De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Equivocarse está bien, no hacerlo, no.

¿Cuándo fue la última vez que se equivocaron? ¿Cuáles fueron las consecuencias de su error? ¿Qué aprendieron entonces y cómo aplicaron su lección?

¿Cuándo fue la última vez que criticaron a alguien por el error que cometieron o peor aún lo juzgaron y condenaron, haciéndolo que “pague” por su equivocación?

Equivocarse está bien. Hacerlo muchas veces y con frecuencia ¡está muy bien! Quiere decir que seguimos intentando, que estamos aprendiendo y cada vez más acercándonos a aquello que queremos lograr.

Cometer exactamente el mismo error una y otra y otra vez, no está bien. Tenemos que aprender a reconocer con humildad cuando nos hemos equivocado y abrirnos a aprender la lección que ese difícil momento nos da.

Jamás cometer un error, está simplemente mal.  Presumir que nunca te has equivocado es confesar que nunca te has arriesgado a hacer algo nuevo y que ni siquiera lo has querido intentar.

Y criticar y condenar a quienes se equivocan una y otra vez, mientras observan seguros y cómodamente detrás de un escritorio es mucho, muchísimo, peor.

Así que si en algún momento sentimos las ganas de criticar a alguien en nuestro trabajo, en nuestra familia o en nuestro círculo social, por el error que cometieron, tomémonos un momento para preguntarnos ¿Y últimamente en qué me he equivocado yo?

 

Dos lecciones inesperadas…

No cabe duda, a veces las lecciones vienen de quien menos lo esperas.

La semana pasada estuve en Nueva York asistiendo al congreso anual de IAB Mixx y al Summit global del Interactive Advertising Bureau, organización con la que desde hace varios años tengo el honor de colaborar en su capítulo de México.

Privilegiado, pude escuchar en vivo y cara a cara a grandes, grandísimas personalidades del medio, líderes de pensamiento y de acción: Desde Seth Godin hasta Yossi Vardi, Penry Price y Chuck Porter, y muchas más personalidades del medio del marketing digital, quienes de alguna manera u otra, han cambiado el nombre del juego e inspirado a muchos a seguir sus pasos, pero…

¿Quién me iba a decir que las dos más importantes lecciones me las darían Doña Inés y Gourav?

Lección número 1: Hay lugar para todos.

Imaginen la escena… 9 y pico de la noche en el metro de Nueva York , vagones saturados de gente ansiosa por llegar a su casa y que además corre para refugiarse de la lluvia que durante 2 días seguidos no había dado tregua. Entro al vagón… lleno. Yo, el único parado. En la estación siguiente se levantan 3 personas y me muevo hacia el lugar ahora libre, solo para encontrarme con un par de sujetos de mayores dimensiones que yo (cosa difícil, y quienes me conocen no me dejarán mentir) que se expanden en los asientos que, a su lado, se acababan de vaciar, mientras me observan con cara de “a ver…dinos algo”.

En eso una pequeña señora de unos 70 años de edad aproximadamente, me jala del saco y, en un Inglés forzado y acentuado, sonriente me dice “hay lugar para todos”, a la vez que se desliza dejándome ver un lugar junto a ella.
Así, Doña Inés (originaria de Costa Rica y quien lleva viviendo en EUA desde hace 20 años, donde trabaja en intendencia en oficinas corporativas), me recordó que, en efecto, siempre hay lugar para todos y que, siempre que estés dispuesto a ver y escuchar, verás muchos rostros sonrientes abriéndote un lugar a su lado.

Lección número 2: Deja de quejarte y haz lo que tienes que hacer.

Esta es la escena, el cierre de una larga semana fuera de casa. 8:30 pm tomando el taxi rumbo al aeropuerto para tomar ese vuelo que muchos llaman “Red eye” (por como se te ponen los ojos después de una noche de no dormir). Las largas filas para documentar y para pasar los puntos de seguridad y el prospecto de esperar 3 horas en uno de los aeropuertos más conflictivos del mundo, resulta muy poco alentador.
Entonces, Gourav (originario de la India y padre de 4 gemelos, sí dos pares de gemelos), como si escuchara mis pensamientos mientras conducía el taxi, me dice: “no te preocupes por la espera, solo haz lo que tienes que hacer, cumple con eso y después haz algo por ti: relájate.”

¿Por qué será que necesitamos a un perfecto extraño que venga del otro lado del mundo para recordarnos que lo mejor que podemos hacer es dejar de quejarnos, cumplir con nuestra parte, hacer lo que tenemos que hacer y después relajarnos y dejar que la vida siga su curso, sin forzarla ni frustrarnos innecesariamente?

Y así, esta semana, mis maestros, mi ejemplos a seguir, no fueron ni Seth ni Yossi ni Robin ni ninguna otra celebridad o líder de pensamiento.

Esta semana mis mejores maestros fueron Gourav y Doña Inés.

Y tengo que preguntar:

¿De qué personajes singulares han aprendido ustedes?

De títulos, cargos, tarjetas y ladrillos…

Títulos… ¿quién no le ha dedicado más del tiempo merecido a pensar respecto al título o cargo que ostenta?

Mientras que algunos viven eternamente enamorados de su título, otros se apenan de el  y juran merecer uno mejor. Otros critican el de los demás y unos cuantos más lo usan como su cobija de seguridad. También hay quienes deciden con quien sí o no hablar dependiendo del título indicado en al tarjeta de presentación de esas personas. E incluso hay hasta aquellos que portan su tarjeta cual placa de sheriff “charoleándola” ante quienes los rodean y lamentando no poder usarla también como ladrillo para pararse “en lo alto” frente a los demás.

El problema con los títulos, sin embargo, es que todos son prestados. Todos son asignados basados en la percepción de solo unos cuantos. Y todos, absolutamente todos son temporales.

Nadie es Director General, Country Manager, VP, SVP, CEO, CMO, CIO, COO, CFO (ó el CXO que quieran) vitalicio… Hoy, con tu título, serás Juan de la empresa, pero mañana serás solo Juan.
Todos tenemos que rendir cuentas a alguien y ese alguien tarde o temprano requerirá de alguien diferente para cubrir sus necesidades de acuerdo a como estas vayan evolucionando. Y cuando esto suceda, aquel apellido prestado y reputación empeñada al nombre de la organización que te otorgo dicho nombramiento, dejará de significar algo para los demás.

Y no es que no la gente no merezca tener el título. Seguro muchos méritos y logros le habrán valido llegar hasta ahí. Pero un título jamás debe ser tu cumbre, pues esas están hechas tan solo de papel.
El día de mañana, la gente no recordará que título ostentabas sino que hiciste por ellos, cómo los trataste y cómo los hiciste sentir.

Por supuesto que los organigramas y las jerarquías son necesarias para poder operar cualquier organización. Por supuesto que se requieren personas que asuman el liderazgo de un equipo, que quieran hacerse responsables por este y que rindan cuentas de las decisiones y acciones del mismo. Sin estos, ninguna operación podría avanzar.
A decir verdad, quienes toman este camino merecen todo nuestro aprecio, respeto y admiración, pero solo por lo que hacen y nunca por lo que pretenden ser.

Contar con una tarjeta de presentación que exponga en letras brillantes y resaltadas un título nobiliario no debería ser necesario para ejercer autoridad sobre un grupo. Hacerlo así es basarse en una “autoridad formal” y no una “moral”… pero ese es tema de otro post.

Los títulos que has ostentado o en ocasiones cargado cual lápida en la espalda, deberías guardarlos para ilustrar tu trabajo y experiencia laboral, solo ahí, en tu Curriculum Vitae.
Y en tu tarjeta de presentación mejor comparte cual es tu trabajo (contador, marketero, financiero o coach), a qué te dedicas día con día (a crear, a entretener, a escribir o a hablar) o mejor aún, dinos que es lo que haces por los demás.

A jolly good fellow, Creador de historias, Mentor y aprendíz y Thinking partner, son solo algunas de las mejores descripciones que, hasta ahora, he leido en una tarjeta de presentación.

¿Qué escribirías tú?

Picture Credit: Colin Campbell.

Compartiendo y aprendiendo de una industria.

“¿Pero por qué habría de participar en cursos para entrenar a mi competencia?”, “No me gusta enviar a mi gente a estos seminarios porque la competencia luego me los quiere piratear”, “Esta empresa no es cuna de talento”, “No capacito a mis clientes para que así siempre me necesiten”.
Son solo algunas de las más tristes excusas que he escuchado en los últimos años de parte, lamentablemente, de algunos muy destacados miembros de la industria del marketing digital.
Pretextos absurdos para esconder su miedo a no ser lo suficientemente buenos para competir. Prefieren incluso que una industria entera se quede estancada, siempre que esto les permita conservar por un rato más, eso a lo que ellos prefieren llamar ventaja competitiva.
Y entonces, un mercado que debería crecer tan rápido como la tecnología, se ve deprimido en su desarrollo, no por la poca adopción, experimentación o inversión de los anunciantes, sino porque algunos, simplemente no predican con el ejemplo.
“La información es poder” bien dice el dicho y tristemente a algunos aún les gusta creer que “quien tiene la información tiene el poder”. Sin embargo, lo cierto hoy es que la única manera de seguir creciendo y desarrollando cualquier industria, organización o mercado es compartiendo y aprendiendo.

Que a miembros de tu equipo les ofrezcan nuevas oportunidades de trabajo porque cuentan con un conocimiento y experiencia que obtuvieron colaborando contigo, no es malo, por el contrario, habla muy bien de ti. Que estos quieran explorar estas nuevas posibilidades o no, está en tus manos: ¿qué haces para desarrollarlos y retenerlos? ¿Qué te mantiene atractivo como empresa?

Ayudar a tus clientes a aprender más sobre tú trabajo y prepararlos para saber tanto o más que tú, no es para que ellos dejen de contratar tus servicios, sino para que los sepan aprovechar mejor. Ellos ya tienen muchas cosas en sus manos, y tomar tu trabajo es lo menos que quieren. ¿Cómo te mantienes vigente y a la vanguardia con tus clientes? ¿Qué haces para continuar aportándoles valor?

Participar en proyectos de capacitación y desarrollo a los que puede acceder tu competencia, no debería ser para ti una amenaza. Crear nuevos programas de desarrollo para dotar de mayor conocimiento y mejores herramientas a todos los que participamos en una industria no puede hacer otra cosa más que elevar la barra para todos y crecer el tamaño del pastel.
¿Qué haces tú para mantenerte en la punta de la ola?

En resumen, ayudar a  que todos los integrantes de la industria estén mejor preparados no te quita negocio, ni empleados ni clientes. Poner nuestro granito de arena para que todos hagan un mejor trabajo, crece, construye y refuerza la credibilidad de quienes participamos de este mercado y crea nuevas oportunidades para todos.

Por eso comparte, aprende, sueña, actúa y sé feliz.

Picture credit:

姒儿喵喵

Personal Branding y la organización.

“¿Cuál es el impacto que tiene el Personal Branding de un individuo sobre la empresa para la que trabaja? ¿Debería la empresa limitarlo o impulsarlo?” Han sido unas de las mejores ( o más deseadas debería decir) preguntas que he escuchado sobre Personal Branding.

Para muchos, el tema de Personal Branding trata sobre una agenda en particular para promover su propia carrera profesional o comercial. Para otros, los más “corporativos”, es un tema sin importancia y pasajero a lo más.

Por fortuna, para muchos más, definir, ejercer y desarrollar nuestra marca personal es un tema de vida, así, sin más ni más.

Ejercer nuestra marca personal, como lo hemos comentado en el pasado, no se trata de auto promoverse, alimentar nuestro propio ego y salvaguardar nuestra inseguridad; sino de dejar una huella positiva en la vida de los demás, trabajando colaborando, contribuyendo, ayudando, compartiendo, enseñando o aprendiendo… y sí, dejando también en la organización para la que laboramos,  nuestra huella personal.

Ciertamente, contar con una fuerte marca personal ha impulsado el desarrollo de las carreras profesionales de incontables personas que han sabido ejecutar cuidadosamente no solo su plan de carrera sino de vida por igual; y no tendría porque ser de otra manera. Si han contribuido positivamente a la vida de otros, ¿por qué no debería irles bien a estos también?
Y de la misma forma, contar con empleados que tienen una fuerta marca personal ha sido muy positivo y productivo para aquellas organizaciones que no solo saben aprovechar esta enorme fortaleza de sus integrantes, sino que también la promueven y nutren para fortalecer su marca laboral.

Verán, todas las empresas tienen muchos más voceros de los que formalmente entrenan y autorizan para hablar en su nombre.
De hecho cada integrante de la corporación es un vocero potencial, no solo por lo que informalmente, en distintos lugares y de manera accidental pueden compartir sobre la empresa para la que trabajan, sino por la imagen que proyectan de ellos, y de la empresa ante los demás.

Es curioso ver lo mucho que las empresas invierten en desarrollar, posicionar y fortalecer su marca comercial, solo para olvidarse de hacer lo mismo con su marca laboral.
Invierten millones de dólares e incansables horas hombre en inventar y reinventar todos los días su marca como la mejor que podemos comprar; y gastan un gran tanto más en hacerse de recursos y ayuda para atraer al talento que quieren contratar; olvidándose de que en sus filas están aquellas personas que a final de cuentas puede convertirse en su mejor imán, su propio staff.

Tener integrantes que ejercen una sólida marca personal como agentes de confianza que aportan valor a una industria o a una comunidad, que comparten su conocimiento, trabajo y pasión con los demás y que buscan aprender también de estos, no puede más que hacer más atractiva y sexy a la organización para la que trabajan.

¿Quién no quisiera trabajar con  gente talentosa, que no solo es de los mejores en lo que hace, tiene una gran experiencia y pasión por su trabajo, pero que además lo hace con humildad y apertura a continuar aprendiendo? ¿Quién no quisiera rodearse de gente buena en lo profesional y en lo personal? ¿Y quién no quiere trabajar para una empresa en la que no solo contará con buenos benificios económicos y grandes prestaciones, pero en la que también podrá nutrir y desarrollar su talento para poder aportar aún más a su trabajo y a su comunidad?

Definitivamente, nuestra marca personal  sí puede influenciar directa y positivamente a la marca laboral de nuestro empleador, de la misma forma en la que la organización para la que laboramos puedes ayudarnos a nutrir y fortalecer nuestra marca personal.

Picture credit: Stefano Principato

De maestros y guías… y la autoridad intelectual.

Es curioso, pero cada vez que alguien utiliza la palabra “Gurú” en una red social, en un blog, en un evento, en un podcast o hasta en una charla privada entre amigos, provoca una serie de reacciones en cadena, casi como si usara la palabra genocidio.
Algunos se emocionan y otros se ofenden, pero todos tienen algo que opinar.

Pero en realidad la palabra gurú no tiene nada de malo en si misma. Es más bien el pésimo uso que algunos pocos (o no tan pocos) le han dado para instantaneizar (si existe la palabra) su “autoridad” sobre algún tema o especialización.

Vivimos en una época en la que, como compartió con nosotros, aquí en DLC, Pam Thomas hace ya un par de años, parece que solo buscamos la gratificación instantánea y los resultados inmediatos: pérdida instantánea (o casi instantánea) de peso, comida instantánea, respuestas instantáneas…y sí, carreras profesionales meteóricas, instantáneas también.

Gurú, de hecho, de acuerdo al diccionario de la Real lengua Española, quiere decir, en el hinduismo, maestro espiritual o jefe religioso; o bien una persona a quien se considera maestro o guía y se le reconoce como autoridad intelectual.

Pero ¿Puede uno en verdad ser una autoridad intelectual al instante?

Sí leo los perfiles en Linkedin.com de algunos de los más representativos líderes de opinión de la industria de la mercadotecnia y la comunicación, definitivamente no.
A ellos, convertirse, no en un guru, sino en un “Agente de Confianza” como acertádamente los llama Chris Brogan, les ha tomado años de trabajo, de riesgos y aprendizajes, de apostar por su pasión y esfuerzo y por la huella que han dejado en la vida de los demás. Y han entendido que, también en palabras de Chris: “Personal Branding is not about you…” y que, como dice Seth Godin“toma por lo menos 10 años construir un éxito de la noche a la mañana”, tal como lo hicieron:

o en México

Dénle un vistazo a sus perfiles y verán por qué hoy ellos son, no gurús, sino importantes líderes de opinión.
Picture credit: Walkingalone

Follow Friday en DLC’010 – Agosto 6, 2010

Follow Friday es una gran costumbre ya en Twitter pero…¿Por qué limitarnos?

A partir de ahora, cada viernes trataré de compartir los 3 mejores posts que haya leído en la semana.

Y en esta ocasión, estos son:

¿Cuáles me recomiendan a mí?

Ser gurú no es suficiente

Ser listo no es suficiente, ser astuto tampoco lo es.

Tener labia no lo es todo.

Conocer tan solo un poco más que los demás y ser un “trend setter” o “early adopter” de nuevas tecnologías, tampoco basta.

Que 9 de cada 10 palabras que salen de tu boca sean groserías no te hace “cool” y hacer comentarios ofensivos al referirte a los demás no te hace, para nada, superior a ellos.

Ser el tuerto entre los ciegos, no necesariamente te hace el rey.

Y tener más de 2000 seguidores en twitter ciertamente no te hace una autoridad.

Por supuesto todos, absolutamente todos, tenemos el derecho de hablar, expresarnos y compartir nuestra opinión. Pero lograr que nuestra opinión realmente sea valiosa para los demás…eso se gana. Y no se gana de un momento a otro por hacer comentarios que creemos astutos o que demeritan el trabajo de los demás.

Que nuestra voz sea escuchada con atención y que la gente nos abra su mente y corazón se  gana con trabajo, con hechos, resultados y sobre todo con humildad.

Es tan penoso ver como tantas “celebridades”  improvisadas en Internet, que se llaman a sí mismos “gurú”,  inundan la red de comentarios tan absurdos, hablando de temas de los que no tienen mayor idea que el resto de nosotros, como si fueran el más importante y conocido experto de esos temas. Ejerciendo opiniones y juicios sobre asuntos en los que su experiencia se limita a tener un programa de live streaming en la red que es visto por solo 7 personas, pero en el que hablan de temas como si fueran veteranos de estos y cuando los enfrentas con una pregunta sobre su experiencia, su reacción es tan solo balbucear.

Todos tenemos algo que decir, todos tenemos algo de qué hablar, pero antes de hacerlo pensemos en guardar un poco más de silencio y ponernos a trabajar y dejar que nuestra labor, los hechos y las huellas que dejamos en la vida de otros, hablen por nosotros sobre nuestra marca personal.

Picture credit: Emilie Ogez

Más allá del ‘SPLAT’

NOTA: de acuerdo al diccionario, ‘Splat’ es el sonido que se genera cuando un objeto líquido o mojado golpea una superficie sólida o cuando un objeto sólido golpea la superficie de un líquido.

“Un día un hombre se encuentra a un viejo sabio en el camino y le pregunta – ¿en qué dirección está el éxito? –
El barbado gurú no dice palabra alguna pero con el dedo apunta hacia un lugar en la distancia. El hombre emocionado ante el prospecto de encontrar éxito fácil y rápidamente  sale corriendo hacía allá. Entonces, a lo lejos se escucha un estruendoso ‘SPLAT’. Un rato más tarde, el hombre confundido y algo golpeado, regresa cojeando, asumiendo que tomó la dirección equivocada.
Al llegar con el gurú le hace la misma pregunta, y el viejo sabio, una vez más en silencio apunta en la misma dirección. El hombre, obediente, se dirige para allá de nuevo, solo que ahora el ‘SPLAT’ que se oye a la distancia es ensordecedor. Golpeado, algo ensangrentado y muy irritado regresa a gatas hasta el viejo sabio y le grita – ¡Te pregunté cuál era el camino al éxito, seguí tus direcciones y todo lo que conseguí fue un enorme ‘SPLAT’! ¡No más señas! ¡Habla! -.

Solo entonces el sabio habló y dijo brevemente: – El éxito está allá, justo después del ‘SPLAT’”.

David Cottrell Monday Morning Mentoring, Pag. 12.

¿Cuántas veces no hemos sentido que por más que tratamos e intentamos, todo lo que conseguimos es un ‘SPLAT’ en la cara? Probablemente, algunos incluso se sientan así ahora mismo; en su vida en general o en algún asunto muy particular.
Tal vez respecto a su carrera profesional y esa promoción que tanto anhelan; o quizás por ese proyecto aún no logrado.

No importa de qué estemos hablando, si vale la pena, el ‘SPLAT’, más probable que no, estará ahí; eso no está a discusión.

La pregunta que entonces queda es que tan perseverantes seremos para llegar más allá de el ‘SPLAT’.

Photo credit: Perfect Weather to Fly

El poder de las palabras.

Las palabras que usamos todos los días son muy poderosas.

Tan poderosas que han escrito nuestra historia y la de la humanidad.

Pero no son solo poderosas porque registran lo que escribimos, sino porque definen la manera en la que vivimos.

Las palabras que usamos cuentan nuestra historia y definen nuestro futuro.

Las palabras que usamos todos los días, crean memorias sobre nuestra persona en la mente de aquellos con quien las compartimos.

Las palabras que usamos al describirnos a nosotros mismos definen claramente la forma en la que nos conducimos día con día y muestran el valor que otorgamos a nuestras acciones y a nuestra persona.

Las palabras que usamos muestran como nos sentimos y definen la manera en la que pasamos cada uno de nuestros días.

Las palabras que usamos son un espejo de nuestras creencias  y una ventana abierta a nuestra vida pasada, presente y futura también.

Las palabras que usamos pueden destruir al más entusiasta o inspirar al más apático.

Las palabras que usamos destruyen carreras o crean las más exitosas.

Las palabras que usamos pueden ser vendas en los ojos o hacernos ver la verdad.

Las palabras que usamos pueden evidenciar nuestra enorme ignorancia y arrogancia o pueden mostrar nuestra humildad y ganas de aprender.

Las palabras que usamos pueden engañar a otros para que nos den o pueden ayudarnos a dar de nosotros a los demás.

Las palabras que usamos pueden alejar a quienes más nos quieren o rodearnos de seres queridos.

Las palabras que usamos pueden ser el repelente más efectivo o un gran imán.

Las palabras que usamos definen nuestra realidad.

¿Y qué palabras usas tu?

La verdad atrás de tu marca personal.

Mucho se habla del tema de personal Branding. Muchos autores, pensadores y líderes de opinión actuales han dedicado incansables horas a escribir y compartir conocimiento sobre este tema, el cual ha se ha vuelto tan popular, que es difícil encontrar a un joven adulto profesional que comienza su carrera,  que no le esté dando importancia a ejercer su marca personal.

Yo mismo he escrito posts y presentado conferencias en diversas ocasiones sobre los pasos que hay que tomar para, primero para definir cuál es tu marca personal y después para comenzar a ejercerla; así como cuales son los beneficios de hacerlo.

Pero después de tantos años (sí, en el mundo en línea 4 o 5 años son muchos) de pensar, investigar y compartir sobre este tema en particular puedo  asegurar con toda confianza que el concepto que hasta ahora hemos manejado del personal branding ha sido, por mucho, limitado y hasta miope.

Tu marca personal no se trata de cuántos perfiles en redes sociales administras todos los días y cuanto contenido, y de que calidad, compartes a diario. Tampoco se trata solo de cuantos seguidores en Twitter o contactos en Linkedin tienes. Ciertamente no es solo contar las veces que tus alertas de Google se disparan con el uso de tu nombre.
Mucho menos se trata de manipular o restringir la información que los reclutadores y profesionales de recursos humanos pueden encontrar sobre ti, en la red. Y por supuesto tampoco se trata de aparentar ser otra persona en línea a la que eres en realidad. “Se tu mismo, todos los demás ya tienen dueño”, dice el dicho.

Personal Branding no es un concepto que hable de crear tu marca personal. Si hiciéramos eso, como personas, no seríamos más importantes que una bolsa amarilla de papas fritas con una cara sonriente que te dice que no podrás comer solo una.

Nuestra marca personal no se crea como un concepto creativo que después es distribuido a través de distintos medios.

Cierto es que el fácil acceso que, hoy,  los medios digitales nos dan para alcanzar a millones de personas para compartir con ellos nuestro contenido, es lo que ha disparado con tanto impulso a la técnica del personal branding. Y digo técnica porque si tan solo nos limitamos a usar los medios digitales para compartir un concepto artificial de nuestra marca personal, no estamos haciendo mejor trabajo que el de cualquier publicista exitoso que maneja a cualquier marca, famosa y popular.

Nuestra marca personal pues, no se crea, se gana, se define día con día con los actos reales que hacemos a diario. Nuestra marca personal se dibuja con las acciones que llevamos a cabo en nuestra vida, con nuestros éxitos y fracasos, con nuestra experiencia y, sobre todo, con el impacto que nuestras acciones tienen sobre la vida de los demás.

Nuestra marca personal, no es un logotipo ni un slogan, mucho menos un selling line.
Nuestra marca personal es eso, una marca. Una marca que dejamos en la gente con la que interactuamos todos los días.

Nuestra marca personal no se define por qué tan exitosos somos, sino más bien con cuan significativos somos para los demás.

Cómo decía el filósofo, político y militar Pericles ( Y no el de los locos Adams!) : “Lo que dejas atrás no es lo que queda grabado en monumentos de piedra, sino lo que queda entretejido en la vida de los demás.”

Eso es tú marca personal.

Picture credit: Cindy47452 / Flickr

¿Que clase de memoria quieres dejar de ti y de tú pais en los demás?

Lo acepto, nuestra sociedad tiene muchos vicios, nuestras costumbres a veces pueden parecer raras y definitivamente nuestros gobernantes dejan, en todos sus niveles, mucho que desear.

Pero también hay que reconocer que tenemos muchas más cosas positivas que negativas como cultura y como sociedad.

Ahora lo más importante será que aprendamos a reconocerlo, pero sobre todo a celebrar las cosas positivas de nuestro país y nuestra región.

Desarrollando nuestro potencial enfocándonos en lo positivo.

De acuerdo a los expertos, la mejor manera de entrenar y desarrollar el potencial de una persona es enfocándose en sus grandes fortalezas y desarrollándolas cada vez más a la vez que buscamos alejarnos de sus
debilidades. En otras palabras, enfocarnos en lo positivo, nos ayuda a sacar lo mejor de esa persona.

Entonces, ¿por qué no aplicar la misma visión respecto a nuestro pais?

He tenido la fortuna de pasar la mayor parte de mi carrera profesional trabajando con equipos globales y multiculturales, y si una diferencia he notado entre los miembros de los equipos con quienes he colaborado
en las últimos 15 años es que mientras que la mayoría de los latinos típicamente tienden a satirizar y criticar a nuestra sociedad cuando platican con algún extranjero con frases clásicas como: “manejaré como
chilango”, “al fin que los latinos siempre llegamos tarde”, o justificando actitudes y malos hábitos diciendo “soy latino, soy fiestero y ruidoso e informal”; otras sociedades, como las orientales, cuando comparten cosas sobre su país o su ciudad, por lo general tienden a hablar de lo positivo, de sus valores y del orgullo que sienten por su pais y su comunidad.

No, no esto ciego y tampoco quiero ignorar los grandes vicios y retos que enfrenta nuestro pais. Tampoco pretendo vivir en una burbuja o aislado de los problemas de nuestra sociedad. Pero es precisamente por
esto que no solo quiero hablar de lo malo y con cinismo burlarme de lo que ni siquiera nos tomamos el tiempo de intentar arreglar.

En lugar de esto prefiero destacar todo lo bueno de nuestro país, nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestras costumbres. Compartir lo importante que es para nosotros la familia, lo hospitalarios y amistosos que somos; platicar sobre nuestra alegría y gran capacidad para hacer amigos. Presumir lo duro que trabajamos y nuestro enorme sentido de solidaridad, y como es que siempre pedimos las cosas por favor y damos las gracias después.
Y claro siempre predicando con el ejemplo y demostrando que no solo es este un discurso que aprendimos de memoria, sino la realidad que queremos vivir.

Así que la próxima vez que convivas con personas de otro país en tu trabajo, durante tus vacaciones, en un evento o cualquiera que sea el contexto, antes de comenzar a despotricar sobre tu tierra, tómate un par
de segundos para pensar: ¿quiero que me recuerden por lo mal que le va a mi pais y me asocien con todos esos vicios y problemas, o quiero dejar una huella positiva en la memoria de estas personas?

No se ustedes, pero yo prefiero mil veces compartir lo orgulloso que me siento de mi gente y de mi pais.

Photo credit: Esparta