De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

6 preguntas, una pirámide y tu marca personal

Se dice por ahí que nunca hay que responder una pregunta con otra pregunta.

Sin embargo, durante los últimos años, en los que como coach ejecutivo y personal, tuve el privilegio de ayudar a distintas personas (altos ejecutivos, empresarios y emprendedores y jóvenes que comienzan su carrera) a re-encontrar y definir su propósito de vida. Es decir, ese gran porqué de vida que guía cada acción y paso en su camino; fueron exactamente 6 preguntas, que luego acomodé en un modelo piramidal, las que nos ayudaron a responder ¿Qué sigue ahora?

Seis  simples preguntas que con frecuencia olvidamos hacernos para asegurarnos de estar en el camino que queremos recorrer:

Primero la base:

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¿No sería genial poder trabajar siempre haciendo lo que mejor sabemos y más nos gusta hacer? Es la situación ideal en la que encontramos plena satisfacción en hacer lo que nos encanta y “hasta nos pagan por hacerlo” ¿o no?

El problema con esto es que, a pesar de sonar maravilloso, se queda corto cuando hablamos de realizarnos en lo profesional y en lo personal, pues corremos el peligro de atorarnos en una incesante búsqueda de autosatisfacción, complacencia e indulgencia.

Entonces es el momento de responderse dos preguntas más, que ayudan a reunir los dos extremos de base de lo que nos gusta y sabemos hacer:

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Definir claramente a favor de quiénes podemos hacer eso que más nos gusta y mejor sabemos hacer y entender cómo podemos beneficiarles así, es la diferencia entre una solitaria satisfacción y una auténtica realización.

Pero aún respondiendo esto seguimos algo cortos; limitados a la idealización, pues falta la manera de poner todo esto en acción y darle un sólido cimiento que nos ayude a mantener el curso que estamos eligiendo:

Captura de pantalla 2013-08-13 a la(s) 16.41.39Tener siempre presente las cosas que más valoramos en nuestra vida, la familia para unos, la libertad financiera para otros, la salud física para unos más; así como los principios más sólidos que sirven de timón en todo lo que hacemos: honestidad, valor, trabajo, honradez, humildad o cualquiera que sean los principios y valores que sostengamos, resultan la mejor y única brújula para guiar las decisiones que tomamos.

Para finalmente, dejar de idealizar y comenzar a accionar. Es decir, encontrar la actividad profesional y personal que mejor nos permitirá dejar nuestra marca o legado personal en la vida de los demás.

Seis simples preguntas de hacer, aunque no tan fáciles de responder.

Algunas lecciones parte 1: De colaboradores, valores, principios y prioridades.

Lecciones. Puedo decir con confianza que, de los últimos tres años, tengo todo un almanaque de estas.

Dicen por ahí que la única manera de terminar de aprender algo es compartiendo tu experiencia con los demás. Que una vez que seas capaz de explicar con algo de claridad lo que has aprendido, podrás terminar de grabar esa lección en tu mente; y que conocimiento que no se comparte pierde por completo, su valor.

Así que ahora, intentaré hacer algo de sentido de algunos de estos aprendizajes, compartiéndolos aquí. Empezando por la enorme importancia que tiene saber rodearse de las personas correctas y tener mucho cuidado en entender a quiénes dejamos entrar a nuestras vidas.

“Si quieres llegar rápido, viaja solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”, dice con mucha razón el dicho. Lo que no dices es que si no somos cuidadosos, la compañía que elegimos, no solo no nos ayudará a llegar lejos, pero también nos detendrá, o al menos entorpecerá nuestro avance.

Si las personas de quienes nos rodeamos no tienen valores semejantes a lo que nosotros más valoramos, si no se rigen por principios similares a los nuestros y si no comparten la misma misión, difícilmente caminarán en la misma dirección.

Puede ser que en un inicio la emoción de comenzar una nueva aventura empuje a unos a ceder un poco y a otros también, para alinearse con las prioridades y objetivos que han trazado. Pero poco tiempo se requiere para que cada quien vaya mostrando (o monstruando) sus “verdaderos colores”.

El primer reto es que todos compartan la misma misión, con la misma pasión. Si alguien no está cien por ciento alineado con la meta y el plan de acción que han definido, pronto de distraerá con otro camino.

El segundo obstáculo que hay que sortear es que todos compartan los mismos valores. Puede ser que todos estén convencidos de que la dirección que han trazado para el grupo, es la correcta, pero si alguien en el grupo, en realidad no valora el “por qué” están haciendo lo que hacen, y solo está ahí porque le parece una buena manera de ganar algo de dinero, mientras “ayuda” a una buena causa, la causa más importante para este será tener más dinero y en tanto esta oportunidad se le presente se irá sin dejar huella alguna, abandonado al grupo tal vez incluso cuando más se le necesita.

Y el tercero y más importante tropiezo que podemos llegar a enfrentar es que, en efecto todos compartan apasionadamente la misma misión y que todos sostengan los mismos valores; pero si tan solo un miembro del equipo no se rige por los mismos principios, más temprano que tarde, la burbuja reventará. Puede que todos quieran llegar al mismo destino y todos valoremos mucho la perseverancia y el éxito, pero si en los principios de otro no está la honestidad y la honradez, puede anular por completo ese éxito. Puede que todos valoren muchísimo el desarrollo del talento, pero si en principio alguien lo hace por el reconocimiento y prestigio que esto le puede traer versus el impacto que puede dar ¿a qué le pondrá mayor atención?

Al inicio, en medio de la confusa emoción de emprender un nuevo camino, puede parecer que todo funcionará muy bien, pues nos hemos asegurado de tener las herramientas y sobre todo a las personas correctas con el conocimiento preciso y las experiencia exacta para nuestro recorrido, pero si en el fondo la misión no es la misma para todos, si en verdad no compartimos los mismos valores y no son los mismos principios los que rigen esa caravana, muy pronto esta se desmantelará en los intereses escondidos que algunos ocultaban.

De ahí la tremenda importancia de aprender a asociarse y rodearse de las personas correctas.

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6 acciones para luchar contra la “Empleopía”.

Por definición una empresa es una organización que reúne el talento, experiencia y trabajo de distintas personas que comparten un fin común para, en equipo, construir los recursos necesarios para recorrer el camino que los llevará a realizar esa causa compartida por todos los integrantes de dicho organismo.
Uno pensaría que los principales retos que estos enfrentarían son la competencia, las crisis y recesiones económicas, el desabasto de materia prima o recursos, etc. Pero me parece que la peor amenaza que enfrentan no son estos sino una enfermedad altamente contagiosa pero muy curable también: La empleopía.
O al menos así he decidido llamar a la “cuasi-miopía” profesional que muchos integrantes de estas organizaciones aparentan padecer 99% del tiempo y que no les permite ver más allá de las funciones básicas-mínimas-indispensables-para-justificar-su-puesto-pero-no-para-dar-resultados-reales.

Seguro conoces muchos casos así o, tal vez, lamentablemente, hayas contraído también este padecimiento. Gente que más frecuente que no llega tarde para todo, que gasta su tiempo quejándose de su trabajo, aclamando lo que haría de ser el jef@ del lugar, constantemente buscando cómo tomar ventaja de la empresa para la que trabaja y prometiendo lo que jamás va a entregar, pero siempre alerta a la oportunidad perfecta para quedar bien con el jef@ aunque sea de forma temporal.

Definitivamente la “empleopía” puede hacer mucho daño, no solo dentro de la organización sino a todo el ecosistema alrededor de esta, impactando a accionistas, empleados, clientes y proveedores por igual.

Sin embargo hay algunas acciones que cada uno de nosotros podemos hacer, como empleados o empresarios para romper con este mal

Si eres empleado en una organización:

– Primero que nada, cumple con cada uno de tus compromisos. Entiende que tu trabajo tiene un impacto directo en el trabajo y la vida de decenas o cientos de personas más. Que cada compromiso incumplido, cada orden de compra olvidada, cada factura traspapelada, cada entrega retrasada, cada venta caída, mucho más allá de causarte un momento incómodo a tí, puede arruinar el trabajo de alguien más.

– Haz tuyo el negocio. Entiende que no eres un empleado más. Rompe con el engaño de que tu trabajo es insignificante y no aporta a los demás. Comprende que no importa el título que ostentes, tan importante es el trabajo de quien hace la limpieza en la oficina como el del director de esta, y que gracias al trabajo de estos dos y de todos los demás, pueden impactar positivamente la vida de otros.

– Persigue una causa y brilla. Entiende de una vez que no tienes que ser el siguiente Gandhi o Mandela para cambiar la vida de los demás. Pregúntate qué es lo que más te importa, en qué te gustaría más y podrías contribuir mejor. Busca una organización que persiga esa misma causa y lleva a su mesa las competencias y habilidades con las que puedes colaborar con ellos. Y no olvides que no importa si es bajo las luces o tras bambalinas, tu trabajo, cuando realmente estás identificado con esa causa, puede brillar muchísimo para los demás.

Como emprendedor:

– Jamás olvides la causa de tu organización, el por qué comenzaste a hacer lo que ahora haces. Sí conviértete en un experto en lo que haces y un maestro del cómo lo haces, pero mantén siempre viva la pasión por la misión de tu empresa; y encuentra y ábrele las puertas a aquellas personas que comparten la misma visión y pasión.

– Contrata complices, no empleados. No importa cuanta experiencia tengan ni que tan bien luzca su currículum en papel, no contrates a quienes solo quieren trabajar contigo por el dinero que les puedes pagar. Si no están 100% involucrados, apasionados por la misma causa que tú, al tercer día de comenzar a trabajar contigo comenzarán a prepararse para su siguiente trabajo.

– Haz que los demás brillen. Una vez que hayas encontrado a tus primeros cómplices, procura ser un catalizador de recursos y oportunidades para que puedan brillar por sí solos. Y todos los días déjales ver lo mucho que aprecias como, con su trabajo, impactan positivamente la vida de otros. Y acaba por fin con la “empleopía” en tu empresa.

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4 “súper poderes”

Todos quisiéramos tener súper poderes. ¿o no?

¿Te imaginas leer la mente de otras personas o poder escuchar sus pensamientos?

¿O poder absorber el conocimiento de otros?

¿Qué tal poder influir en el pensamiento de las personas con quienes convives?

¿O quizás hacer que las cosas sucedan de una forma u otra?

¿Te gustaría? ¿Por qué no los aprovechas entonces?

Porque todos tenemos estos poderes… y no estoy hablando de seres súper dotados que desafían la naturaleza humana.

¿Quieres leer las mentes de otros? Lee, estudia. Todos los días hay mucho más tiempo del que crees. Cambia la telenovela de la noche por un buen libro y lee.

¿Quieres escuchar lo que otros piensan? Cambia los videos de el fua, el canaca y otros videos sensacionalistas y mejor dedica ese tiempo a ver algunas conferencias o entrevistas de miles de líderes de pensamiento que ahí están compartiendo.

¿Absorber lo que otros saben hacer? Acércate a las personas que más admiras, pídeles que te dejen acompañarles  un tiempo y en silencio para ver lo que hacen y como lo hacen; o mejor aún pídeles que sean tu mentor.

¿Influir en la forma de pensar de otros? Gánate su respeto, crea, construye, comparte.  Se positivo. Se proactivo. Habla sobre lo que sí sabes y no trates de aparentar saber lo que no.

¿Hacer que las cosas sucedan de una forma específica? Trabaja. Dedica tiempo, invierte recursos (no solo económicos). Se paciente pero encamina. Se certero pero no agresivo. Se constante pero no obsesivo.

Todos tenemos la capacidad de escuchar, estudiar, aprender, influencias y hacer y compartir. Es cosa de que te decidas a hacerlo y ya.

Las 5 E’s del emprendedor

Con frecuencia resulta difícil definir qué y quién es un emprendedor.

Hay muchas suposiciones y percepciones, una correctas y otras no tanto, al respecto. Y, como en todo, cada quien tiene su propia opinión.

Desde mi punto de vista, para definir cómo es un emprendedor, primero tenemos que entender que todos tenemos la capacidad y hasta obligación de serlo. No importa si eres un empresario que con sus propios recursos inicia una nueva operación o si eres parte de una compañía, lo que más necesita el mundo hoy es gente con ganas de emprender acciones positivas y llevarlas a cabo. No solo personas que generen ideas o echen algo a andar para abandonarlo después, sino emprendedores capaces de crear oportunidades y planes de acción que llevan a cabo de principio a fin.

Seguramente conocemos a más emprendedores de los que pensamos y más probable que no, nosotros mismos seamos buenos emprendedores, ya sea como dueños de nuestra propia empresa o formando parte de alguna organización.

Definirlo no debería ser tan difícil en mi parecer. Y tal vez haya 5 E’s que podríamos buscar en cada persona para saber que tan buen emprendedor es:

Entendimiento: un gran emprendedor entiende claramente cuál es el propósito que quiere servir y entiende también cuáles son los objetivos que tiene que alcanzar para cumplir con su misión.

Entrenamiento: un gran emprendedor sabe que ser muy talentoso de poco sirve, si ese talento no se cultiva, educa y desarrolla, por lo que busca prepararse mejor y desarrollar las competencias y habilidades que complementan mejor sus fortalezas y áreas de oportunidad.

Experiencia: un gran emprendedor, comprende también que a pesar de la crucial importancia del estudio continuo, ese no servirá de mucho, si no pone en práctica aquello que ha aprendido. De modo que pronto deja la teoría atrás para dar paso a la práctica para poner a prueba lo que ha estudiado y acumular experiencia.

Enfoque: un gran emprendedor está siempre pendiente de no caer en la tentación de la popularidad, sabe que no se puede, ni se debe, querer ser todo para todos y mantiene su enfoque todo el tiempo en sus objetivos.

Ejecución: un gran emprendedor sabe que a las palabras se las lleva el viento. No pierde tiempo diciendo qué es lo que va a hacer. Sabe que hay un momento para la reflexión y el discurso, pero también reconoce que no importa que tan brillante sea una idea, si esta no es transformada en una acción real, carecerá siempre de valor alguno. En otras palabras, entienden que el verdadero valor de un plan no está en su teoría sino en su ejecución.

10 grandes prácticas de liderazgo personal.

Los vemos todos los días destacando con su trabajo dentro y fuera de las organizaciones con las que colaboran. Vemos, incluso con cierta incredulidad, como hacen ver tan sencillo aquello que hacen con maestría y tratamos de aprender, al menos un poco de ellos.
No importa si se trata del CEO de una gran transnacional, de un coach destacado, un autor o un deportista de alto desempeño, si dedicamos un poco de tiempo a estudiar qué hacen para destacar como lo hacen, podríamos identificar al menos 10 prácticas que estos verdaderos líderes realizan, virtualmente, todos los días:

  1. Tienen claramente definida su marca personal. Y no me refiero a una marca para auto-promoverse como si fueran una lata de refresco, sino la marca que quieren dejar en la vida  de los demás.
  2. Mantienen foco en sus prioridades. Saben que no se trata de hacer lo popular sino lo correcto, poniendo así toda su atención en las actividades que realmente los llevarán a lograr las metas que se han trazado. Saben decir “no” a las peticiones que, aunque podrían hacerlos muy populares con quienes se las solicitan, solo los distraerían del valioso trabajo que saben que tienen hacer. Mantienen primero lo primero.
  3. Entienden la crucial importancia de generar un balance en su vida . Saben cuales son los distintos roles que tienen en lo personal, en lo laboral y en lo familiar y las prioridades que cada uno de estos roles implican, asegurándose de darle un lugar primordial a cada una estas.
  4. Eligen muy bien a sus influenciadores. Saben que si quieren ser los mejores en algo, deben trabajar y rodearse de personas que sean mucho mejores que ellos en eso en particular. Entienden que hoy, gracias a los medios digitales, pueden acceder a personas que, por geografía, antes no era posible contactar, los buscan, levantan la mano y se relacionan con ellos. Reconocen que muchas de las soluciones a los retos que hoy enfrentan están plasmados en miles de libros y escritos; lecturas a través de las cuales se pueden relacionar también con los autores más destacados e influyentes en los temas que les atañen.
  5. Jamás dejan de aprender. Todos los días se dan un espacio para estudiar, leer, preguntar, para meditar, analizar y reflexionar. Y continuamente se dan la oportunidad de intentar algo nuevo.
    Prueban, indagan y aprenden un poco más. Porque saben que cuando uno deja de aprender, deja de crecer y el día que dejas de crecer comienzas a morir.
  6. Practican, practican y practican. Reconocen que el éxito espontáneo no existe y que tarda, por lo menos 5 a o 8 años convertirse en un gran éxito de la noche a la mañana, así que todos los días practican su arte.
  7. Siempre van más allá del SPLAT. Cuenta la historia que un día un ejecutivo que buscaba el éxito con gran ambición se acercó a un Yogi que encontró en el camino y le pregunto: “¿Hacia dónde está el éxito?”, el yogi sin hablar señaló con el dedo en una dirección. El ejecutivo caminó hacia donde el sabio apuntó y justo tras perderse en el horizonte se escuchó un estruendoso “SPLAT”. Entonces el ejecutivo apareció con un pequeño golpe en el rostro, regresó con el yogi y le dijo: “Creo que hubo una confusión, ¿Me puede indicar hacia dónde está el éxito?”, el sabio, sin hablar, señaló en la misma dirección. El ejecutivo entonces una vez más se puso en camino, pasó del horizonte y siguió andando hasta que poco después se escuchó otro gran “SPLAT!” Esta vez el ejecutivo, realmente enojado, frustrado y golpeado, volvió con el Yogi a reclamarle: “Te he preguntado hacia dónde está el éxito y seguido exactamente tus instrucciones pero todo lo que he conseguido es que un enorme “SPLAT” me golpeé… ¡Basta! dime ya en dónde está el éxito.”, demandó. A lo que el yogi con calma respondió: “Está en esa dirección. Justo ahí después del SPLAT”.
  8. Se abren a la retroalimentación. Reconocen la crucial importancia de dar y recibir retroalimentación continua. Buscan recibirla abiertamente y la proveen de manera oportuna. No esperan a que llegue el momento de la revisión anual o trimestral, saben que la retroalimentación es crucial y no puede esperar.
  9. Cuidan y procuran a su más importante activo. Entienden que el único recurso renovable con el que realmente cuentan es su salud y energía, y comprenden que para sentirse en un óptimo nivel, tienen que procurar los cuatro niveles de energía que tenemos: la física (cantidad de energía), la emocional (la calidad de nuestra energía), la mental (como enfocamos nuestra energía en ciertas actividades) y la espiritual (como alineamos el uso de nuestra energía de acuerdo a nuestros principios y valores.
  10. Entienden la ley de la reciprocidad y olvidan el Quid Pro Quo pues comprenden que la reciprocidad no está en esperar algo a cambio por la labor que hacen, sino en realizar esas acciones a favor de otros porque así devuelven a su comunidad todas las oportunidades que han recibido. Comparten su experiencia y conocimiento, comparten su talento, sus recursos y sus relaciones. Comparten porque saben que solo así se genera valor para todos. Porque entienden que nunca se ha tratado de acumular riquezas solo para unos sino de generar abundancia para todos.

Rompiendo con el mito del balance entre la vida profesional y personal.

Si has leído este blog en los últimos años, sabrás que he dedicado muchos posts a hablar sobre temas como la definición del éxito profesional y personal, sobre el desarrollo de nuestras carreras profesionales y la realización de nuestra vida en familia, sobre crecimiento profesional y el desarrollo personal… en pocas palabras sobre el balance entre la vida profesional y la vida personal.

Durante al menos cinco o seis años, desde que comencé a escribir DLC, he estudiado, leído, cuestionado, investigado, preguntado, pensado y meditado al respecto. Tanto quizás que después de un tiempo, con la sensación de estar perdido, dejé de preguntar.

Pero la ventaja de perderse, es que es justo cuando uno tiende a encontrarse. O al menos eso dicen por ahí. Y es que, cierto o no el dicho, siempre habrá algo que nos ayude re-encontrar(nos) lo que estábamos buscando.

En mi caso fue ver un video en Ted.com de Nigel Marsh que mi amiga y co-autora (sí, esperen noticias muy pronto al respecto), Brigitte Seumenicht me recomendó ver, y que me hizo, no solo reconocer varias preguntas y planteamientos que por años he discutido, sino reconocer también muchas de las respuestas que hasta ahora no había querido ver que tenía ya.

Para cualquier profesional y para cualquier organización, la búsqueda de un balance entre la vida laboral y personal, es un tema de enorme relevancia sobre el que cientos o miles  de personas de múltiples empresas trabajan todos los días para encontrar la mejor, pero aparentemente, inexistente combinación.

Y, es ahí, en la combinación, en la que, desde mi punto de vista, está el error.

Pasamos años buscando la mejor combinación de tiempo y lugar como si la vida fuera una serie de sucesos cronológicamente ordenados y bien sincronizados,  aspirando a tener una utópica y balanceada agenda que nos permitirá hacerlo todo:

5:30 am Despertar
6:00 am Gimnasio
7:00 am Baño y arreglo
7:30 am Desayuno
8:00 am Lleva a los niños al colegio
8:30 am Camino a la oficina
9:00 am En la oficina.
13:30 am Por los niños a la escuela
14:00 pm Comiendo en casa
15:00 pm Camino a la oficina
15:30 pm En la oficina
18:30 pm Camino a casa
19:00 pm Juego y cena en familia
20:00 pm Baño de los niños
20:30 pm Niños a dormir
21:00 pm Tiempo de pareja
22:00 pm A dormir

Pero esto no es balance. Es tan solo el sueño de una ordenada agenda diaria que en 11 de cada 10 casos, NO SUCEDE.

Y no sucede porque el balance no está en administrar el tiempo y la geografía; querer administrar estos sería pretender administrar un recurso compartido con todos ¿y quién entonces tendría derecho por encima de otros para hacer esto?

No, el balance no se da en tiempo y lugar. Vaya, el balance ni siquiera se da ni se obtiene.

El balance se crea. Lo generamos nosotros mismos de manera consciente a través de las elecciones que tomamos, las decisiones que hacemos y las acciones que realizamos todos los días.

Elecciones entre la vida que queremos vivir y el concepto de vida que nos han querido vender; cosa que no es fácil si pensamos que gran parte del esfuerzo que hacemos típicamente es para cubrir las expectativas que otros pretenden poner sobre nosotros.

Decisiones sobre lo que vamos a hacer y a qué asuntos en nuestra vida, de acuerdo a la que hemos elegido y al periodo/etapa de vida en la que estamos, vamos a favorecer priorizándoles en nuestra agenda. Aceptando, a la vez, las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo.

Y acciones, porque el balance no se vive en contemplación ni suposición, sino en acción. Creando, construyendo, viviendo y disfrutando desde hoy la vida que hoy y mañana queremos vivir, en lo profesional y en lo personal.

Redescubriendo los retos.

Retos, todos los tenemos. De mayor o menor tamaño, de menores o mayores consecuencias y casi todos los días enfrentamos al menos uno.

La cosa con los retos es que no importa cuántos hayamos conquistado en nuestra vida y qué tan frecuente los combatamos, siempre que nos enfrentamos a uno nuevo, lo sentimos como el más grande y más arriesgado de todos; como justo el reto que por fin nos doblará y vencerá.

Y sí, mientras que de muchos retos saldremos victoriosos, habrá algunos que por cualquiera que fuese la razón no libraremos de la misma manera.
Pero no importa si has “sido vencido” lo más importante es no asumirte así, no sentirte incapaz de continuar adelante sino de saberte mejor preparado para avanzar.

Algunas lecciones me han compartido y otras he aprendido sobre los retos con el tiempo:

  1. No importa que tan bueno seas para vencer los retos, nada es más inútil que vencer los retos de alguien más. Enfócate en construir tu vida y deja de querer probarle a los demás que puedes cumplir lo que ellos esperan de ti.
  2. La buena suerte tiene mucho que ver con el reto que haz de vencer y, como dicen por ahí: “entre más trabajo, mejor suerte veo que tengo”. ¿Qué más puedo decir?
  3. No importa que tan grande, mediano o pequeño sea el reto que estás enfrentando, jamás habrá un “momento ideal” para atacarlo. Comienza hoy.
  4. No todos los retos los tienes que enfrentar solo. Nadie espera en realidad que seas Súperman.  Voltea a tu alrededor con humildad y sencillez y date de cuenta de cuánta gente a tu alrededor está dispuesta a ayudar.
  5. A pesar de todo lo que te empeñes en preguntar ofendido, por qué has sido tu el merecedor de tal castigo o imposición del destino, hay cientos de miles de personas que han pasado ya por esa misma situación. Lee, estudia, investiga y busca aprender de quienes antes que tu, han enfrentado esa situación. Tal vez encuentres hasta un buen mentor.
  6. Ser víctima es una posición más lamentable pero mucho más cómoda… culpar a otros, a tu historia o la de tu país o a cualquier otra cosa es mucho más fácil que hacer algo a respecto. Así que no importa cuánto lo quieras ignorar, enfrentar ese reto es lo correcto y lo que precisamente tienes que hacer.
  7. Solo cuando corres hacía ese reto y no de este es cuando te das la oportunidad de conocerte un poco mejor y darte cuenta de todo lo que realmente eres capaz.
  8. No todos los retos los tienes que vencer de un solo salto. “El más grande de los viajes comienza con el primero de los pasos” solía decir Gandhi. Divide tu gran reto en pequeños escalones que puedas conquistar uno a uno y cuando lo hagas, regálate un pequeña celebración por cada pequeña victoria y refuerza así tu confianza en ti mismo.
  9. Solo de una cosa puedes estar seguro una vez que, por fin, hayas conquistado ese enorme reto al que tanto temías: Es momento de enfrentar uno más.

5 prácticas diarias para promover el desarrollo del talento de tu organización.

“El trabajo de un líder es desarrollar el talento de su equipo y generar nuevos líderes”, dicen atinadamente por ahí.

Y sin embargo, desarrollar y promover el talento de quienes forman parte de una organización no es un reto fácil de vencer.

La rutina del trabajo diario, el miedo al rechazo o al ridículo, la apatía, el estrés y una larga lista de factores que influyen en la cotidianeidad de la gente fácilmente obstaculizan esta crucial labor, al grado que incluso, en algunos casos, ni la persona misma conoce o mejor dicho reconoce cuáles son esas grandes fortalezas o dones que puede desarrollar para convertirse en un artista de su trabajo.

Y aún así sigue siendo labor de un verdadero líder, y que quede claro que por líder no solo me refiero a quienes formalmente en la empresa dirigen la operación de la misma sino a todo aquel que puede ser un influenciador positivo dispuesto a sacar lo mejor de los demás,  escavar y escavar en las personas con quienes colaboran día a día para descubrir y dejar salir a la luz esos talentos que convierten a cada integrante del equipo en un eslabón muy especial.

  1. Marca claramente el destino al que quieres llegar, pero también explica con la misma claridad por qué quieres llegar ahí.
  2. Se exigente y por ningún motivo aceptes como entrega del día el conformismo o la mediocridad.
  3. Todos los días observa su trabajo, ten claras las cosas por las que les debes de agradecer y verdaderamente festeja lo que han hecho bien.
  4. Celebra los errores y promueve un espacio y una cultura de riesgos, dándoles el espacio y, en la medida de lo posible, los recursos para decidir y actuar.
  5. Promueve una cultura de mentores y abre el espacio para que entre ellos mismos puedan ser mentores de unos y aprendices de otros; y juntos desarrollen y potencialicen el talento que en conjunto traen a tu organización.

¿Y si todo es un ensayo?

Es muy fácil perderse en el hoy: los problemas que tenemos hoy, los miedos que tenemos hoy, las carencias que tenemos hoy, el mucho trabajo que tenemos hoy o en lo afortunados que también somos hoy (aunque tristemente, son muchos menos quienes piensan esto).

Es aún más fácil perderse en el ayer, lo bien que nos iba en nuestro anterior trabajo, lo divertido que la pasábamos con menos responsabilidades, lo sanos que estábamos cuando eramos mas jóvenes o las tragedias que arruinaron los planes de grandeza que algún día tuvimos.

Y cuando nos perdemos entre el ayer y el presente, continuar avanzando hacia donde queremos se torna tan difícil como “correr en el lodo”. Intentas seguir adelante pero cada paso que das es lento, torpe y pesado, porque la carga que te has impuesto es más de la que deberías tener.

Construir un futuro no es tarea fácil. Definir una meta, trazar un camino hacia esta y avanzar por el mismo, resulta por si solo un enorme reto, pero como si esto no fuera suficiente, decidimos (con frecuencia inconscientemente) llevar con nosotros todo el bagaje de nuestro pasado y los caprichos y temores de nuestro presente.
El ego, el miedo y la arrogancia nos anclan y las ganas de “tener la razón” pese a  lo que sea construyen muros a nuestro alrededor que nos encarcelan en una prisión de nuestra propia necedad, pretendiendo lograr algo nuevo, haciendo aquello que bien sabemos que simplemente, si algún día lo hizo, hoy no funciona más.

Continuamos amarrándonos a quienes sabemos que no nos están aportando nada, por temor a perder lo mucho o poco que hasta ahora hemos construido, cuando precisamente desprendernos de eso tal vez sería lo mejor que podemos hacer.

La vida es muy corta para pasarla amarrado a quienes no te ayudan a ser una persona mejor ”, dicen por ahí.
Y sin embargo, seguimos con ellos porque creemos no tener mejor opción, porque la alternativa parece demasiado difícil o simplemente porque la venda del miedo que el tiempo nos ha colocado no nos la deja ver.

Pero… ¿y si todo fuera tan solo un ensayo?

¿Si cada paso que damos, cada vez que avanzamos o retrocedemos, cada logro obtenido y lección aprendida, la viéramos tan solo como lo que es en realidad: Un ensayo que nos permite avanzar al siguiente nivel?

Connect the dots” decía en el más famoso de sus discursos Steve Jobs, haciendo referencia a las diferentes experiencias que vivió en su desarrollo profesional y como después de un tiempo y visto desde otra perspectiva pudo voltear a echar un vistazo a su pasado y conectar cada vivencia que, sumadas entre sí, lo habían llevado hasta donde llegó.

Y conectar estas experiencias es lo que deberíamos hacer.

Quizas hoy no veámos como cada cosa que vivimos y aprendemos conecta con las demás, probablemente incluso pensemos que no somos merecedores de lo que nos ha sucedido o no entendamos como terminamos en la posición que nos encontramos hoy.
Pero, y si en lugar de cuestionarnos por qué nos pasó lo que nos pasó, hacemos un inventario de lo que hemos aprendido y las herramientas, habilidades, competencias y recursos de los que nos hemos hecho a través de este proceso y nos mostramos a nosotros mismos de qué somos capaces hoy que antes no podíamos hacer. Es decir, si nos demostramos lo mucho que este “ensayo” hizo en realidad por nosotros, a pesar de no haber llegado hasta donde queríamos llegar, ¿No estaríamos mucho mejor preparados para continuar?

Así que esta semana ¿en qué vas a ensayar?

 

Equipos hidropónicos.

La semana pasada tomé un taller para una nueva cartificación como coach, ahora enfocado a “The science of Happinees at work”, una metodología que tuvo su origen en el London Business School hace más de 6 años.

Y uno de los conceptos que más clavado se quedó en mi cabeza fue el de el gravísimo error que algunos padres cometemos al criar “hijos hidropónicos”. Es decir, al tener excesivos cuidados con nuestros hijos, similares con la manera en la que se cultivan algunos vegetales aislándolo de los riesgos del cultivo tradicional y brindándoles directamente y sin ningún riesgo, los nutrientes que estos necesitan para desarrollarse.
En tanto escuché el concepto, pensé inmediatamente en la cantidad de ocasiones en las que, como papá, he tratado de hacer precisamente eso: aislar a mi familia de cualquier riesgo o inconveniente y proporcionarles directamente y sin mayor esfuerzo de su parte lo que han querido.

Y es que así por encimita y de rapidito, hacer esto nos pasa por inadvertido o incluso como algo digno de reconocerse como “padre del año”, cuando en realidad, a largo plazo, estamos haciendo todo lo contrario.

Entonces, mientras pensaba en esto, mi mente regreso al tema sujeto del taller y me saltó de inmediato una pregunta más: ¿No estaremos, muchos de nosotros, haciendo justo esto con nuestros equipos de trabajo?

Piénselo. En esta época en la que tanto hablamos de las características básicas necesarias para ser un gran líder, no es difícil confundir el ser amable y atento a los sentimientos y necesidades de los integrantes de un equipo, con hacer lo que es más popular entre ellos. Y resulta también muy fácil mezclar el ser un facilitador de recursos y catalizador de acciones en el equipo, con terminar haciendo el trabajo del equipo o absorber toda la responsabilidad del mismo sin que sus integrantes conozcan y sean impactados directamente por las consecuencias de no llegar a las metas de la organización.

Por supuesto que un buen líder debe tener siempre en mente los intereses, valores y hasta sentimientos de su equipo de colaboradores, por supuesto que buen líder también debe estar preparado para aceptar la responsabildad del equipo y “recibir una que otra bala” por este, y por supuesto que un buen líder debe ser siempre un catalizador para los demás.

Pero a la vez, un buen líder jamás debería de sobre proteger a su equipo al grado de que este sea incapáz de avanzar por si solo para cumplir sus objetivos. Y si ese líder ha llegado al extremo de convertir a su equipo en uno hidropónico, entonces tal vez, solo tal vez, quien no debería de estar en este es justo quien lo encabeza.

¿Ustedes qué piensan?

Mañana se construye aquí y ahora.

La semana pasada parecía no cerrarla bien del todo. Un cliente que ya me había confirmado una fecha en Mayo para la contratación de una conferencia, simplemente me canceló, mientras que otro cambiaba de fechas el contrato de Mayo para Junio y el de Junio para Septiembre.

Lo primero que pasaba por mi mente: “ahí va el presupuesto de Mayo”, “¿qué pasa con este cliente que sin mayor reparo así me afectó”, “¿Ahora qué voy a hacer?”, “Ahora sí la cosa se jodió”…

Entonces, por fortuna, volteé la mirada a mi libreta de proyectos que silenciosa y paciente esperaba  en mi escritorio para recordarme las muchas cosas por las que hay que trabajar y hacer que sucedan para este y ese mes y muchísimos más.

Y es que la reacción que típiciamente adoptamos cuando algo no sale como planeábamos, incluso cuando asumimos que lo tenemos ya todo bajo control, es lamentarnos, quejarnos y preguntar qué hemos hecho para merecer semejante trato, para luego caer en el engaño de la desesperanza que, por momentos nos ahogoa, haciéndonos creer que ya no hay más solución que la resignación.

Pero lo cierto es que nada podría estás más lejos de la verdad.

Si algo no ha salido como esperábamos, si alguien ha inclumplido su parte del trato, si las circunstancias, por las razones que sean, han cambiado, lo único que NO podemos hacer es perdernos en nuestro lamento por lo que pasó y congelarnos ante el miedo de lo que podría suceder. Porque cuando lo hacemos, lejos de arreglar aquello que creemos que está muy mal, con nuestra distracción y falta de acción dañamos las demás cosas que hoy demandan nuestra atención.

Perdemos demasiado tiempo frustrándonos con lo ocurrido y temiéndole a lo que pueda pasar. Pero con lo que ya pasó, nada podemos hacer y tampoco podemos adivinar lo que probablemente, o no, ocurrirá.

Lo único que podemos hacer es aceptar (que no es lo mismo que resignarse) lo que sucedió, intentar entender por qué pasó y cuál es la lección que de ahí podemos aprender. Alejar de nuestra mente cualquier temerosa suposición de lo que esto podría, o no, implicar.

E inmediatamente poner toda nuestra atención, inteligencia, pasión y acción en lo que tenemos que lograr hoy.

Porque el pasado atrás se quedó y el mañana… el mañana se construye aquí, hoy, tomando acción.