De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

PRÉNATAL lo entiende.

Continuando hablando sobre el servicio a clientes y la creación de experiencias “WOW”, es decir la generación de momentos especiales para tus clientes al ser atendidos por tu negocio, he aquí un gran ejemplo de un negocio exitoso, no solo por la calidad de sus productos, sino más bien por la calidez y calidad de su servicio: PRÉNATAL.
Una cadena de tiendas de artículos para bebés y maternidad, de origen Europeo.
Como podrán suponer, sus precios no son tan módicos, de hecho muchos los califican como muy caros, pero después de haber experimentado su servicio puedo entender todos los elementos que componen sus precios. ¿Lo dudan? Permítanme contarles mi historia.

Como podrán imaginarse como padres primerizos, hay muchas cosas, artículos personales, accesorios, etc. que ni mi esposa ni yo imaginábamos que necesitaríamos, mucho menos sabíamos cómo tendríamos que usarlos. Solo sabíamos que lo mejor era seguir las indicaciones y recomendaciones de nuestras doctoras (las Mythbusters de la vida real, pero este es otra historia que después contaré).
Así pues nos recomendaron comprar una faja post parto y nos refirieron precisamente a esta tienda. Yo podría fácilmente haber hecho caso omiso de la referencia e ir simplemente a una tienda departamental, al fin una faja es una faja, pero afortunadamente como papá estrenándose que más bien parecía perro de Pablov salivando al escuchar la campana, corrí hacia donde me habían indicado. ¡Y que bueno que lo hice!

“Buenas tardes señorita, busco un a faja… para mi esposa quiero decir” decía yo confundido mientras que la mujer embarazada del otro lado del exhibidor me decía con calma “claro que sí señor, tenemos un par de tipos diferentes de fajas pero mi compañera se las mostrará”.
Me dirigieron hasta la sección de maternidad y la señorita que ahora me atendía se dio a la tarea de deducir cuál era la mejor faja para mí… para mi esposa quiero decir.
Me explicó que había fajas para parto natural y para cesarea, que la talla de las fajas debería ser equivalente a la talla normal de la mujer y me recomendó que talvez para mayor comodidad podría llevarme una talla más grande; y por si eso fuera poco tomó la faja que había elegido y me mostró como colocarla.
Ya contento y orgulloso de mi mismo por haber logrado hacer una de las primeras tareas que como nuevo papá tenía, me relajé y comencé a pensar en que otros accesorios le serían de utilidad a la nueva mamá, tarea con la que una vez más fui asesorado con paciencia y calidad. De la sección de mamás pasamos a la sección de ropa de recién nacidos y de ahí a la de artículos para el baño del bebé. Durante toda la visita fui asesorado, más en ningún momento invadieron mi espacio. Si quería ver algo solo, se distanciaban y prestaban atención a la primera señal de duda que les diera. Si se acercaba algún otro cliente, lo dirigían con otra asesora para así prestarnos su absoluta atención a cada cliente.
Después de una buena media hora dentro de la tienda y con más, muchos más de los artículos que inicialmente buscaba comprar, llegué a la caja donde no solamente me cobraron y ya, sino que me explicaron los servicios adicionales y gratuitos que dan, como pláticas y cursos para mamás y papás. Por cierto que nos inscribí en uno de primero auxilios para bebés.
Pagué y cuando esperaba que me alcanzaran mis bolsas, cual fue mi sorpresa cuando me preguntaron: “¿Lo podemos acompañar hasta la puerta por favor?” y así fue, caminaron conmigo hasta la puerta del local y me entregaron ahí mi mercancía, dándome las gracias por mi visita y deseándome una buena tarde.

¿Tienda cara? Talvez, pero lo vale.
¿Es solo una estrategia para vender más? ¡¡¡CLARO QUE SI!!! ¿Pero qué programa de servicio a cliente no está diseñado para eso?
El problema es que muy pocas marcas entienden el verdadero valor de ofrecer un auténtico servicio que genere experiencias WOW, como lo entiende PRÉNATAL.
¿Y quieren saber algo más? Al par de días regresé por más.


NOTA IMPORTANTE: podremos ser primerizos e inexpertos en el tema de la paternidad, pero un concepto lo hemos tenido muy claro desde el inicio y hoy es el único consejo que a otros nuevos padres podríamos dar: Cuando se trate de la salud de tu bebé y de tu esposa, no importa cuantos consejos y recomendaciones recibas, ni de quien vengan, aún cuando sean de parte de la gente que te quiere y busca lo mejor para ti; solo escucha y haz caso a las indicaciones del experto, tu médico.

Que la arrogancia no destruya tu negocio.

Qué difícil resulta llegar a ser el número uno en lo que haces. Se requiere de una gran visión, claridad, enfoque y mucho, muchísimo empeño. Toma años convertirte en el mejor en lo que haces y exige disciplina, trabajo duro e innovación; pero sobre todo exige humildad y sencillez. Humildad para reconocer que nunca llegarás a un estado de absoluta perfección y que siempre tendrás espacio para mejorar, y sencillez para comprender que tu éxito no te hace acreedor al derecho de abusar y ser arrogante con los demás.
Lastima que fue justo esto lo que los integrantes de cierto hotel ubicado en la zona hotelera de Polanco, en la Ciudad de México, aparentemente olvidaron ya.
El que fuera en determinado momento el más moderno, innovador y chic hotel de la Ciudad (del cual no diré su nombre compuesto por una sola letra del Abecedario), lejos de continuar creando experiencias “WOW” como lo hacen en sus propiedades alrededor del mundo, pareciera que ha preferido un camino de auto adulación por encima de uno de servicio y atención.

¿Y por qué digo esto? Esta es la historia: este hotel suele ser, por su modernidad, imagen y supuesta hospitalidad, cede de diferentes eventos empresariales como cursos, conferencias, cenas de gala, presentaciones, etc. Su imagen con frecuencia resulta atractiva para muchos, y para mi equipo de trabajo no fue la excepción, por lo que decidimos realizar una serie de sesiones de entrenamiento para nuestros socios estratégicos en este lugar.
Cotizamos cerca de 20 eventos de dos mañanas cada uno, durante todo el 2008, para nada un negocio pequeño para ellos.
Al costo que inicialmente nos dieron sumaron otros conceptos que, añadidos a otros gastos incidentales durante el primer curso que dimos a inicios de Febrero pasado, resultó más alto de lo teníamos contemplado. Sin embargo, y con la intención de continuar trabajando con este establecimiento, buscamos una reunión con su director de ventas y mercadotecnia, misma que prometía haber sido todo un éxito pues parecían haber quedado claras todas las expectativas de ambas partes: Ellos incluirían servicios adicionales que buscaban colocar para tener mejor rentabilidad y nosotros tendríamos el costo por sesión que mejor se ajustaba a nuestro presupuesto y todo esto quedaría bajo un acuerdo por escrito que cubriría los próximos 10 cursos, salvo para los dos siguientes que ya estaban inmediatamente programados para el 25 y 26 de febrero y el 4 y 5 de marzo.
“Que productiva y buena reunión tuvimos” comentaba yo con el equipo de trabajo que nos apoya en la producción y coordinación de los eventos.
¿Pero cuál sería mi sorpresa al día siguiente cuando nos enviaron su nueva cotización incluyendo servicios y costos muy por encima de lo acordado tan solo el día anterior?
Hablamos con ellos para pedir una corrección que efectivamente hicieron, en los servicios adicionales más no en el costo final.
Llegó el segundo curso que, por tiempo, tuvimos que realizar ahí pero ahora el presupuesto no fue el problema pues estábamos prevenidos del golpe anterior. La mala sorpresa vino cuando el curso tuvo que empezar 40 minutos tarde pues los señores del Valet parking del hotel no tenían la capacidad necesaria para recibir a todos los grupos de personas que ese día asistían no solo a nuestra sesión sino a la de varias compañías que tenían sus propios eventos ahí. La segunda mala señal fue cuando en un hotel de gran lujo, los elevadores estaban desprogramados por lo que ridícula y cómicamente para llegar al segundo piso, uno tenía que subir por las escaleras al primero para tomar el elevador, bajar al lobby y permanecer en el elevador, subir hasta el 3ero y después poder bajar nuevamente por las escaleras al segundo nivel. Todo un rally resultó. ¿Y por qué no usar las escaleras desde el principio preguntarán? Pues porque simplemente el acceso a las escaleras del primero al segundo piso no está indicado en ningún lugar.
¿El tercer trago amargo? A todo su equipo audiovisual le hacía falta estar conectado a tierra, por lo que cada vez que lo tocabas ¡gran descarga eléctrica te llevabas!
Y por si fuera poco a la hora de pagar su staff toma la decisión de, contrario a lo que se había acordado, hacer un cargo por la cuenta total a la tarjeta de crédito personal de un miembro de nuestro equipo, a quien cuando les dejó saber su equivocación solo le dijeron “ah bueno pues para el siguiente evento lo tomaremos en cuenta”.
Y pesar de todo decidimos continuar.

¿La gota que derramó el vaso? Pues resulta ser que, como en todo evento en el que dependes de varios factores para su realización, tuvimos que, con más de 5 días de anticipación, pedir posponer la fecha del 4 y 5 de marzo (que por cierto ya estaba garantizada con una cuota de reservación), no para cancelarla sino para reprogramarla para la tercera semana del mismo mes. ¿Y cual fue la arrogante respuesta a nuestra solicitud? “Claro que sí, pero estas fechas las damos por canceladas y se las cobraremos al 100% por cancelar”

¡¿Lo pueden creer?! ¿Pueden ver como la arrogancia de estos señores está matando su negocio? Si este maltrato lo hacen a nivel empresa a empresa, no me quiero ni imaginar el mal servicio que le darán a un particular.
Sobra decir que después de esto me llevo mi negocio a otra parte, a otro establecimiento que sí aprecie el valor de trabajar con humildad y sencillez y con las ganas de crear relaciones comerciales que habrán de perdurar.

Ahora el otro lado de la moneda y un ejemplo perfecto de una empresa que a pesar de su éxito aún mantiene los pies en su lugar. Se trata de una cafetería ubicada en la calle de Francisco Sosa en la colonia Santa Catarina Coyoacán; La Pause, un lugar de ambiente calido, café aromático, con cuerpo y gran sabor, comida de excelente preparación y servicio personal, amable y cordial. Un sitio que sí que me ha generado una experiencia “WOW” pues hace algunos días mientras tomaba un café con mi esposa, haciendo tiempo para visitar a nuestra doctora, los miembros del staff de este lugar, liderados por el mesero que nos atendía y apoyado por la dueña del lugar nos regalaron un pastel adicional cuando se enteraron que estábamos ahí esperando las indicaciones de nuestro médico para irnos al hospital para recibir a nuestra bebé que estaba a punto de nacer (pero esta aventura es para contar otra ocasión).
No tenían que haber hecho nada, ya estaban dándonos un excelente servicio, tenían suficiente trabajo con el resto de los comensales y sin embargo decidieron tener un simple, pero grande, gesto con nosotros. ¿Por qué? Porque entienden algo que muchos no.Talvez al staff del mencionado hotel que parece una M al revés le vendría bien visitar este pequeño, sencillo y exitoso lugar y para tomar una breve lección de éxito con humildad. ¿No creen?

Nota: esta entrada representa mi opinión personal como blogger y profesional en marketing y comunicación y de ninguna manera representa la opinión de mi empleador.

Factor #3. Lo que dejamos entrar en nuestra mente: lo que vemos, leemos y escuchamos.

En su libro El monje que vendió su Ferrari, Robin S. Sharma hace una analogía de la mente del ser humano como si esta fuese un jardín que hay que cuidar, regar, sembrar y limpiar para mantenerlo siempre productivo y en excelente estado; y explica como cada quien tiene que hacer como un saldo que monta guardia a la puerta de este jardín para que nadie lo invada y tire su basura dentro de el.
No me imagino una mejor comparación que esta para hablar del tercer factor determinante para como vivimos nuestras vidas: Lo que dejamos entrar a nuestra mente, lo que leemos, lo que vemos y lo que escuchamos.

Definitivamente lo que permitimos que penetre en nuestra mente, si tenemos cuidado, puede bien aportarle conocimiento, energía, alegría y pensamientos en general positivos; o puede llenarla de miedos, imágenes descontroladoras, ideas confusas y estrés.

¿Qué tan familiar les es está situación? Es el final del día, son las 9:00 de la noche y todos los miembros de la familia se fueron ya a descansar, se meten a la cama o se sientan en su sillón favorito, encienden el televisor y sintonizan el primer programa que ven, una cruda serie llena de violencia y crimen, donde matan prácticamente hasta al director. Incluso hay un spot promocional de uno de estos pseudos programas que comienza diciendo “Ahora con más violencia, más secuestros…” ¿Pueden creerlo? Pero esto no esto todo, pues la noche aún es joven así que a las 10:30 llega la hora de ver el noticiero y por espacio de una hora ven todas las tragedias, engaños, fraudes, crisis, crímenes, etc. que sucedieron durante todo el día. Pero eso sí, como no hay que desvelarse mucho, inmediatamente después de que este termina, apagan la televisión y se acuestan a dormir.
¿Suena de verdad sorpresivo que después de esta carga de imágenes e información BASURA tengan insomnio y pesadillas o simplemente no descansen nada?

Eh aquí un par de recomendaciones para mejorar la calidad de lo que dejan entrar en su mente:
1- ¡Dejen de ver las noticias todas las noches!

“¿pero qué esta diciendo este loco, si tenemos que estar bien informados?” estarán pensando, pero se los digo con toda seriedad: Este lunes fíjense cuales son las principales notas que dan en las noticias y no vuelvan a ver absolutamente nada hasta el próximo lunes. Verán que las notas siguen siendo las mismas. Además, si les preocupa no enterarse de algún suceso realmente importante, que en verdad pueda cambiar la vida de todos, les aseguro que de todas maneras se van a enterar. Y si de plano la tentación es tanta que no pueden dejar de “informarse” de los que sucede, usen la tecnología a su favor. Si están leyendo este artículo es porque muy probablemente tiene una computadora para su uso continuo, así que descarguen un lector de RSS y seleccionen solo el tipo de noticias que les interesan y las fuentes de información en las que confían para recibir solo aquellas notas que en verdad son de su interés sin que las demás notas mórbidas contaminen su día.

2- Cambien sus gustos como espectadores, no pretendo proponerles que dejen de ver Warner Channel y Sony Entertainment y los cambien por Nacional Geographic, solo que sean más selectivos con a lo que exponen su mente. A menos de que sean unos asesinos seriales en potencia no creo que le tengan mucho apego a las series que solo muestran como unos matan a otros sin compasión y de manera tan gráfica. Pregúntense a si mismos “¿Esto es lo que quisiera que mis hijos vean y acepten como parte de la vida?” Los niños hacen lo que ven, aprenden practicando lo que ven, así que si ellos ven que para ustedes sintonizar este tipo de series es “lo normal”, ellos querrán verlas con ustedes y lo que ahí observen quedará impreso en su memoria también. ¿Así que por qué no ver algo más amable y divertido?

The Bucket List – Trailer

Ahora hablemos de lo que leemos… … … … … … … … … … …

Qué poco se lee hoy en día. Parece increíble que en la época en la que vivimos, con tanta información a nuestro alcance, con tantos medios electrónicos que hoy hacen totalmente accesible contar con un buen libro, la gente siga sin leer.
Estamos tan viciados por la televisión que resulta difícil encontrar a una persona joven leyendo un libro en lugar de estar viendo esta caja idiota.
Yo mismo he de confesar que no fue sino hasta los 23 años que le tomé un verdadero amor a la lectura. Antes de esto me rehusaba a leer y por rebelión leía solo aquello que era obligatorio para aprobar algún examen en la escuela o la Universidad. Hasta que un buen día tuve la oportunidad de tomar un libro de ciencia ficción de un famoso autor que para mi era un total desconocido: Dean Koontz, el libro: Fear Nothing y debo decir que no he parado de leer un sin fin de libros NI UN SOLO DÍA desde aquel momento.

Talvez muchos estén en la misma situación que yo hace 10 años, talvez otros gusten de leer pero crean que no hay tiempo suficiente para hacerlo, y si es así les comparto un par de consejos, que al respecto, alguna vez recibí:
1- “Siempre, no importa a donde vayas, lleva un libro contigo. Hay cientos de momentos muertos en los que podemos aprovechar para leer, cuando estamos en la fila del un banco, cuando salimos solos a comer, cuando esperamos en la recepción de las oficinas del cliente a quien vamos a ver, etc.”
2- “La persona que serás dentro de cinco años, será resultado de dos principales influencias: la gente con quien te relacionas hoy y los libros que lees.”

¿No saben que leer?, afortunadamente nuevamente la tecnología actúa a nuestro favor y pone a nuestra disposición miles de fuentes donde podemos encontrar que leer:

www.Shelfari.com una red social alrededor de la lectura, donde pueden encontrar un sin fin de recomendaciones de lo que la gente en el mundo está leyendo.

¡Blogs, blogs y más blogs! Creo que ya lo había hecho pero eh aqui la lista de mis favoritos:

Visítenlos, léanlos, disfrútenlos y compártanlos y díganme si con esto no tiene excelentes armas para hacer guardia al frente del jardín de su mente.

Factor #2: Lo que hablamos.

Cuando saludas por las mañanas al llegar a un lugar y te preguntan como estás o como van las cosas en tu vida ¿qué contestas? “Mas o menos”, “mal”, “La cosa está cada vez más difícil”, “Pues ahí llevándola”, “estoy que ya es ganancia”, etc. ¿O tus respuestas son más animada y positivas, como “estoy muy bien”, “Contento de estar vivo”, “disfrutando el día porque…”?
Cuando estás platicando con algún amigo sobre otro más que no está ahí con ustedes ¿cómo hablas de el? Lo criticas y desmenuzas hasta su más mínimo defecto o hablas bien de el y dejas saber lo mucho que lo aprecias.Lo mismo con tu trabajo, cuando hablas sobre tus labores, la compañía para la que trabajas o sobre tus compañeros de trabajo, ¿hablas siempre quejándote o platicas sobre las cosas que más te gustan sobre tu empleo?
¿Qué tipo de palabras usas para hablar?

Las palabras que decimos tienen, al igual que nuestros pensamientos, un gran poder e influencia sobre como vivimos nuestra vida. Cuando hablamos negativamente solo nos rodeamos de un ambiente negativo. Por el contrario, cada vez que hablamos de manera positiva sobre nuestra vida, creamos un contexto positivo que nos anima a continuar así.
Sin embargo, este es sin duda uno de los factores determinantes de cómo vivimos nuestra vida más difíciles de controlar.
Yo en lo personal sigo en una lucha diaria por procurar que las palabras que salgan de mi sean positivas y propositivas; cosa que en un inicio no resulta tan sencillo pues estamos tan acostumbrados a responder por responder nada más, que la mayoría de las ocasiones ni siquiera pensamos que es lo que estamos diciendo. Afortunadamente, como todo hábito, después de practicarlo disciplinadamente durante por lo menos un mes, uno comienza a hacer de esta nueva práctica, lo normal.

Como dicen por ahí: “Si al hablar no has de agradar, es mejor callar”.

Pero ¿cómo hacer para romper con el mal hábito de hablar negativamente? Es una pregunta que no me es tan sencilla responder pues, como ya lo he mencionado, yo día a día continuo esforzándome por lograrlo, y aunque más frecuente que no, cada día siento que elijo mejor mis palabras, aún hay momentos en que la mala costumbre de criticar, juzgar y calificar sobresale en mí.

Dicho esto, un ejercicio que en alguna ocasión leí y que estoy intentado practicar es:
Cada vez que se vaya a hacer alguna declaración sobre algo o alguien, antes de dejar que las palabras salgan de nuestra boca, hay que procurar hacerse 3 preguntas:
1- ¿Esto que voy a decir es realmente necesario y contribuirá a la conversación?
2- ¿Si digo esto estaré afectando, criticando o lastimando a alguien, esté presente o no?
3- ¿Es este un momento oportuno para decir lo que quiero decir?

Vale la pena intentarlo ¿o no?

5 factores determinantes de cómo vives tu vida. Factor #1.

Cada vez que medito más al respecto, más convencido estoy. Existen, de entre muchos, 5 factores que son definitivamente decisivos en determinar como es que cada quien vive su vida.
Y no, no se trata del país donde vives, la edad que tienes, la época en que estás o tu nivel socio económico. Estos, aunque establecen un claro contexto y punto de partida, no son los más importantes para definir como vives tu vida.
No, definitivamente no es cuestión de cuantos bienes materiales tienes lo que define cuan feliz eres y tampoco cuanto has de sufrir para determinar que tan grande es tu vida espiritual. Tampoco es la cantidad de veces que vas a un templo lo que establece a cuantas bendiciones eres merecedor, ni cual es tu nivel de educación lo que define cuan realizado estás con tu carrera profesional.

Creo, o sé mejor dicho, que lo que realmente define como cada uno de nosotros vive su vida son 5 factores, entrelazados entre si.

1- Lo que pensamos: lo que viven en nuestra mente.
2- Lo que hablamos: lo que dejamos salir de nuestra mente.
3- Lo que vemos, leemos y escuchamos: lo que dejamos entrar a nuestra mente.
4- Nuestras acciones: como actuamos
5- De quienes nos rodeamos

Factor #1: Lo que pensamos: lo que vive en nuestra mente.

Bien lo dicen por ahí: “todo lo que creamos, lo hacemos dos veces, cuando lo pensamos y cuando lo llevamos a cabo”. Por las mañanas al levantarse ¿Qué es en lo primero que piensan? ¿Que otra vez es un fastidio tener que levantarse tan temprano para ir a pasarla mal al trabajo, aguantando estar rodeados de personas que solo les molestan, o dan gracias por la oportunidad de tener un día más de vida para trabajar duro por sus sueños, para compartir con los demás y rodearse de gente de la que disfruten su compañía?
Cuando enfrentan un problema o dificultad en casa, en el trabajo o con algún amigo o familiar ¿se cuestionan por qué a ustedes, qué hicieron para merecer esta tragedia de la que nunca podrán recuperarse para volver a hacer su vida, o piensan que este es un reto, una lección de vida más que nos toca aprender y que, como todo en la vida, pasará y, junto con el dolor que nos haya causado, quedará atrás mientras que nosotros seguiremos creciendo y llevándonos de esa experiencia el aprendizaje que debíamos obtener para contar con nuevas armas para el camino que sigue en nuestra vida?

Definitivamente, la calidad de nuestros pensamientos se proyecta automáticamente en la calidad de nuestra vida. A veces y sobre todo al principio resulta muy difícil cuidar el tipo de pensamientos que tenemos, sobre todo cuando venimos de años y años de quejas y negatividad, sin embargo un ejercicio que siempre funciona es DAR GRACIAS cada mañana al despertar, gracias porque nos han regalado un nuevo día, gracias porque tenemos salud y energía para vivirlo, gracias porque compartiremos un día más con la gente que queremos, gracias porque iremos a trabajar y contribuir en algo, gracias porque simplemente tenemos una vida que disfrutar.

Otro gran ejercicio que ayuda muchísimo a alinear nuestros pensamientos es la visualización creativa. Esta es una práctica que incluso hasta los mejores deportistas del mundo llevan a cabo y es muy sencilla de hacer.
Tan solo consiste en trazar un dibujo mental de cómo queremos que sea nuestra vida. Lo podemos hacer tan grande como para incluir toda nuestra vida, ajustarlo a como queremos que transcurra un día en particular, o podemos ser tan específicos como un Tiger Woods quien segundos antes de hacer cada uno de sus más grandes tiros, visualiza paso a paso cada movimiento y cada sensación que forman parte de su tiro, desde que toma su bastón hasta que la pelota cae en el green.

A algunas personas esto les suena fuera de la realidad o muy laborioso, pero no es ninguna de las dos. Está totalmente dentro de la realidad pues tal como un arquitecto tiene que hacer unos planos detallados de cada edificio que crea antes de comenzar su construcción, cada persona, como el “arquitecto” del edificio de su vida, tiene que trazar a detalle los planos de lo que quiere para esta.
Tampoco es mucho trabajo hacer estos planos pues basta con definir que es lo queremos obtener de la vida (y esto sí que es un reto) y plasmarlo sobre un papel. Puede ser un dibujo, una lista o un relato al que puedes recurrir cada mañana para recordar paso a paso como es que quieres vivir tu vida.

¿Por qué cada mañana? Desde que leí por primera vez sobre esta practica me lo pregunté, y hoy después de un buen par de años de hacerla y de ver sus resultados positivos entiendo que, para mi, dar gracias todos los días por todo lo que tengo y repasar cada mañana mi plano de vida me ayuda no solo fijar esa imagen en mi mente, sino que me recuerda como es que me debo conducir durante el día para reflejar esa manera de vivir.
Me recuerda también sobre los otros 4 factores determinantes para vivir mi vida, comenzando por como hablamos, lo que decimos y lo que escuchamos también, es decir lo que dejamos que salga y entre a nuestra mente pero de estos podemos platicar en la próxima entrada. En tanto ¿Cómo piensan que quieren vivir su vida?

Deja la crítica a un lado y enfócate en lo positivo.

Si trabajan en una empresa o cualquier otro tipo de organización, si son estudiantes en alguna institución o miembros de alguna agrupación, es más si son miembros de una familia o un grupo de amigos seguramente han visto suceder esta situación por lo menos en una ocasión, sino es que con mucha frecuencia:
Alguien es promovido, consigue una beca, adquiere mejores ingresos u obtiene algún logro importante y por lo general cuando menos una persona cuestiona por qué le ha ido tan bien. ¿Por qué la gente no puede quedar conforme y celebrar que a otra persona le vaya bien? ¿Cuál es la necesidad de buscarle fallas a esa persona para justificar porque no debería de haber obtenido su logro? ¿En verdad creen que al criticar a alguien y rasgar y rasgar en él o ella para encontrar sus más grandes defectos producirá un efecto positivo en el crítico? ¿Suponen que el grupo se beneficiará de alguna manera por enlistar las razones por las que la persona no debería estar en su nuevo puesto, aprovechando su beca o disfrutando de los beneficios derivados del logro que obtuvo?

Esta forma de pensar está muy equivocada, habla de envidia y la envidia es un sentimiento y pensamiento que muestra carencia y escasez, y definitivamente, a final de cuentas, va en reprimenda de nosotros mismos.

Piénsenlo bien, seguramente en algún momento todos, y me cuento a mi mismo, todos hemos cometido este error pero ¿qué hemos logrado, sino amargarnos nosotros mismos y a veces hasta dañar a alguien que solo merecía la oportunidad?
Y es que todos, absolutamente todos merecemos todas y cada una de las oportunidades que nos da la vida. Ya será de cada quien aprovecharla o dejarla pasara, pero de ninguna manera está en los demás el derecho a juzgar si la persona lo merecía o no.

Así que mi planteamiento es el siguiente: ¿Por qué no la próxima vez que veamos que a alguien cercano a nosotros le va muy bien, puede ser un compañero en la oficina que es promovido, un amigo que recién se cambió de casa, un hermano que obtuvo una beca, una amiga que se ha casado; en lugar de buscar el lado flaco para hacer cualquier tipo de crítica, nos enfocamos a buscar las características positivas que llevó a esa persona a donde está y lo celebramos? ¿Por qué no celebramos a los que nos rodean?

“Se requiere a uno igual para reconocer a alguien” dice el dicho, y es muy cierto.
Cuando logramos ver lo positivo en las demás personas es porque estamos viendo un reflejo de lo que hay dentro de nosotros mismos. Si vemos que alguien esta siempre sonriendo y feliz es porque reconocemos que en nosotros también existe esa capacidad de ser tan feliz. Cuando encontramos a alguien que tiene el valor y el coraje para perseguir sus sueños y trabajar fuertemente en pro de estos, es porque sabemos que en nosotros también esta esa fuente de pasión y fuerza para seguir adelante con los nuestros.
Así que cuando celebras lo bueno de los demás, no solos los felicitas e impulsas a continuar así, sino que ¡tu mismo sacas lo bueno que hay en ti!

No entierres las buenas características que hay en cada uno de nosotros bajo una gruesa capa de envidia y escasez, por el contrario, la próxima vez que quieras criticar o juzgar a alguien porque ha tenido una gran oportunidad detente a pensar en 5 rasgos positivos de dicha persona, que lo habrán ayudado a llegar a donde está; y estoy seguro de que si miras con cariño y atención, verás justo cada una de esas cosas reflejadas en ti, abriéndote así a las oportunidades que la vida tiene preparadas para ti.

Para vender más no hay que vender.

Desde hace años, cada mes de Enero escucho exactamente la misma cosa, y lo peor es que la sigo escuchando durante los otros 11 meses del año también.
No importa la compañía ni el título o nivel organizacional de la persona, siempre dicen lo mismo: “Tenemos que vender más”, “los objetivos de venta han crecido XX% versus el año anterior”, “Tenemos que vencer a la competencia”, “Traigan nuevas cuentas y busquen formas adicionales para obtener más dinero de sus clientes actuales”.

La atención se centra en como es que vamos a traer más dinero a la empresa y como vamos a sacarle más dinero a nuestros clientes. Incluso se crean estrategias completas alrededor de cómo es que vamos a lograr que los clientes nos den más dinero y se dictan seminarios enteros para enseñarle a la gente a ser persuasivos, grandes presentadores y excelentes convertidores de objeciones de ventas.

Y aún así año con año el problema sigue siendo el mismo: No se llegan a las metas y las cuotas no son cubiertas y para justificarlo se lanzan un sin fin de razones, validas algunas y sin sentido otras más: “El cliente no me ha respondido”, “Recortaron su presupuesto”, “legal no ha liberado los contratos”, etc. Y en respuesta a esto reciben instrucciones como: “Deja el teléfono y visita el cliente”, “Lleva a tal persona contigo”, “Hazles ver su error” “Empuja más fuerte la venta”, todas recomendaciones correctas pues definitivamente no es suficiente una llamada telefónica; para comunicar todo lo que se quiere decir uno tiene que hacerlo cara a cara; también contar con el soporte de alguna persona con mayor nivel organizacional o experiencia específica en algún tema determinado pueden funcionar como buen aval de lo que uno está vendiendo.
Pero aún así el problema persiste.

Talvez sea porque mi experiencia como publicista así me lo ha enseñado, pero creo que el gran problema es que se genera tal obsesión por vender y vender más, que las personas pierden totalmente de vista incluso que es aquello que están vendiendo.
Lo que quiero decir es: cuando uno trabaja en una agencia de publicidad (y esoty seguro que así aplica para la mayoría de las empresas que venden algún servicio), a un nivel gerencial medio o menor en el equipo de Servicio a clientes o cuentas (como se le conoce comúnmente), la principal labor de uno gira en precisamente DARLE SERVICIO al cliente, los objetivos son muy claros, la razón de ser para un ejecutivo de cuenta es AYUDAR al cliente, PROVEERLE de SOLUCIONES a los retos que enfrenta, HACER EQUIPO para lograr SATISFACER las necesidades que tiene. Todo esto sin estar pensando en cuanto más habremos de cobrar por todo lo que estamos haciendo, de esto se ocupan los nivele directivos de la Agencia. (o por lo menos así fue mi entrenamiento hace varios años cuando comenzaba a trabajar en este medio).

El problema es que conforme uno va creciendo y subiendo en la “escalera corporativa” muchos van olvidando ese principio de servicio y comienzan, sin advertirlo, la adopción de la visión de “vende y vende más”. En tu agenda ya no hay tiempo para pensar en como ayudar, “que eso lo haga mi equipo” piensa uno, mientras continuas planeando nuevos esquemas para cobrar más.

Debo de confesar que en algún momento yo también fui cómplice y víctima de este mal, sin embargo y para mi fortuna, pude detenerme a pensar, analizar y recordar que en 12 años de carrera, cuando mejores resultados de ventas he tenido, ha sido cuando me he dejado de preocupar por la facturación y las ventas, y me he ocupado de buscar nuevas formas de colaborar con mis clientes y ayudarlos a tener mejores resultados para su negocio y no para el mío nada más.
Cuando más abiertos han estado mis clientes a escuchar mis sugerencias y seguir mis recomendaciones han sido las ocasiones en las que no les he hablado de dinero ni de cuanto más me tienen que pagar. Es más ¿quieren el gatillo perfecto para que un cliente les cierre la puerta o los deje de escuchar? Solo díganle antes que nada que tendrá que gastar más, háganle ver que solo están ahí porque quieren su dinero y nada más. Talvez, si son muy persuasivos, logren venderle una o tres veces, pero tarde o temprano él se dará cuenta de que solo su dinero es importante para ustedes y entonces hablar con ustedes perderá todo sentido y razón.
Por el contrario cuando nos mostramos legítimamente preocupados por el negocio de nuestros clientes y auténticamente enfocados a brindarles las mejores soluciones que podamos proveerles sin discriminación por el monto de su inversión, ganamos no solo una gran credibilidad con ellos, sino también la certeza de que en lo sucesivo ese cliente estará dispuesto a escucharnos y seguir nuestras recomendaciones, aún cuando estas pudiesen representar una gran inversión para el. Y lo hará, invertirá cuanto le recomendemos porque sabrá que no lo hemos hecho así solo para obtener más dinero de el, sino porque estamos seguros que es lo mejor para su proyecto.

Pienso en todo esto y no puedo evitar recordar el consejo que Robin Sharma ha dado a tantas y tantas empresas al respecto: “La gente hace negocios con la gente que le gusta”.
No hay mayor ciencia ni recetas complicadas para lograrlo. Solo hay que quitarse de la cabeza ese eco que resuena diciendo “vende y vende más” para suplirlo con la firma idea de “primero comprende bien las necesidades de tus clientes y luego asegúrate de ayudarles a satisfacer las mismas”.

Como diría Tim Sanders en su libro The likeability factor: “Nada como conectar con el punto clave de cada persona para convertirse en alguien relevante para él o ella”.

Aprende a desaprender.

“… al ver la jarra de té que había dejado en la mesa, la tomó y comenzó a servir té en mi taza. Vertió hasta que esta se encontraba llena ¡pero entonces, siguió vertiendo! El té comenzó a chorrear por los lados de la taza, primero en la mesa y después sobre la preciada alfombra persa de mi esposa. Al principio observé silencioso, pero no pude soportarlo más. “¿Qué haces Julian? Mi taza se está derramando. ¡No importa cuanto lo intentes no le cabe nada más adentro!” Grité impacientemente.
El me miró por un largo momento y dijo: “Por favor no me lo tomes a mal John. Realmente te respeto, siempre lo he hecho. Pero tal cual esta taza, tú pareces estar lleno de tus propias ideas. ¿Y cómo entonces pueden entrar nuevas…sino hasta que primero vacíes tu taza?”

El Monje que vendió su Ferrari, Robin Sharma

En los últimos dos días estuve sacando del armario ropa y artículos personales que ya desde hace tiempo no he usado y que estaban ocupando demasiado espacio, lo que resultaba en que cada vez que quería guardar alguna prenda nueva, esta se maltratara al forzar su entrada en un espacio que ya había rebasado su capacidad.
Así que después de varios días de hacerme creer que ya lo haría, por fin me armé de energía y puse manos a la obra. “Afuera lo viejo y adentro lo nuevo” me recordaba cada vez que sentía ganas de dejar todo igual e irme a descansar, y como la tentación de hacerlo era demasiado fuerte, me lo repetí un sin fin de veces.

Tanto me dije esta frase, que me recordó una anécdota que recientemente viví:
Hace unas semanas asistí a un entrenamiento para prepararme para mi nuevo trabajo, a este curso asistieron otras personas también, gente de muy diversos antecedentes, originaria de distintos países, Australia, Corea, Singapur, India y México (¡SI SEÑOR!).
Y así como variados eran nuestros antecedentes, también lo eran nuestras carreras profesionales. Todos con una gran experiencia y amplios conocimientos en nuestras áreas de especialización.
Entonces comenzó el entrenamiento, horas y horas llenas de información, datos estadísticos, teorías, casos prácticos y por supuesto instrucción en el uso correcto de los sistemas de la empresa.
Debo confesar que en mi caso, todos los días llegadas las 5:30 de la tarde sentía que en mi cabeza ya no iba a entrar nada más, la vista cansada me exigía que volteara a ver fuera de la venta hacia los jardines del campus donde me encontraba. Mi imaginación (que como verán, a ratos es muy prolífica) comenzaba a volar llevándome de los jardines, a las distintas cafeterías del lugar “¿qué me podría comer ahora mismo?”, a los centros comerciales cercanos “¿Qué podría estar comprando en este momento para mi esposa y mi bebé?”, a las oficinas donde estaba pasando toda la acción “¿Cómo podría estar colaborando allá arriba?”… a la vez que en el mejor estilo del Angelito del hombro derecho y el diablito en el izquierdo mi conciencia me decía: “pon atención que este tema es muy importante” mientras que se auto respondía “tranquilo hombre, al fin eso ya medio lo sabías y lo otro ni lo vas a usar tu”

Entonces, este cerrado debate entre la diestra y la siniestra, se vio interrumpido cuando escuché a uno de mis compañeros del curso, quien por cierto tenía ya más de 5 años haciendo un trabajo muy similar al para cual nos estaban entrenando, decirle a nuestro instructor: “lo siento, es que llevo tantos años haciendo esto de esta manera que me cuesta mucho trabajo seguir las instrucciones que nos estás dando. No puedo entender porque no puedo seguir haciéndolo a mi modo…”

Fue justo en ese momento que la frase del inicio de esta entrada vino a mi mente, recordándome que para poder seguir aprendiendo, a veces uno tiene primero que desaprender lo que ya sabe. No porque tus conocimientos actuales o anteriores estén equivocados, tal vez solo reafirmes lo que ya sabías. Sino para abrirte a todo el conocimiento que está allá afuera listo para ser digerido, comprendido y compartido por nosotros.

Después de todo es el nuevo conocimiento lo que nos ayuda a seguir creciendo. Sin el no podríamos entender el lugar en el que estamos parados hoy, ni mucho menos que existen otras opciones para continuar mejorando. Nos quedaríamos estancados, detenidos por nuestra propia ignorancia de sabios, creyendo pues que ya hemos llegado a la cumbre, cuando en realidad, talvez estemos tan solo en el primer escalón.

Así que hoy, mientras vaciaba mi closet para dejar entrar nuevas cosas en el, quise venir con ustedes a preguntar ¿cuándo fue la última vez que accedieron a vaciar su mente ya olvidar lo que sabían ya para dejar entrar en ustedes un nuevo conocimiento que enriquezca su vida?

¿Cerrando ciclos o ascendiendo la espiral?

Creo que he llegado a una nueva conclusión a cerca del tema de “cerrar ciclos”

Normalmente decimos que cerramos un ciclo cuando termina una etapa de nuestra vida, tal como si asumiéramos que ese periodo vivido no tendrá más que ver en nuestro futuro. Pienso que no es correcto.
Creo que si un ciclo es representado por un círculo, este no tiene principio ni final, entonces ¿cuando inicia y cuando termina el ciclo? Tampoco creo que debería ser representado por una línea recta que te lleva de A a B y ahí queda todo, pues entonces sería asumir que tu vida ahí ha terminado.

Pienso que entonces un ciclo debería ser representado por una espiral invertida, un círculo que continúa avanzando hacia otros círculos, llevando a cada quien a su siguiente etapa o nivel.
Y que uno no puede definitivamente pasar de una etapa a otra de la espiral, sin haber terminado la anterior, misma que siempre tendrá un efecto positivo que apoyará en el avance de la persona hacia los siguientes niveles o ciclos de la espiral.

Yo acabo precisamente de dar una vuelta más a la espiral y la sensación es increíble. El sentimiento de haber logrado un objetivo y fijarte uno nuevo es refrescante, renovador y energizante.

Renovador porque sabes que acabas de llevar a un buen termino lo que venías haciendo y que todo, a pesar de los grandes retos, salió muy bien; y que estás a punto de volver a comenzar.

Refrescante, pues estas a punto de conocer nuevas caras, nuevos aires, nuevas aventuras.

Y energizante porque desde la cima de la montaña que ya has conquistado puedes ver el pico más alto de la nueva que ahora vencerás y aunque eso pudiera parecer agobiante, puedes con seguridad voltear a ver de donde vienes, el camino recorrido, las aventuras y desaventuras vividas y recordar los rostros de todas las personas que te apoyaron en el camino, las lecciones que te brindaron y el cariño que te dieron, y así tomar nuevos bríos pues puedes estar seguro de que, aunque algunos se hayan quedado en su parte de la espiral y otros hayan tomado su camino, siempre contarás con ellos, como ellos contigo.

Entonces pues, no se trata de cerrar ciclos sino de seguir ascendiendo la espiral de la vida llegando cada vez más alto, más lejos y a la vez más cerca, mucho más cerca de la meta final en la vida de cada persona, es decir más cerca de tu felicidad.

Sé un líder.

Todos, no importa nuestra condición o posición dentro de una organización tenemos la obligación, como seres humanos, de convertirnos en un líder.

Esta anécdota, sucedió la semana pasada cuando un directivo se reunía con su equipo de trabajo para compartir información importante con ellos y aprovechar para escucharlos también.

Idea importante: Date siempre el tiempo de escuchar con detenimiento a tus colaboradores y amigos. Se que nuestras agendas siempre están retacadas de pendientes urgentes, pero pocas cosas valen tanto la pena como invertir tiempo para conocer y comprender los puntos de vista de las personas con quien compartes tus días.

En esta reunión el ejecutivo tuvo oportunidad de escuchar todas aquellas cosas que le aquejaban o frustraban a cada miembro del equipo. Uno a uno, cada integrante del grupo fue exponiendo sus molestias: “No tengo tiempo para hacer todo mi trabajo”, “Me pasan la información tarde y mal”, “No me dan el brief correcto”, “Creativo no me entrega a tiempo”, “Los clientes no nos entienden”, “Critican mi trabajo y no lo defienden”.

Todos dejaron ver sus malestares, pero nadie, ni una sola persona habló sobre soluciones. Nadie propuso ideas sobre como mejorar su situación, y mucho menos nadie aceptó su responsabilidad ante las situaciones que exponían.

Terminaban sus recuentos dirigiendo su mirada al director del grupo, como si el, como un viejo mago Merlín tuviera bajo sus mangas un abanico de soluciones místicas que pondrían fin a sus quejares.

Entonces, el solicitado “productor de milagros” tomó aquella enorme pila de argumentos, quejas y cargas emocionales que había recibido de sus compañeros y una a una…
…las fue devolviendo a sus procreadores y les dijo:
“Entiendo, comprendo y empatízo con cada una de las situaciones que presentan, sé como se sienten. En verdad lo sé, pero ¿Y qué están haciendo para cambiar eso? ¿Por qué nadie ha asumido su responsabilidad en todo esto y detecta qué es lo que tienen que hacer por su parte para que las cosas cambien? Díganme: Qué están haciendo hoy para ayudar a construirse una mejor situación?.”

¿Por qué será que la gente tiende a dejar el destino de su vida en manos de otro? ¿Por qué somos incapaces de aceptar que cada uno de nosotros somos responsables de nuestras acciones o falta de estas y en su lugar volteamos a ver al jefe o director del grupo para ver si este quiere convertirse en el “director” de nuestros actos para así poder decir “no fue mi culpa sino la de mi jefe”?

No me mal entiendan, no estoy diciendo para nada que la cabeza de un grupo deba desentenderse de la dirección del mismo. Para nada quiero decir esto, al contrario es por algo que está en esa posición, pero aunque parte de su responsabilidad es buscar la alineación del grupo y el bien estar del mismo, él o ella deben ser un facilitador y no el único ejecutor.

Entendámoslo de una vez por todas, no importa el lugar que ocupemos dentro del organigrama, ni el título escrito en nuestra tarjeta de presentación, o el tamaño o ubicación de nuestra oficina. TODOS SOMOS Y DEBEMOS ACTUAR COMO VERDADEROS LÍDERES.

Como dice Robin Sharma: “Tú eres el presidente ejecutivo de tus funciones”.
Me parece que fue un profesor de Stanford que dijo: “El verdadero liderazgo no es cuestión de prestigio, poder o estatus. Es cuestión de responsabilidad”.

Tal vez algunos al leer esto piensen algo así como “Si claro, dirás lo que quieras pero en la empresa donde laboro, los directores ni siquiera saben quien soy”. Y así quieran excusarse para permitirse pensar que lo que hacen no tiene consecuencias y no afecta ni favorece a quienes los rodean, pero no podrían estar más alejados de la realidad.
Comprendan ya: toda acción tiene una reacción y actúa como un gatillo liberando una serie de eventos que pueden beneficiar o afectar en mucho a muy distintas personas.
¿No me creen? Quizá Anita Rodick, fundadora de The Body Shop, lo haya explicado mucho mejor cuando dijo: “Si crees que eres demasiado insignificante para ejercer influencia, intenta irte a dormir con un mosquito en la habitación.”

Así que de la misma forma yo hoy les pregunto a ustedes: ¿Qué están haciendo hoy para hacer un mundo mejor, para construir una mejor vida para sus familias, para ustedes mismos y para su comunidad?

Como diría la Madre Teresa de Calcuta: “Si cada uno de nosotros barriera la puerta de su casa, este mundo sería un lugar limpio”.

Líderes que conocen.

Me siento un momento a recordar todas las personas con las que he tenido oportunidad de trabajar y convivir: jefes, clientes, compañeros, proveedores y colaboradores; de diversas empresas y muy diferentes categorías, desde gigantes consorcios internacionales hasta micro empresas de 1 o 2 personas nada más. Desde presidentes y directores generales hasta asistentes y personal de intendencia.
Y no puedo evitar que a mi memoria llegue uno de los principales lemas de Robin Sharma: “Lidera sin título”, y lo recuerdo con claridad porque he sido testigo de eso.
No importa la persona, su función o el lugar que ocupa en el organigrama de la empresa, o incluso si no forman parte de una, los verdaderos líderes no son los que están a cargo de dirigir una empresa, sino aquellos que día a día se encargan de hacer todo lo que hacen cada vez mejor, inspirando y ayudando a quienes están a su alrededor a hacer lo mismo.

Estos líderes tienen diferentes virtudes muy especiales las cuales unos practican más que otros: estudio, búsqueda de excelencia, proactividad y responsabilidad. Pero hay una que sin duda en todos he visto aplicar: Antes de insistir en que los conozcan, se enfocan en conocer a los demás.

A ellos no les interesa darse a conocer y generar fama. Saben muy bien que no tienen nada que probar. A ellos lo que los mueve a ser grandes líderes es conocer a la gente que les rodea.
Es fácil identificarlos, son aquellos que se dedican a escuchar y comprender lo que los demás están diciendo. Son los que antes de promover sus ideas, se toman el tiempo de entender realmente las ideas de los demás. Se dedican a identificar las pequeñas y las grandes coincidencias y a construir puentes entre la personas.

Ellos entienden que escuchar no es oír pensando en que responder. Es más no buscan responderte, buscan digerir completamente lo que estás diciendo y pensando. Y solo hasta que están seguros de que así es y de que tú estás convencido de que te comprenden cabalmente, ellos te dejarán saber su punto de vista y lo complementarán.

La retroalimentación es un regalo.

“La retroalimentación es un regalo” alguien me comentó la semana pasada.

Buena frase para ponerte a pensar un poco ¿no creen?

En el más estricto sentido de la palabra, la Teoría de la Comunicación llama retroalimentación al hecho de que cuando se transmite un mensaje, el receptor del mismo responda al emisor de modo que su respuesta constituya un nuevo mensaje, de retorno.
Por otro lado, algunas teorías sobre el aprendizaje califican a la retroalimentación como: “un elemento que se utiliza constantemente en la comunicación y que puede favorecer u obstaculizar el aprendizaje”.

¿Por qué entonces deberíamos considerarla como un gran regalo?

La retroalimentación para efectos prácticos, consiste en la información que se proporciona a otra persona sobre su desempeño con intención de ayudarle a reforzar sus fortalezas y superar sus áreas de oportunidad.

La retroalimentación la podemos recibir no solo de nuestros jefes sino de nuestros amigos, de nuestros familiares y de nuestros colaboradores. Vaya hasta un perfecto extraño algún día podría acercarse a darnos algún consejo respecto a lo que estamos haciendo.

El problema con entender que es un regalo verán, se presenta en dos formas muy distintas:

Por un lado, usualmente no vemos con buenos ojos la información que recibimos cuando se trata de corregir o mejorar algo que estamos haciendo. Los miedos que se esconden tras nuestra cara de “yo todo lo se”, no nos permiten tomar los consejos que nos regalan, y nos llevan a sentirnos atacados y criticados. Nuestra fragilidad se hace evidente pues en lugar de escuchar lo que nos están diciendo y abrirnos a lo mucho o poco que eso nos puede ayudar, cerramos nuestros oídos y nos preparamos a responder con cualquier pretexto que explique por qué hemos hecho algo como lo hemos hecho.
El otro problema es todo lo contrario, en este caso nuestra inseguridad nos lleva a escondernos en la retroalimentación negativa, limitante y en ocasiones no tan bien intencionada o enfocada, a la que también estamos expuestos, y que nos dice que no podemos hacer algo porque no estamos preparados, ese mensaje que es una descalificación pero que nos ofrece un “refugio reconfortante” cuando nosotros mismos no nos creemos capaces de hacer algo que siempre hemos soñado pero a lo que jamás nos hemos atrevido.

Por eso hoy he aquí esta gran recomendación: Aprende ya a ver la retroalimentación como un regalo:

  1. No te niegues la oportunidad de escuchar el punto de vista de aquellas personas que sí quieren lo mejor para ti.
  2. Calla y escucha. No trates de responder y justificar. Absorbe y aprende.
  3. Como con cualquier regalo, toma de la retroalimentación que te den, lo que en verdad te va a servir a ser mejor. Lo demás considéralo parte de la envoltura.

La próxima vez que alguien se siente frente a ti para compartirte su punto de vista sobre tu desempeño, pon estos tres pasos en práctica y verás por fin el gran regalo que te están haciendo.