talento como de nuestros intereses, gustos y pasiones; a la vez que aquello para lo que no somos tan buenos se hace evidente también.
Entonces, si tu problema es con las matemáticas, te obligan a tomar clases adicionales de “regularización” por las tardes, o si tu conflicto es con los deportes, te inscriben a cuanto entrenamientos se les puedan ocurrir a tus padres. Y claro, no es extraño, 15 o 20 años después, tener a tantos deportistas que nunca lo fueron y algunos contadores frustrados también.

Lo más increíble es que esto no termina en nuestra niñez, pues a veces, como profesionales y en nuestras empresas, sin darnos cuenta, continuamos con esta tradición.

Buscamos, atraemos y contratamos personas porque sabemos que tienen las habilidades y experiencia que necesitamos para nuestra organización. Dedicamos cientos de horas hombre al año a identificar, entrevistar, examinar y contratar a los mejores profesionales que podemos atraer a nuestra empresa. Echamos mano de asesores, coaches, head hunters,  recomendaciones personales y hasta redes sociales y motores de búsqueda para encontrar al mejor candidato, a quien contratamos a cambio de ofrecerle un gran paquete de compensación.
Y una vez que lo tenemos, le cortamos las alas y lo sentamos en pequeño cubículo junto con el resto de nuestros empleados como si fueran trofeos de colección.

A veces, por necesidad, otras por burocracia y en otras más por algo mucho peor, inseguridad, perdemos de vista las razones por las que inicialmente los invitamos a colaborar con nuestra empresa y olvidamos desarrollar y aprovechar su potencial. Nos confundimos pensando que porque nuestra empresa ya le da una buen paquete de beneficios, el empleado está conforme con su trabajo, pero en realidad solo está conforme con su paquete de compensación y no necesariamente con su labor.

Acciones, seguros, comida, autos, etc, todos son, en efecto, una gran prestación que los empleados debemos siempre agradecer y apreciar. Pero al mismo tiempo, cada empresa debe entender que la mayoría de la gente, una vez que tenemos (y si no me creen, pregúntenle a Abraham Maslow) cubiertas nuestras necesidades de seguridad, buscamos el sentido de pertencia a un lugar en donde podemos desarrollar nuestro potencial, tener un impacto en la vida de los demás, ser reconocido por esto y lograr cierta auto realización.

Y si nuestra organización no está dando el espacio para que nuestros integrantes puedan trabajar en estas áreas tan importantes de sus vidas, estos seguramente en cualquier momento buscarán un lugar que no solo les de la oportunidad de hacerlo, sino que entusiástamente tenga un gran enfoque en nutrir su potencial.

Y entonces nosotros como empresa nos tenemos que preguntar ¿De qué lado queremos estar?

Picture credit: 姒儿喵喵

Una aclaración más sobre tu MARCA personal

Creo que hoy día, no pasa una semana sin que el tema de “personal branding” salga a discusión.
Justo hace pocos días discutía con un antiguo jefe sobre el poder y alcance de una marca personal; el, por su lado, se preguntaba como se puede “monetizar” una marca personal. Yo, por el mío, le explicaba que una marca personal, aunque puede llegar a ser muy valiosa, realmente no se monetiza como tal.
Él compartía su punto de vista como profesional de ventas que simplemente está buscando llegar a una cuota y generar ingresos y utilidades para su marca o su empresa. Y debo de reconocer que no es el único. De hecho conozco a muchas personas que han trabajado duro (que no es lo mismo que eficiente y eficazmente) en establecer una marca personal que les genere frutos económicos y laborales en un corto plazo, creando blog y perfiles en cuanta red social, a la que creen que le pueden saca provecho, se encuentran; retuiteando a las “personalidades” o ejecutivos con quienes quieren conectar, además de dejar comentarios en sus blogs personales y organizacionales.
Practicas que, en efecto, son muy comunes para quienes ejercemos una marca personal.
Sin embargo, desde mi punto de vista, ver a tu marca personal tan solo como una forma de sacarle provecho a tus conexiones, personales y/o profesionales, resulta limitado, miope y carente.
Ejercer una marca personal no se trata de contar con un “head shot” bien producido que usas casi como logotipo en lugar de como avatar, ni de promocionarte como profesional en distintos foros tan solo para vender más. Solo concentrarse en hacer esto nos pondría en el mismo nivel que un refresco de cola.

Por fortuna hay muchos para los que, como a mí, el ejercer su marca personal se trata de dejar nuestra huella (nuestra marca personal) en la vida de los demás. No de quitarles a los demás, sino de dar. No de poner un precio a nuestras palabras, pensamientos, opiniones o principios, sino de genera valor con estos para aportar algo a los demás.

Claro que en la medida en que generamos valor para otros, nos vamos ganando un lugar en su mente. Por supuesto que al dar de nosotros a otros también obtenemos recompensas a cambio. Es tan solo natural; se llama ley de la reciprocidad. Pero la clave de esta reciprocidad es que antes de pedir, uno se enfoca en dar.

Más allá del ‘SPLAT’

NOTA: de acuerdo al diccionario, ‘Splat’ es el sonido que se genera cuando un objeto líquido o mojado golpea una superficie sólida o cuando un objeto sólido golpea la superficie de un líquido.

“Un día un hombre se encuentra a un viejo sabio en el camino y le pregunta – ¿en qué dirección está el éxito? –
El barbado gurú no dice palabra alguna pero con el dedo apunta hacia un lugar en la distancia. El hombre emocionado ante el prospecto de encontrar éxito fácil y rápidamente  sale corriendo hacía allá. Entonces, a lo lejos se escucha un estruendoso ‘SPLAT’. Un rato más tarde, el hombre confundido y algo golpeado, regresa cojeando, asumiendo que tomó la dirección equivocada.
Al llegar con el gurú le hace la misma pregunta, y el viejo sabio, una vez más en silencio apunta en la misma dirección. El hombre, obediente, se dirige para allá de nuevo, solo que ahora el ‘SPLAT’ que se oye a la distancia es ensordecedor. Golpeado, algo ensangrentado y muy irritado regresa a gatas hasta el viejo sabio y le grita – ¡Te pregunté cuál era el camino al éxito, seguí tus direcciones y todo lo que conseguí fue un enorme ‘SPLAT’! ¡No más señas! ¡Habla! -.

Solo entonces el sabio habló y dijo brevemente: – El éxito está allá, justo después del ‘SPLAT’”.

David Cottrell Monday Morning Mentoring, Pag. 12.

¿Cuántas veces no hemos sentido que por más que tratamos e intentamos, todo lo que conseguimos es un ‘SPLAT’ en la cara? Probablemente, algunos incluso se sientan así ahora mismo; en su vida en general o en algún asunto muy particular.
Tal vez respecto a su carrera profesional y esa promoción que tanto anhelan; o quizás por ese proyecto aún no logrado.

No importa de qué estemos hablando, si vale la pena, el ‘SPLAT’, más probable que no, estará ahí; eso no está a discusión.

La pregunta que entonces queda es que tan perseverantes seremos para llegar más allá de el ‘SPLAT’.

Photo credit: Perfect Weather to Fly

Medio año, un tema, una rueda, una escala, una visión y un reto reducido.

Julio ha llegado y con él el inicio de la segunda mitad del año; 184 días fresquecitos y por utilizar para continuar trabajando en nuestro tema del 2010.

Digo tema porque, como recordarán, desde hace tres años decidí dejar de hacer propósitos incumplibles y cambiarlos por temas rectores para todo el  trabajo, personal y profesional, que durante cada año haré para seguir avanzando hacia la visión de vida que tengo.

Si fuera una empresa (y todos somos de alguna manera nuestra propia empresa), justo este sería el momento en el que estaría haciendo mi “mid-year review” como le llaman la mayoría de las organizaciones y estaría evaluando si el camino recorrido ha sido el correcto y cuáles son los cambios que necesitamos hacer para corregir el rumbo y asegurar que lleguemos a las metas del año. Incluso, esta es justo la época del año en que muchas empresas realizan evaluaciones parciales del desempeño a sus integrantes.
Y analizar de dónde venimos, dónde estamos y a dónde vamos es algo que todos deberíamos hacer.
Dicho esto, definir si estoy cumpliendo con mis objetivos y los del área y pedir retroalimentación de mis colegas, aunque importante, me resulta incompleto, por lo menos en lo personal.
De modo que he aquí algunas herramientas que a lo largo de los últimos años (y meses, estudiando para la certificación internacional con Coach)he conocido y que hoy me están ayudando a evaluar cómo y dónde estoy y qué tengo que hacer ahora para continuar avanzando hacia mi cima personal:

  • Un tema anual: Contar con un tema rector que guíe mis actividades y acciones durante todo el año me ha resultado mucho más eficiente y eficaz que fijarme propósitos u objetivos inalcanzables. Un concepto rector para el año no solo me ayuda a definir la dirección a seguir para continuar avanzando hacia mi visión de vida, sino que también me da la flexibilidad suficiente para modificar la ruta cuando así resulta necesario, sin hacerme sentir que fallo o cumplo, porque entiendo que todo es un aprendizaje y parte del camino a recorrer.
  • Rueda de vida: esta es una herramienta que apenas hace poco conocí en mi clase de coaching. Consiste en trazar un círculo partido en 8 partes, temas o conceptos más importantes para la vida de cada quien, y que se califican de manera honesta y justa del uno al diez, siendo el 10 la mejor  o más satisfactoria calificación. Los conceptos básicos pueden ser: familia, finanzas, trabajo, comunidad, amigos, salud y libertad personal, dejando un octavo para cualquier otro tema que queramos incluir; sin embargo esta gráfica de pie de 8 partes la podemos personalizar de acuerdo al tema que queremos analizar.

    Tomarnos el tiempo de calificar cada área importante de nuestra vida, no solo nos ayuda a ver en cuáles tenemos que trabajar para mejorar, pero también nos avisa si nuestro tema rector está alineado con nuestros valores y prioridades en verdad.
  • La escala de satisfacción y visión en el resultado: al calificar nuestro nivel de satisfacción en cada una de las ocho partes arriba mencionadas, además de identificar las principales áreas de oportunidad, nos obligamos a crear una visión clara de cómo sería nuestra vida si cada uno de los 8 factores tuvieran 10 de calificación. De otro modo ¿cómo podríamos decir atinadamente que están en un 8, un 5 o un 1?
    Y contar con una visión clara de cómo queremos que sean las cosas, resulta crítico para poder avanzar en nuestra vida. Después de todo, como dicen por ahí, no hay cosa más inútil que caminar rápidamente hacía ninguna dirección. Al definir esta visión, podemos también establecer cuales serán nuestros escalones o bloques para ir de la calificación que nos hayamos otorgado, hasta el 10 y como debería de verse cada paso avanzando.
  • Reduciendo los retos: esta es una lección que después de leer Switch de Dan y Chip Heath y The leader who had no title de Robin Sharma , estoy poniendo en práctica cada día.
    Los retos pueden resultar con frecuencia tan abrumadores que en vez de enfrentarlos nos congelamos ante el prospecto de librarlos. Sin embargo hay algo que podemos hacer y eso es reducir los más grandes retos en pequeñas tareas o acciones diarias que fácilmente podemos lograr y que en conjunto, con el tiempo, suman como resultado vencer aquel gigantesto reto.  “Pequeños pasos a diario, construyen grandes éxitos al final”. Simples acciones que día a día nos lleven más allá de esa barrera a la que David Cottrell llama “SPLAT” (tema que tocaré en un siguiente post).

Así que ahí lo tienen 4 simples herramientas que, aunque no pretendo decirles que les resolverán la vida como por arte de magia, yo estoy usando y conociendo mejor día a día mientras continuo avanzando hacia mi cima personal.

¿Ustedes que usarán para los siguientes 184 días? Me gustaría aprender un poco más.

Si tuvieras el poder para hacer que México gane el Mundial ¿Qué harías?

Yo provocaría un cambio, no de alineación sino de actitud.

Un cambio de actitud no para que la selección de México pueda lograrlo sino para cambiar la manera en que hacemos las cosas cada día.

Provocaría un cambio de actitud que haga que todos los días la gente despierte con ganas de trabajar, colaborar y contribuir.

Una actitud de ser el cambio que todos buscamos.

Una actitud de aprecio y agradecimiento profundo por todo lo bueno que sí tenemos en nuestro país.

Una actitud de honestidad y honradez.

Una actitud de respeto y aprecio por la diversidad.

Una actitud de éxito honrado y capaz.

Una actitud de gusto por aprender todos los días algo más.

Una actitud de menos soberbia y más humildad.

Una actitud de abundancia y generosidad.

Una actitud de alegría y ganas de ayudar.

Provocaría pues un cambio de actitud que haga que en México no necesitemos del éxito de once extraños sobre otros once a quienes tampoco conocemos para tener así una razón para sentirnos orgullosos de nuestro país.

Porque en verdad, razones para estar orgullosos de México, ¡sí que las hay!

El poder de las palabras.

Las palabras que usamos todos los días son muy poderosas.

Tan poderosas que han escrito nuestra historia y la de la humanidad.

Pero no son solo poderosas porque registran lo que escribimos, sino porque definen la manera en la que vivimos.

Las palabras que usamos cuentan nuestra historia y definen nuestro futuro.

Las palabras que usamos todos los días, crean memorias sobre nuestra persona en la mente de aquellos con quien las compartimos.

Las palabras que usamos al describirnos a nosotros mismos definen claramente la forma en la que nos conducimos día con día y muestran el valor que otorgamos a nuestras acciones y a nuestra persona.

Las palabras que usamos muestran como nos sentimos y definen la manera en la que pasamos cada uno de nuestros días.

Las palabras que usamos son un espejo de nuestras creencias  y una ventana abierta a nuestra vida pasada, presente y futura también.

Las palabras que usamos pueden destruir al más entusiasta o inspirar al más apático.

Las palabras que usamos destruyen carreras o crean las más exitosas.

Las palabras que usamos pueden ser vendas en los ojos o hacernos ver la verdad.

Las palabras que usamos pueden evidenciar nuestra enorme ignorancia y arrogancia o pueden mostrar nuestra humildad y ganas de aprender.

Las palabras que usamos pueden engañar a otros para que nos den o pueden ayudarnos a dar de nosotros a los demás.

Las palabras que usamos pueden alejar a quienes más nos quieren o rodearnos de seres queridos.

Las palabras que usamos pueden ser el repelente más efectivo o un gran imán.

Las palabras que usamos definen nuestra realidad.

¿Y qué palabras usas tu?

¿Y qué queremos hacer?

“Las cosas no siempre son fáciles. Frecuentemente tenemos que enfrentar más retos de los que quisiéramos y la vida constantemente nos invita a salir de nuestra área de confort”, pensaba mientras un amigo valientemente me contaba que esta era su última semana de labores en su actual trabajo, del cual lo estaban, por razones válidas o no, liquidando.

Tranquilo me pedía consejos sobre cómo podía echar a andar su propio negocio, tal vez una agencia de marketing digital pues lleva algunos años dándoles cierto nivel de soporte a estas o quizás algo de mercadotecnia móvil pues es un nicho poco explorado aún.

“¿Pero en realidad es eso lo que quieres hacer o es lo que crees que puedes hacer?”, le pregunté.

“Es que ahora que he estudiado el MBA me siento preparado para manejar mi propio negocio y algunas personas de la industria me han invitado a colaborar con ellos”, replicó.

Y aunque puedo entender  y hasta identificarme completamente con su posición e interés de rápidamente anclarse a una nueva base que le ofrezca estabilidad, no puedo evitar preguntarme a mí mismo:

“Si tuvieras oportunidad de hacer algo diferente en tu trabajo o en tu vida, si tuvieras luz verde, todo el espacio, todos los recursos, todas las herramientas y todo el tiempo para hacer ese cambio. ¿Qué harías?”

¿Buscarías realizarte como persona, trabajando haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer, generando así el estilo, el nivel y la calidad de vida con que quieres vivir? ¿O una vez más seguirías el camino que crees que debes seguir porque en tu casa, en tu trabajo, en tu círculo social, te dijeron que así debes vivir?

¿Trabajarías para ser “una personas de éxito” (sea lo que sea que signifique para cada quien) ó trabajarías en convertirte en una persona de valor?

¿Sobrevivirías cada día intentando acumular todos los bienes materiales que crees necesitar para vivir bien (porque te han dicho que eso es lo que te hace feliz) o vivirías como quieres vivir?

Y al responderme, no pretendo decir que entonces para ser felices necesitamos renunciar a todas las comodidades y juguetes que nos gustan o que debemos darle la espalda a la profesión que elegimos ejercer, para convertirnos en un yogi o hermitaño de la montaña para encontrar paz, serenidad y felicidad.

Muy al contrario, si ser un gran ejecutivo es lo que te mueve, si ser un campeón olímpico es lo que te hace vibrar, o ser un músico reconocido mueve tus fibras, está muy bien.

Pero está muy bien porque eso es lo que a ti te hace vivir y no porque los demás dicen que así debe de ser.

Y si en este momento la vida nos presenta una encrucijada en la que debemos elegir qué camino seguir, tal vez lo mejor sea no lamentarnos porque no nos está dando lo que creemos que merecemos, sino alegrarnos porque nos está dando la oportunidad una vez más de respondernos a nosotros mismos ¿Qué es lo que queremos hacer?

Y sea lo que sea que lo que en verdad queramos hacer, hagámoslo. Demos el primer paso hoy y mañana el segundo. Cada día avanzando hacia donde queremos ir.
No esperemos que de la noche a la mañana obtengamos todo lo que queremos tener, seamos pacientes y constantes y recordemos que son los pequeños pasos que damos cada día los que nos llevan al gran éxito que con el tiempo habremos de lograr.

¿Entonces, ustedes qué quieren hacer de verdad?

Picture credit: Todo-Juanjo

El peor asesor de carrera.

El ego, la arrogancia y la codicia, no son buenos asesores de carrera para nadie. Y sin embargo son frecuentemente estas tres cosas los principales pistones del motor del plan de carrera de muchas personas que buscan a toda costa la “gloria” corporativa y financiera que les dará un “lugar especial” entre la sociedad.

Y tristemente lo hacen, no porque en realidad quieran ser el siguiente zar de la industria en la que se desempeñan, sino porque aún más triste, esta es la manera en la que a la mayoría de nosotros nos enseñan que debemos de desarrollar nuestra carrera profesional.

Ya saben: estudia una carrera que pague bien, deja de lado tu gusto, se abogado o contador, economista o actuario, ingeniero…esos sí que ganan bien! empieza desde abajo (tan abajo como puedas evitarlo si algún familiar o una amistad te puede colocar), aprende el oficio y ve escalando la escalera corporativa que, conforme avances, te traerá más poder, más dinero, más popularidad, más atractivo… más enojos, más estrés, más distancia con los tuyos, más descontento, más desencuentro, más ambición y más codicia porque nada de lo que hayas logrado, saciará esa necesidad tan humana de realización que todos tenemos. Y más arrogancia porque cada vez será más difícil aceptar que elegimos la escalera de otros en lugar de buscar nuestra realización y camino propio.

Tal vez alguno esté pensando: “claro que no es así, yo nunca he dejado que la arrogancia y el ego dicten el camino que quiero seguir”.

Piénsenlo bien, hagan memoria y recuerden todos esos momentos en los que después de un tiempo en un puesto, pensamos, hasta convencernos a nosotros mismos, que estamos listos para dar el siguiente paso y que nuestros jefes y la organización para la que trabajamos son injustos y hasta incompetentes pues no quieren promovernos.

¿Lo han pensado alguna vez? ¿Sí? Ese, es su ego hablando, su arrogancia tapándoles los oídos para no escuchar razones y su codicia pidiendo más aunque todavía no estén listos para un paso más. Dominar al 110% nuestro trabajo actual no nos auto-califica para tomar la siguiente responsabilidad; simplemente no indica que es momento de que nosotros, no la empresa, comencemos a dar más de lo que damos ya, de que empecemos a aprender y desarrollar nuevas habilidades y capacidades que, una vez adquiridas sí nos conviertan en un mejor candidato para esa tan deseada promoción.

Si no estamos atentos, si nos rendimos ante la seducción de la versión de éxito de los demás, la codicia y nuestro ego nos comenzarán a llevar por un camino por el que tal vez nunca quisimos caminar, transformándonos en ese “director” de todo menos de su destino, que amargado y enfermo trabajo de sol a sol pues no tiene nada mejor que hacer.

Y con esto para nada pretendo decir que ser un alto ejecutivo esté mal, muy por el contrario, si ese es el camino que tú realmente quisiste emprender porque escuchaste a tu corazón y no a tu ego, no hay nada mejor. De hecho hay muchos profesionales que más que poderosos son exitosos porque hacen lo que quieren y disfrutan de manera balanceada y plena su vida. No su carrera nada más sino su vida completa, sin importarles si son el más alto directivo de la empresa, el asistente, el chef, el bombero, el guardia, el maestro, el supervisor, el intendente, el consultor, el piloto, el doctor o la profesión que sea que ejerzan; porque decidieron dejar a la arrogancia del lado y no escuchar ni a su ego ni a su codicia y en su lugar eligieron a su corazón, a su llamado, a sus valores y pasión como su consultor.

¿Ustedes a quién escuchan hoy?

¿Que clase de memoria quieres dejar de ti y de tú pais en los demás?

Lo acepto, nuestra sociedad tiene muchos vicios, nuestras costumbres a veces pueden parecer raras y definitivamente nuestros gobernantes dejan, en todos sus niveles, mucho que desear.

Pero también hay que reconocer que tenemos muchas más cosas positivas que negativas como cultura y como sociedad.

Ahora lo más importante será que aprendamos a reconocerlo, pero sobre todo a celebrar las cosas positivas de nuestro país y nuestra región.

Desarrollando nuestro potencial enfocándonos en lo positivo.

De acuerdo a los expertos, la mejor manera de entrenar y desarrollar el potencial de una persona es enfocándose en sus grandes fortalezas y desarrollándolas cada vez más a la vez que buscamos alejarnos de sus
debilidades. En otras palabras, enfocarnos en lo positivo, nos ayuda a sacar lo mejor de esa persona.

Entonces, ¿por qué no aplicar la misma visión respecto a nuestro pais?

He tenido la fortuna de pasar la mayor parte de mi carrera profesional trabajando con equipos globales y multiculturales, y si una diferencia he notado entre los miembros de los equipos con quienes he colaborado
en las últimos 15 años es que mientras que la mayoría de los latinos típicamente tienden a satirizar y criticar a nuestra sociedad cuando platican con algún extranjero con frases clásicas como: “manejaré como
chilango”, “al fin que los latinos siempre llegamos tarde”, o justificando actitudes y malos hábitos diciendo “soy latino, soy fiestero y ruidoso e informal”; otras sociedades, como las orientales, cuando comparten cosas sobre su país o su ciudad, por lo general tienden a hablar de lo positivo, de sus valores y del orgullo que sienten por su pais y su comunidad.

No, no esto ciego y tampoco quiero ignorar los grandes vicios y retos que enfrenta nuestro pais. Tampoco pretendo vivir en una burbuja o aislado de los problemas de nuestra sociedad. Pero es precisamente por
esto que no solo quiero hablar de lo malo y con cinismo burlarme de lo que ni siquiera nos tomamos el tiempo de intentar arreglar.

En lugar de esto prefiero destacar todo lo bueno de nuestro país, nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestras costumbres. Compartir lo importante que es para nosotros la familia, lo hospitalarios y amistosos que somos; platicar sobre nuestra alegría y gran capacidad para hacer amigos. Presumir lo duro que trabajamos y nuestro enorme sentido de solidaridad, y como es que siempre pedimos las cosas por favor y damos las gracias después.
Y claro siempre predicando con el ejemplo y demostrando que no solo es este un discurso que aprendimos de memoria, sino la realidad que queremos vivir.

Así que la próxima vez que convivas con personas de otro país en tu trabajo, durante tus vacaciones, en un evento o cualquiera que sea el contexto, antes de comenzar a despotricar sobre tu tierra, tómate un par
de segundos para pensar: ¿quiero que me recuerden por lo mal que le va a mi pais y me asocien con todos esos vicios y problemas, o quiero dejar una huella positiva en la memoria de estas personas?

No se ustedes, pero yo prefiero mil veces compartir lo orgulloso que me siento de mi gente y de mi pais.

Photo credit: Esparta

7 nuevas cosas que por la mañana puedes practicar

¿Han tenido uno de esos días en los que hubieran preferido quedarse en la cama?

¿Conocen o son la típica persona que dice no ser “un morning person”?

Desde que despiertan están de mal humor, salen peleados con la mitad de las personas con las que viven; son víctimas del tráfico que cada mañana los atrapa por más de una hora y, cuando por fin llegan a su oficina, después de por lo menos una media hora de retraso, están tan enojados que sucumben ante la más mínima provocación y cazan la pelea con quien menos deben de hacerlo, transcurriendo así la mañana, el día y las semanas; no solo desgastando así su imagen profesional, sino erosionando también su espíritu, provocando que cada día les resulte aún más difícil comenzar.
La manera en la que comenzamos cada uno de nuestros días, es definitivamente determinante sobre la forma en la que viviremos cada uno de estos y, por consiguiente, también tiene un impacto por demás importante en la manera que la que nos comportamos y relacionamos con los demás y como dejamos nuestra huella o marca personal.

Por eso, y porque creo que es indispensable que cada día nos demos la oportunidad de empezar mejor, quise compartir 7 cosas que se que podemos hacer diferentes al arrancar cada nuevo día:

1- En lugar de quejarnos por tener que levantarnos temprano para ir a trabajar, demos las gracias por la oportunidad de vivir un día más y
por todo lo que ese día podremos disfrutar. Ser agradecidos en todo momento cambia totalmente la manera en que percibimos la vida y nos ayuda a identificar y apreciar todo lo bueno que tenemos cada día.
2- En lugar de tomar nuestra Black Berry, I-phone o lo que sea que usemos, para ver los emails de pendientes y presiones que ya nos han
enviado o ver las noticias amarillistas del día, leamos algo que nos agregue valor, algo que nos enseñe algo nuevo o algo inspirador.
Leer algo inspirador no solo puede levantarnos el ánimo, pero también enseñarnos los que otros en el pasado han hecho para resolver los problemas por los que a penas hoy nosotros estamos pasando.

3- En lugar de apretar el botón de snooze de nuestro despertador 6 u 8 veces cada 5 minutos hasta que no tenemos otra opción más que despertar, ganémosle la batalla a la cama y aprovechemos esa media hora para caminar y meditar un rato, pasar media hora así, procurando nuestro cuerpo y nuestra mente, es mucho más productivo que pasarla dormitando entre alarmas.
4- En lugar de salir con el estómago vacío y adolorido con gastritis, tomémonos unos minutos para preparar nuestro desayuno y el de nuestra
familia y hagamos un espacio para sentarnos a la mesa con ellos. Pasar este  tiempo con ellos a final de cuentas rendirá muchos más frutos que
cualquier junta mañanera, así que, de ser posible, agenda tus reuniones de trabajo para después de las 10am, y date y a los demás tiempo de empezar tu día con lo que importa de verdad.
5- Si te es posible, y va de acuerdo a las políticas de tu trabajo, en lugar de salir a las 7:30am a hacer una hora u hora y media transportándote hasta tu
trabajo, acuerda llegar a las 10am, sal de tu casa a las 9:30 y la hora ganada, aprovéchala para trabajar desde casa. O aún mejor, busca
poder trabajar desde casa un día a la semana. No creerías lo mucho que puede crecer tu productividad poniendo esto en práctica aunque sea un solo día a la semana y nada más.
6- Al manejar o transportarte a tu trabajo, en lugar de escuchar las noticias amarillistas y angustiantes o avisos inútiles sobre el embotellamiento en el que ya estás, mejor escucha un programa que te haga reir o música que haga cantar. Creemelo mucho mejor que llegar amargado a la oficina, es llegar silbando o tarareando una canción acompañada de una gran sonrisa que compartir con los demás. Y de las noticias importantes, de todas maneras te vas a enterar.
7- Al llegar a tu oficina, en lugar de pasar como fantasma inadvertido hasta tu escritorio, asegúrate de detenerte a saludar a la gente con
quien convives todos los días, conócelos un poco más, pregúntales como están, te sorprenderías de todo lo que puedes aprender de ellos tan solo tomándote unos
minutos para convivir.

Y así podríamos seguir buscando más y más formas de arrancar en grande cada uno de nuestros días, ademas de como cerrarlo igual, pero ese será cosa de otro
post.

¿Y tú que cosa especial haces diferente cada mañana al despertar?

Cuidado con tu Gremlin personal

¿Recuerdan a los Gremlins? ¿Esas pequeñas y destructoras criaturas que en tan solo una noche logran desquiciar a toda una pequeña ciudad usando el miedo como su mejor arma?

¿Cuándo fue la última vez que vieron un Gremlin? Definitivamente no fue en 1990 cuando se estrenó la segunda entrega de esa película.

Lo más probable es que lo hayan visto esta semana, incluso hoy mismo. Tal vez no vieron una enana criatura verde con dientes afilados y orejas de murciélago, pero vieron algo mucho peor: su propio rostro en el espejo.

Así es, todos tenemos a nuestro propio, único, exclusivo y siempre servicial Gremlin, dedicado 24/7/365 a destruir y descontrolar cualquier proyecto de vida que queramos realizar.

Además, nuestro exclusivo Gremlin particular, no  necesita comer después de la media noche para cambiar y ni una sola gota de agua es necesaria para que se multiplique por cien; nuestro ego se encarga de eso y más.

Pero al igual que en la película, afortunadamente existen algunas acciones que podemos practicar día con día para poner a nuestro Gremlin personal a raya, quieto y en su lugar:

1) Cuidado con lo que consumes. Y no me refiero a lo que comas después de la media noche, aunque tampoco es muy recomendable que comas tan tarde. Más bien estoy hablando de la información que permitimos que entre a nuestra mente todos los días.
Ya en muchas ocasiones he hablado de la manera tan dosificada en que en lo personal veo, escucho o leo las tan lamentables noticias que circulan todos los días. De modo que ahora, con solo una pregunta, me referiré a todo lo demás: ¿cómo no queremos escuchar tanta tragedia en las noticias si nosotros mismos enseñamos a nuestros hijos que asaltar, robar, golpear y hasta matar es normal y hasta heroico? ¿Qué no lo hacemos? Nada más chequen los video juegos que tienen en su casa, no hace falta que ni los vean, solo lean sus títulos; o vean las series o incluso caricaturas que ponemos en la TV donde un Capo de las drogras, un asesino en serie y un defraudador son ahora los héroes…
¿Cómo queremos mantener a nuestro Gremlin personal en paz si todos los días lo alimentamos de tragedia y caos?

Mejor cultivemos mejores hábitos y sembremos un mejor contenido en nuestra mente y la de nuestros hijos. Y no, no les estoy vendiendo el viejo discurso que ataca a los medios y a las marcas por lo que generan y transmiten; ellos están en todo su derecho de hacer lo que quieran con sus recursos y productos, pero ¿saben algo? Ustedes también. La decisión esta de su lado de la cancha, de la misma manera que pueden también elegir controlar los pensamientos que quieren que pasen por su mente.

2) No te salpiques. No solo los gremlins se multiplican al mojarse, también los miedos y los rencores lo hacen. Piénsalo bien, el efecto domino siempre se hace presente cuando el coraje y el enojo te hacen perder el control: dices cosas hirientes, actúas de mala fe, buscas retribución, reaccionas impulsivamente, en fin. La cosa es que por supuesto tu situación solo se pone peor. Es tu Gremlin personal en su máxima expresión.
Cómo decía un viejo amigo: “No escupas para arriba porque inevitablemente te salpicas”.

3) Usa tu luz. En la película, la luz era la mejor arma para luchar contra los gremlins, en la vida real también.
En mi parecer todos tenemos dentro una luz que compartir con los demás, y por luz me refiero no solo a un tema energético, sino a la capacidad que todos tenemos de iluminarle el día a alguien más. Quiero decir, no se necesita ser un “iluminado”, un chamán o un Yogi para compartir y darle un poco de luz a los demás. Basta con que cada día hagamos algo simple, sencillo y desinteresado por alguien más, puede tratarse de un ser querido, un amigo, un compañero de trabajo o un desconocido total. No importa a quien, todos necesitamos saber que no estamos solos y que las personas, en efecto, aún nos preocupamos por el bien estar de los demás. Tampoco se requiere de esfuerzos desmedidos, sacrificados o masificados, aunque si tienes la capacidad de ayudar a muchos a la vez, no estaría de más; acciones sencillas como detener la puerta del elevador 5 segundos más para otra persona que va a subir, escribir de nuestro puño y letra una nota de agradecimiento o apreciación, regalar nuestro tiempo en una sincera charla de corazón a corazón y sin juicios, pueden bastar.

En fin, este es un hecho que cada quien, por si mismo, tiene que comprobar: Entre más compartimos y hacemos algo por los demás, mejor y más en paz nos sentimos con nosotros mismos; y nuestro Gremlin personal, se transforma en un apacible, alegre y apretujable bola de pelos que hasta queremos cuidar.