De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Date la oportunidad.

¿Cuántas cosas no dejamos de hacer todos los días por temor, por apatía, por costumbre, por prejuicios y que se yo que más?


¿A cuántas personas no habremos ya mal juzgado y de cuántas amistades no nos habremos perdido ya? ¿Cuántas oportunidades habremos de dejar pasar antes de atrevernos? ¿De cuántos sí nos habremos perdido por miedo a tener un no? ¿Con cuántas preguntas sin respuesta nos pensamos quedar?


Cada día que pasa es una nueva oportunidad para conectar, para aprender, para crecer, para ayudar; y sin embargo cada día dejamos pasar toda posibilidad. ¿Por qué?

Pensando en todo esto no pude evitar recordar el tema de la película The bucket list. ¿La recuerdan? Esa película en la que un envejecido y enfermo Jack Nicholson encuentra accidentalmente a quien llega a ser su más grande amigo, en un también viejo y más enfermo aún Morgan Freeman, con quien escribe una lista de cosas que ambos quieren hacer antes de que las enfermedades de cada uno acaben con sus vidas: viajar al Tibet, visitar el Tajmahal y besar a la mujer más bella que hayan conocido jamás.


Mi pregunta es ¿por qué tenemos que esperar a que una situación tan grave nos suceda para decidir hacer lo que tanto hemos querido hacer?


Tal vez alguien aquí me diga “bueno Efraín, es que cuando uno ver cerca la muerte su visión de vida cambia”.

Les respondo: lo dudo, es más estoy seguro de que no a todos, no siempre, una experiencia así los hace cambiar.


Hace un par de años en un viejo post de este blog comenté que yo estoy convencido de que eso casi no sucede. Una persona cambia su actitud ante la vida cuando está convencida de hacerlo, sino simplemente no lo hace. Me consta.

Yo mismo he vivido situaciones así, personalmente y con seres queridos también, y nada de eso me hizo cambiar mis viejas formas de actuar. ¿Qué fue entonces lo que me hizo cambiar lo que no me gustaba en mí? Decisión, convicción y visión de cómo quería vivir mi vida y nada más.


Entonces quizás alguien me diga: “… es que las circunstancias en las que cada quien vive siempre pueden ser una limitante para hacer lo que queremos, pero tal vez ahora que me cambie de trabajo o me mude, o me jubile…”


Y pienso: ¿De verdad quieren esperar 1, 2, 20 o 40 años más para comenzar a vivir su vida, porque por ahora solo tenemos que trabajar?


En su libro “The 4-hour work weekTim Ferris nos habla de cómo tomó la iniciativa de integrar dos importantes conceptos – balance de vida y éxito profesional – en uno solo “Life Style Design”, con la premisa básica de que no es necesario esperar un evento que cambie nuestras vidas, ni esperar por décadas para tener el tiempo de hacer lo que queremos hacer de nuestras vidas; y comparte una serie de recomendaciones, pasos y recursos que podemos aprovechar para comenzar a actuar y vivir en la manera en la que queremos hacerlo hoy, y no cuando estemos retirados.


Más aún en su reciente libro “Trust AgentsChris Brogan y Julien Smith retoman la idea de Tim y explican como la tecnología hoy nos permite, como lo nombran ellos en su libro, crear nuestro propio juego.


Ambas lecturas son realmente valiosas y altamente recomendables y, aunque para mí han sido realmente inspiradores, hoy no pretendo convencerles de hacer un cambio tan radical tan bien como estos tres autores lo pueden hacer.


Sin embargo sí quiero plantear una premisa tan importante como las anteriores, pero quizá es más fácil de implementar desde ya: Darse la oportunidad.


Darse la oportunidad de pensar, de pedir, de preguntar, de enseñar, de compartir y de buscar; regalarse la posibilidad de hacer algo más, de viajar, de aceptar ayuda y dar, de conocer gente y no calificar. Todos los días darse una oportunidad de vivir cada día un poco más como queremos vivir.


Como dice Robin Sharma, el más largo de los viajes comienza con el primer paso y cada gran logro está formado de pequeñas victorias que conquistamos paso a paso, día con día.

Así pues ¿Qué oportunidad se piensan dar hoy?

Directores ejecutivos.

Los ejecutivos de cuenta de hoy son los directores de mañana…



Solo que en un mercado y en un momento como en el que vivimos, esto sucede casi de manera literal.



Los cambios tan repentinos en la economía, las nuevas habilidades requeridas por la tecnología, la alta rotación en las empresas, las nuevas oportunidades y la falta de estas también, son algunos de los factores que han provocado que mucha gente que aún no ha acumulado la experiencia, conocimiento, práctica o madurez necesaria, estén hoy ocupando posiciones que hasta hace unos años, ocupaban profesionales que tenían un gran bagaje en su carrera profesional.

Y tanto organizaciones como individuos tienen su pedacito de responsabilidad.



Y el hambre se junta con las ganas de comer.

Por un lado las empresas, en su búsqueda por recortar costos, han sido capaces incluso de asignar las responsabilidades que antes pertenecían a profesionales con una amplia experiencia, un alto seniority y por supuesto grandes salarios, a jóvenes profesionales que se encuentran en los primeros años de su carrera. Y por el otro, estos jóvenes talentos, quienes crecieron en la era de lo “instantáneo” quieren que sus carreras sean así: instantáneas.

Ellos saben que, por los recursos que han tenido a la mano, tienen un amplio conocimiento sobre su especialidad laboral; conocen diferentes herramientas que pueden y saben usar para hacer más sencillo su trabajo y tienen mucha prisa por crecer, aún si es tan solo para ocupar una nueva posición que en lugar de llamarse coordinador se llame sub-gerente y pague dos pesos más.

Y así, sin darse cuenta, las empresas que aceptan y promueven esto, amanecen un día repletos de directores ejecutivos; es decir, ejecutivos de cuenta que ahora hacen, como pueden, las veces del director; y como es de suponerse la situación se convierte casi automáticamente en una bomba de tiempo para los dos. Organización y empleado se ven envueltos en una difícil situación. Clientes se quejan del trabajo y lejos de incrementar su compra, amenazan con dejar la firma; proveedores dejan de surtir debido a los pagos atrasados y los accionistas se preguntan por qué los números del trimestre no llegaron a lo esperado. La situación se convierte en crisis y la única válvula de escape para que las cosas no estallen es dejar ir a aquel director que simplemente no pudo lograrlo.

Entonces el ex director ejecutivo, ahora desgastado, agotado y desempleado tiene que buscar ubicarse en un nuevo trabajo, tal vez colocándose en el puesto original de ejecutivo, siempre esperanzado a que pronto lo vuelvan a promover.

Por eso si llegar a encontrarte en una situación similar, tómalo con calma y no quieras correr solo por correr.

Analiza bien la situación, pregúntate a ti mismo si en verdad estás preparado para asumir esa nueva posición.

No digo que le saques la vuelta, sino que de manera consciente tomes la más correcta decisión.

Respóndete con honestidad si cuentas ya con el conocimiento teórico que necesitas y qué tanta experiencia tienes al respecto. ¿Te sientes emocionalmente apto para esta nueva posición?

Analiza el impacto que en cada aspecto de tu vida un nuevo título puede tener, y cerciórate de que en realidad estás dispuesto a hacer los sacrificios de tiempo, espacio y hasta salud que esta nueva aventura te va a requerir.

Ten muy claro cuáles son las habilidades y características con las que cuentas ya y por las que la organización ha decidido darte esta nueva asignación, y de manera humilde y con los pies bien plantados en la tierra, identifica cuales son las otras capacidades que aún tendrás que desarrollar y en cuanto tiempo las podrás dominar.

No tomes una nueva posición solo porque con el título y el dinero te has dejado deslumbrar.

Da ese paso solo porque en verdad estás convencido del valor que sí puedes aportar.


¿A que grupo pertences tú?

Los vemos con enorme frecuencia, no importa la empresa o el tipo de organización que sea, ni el nivel de jerarquía ocupado por la gente, tampoco la cantidad de ingresos o el tipo de trabajo que se realice.

Y al mismo tiempo a estos otros también los podemos ver con tanta frecuencia como a los anteriores, y para ellos tampoco importa el tipo de empresa, ni el puesto, ni su compensación.

Ambos conviven todos los días, trabajan de la mano, comparten oficina, comen juntos, algunos estudiaron lo mismo, tal vez incluso hasta en la misma institución, otros vienen de contextos totalmente contrastantes y sin embargo están ahí compartiendo a veces, más tiempo con nosotros que con su propia familia.

Unos llegan hasta a convertirse en los mejores amigos de quienes forman parte de su grupo y del otro también, los otros, difícilmente hacen amistad con alguien, incluso (o quizá, sería mejor decir, especialmente) dentro de su propio grupo.

A simple vista son los mismos profesionales que vemos todos los días en todas las empresas, pero basta con poner tan solo un poco más de atención para darse cuenta de un rasgo clave que los distingue totalmente entre sí: unos sonríen y otros no.

El primer grupo, si bien sigue en la lucha diaria y sabe que falta mucho por recorrer, está satisfecho con sus logros y contento con su trabajo; hace lo que le gusta y le gusta lo que hace.

El otro grupo, el segundo, nunca está contento. Siempre está estresado de más, jamás está satisfecho con lo que ha logrado y se encuentra sometido por sí mismo a una frenética búsqueda de crecimiento en la corporación.

Y no, lo que hace que una persona pertenezca a uno o a otro grupo, no está en el título, ni en su nivel jerárquico, mucho menos en su compensación.

En lo personal conozco casos de grandes y aparentemente “exitosos” ejecutivos que ocupan los más altos niveles en su organización y que todos los días se lamentan por su “precaria situación”, angustiándose por la cuota del mes o por lo que su jefe pensará de ellos al día siguiente; y también conozco casos de ejecutivos del mismo nivel, o incluso más alto, que disfrutan cada día de su trabajo como si fuera el primero (o el último) de su carrera.
Y también conozco gente que organizacionalmente tiene una posición más sencilla y que todos los días se queja porque en su empresa no solo valorados como se merecen; y otros que día a día agradecen estar ahí porque saben que es parte de su plan.

Así que no, el título que ostentemos nada tiene que ver con el grupo al que pertenecemos.
Incluso, en muchos de los casos, la gente brinca de un grupo a otro con cierta repetición.

Entonces ¿qué es lo que define que pertenezcas a uno o a otro grupo?

Desde mi punto de vista, quienes pertenecen al segundo grupo, el que se queja y vive enojado y estresado, no tienen un plan de carrera claramente trazado y no saben a dónde van; o mucho peor aún, son víctimas de su claramente trazado plan de carrera; lo han seguido tan al pié de la letra que han ido avanzando con paso firme y constante.
En este grupo uno empieza su desarrollo como asistente y es promovido a coordinador, después a supervisor y más adelante a gerente y con el paso del tiempo, un poco de suerte y un claro compromiso incondicional a su carrera profesional, la gente se convierte en los grandes ejecutivos que son hoy.

En el primer grupo, el que está contento y satisfecho, también se empieza trabajando como asistente, se es promovido a coordinador y después a supervisor, gerente, director y con el paso del tiempo, un poco de suerte y un claro compromiso también llegan a convertirse en los grandes ejecutivos que son.
Solo que este grupo, no está solamente comprometido con su plan de carrera y entiende que este es solo un área más dentro de algo mucho más importante: su plan de vida.

Estas personas no se están quejando porque no les va como quisieran y ante los retos y baches a los que todos nos enfrentamos, tienen claro un concepto: este es solo un paso más que hay que dar para seguir adelante hasta donde queremos llegar.

Estos sujetos no llegan a los niveles más altos de una organización pensando que son mejores que los demás o no sabiendo que hacer una vez que están ahí. Tampoco se quedan a admirar sus logros para luego caer.

Estas personas llegan a donde quieren llegar, sin importar si eso es tener la oficina más grande de la corporación, su escuela de danza, un lugar en una orquesta sinfónica o un bar en la playa; porque saben que llegar ahí es parte de su plan, no de carrera, sino de cómo ellos quieren vivir.

Y la pregunta que queda entonces es: Tú ¿A qué grupo quieres pertenecer?

Tu éxito, tu obstáculo.

Sucede. Y sucede con frecuencia. Lo he visto en muchos amigos y compañeros de trabajo y también frente al espejo. Nos entregamos en cuerpo y alma a nuestro trabajo, le dedicamos horas y horas a perfeccionar lo que hacemos, no descansamos hasta que dominamos cada una de las tareas incluidas en nuestro rango de acción. Nos transformamos en especialistas, en expertos, y en algunos casos, hasta en autoridad o punto de referencia.

¡Muy bien! Pero ¿Después que queda?

Por supuesto que no está mal ser exitoso y ser el mejor, por el contrario, siempre hay que esforzarse por destacar en lo que hacemos. Sin embargo, olvidamos que hay muchas otras cosas que también debemos dominar, dentro de las cuales está principalmente controlar la arrogancia que podemos desarrollar a raíz de nuestro propio éxito. Y esto sí que está mal.

Claro que es dulce ser exitoso. Es realmente placentero escuchar cumplidos en reconocimiento a nuestro trabajo y las palabras adulantes de personas que quieren quedar bien con nosotros, pues creen poder beneficiarse de nuestro éxito, de hecho, resultan ser una gran golosina para nuestro ego.

Pero insisto, ¿Después de esas palabras que nos queda?

Una vez que hemos llegado a “nuestra cima” debemos reconocer que tenemos dos opciones, regocijarnos en nuestro éxito, descuidarnos y caer; o bien saber que después de disfrutar por tan solo unos momentos nuestros logros, debemos de fijar un nuevo horizonte y movernos hacia él.

Y para esto, es indispensable comprender que el éxito se presenta en diferentes maneras, y no todo se manifiesta en la acumulación de poder, bienes materiales, dinero o un título nobiliario y que, lo que es importante para unos puede no serlo del todo para otros.

Y debemos darnos tiempo para, con humildad, aprender a identificar nuestras fortalezas y nuestras debilidades.

Necesitamos reconocer que nuestras más grandes fortalezas exacerban nuestras propias carencias también.

Nadie es perfecto. El que seas un gran creativo, no quiere decir necesariamente que seas un gran estratega. El que hagas producciones de enorme calidad, no significa que tu creatividad sea la mejor. Ser un erudito de las matemáticas no te hace bueno para explicarlas y ser un excelente coordinador, no te convierte en un gran líder.

No dejes que tus grandes fortalezas te vuelvan miope ante tus áreas de oportunidad, reconoce de qué pié cojeas y busca reforzarlo rodeándote y asociándote con aquellos que son tan fuertes en tu área de oportunidad, como tú en tu especialidad.

Admite que no lo eres todo, que necesitas de los demás y que tienes que colaborar con ellos. Ábrete a participar con otros y deja que te aporten su experiencia. No siempre tienes que demostrar que tu sabes más.

Picture credit: Redjotter

Alineación y balanceo.

En los autos, el servicio de alineación y balanceo es necesario cuando el coche empieza a jalarse hacia un lado, cuando, a determinada velocidad, comienza a vibrar y cuando empieza a notarse un claro desgaste disparejo en las llantas. Si notas cualquiera de estas tres cosas en tu carro, sabes que es momento de llevarlo a que le den mantenimiento y corrijan los problemas que está teniendo.

Lo mismo creo que sucede en los seres humanos. Sabes que es momento de tomar medidas correctivas en tu vida cuando sientes que tu camino está jalando para el lado que no sientes sea el correcto, cuando por el ajetreo y ritmo tan veloz de la vida dejas de vibrar o cuando tu cuerpo o mente comienzan a tener un desgaste (cansancio) más grande de lo “normal”.

Estoy seguro de que todos, en algún momento u otro de nuestras vidas, tal vez hasta en repetidas ocasiones, hemos sentido por lo menos uno de estos tres síntomas. Pero de lo que no estoy tan seguro es con que tanta rapidez reaccionamos y corregimos estos problemas, o más importante aún que tanto “mantenimiento preventivo” nos procuramos a nosotros mismos.
Estamos tan ocupados todos los días, manejando nuestras saturadas agendas, tratando de quedar bien con todo el mundo, buscando el siguiente puesto, el próximo aumento de sueldo, el bono anual, el cierre de contrato, cubrir la cuota del año, el reconocimiento público como profesional destacado; y en la vida personal también tan enfocados a ser el padre del año, la pareja modelo, el gran anfitrión, el consejero y amigo más buscado, etc.

Que dejamos totalmente de lado darnos el tiempo (el mantenimiento) que necesitamos. Entonces viene de nuestro cuerpo, el reclamo. Notamos el desgaste, nos enfermamos: espaldas contracturadas, gripas sin razón, gastritis agudizadas, falta de sueño.
Los proyectos que antes nos llenaban de emoción se convierten en condenas de prisión y dejamos de vibrar. Nos damos cuenta que en algún punto del camino, sin notarlo tomamos una desviación.

Y nos enfrentamos al incómodo y difícil momento de “la decisión”. El punto en el que tenemos que reconocer que debemos parar y reconsiderar nuestra dirección; evaluar si estamos en el camino correcto, llevando el paso que queremos o si solo estamos siendo parte del ruido que envuelve a las masas en la indecisión.

Es momento de tomar nuestro propio balanceo y alineación, y preguntarnos:

  • Lo que hago hoy ¿está alineado con los principios e intereses que más valoro yo?
  • ¿Qué de todo lo que hago hoy me hace vibrar de emoción?
  • ¿Tengo claro a donde quiero llegar y cómo quiero vivir, no en unos años, sino a partir de hoy?
  • ¿El camino en el que me encuentro hoy, aunque sea un escalón más, me acerca en esa dirección?

Es tiempo de girar las llantas, realinear la dirección y regular nuestra vibración.

Crédito de la imagen: MILINTOC

Liderear vs gerenciar

Nota: como habrán constatado en anteriores entradas publicadas aquí, en De lo Cotidiano, siempre he creído en la absoluta importancia de asumirnos como líderes y desarrollar nuestras principales fortalezas y habilidades, sin embargo, esta entrada la escribo no solo pensando en esto, sino inspirado por el concepto de Tribus de Seth Godin (si pueden obtener el libro del mismo título, no dejen pasar la oportunidad de leerlo).

¿Estás en verdad liderando talento o solo gerenciando recursos?

Lo pregunto pues en alguna ocasión alguien me dijo: “Un manager (gerente) maneja los proyectos, los retos, los problemas, los recursos. Por eso es un manager, porque maneja”. ..Pues sí, y un director, dirige, y un ejecutivo ejecuta. Entonces, ¿Cuál es la diferencia entre un simple gerente, director, ejecutivo y un líder?  Simple y enorme.

Si gerencias o manejas recursos, impones tu visión o la del estatus quo que estás representando,  de lo que hay que hacer y de cómo hay que hacerlo; restándole valor absoluto a la aportación de los miembros de tu staff. No cedes ni un centímetro más de lo mínimo indispensable para que tus empleados accionen las palancas que tú les has indicado que usen para cumplir con una lista determinada de tareas con las que asumes lograran que tu organización prospere.
Sin embargo, el problema con esta visión es que el estatus quo es así, “ideal” porque no cambia, se mantiene fijo y por lo tanto no crece, no evoluciona, se queda estancado y, por mucho que lo intentes sostener, tarde o temprano se cae.

Este es el modelo que a tantas compañías, incluso a algunas que se auto declaran innovadoras, les está costando tan caro, no solo respecto al incremento de sus costos y decremento de sus ingresos, pero sobre todo respecto a la retención de talento en la organización, pues no comparten una visión basada en valores, principios y objetivos con los que otros se pueden identificar y comprometer; de modo que  la única manera de lograr que los demás lleven a cabo sus instrucciones es con la caduca práctica de la zanahoria y el palo, y más pronto que tarde hasta el empleado más apático se cansa de este modelo y busca como seguir adelante con su vida.

Por otro lado, si desistes en querer administrar a las personas como un activo más de tu organización y te enfocas en definir una misión digna, en compartir claramente la visión de tu organización y en convertirte en un catalizador del talento de quienes integran tu equipo, además de convertirte en un líder que potencializa las fortalezas y habilidades de sus compañeros, transformarás a tu empresa en un magneto de líderes; en una tribu de personas talentosas cada una ejerciendo y maximizando sus propias fortalezas y habilidades, colaborando y contribuyendo con tu organización.

Las organizaciones que saben que el verdadero valor de su empresa está en su gente, en su tribu;es decir, en sus colaboradores (empleados) y contribuyentes (clientes y proveedores), son las que hoy llevan ventaja y no están perdiendo su lugar en el mercado.
Los líderes de estas compañías saben que el éxito no está en una única fórmula secreta ni en un procedimiento metodológico estudiado ni en establecer incentivos a clientes, proveedores y empleados; sino en crear una tribu de gente con valores, principios e intereses tan  alineados con los de su grupo que no repararán en traer a la mesa de trabajo sus fortalezas, conocimientos, experiencia, habilidades, compromiso y a los miembros de sus otras tribus también.



#Hazalgoporalguien

#hazalgoporalguien fue el Hash tag que utilicé durante toda la semana pasada en Twitter y FaceBook para invitar a  quienes leyeran mis mensajes a unirse al reto de cada día hacer algo por alguien más sin esperar nada a cambio y solo por el gusto de ayudar.

El propósito inicial fue compartir con otros un llamado a colaborar y ayudar; aunque he de confesar que también una parte de mi quería comprobar dos cosas: por un lado que las redes sociales sí sirven para algo más que jugar y por el otro que aún hay mucha gente con ganas de ayudar a mejorar la vida de los demás.

Pasaron un par de días y dada la respuesta que este reto estaba teniendo, me comprometí a compartir aquí, en De lo Cotidiano, algunas de las cosas que unas personas han hecho por otras más; y como lo prometido es deuda, he aquí 10 de las experiencias compartidas por otros la semana pasada:

  1. “Hoy mi mamá comprendío que es un podcast, mientras le instalé firefox en su compu”@yellow100  
  2. “Ayudé a mi hermano a buscar y analizar programas de carreras y elija la suya ,ni sabía de la existencia de algunas” @zesy 
  3. “Hace unos días le dimos 1 litro de agua de papaya al cartero deshidratado bajo el sol ardiente de monterrey!” @romeomarquez 
  4. “Podría no parecer mucho, pero me ofrecí e hice la presentación mensual que nadie queremos hacer…mañana me toca presentar” Sergio
  5.  “Yo acabo de regresar de comprar unos cigarros, hubieran visto la cara de la señora de atrás cuando le quite su bolsa de manzanas y se las invité” Gerardo.
  6. “Le pagué el boleto del metro a una señora que no conocía y cuando me quiso pagar le dije que  si quería pagarme hiciera algo similar. No necesariamente pagar el pasaje de alguien más, sino hacer una buena obra e inesperada por alguien más.” @Perliux
  7. “Yo le dí 50 baros a un wey me limpió el vidirio.” Juan
  8. “Hoy –alguien- fue el planeta, ahorré agua y mantuve apagadas las luces que no uso. Se los recomiendo como práctica común.” Angélica
  9. “Hicimos una definición de carrera por una persona que tenía rato esperando una oportunidad.” @alextovarluna
  10. “Recomendé a una amiga en tres trabajos.” Engel

¿Lo ven? Cosas sencillas, espontáneas, fáciles de realizar pero sobre todo cosas que solo buscan hacer algo por alguien más sin esperar nada a cambio más que saber que has ayudado a esa persona a estar mejor de lo que estaba cuando la encontraste. Y, en realidad, no necesitamos momentos especiales, recursos exagerados, ni hazañas extraordinarias para ayudar en algo; por el contrario, oportunidades para ayudar siempre existirán, momentos para colaborar siempre habrán y personas que apoyar siempre ahí estarán.

La única pregunta que nos tenemos que plantear es: ¿Qué tan dispuestos estamos a tomar unos minutos de nuestro tiempo para buscar la simple manera de ayudar a alguien más? por alguien más sin esperar nada a cambio más que saber que has ayudado a esa persona a estar mejor de lo que estaba cuando la encontraste. Y, en realidad, no necesitamos momentos especiales, recursos exagerados, ni hazañas extraordinarias para ayudar en algo; por el contrario, oportunidades para ayudar siempre existirán, momentos para colaborar siempre habrán y personas que apoyar siempre ahí estarán.

Cantidad versus calidad

Probablemente este no vaya a ser un post tan popular entre los ávidos usuarios de Twitter, FaceBook, FriendConnect y otras redes sociales, pero lo tengo que preguntar: ¿Qué es mejor cantidad de seguidores /amigos ó la calidad de estos?

Pregunto porque a ratos pareciera que el participar en diversas plataformas de Social Media, se ha convertido más en concurso de popularidad que en una herramienta de socialización y colaboración.

Frecuentemente veo que como muchos celebran llegar a los miles y miles de seguidores o viceversa, de estar siguiendo a miles de personas. Pero yo me pregunto: ¿En verdad leen todos los tweets y updates publicados? ¡Tendría uno que dedicar su día entero a hacerlo y aún así me temo que no acabaría! Y noten que este viene de un ávido usuario de Twitter y FaceBook también.

No es nuevo que explique que para mí, la gran relevancia que tiene Social Media radica en la enorme red de colaboración que se puede generar entre usuarios y el importante impacto que esto puede tener en la vida personal y profesional de quienes participamos en esta.

Yo en lo personal en los últimos dos años he conocido a más gente que tal vez lo que había conocido en los 5 anteriores; y no solo he podido colaborar con muchas de estas personas grabando podcasts, sosteniendo conversaciones en-línea y participando como conferencista o hasta como co-autor/colaborador de The Age of conversation 2, un libro precisamente resultado de la colaboración de cientos de bloggers al rededor del mundo, sino que he podido establecer buenas amistades con gente a la que por cierto poco o nunca he visto en persona.

Y  precisamente esto es lo que me lleva a plantear mi pregunta inicial, pues ¿cómo puedo entablar relaciones más profundas de colaboración si tengo que intentar ponerle atención a miles de personas a la vez?

Para mi, ser parte de la conversación quiere decir participar activamente en ella y aportar algo de valor, y no ver tan solo qué tan popular soy.

Por supuesto me encanta la idea de alcanzar a más y más personas cada vez, pero no de manera vacía o superficial, sino aportando algo a su día; y de igual manera quisiera que la gente con quien interactúo pueda agregar algo de valor a mi vida también; y así pues ayudarnos y agregarnos valor unos a otros. Enseñándonos algo nuevo, compartiendo una experiencia vivida o una frase inspiradora, opinando sobre nuestros contenidos, ofreciendo algo de entretenimiento, contando un chiste, dándonos ánimos o simplemente entablando una buena conversación.

Justo es este  el principio básico de las redes sociales ¿o no? Identificar grupos de personas con intereses comunes que además tengan ganas de conocer a otros y compartir lo que saben, estableciendo una especie de tribu.

 Y tribus pueden haber muchas y de muy distintos tipos: pueden ser de amigos (como Facebook), donde el propósito sea tan solo ponerse al tanto de la vida de unos y otros; también pueden ser de profesionales de distintas o de una sola industria (como Linkedin) o pueden ser otras más especializadas de acuerdo a hobbies, deportes y otros intereses más particulares.

Pero estoy convencido de que no importa a qué tipo de tribu o red social se quiera pertenecer, el éxito está en nuestra aportación a esa comunidad, en las pocas o muchas interacciones que tengamos y en los granitos de arena que aportemos a la vida de los demás.

Como dice Seth Godin en su  último libro precisamente llamado TRIBES: “Estar en una red no es suficiente. Seguir o tener a diez, veinte o mil contactos en FaceBook puede que sea bueno para el ego, pero  eso nada tiene que ver con cualquier medida útil de éxito”.

Puede ser que una marca comercial o una celebridad que participe en Social Media sí esté buscando tener miles y miles de seguidores para incrementar así su alcance, pero eso es tan solo una visión miope y limitada de cómo aplicar los principios caducos de los medios tradicionales a los digitales.

Puede ser también que algunos profesionales busquen obtener muchos seguidores para ir identificando a aquellos que pueden ser más valiosos con el tiempo como contactos comerciales. Como me dijo un buen amigo twittero  (a quien por cierto solo he visto una vez y por un par de minutos cara a cara) cuando lancé esta pregunta en twitter: “tienes que besar muchos sapos para encontrar al príncipe. Cantidad te lleva a calidad”. Y algo de razón debe de tener sin duda alguna.

Pero prefiero pensar que la calidad de nuestros contactos y sobre todo la calidad de nuestra aportación al colaborar con estos, eventualmente nos llevarán a la cantidad.

Y quien sabe cuál sea la cantidad correcta para considerarse un exitoso participante de Social Media.

Para mí, si logro ayudar y tocar la vida de alguien, por lo menos a una persona cada día, aún si es tan solo logrando que sonría con dos puntos y un paréntesis 🙂, tuve el éxito que quería.

Nota sobre el crédito de la imagen: no recuerdo de donde obtuve esta imagen hace unos meses. Intenté investigar quién la había creado pero no encontré nada. Si sabes quien es se creador, por favor déjame saberlo para darle el crédito correspondiente.

Si al hablar no has de agradar, mejor has de callar.

En los últimos días hemos sido testigos del increíble y casi se me antoja decir, imparable poder y alcance del  Social Media.

El volumen generado en notas, menciones y comentarios respecto a los presentes sucesos alcanzó picos enormes en Twitter, FaceBook, Google trends y muchas otras plataformas de comunicación, por arriba incluso de sucesos  anteriores que ya habían ofrecido una muestra del poder de estas plataformas; borrando así toda duda de que solo serán una moda pasajera.

Sin embargo, también pudimos ver la lamentable y enorme falta de conciencia y madurez de muchos de los usuarios de estos medios.

Ha sido realmente decepcionante ver como muchas personas han tomado tan a la ligera esta situación. Y no me refiero al usuario común que actualiza ocasional o frecuentemente sus estatus en FaceBook, sino a  toda esa gente que hasta hace unos días se presentaba a sí misma como “líderes de opinión” o “expertos en social media” y que promovieron activamente ( por falta de entendimiento o bien por ganas de estelarizar las conversaciones), la enorme desinformación que hemos visto circulando en todas las plataformas de Social Media, contribuyendo así a la creación del pánico, estrés y falta de cuidado entre la población.

Es  triste ver como, en lugar de aprovechar el poder de Social Media para colaborar y ayudar al control de un evidente problema, estos pseudoexpertos y pseudolíderes de opinión se han dedicado  a hacer una de tres cosas: A contar malos y repetidos chistes burlándose de la situación, a distribuir notas amarillistas y alarmistas o bien a distribuir historias sobre conspiraciones y complots de gobiernos secretos que buscan desequilibrar el mundo; o peor aún hacen los tres.

Por fortuna, un efecto que por más que algunas personas se nieguen a aceptar es definitivo,  es que las mismas reglas de la vida off-line aplican en la vida on-line. Es decir, así como tenemos que ser auténticos y coherentes en nuestro día a día, así tenemos que actuar cuando interactuamos con otras personas dentro del  Social Media. Y así como todos los días podemos simpatizarle o no a muchas personas, lo mismo sucede en Internet y de la misma manera en que decidimos ver o no un programa de televisión o dejar de leer cierto periódico (la culpa no solo la tiene el medio, sino quien lo consume también), tenemos la opción de dejar de seguir y desconectar con aquellas personas que simplemente no están agregando valor a la conversación.

Por supuesto, con esta entrada no pretendo santificar el contenido generado por unos y satanizar el de otros, tampoco intento limitar el humor (bueno o malo) de cada persona, ni mucho menos criticar o exponer a nadie. Después de todo cada quien decide a quién quiere seguir y qué contenido desea consumir.

Pero lo que definitivamente sí quiero exponer es que la gente hoy está hambrienta y necesitada de personas que agreguen valor, que aporten algo a la vida de los demás y que estén dispuestos a ayudar.

Hace unas semanas escribir sobre lo que para mi es Social Media y lo resumía en una sola palabra: COLABORACIÓN.

Colaboración para mi es igual a agregar valor, a apoyar con ideas o acciones, a aportar un granito de arena a la vida de los demás.

Esta muy bien tomar las cosas con humor y definitivamente es algo muy Mexicano burlarse del dolor.
Es correcto usar diversos foros para desahogar nuestra preocupación y definitivamente todos tenemos derecho a expresar nuestra opinión.

Pero piensen en esto: una vez es chistoso, dos no tanto, tres definitivamente no.
¿Que cada quien puede tomar las cosas como quiera? Sí, por supuesto que sí.
¿Que cada quien es libre de decir que lo que quiera? Sí, por supuesto que sí.

Pero ¿de qué sirve hablar tan solo por hablar si no vas a agregar valor?

Porque el hecho de que haya gente que sepa técnicamente como capturar información en las plataformas de Social Media, no quiere decir para nada que en verdad sepan usarlas. Escribir de manera vacía y sin sentido, no aporta nada de valor y solo genera ruido.

 ¿Y qué hace la gente cuando solo se oye ruido? Apaga la fuente de ese ruido y ya.

Crédito de la fotografía: DJLegion

Una cosa importante que entender sobre la ley de la reciprocidad.

Seguro que lo habrás escuchado, de una u otra forma, pero lo has hecho. En dichos como “Haz el bien sin mirar a quien”,  “al que bien se porta, bien le va”, “El que mata a hierro, a hierro muere”, “Uno cosecha siempre lo que sembró”, etc. La ley de la reciprocidad que básicamente en términos físicos establece que “A toda acción corresponde una reacción”.

Pero esta ley, como bien lo sugieren estos dichos, no solo opera en el plano físico de las cosas, es decir no solo se encarga de que todo lo que suba tenga que bajar, sino que actúa directamente sobre nuestras acciones y comportamiento cotidiano.

Por eso es que siempre que alguien hace algún favor para alguien más, aun cuando esto no se discuta directamente, el favorecedor siempre quedará esperando en silencio a que en algún momento el favorecido le regrese el favor; de modo que el “hoy por ti mañana por mí” queda siempre latente en toda relación. Aunque he de decir que creo que aquí está escondido un error básico que hay que entender.

Claro que hay que ayudar a todos y por supuesto que todos siempre necesitaremos ayuda de otros. Por supuesto que si ayudas a distintas personas a ser exitosas en su trabajo, en su relación o en cualquier otro aspecto de su vida,  por lo menos una de todas esas personas en algún momento te regresará el favor; pero por ningún motivo debe ser esto la razón atrás de tu intención de ayudar.

La ley de la reciprocidad no funciona en ese sentido. No puedes esperar tener favores especiales de alguien o de la vida a cambio de haber ayudado a alguien más.

La ley de la reciprocidad, desde mi punto de vista, funciona al revés: estás ayudando a otros en respuesta a todos los favores y bendiciones que la vida te ha dado ya.
Estás ayudando a otros, no para que alguien más te ayude a ti; esa ayuda la tienes ya de igual manera. Estás ayudando a otros porque desde antes la vida te ha regalado el favor o en otras palabras la gran bendición de estar en una posición en la que puedes precisamente hacer eso: ayudar.

Así que la próxima vez que tengas oportunidad de ayudar a alguien más, deja de lado la idea de qué podrás obtener algo a cambio y en su lugar agradece todas las bendiciones que tienes ya; porque gracias a ellas estás en condiciones de ayudar.

¿Qué tan buen socio eres?

Seguramente lo has escuchado antes o talvez hasta lo hayas mencionado tú mismo, y probablemente en más de una ocasión. Especialmente si trabajas directamente con clientes, con proveedores o fuerzas de ventas y distribuidores.

Es esa bella, simple, corta y definitivamente vacía, mal usada y desgastada frase que dice: “No pienses en mi como tu proveedor ó vendedor ó cliente ó distribuidor, veme como tu socio”

¡Vamos, seamos honestos! Sí que lo has dicho ¿o no? Prácticamente toda la gente de negocios que conozco, incluyéndome a mi mismo, hemos utilizado esta frase un sin fin de veces en el momento de buscar cerrar un negocio. 

El problema es que tanto hemos usado esta muletilla que ha perdido sentido o peor aún, su significado ha cambiado tanto que, para muchos hoy, escuchar esto de boca de un profesional de las ventas es un signo de alerta que activa un traductor invisible de significados y que te hace escuchar “solo me interesa tu dinero y en tanto me firmes pasaré a ver a mi siguiente “socio” para que me pague un poco más que tu”.

Y por favor no me mal entiendan, no estoy diciendo que no deberíamos enfocarnos en generar ingresos para nuestra empresa; de lo que estoy hablando aquí es del como.

Un verdadero gran socio de negocio no se preocupa solo de cuanto su “socio” le puede generar de ingresos; un socio (sea un cliente, un proveedor o un distribuidor) no es una granja de ganancias ni una fuente interminable de dinero que podemos drenar todo el tiempo.

Tener un socio de negocios exige un gran compromiso de nuestra parte, el compromiso de poner, en la mayoría de las ocasiones los intereses de nuestro socio por encima de los nuestros. Ser un gran socio significa que todo el tiempo estamos buscando que nuestro socio, sus socios y nosotros también, ganemos todos.

Ser un gran socio requiere no solamente que simpaticemos con nuestros clientes y les digamos que “entendemos su sentir”, pero que seamos totalmente empáticos con ellos y sintamos sus retos como nuestros, que comprendamos sus objetivos, sus fortalezas, sus oportunidades, sus intereses, etc. y que con base en estos propongamos soluciones que apoyen el cumplimiento de sus metas, aún en las ocasiones en las que hacerlo no genere una ganancia económica inmediata para nosotros.

Porque a la larga, y a la no tan larga también, ser un gran socio tendrá muchos más beneficios para nuestro negocio que solo el cierre de una venta frecuente. Nos dará lealtad, afinidad, comprensión y embajadores de nuestra empresa también.

Miércoles, bueno Jueves, de Mekate! Una historia de Agencia

Nota: Para los que vienen leyendo este blog desde hace tiempo, recordarán que también publico en el Blog Mekate.com, donde principalmente discutimos temas más alineados con la industria de la Comunicación y la Publicidad.

Buen pues, he aquí la primera entrada que publiqué en Mekate.com este año que inicia. 

Una historia de Agencia

Muy bien mis queridos y un poco abandonados amigos mekateros!

Ya ha pasado mucho tiempo desde que escribí mi última entrada en este blog, así que prometo hacer un esfuerzo para retomar el buen camino.

He de decir que en ocasiones, la principal razón por la que algunos bloggers dejamos de escribir temporalmente es, desde mi punto de vista, la falta de cosas realmente importantes y valiosas que decir.
Pero ahora tengo el material perfecto para compartir con ustedes muy, pero realmente muy interesantes, puntos de vista de 237 bloggers a nivel mundial quienes, a través de un enorme esfuerzo colaborativo, participamos como coautores del libro Age of Conversation 2: Why don’t the get it.
Así que a partir de hoy y periódicamente (conste que no dije qué periodicidad) estaré discutiendo con ustedes las opiniones que tengo sobre el pensamiento que tantas personas tan talentosas y experimentadas han compartido en este libro.
Ojo, esta nueva serie de entradas no pretende en ningún momento publicar por aquí el contenido del libro, sino tan solo compartir mi opinión, y la suya, al respecto.
Si quieren leer el libro (y créanme que bien vale la pena que lo hagan), pueden comprar el libro en Lulu.com, hay 3 versiones, pasta dura, de bolsillo y electrónico. Además, si lo compran estarán participando en una buena obra social, pues todos los ingresos generados por las ventas de este están siendo donadas Variety, International Children’s Charity.

Buen pues manos a la obra. Como habrán visto o deducido de las entradas que anteriormente he publicado tanto en Mekate.com como aquí en  De lo cotidiano y lo no tanto, para mi uno de los rasgos más importantes en un profesional es su actitud de servicio y su capacidad de conectar, simpatizar y empatizar con sus clientes y colegas en general.
De modo que no resulta extraño que el primer tema que quiero compartir sea el capítulo de Cam Beck titulado “An Agency Story” (Una historia de Agencia) en la que Cam narra con mucho realismo una situación que muy frecuentemente sucede en las empresas (agencia en este caso), especialmente en las más grandes, más exitosas o más reconocidas. Cuando la gente que labora para estas se emborracha de éxito y por estar “ensimismados de si mismos” solo hablan de ellos y de porque creen que básicamente le estarían haciendo un favor al cliente por trabajar con el cuando en lugar de esto lo que deberían hacer es poner atención y escuchar las necesidades del cliente, que más frecuente que no, resultan ser muy diferentes a lo que creíamos que eran: “Gracias, eso está muy bien. Me ha convencido de que han alcanzado el pináculo de su industria. Y obviamente están orgullosos, y tienen toda la razón de estarlo. Agencias, no solo en los Estados Unidos, pero en el mundo entero, deberían estar celosos de los premios que ustedes han recibido. Pero mientras hablabas y presumías todos los reconocimientos que han obtenido, ignoraste completamente mis necesidades. Ni siquiera me preguntaste cuál es mi problema. Tan solo unas preguntas y propuestas de soluciones hubieran ayudado a elaborar tu caso..:” Cam BeckAge of Conversation 2: why don’t they get it. Página 72.

Quiéres saber cual era el problema del empresario? No dejes de comprar Age of Convesation 2 y leerlo, recuerda, está en la página 72.

Y mientras obtienes el libro y lo lees, no olvides que no importa que tan grande, exitosa, famosa o rica sea tu empresa o la compañía para la que trabajas, a final de cuentas la gente no quiere trabajar solo con las personas u organizaciones que tienen más fama, poder o dinero; las personas quieren hacer negocios y trabajar con las personas con las que gusta interactuar y convivir. Y la mejor manera de que a la gente le guste interactuar contigo es empalizando y simpatizando con ellas, teniendo una actitud de servicio y de generación de valor, y la única manera de hacer esto es escuchando, poniendo atención, observando y no hablando por hablar.

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