De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

PRÉNATAL lo entiende.

Continuando hablando sobre el servicio a clientes y la creación de experiencias “WOW”, es decir la generación de momentos especiales para tus clientes al ser atendidos por tu negocio, he aquí un gran ejemplo de un negocio exitoso, no solo por la calidad de sus productos, sino más bien por la calidez y calidad de su servicio: PRÉNATAL.
Una cadena de tiendas de artículos para bebés y maternidad, de origen Europeo.
Como podrán suponer, sus precios no son tan módicos, de hecho muchos los califican como muy caros, pero después de haber experimentado su servicio puedo entender todos los elementos que componen sus precios. ¿Lo dudan? Permítanme contarles mi historia.

Como podrán imaginarse como padres primerizos, hay muchas cosas, artículos personales, accesorios, etc. que ni mi esposa ni yo imaginábamos que necesitaríamos, mucho menos sabíamos cómo tendríamos que usarlos. Solo sabíamos que lo mejor era seguir las indicaciones y recomendaciones de nuestras doctoras (las Mythbusters de la vida real, pero este es otra historia que después contaré).
Así pues nos recomendaron comprar una faja post parto y nos refirieron precisamente a esta tienda. Yo podría fácilmente haber hecho caso omiso de la referencia e ir simplemente a una tienda departamental, al fin una faja es una faja, pero afortunadamente como papá estrenándose que más bien parecía perro de Pablov salivando al escuchar la campana, corrí hacia donde me habían indicado. ¡Y que bueno que lo hice!

“Buenas tardes señorita, busco un a faja… para mi esposa quiero decir” decía yo confundido mientras que la mujer embarazada del otro lado del exhibidor me decía con calma “claro que sí señor, tenemos un par de tipos diferentes de fajas pero mi compañera se las mostrará”.
Me dirigieron hasta la sección de maternidad y la señorita que ahora me atendía se dio a la tarea de deducir cuál era la mejor faja para mí… para mi esposa quiero decir.
Me explicó que había fajas para parto natural y para cesarea, que la talla de las fajas debería ser equivalente a la talla normal de la mujer y me recomendó que talvez para mayor comodidad podría llevarme una talla más grande; y por si eso fuera poco tomó la faja que había elegido y me mostró como colocarla.
Ya contento y orgulloso de mi mismo por haber logrado hacer una de las primeras tareas que como nuevo papá tenía, me relajé y comencé a pensar en que otros accesorios le serían de utilidad a la nueva mamá, tarea con la que una vez más fui asesorado con paciencia y calidad. De la sección de mamás pasamos a la sección de ropa de recién nacidos y de ahí a la de artículos para el baño del bebé. Durante toda la visita fui asesorado, más en ningún momento invadieron mi espacio. Si quería ver algo solo, se distanciaban y prestaban atención a la primera señal de duda que les diera. Si se acercaba algún otro cliente, lo dirigían con otra asesora para así prestarnos su absoluta atención a cada cliente.
Después de una buena media hora dentro de la tienda y con más, muchos más de los artículos que inicialmente buscaba comprar, llegué a la caja donde no solamente me cobraron y ya, sino que me explicaron los servicios adicionales y gratuitos que dan, como pláticas y cursos para mamás y papás. Por cierto que nos inscribí en uno de primero auxilios para bebés.
Pagué y cuando esperaba que me alcanzaran mis bolsas, cual fue mi sorpresa cuando me preguntaron: “¿Lo podemos acompañar hasta la puerta por favor?” y así fue, caminaron conmigo hasta la puerta del local y me entregaron ahí mi mercancía, dándome las gracias por mi visita y deseándome una buena tarde.

¿Tienda cara? Talvez, pero lo vale.
¿Es solo una estrategia para vender más? ¡¡¡CLARO QUE SI!!! ¿Pero qué programa de servicio a cliente no está diseñado para eso?
El problema es que muy pocas marcas entienden el verdadero valor de ofrecer un auténtico servicio que genere experiencias WOW, como lo entiende PRÉNATAL.
¿Y quieren saber algo más? Al par de días regresé por más.


NOTA IMPORTANTE: podremos ser primerizos e inexpertos en el tema de la paternidad, pero un concepto lo hemos tenido muy claro desde el inicio y hoy es el único consejo que a otros nuevos padres podríamos dar: Cuando se trate de la salud de tu bebé y de tu esposa, no importa cuantos consejos y recomendaciones recibas, ni de quien vengan, aún cuando sean de parte de la gente que te quiere y busca lo mejor para ti; solo escucha y haz caso a las indicaciones del experto, tu médico.

Que la arrogancia no destruya tu negocio.

Qué difícil resulta llegar a ser el número uno en lo que haces. Se requiere de una gran visión, claridad, enfoque y mucho, muchísimo empeño. Toma años convertirte en el mejor en lo que haces y exige disciplina, trabajo duro e innovación; pero sobre todo exige humildad y sencillez. Humildad para reconocer que nunca llegarás a un estado de absoluta perfección y que siempre tendrás espacio para mejorar, y sencillez para comprender que tu éxito no te hace acreedor al derecho de abusar y ser arrogante con los demás.
Lastima que fue justo esto lo que los integrantes de cierto hotel ubicado en la zona hotelera de Polanco, en la Ciudad de México, aparentemente olvidaron ya.
El que fuera en determinado momento el más moderno, innovador y chic hotel de la Ciudad (del cual no diré su nombre compuesto por una sola letra del Abecedario), lejos de continuar creando experiencias “WOW” como lo hacen en sus propiedades alrededor del mundo, pareciera que ha preferido un camino de auto adulación por encima de uno de servicio y atención.

¿Y por qué digo esto? Esta es la historia: este hotel suele ser, por su modernidad, imagen y supuesta hospitalidad, cede de diferentes eventos empresariales como cursos, conferencias, cenas de gala, presentaciones, etc. Su imagen con frecuencia resulta atractiva para muchos, y para mi equipo de trabajo no fue la excepción, por lo que decidimos realizar una serie de sesiones de entrenamiento para nuestros socios estratégicos en este lugar.
Cotizamos cerca de 20 eventos de dos mañanas cada uno, durante todo el 2008, para nada un negocio pequeño para ellos.
Al costo que inicialmente nos dieron sumaron otros conceptos que, añadidos a otros gastos incidentales durante el primer curso que dimos a inicios de Febrero pasado, resultó más alto de lo teníamos contemplado. Sin embargo, y con la intención de continuar trabajando con este establecimiento, buscamos una reunión con su director de ventas y mercadotecnia, misma que prometía haber sido todo un éxito pues parecían haber quedado claras todas las expectativas de ambas partes: Ellos incluirían servicios adicionales que buscaban colocar para tener mejor rentabilidad y nosotros tendríamos el costo por sesión que mejor se ajustaba a nuestro presupuesto y todo esto quedaría bajo un acuerdo por escrito que cubriría los próximos 10 cursos, salvo para los dos siguientes que ya estaban inmediatamente programados para el 25 y 26 de febrero y el 4 y 5 de marzo.
“Que productiva y buena reunión tuvimos” comentaba yo con el equipo de trabajo que nos apoya en la producción y coordinación de los eventos.
¿Pero cuál sería mi sorpresa al día siguiente cuando nos enviaron su nueva cotización incluyendo servicios y costos muy por encima de lo acordado tan solo el día anterior?
Hablamos con ellos para pedir una corrección que efectivamente hicieron, en los servicios adicionales más no en el costo final.
Llegó el segundo curso que, por tiempo, tuvimos que realizar ahí pero ahora el presupuesto no fue el problema pues estábamos prevenidos del golpe anterior. La mala sorpresa vino cuando el curso tuvo que empezar 40 minutos tarde pues los señores del Valet parking del hotel no tenían la capacidad necesaria para recibir a todos los grupos de personas que ese día asistían no solo a nuestra sesión sino a la de varias compañías que tenían sus propios eventos ahí. La segunda mala señal fue cuando en un hotel de gran lujo, los elevadores estaban desprogramados por lo que ridícula y cómicamente para llegar al segundo piso, uno tenía que subir por las escaleras al primero para tomar el elevador, bajar al lobby y permanecer en el elevador, subir hasta el 3ero y después poder bajar nuevamente por las escaleras al segundo nivel. Todo un rally resultó. ¿Y por qué no usar las escaleras desde el principio preguntarán? Pues porque simplemente el acceso a las escaleras del primero al segundo piso no está indicado en ningún lugar.
¿El tercer trago amargo? A todo su equipo audiovisual le hacía falta estar conectado a tierra, por lo que cada vez que lo tocabas ¡gran descarga eléctrica te llevabas!
Y por si fuera poco a la hora de pagar su staff toma la decisión de, contrario a lo que se había acordado, hacer un cargo por la cuenta total a la tarjeta de crédito personal de un miembro de nuestro equipo, a quien cuando les dejó saber su equivocación solo le dijeron “ah bueno pues para el siguiente evento lo tomaremos en cuenta”.
Y pesar de todo decidimos continuar.

¿La gota que derramó el vaso? Pues resulta ser que, como en todo evento en el que dependes de varios factores para su realización, tuvimos que, con más de 5 días de anticipación, pedir posponer la fecha del 4 y 5 de marzo (que por cierto ya estaba garantizada con una cuota de reservación), no para cancelarla sino para reprogramarla para la tercera semana del mismo mes. ¿Y cual fue la arrogante respuesta a nuestra solicitud? “Claro que sí, pero estas fechas las damos por canceladas y se las cobraremos al 100% por cancelar”

¡¿Lo pueden creer?! ¿Pueden ver como la arrogancia de estos señores está matando su negocio? Si este maltrato lo hacen a nivel empresa a empresa, no me quiero ni imaginar el mal servicio que le darán a un particular.
Sobra decir que después de esto me llevo mi negocio a otra parte, a otro establecimiento que sí aprecie el valor de trabajar con humildad y sencillez y con las ganas de crear relaciones comerciales que habrán de perdurar.

Ahora el otro lado de la moneda y un ejemplo perfecto de una empresa que a pesar de su éxito aún mantiene los pies en su lugar. Se trata de una cafetería ubicada en la calle de Francisco Sosa en la colonia Santa Catarina Coyoacán; La Pause, un lugar de ambiente calido, café aromático, con cuerpo y gran sabor, comida de excelente preparación y servicio personal, amable y cordial. Un sitio que sí que me ha generado una experiencia “WOW” pues hace algunos días mientras tomaba un café con mi esposa, haciendo tiempo para visitar a nuestra doctora, los miembros del staff de este lugar, liderados por el mesero que nos atendía y apoyado por la dueña del lugar nos regalaron un pastel adicional cuando se enteraron que estábamos ahí esperando las indicaciones de nuestro médico para irnos al hospital para recibir a nuestra bebé que estaba a punto de nacer (pero esta aventura es para contar otra ocasión).
No tenían que haber hecho nada, ya estaban dándonos un excelente servicio, tenían suficiente trabajo con el resto de los comensales y sin embargo decidieron tener un simple, pero grande, gesto con nosotros. ¿Por qué? Porque entienden algo que muchos no.Talvez al staff del mencionado hotel que parece una M al revés le vendría bien visitar este pequeño, sencillo y exitoso lugar y para tomar una breve lección de éxito con humildad. ¿No creen?

Nota: esta entrada representa mi opinión personal como blogger y profesional en marketing y comunicación y de ninguna manera representa la opinión de mi empleador.

El capitán del barco de tu vida

¿Hasta cuando debe esperar uno para saber que la ruta que ha elegido ha sido la correcta?

Cuando las cosas definitivamente no funcionan en nuestro favor, es muy sencillo saber que el nuevo camino que hemos tomado es el correcto pues de manera inmediata supone un cambio favorable para nosotros.

¿Pero qué sucede cuando aparentemente todo está bien y decides tomar un nuevo camino que promete ayudarte a estar mejor? ¿Cuánto tiempo es correcto esperar para determinar si has elegido lo correcto? ¿Cuántos espejismos de miedos reflejados hay que hacer a un lado para no perder de vista el camino que hemos escogido? Y si el faro que hemos tomado como norte se pierde de vista por la niebla del temor a lo desconocido ¿qué debemos hacer? ¿Debemos continuar a ciegas en línea recta esperando encontrar la orilla otra vez o debemos girar y emprender el camino de regreso?
¿Es incorrecto dar marcha atrás?

Dicen que para crecer y encontrar nuestra realización personal uno tiene que comenzar a andar hacia su sueño, aun cuando este esté del otro lado mar.

Podríamos decir que nuestra vida es un barco, pero un barco nunca cumple su razón de ser si permanece siempre anclado en su muelle. Por eso tenemos que dejar que nuestra nave zarpe en busca de su destino.


A veces la incertidumbre provoca en cualquier marinero las ganas de volver a su hogar, los retos y el mar abierto sin tierra a la vista pueden hacer brotar miedos capaces de hacernos girar el timón y regresar a la vida que conocemos, a lo fácil de lo usual.
Es justo en ese momento que nuestro coraje debe aflorar, recordándonos porque hemos emprendido este viaje y darle otra oportunidad.

Tu embarcadero de origen siempre estará ahí, antes de ser navegante de tu vida, realizabas alguna ocupación, que en cualquier momento si lo necesitas podrías volver a ejercer, así de hambre nunca morirás, pero ahí nunca encontrarás a tu leyenda personal.

Tu muelle de lo conocido permanecerá ahí esperando que algún día regreses a el, puedes hacerlo con el rostro triste y confundido de quien perdiera el rumbo y emprendiera el regreso a medio camino, o puedes hacerlo como un viejo y victorioso capitán que navego los mares que le correspondían para llegar a su otra orilla del mar y quien comprendió que su tesoro no estaba en un ninguna de las islas que a su paso recorrió, sino en todas ellas a la vez porque, después de todo, su leyenda personal no se encontraba en un destino final, sino en cada una de las lecciones que aprendió en cada una de las aventuras que emprendió.

Factor #3. Lo que dejamos entrar en nuestra mente: lo que vemos, leemos y escuchamos.

En su libro El monje que vendió su Ferrari, Robin S. Sharma hace una analogía de la mente del ser humano como si esta fuese un jardín que hay que cuidar, regar, sembrar y limpiar para mantenerlo siempre productivo y en excelente estado; y explica como cada quien tiene que hacer como un saldo que monta guardia a la puerta de este jardín para que nadie lo invada y tire su basura dentro de el.
No me imagino una mejor comparación que esta para hablar del tercer factor determinante para como vivimos nuestras vidas: Lo que dejamos entrar a nuestra mente, lo que leemos, lo que vemos y lo que escuchamos.

Definitivamente lo que permitimos que penetre en nuestra mente, si tenemos cuidado, puede bien aportarle conocimiento, energía, alegría y pensamientos en general positivos; o puede llenarla de miedos, imágenes descontroladoras, ideas confusas y estrés.

¿Qué tan familiar les es está situación? Es el final del día, son las 9:00 de la noche y todos los miembros de la familia se fueron ya a descansar, se meten a la cama o se sientan en su sillón favorito, encienden el televisor y sintonizan el primer programa que ven, una cruda serie llena de violencia y crimen, donde matan prácticamente hasta al director. Incluso hay un spot promocional de uno de estos pseudos programas que comienza diciendo “Ahora con más violencia, más secuestros…” ¿Pueden creerlo? Pero esto no esto todo, pues la noche aún es joven así que a las 10:30 llega la hora de ver el noticiero y por espacio de una hora ven todas las tragedias, engaños, fraudes, crisis, crímenes, etc. que sucedieron durante todo el día. Pero eso sí, como no hay que desvelarse mucho, inmediatamente después de que este termina, apagan la televisión y se acuestan a dormir.
¿Suena de verdad sorpresivo que después de esta carga de imágenes e información BASURA tengan insomnio y pesadillas o simplemente no descansen nada?

Eh aquí un par de recomendaciones para mejorar la calidad de lo que dejan entrar en su mente:
1- ¡Dejen de ver las noticias todas las noches!

“¿pero qué esta diciendo este loco, si tenemos que estar bien informados?” estarán pensando, pero se los digo con toda seriedad: Este lunes fíjense cuales son las principales notas que dan en las noticias y no vuelvan a ver absolutamente nada hasta el próximo lunes. Verán que las notas siguen siendo las mismas. Además, si les preocupa no enterarse de algún suceso realmente importante, que en verdad pueda cambiar la vida de todos, les aseguro que de todas maneras se van a enterar. Y si de plano la tentación es tanta que no pueden dejar de “informarse” de los que sucede, usen la tecnología a su favor. Si están leyendo este artículo es porque muy probablemente tiene una computadora para su uso continuo, así que descarguen un lector de RSS y seleccionen solo el tipo de noticias que les interesan y las fuentes de información en las que confían para recibir solo aquellas notas que en verdad son de su interés sin que las demás notas mórbidas contaminen su día.

2- Cambien sus gustos como espectadores, no pretendo proponerles que dejen de ver Warner Channel y Sony Entertainment y los cambien por Nacional Geographic, solo que sean más selectivos con a lo que exponen su mente. A menos de que sean unos asesinos seriales en potencia no creo que le tengan mucho apego a las series que solo muestran como unos matan a otros sin compasión y de manera tan gráfica. Pregúntense a si mismos “¿Esto es lo que quisiera que mis hijos vean y acepten como parte de la vida?” Los niños hacen lo que ven, aprenden practicando lo que ven, así que si ellos ven que para ustedes sintonizar este tipo de series es “lo normal”, ellos querrán verlas con ustedes y lo que ahí observen quedará impreso en su memoria también. ¿Así que por qué no ver algo más amable y divertido?

The Bucket List – Trailer

Ahora hablemos de lo que leemos… … … … … … … … … … …

Qué poco se lee hoy en día. Parece increíble que en la época en la que vivimos, con tanta información a nuestro alcance, con tantos medios electrónicos que hoy hacen totalmente accesible contar con un buen libro, la gente siga sin leer.
Estamos tan viciados por la televisión que resulta difícil encontrar a una persona joven leyendo un libro en lugar de estar viendo esta caja idiota.
Yo mismo he de confesar que no fue sino hasta los 23 años que le tomé un verdadero amor a la lectura. Antes de esto me rehusaba a leer y por rebelión leía solo aquello que era obligatorio para aprobar algún examen en la escuela o la Universidad. Hasta que un buen día tuve la oportunidad de tomar un libro de ciencia ficción de un famoso autor que para mi era un total desconocido: Dean Koontz, el libro: Fear Nothing y debo decir que no he parado de leer un sin fin de libros NI UN SOLO DÍA desde aquel momento.

Talvez muchos estén en la misma situación que yo hace 10 años, talvez otros gusten de leer pero crean que no hay tiempo suficiente para hacerlo, y si es así les comparto un par de consejos, que al respecto, alguna vez recibí:
1- “Siempre, no importa a donde vayas, lleva un libro contigo. Hay cientos de momentos muertos en los que podemos aprovechar para leer, cuando estamos en la fila del un banco, cuando salimos solos a comer, cuando esperamos en la recepción de las oficinas del cliente a quien vamos a ver, etc.”
2- “La persona que serás dentro de cinco años, será resultado de dos principales influencias: la gente con quien te relacionas hoy y los libros que lees.”

¿No saben que leer?, afortunadamente nuevamente la tecnología actúa a nuestro favor y pone a nuestra disposición miles de fuentes donde podemos encontrar que leer:

www.Shelfari.com una red social alrededor de la lectura, donde pueden encontrar un sin fin de recomendaciones de lo que la gente en el mundo está leyendo.

¡Blogs, blogs y más blogs! Creo que ya lo había hecho pero eh aqui la lista de mis favoritos:

Visítenlos, léanlos, disfrútenlos y compártanlos y díganme si con esto no tiene excelentes armas para hacer guardia al frente del jardín de su mente.

Factor #2: Lo que hablamos.

Cuando saludas por las mañanas al llegar a un lugar y te preguntan como estás o como van las cosas en tu vida ¿qué contestas? “Mas o menos”, “mal”, “La cosa está cada vez más difícil”, “Pues ahí llevándola”, “estoy que ya es ganancia”, etc. ¿O tus respuestas son más animada y positivas, como “estoy muy bien”, “Contento de estar vivo”, “disfrutando el día porque…”?
Cuando estás platicando con algún amigo sobre otro más que no está ahí con ustedes ¿cómo hablas de el? Lo criticas y desmenuzas hasta su más mínimo defecto o hablas bien de el y dejas saber lo mucho que lo aprecias.Lo mismo con tu trabajo, cuando hablas sobre tus labores, la compañía para la que trabajas o sobre tus compañeros de trabajo, ¿hablas siempre quejándote o platicas sobre las cosas que más te gustan sobre tu empleo?
¿Qué tipo de palabras usas para hablar?

Las palabras que decimos tienen, al igual que nuestros pensamientos, un gran poder e influencia sobre como vivimos nuestra vida. Cuando hablamos negativamente solo nos rodeamos de un ambiente negativo. Por el contrario, cada vez que hablamos de manera positiva sobre nuestra vida, creamos un contexto positivo que nos anima a continuar así.
Sin embargo, este es sin duda uno de los factores determinantes de cómo vivimos nuestra vida más difíciles de controlar.
Yo en lo personal sigo en una lucha diaria por procurar que las palabras que salgan de mi sean positivas y propositivas; cosa que en un inicio no resulta tan sencillo pues estamos tan acostumbrados a responder por responder nada más, que la mayoría de las ocasiones ni siquiera pensamos que es lo que estamos diciendo. Afortunadamente, como todo hábito, después de practicarlo disciplinadamente durante por lo menos un mes, uno comienza a hacer de esta nueva práctica, lo normal.

Como dicen por ahí: “Si al hablar no has de agradar, es mejor callar”.

Pero ¿cómo hacer para romper con el mal hábito de hablar negativamente? Es una pregunta que no me es tan sencilla responder pues, como ya lo he mencionado, yo día a día continuo esforzándome por lograrlo, y aunque más frecuente que no, cada día siento que elijo mejor mis palabras, aún hay momentos en que la mala costumbre de criticar, juzgar y calificar sobresale en mí.

Dicho esto, un ejercicio que en alguna ocasión leí y que estoy intentado practicar es:
Cada vez que se vaya a hacer alguna declaración sobre algo o alguien, antes de dejar que las palabras salgan de nuestra boca, hay que procurar hacerse 3 preguntas:
1- ¿Esto que voy a decir es realmente necesario y contribuirá a la conversación?
2- ¿Si digo esto estaré afectando, criticando o lastimando a alguien, esté presente o no?
3- ¿Es este un momento oportuno para decir lo que quiero decir?

Vale la pena intentarlo ¿o no?

5 factores determinantes de cómo vives tu vida. Factor #1.

Cada vez que medito más al respecto, más convencido estoy. Existen, de entre muchos, 5 factores que son definitivamente decisivos en determinar como es que cada quien vive su vida.
Y no, no se trata del país donde vives, la edad que tienes, la época en que estás o tu nivel socio económico. Estos, aunque establecen un claro contexto y punto de partida, no son los más importantes para definir como vives tu vida.
No, definitivamente no es cuestión de cuantos bienes materiales tienes lo que define cuan feliz eres y tampoco cuanto has de sufrir para determinar que tan grande es tu vida espiritual. Tampoco es la cantidad de veces que vas a un templo lo que establece a cuantas bendiciones eres merecedor, ni cual es tu nivel de educación lo que define cuan realizado estás con tu carrera profesional.

Creo, o sé mejor dicho, que lo que realmente define como cada uno de nosotros vive su vida son 5 factores, entrelazados entre si.

1- Lo que pensamos: lo que viven en nuestra mente.
2- Lo que hablamos: lo que dejamos salir de nuestra mente.
3- Lo que vemos, leemos y escuchamos: lo que dejamos entrar a nuestra mente.
4- Nuestras acciones: como actuamos
5- De quienes nos rodeamos

Factor #1: Lo que pensamos: lo que vive en nuestra mente.

Bien lo dicen por ahí: “todo lo que creamos, lo hacemos dos veces, cuando lo pensamos y cuando lo llevamos a cabo”. Por las mañanas al levantarse ¿Qué es en lo primero que piensan? ¿Que otra vez es un fastidio tener que levantarse tan temprano para ir a pasarla mal al trabajo, aguantando estar rodeados de personas que solo les molestan, o dan gracias por la oportunidad de tener un día más de vida para trabajar duro por sus sueños, para compartir con los demás y rodearse de gente de la que disfruten su compañía?
Cuando enfrentan un problema o dificultad en casa, en el trabajo o con algún amigo o familiar ¿se cuestionan por qué a ustedes, qué hicieron para merecer esta tragedia de la que nunca podrán recuperarse para volver a hacer su vida, o piensan que este es un reto, una lección de vida más que nos toca aprender y que, como todo en la vida, pasará y, junto con el dolor que nos haya causado, quedará atrás mientras que nosotros seguiremos creciendo y llevándonos de esa experiencia el aprendizaje que debíamos obtener para contar con nuevas armas para el camino que sigue en nuestra vida?

Definitivamente, la calidad de nuestros pensamientos se proyecta automáticamente en la calidad de nuestra vida. A veces y sobre todo al principio resulta muy difícil cuidar el tipo de pensamientos que tenemos, sobre todo cuando venimos de años y años de quejas y negatividad, sin embargo un ejercicio que siempre funciona es DAR GRACIAS cada mañana al despertar, gracias porque nos han regalado un nuevo día, gracias porque tenemos salud y energía para vivirlo, gracias porque compartiremos un día más con la gente que queremos, gracias porque iremos a trabajar y contribuir en algo, gracias porque simplemente tenemos una vida que disfrutar.

Otro gran ejercicio que ayuda muchísimo a alinear nuestros pensamientos es la visualización creativa. Esta es una práctica que incluso hasta los mejores deportistas del mundo llevan a cabo y es muy sencilla de hacer.
Tan solo consiste en trazar un dibujo mental de cómo queremos que sea nuestra vida. Lo podemos hacer tan grande como para incluir toda nuestra vida, ajustarlo a como queremos que transcurra un día en particular, o podemos ser tan específicos como un Tiger Woods quien segundos antes de hacer cada uno de sus más grandes tiros, visualiza paso a paso cada movimiento y cada sensación que forman parte de su tiro, desde que toma su bastón hasta que la pelota cae en el green.

A algunas personas esto les suena fuera de la realidad o muy laborioso, pero no es ninguna de las dos. Está totalmente dentro de la realidad pues tal como un arquitecto tiene que hacer unos planos detallados de cada edificio que crea antes de comenzar su construcción, cada persona, como el “arquitecto” del edificio de su vida, tiene que trazar a detalle los planos de lo que quiere para esta.
Tampoco es mucho trabajo hacer estos planos pues basta con definir que es lo queremos obtener de la vida (y esto sí que es un reto) y plasmarlo sobre un papel. Puede ser un dibujo, una lista o un relato al que puedes recurrir cada mañana para recordar paso a paso como es que quieres vivir tu vida.

¿Por qué cada mañana? Desde que leí por primera vez sobre esta practica me lo pregunté, y hoy después de un buen par de años de hacerla y de ver sus resultados positivos entiendo que, para mi, dar gracias todos los días por todo lo que tengo y repasar cada mañana mi plano de vida me ayuda no solo fijar esa imagen en mi mente, sino que me recuerda como es que me debo conducir durante el día para reflejar esa manera de vivir.
Me recuerda también sobre los otros 4 factores determinantes para vivir mi vida, comenzando por como hablamos, lo que decimos y lo que escuchamos también, es decir lo que dejamos que salga y entre a nuestra mente pero de estos podemos platicar en la próxima entrada. En tanto ¿Cómo piensan que quieren vivir su vida?

Deja la crítica a un lado y enfócate en lo positivo.

Si trabajan en una empresa o cualquier otro tipo de organización, si son estudiantes en alguna institución o miembros de alguna agrupación, es más si son miembros de una familia o un grupo de amigos seguramente han visto suceder esta situación por lo menos en una ocasión, sino es que con mucha frecuencia:
Alguien es promovido, consigue una beca, adquiere mejores ingresos u obtiene algún logro importante y por lo general cuando menos una persona cuestiona por qué le ha ido tan bien. ¿Por qué la gente no puede quedar conforme y celebrar que a otra persona le vaya bien? ¿Cuál es la necesidad de buscarle fallas a esa persona para justificar porque no debería de haber obtenido su logro? ¿En verdad creen que al criticar a alguien y rasgar y rasgar en él o ella para encontrar sus más grandes defectos producirá un efecto positivo en el crítico? ¿Suponen que el grupo se beneficiará de alguna manera por enlistar las razones por las que la persona no debería estar en su nuevo puesto, aprovechando su beca o disfrutando de los beneficios derivados del logro que obtuvo?

Esta forma de pensar está muy equivocada, habla de envidia y la envidia es un sentimiento y pensamiento que muestra carencia y escasez, y definitivamente, a final de cuentas, va en reprimenda de nosotros mismos.

Piénsenlo bien, seguramente en algún momento todos, y me cuento a mi mismo, todos hemos cometido este error pero ¿qué hemos logrado, sino amargarnos nosotros mismos y a veces hasta dañar a alguien que solo merecía la oportunidad?
Y es que todos, absolutamente todos merecemos todas y cada una de las oportunidades que nos da la vida. Ya será de cada quien aprovecharla o dejarla pasara, pero de ninguna manera está en los demás el derecho a juzgar si la persona lo merecía o no.

Así que mi planteamiento es el siguiente: ¿Por qué no la próxima vez que veamos que a alguien cercano a nosotros le va muy bien, puede ser un compañero en la oficina que es promovido, un amigo que recién se cambió de casa, un hermano que obtuvo una beca, una amiga que se ha casado; en lugar de buscar el lado flaco para hacer cualquier tipo de crítica, nos enfocamos a buscar las características positivas que llevó a esa persona a donde está y lo celebramos? ¿Por qué no celebramos a los que nos rodean?

“Se requiere a uno igual para reconocer a alguien” dice el dicho, y es muy cierto.
Cuando logramos ver lo positivo en las demás personas es porque estamos viendo un reflejo de lo que hay dentro de nosotros mismos. Si vemos que alguien esta siempre sonriendo y feliz es porque reconocemos que en nosotros también existe esa capacidad de ser tan feliz. Cuando encontramos a alguien que tiene el valor y el coraje para perseguir sus sueños y trabajar fuertemente en pro de estos, es porque sabemos que en nosotros también esta esa fuente de pasión y fuerza para seguir adelante con los nuestros.
Así que cuando celebras lo bueno de los demás, no solos los felicitas e impulsas a continuar así, sino que ¡tu mismo sacas lo bueno que hay en ti!

No entierres las buenas características que hay en cada uno de nosotros bajo una gruesa capa de envidia y escasez, por el contrario, la próxima vez que quieras criticar o juzgar a alguien porque ha tenido una gran oportunidad detente a pensar en 5 rasgos positivos de dicha persona, que lo habrán ayudado a llegar a donde está; y estoy seguro de que si miras con cariño y atención, verás justo cada una de esas cosas reflejadas en ti, abriéndote así a las oportunidades que la vida tiene preparadas para ti.

Para vender más no hay que vender.

Desde hace años, cada mes de Enero escucho exactamente la misma cosa, y lo peor es que la sigo escuchando durante los otros 11 meses del año también.
No importa la compañía ni el título o nivel organizacional de la persona, siempre dicen lo mismo: “Tenemos que vender más”, “los objetivos de venta han crecido XX% versus el año anterior”, “Tenemos que vencer a la competencia”, “Traigan nuevas cuentas y busquen formas adicionales para obtener más dinero de sus clientes actuales”.

La atención se centra en como es que vamos a traer más dinero a la empresa y como vamos a sacarle más dinero a nuestros clientes. Incluso se crean estrategias completas alrededor de cómo es que vamos a lograr que los clientes nos den más dinero y se dictan seminarios enteros para enseñarle a la gente a ser persuasivos, grandes presentadores y excelentes convertidores de objeciones de ventas.

Y aún así año con año el problema sigue siendo el mismo: No se llegan a las metas y las cuotas no son cubiertas y para justificarlo se lanzan un sin fin de razones, validas algunas y sin sentido otras más: “El cliente no me ha respondido”, “Recortaron su presupuesto”, “legal no ha liberado los contratos”, etc. Y en respuesta a esto reciben instrucciones como: “Deja el teléfono y visita el cliente”, “Lleva a tal persona contigo”, “Hazles ver su error” “Empuja más fuerte la venta”, todas recomendaciones correctas pues definitivamente no es suficiente una llamada telefónica; para comunicar todo lo que se quiere decir uno tiene que hacerlo cara a cara; también contar con el soporte de alguna persona con mayor nivel organizacional o experiencia específica en algún tema determinado pueden funcionar como buen aval de lo que uno está vendiendo.
Pero aún así el problema persiste.

Talvez sea porque mi experiencia como publicista así me lo ha enseñado, pero creo que el gran problema es que se genera tal obsesión por vender y vender más, que las personas pierden totalmente de vista incluso que es aquello que están vendiendo.
Lo que quiero decir es: cuando uno trabaja en una agencia de publicidad (y esoty seguro que así aplica para la mayoría de las empresas que venden algún servicio), a un nivel gerencial medio o menor en el equipo de Servicio a clientes o cuentas (como se le conoce comúnmente), la principal labor de uno gira en precisamente DARLE SERVICIO al cliente, los objetivos son muy claros, la razón de ser para un ejecutivo de cuenta es AYUDAR al cliente, PROVEERLE de SOLUCIONES a los retos que enfrenta, HACER EQUIPO para lograr SATISFACER las necesidades que tiene. Todo esto sin estar pensando en cuanto más habremos de cobrar por todo lo que estamos haciendo, de esto se ocupan los nivele directivos de la Agencia. (o por lo menos así fue mi entrenamiento hace varios años cuando comenzaba a trabajar en este medio).

El problema es que conforme uno va creciendo y subiendo en la “escalera corporativa” muchos van olvidando ese principio de servicio y comienzan, sin advertirlo, la adopción de la visión de “vende y vende más”. En tu agenda ya no hay tiempo para pensar en como ayudar, “que eso lo haga mi equipo” piensa uno, mientras continuas planeando nuevos esquemas para cobrar más.

Debo de confesar que en algún momento yo también fui cómplice y víctima de este mal, sin embargo y para mi fortuna, pude detenerme a pensar, analizar y recordar que en 12 años de carrera, cuando mejores resultados de ventas he tenido, ha sido cuando me he dejado de preocupar por la facturación y las ventas, y me he ocupado de buscar nuevas formas de colaborar con mis clientes y ayudarlos a tener mejores resultados para su negocio y no para el mío nada más.
Cuando más abiertos han estado mis clientes a escuchar mis sugerencias y seguir mis recomendaciones han sido las ocasiones en las que no les he hablado de dinero ni de cuanto más me tienen que pagar. Es más ¿quieren el gatillo perfecto para que un cliente les cierre la puerta o los deje de escuchar? Solo díganle antes que nada que tendrá que gastar más, háganle ver que solo están ahí porque quieren su dinero y nada más. Talvez, si son muy persuasivos, logren venderle una o tres veces, pero tarde o temprano él se dará cuenta de que solo su dinero es importante para ustedes y entonces hablar con ustedes perderá todo sentido y razón.
Por el contrario cuando nos mostramos legítimamente preocupados por el negocio de nuestros clientes y auténticamente enfocados a brindarles las mejores soluciones que podamos proveerles sin discriminación por el monto de su inversión, ganamos no solo una gran credibilidad con ellos, sino también la certeza de que en lo sucesivo ese cliente estará dispuesto a escucharnos y seguir nuestras recomendaciones, aún cuando estas pudiesen representar una gran inversión para el. Y lo hará, invertirá cuanto le recomendemos porque sabrá que no lo hemos hecho así solo para obtener más dinero de el, sino porque estamos seguros que es lo mejor para su proyecto.

Pienso en todo esto y no puedo evitar recordar el consejo que Robin Sharma ha dado a tantas y tantas empresas al respecto: “La gente hace negocios con la gente que le gusta”.
No hay mayor ciencia ni recetas complicadas para lograrlo. Solo hay que quitarse de la cabeza ese eco que resuena diciendo “vende y vende más” para suplirlo con la firma idea de “primero comprende bien las necesidades de tus clientes y luego asegúrate de ayudarles a satisfacer las mismas”.

Como diría Tim Sanders en su libro The likeability factor: “Nada como conectar con el punto clave de cada persona para convertirse en alguien relevante para él o ella”.

1 metro

¿Qué es un metro para ti? ¿100 centímetros, un paso, una cita puntual a ciertas horas del día, una medida, un espacio, 39.37 pulgadas, un nada?
¿Cuántos minutos al día le dedicas a pensar en un metro? Sin duda deben ser muchísimos, tantos que en tu mente no debe caber mucho más contenido que metros y metros de pensamiento. ¿Cuántos metros posees como tesoro, cuántos has conquistado y cuantos te han arrebatado?

Seguramente un metro debe de ser algo muy preciado. Algo hasta místico quizás, capaz de convertir a cualquiera en el rey o la reina del universo (porque, por lo que he visto, un metro no distingue géneros). O si no seguramente provocará una sensación orgásmica y placentera o talvez incluso provea a su poseedor del secreto mágico para obtener felicidad y vida eterna.

¿Que no? ¿Entonces por qué todos los días cientos de miles de personas tan solo llegadas las 6 de la tarde se lanzan ferozmente a la calle transformando sus coches en verdaderos tanques de guerra con los que competirán a sangre por el metro de enfrente?
¿Qué es lo que pasa con la gente cuando conduce en el tráfico y comienza a aventar su auto contra otros para no dejarlos pasar ni un metro, aún cuando ellos mismos saben que tampoco ellos van a poder avanzar?

Es como si perdieran por completo el uso de la razón y cedieran su habilidad de manejar al señor Hyde que al parecer todos llevan dentro, arriesgando no solo la integridad de sus autos, sino sus vidas y las de los demás.

Tan solo el otros día venía yo manejando a las 7:30 pm, entrando al entronque de Viaducto y Periférico, justo en el punto en que tres carriles (uno inexistente pero inventado forzadamente a la mala por los GRANDISIMOS GANDALLAS que pasan por ahí), se convierten en los dos que sí están muy bien marcados; cuando me toco ver como uno de estos GRANDISIMOS GANDALLAS en un destartalado y en muy mal estado Nissan Tsuru trataba de ganarle el metro sagrado a una camioneta X-terra que bien venía alineada en el carril correcto. Entonces, la bestia (por falta de un mejor adjetivo) que “manejaba” el Tsuru en su ridícula insistencia de avanzar y colarse en un espacio que simplemente no existía, golpeó el lado derecho la camioneta aquella, dejando colgado su propio espejo lateral izquierdo.
“Entonces desistió” pensaría cualquiera. ¡Pero no! El loco visiblemente enfurecido trato de cerrarle el paso al vehículo utilitario, terminando de arrancar por completo lo que le quedaba de espejo.
“Ahora sí, ahí le paro” estarán pensando. Pues no. En ese momento el engorilado conductor sacó medio cuerpo por la ventana de su pequeño y “Des-pejado” automóvil para comenzar a golpear, al mejor estilo de “manitas calientes” la puerta y el cristal de la X-terra, mientras que el chofer de esta continuaba avanzando lentamente por su carril, al son de la cantaleta de insultos que el soberano idiota del Tsuru dejó de gritar una vez que satisfecho con su salvajez se colgó del espejo de la camioneta hasta arrancarlo también.

¿Y qué hacía toda la gente que pasaba por ahí? Lamentablemente nada. Bueno sí algo, ver el show de medio tiempo del viaducto, cortesía de un implacable campeón de la lucha por un metro más.

Me pregunto que hubiese pasado si el conductor de la X-Terra hubiera traído consigo una pistola o un arma con que defenderse o peor aún, que habría pasado si el de la pistola hubiese sido el gorila del Tsuru.
¿De verdad las personas que vivimos en esta ciudad estamos tan enfermos por ganar un metro más? ¿Estamos realmente concientes de lo que ponemos en juego en nuestro ridículo afán de pasar primero que los demás?

¿En verdad te interesa tanto ganar un metro más? Demuéstralo. No con actos de vandalismo e incivilidad, sino con acciones a favor de los demás.
¿Por qué no en lugar de empujar tu auto contra el de los demás, usas esa energía para saltar un metro más y abrirle la puerta a las personas que vienen saliendo del restaurante al que tu vas a entrar, o por qué no detenerte un metro atrás del cruce peatonal en lugar de sobre de el, como todos los hacen habitualmente y así dejar cruzar la calle a los transeúntes con mayor libertad, o por qué no parar y ceder el paso a al conductor de al lado que solo quiere cruzar?

¿No sería más fácil si así todos nos dejáramos pasar?

Aprende a desaprender.

“… al ver la jarra de té que había dejado en la mesa, la tomó y comenzó a servir té en mi taza. Vertió hasta que esta se encontraba llena ¡pero entonces, siguió vertiendo! El té comenzó a chorrear por los lados de la taza, primero en la mesa y después sobre la preciada alfombra persa de mi esposa. Al principio observé silencioso, pero no pude soportarlo más. “¿Qué haces Julian? Mi taza se está derramando. ¡No importa cuanto lo intentes no le cabe nada más adentro!” Grité impacientemente.
El me miró por un largo momento y dijo: “Por favor no me lo tomes a mal John. Realmente te respeto, siempre lo he hecho. Pero tal cual esta taza, tú pareces estar lleno de tus propias ideas. ¿Y cómo entonces pueden entrar nuevas…sino hasta que primero vacíes tu taza?”

El Monje que vendió su Ferrari, Robin Sharma

En los últimos dos días estuve sacando del armario ropa y artículos personales que ya desde hace tiempo no he usado y que estaban ocupando demasiado espacio, lo que resultaba en que cada vez que quería guardar alguna prenda nueva, esta se maltratara al forzar su entrada en un espacio que ya había rebasado su capacidad.
Así que después de varios días de hacerme creer que ya lo haría, por fin me armé de energía y puse manos a la obra. “Afuera lo viejo y adentro lo nuevo” me recordaba cada vez que sentía ganas de dejar todo igual e irme a descansar, y como la tentación de hacerlo era demasiado fuerte, me lo repetí un sin fin de veces.

Tanto me dije esta frase, que me recordó una anécdota que recientemente viví:
Hace unas semanas asistí a un entrenamiento para prepararme para mi nuevo trabajo, a este curso asistieron otras personas también, gente de muy diversos antecedentes, originaria de distintos países, Australia, Corea, Singapur, India y México (¡SI SEÑOR!).
Y así como variados eran nuestros antecedentes, también lo eran nuestras carreras profesionales. Todos con una gran experiencia y amplios conocimientos en nuestras áreas de especialización.
Entonces comenzó el entrenamiento, horas y horas llenas de información, datos estadísticos, teorías, casos prácticos y por supuesto instrucción en el uso correcto de los sistemas de la empresa.
Debo confesar que en mi caso, todos los días llegadas las 5:30 de la tarde sentía que en mi cabeza ya no iba a entrar nada más, la vista cansada me exigía que volteara a ver fuera de la venta hacia los jardines del campus donde me encontraba. Mi imaginación (que como verán, a ratos es muy prolífica) comenzaba a volar llevándome de los jardines, a las distintas cafeterías del lugar “¿qué me podría comer ahora mismo?”, a los centros comerciales cercanos “¿Qué podría estar comprando en este momento para mi esposa y mi bebé?”, a las oficinas donde estaba pasando toda la acción “¿Cómo podría estar colaborando allá arriba?”… a la vez que en el mejor estilo del Angelito del hombro derecho y el diablito en el izquierdo mi conciencia me decía: “pon atención que este tema es muy importante” mientras que se auto respondía “tranquilo hombre, al fin eso ya medio lo sabías y lo otro ni lo vas a usar tu”

Entonces, este cerrado debate entre la diestra y la siniestra, se vio interrumpido cuando escuché a uno de mis compañeros del curso, quien por cierto tenía ya más de 5 años haciendo un trabajo muy similar al para cual nos estaban entrenando, decirle a nuestro instructor: “lo siento, es que llevo tantos años haciendo esto de esta manera que me cuesta mucho trabajo seguir las instrucciones que nos estás dando. No puedo entender porque no puedo seguir haciéndolo a mi modo…”

Fue justo en ese momento que la frase del inicio de esta entrada vino a mi mente, recordándome que para poder seguir aprendiendo, a veces uno tiene primero que desaprender lo que ya sabe. No porque tus conocimientos actuales o anteriores estén equivocados, tal vez solo reafirmes lo que ya sabías. Sino para abrirte a todo el conocimiento que está allá afuera listo para ser digerido, comprendido y compartido por nosotros.

Después de todo es el nuevo conocimiento lo que nos ayuda a seguir creciendo. Sin el no podríamos entender el lugar en el que estamos parados hoy, ni mucho menos que existen otras opciones para continuar mejorando. Nos quedaríamos estancados, detenidos por nuestra propia ignorancia de sabios, creyendo pues que ya hemos llegado a la cumbre, cuando en realidad, talvez estemos tan solo en el primer escalón.

Así que hoy, mientras vaciaba mi closet para dejar entrar nuevas cosas en el, quise venir con ustedes a preguntar ¿cuándo fue la última vez que accedieron a vaciar su mente ya olvidar lo que sabían ya para dejar entrar en ustedes un nuevo conocimiento que enriquezca su vida?

El miedo no es más que una lección por aprender.

¿Alguna vez se han puesto a pensar por qué tienen miedo de las cosas? O me voy un paso atrás, exactamente ¿a qué le tienen miedo?

No, no pretendo jugar a Juan sin miedo. Estoy seguro de que hay muchos miedos bien fundados como el miedo que se debe sentir cuando se está frente a una guerra, a una catástrofe natural o algún tipo de ataque físico o psicológico en contra nuestra o de algún ser querido.

Pero peor que estos, también existen los miedos infundados, es decir el temor a lo desconocido. Todos, en repetidas ocasiones, los hemos tenido.
Desde que éramos pequeños y entrábamos a estudiar a un nuevo colegio, cuando por primera vez nuestros papás apagaron la luz de nuestra habitación para que nos fuéramos a dormir; más delante de adolescentes cuando no sabíamos qué queríamos estudiar o que iba a ser de nosotros al salir de la universidad.

Cada vez que nos enfrentamos a algo nuevo que no conocemos, las probabilidades de que sintamos mucho miedo son muy altas, especialmente cuando sentimos o pensamos que no estamos preparados para ese paso.

Se que no es la primera vez que escribo sobre este tema, pero en verdad creo que es uno que merece meditar al respecto una y otra vez, porque solo cuando uno logra entender sus miedos es cuando uno los puede por fin vencer.

Como decía Marie Curie: “Nada en la vida esta para ser temido. Está solo para ser comprendido.”

Después de meses de pensar al respecto sigo creyendo que el miedo es una oscura venda que se planta frente a nuestros ojos, impidiéndonos ver lo glorioso de las cosa que hay pasando ese velo, y que este muta, se altera, se transforma y crece más en la medid en que tratamos de darle la vuelta. Es como una cortina infinita a la que nunca le encontramos el final.
Y estoy convencido de que la única manera de romper con esa venda es atravesándola, tirándola de un solo jalón y empujando nuestro paso a través de esta.


No es fácil y a veces encontraremos que, como un velo, tenía doble o triple fondo, pero no podemos parar, no debemos sucumbir ante el temor. Tenemos que empujar y aprender, debemos seguir adelante porque una vez que atravesemos el velo nos daremos cuenta de todas las grandes cosas que había atrás de el. La luz de una vida increíble ya no se verá filtrada por la negra tela del velo del miedo y comprendemos que lo que tanto temíamos estaba infundado, entendemos que ese miedo era tan solo una lección por aprender.

¿Y ustedes, esta semana, qué lecciones tienen que aprender y qué miedos deben de vencer?

“Don’t Hope, Friend…Decide!

Hace un par de días leí una historia publicada por Michael Hargrove, socio fundador de Bottom line underwitters Inc, una firma de consultoría en desarrollo profesional y ventas, ubicada en Oregon, E.U.A.

Me gustó tanto la lección que ahí presenta Michael, que no pude dejar de compartir esta historia con ustedes. La dejo en inglés, idioma en el que la historia fue escrita originalmente, pues no quiero alterar ningún significado al traducirla.

Para mi este relato definitivamente fue un recordatorio de que no basta con desear algo y sentarse a esperarlo, hay que decidirse a obtenerlo, hay que elegir la forma como queremos vivir nuestra vida y comenzar desde ya a actuar de acuerdo a la elección que hayamos hecho.

Me recuerda un poco a lo que el papá de mi amigo Chema, le decía cuando estábamos estudiando la universidad: “No digas…hazlo”.

Y precisamente porque no dijeron sino que hicieron algo al respecto de sus procesos de planeación y desarrollo creativo es que quiero aprovechar el espacio para agradecerles nuevamente a mis amigos del equipo de Marketing de The Walt Disney Company México por habernos permitido compartir nuestros pensamientos, puntos de vista, experiencia y conocimiento sobre el desarrollo de campañas de comunicación y mercadotecnia. Fue un placer impartirles el curso la semana pasada y cuentan totalmente con nosotros para continuar desarrollando nuevos talleres de trabajo.

Y de regreso al tema de esta semana, los dejo con la narración de Michael Hargrove, Que la disfruten:

“While waiting to pick up a friend at the airport in Portland, Oregon, I had one of those life changing experiences that you hear other people talk about. You know, the kind that sneaks up on you unexpectedly? Well, this one occurred a mere two feet away from me!

Straining to locate my friend among the passengers deplaning through the jetway, I noticed a man coming toward me carrying two light bags. He stopped right next to me to greet his family.

First, he motioned to his youngest son (maybe six years old) as he laid down his bags. They gave each other a long, and movingly loving hug. As they separated enough to look in each other’s face, I heard the father say, “It’s so good to see you, son. I missed you so much!” His son smiled somewhat shyly, diverted his eyes, and replied softly, “Me too, Dad!”
Then the man stood up, gazed in the eyes of his oldest son (maybe 9 or 10) and while cupping his son’s face in his hands he said, “You’re already quite the young man. I love
you very much Zach!” They too hugged a most loving, tender hug. His son said
nothing. No reply was necessary.

While this was happening, a baby girl (perhaps one or one and a half) was squirming excitedly in her mother’s arms, never once taking her little eyes off the wonderful sight of her returning father. The man said, “Hi babygirl!” as he gently took the child from her
mother. He quickly kissed her face all over and then held her close to his chest while rocking her from side to side. The little girl instantly relaxed and simply laid her head on his shoulder and remained motionless in total pure contentment.

After several moments, he handed his daughter to his oldest son and declared, “I’ve saved the best for last!” and proceeded to give his wife the longest, most passionate kiss I ever remember seeing. He gazed into her eyes for several seconds and then silently mouthed, “I love you so much!” They stared into each other’s eyes, beaming big smiles at one another, while holding both hands. For an instant, they reminded me of newlyweds but I knew by the age of their kids that they couldn’t be. I puzzled about it for a moment, then realized how totally engrossed I was in the wonderful display of unconditional love not more than an arm’s length away from me. I suddenly felt uncomfortable, as if I were invading something sacred, but was amazed to hear my own voice nervously ask, “Wow! How long have you two been married?”
“Been together fourteen years total, married twelve of those,” he replied without breaking his gaze from his lovely wife’s face. “Well then, how long have you been away?” I asked. The man finally looked at me, still beaming his joyous smile and told me, “Two whole days!”

Two days?! I was stunned! I was certain by the intensity of the greeting I just witnessed that he’d been gone for at least several weeks, if not months, and I know my expression betrayed me. So I said almost offhandedly, hoping to end my intrusion with some semblance of grace (and to get back to searching for my friend), “I hope my marriage is still that passionate after twelve years!”

The man suddenly stopped smiling. He looked me straight in the eye, and with an
intensity that burned right into my soul, he told me something that left me a different person. He told me, “Don’t hope friend…decide.” Then he flashed me his wonderful smile again, shook my hand and said, “God bless!” With that, he and his family turned and energetically strode away together. I was still watching that exceptional man and his special family walk just out of sight when my friend came up to me and asked, “What’cha looking at?” Without hesitating, and with a curious sense of certainty, I replied, “My future!”

Michael D. Hargrove
© Copyright 1997 by Michael D. Hargrove. All rights reserved. Visit Michael’s website at: www.bluinc.com