De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Líderes que conocen.

Me siento un momento a recordar todas las personas con las que he tenido oportunidad de trabajar y convivir: jefes, clientes, compañeros, proveedores y colaboradores; de diversas empresas y muy diferentes categorías, desde gigantes consorcios internacionales hasta micro empresas de 1 o 2 personas nada más. Desde presidentes y directores generales hasta asistentes y personal de intendencia.
Y no puedo evitar que a mi memoria llegue uno de los principales lemas de Robin Sharma: “Lidera sin título”, y lo recuerdo con claridad porque he sido testigo de eso.
No importa la persona, su función o el lugar que ocupa en el organigrama de la empresa, o incluso si no forman parte de una, los verdaderos líderes no son los que están a cargo de dirigir una empresa, sino aquellos que día a día se encargan de hacer todo lo que hacen cada vez mejor, inspirando y ayudando a quienes están a su alrededor a hacer lo mismo.

Estos líderes tienen diferentes virtudes muy especiales las cuales unos practican más que otros: estudio, búsqueda de excelencia, proactividad y responsabilidad. Pero hay una que sin duda en todos he visto aplicar: Antes de insistir en que los conozcan, se enfocan en conocer a los demás.

A ellos no les interesa darse a conocer y generar fama. Saben muy bien que no tienen nada que probar. A ellos lo que los mueve a ser grandes líderes es conocer a la gente que les rodea.
Es fácil identificarlos, son aquellos que se dedican a escuchar y comprender lo que los demás están diciendo. Son los que antes de promover sus ideas, se toman el tiempo de entender realmente las ideas de los demás. Se dedican a identificar las pequeñas y las grandes coincidencias y a construir puentes entre la personas.

Ellos entienden que escuchar no es oír pensando en que responder. Es más no buscan responderte, buscan digerir completamente lo que estás diciendo y pensando. Y solo hasta que están seguros de que así es y de que tú estás convencido de que te comprenden cabalmente, ellos te dejarán saber su punto de vista y lo complementarán.

La retroalimentación es un regalo.

“La retroalimentación es un regalo” alguien me comentó la semana pasada.

Buena frase para ponerte a pensar un poco ¿no creen?

En el más estricto sentido de la palabra, la Teoría de la Comunicación llama retroalimentación al hecho de que cuando se transmite un mensaje, el receptor del mismo responda al emisor de modo que su respuesta constituya un nuevo mensaje, de retorno.
Por otro lado, algunas teorías sobre el aprendizaje califican a la retroalimentación como: “un elemento que se utiliza constantemente en la comunicación y que puede favorecer u obstaculizar el aprendizaje”.

¿Por qué entonces deberíamos considerarla como un gran regalo?

La retroalimentación para efectos prácticos, consiste en la información que se proporciona a otra persona sobre su desempeño con intención de ayudarle a reforzar sus fortalezas y superar sus áreas de oportunidad.

La retroalimentación la podemos recibir no solo de nuestros jefes sino de nuestros amigos, de nuestros familiares y de nuestros colaboradores. Vaya hasta un perfecto extraño algún día podría acercarse a darnos algún consejo respecto a lo que estamos haciendo.

El problema con entender que es un regalo verán, se presenta en dos formas muy distintas:

Por un lado, usualmente no vemos con buenos ojos la información que recibimos cuando se trata de corregir o mejorar algo que estamos haciendo. Los miedos que se esconden tras nuestra cara de “yo todo lo se”, no nos permiten tomar los consejos que nos regalan, y nos llevan a sentirnos atacados y criticados. Nuestra fragilidad se hace evidente pues en lugar de escuchar lo que nos están diciendo y abrirnos a lo mucho o poco que eso nos puede ayudar, cerramos nuestros oídos y nos preparamos a responder con cualquier pretexto que explique por qué hemos hecho algo como lo hemos hecho.
El otro problema es todo lo contrario, en este caso nuestra inseguridad nos lleva a escondernos en la retroalimentación negativa, limitante y en ocasiones no tan bien intencionada o enfocada, a la que también estamos expuestos, y que nos dice que no podemos hacer algo porque no estamos preparados, ese mensaje que es una descalificación pero que nos ofrece un “refugio reconfortante” cuando nosotros mismos no nos creemos capaces de hacer algo que siempre hemos soñado pero a lo que jamás nos hemos atrevido.

Por eso hoy he aquí esta gran recomendación: Aprende ya a ver la retroalimentación como un regalo:

  1. No te niegues la oportunidad de escuchar el punto de vista de aquellas personas que sí quieren lo mejor para ti.
  2. Calla y escucha. No trates de responder y justificar. Absorbe y aprende.
  3. Como con cualquier regalo, toma de la retroalimentación que te den, lo que en verdad te va a servir a ser mejor. Lo demás considéralo parte de la envoltura.

La próxima vez que alguien se siente frente a ti para compartirte su punto de vista sobre tu desempeño, pon estos tres pasos en práctica y verás por fin el gran regalo que te están haciendo.

Valora tus principios y actúa con integridad.

“Valora tus principios “dice Stephen Covey, pero no siempre tenemos muy claro que es un valor y qué es un principio, y así muchos aprovechan ese “hueco” para disculparse a si mismos ante la falta de integridad que en ocasiones pueden mostrar.

Una persona íntegra es aquella que actúa con congruencia con los valores que predica, y que esos valores están alineados con los principios, podríamos llamar universales, de la vida.

Pero ¿qué es un principio? ¿Qué es un valor? ¿Como se distinguen unos de otros?

Los principios, explica, son como la ley de la naturaleza, son premisas universales que guían la vida del hombre. Los principios como la honestidad, la justicia, el respeto y la bondad son universales. Trascienden el tiempo y el espacio.

Una persona no es semi honesta, o es o no lo es. El principio, el concepto de la honestidad es el mismo en México que en China. Uno no puede ser honesto con una persona y engañar a otra.

Los principios aplican para todos, tal como la ley de la gravedad o la ley de la atracción.

El Dr. Stephen Covey lo explica mucho mejor cuando dice: “Todas nuestras acciones tienen consecuencias. No podemos levantar un extremo de un palo sin levantar el otro. Si te tiras de un 5to piso no te puedes arrepentir cuando vayas en el segundo, la ley de la gravedad es ya quien está en control. Ese es un sello de la naturaleza.”

Así pues, los principios son un sello más de la naturaleza. Y tal como la ley de la gravedad, operan permanentemente ante todo lo que hacemos.
Los principios de hecho son los que gobiernan los resultados de nuestras acciones. Si actúas de acuerdo a los principios universales, está actuando a favor de la naturaleza y está a su vez actúa a tu favor.

Ahora, los que gobiernan a nuestras acciones son nuestros valores y los valores son subjetivos y personales, cada quien, de acuerdo a su educación, preparación, contexto y sobre todo a su decisión personal, elige los valores con que se rige.

Todos, absolutamente todos, tenemos valores.
Hasta los criminales y los terroristas los tienen, aún cuando estos vayan en contra de los principios de la vida.
Como decía Elvis Presley: ” Los valores son como las huellas digitales. Nadie tiene los mismos, pero los dejas plasmados en todo lo que haces”.

Por lo tanto debemos de poner especial atención en definir cuales son nuestros valores y preguntarnos si estos están alineados a los principios universales de la vida, pues nuestros valores guían nuestras acciones y los principios controlan el resultado de esas acciones.

Por lo tanto… Valora tus principios.

Celebrando el valor de equivocarse.

Prácticamente desde que tengo memoria recuerdo la palabra equivocarse como un sinónimo de temor, de miedo a estar en una situación difícil e incómoda en la que nadie quiere estar.

La mayoría de la gente no se atreve a tomar la iniciativa en algo justo por temor a cometer un error, por miedo a que, por no lograr lo planteado, sea sometido a un regaño o a una llamada de atención, o simplemente a quedar como un tonto y ser objeto de la burla de otros.

Y es entendible siendo que la cultura en la que vivimos es una donde se castiga el error.

Piénsenlo, desde pequeños cuando íbamos al colegio ¿que hacía todo el salón de clases cuando algún compañero levantaba la mano entusiasmado y daba la respuesta incorrecta o tartamudeaba por nervio a equivocarse?

Y ese clásico “DUH” no es exclusivo del salón de clases, lo vemos en los restaurantes cuando a un garrotero que lleva una charola llena de platos sucios resbala dejando caer cuanta loza trae consigo al suelo.

De la misma manera ¿en cuantas empresas no hay supuestos líderes que tienen literalmente sometidos a sus equipo de trabajo a una dictadura y no dan libertad alguna de acción a sus subordinados para que así ellos no se equivoquen? Y cuidado si alguno sale del carril marcado pues cualquier error, por mínimo que sea será severamente castigado incluso hasta con el despido.

Es realmente triste ver como la gente ya no se atreve a hacer nada por temor a equivocarse. Ese miedo, como todos los demás, nos detiene, nos amarra como ancla al puerto de lo conocido y no nos dejar ver jamás hasta donde podríamos llegar si tan solo nos atreviéramos a dar un paso más.

Por eso yo hoy, pienso en lo importante que es celebrar las equivocaciones, o dicho de otra manera festejar a la gente que tiene el valor de cometer errores, pues se trata de personas que tomaron la iniciativa de intentar algo y de luchar.
Pues aquellos que jamás se han equivocado o son Dios o nunca han intentado hacer algo.

Equivocarse es parte del ser humano, es una parte intrínseca de nuestro desarrollo como personas, de nuestro crecimiento, de nuestro viaje por la vida.

Nadie nace sabiendo y todos, absolutamente todos, tenemos que aprender y seguir aprendiendo durante toda nuestra vida. Y cada vez que cometemos un nuevo error, no quiere decir que somos tontos, incapaces o inútiles, por el contrario, significa que estamos un paso más cerca de llegar a nuestra meta y continuar con nuestro crecimiento.

Claro, tampoco se trata de cometer el mismo error una y otra y otra vez; precisamente para eso está el sentido común.
Pero de lo que sí se trata es de aprender y crecer, de tener valor y coraje para tomar la iniciativ, de utilizar nuestro conocimiento, nuestras experiencias pasadas y nuestro sentido común para aplicarlos e intentar vencer cada reto que se nos presenta en la vida.

Y a aquellas personas que temen hacer algo o a tomar la iniciativa por miedo a ser regañados o por pavor a equivocarse yo les pregunto: ¿Se imaginan que habría pasado si cierto marino español no se hubiera equivocado cuando se atrevió a embarcarse en busca de Las Indias?
¿Pueden imaginar que habría pasado si Steve Jobs CEO y fundador de Apple Computer, hubiese hecho caso a la gente de Hewlett-Packard cuando le dijeron que no lo necesitaban y hubiera dejado a un lado su intento de desarrollar su computadora personal por miedo a equivocarse?

El cometer errores, les decía, es parte de la vida y mientras tengamos el buen juicio de aprender de ellos y no dejar que el mismo error ocurra otra y otra vez, estaremos en el camino correcto.
De hecho como dicen por ahí “Darnos cuenta de que todos cometemos errores y que estos son esenciales para nuestro crecimiento y progreso, es verdaderamente liberador”

Una práctica de la que he leído un poco sobre como aprovechar al máximo nuestros errores, es enlistar las 10 más grandes equivocaciones que pensamos que hemos cometido en nuestra vida y a un lado anotar las lecciones que aprendimos de estas e incluso los beneficios que después de estos obtuvimos,

Al hacerlo veremos que al final la balanza siempre se inclina a favor de nuestro crecimiento pues hoy no seríamos quienes somos, si no hubiésemos cometido los errores que tuvimos en el pasado.

Nunca es demasiado tarde … para hacerle caso a Morrie

“Nunca es demasiado tarde para preguntarte a ti mismo si realmente eres la persona que quieres ser, y si no, quien quieres ser”
Morrie Schwartz.

¿Planteamiento fuerte? Seguro. ¿Importante? Definitivamente.

Puede sonar exagerado y fuera de proporción, pero no es así. Simplemente se trata de echar un rápido vistazo a nuestra vida, a quienes somos, lo que hacemos y a como nos comportamos.
¿Para qué? Para asegurarnos de que vamos en el camino correcto, para que nos demos cuenta de que a pesar de lo recorrido, aún es tiempo de rectificar y buscar hacer lo que realmente amas hacer y ser una persona felíz. Después de todo para eso estamos aquí, para ser felices.

“Tanta gente va caminando sin sentido por la vida. Parecen medio dormidos, incluso cuando están haciendo aquellas cosas que creen que son importantes. Esto sucede porque están persiguiendo las cosas equivocadas”.
Morrie Schwartz

¿Conocen a alguien así o ustedes mismos se sienten así? Entonces, talvez sea el momento de hacer esta introspección y analizar si están persiguiendo las cosas realmente importantes en su vida o si simplemente están haciendo lo que su familia, sus amigos y la sociedad en general esperan de ustedes.

Uno de los sitios que frecuentemente visito en la Blogosfera es el blog de Curt Ronsengren, un consultor de desarrollo profesional creador de un sistema al que él ha llamado “Catalizador de pasión” y autor del libro “The Occupational Adventure Guide”.
En su blog, él comparte un breve test de 15 preguntas que puede ayudar de forma muy rápida a examinar como nos sentimos con respecto a nuestra carrera.

Aunque el exámen es muy sencillo, incluye algunas preguntas fuertes que en pocas ocasiones nos hacemos. Creo que las preguntas que a mi más me impactaron fueron:

¿Mi trabajo me apasiona?
¿Siento que mi trabajo importa y contribuye a la sociedad?
¿Me siento motivado para hacer el trabajo que hago?
¿El trabajo que realizo me viene de forma natural?

Preguntas que creo que uno debe hacerse a sí mismo constantemente, pues de nada sirve trabajar y esforzarse tanto, si por lo que lo estamos haciendo nada tiene que ver con lo que nuestro corazón sabe que somos.

Como dicen por ahí “No importa que tan rápido vayas, si no sabes a donde quieres llegar”

Por cierto, si quieren hacer el test completo, lo pueden hacer en: http://www.passioncatalyst.com/quiz/careerchange.htm

Para brillar se necesita tener foco.

En las últimas semanas la cantidad de trabajo ha prácticamente rebasado la capacidad física del equipo de trabajo en el que laboro y la mía también. No por falta de conocimiento, experiencia o destreza, pues, en definitiva, tengo la fortuna de formar parte de un gran grupo (en espíritu, no en tamaño) de gente muy talentosa.

Creo que lo que ha sucedido es que hemos tratado de abarcar mucho terreno, intentando producir excelentes resultados para diferentes personas y así brillar ante todos los que, por alguna razón, requieren de nuestra involucración.

Y brillar hemos logrado. Solo que no para todos al mismo tiempo o en la misma intensidad.
Pero ¿Por qué pasa esto, qué nos ha ocurrido?

Pienso que nos hemos convertido en una especie de serie de luces de árbol de navidad.

Prácticamente nos puedo ver, tal como si fuéramos una pequeña chispa eléctrica que tiene que correr de un pequeño foco a otro a lo largo de la serie tratando de iluminar tramo a tramo un enorme árbol navideño.
Y así como una serie de luces va parpadeando de foco en foco, nosotros vamos brincando de proyecto en proyecto, yendo y viniendo, saliendo y regresando tratando de mantener el brillo en todo lo que hacemos.

Algunos han decidido, talvez apresuradamente, absorber responsabilidades adicionales a las muchas que ya tenían, lo que en lugar de permitirles crecer su círculo de influencia y contribuir de mejor manera con la organización, crece su círculo de preocupación, pues ahora en lugar de tener que iluminar a 40 bombillas de luz, tienen que hacerlo para 80, lo que resulta en definitiva, en un alumbrado mucho más tenue que antes.

Entre más lo pienso, más me convenzo de que lo que necesitamos hacer es tener FOCO.

No quiero decir con esto que debamos encerrarnos en nuestra pequeña parcela de obligaciones y demos la espalda a otras necesidades del grupo. Por el contrario, creo firmemente que si cada uno de nosotros mantenemos un claro y firme enfoque en cumplir y desarrollar nuestro círculo de influencia vamos a contribuir mucho más al brillo total de ese gran árbol de navidad que llamamos empresa.

Necesitamos ser claros con nosotros mismos e identificar cuales son nuestras grandes fortalezas, que es eso que sabemos hacer muy bien y decidirnos a entregarnos al 100% a esa labor y así aportar a nuestro equipo, en lugar de querer abarcar más “luces” en la serie para tratar de lucir más ante los demás, pues de esa forma ponemos en riesgo iluminar tan solo a medias o peor aún fundir alguna bombilla y, recuerden que es lo que usualmente pasa cuando un solo fusible deja de funcionar…la serie completa comienza a fallar, a veces hasta dejar de brillar por completo.

Así que pongo esta idea sobre la mesa: tengamos muy claro como es la mejor forma con la que podemos contribuir, identifiquemos muy bien nuestras fortalezas y nuestras oportunidades; marquemos perfectamente cual es nuestro círculo de influencia y dejemos que los demás hagan lo mismo.

Ese es el verdadero trabajo en equipo, donde cada quien aporta con su labor enfocada y clara a un objetivo en común: que ese enorme árbol brille en su totalidad.

Una razón importante para continuar trabajando.

Tuve una junta muy desalentadora la semana pasada. En ella mi jefe me explicaba las malas noticias sobre la situación de la empresa que impedirán que en los próximos meses se hagan ajustes salariales, promociones, entrenamientos y reclutamiento de talento.

Cabe destacar que no es la primera ni la tercera vez incluso, que tenemos esta discusión, ni muchas otras en las que nuestros desacuerdos y diferencias de visión se hacen tan evidentes.

Verán ustedes: Resulta ser que a pesar del éxito que como unidad hemos tenido en mi equipo de trabajo durante los últimos 16 meses, aún cuando con recursos tan limitados hemos logrado salir adelante por encima de otras unidades que cuentan con muchas más recursos, no habrá ningún reconocimiento, ni un gesto que haga a la gente sentir que su trabajo y esfuerzo ha valido la pena.
“En Octubre pasado, cuando nos avisaron que no habrían revisiones de sueldos en noviembre, dadas las nuevas políticas del grupo, dijeron que esto tendría lugar en el mes de Mayo y la gente está ansiosa esperando el momento. Así que si ya saben que esto no va a ser así mas vale que desde ya den un aviso formal” Le insistía yo con preocupación.

Su repuesta: “Avísales tu, por eso tienes la posición que tienes…”

Podrán imaginarse mi sentir, y si se han visto en una situación similar, también estarán sintiendo mi frustración crecer.

Dado que no soy ni más sabio, ni más fuerte, ni mas iluminado que nadie de ustedes; sino talvez más confundido que un Mickey Mouse aprendiz de hechicero luchando contra escobas y trapeadores bailarines que intentan atraparlo en un río de agua y jabón; mi ánimo como es de suponerse, se fue al suelo en ese momento.

Por mi mente cruzaban mil y un pensamientos, por mí ser aún más emociones:
“¿Dónde estamos parados? ¿Vale la pena esforzarse tanto por una empresa que ni siquiera es mía y que por lo visto jamás me reconocerá mi dedicación? Pensé que aquí serían diferentes. A partir de hoy mi horario y nada más…”

¿Cuántas veces no han pensado ustedes lo mismo? Se que muchas pues varios lo han compartido conmigo en más de una ocasión.
¿Y saben? De primera impresión parecer ser un sentir correcto, pero nada podría estar más equivocado.

En realidad tenemos que entender que si bien, efectivamente, trabajamos a cambio de un sueldo, un sustento con el que hacemos frente a los gastos en que incurrimos para cubrir nuestras necesidades; también lo debemos de hacer para colaborar con nuestra comunidad.

¿O qué no es por esto que nos afiliamos a una empresa en primer lugar?

Verán, mi teoría parte de algo muy básico y nada extraño: Una empresa o compañía no es más que un grupo de personas que se juntan para trabajar en pro de un objetivo común. ¿Correcto?

Y si ese objetivo común lo desnudamos a su forma más elemental, veremos que, más allá de de vender y generar dinero, pero mucho, muchísimo más allá; la razón de ser de ese grupo de personas es ayudar a cubrir una necesidad real de la sociedad en que vivimos.

Así que visto de esta manera, cuando trabajamos para una “empresa” no solo deberíamos enfocarnos en qué recompensas obtendremos a cambio de nuestra labor. Y no estoy diciendo que esto no sea de suma importancia pues queda muy claro que necesitamos proveer a nuestras familias de pan, techo y que vestir. Pero lo que también deberíamos hacer es poner cuidadosa atención en preguntar CÓMO PODEMOS SERVIR.
Cómo nuestro trabajo diario ayudará e impactará la vida de los demás.

A veces algunas compañías tiene clara esta visión y la comparten eficientemente con sus miembros, como el ejemplo que usa Robin Sharma en su libro -Las 8 claves del liderazgo…- sobre como el presidente de Southwest Airlines, una famosa aerolínea de bajo costo del sur de los Estados Unidos, demostró a su equipo de colaboradores que al establecer sus bajas tarifas aéreas permitirían “volar regularmente a gente que jamás había podido permitirse ese lujo” y comprobó a su gente que su trabajo iba realmente a ayudar a que otros cumplieran sus sueños y vivieran mejor.

Pero aunque en la mayoría de las ocasiones el beneficio de contar con una visión tan clara no está ahí, esto tampoco debería ser un problema, pues está en cada unos de nosotros la capacidad de entender como a través de nuestro trabajo podemos servir. Como bien decía Gandhi: “Tú debes ser el cambio”.

Por ejemplo, yo como publicista manejo la cuenta de una conocida marca llamada Gerber. Si veo mi trabajo desde el típico punto de vista frívolo, característico de mi capitalista ocupación, me quedaría en que mi obligación es ayudar a que la marca se venda.
Pero si no limito mi visión y me pregunto realmente como es que eso aporta a la sociedad en que vivo, me puedo dar cuenta de que al hacer mi trabajo, estoy ayudando a acercar una opción más de alimento a los padres de familia que buscan complementar la nutrición de sus bebés. ¿Y qué labor más noble que la de dar de comer a un bebé?

Viéndolo así ¿no creen que vale la pena seguir trabajando?

Pero por si esto fuera poca razón para ustedes. Por si acaso este ejemplo lo sienten muy lejano, entonces pensemos en como nuestro trabajo ayuda a hacer más fácil la labor de nuestros compañeros, no del ente llamado “empresa” sino del grupo de gente que la forma. De esas personas con quienes convivimos día a día, con quienes por suerte o por elección, compartimos logros, penas y más logros.
Es también por ellos que no debemos flaquear y por quienes también nos debemos esforzar. Simplemente se los debemos.
Como sabiamente decía Albert Einstein: “Muchas veces me doy cuenta de que una gran parte de mi vida exterior e interior se basa en el trabajo de mis semejantes y entiendo cuanto debo esforzarme para devolver tanto como he recibido.”

Así que después de haber meditado tanto al respecto, he llegado a entender que ante una situación como la que comencé relatando, tenemos dos opciones:

Cerrarnos y envolvernos de una miopía egoísta y caer en el enfado sin querer trabajar más ó preguntarnos ¿Cómo puedo servir?

Yo hoy elijo buscar cómo voy a servir. ¿Ustedes?