De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

7 maneras en que es distinto el rol de líder al de un director.

Hay una crisis de liderazgo en la industria de la comunicación y la publicidad. Una crisis provocada, me parece, por la confusión entre lo que hace un director (creativo, de cuenta, de planeación, de producción, de lo que sea…) y lo que el rol de un líder deber ser.

Supongo que en otras industrias sucederá algo similar, pero en esta, la de publicidad, en la que la acostumbrada inercia del trabajo de décadas nos ha llevado a ser muy rápidos en juzgar y calificar el trabajo de los demás, esta crisis se puede notar mucho más.

Puede ser que la propia naturaleza del trabajo para el que se nos contrata como publicistas, nos haya llevado a caer en esta crisis en la que, a pesar de tratarse de un trabajo “creativo” e “innovador”, la mayoría deja de pensar y arriesgar para ejecutar lo que una o dos personas terminan por instruir de manera casi uni-direccional, imponiendo sobre los demás su visión de lo que debe ser y cómo se debe hacer.

Y no es su culpa en realidad. Por años hemos sido contratados para eso, para estudiar una situación, entender el problema y tener un punto de vista o respuesta específica para solucionar dicho problema.

Sin embargo, en algún lugar del camino perdimos de vista que hay cientos de posibles soluciones a un mismo problema y no siempre la que proponga un solo director, será la correcta. Y aún así la gente, su gente, espera recibir de éste una solución acompañada de una clara instrucción.

Y si bien, de manera general, el trabajo de un líder como el de un director es fijar un horizonte claro y  asegurarse de que el grupo se mantenga enfocado en la ejecución de ese plan de acción, el rol del líder no es el mismo que el de un director.

Hay al menos 7 formas en las que estos son muy distintos entre sí:

  1. En tanto quien dirige tiene un claro miedo a parecer que no sabe las respuestas, un líder tiene el coraje, y a veces hasta la ingenuidad, para hacer las más difíciles  e incómodas preguntas que ayudarán a dar dirección al trabajo de todo el equipo.
  2. Así como un director busca imponer lo que el cree que es la única solución,  un líder sabe que su rol no es solucionar el trabajo de todos, sino facilitar el proceso de análisis y pensamiento de su grupo para que este sea quien encuentre la mejor solución.
  3. Mientras un director hace hasta lo imposible por cuidar su posición, quien lidera de verdad, entiende que el rol del líder no es inflar su ego imponiendo su visión mientras desinfla la seguridad de su equipo, sino construir la confianza de cada integrante del grupo para pensar, para proponer y para liderar a su vez.
  4. Contrario a lo que hace quien solo dirige y busca limitar la forma de trabajo de todos a la propia; el líder crea una cultura de libertad de pensamiento y espacio para actuar, integrando a su equipo personas que con su talento y actitud, contribuyan al éxito de todo el grupo.
  5. En tanto un director se mantiene alejado de su grupo, un líder comprende lo importante que es mantenerse cercano a cada persona, conocer sus fortalezas y debilidades, comprender sus intereses, sus motivadores y sus miedos; simpatizar y empatizar con estos para, en la medida de lo posible, poder colocar a cada integrante del equipo en la posición en la que podrán ser más exitosos.
  6. Si un director busca que su equipo trabaje pare él, un líder por el contrario, busca constantemente la forma de servir mejor a su equipo, procurando un ambiente seguro de trabajo, facilitando los recursos que requiere el grupo o desbloqueando algunos retos que pudieran estorbar en el desempeño del equipo.
  7. Mientras un director trata de mantener control total de la información que llega a el, el rol del líder es proveer a su equipo contenidos y datos con los que este pueda mantenerse actualizado y bien informado. Entiende que parte de su responsabilidad es promover en el grupo el hambre de aprender más y continuar creciendo como profesionales.

No, definitivamente el rol de un líder no es el mismo que el de un director.

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¿Cuándo fue la última ocasión en que hiciste algo por primera vez?

 

¿Cuándo fue la última vez que comenzaste una nueva aventura? ¿Hace cuánto tiempo que no intentas algo nuevo en tu vida? Un nuevo deporte, una nueva ruta, un hobbie que no habías probado, un trabajo que nunca antes habías explorado o una clase de ese idioma que no hablas.
¿O qué tal una competencia que siempre habías ignorado? Tejer, programar código, cultivar tu propia comida o cualquier otra cosa que en algún momento u otro has pensado que te gustaría aprender.

Con frecuencia pensamos en todas aquellas cosas que quisiéramos intentar, los lugares que nos gustaría conocer y las nuevas competencias que nos interesaría aprender… hasta que tenemos enfrente la impertinente oportunidad de actuar en consecuencia con lo que predicamos y tenemos que elegir entre, en efecto, hacer lo que tanto decíamos que queríamos hacer o poner decenas de nuevas excusas para evitar el momento de entrar en acción.

Todos decimos que queremos hacer algo nuevo, diferente, un cambio, pero muy pocos en realidad tienen las agallas de hacerlo porque solo esos cuantos están dispuestos a pasar por el incómodo momento de no saber.
Y en realidad ¿Cuánta gente se siente verdaderamente cómoda mostrando su ignorancia? ¿Cuántos están dispuestos a dejar ver su incapacidad para hacer algo nuevo, algo que aún tienen que aprender, comprender, asimilar, integrar y practicar día con día para llevar a un punto mínimo de suficiencia?

Cuando intentamos algo por primera vez estamos iniciando un nuevo proceso de aprendizaje y el no saber, el no dominar una actividad desde el primer momento que lo intentamos provoca en muchos una enorme frustración aderezada con la sensación de sentirse estúpido, inadecuado, torpe o incapaz de adoptar una nueva habilidad.

Muchos, la mayoría, se regalan la salida fácil comparándose con los más grandes maestros en la actividad a la que aspiraban, argumentando que ellos son especiales y tuvieron una situación particularmente privilegiada que les permitió llegar a donde están. Y puede ser que sí, que algunos de estos personajes, casi legendarios, hayan vivido circunstancias especiales que les ofrecieron una plataforma desde la cual pudieron desarrollarse, pero ninguno de ellos en realidad hubiera hecho nada, sino hubiesen tomado la decisión de hacer algo por primera vez.

La realidad es que no tenemos que ser el siguiente Richard Branson o el próximo Elon Musk. Ya hay un Larry Page y nadie será el nuevo Sergei Bryn.

Pero eso no significa que no podamos encontrar en algo nuevo para nosotros a nuestro nuevo yo.
O que no podamos descubrir en nosotros una capacidad asombrosa de hacer todo eso que jamás pensamos que podríamos hacer, tan solo porque nos decidimos a aceptar ,como natural, la sensación de la torpeza de comenzar a aprender de nuevo para hacer nuestra la emoción de intentar algo por primera vez.

Y entonces habría que preguntarse: Esta semana ¿Qué cosas nuevas harás por primera vez?

La reconfortante incomodidad de la incertidumbre.

 

Nadie quiere meterse en problemas. Todos quieren mantenerse a salvo, cómodos, con nada de qué preocuparse, con todo resuelto y nada que perder.
La mayoría de las personas buscan un falso sentido de seguridad en la certeza que da no tomar decisiones sino acatar instrucciones. Prefieren seguir los pasos de otros, que arriesgarse liderar. Así no tienen que pensar sino solo ejecutar, con el mínimo de los esfuerzos, las indicaciones que les dan.
Piensan que están mejor atrás, ocultos en la falsa trinchera del anonimato del grupo que solo se atreve a opinar sobre las decisiones de quien habrá de asumir la responsabilidad y las consecuencias si algo sale mal.

Y aun así quieren éxito, pero al instante, sin esforzarse ni arriesgar. Y buscan reconocimiento inmediato y público, claro hasta el momento en que tiene dar un paso adelante y actuar.
Creen que al hacerlo serán vulnerables a la crítica de los demás y ven a la vulnerabilidad como una debilidad y a la incertidumbre como un riesgo que a toda costa hay que evitar. Prefieren entonces la falsa certeza que seguir lo que todo el grupo hace, da.

Por fortuna hay algunos pocos que encuentran su fuerza en la vulnerabilidad, junto con las ganas de crear y de liderar. Unos pocos que encuentran en la incertidumbre la reconfortante incomodidad de, por sí mismos, poder pensar, poder decidir y poder actuar.

La pregunta que queda entonces es ¿Qué tan incómodo estás preparado a estar?

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Imponer, convencer, persuadir, influir.

Captura de pantalla 2015-01-11 a las 14.22.52Imponen quienes no tienen autoridad moral pero sí una formal. Quienes tienen el poder y las palancas de control de su lado, con las que compensando distintas carencias de conocimiento, experiencia, empatía, etc. obligan a otros a seguir sus instrucciones y a cumplir con sus exigencias aún si están equivocadas o no; impone quien no busca el beneficio de todos sino de unos cuantos. Impone quien sólo conoce una manera de hacer las cosas y tiene pánico a experimentar y aprender.


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Convence quien tiene control de la información para manipularla, amasarla y dar forma a argumentos que hagan ver los del otro como incompletos, equivocados, poco válidos o incluso absurdos, logrando que los propios sean validados como los correctos o la mejor verdad a aceptar.
Convencen quienes no necesariamente buscan un “ganar-ganar” o tienen un interés muy en particular.

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Persuadir es un sinónimo de convencer. Pero persuade mejor quien además de contar con la información intelectual que se requiere para convencer, además se ha tomado el tiempo de profundizar en su relación con otros, conociéndolos mejor y comprendiendo sus frustraciones y anhelos, para presentar sus argumentos de modo que sea casi el otro, el persuadido, quien se sienta convencido por sí mismo de lo que va a decidir.
Con frecuencia quien persuade sí está, o al menos cree fervientemente estar, auténticamente interesado en el bien estar de los demás.


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Influye quien es visto como un líder que tiene autoridad moral para hablar de un tema en particular. No solo con su equipo de trabajo directo. Va mucho más allá este. Además de tomar el tiempo para fortalecer y profundizar sus relaciones directas de trabajo o personales para conocer mejor lo que estas personas rechazan o anhelan, también se involucran en otros asuntos y proyectos, con frecuencia, sin esperar mucho a cambio. Influyen quienes deciden ser vulnerables y dan un paso adelante para compartir, para ayudar, para aprender.

La pregunta que queda es: ¿Queremos imponer, convencer, persuadir o influir?

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2015, mi tema de vida, mis #Daily5’s.

Este es el noveno año consecutivo en que no declaré ni un solo propósito de año nuevo.

En lugar de hacer falsas promesas rápidamente abandonadas desde las primeras semanas del año; definiré, una vez más, mi tema de vida para 2015 con el que guiaré mis acciones durante los siguientes 12 meses.

Suena raro, lo se. Pero no lo es tanto.

De lo que se trata es de definir un norte que seguir. De tener una visión y una dirección clara para todo el año que, alineada con nuestro propósito de vida, nos den suficiente claridad para avanzar hacia nuestros objetivos y a la vez nos den el espacio necesario para ser flexibles ante los retos que podamos sortear a lo largo de los próximos 365 días.

Verán, los propósitos suelen ser absolutas, absurdas, genéricas e inflexibles promesas que no permiten rango alguno de movimiento; o los cumples o no.

O bajas esos 10 kilos que te prometiste para el día del mes que dijiste que lo harías o no.
O corres esos 10 kilómetros diarios que aseguraste que correrías desde el primer día del año o no.
O dejas de fumar a partir del día exacto en que dijiste que lo harías o no.

¿Lo ven? Promesas que a la primera posibilidad de ser incumplidas permiten la excusa perfecta para no realizarlas y el pretexto idóneo para aplazar un año más lo que debimos hacer hace tantos años atrás.

En cambio, con una visión que puede ser resumida en tan solo 5 frases que representen nuestras más grandes prioridades o aspiraciones para el año que estamos comenzando, podemos marcar un camino que recorrer a  lo largo del cual, podemos implementar distintas acciones para vivir, desde hoy, alineados con dicha visión.

Cinco prioridades, no cinco objetivos.

Mis #Daily5’s, hashtag con el que comencé a nombrar y etiquetar estos cinco conceptos desde hace varios años ya, son las cinco cosas más importantes para ti en el nuevo año.

En mi caso, mis #Daily5’s son:

  1. #HighEnergy – Mantener un alto nivel de energía que me permita hacer todo lo que tengo y quiero hacer día a día.
    En su libro “Why the way we are working is not working”, Tony Schawrtz explica, primero como nuestra energía es el único recurso “renovable” que podemos sostener y regenerar nosotros mismos, si somos capaces de trabajar en los cuatro tipos de energía con que contamos:

    1. Energía física, es decir la cantidad de energía con que contamos y en la que trabajamos más a través del ejercicio, la nutrición, el descanso y la recreación.
    2. Energía emocional, o sea la calidad de la energía con que contamos y en la que trabajamos más desde el punto de vista emocional.
    3. Energía intelectual o la manera en la que enfocamos y usamos la energía con que contamos. Tiene que ver más con cómo usamos nuestra energía, como evitamos el llamado “multi-tasking” y como priorizamos y tomamos acción bien enfocada en lo que tenemos que hacer.
    4. Finalmente, la energía espiritual. Que no tiene que con aspectos religiosos ni esotéricos, sino más bien con que tan alineadas están nuestras acciones, esas en las que invertimos nuestras energía intelectual, emocional y física, con nuestros principios, valores y prioridades en la vida.
  2. #KeepLearning: continuar aprendiendo. Hace unos años leí una frase que me quedó muy marcada: “cuando uno deja de aprender termina de crecer; y cuando uno termina de crecer comienza a morir”.
    Desde ese entonces no he parado de buscar aprender cada día algo más.
    Claro, hay días en que hacerlo resulta más difícil que otros, pero incluso en esos días llenos de pendientes, busco, ya como rutina, casi ritual, darme un espacio temprano por las mañanas para leer y estudiar.
    Otra cosa que hago es aprovechar la tecnología y los que muchos tachan como “tiempos muertos”, para escuchar un podcast, por ejemplo, mientras manejo rumbo al trabajo.
    Este año, además quiero incrementar la cantidad de cursos y seminarios que pueda tomar.
    Y claro, viajar más.
  3. #KeepSharing: continuar compartiendo. Dicen por ahí que uno no termina de aprender hasta que es capaz de compartir con otros lo que ha estudiado.
    Esto, junto con una visión y convicción de que la abundancia y prosperidad se generan compartiendo, es lo que desde hace más de 8 años,  me ha impulsado a compartir lo poco que se a través de cursos, diplomados, talleres y conferencias.
    Este año no será la excepción, por el contrario, intentaré, en la medida que mi trabajo me lo permita, no solo continuar coordinando e impartiendo clases en el Diplomado de Marketing Digital Integral de Collective Minds y la Universidad Anáhuac y en el Master on Internet Business del ISDI, pero también participar más como conferenciante en otros eventos, congresos y seminarios.
    Y por supuesto retomar mis posteos semanales, aquí en DLC, también. Quién sabe, quizás producir un nuevo podcast, sea también una posibilidad.
  4. #WorkThaMatters: Decía Peter Drucker que no hay cosa más inútil que hacer eficientemente aquello que justo no debía hacerse. Y a veces, el trabajo se puede sentir así. El remedio, creo, no está necesariamente en hacer otro trabajo, sino en darle sentido al nuestro. Entender cuál es nuestro propósito, cuál el de la organización para la que trabajamos y cómo los alineamos. Tiene mucho que ver con la energía intelectual y espiritual.
    Tal vez el truco esté en entender bien lo que David Cottrell expone en sus libros de coaching y liderazgo: Profundamente entender y siempre recordar cuál es la prioridad clave en nuestro trabajo. Hacerlo tan solo pueda ayudar a mantenerse bien enfocado, tomar acción y hacer un trabajo que realmente impacte la vida de los demás.
  5. #StayHappy: Mantenerme contento. Definitivamente la más difícil de las prioridades que tengo este año. Si bien desde hace tiempo practico el ser agradecido todos los días y tener siempre presente lo muy afortunado que soy, mantenerme contento y aprender a disfrutar es un cambio decisivo de actitud que aún no he logrado hacer.
    Darme permiso de soltar y gozar el momento, disfrutar mucho más cada instante con mi familia, pasar más tiempo con mis amigos, divertirme un poco más en mi trabajo y gozar de momentos conmigo mismo, es algo que ocupará un muy alto lugar en mi lista de prioridades a lograr.

Cinco prioridades que dan tema a mi nuevo año. Cinco guías que seguir, resumidas en sencillos hashtags que puedo usar día a día para recordar y registrar como he de vivir los siguientes 360 días con mis #Daily5’s.

Y ahora es su turno: ¿Cuáles serán sus #Daily5’s?

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Saldo 2014: a favor.

Dos mil catorce, sin duda alguna, un año más con saldo a favor.

Un año cuesta arriba, de tomar nuevos retos, revivir proyectos y ponerse de pié de nuevo.

Un año de ajustes de actitud, de re-valorar lo que tengo y reconocer que estoy mucho mejor de lo que a veces mi ego me permitía reconocer.

El año del cuidado de la salud, de redefinir prioridades y adoptar nuevas y viejas formas de trabajo.

De reorganizar la distribución de horarios, de re-enfocar mi visión y tomar acción.

De establecer nuevos y mejores hábitos. De crear rituales y rutinas que hagan más fácil, o por lo menos más eficiente, mi trabajo.

Un año de reencontrar viejo amigos y de entablar nuevas, y espero muy duraderas, amistades.

Un año de descubrir nuevos maestros y conocer nuevos mentores.

Un año bendecido por la luz con la que mi familia me llena todos los días.

Un año de reencuentros conmigo mismo, con mi visión de vida, con mi propósito y con la disciplina para hacer eso que se que debo hacer para crear, construir y vivir la vida que quiero vivir.

Un año que me deja solo cosas que agradecer con auténtico y profundo aprecio.

Un año con el que no puedo más que dejar abiertas las puertas, de par en par, para recibir al nuevo que está por comenzar.

Si quieres llegar lejos…

“Si quieres llegar rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.

Pero ¿Qué tan lejos podemos llegar con una mala compañía?

Estamos arrancando el año y con este nuevos proyectos o nuevas etapas en nuestros trabajos; y no es raro que en esta época del año muchas empresas comiencen a formar, reestructurar o fortalecer sus equipos de trabajo.

Curriculums recomendados, perfiles referidos y cartas de presentación van y vienen.

Mientras unos mantienen la esperanza de por fin encontrar el empleo que solucionará su vida, otros buscan con prisa cubrir la plaza vacante antes de que sea ocupada para algo más. El hambre se junta con las ganas de comer y la angustia del desempleo se combina con la presión de cubrir una posición.

En un principio todo parece funcionar. Los “peros” son enmudecidos ante la prisa de un oportuno nuevo ingreso; y la falta de aptitud, o pero aún de actitud, se cambian por la conveniencia de un sueldo más accesible y el falso consuelo de un “ya aprenderá”… Hasta que todo comienza a fallar.

La pronta contratación se convierte en una mala contratación y la persona que integraste a tu equipo, de un momento a otro deja de ser promesa para convertirse en amenaza.
No siempre porque la persona contratada sea un mal elemento sino porque tal vez se le colocó en el lugar equivocado.

Según John C. Maxwell el 80% de las probabilidades de éxito en el desarrollo de un empleado está en su contratación, así que en un proceso tan importante como este, no deberíamos tomar una decisión sin antes plantearnos, al menos 5 preguntas básicas para integrar a alguien a nuestro equipo (preguntas, por cierto que también uno como candidato puede hacerse para aceptar una posición):

1) ¿Sabe(s) hacer el trabajo que se requiere? ¿Tiene(s) el conocimiento, la experiencia y las horas de vuelo realmente necesarias para considerarse(te) un profesional, especialista o experto, con la madurez e inteligencia emocional básica requerida para el trabajo? ¿Es(eres) la mejor persona para hacerse cargo de esa labor o sabes que hay alguien más con quien aún no has(han) conversado?

2) ¿Comparte(s) los mismos valores y principios de la organización? ¿Son estos igual de importantes para el/ella(ti)? ¿Será(s) capaz de mantener los más altos estándares de ética profesional al desempeñarse(te) en el trabajo?

3) ¿Está(s) buscando la plaza por llenar (obtener) rápido una posición y salir del problema o realmente está(s) apasionado por el trabajo que va(s) a realizar? ¿Realmente esta(s) interesado(a) en crecer desempeñando ese rol o al primer obstáculo o primer externo que le(te) ofrezca mil pesos más pensará(s) en irse?

4) ¿Se trata de (eres tu) una persona capaz de liderar a todo el equipo de trabajo, incluso a la cabeza de este?

5) ¿Abonará(s) positivamente a la dinámica del equipo, fortaleciendo los lazos entre sus integrantes, o podría(s) ser un agente de conflicto? ¿Sumará(s) al equipo de trabajo y complementará(s) las capacidades de este para elevar la calidad y cantidad del trabajo entregado? ¿Mejorará(s) el equipo y dejará(s) a quienes forman parte de este mejor de como estaban antes de trabajar con el/ella (contigo)?

Plantearse preguntas como estas puede resultar a veces difícil e incómodo, pero más seguro que no, no hacerlas a tiempo, sería mucho peor.

Abrazando la incomodidad

A nadie nos gusta sentirnos incómodos.

La mayoría de la gente pasa prácticamente toda su vida buscando tener una vida cómoda. Es naturaleza humana.
El problema, sin embargo, es que con enorme frecuencia muchos confunden resignación con satisfacción y comodidad con realización; engañándose con pretextos como: “tengo una casa pequeña, pero no necesito más”, “un trabajo que no me paga lo que necesito pero el horario es cómodo”, “un puesto mediocre pero seguro”, “podría hacer más pero eso no está en la descripción de mi trabajo”, etc.
Pensando equivocadamente que si logramos rodearnos de las comodidades más básicas, con el más mínimo esfuerzo posible, entonces lograremos vivir como queremos.

Pero comodidad no es igual a realización.

Una cosa es ser agradecidos y apreciar profundamente lo que hemos logrado y hasta donde hemos llegado; y otra totalmente, querernos engañar con una falsa satisfacción que resulta ser el disfraz de la resignación de no creernos capaces de lograr aún más.

Sucede en el trabajo y también en nuestra vida personal. Lo mismo con la salud que con nuestra educación. Incluso hasta con a dónde queremos ir de vacaciones.
A las empresas bloquea su crecimiento, cegando al equipo con la creencia de que, porque han logrado ya ser especialistas o hasta expertos en sus entregables, no tienen a dónde más crecer.

Pero mientras que para nuestros ancestros, la comodidad era sinónimo de seguridad, en un mundo tan cambiante y una época tan acelerada como la actual, sentirse cómodo es el primer riesgo.

Cuando uno se enajena en su comodidad, cesa su búsqueda por crecer y, como dicen por ahí: “cuando uno deja de crecer, comienza a morir”.

Por una clara razón en Inglés usan la frase de: “Growing pains”, porque crecer duele, es incómodo. Crecer, cambiar, evolucionar, avanzar, resulta siempre muy incómodo. Para muchos hasta angustiante quizás.
Cuando apostamos por crecer, visualizamos y esperamos lo mejor, pero nos sometemos a la incómoda realidad de no saber con certeza que sigue, qué nos espera a la vuelta y cómo todo será.

Pero es esa incomodidad la que nos lleva a continuar. Porque no habría tragedia más grande que engañarse con la noción de que ya no necesitamos más para volver a una falsa comodidad.

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Up your game

Uno de los momentos más incómodos cuando éramos niños era cuando se armaban los equipos para jugar una cascarita (fútbol callejero), tochito (fútbol americano callejero) o cualquier otro deporte o juego que se practicara en equipo.

¿Lo recuerdan?

Los dos mejores jugadores del grupo eran “los capitanes” de cada equipo y, a la voz de un chin cham pun (piedra, papel o tijeras) o de una moneda al aire, ganaban el derecho de ser el primero en elegir a “la mejor” persona para su equipo.
Uno a uno se iban eligiendo, en principio, a los mejores y después a los menos peores; dejando al final a la persona menos hábil y menos preparada para el juego.

Ser el primero era un honor, ser el último… nadie quería ser el último. Mucho menos el comodín, el sujeto al que “intercambiaban” entre equipos cuando uno de estos parecía tener mucha mayor ventaja sobre el otro: “está bien, quédate con fulanito, aunque sean 12 contra 10, para que sea más justo…” Vaya humillación.

De alguna manera lo mismo sucede en el trabajo. Todos queremos tener al mejor talento en nuestro equipo y todos queremos ser parte del mejor equipo. Y justo como hacíamos de niños, tratamos hoy de ser elegidos por el mejor o elegir al mejor. ¿Y ser el último? De nuevo… Nadie quiere ser el último.

La pregunta que queda al aire entonces es: “¿Por qué es tan frecuente ver a las mismas personas destacadas ser elegidas siempre por encima de las mismas, que no lo son tanto?
Es decir ¿Qué los hace tan distintos entre sí?

Decir que unos son más hábiles que otros y nada más o que “unos nacen con estrella y otros estrellados”, me resulta insuficiente. Miope en realidad.

Es obvio que la historia de cada quien tiene mucho que ver y que no todos estamos en las mismas condiciones y con las mismas oportunidades. Pero señalar solo al contexto como el único factor decisivo no le hace justicia a tantas personas que, a pesar de tener recursos más limitados, han destacado por encima incluso de quienes asumimos tendrían mucho mejores posibilidades de hacerlo.

Me parece que la clave en realidad, está en la actitud, coraje, voluntad, y deseo de ser mejor y la capacidad de acción de estas personas que, con firme decisión, se dan a la tarea de crecer en su juego. “Up your game” diría un coach o entrenador.

En lo personal, entre las personas que que conozco y admiro porque constantemente
“Crecen en su juego”, he podido observar que hay al menos tres cosas que hacen distinto a los demás:

1) Mantienen viva su hambre de aprender. Son eternos estudiantes de distintos temas, no sólo de su especialidad. Siempre acompañados de un libro, siempre curiosos por saber más de cada lugar que visitan, siempre abiertos a conversar con amigos y extraños, atentos siempre de lo que pueden absorber.

2) No les basta con ser un erudito teórico que pasa sus días estudiando. Toman acción y se apresuran a poner en práctica las lecciones que han obtenido. Se equivocan y aciertan también, encontrando distintas formas de lograr su objetivo. Enfrentan retos y descubren nuevas maneras de sortearlos. Son generosos y, en agradecimiento a lo que han aprendido y a quienes les han enseñado, comparten con gusto lo que saben también.

3) Y continuamente buscan rodearse de personas que conocen más, tienen más experiencia, mejor práctica y los retan a ser mejor. Tienen el coraje de ser vulnerables frente a quienes, claramente los superan en experiencia y conocimiento y con humildad buscan aprender de ellos, pues saben que la única manera de realmente subir al siguiente nivel es practicando con los mejores jugadores que ya están ahí.

Así qué ¿qué estás haciendo hoy para crecer en tú juego?

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El primero en el cambio.

Una de las más frecuentes discusiones que se escuchan en toda organización es la imperante necesidad de cambiar, innovar, adaptarse, evolucionar, adoptar nuevas prácticas o cualquier otra frase pegajosa que seguido escuchamos de casi todas las cabezas de casi todas las empresas, para convencer a sus equipos de trabajo de encontrar nuevas maneras de construir, hacer y mejorar su negocio.

La innovación supone un cambio, el cambio es evolución, la evolución es desarrollo, el desarrollo es crecimiento y crecer es lo que todo negocio quiere lograr.

Pero con todo lo positivo que esto suena en las voces de quienes dirigen estas organizaciones, el problema es que con mayor frecuencia de la que quisiéramos admitir, todas sus palabras se quedan guardadas en el discurso con el que pretendían motivar e incitar a su equipo innovar, a cambiar y a siempre retar al “status quo”; pues acto seguido regresan a sus acostumbradas prácticas, esperando que su retórica sirva para delegar a alguien, quién sabe a quién, a cualquiera que así lo asuma en realidad, la responsabilidad de empujar el cambio que saben se requiere; y quien al presentarlo como opción real, se enfrenta al muro de lo cotidiano, de las viejas prácticas con las que el negocio se ha desarrollado por los últimos 20, 30 o 50 años, de la antigua fórmula que amordaza la voz del cambio a la voz del mismo líder que originalmente “buscaba” este.

La innovación permanente, el cambio y la adopción de nuevas formas de hacer las cosas, es una responsabilidad que todo aquel que encabeza una empresa debe celebrar y compartir con su equipo en todo momento, pero que no debe delegar por completo a otros.

La innovación permanente, el cambio y la adopción de nuevas formas de trabajar y construir un negocio, debe ser una de las principales prioridades de quienes lideran la organización; deben ser ellos y no solo una o dos personas o cuántas sean a quienes se lo deleguen quienes deben de empujar por este trabajo. De otro modo, innovar, cambiar, evolucionar, desarrollarse y crecer nunca será una verdadera prioridad.

Jamás dejes de intentar.

“Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar”, me he repetido a mí mismo más de 10 veces cada día, todos los días por los últimos ocho meses.

“Siente el fracaso, reconoce el dolor, digierelo y hazlo de lado”, es un consejo que en cientos de formas distintas he leído una y otra vez en veintenas de libros a lo largo de los años y que durante los últimos 227 días me recordado a mí mismo una y otra vez.

“Analiza, medita y haz lo posible por entender en qué fallaste y qué es lo que tienes que aprender de todo esto”, me he dicho a mí mismo día tras día siguiendo las lecciones y consejos de mis coaches y mentores, familiares y amigos.

Pero, “trata de no pasar más tiempo del necesario pensando en lo que no pasó y en lo que no tenía que pasar y enfoca tu atención en trabajar y hacer suceder aquello que quieres lograr”, fue el mejor consejo que pude abrirme a escuchar.

Una vez que entendí que nada iba a lograr lamentándome por el engaño y desencanto de una persona, ni por el enojo y la frustración de ver mermado un sueño, pude poner toda mi atención en retomar mis objetivos y comenzar a trabajar de nuevo en construir aquello que quiero lograr.

A pesar de lo mucho que lo puedes escuchar y hasta predicar, la resilencia y flexibilidad son, en un principio, realmente difíciles de encontrar en uno mismo, pero una vez que las encuentras (y encontrarlas lo harás) se convierten en tu principal herramienta de trabajo para construir el proyecto de vida que quieres vivir.

Y así, con un nuevo aire, renovado enfoque y un adquirido sentido de humildad, es que dejas de reclamar y te pones a trabajar, a construir y a vivir.

Logrando nuevas pequeñas, medianas y grandes victorias; y aprendiendo nuevas lecciones de nuevos desencantos y nuevos logros también. Apreciando y agradeciendo todo lo que tienes y lo que ya no también. Valorando aprender a desprenderte de aquello que en algún momento te fue de gran valor y que al por fin soltarlo te regala la sorpresa de que al hacerlo dejó contigo el doble de dicha que en un principio, cuando lo adquiriste, te dió.
Revalorando de forma distinta los recursos con que cuentas, mirando con nuevos ojos todo el abanico de oportunidades que se presentan frente a ti, agradeciendo profundametne que tienes a tu lado a las personas que decidieron estar contigo en tus peores ratos, redescubriendo aliados y fortaleciendo tu amor por tus seres amados.

¿Te caiste? Levántate.
¿Te metieron el pié? Ponte de pié otra vez.
¿Fallaste? Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar.

6 preguntas, una pirámide y tu marca personal

Se dice por ahí que nunca hay que responder una pregunta con otra pregunta.

Sin embargo, durante los últimos años, en los que como coach ejecutivo y personal, tuve el privilegio de ayudar a distintas personas (altos ejecutivos, empresarios y emprendedores y jóvenes que comienzan su carrera) a re-encontrar y definir su propósito de vida. Es decir, ese gran porqué de vida que guía cada acción y paso en su camino; fueron exactamente 6 preguntas, que luego acomodé en un modelo piramidal, las que nos ayudaron a responder ¿Qué sigue ahora?

Seis  simples preguntas que con frecuencia olvidamos hacernos para asegurarnos de estar en el camino que queremos recorrer:

Primero la base:

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¿No sería genial poder trabajar siempre haciendo lo que mejor sabemos y más nos gusta hacer? Es la situación ideal en la que encontramos plena satisfacción en hacer lo que nos encanta y “hasta nos pagan por hacerlo” ¿o no?

El problema con esto es que, a pesar de sonar maravilloso, se queda corto cuando hablamos de realizarnos en lo profesional y en lo personal, pues corremos el peligro de atorarnos en una incesante búsqueda de autosatisfacción, complacencia e indulgencia.

Entonces es el momento de responderse dos preguntas más, que ayudan a reunir los dos extremos de base de lo que nos gusta y sabemos hacer:

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Definir claramente a favor de quiénes podemos hacer eso que más nos gusta y mejor sabemos hacer y entender cómo podemos beneficiarles así, es la diferencia entre una solitaria satisfacción y una auténtica realización.

Pero aún respondiendo esto seguimos algo cortos; limitados a la idealización, pues falta la manera de poner todo esto en acción y darle un sólido cimiento que nos ayude a mantener el curso que estamos eligiendo:

Captura de pantalla 2013-08-13 a la(s) 16.41.39Tener siempre presente las cosas que más valoramos en nuestra vida, la familia para unos, la libertad financiera para otros, la salud física para unos más; así como los principios más sólidos que sirven de timón en todo lo que hacemos: honestidad, valor, trabajo, honradez, humildad o cualquiera que sean los principios y valores que sostengamos, resultan la mejor y única brújula para guiar las decisiones que tomamos.

Para finalmente, dejar de idealizar y comenzar a accionar. Es decir, encontrar la actividad profesional y personal que mejor nos permitirá dejar nuestra marca o legado personal en la vida de los demás.

Seis simples preguntas de hacer, aunque no tan fáciles de responder.