#DLC. DESARROLLO. LIDERAZGO. COMUNICACIÓN.

El poder de las palabras.

Las palabras que usamos todos los días son muy poderosas.

Tan poderosas que han escrito nuestra historia y la de la humanidad.

Pero no son solo poderosas porque registran lo que escribimos, sino porque definen la manera en la que vivimos.

Las palabras que usamos cuentan nuestra historia y definen nuestro futuro.

Las palabras que usamos todos los días, crean memorias sobre nuestra persona en la mente de aquellos con quien las compartimos.

Las palabras que usamos al describirnos a nosotros mismos definen claramente la forma en la que nos conducimos día con día y muestran el valor que otorgamos a nuestras acciones y a nuestra persona.

Las palabras que usamos muestran como nos sentimos y definen la manera en la que pasamos cada uno de nuestros días.

Las palabras que usamos son un espejo de nuestras creencias  y una ventana abierta a nuestra vida pasada, presente y futura también.

Las palabras que usamos pueden destruir al más entusiasta o inspirar al más apático.

Las palabras que usamos destruyen carreras o crean las más exitosas.

Las palabras que usamos pueden ser vendas en los ojos o hacernos ver la verdad.

Las palabras que usamos pueden evidenciar nuestra enorme ignorancia y arrogancia o pueden mostrar nuestra humildad y ganas de aprender.

Las palabras que usamos pueden engañar a otros para que nos den o pueden ayudarnos a dar de nosotros a los demás.

Las palabras que usamos pueden alejar a quienes más nos quieren o rodearnos de seres queridos.

Las palabras que usamos pueden ser el repelente más efectivo o un gran imán.

Las palabras que usamos definen nuestra realidad.

¿Y qué palabras usas tu?

La verdad atrás de tu marca personal.

Mucho se habla del tema de personal Branding. Muchos autores, pensadores y líderes de opinión actuales han dedicado incansables horas a escribir y compartir conocimiento sobre este tema, el cual ha se ha vuelto tan popular, que es difícil encontrar a un joven adulto profesional que comienza su carrera,  que no le esté dando importancia a ejercer su marca personal.

Yo mismo he escrito posts y presentado conferencias en diversas ocasiones sobre los pasos que hay que tomar para, primero para definir cuál es tu marca personal y después para comenzar a ejercerla; así como cuales son los beneficios de hacerlo.

Pero después de tantos años (sí, en el mundo en línea 4 o 5 años son muchos) de pensar, investigar y compartir sobre este tema en particular puedo  asegurar con toda confianza que el concepto que hasta ahora hemos manejado del personal branding ha sido, por mucho, limitado y hasta miope.

Tu marca personal no se trata de cuántos perfiles en redes sociales administras todos los días y cuanto contenido, y de que calidad, compartes a diario. Tampoco se trata solo de cuantos seguidores en Twitter o contactos en Linkedin tienes. Ciertamente no es solo contar las veces que tus alertas de Google se disparan con el uso de tu nombre.
Mucho menos se trata de manipular o restringir la información que los reclutadores y profesionales de recursos humanos pueden encontrar sobre ti, en la red. Y por supuesto tampoco se trata de aparentar ser otra persona en línea a la que eres en realidad. “Se tu mismo, todos los demás ya tienen dueño”, dice el dicho.

Personal Branding no es un concepto que hable de crear tu marca personal. Si hiciéramos eso, como personas, no seríamos más importantes que una bolsa amarilla de papas fritas con una cara sonriente que te dice que no podrás comer solo una.

Nuestra marca personal no se crea como un concepto creativo que después es distribuido a través de distintos medios.

Cierto es que el fácil acceso que, hoy,  los medios digitales nos dan para alcanzar a millones de personas para compartir con ellos nuestro contenido, es lo que ha disparado con tanto impulso a la técnica del personal branding. Y digo técnica porque si tan solo nos limitamos a usar los medios digitales para compartir un concepto artificial de nuestra marca personal, no estamos haciendo mejor trabajo que el de cualquier publicista exitoso que maneja a cualquier marca, famosa y popular.

Nuestra marca personal pues, no se crea, se gana, se define día con día con los actos reales que hacemos a diario. Nuestra marca personal se dibuja con las acciones que llevamos a cabo en nuestra vida, con nuestros éxitos y fracasos, con nuestra experiencia y, sobre todo, con el impacto que nuestras acciones tienen sobre la vida de los demás.

Nuestra marca personal, no es un logotipo ni un slogan, mucho menos un selling line.
Nuestra marca personal es eso, una marca. Una marca que dejamos en la gente con la que interactuamos todos los días.

Nuestra marca personal no se define por qué tan exitosos somos, sino más bien con cuan significativos somos para los demás.

Cómo decía el filósofo, político y militar Pericles ( Y no el de los locos Adams!) : “Lo que dejas atrás no es lo que queda grabado en monumentos de piedra, sino lo que queda entretejido en la vida de los demás.”

Eso es tú marca personal.

Picture credit: Cindy47452 / Flickr

¿Y qué queremos hacer?

“Las cosas no siempre son fáciles. Frecuentemente tenemos que enfrentar más retos de los que quisiéramos y la vida constantemente nos invita a salir de nuestra área de confort”, pensaba mientras un amigo valientemente me contaba que esta era su última semana de labores en su actual trabajo, del cual lo estaban, por razones válidas o no, liquidando.

Tranquilo me pedía consejos sobre cómo podía echar a andar su propio negocio, tal vez una agencia de marketing digital pues lleva algunos años dándoles cierto nivel de soporte a estas o quizás algo de mercadotecnia móvil pues es un nicho poco explorado aún.

“¿Pero en realidad es eso lo que quieres hacer o es lo que crees que puedes hacer?”, le pregunté.

“Es que ahora que he estudiado el MBA me siento preparado para manejar mi propio negocio y algunas personas de la industria me han invitado a colaborar con ellos”, replicó.

Y aunque puedo entender  y hasta identificarme completamente con su posición e interés de rápidamente anclarse a una nueva base que le ofrezca estabilidad, no puedo evitar preguntarme a mí mismo:

“Si tuvieras oportunidad de hacer algo diferente en tu trabajo o en tu vida, si tuvieras luz verde, todo el espacio, todos los recursos, todas las herramientas y todo el tiempo para hacer ese cambio. ¿Qué harías?”

¿Buscarías realizarte como persona, trabajando haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer, generando así el estilo, el nivel y la calidad de vida con que quieres vivir? ¿O una vez más seguirías el camino que crees que debes seguir porque en tu casa, en tu trabajo, en tu círculo social, te dijeron que así debes vivir?

¿Trabajarías para ser “una personas de éxito” (sea lo que sea que signifique para cada quien) ó trabajarías en convertirte en una persona de valor?

¿Sobrevivirías cada día intentando acumular todos los bienes materiales que crees necesitar para vivir bien (porque te han dicho que eso es lo que te hace feliz) o vivirías como quieres vivir?

Y al responderme, no pretendo decir que entonces para ser felices necesitamos renunciar a todas las comodidades y juguetes que nos gustan o que debemos darle la espalda a la profesión que elegimos ejercer, para convertirnos en un yogi o hermitaño de la montaña para encontrar paz, serenidad y felicidad.

Muy al contrario, si ser un gran ejecutivo es lo que te mueve, si ser un campeón olímpico es lo que te hace vibrar, o ser un músico reconocido mueve tus fibras, está muy bien.

Pero está muy bien porque eso es lo que a ti te hace vivir y no porque los demás dicen que así debe de ser.

Y si en este momento la vida nos presenta una encrucijada en la que debemos elegir qué camino seguir, tal vez lo mejor sea no lamentarnos porque no nos está dando lo que creemos que merecemos, sino alegrarnos porque nos está dando la oportunidad una vez más de respondernos a nosotros mismos ¿Qué es lo que queremos hacer?

Y sea lo que sea que lo que en verdad queramos hacer, hagámoslo. Demos el primer paso hoy y mañana el segundo. Cada día avanzando hacia donde queremos ir.
No esperemos que de la noche a la mañana obtengamos todo lo que queremos tener, seamos pacientes y constantes y recordemos que son los pequeños pasos que damos cada día los que nos llevan al gran éxito que con el tiempo habremos de lograr.

¿Entonces, ustedes qué quieren hacer de verdad?

Picture credit: Todo-Juanjo

El peor asesor de carrera.

El ego, la arrogancia y la codicia, no son buenos asesores de carrera para nadie. Y sin embargo son frecuentemente estas tres cosas los principales pistones del motor del plan de carrera de muchas personas que buscan a toda costa la “gloria” corporativa y financiera que les dará un “lugar especial” entre la sociedad.

Y tristemente lo hacen, no porque en realidad quieran ser el siguiente zar de la industria en la que se desempeñan, sino porque aún más triste, esta es la manera en la que a la mayoría de nosotros nos enseñan que debemos de desarrollar nuestra carrera profesional.

Ya saben: estudia una carrera que pague bien, deja de lado tu gusto, se abogado o contador, economista o actuario, ingeniero…esos sí que ganan bien! empieza desde abajo (tan abajo como puedas evitarlo si algún familiar o una amistad te puede colocar), aprende el oficio y ve escalando la escalera corporativa que, conforme avances, te traerá más poder, más dinero, más popularidad, más atractivo… más enojos, más estrés, más distancia con los tuyos, más descontento, más desencuentro, más ambición y más codicia porque nada de lo que hayas logrado, saciará esa necesidad tan humana de realización que todos tenemos. Y más arrogancia porque cada vez será más difícil aceptar que elegimos la escalera de otros en lugar de buscar nuestra realización y camino propio.

Tal vez alguno esté pensando: “claro que no es así, yo nunca he dejado que la arrogancia y el ego dicten el camino que quiero seguir”.

Piénsenlo bien, hagan memoria y recuerden todos esos momentos en los que después de un tiempo en un puesto, pensamos, hasta convencernos a nosotros mismos, que estamos listos para dar el siguiente paso y que nuestros jefes y la organización para la que trabajamos son injustos y hasta incompetentes pues no quieren promovernos.

¿Lo han pensado alguna vez? ¿Sí? Ese, es su ego hablando, su arrogancia tapándoles los oídos para no escuchar razones y su codicia pidiendo más aunque todavía no estén listos para un paso más. Dominar al 110% nuestro trabajo actual no nos auto-califica para tomar la siguiente responsabilidad; simplemente no indica que es momento de que nosotros, no la empresa, comencemos a dar más de lo que damos ya, de que empecemos a aprender y desarrollar nuevas habilidades y capacidades que, una vez adquiridas sí nos conviertan en un mejor candidato para esa tan deseada promoción.

Si no estamos atentos, si nos rendimos ante la seducción de la versión de éxito de los demás, la codicia y nuestro ego nos comenzarán a llevar por un camino por el que tal vez nunca quisimos caminar, transformándonos en ese “director” de todo menos de su destino, que amargado y enfermo trabajo de sol a sol pues no tiene nada mejor que hacer.

Y con esto para nada pretendo decir que ser un alto ejecutivo esté mal, muy por el contrario, si ese es el camino que tú realmente quisiste emprender porque escuchaste a tu corazón y no a tu ego, no hay nada mejor. De hecho hay muchos profesionales que más que poderosos son exitosos porque hacen lo que quieren y disfrutan de manera balanceada y plena su vida. No su carrera nada más sino su vida completa, sin importarles si son el más alto directivo de la empresa, el asistente, el chef, el bombero, el guardia, el maestro, el supervisor, el intendente, el consultor, el piloto, el doctor o la profesión que sea que ejerzan; porque decidieron dejar a la arrogancia del lado y no escuchar ni a su ego ni a su codicia y en su lugar eligieron a su corazón, a su llamado, a sus valores y pasión como su consultor.

¿Ustedes a quién escuchan hoy?

¿Que clase de memoria quieres dejar de ti y de tú pais en los demás?

Lo acepto, nuestra sociedad tiene muchos vicios, nuestras costumbres a veces pueden parecer raras y definitivamente nuestros gobernantes dejan, en todos sus niveles, mucho que desear.

Pero también hay que reconocer que tenemos muchas más cosas positivas que negativas como cultura y como sociedad.

Ahora lo más importante será que aprendamos a reconocerlo, pero sobre todo a celebrar las cosas positivas de nuestro país y nuestra región.

Desarrollando nuestro potencial enfocándonos en lo positivo.

De acuerdo a los expertos, la mejor manera de entrenar y desarrollar el potencial de una persona es enfocándose en sus grandes fortalezas y desarrollándolas cada vez más a la vez que buscamos alejarnos de sus
debilidades. En otras palabras, enfocarnos en lo positivo, nos ayuda a sacar lo mejor de esa persona.

Entonces, ¿por qué no aplicar la misma visión respecto a nuestro pais?

He tenido la fortuna de pasar la mayor parte de mi carrera profesional trabajando con equipos globales y multiculturales, y si una diferencia he notado entre los miembros de los equipos con quienes he colaborado
en las últimos 15 años es que mientras que la mayoría de los latinos típicamente tienden a satirizar y criticar a nuestra sociedad cuando platican con algún extranjero con frases clásicas como: “manejaré como
chilango”, “al fin que los latinos siempre llegamos tarde”, o justificando actitudes y malos hábitos diciendo “soy latino, soy fiestero y ruidoso e informal”; otras sociedades, como las orientales, cuando comparten cosas sobre su país o su ciudad, por lo general tienden a hablar de lo positivo, de sus valores y del orgullo que sienten por su pais y su comunidad.

No, no esto ciego y tampoco quiero ignorar los grandes vicios y retos que enfrenta nuestro pais. Tampoco pretendo vivir en una burbuja o aislado de los problemas de nuestra sociedad. Pero es precisamente por
esto que no solo quiero hablar de lo malo y con cinismo burlarme de lo que ni siquiera nos tomamos el tiempo de intentar arreglar.

En lugar de esto prefiero destacar todo lo bueno de nuestro país, nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestras costumbres. Compartir lo importante que es para nosotros la familia, lo hospitalarios y amistosos que somos; platicar sobre nuestra alegría y gran capacidad para hacer amigos. Presumir lo duro que trabajamos y nuestro enorme sentido de solidaridad, y como es que siempre pedimos las cosas por favor y damos las gracias después.
Y claro siempre predicando con el ejemplo y demostrando que no solo es este un discurso que aprendimos de memoria, sino la realidad que queremos vivir.

Así que la próxima vez que convivas con personas de otro país en tu trabajo, durante tus vacaciones, en un evento o cualquiera que sea el contexto, antes de comenzar a despotricar sobre tu tierra, tómate un par
de segundos para pensar: ¿quiero que me recuerden por lo mal que le va a mi pais y me asocien con todos esos vicios y problemas, o quiero dejar una huella positiva en la memoria de estas personas?

No se ustedes, pero yo prefiero mil veces compartir lo orgulloso que me siento de mi gente y de mi pais.

Photo credit: Esparta

7 nuevas cosas que por la mañana puedes practicar

¿Han tenido uno de esos días en los que hubieran preferido quedarse en la cama?

¿Conocen o son la típica persona que dice no ser “un morning person”?

Desde que despiertan están de mal humor, salen peleados con la mitad de las personas con las que viven; son víctimas del tráfico que cada mañana los atrapa por más de una hora y, cuando por fin llegan a su oficina, después de por lo menos una media hora de retraso, están tan enojados que sucumben ante la más mínima provocación y cazan la pelea con quien menos deben de hacerlo, transcurriendo así la mañana, el día y las semanas; no solo desgastando así su imagen profesional, sino erosionando también su espíritu, provocando que cada día les resulte aún más difícil comenzar.
La manera en la que comenzamos cada uno de nuestros días, es definitivamente determinante sobre la forma en la que viviremos cada uno de estos y, por consiguiente, también tiene un impacto por demás importante en la manera que la que nos comportamos y relacionamos con los demás y como dejamos nuestra huella o marca personal.

Por eso, y porque creo que es indispensable que cada día nos demos la oportunidad de empezar mejor, quise compartir 7 cosas que se que podemos hacer diferentes al arrancar cada nuevo día:

1- En lugar de quejarnos por tener que levantarnos temprano para ir a trabajar, demos las gracias por la oportunidad de vivir un día más y
por todo lo que ese día podremos disfrutar. Ser agradecidos en todo momento cambia totalmente la manera en que percibimos la vida y nos ayuda a identificar y apreciar todo lo bueno que tenemos cada día.
2- En lugar de tomar nuestra Black Berry, I-phone o lo que sea que usemos, para ver los emails de pendientes y presiones que ya nos han
enviado o ver las noticias amarillistas del día, leamos algo que nos agregue valor, algo que nos enseñe algo nuevo o algo inspirador.
Leer algo inspirador no solo puede levantarnos el ánimo, pero también enseñarnos los que otros en el pasado han hecho para resolver los problemas por los que a penas hoy nosotros estamos pasando.

3- En lugar de apretar el botón de snooze de nuestro despertador 6 u 8 veces cada 5 minutos hasta que no tenemos otra opción más que despertar, ganémosle la batalla a la cama y aprovechemos esa media hora para caminar y meditar un rato, pasar media hora así, procurando nuestro cuerpo y nuestra mente, es mucho más productivo que pasarla dormitando entre alarmas.
4- En lugar de salir con el estómago vacío y adolorido con gastritis, tomémonos unos minutos para preparar nuestro desayuno y el de nuestra
familia y hagamos un espacio para sentarnos a la mesa con ellos. Pasar este  tiempo con ellos a final de cuentas rendirá muchos más frutos que
cualquier junta mañanera, así que, de ser posible, agenda tus reuniones de trabajo para después de las 10am, y date y a los demás tiempo de empezar tu día con lo que importa de verdad.
5- Si te es posible, y va de acuerdo a las políticas de tu trabajo, en lugar de salir a las 7:30am a hacer una hora u hora y media transportándote hasta tu
trabajo, acuerda llegar a las 10am, sal de tu casa a las 9:30 y la hora ganada, aprovéchala para trabajar desde casa. O aún mejor, busca
poder trabajar desde casa un día a la semana. No creerías lo mucho que puede crecer tu productividad poniendo esto en práctica aunque sea un solo día a la semana y nada más.
6- Al manejar o transportarte a tu trabajo, en lugar de escuchar las noticias amarillistas y angustiantes o avisos inútiles sobre el embotellamiento en el que ya estás, mejor escucha un programa que te haga reir o música que haga cantar. Creemelo mucho mejor que llegar amargado a la oficina, es llegar silbando o tarareando una canción acompañada de una gran sonrisa que compartir con los demás. Y de las noticias importantes, de todas maneras te vas a enterar.
7- Al llegar a tu oficina, en lugar de pasar como fantasma inadvertido hasta tu escritorio, asegúrate de detenerte a saludar a la gente con
quien convives todos los días, conócelos un poco más, pregúntales como están, te sorprenderías de todo lo que puedes aprender de ellos tan solo tomándote unos
minutos para convivir.

Y así podríamos seguir buscando más y más formas de arrancar en grande cada uno de nuestros días, ademas de como cerrarlo igual, pero ese será cosa de otro
post.

¿Y tú que cosa especial haces diferente cada mañana al despertar?

¿Recuerdan a Voltron?

¿Recuerdan  a Voltron? Si tienen más 25 años probablemente sí y si son mayores de esto probablemente esta comparación les haga sentido; ahora, si tienen más de 45 años y veían todavía a Voltron, quizás sean un tanto más geek de lo normal 🙂

Voltron, para quienes no lo recuerdan o no lo conocieron era una caricatura sobre un grupo de ¿Soldados? ¿Agentes? ¿super héroes? Qué se yo!…El caso es que era un grupo de personas que conducían naves en forma de león, mismos que en el momento más crítico de su batalla, se unían en una sola unidad que formaba a un gigantesco y poderoso robot llamado….exacto! Voltron.

El líder del grupo colocaba su león en… sí sí, lo adivinaron! en la cabeza y torso de Voltron, mientras que los otros vehículos formaban las piernas y pies y los brazos y manos.

Entonces, en movimientos perfectamente bien coordinados que seguían al pié de la letra las instrucciones giradas por la cabeza del robot y potencializadas por el torso de Voltron, cada extremidad o unidad hacía su parte, logrando así… síp lo adivinaron de nuevo… ganar la batalla.

Por supuesto cada integrante del equipo era el mejor en su especialidad y nadie más podría conducir mejor que ellos su propio vehículo, en eso cada quien brillaba a lo grande.

Y claro, como toda estrella, cada uno quería lucir por sí solo y demostrar lo buenos que eran, y así se enfrentaban a sus “enemigos” hasta que, por hacerlos solos y descoordinadamente, comenzaban a perder.

Entonces el líder del grupo llamaba a todos los integrantes a unirse y formar a Voltron una vez más.

¿Pero se imaginan si en media batalla el brazo izquierdo decide ir a la derecha y el brazo derecho a la izquierda, mientras que la pierna izquierda quiere ir hacia adelante y la derecha hacia atrás; y la cabeza no define cuál es el movimiento que hay que hacer?

Seguramente entre discusiones, jalones, estirones y empujones, Voltron se…si! Lo adivinaste de nuevo! Estás muy agudo el día de hoy! …voltron se separaría y su gran poder quedaría aún más débil que antes de que sus diferentes partes se unieran.
Y una vez separados, el ego y la soberbia de varios les impediría darse cuenta de lo importante que es volverse a agrupar , y se ocuparían solo de culpar a los otros por no escucharlos a ellos.

Voltron quedaría inutilizado, no tendría capacidad para hacer ni el más mínimo de los esfuerzos y lentamente dejaría de exisitir.

“¿Pero de qué estás hablando Efraín? ¿En verdad nos estás contando una caricatura?” Algunos se estarán preguntando, pero…

¿A poco no es justo esto lo que vemos que pasa con más frecuencia que no en todas las organizaciones?

Empleados que creen ser los poseedores de la verdad absoluta predicando día con día que ellos saben justo lo que su organización necesita para ser mejor, actuando por separado tratando de lucir más que su equipo, mientras los catalizadores de la empresa, los gerentes y directores de las diferentes áreas, quienes pueden potencializar las habilidades de sus equipos, permanecer inmóviles sin tomar decisión alguna  para no arriesgar quedar mal ante la cabeza que no termina de tomar la decisión del camino que hay que seguir.

¿Lo ven? Pies y brazos queriendo ir en distintas direcciones y torso y cabeza sin tomar una decisión.

Visto así, sí que resulta ser mucho más importante que recordar tan solo una caricatura ¿no?

¿Vives tu marca personal o la de los demás?

Te lo tienes que preguntar.

¿Estás haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer o estás haciendo lo que crees que no tienes otra opción más que hacer?

¿Te dedicas hoy a lo que siempre soñaste o estás trabajando  solo en lo que piensas que es tu única opción?

¿Eres tú la persona que quieres ser o dejas que te defina el título que indica tu tarjeta de presentación?

¿Estás viviendo como quieres vivir o sobreviviendo la vida que otros impusieron sobre ti?

¿Te comportas como eres o actúas como otros esperan que lo hagas?

Es increíble la cantidad de esfuerzo, recursos y tiempo que dedicamos a hacer lo que los demás esperan de nosotros, cuando tomaría el mismo esfuerzo hacer lo que nosotros queremos hacer.

Me resulta tan poco razonable como día a día nos desgastamos y desvivimos por satisfacer las expectativas que creemos que otros tienen de nosotros, mientras ellos buscan a su vez agradarles a otros también.

Es absurdo que si tenemos la capacidad de trabajar y cumplir con lo que los demás quieren, no utilicemos esa capacidad para crear la vida que queremos para nosotros mismos.

Y es que si dedicamos tanto tiempo y esmero para envolvernos de la marca que nos imponen los demás, ¿qué nos detiene para desarrollar nuestra verdadera marca personal?

La capacidad de hacerlo, claramente está ahí. Si todos los días nos vestimos del rol que otros han impuesto en nosotros, seguro podemos hacerlo con nuestro sello personal.

¿O será que no queremos la responsabilidad de ejercer nuestra marca personal?

Reconoce, entiende y actúa.

En el organismo humano, cuando algo anda mal, el dolor que sentimos es la señal de aviso de que algo a lo que tenemos que ponerle atención, no está bien.

Entonces, si el dolor es tan solo una tolerable molestia, actuamos con la típica actitud desentendida que tanto nos caracteriza e ignoramos las señales. Simplemente decidimos darle prioridad a otras cosas, típicamente mucho más triviales que nuestra propia salud.

Y así, si el dolor no se vuelve más intenso, dejamos que ese pequeño malestar, se vuelva parte de nuestra cotidianeidad, convirtiéndose en un enemigo silencioso que poco a poco, sin darnos cuenta va desgastando nuestro organismo hasta que ese diminuto e ignorado problema se convierte en una seria condición que amenaza nuestra salud o hasta nuestra vida tal vez.

Lo mismo sucede en las organizaciones. El dolor en este caso no es un rayo intenso y agudo en el estómago u otro lugar; más bien se presenta en la forma de uno o varios clientes quejándose del pobre servicio que están recibiendo o en el cambiante y descendente desempeño de los integrantes de la empresa.

A veces, cuando se trata solo de un empleado y estamos envueltos en el remolino de lo urgente, preferimos hacernos de la vista gorda y dejar que esa persona continúe haciendo mal su trabajo, engañándonos y pensando que solo se arreglará o que su actitud no afectará a los demás. En otras, preferimos incluso encubrir sus problemas con tal de continuar “avanzando” hacia nuestros objetivos.
Llegamos al extremo de engañarnos a nosotros mismos haciéndonos pensar que podemos ignorar la situación, en lugar de tomar decisiones y acciones importantes al respecto.

Y así el tiempo avanza y la situación solo hace lo natural: empeorar.

Entonces, llega la crisis: Clientes abandonando nuestros servicios y empleados destacados renunciando o peor aún adoptando una actitud similar.
Y solo en ese momento, cuando la cuota del trimestre se ve amenazada y alguien más arriba en la organización pregunta que está pasando, es que por fin tomamos acción.

A veces, si tenemos suerte, contamos con los recursos y las personas que nos pueden ayudar y aún no es demasiado tarde, logramos resolver el problema y recuperar nuestra salud o la de la organización. Otras, tristemente la única acción que queda es la de la extirpación.
Es decir, terminamos liquidando al sujeto quien provocara la crisis, explicándole lo mal que hizo su trabajo, a pesar de haberle dado buenas evaluaciones por meses y meses; y como su pobre desempeño, ese que ignoramos y hasta promovimos durante tantos meses, afectó tanto a la empresa.

Extirpamos el problema. ¿O no? Porque ¿De qué sirve quitar el elemento dañado, sin que nosotros cambiemos de actitud y volvamos a olvidar que hasta la gripa más simple puede provocar una gran neumonía terminal?

Cuando haces lo que amas se nota

Cuando haces lo que amas se nota, y se nota de verdad.

La semana pasada asistí, con mi esposa, a ver el espectáculo de danza de Joaquín Cortés.

He de confesar de antemano que en lo personal la danza, y en específico el Flamenco, no es algo que me mueva ni emocione (hay gustos para todo), sin embargo ver a este señor en acción fue inspirador.

No porque el espectáculo haya sido bueno, es más, hasta podría no calificarlo así. De hecho seguro muchos estarán de acuerdo conmigo en que la producción puede ser mucho mejor; pero definitivamente sí por ver como él y cada miembro de su elenco: cantantes, músicos y bailarinas, disfrutan tanto lo que hacen.

Y se sincero, ¿Cuándo fue la última vez que durante absolutamente toda una jornada de trabajo, aún en los momentos más estresantes y las tareas más difíciles del día, mantuviste en tu rostro una auténtica y cálida sonrisa? difícil de responder, lo se.

Quienes en verdad hacen lo que aman hacer disfrutan cada momento en que lo hacen. Aún cuando se enfrentan a situaciones difíciles, riesgos y retos, reconocen que es un privilegio poder hacer lo que más aman hacer en la vida. Lo disfrutan tanto que dejan de trabajar para comenzar a vivir; y así, día a día practican fervientemente su vocación. Estudian, practican, aprenden y logran contagiar su pasión a los demás.

Es fácil reconocer a quienes hacen lo que más aman hacer; son esas personas que se entregan tanto a su vocación que hacen ver simples y sencillas las grandes hazañas que hacen día con día, y que, a pesar de los retos y los problemas, simplemente no pierden el ánimo y dejan de sonreír.

Así pues que…¡a sonreír!

¿Lo recuerdan?

¿Lo recuerdan? Esa sensación cuando éramos niños y estábamos a punto de vivir algo nuevo. Lo sentíamos cada año escolar que comenzaba, cada navidad esperando a Santa Clause o cada noche de verano en la que dormir resultaba imposible ante la víspera del viaje de vacaciones que al día siguiente emprenderíamos con nuestra familia. Lo sentimos durante años y años, en distintas etapas de nuestra vida, al pasar a secundaria o al graduarnos de la Universidad o cuando por fin conseguimos nuestro primer trabajo formal.

Pero el ser humano es rutinario por naturaleza y después de un rato el olor a nuevo de esos días se va perdiendo ante la repetición casi automática de aquellas actividades del día a día que en un inicio pensamos que nunca nos hartarían.

Entonces tratamos de suplir lo aburrido de nuestra cotidianeidad con placebos alternativos que en muy poco tiempo terminan por gastar su novedad. Compramos alguna prenda de moda, un viaje de fin de semana o nos mudamos de casa, incluso algunos de país.

Pero olvidamos que no importa cuántos cambios hagamos, siempre habrá la misma constante en todo lo que hagamos: nosotros mismos.
Y así cada vez que “cambiamos” algo en nuestra vida, al poco tiempo volvemos a sentir que nos falta esa emoción de hacer lo que queremos hacer; y todo porque entre tantos cambios y cambios, perdemos de vista que lo que en realidad tenemos que cambiar es nuestra actitud.
Dejar atrás aquello que no nos gusta hacer pero que creemos que no tenemos otra opción más que hacerlo, perder el miedo a arriesgarnos a hacer lo que en el fondo sabemos que más queremos y mejor sabemos hacer. Vernos al espejo y decirnos a nosotros mismos que merecemos darnos la oportunidad de dar un giro real a nuestra vida, tomar la iniciativa y volver a sentir esa profunda emoción que esta noche, después de tantos años, no nos dejará dormir otra vez.

¿Lo recuerdan? ¿Y qué esperan para vivirlo otra vez?

Apurándose a fallar una vez más.

Preguntas hay muchas…todos los días nos hacemos, hacemos a otros y recibimos miles de estas, pero existe una en particular que me he cansado de escuchar una y otra y otra vez más; en cada plática, en cada conferencia, en cada reunión de trabajo o hasta en conversaciones personales también: “¿Por qué no hay casos de éxito en México de…?”. Completen la frase con lo que se les pueda ofrecer…de internet…de administración…de liderazgo… de lo que sea, es igual, la pregunta continuamente ahí está.
Gente esperando que otras personas les resuelvan por adelantado los retos a los que se van a enfrentar.

Serios profesionales deseosos de que alguien más les de la fórmula secreta para lograr lo que quieren lograr.

Esperando, preguntando, esperando de nuevo y sin tener la más mínima intención de ellos intentar…y seguramente por muchos años más, así se van a quedar.

Y lo peor es que no existe una fórmula secreta para ganar.


La única manera para comenzar a ser exitoso es decidirse a intentar, a arriesgarse, quitarse el miedo, atreverse, esforzarse, estudiar y trabajar.

“Apurarse a fallar” como algunos grandes líderes como Seth Godin or Robin Sharma le llaman.


Vencer el miedo y hacer lo que otros no quieren intentar.

Tomar la responsabilidad de nuestras decisiones y hacer conciencia de que nuestro éxito y nuestras fallas serán consecuencia de las decisiones que tomemos y que aún cuando fallemos una u otra u otra vez, no habremos fracasado, sino que solamente estaremos aprendiendo a ganar.

Así que la próxima vez que quieras que alguien te diga como se hizo exitoso, mejor pregúntale cómo fue que por fin se atrevió a fallar, probablemente su respuesta de una vez por todas te inspire a intentar.

Crédito de la imagen: Omar Eduardo