De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Factor #3. Lo que dejamos entrar en nuestra mente: lo que vemos, leemos y escuchamos.

En su libro El monje que vendió su Ferrari, Robin S. Sharma hace una analogía de la mente del ser humano como si esta fuese un jardín que hay que cuidar, regar, sembrar y limpiar para mantenerlo siempre productivo y en excelente estado; y explica como cada quien tiene que hacer como un saldo que monta guardia a la puerta de este jardín para que nadie lo invada y tire su basura dentro de el.
No me imagino una mejor comparación que esta para hablar del tercer factor determinante para como vivimos nuestras vidas: Lo que dejamos entrar a nuestra mente, lo que leemos, lo que vemos y lo que escuchamos.

Definitivamente lo que permitimos que penetre en nuestra mente, si tenemos cuidado, puede bien aportarle conocimiento, energía, alegría y pensamientos en general positivos; o puede llenarla de miedos, imágenes descontroladoras, ideas confusas y estrés.

¿Qué tan familiar les es está situación? Es el final del día, son las 9:00 de la noche y todos los miembros de la familia se fueron ya a descansar, se meten a la cama o se sientan en su sillón favorito, encienden el televisor y sintonizan el primer programa que ven, una cruda serie llena de violencia y crimen, donde matan prácticamente hasta al director. Incluso hay un spot promocional de uno de estos pseudos programas que comienza diciendo “Ahora con más violencia, más secuestros…” ¿Pueden creerlo? Pero esto no esto todo, pues la noche aún es joven así que a las 10:30 llega la hora de ver el noticiero y por espacio de una hora ven todas las tragedias, engaños, fraudes, crisis, crímenes, etc. que sucedieron durante todo el día. Pero eso sí, como no hay que desvelarse mucho, inmediatamente después de que este termina, apagan la televisión y se acuestan a dormir.
¿Suena de verdad sorpresivo que después de esta carga de imágenes e información BASURA tengan insomnio y pesadillas o simplemente no descansen nada?

Eh aquí un par de recomendaciones para mejorar la calidad de lo que dejan entrar en su mente:
1- ¡Dejen de ver las noticias todas las noches!

“¿pero qué esta diciendo este loco, si tenemos que estar bien informados?” estarán pensando, pero se los digo con toda seriedad: Este lunes fíjense cuales son las principales notas que dan en las noticias y no vuelvan a ver absolutamente nada hasta el próximo lunes. Verán que las notas siguen siendo las mismas. Además, si les preocupa no enterarse de algún suceso realmente importante, que en verdad pueda cambiar la vida de todos, les aseguro que de todas maneras se van a enterar. Y si de plano la tentación es tanta que no pueden dejar de “informarse” de los que sucede, usen la tecnología a su favor. Si están leyendo este artículo es porque muy probablemente tiene una computadora para su uso continuo, así que descarguen un lector de RSS y seleccionen solo el tipo de noticias que les interesan y las fuentes de información en las que confían para recibir solo aquellas notas que en verdad son de su interés sin que las demás notas mórbidas contaminen su día.

2- Cambien sus gustos como espectadores, no pretendo proponerles que dejen de ver Warner Channel y Sony Entertainment y los cambien por Nacional Geographic, solo que sean más selectivos con a lo que exponen su mente. A menos de que sean unos asesinos seriales en potencia no creo que le tengan mucho apego a las series que solo muestran como unos matan a otros sin compasión y de manera tan gráfica. Pregúntense a si mismos “¿Esto es lo que quisiera que mis hijos vean y acepten como parte de la vida?” Los niños hacen lo que ven, aprenden practicando lo que ven, así que si ellos ven que para ustedes sintonizar este tipo de series es “lo normal”, ellos querrán verlas con ustedes y lo que ahí observen quedará impreso en su memoria también. ¿Así que por qué no ver algo más amable y divertido?

The Bucket List – Trailer

Ahora hablemos de lo que leemos… … … … … … … … … … …

Qué poco se lee hoy en día. Parece increíble que en la época en la que vivimos, con tanta información a nuestro alcance, con tantos medios electrónicos que hoy hacen totalmente accesible contar con un buen libro, la gente siga sin leer.
Estamos tan viciados por la televisión que resulta difícil encontrar a una persona joven leyendo un libro en lugar de estar viendo esta caja idiota.
Yo mismo he de confesar que no fue sino hasta los 23 años que le tomé un verdadero amor a la lectura. Antes de esto me rehusaba a leer y por rebelión leía solo aquello que era obligatorio para aprobar algún examen en la escuela o la Universidad. Hasta que un buen día tuve la oportunidad de tomar un libro de ciencia ficción de un famoso autor que para mi era un total desconocido: Dean Koontz, el libro: Fear Nothing y debo decir que no he parado de leer un sin fin de libros NI UN SOLO DÍA desde aquel momento.

Talvez muchos estén en la misma situación que yo hace 10 años, talvez otros gusten de leer pero crean que no hay tiempo suficiente para hacerlo, y si es así les comparto un par de consejos, que al respecto, alguna vez recibí:
1- “Siempre, no importa a donde vayas, lleva un libro contigo. Hay cientos de momentos muertos en los que podemos aprovechar para leer, cuando estamos en la fila del un banco, cuando salimos solos a comer, cuando esperamos en la recepción de las oficinas del cliente a quien vamos a ver, etc.”
2- “La persona que serás dentro de cinco años, será resultado de dos principales influencias: la gente con quien te relacionas hoy y los libros que lees.”

¿No saben que leer?, afortunadamente nuevamente la tecnología actúa a nuestro favor y pone a nuestra disposición miles de fuentes donde podemos encontrar que leer:

www.Shelfari.com una red social alrededor de la lectura, donde pueden encontrar un sin fin de recomendaciones de lo que la gente en el mundo está leyendo.

¡Blogs, blogs y más blogs! Creo que ya lo había hecho pero eh aqui la lista de mis favoritos:

Visítenlos, léanlos, disfrútenlos y compártanlos y díganme si con esto no tiene excelentes armas para hacer guardia al frente del jardín de su mente.

Factor #2: Lo que hablamos.

Cuando saludas por las mañanas al llegar a un lugar y te preguntan como estás o como van las cosas en tu vida ¿qué contestas? “Mas o menos”, “mal”, “La cosa está cada vez más difícil”, “Pues ahí llevándola”, “estoy que ya es ganancia”, etc. ¿O tus respuestas son más animada y positivas, como “estoy muy bien”, “Contento de estar vivo”, “disfrutando el día porque…”?
Cuando estás platicando con algún amigo sobre otro más que no está ahí con ustedes ¿cómo hablas de el? Lo criticas y desmenuzas hasta su más mínimo defecto o hablas bien de el y dejas saber lo mucho que lo aprecias.Lo mismo con tu trabajo, cuando hablas sobre tus labores, la compañía para la que trabajas o sobre tus compañeros de trabajo, ¿hablas siempre quejándote o platicas sobre las cosas que más te gustan sobre tu empleo?
¿Qué tipo de palabras usas para hablar?

Las palabras que decimos tienen, al igual que nuestros pensamientos, un gran poder e influencia sobre como vivimos nuestra vida. Cuando hablamos negativamente solo nos rodeamos de un ambiente negativo. Por el contrario, cada vez que hablamos de manera positiva sobre nuestra vida, creamos un contexto positivo que nos anima a continuar así.
Sin embargo, este es sin duda uno de los factores determinantes de cómo vivimos nuestra vida más difíciles de controlar.
Yo en lo personal sigo en una lucha diaria por procurar que las palabras que salgan de mi sean positivas y propositivas; cosa que en un inicio no resulta tan sencillo pues estamos tan acostumbrados a responder por responder nada más, que la mayoría de las ocasiones ni siquiera pensamos que es lo que estamos diciendo. Afortunadamente, como todo hábito, después de practicarlo disciplinadamente durante por lo menos un mes, uno comienza a hacer de esta nueva práctica, lo normal.

Como dicen por ahí: “Si al hablar no has de agradar, es mejor callar”.

Pero ¿cómo hacer para romper con el mal hábito de hablar negativamente? Es una pregunta que no me es tan sencilla responder pues, como ya lo he mencionado, yo día a día continuo esforzándome por lograrlo, y aunque más frecuente que no, cada día siento que elijo mejor mis palabras, aún hay momentos en que la mala costumbre de criticar, juzgar y calificar sobresale en mí.

Dicho esto, un ejercicio que en alguna ocasión leí y que estoy intentado practicar es:
Cada vez que se vaya a hacer alguna declaración sobre algo o alguien, antes de dejar que las palabras salgan de nuestra boca, hay que procurar hacerse 3 preguntas:
1- ¿Esto que voy a decir es realmente necesario y contribuirá a la conversación?
2- ¿Si digo esto estaré afectando, criticando o lastimando a alguien, esté presente o no?
3- ¿Es este un momento oportuno para decir lo que quiero decir?

Vale la pena intentarlo ¿o no?

5 factores determinantes de cómo vives tu vida. Factor #1.

Cada vez que medito más al respecto, más convencido estoy. Existen, de entre muchos, 5 factores que son definitivamente decisivos en determinar como es que cada quien vive su vida.
Y no, no se trata del país donde vives, la edad que tienes, la época en que estás o tu nivel socio económico. Estos, aunque establecen un claro contexto y punto de partida, no son los más importantes para definir como vives tu vida.
No, definitivamente no es cuestión de cuantos bienes materiales tienes lo que define cuan feliz eres y tampoco cuanto has de sufrir para determinar que tan grande es tu vida espiritual. Tampoco es la cantidad de veces que vas a un templo lo que establece a cuantas bendiciones eres merecedor, ni cual es tu nivel de educación lo que define cuan realizado estás con tu carrera profesional.

Creo, o sé mejor dicho, que lo que realmente define como cada uno de nosotros vive su vida son 5 factores, entrelazados entre si.

1- Lo que pensamos: lo que viven en nuestra mente.
2- Lo que hablamos: lo que dejamos salir de nuestra mente.
3- Lo que vemos, leemos y escuchamos: lo que dejamos entrar a nuestra mente.
4- Nuestras acciones: como actuamos
5- De quienes nos rodeamos

Factor #1: Lo que pensamos: lo que vive en nuestra mente.

Bien lo dicen por ahí: “todo lo que creamos, lo hacemos dos veces, cuando lo pensamos y cuando lo llevamos a cabo”. Por las mañanas al levantarse ¿Qué es en lo primero que piensan? ¿Que otra vez es un fastidio tener que levantarse tan temprano para ir a pasarla mal al trabajo, aguantando estar rodeados de personas que solo les molestan, o dan gracias por la oportunidad de tener un día más de vida para trabajar duro por sus sueños, para compartir con los demás y rodearse de gente de la que disfruten su compañía?
Cuando enfrentan un problema o dificultad en casa, en el trabajo o con algún amigo o familiar ¿se cuestionan por qué a ustedes, qué hicieron para merecer esta tragedia de la que nunca podrán recuperarse para volver a hacer su vida, o piensan que este es un reto, una lección de vida más que nos toca aprender y que, como todo en la vida, pasará y, junto con el dolor que nos haya causado, quedará atrás mientras que nosotros seguiremos creciendo y llevándonos de esa experiencia el aprendizaje que debíamos obtener para contar con nuevas armas para el camino que sigue en nuestra vida?

Definitivamente, la calidad de nuestros pensamientos se proyecta automáticamente en la calidad de nuestra vida. A veces y sobre todo al principio resulta muy difícil cuidar el tipo de pensamientos que tenemos, sobre todo cuando venimos de años y años de quejas y negatividad, sin embargo un ejercicio que siempre funciona es DAR GRACIAS cada mañana al despertar, gracias porque nos han regalado un nuevo día, gracias porque tenemos salud y energía para vivirlo, gracias porque compartiremos un día más con la gente que queremos, gracias porque iremos a trabajar y contribuir en algo, gracias porque simplemente tenemos una vida que disfrutar.

Otro gran ejercicio que ayuda muchísimo a alinear nuestros pensamientos es la visualización creativa. Esta es una práctica que incluso hasta los mejores deportistas del mundo llevan a cabo y es muy sencilla de hacer.
Tan solo consiste en trazar un dibujo mental de cómo queremos que sea nuestra vida. Lo podemos hacer tan grande como para incluir toda nuestra vida, ajustarlo a como queremos que transcurra un día en particular, o podemos ser tan específicos como un Tiger Woods quien segundos antes de hacer cada uno de sus más grandes tiros, visualiza paso a paso cada movimiento y cada sensación que forman parte de su tiro, desde que toma su bastón hasta que la pelota cae en el green.

A algunas personas esto les suena fuera de la realidad o muy laborioso, pero no es ninguna de las dos. Está totalmente dentro de la realidad pues tal como un arquitecto tiene que hacer unos planos detallados de cada edificio que crea antes de comenzar su construcción, cada persona, como el “arquitecto” del edificio de su vida, tiene que trazar a detalle los planos de lo que quiere para esta.
Tampoco es mucho trabajo hacer estos planos pues basta con definir que es lo queremos obtener de la vida (y esto sí que es un reto) y plasmarlo sobre un papel. Puede ser un dibujo, una lista o un relato al que puedes recurrir cada mañana para recordar paso a paso como es que quieres vivir tu vida.

¿Por qué cada mañana? Desde que leí por primera vez sobre esta practica me lo pregunté, y hoy después de un buen par de años de hacerla y de ver sus resultados positivos entiendo que, para mi, dar gracias todos los días por todo lo que tengo y repasar cada mañana mi plano de vida me ayuda no solo fijar esa imagen en mi mente, sino que me recuerda como es que me debo conducir durante el día para reflejar esa manera de vivir.
Me recuerda también sobre los otros 4 factores determinantes para vivir mi vida, comenzando por como hablamos, lo que decimos y lo que escuchamos también, es decir lo que dejamos que salga y entre a nuestra mente pero de estos podemos platicar en la próxima entrada. En tanto ¿Cómo piensan que quieren vivir su vida?

Deja la crítica a un lado y enfócate en lo positivo.

Si trabajan en una empresa o cualquier otro tipo de organización, si son estudiantes en alguna institución o miembros de alguna agrupación, es más si son miembros de una familia o un grupo de amigos seguramente han visto suceder esta situación por lo menos en una ocasión, sino es que con mucha frecuencia:
Alguien es promovido, consigue una beca, adquiere mejores ingresos u obtiene algún logro importante y por lo general cuando menos una persona cuestiona por qué le ha ido tan bien. ¿Por qué la gente no puede quedar conforme y celebrar que a otra persona le vaya bien? ¿Cuál es la necesidad de buscarle fallas a esa persona para justificar porque no debería de haber obtenido su logro? ¿En verdad creen que al criticar a alguien y rasgar y rasgar en él o ella para encontrar sus más grandes defectos producirá un efecto positivo en el crítico? ¿Suponen que el grupo se beneficiará de alguna manera por enlistar las razones por las que la persona no debería estar en su nuevo puesto, aprovechando su beca o disfrutando de los beneficios derivados del logro que obtuvo?

Esta forma de pensar está muy equivocada, habla de envidia y la envidia es un sentimiento y pensamiento que muestra carencia y escasez, y definitivamente, a final de cuentas, va en reprimenda de nosotros mismos.

Piénsenlo bien, seguramente en algún momento todos, y me cuento a mi mismo, todos hemos cometido este error pero ¿qué hemos logrado, sino amargarnos nosotros mismos y a veces hasta dañar a alguien que solo merecía la oportunidad?
Y es que todos, absolutamente todos merecemos todas y cada una de las oportunidades que nos da la vida. Ya será de cada quien aprovecharla o dejarla pasara, pero de ninguna manera está en los demás el derecho a juzgar si la persona lo merecía o no.

Así que mi planteamiento es el siguiente: ¿Por qué no la próxima vez que veamos que a alguien cercano a nosotros le va muy bien, puede ser un compañero en la oficina que es promovido, un amigo que recién se cambió de casa, un hermano que obtuvo una beca, una amiga que se ha casado; en lugar de buscar el lado flaco para hacer cualquier tipo de crítica, nos enfocamos a buscar las características positivas que llevó a esa persona a donde está y lo celebramos? ¿Por qué no celebramos a los que nos rodean?

“Se requiere a uno igual para reconocer a alguien” dice el dicho, y es muy cierto.
Cuando logramos ver lo positivo en las demás personas es porque estamos viendo un reflejo de lo que hay dentro de nosotros mismos. Si vemos que alguien esta siempre sonriendo y feliz es porque reconocemos que en nosotros también existe esa capacidad de ser tan feliz. Cuando encontramos a alguien que tiene el valor y el coraje para perseguir sus sueños y trabajar fuertemente en pro de estos, es porque sabemos que en nosotros también esta esa fuente de pasión y fuerza para seguir adelante con los nuestros.
Así que cuando celebras lo bueno de los demás, no solos los felicitas e impulsas a continuar así, sino que ¡tu mismo sacas lo bueno que hay en ti!

No entierres las buenas características que hay en cada uno de nosotros bajo una gruesa capa de envidia y escasez, por el contrario, la próxima vez que quieras criticar o juzgar a alguien porque ha tenido una gran oportunidad detente a pensar en 5 rasgos positivos de dicha persona, que lo habrán ayudado a llegar a donde está; y estoy seguro de que si miras con cariño y atención, verás justo cada una de esas cosas reflejadas en ti, abriéndote así a las oportunidades que la vida tiene preparadas para ti.

Un tema para 2008.

Gran idea la que leí hace unos día en “Make it Great! With Phil Gerbyshak” y en “Walking my own walk” de Pam Thomas quien lanza una propuesta muy interesante para este año que comienza: No hacer propósitos de año nuevo, sino escoger un Tema de Vida para todo el año. Un concepto que adoptar y sobre el cual enfocar todos nuestros esfuerzos para seguir creciendo como personas.
Pam (Coach profesional), habla de como este año, por segunda ocasión, adoptará un tema sobre el cual regirá sus actividades y describe de manera muy puntal, lo que esto significa para ella. De la misma forma, Phil, aceptando el llamado a la acción de Pam, comparte el tema que el abanderará para el 2008 y también describe lo que esto implicará en su día a día.

Gran idea, lo vuelvo a decir. Como publicista, estoy acostumbrado a trabajar bajo conceptos paraguas, es decir, típicamente cuando se lanza una nueva campaña de comunicación o publicidad se desarrolla antes que nada UNA estrategia general de la que nace UN concepto creativo. Bajo esta estrategia y concepto se crean diferentes actividades o tácticas de comunicación que alcanzan a los consumidores a través de distintos medios y puntos de contacto en su cotidianeidad, llevando hasta ellos mensajes distintos en forma, tono y acción, pero siempre (cuando el trabajo está bien hecho) bajo un solo concepto.

Así que cuando leí estos dos geniales blogs, pensé “Que gran idea, alinear mis actividades y mis prioridades bajo un concepto. ¡Genial!” Aunque debo decir que talvez no tan innovador, pues recuerdo a un viejo amigo hace 8 años decir: “Este es el año del NABO 2000” (Nabo: creo que sin darte cuenta algo sabías).

Bueno pues no se diga más, mi tema para el 2008 es: TRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRRR PZZZZZZZZ! (Quien lo entendió, lo entendió).

Conectar con la gente.

Conectar con la gente significa para mí:

  • Quitarme prejuicios y abrir mi mente y mi corazón.
  • Convertirme en un gran escuchador. Nada dice mejor “Me importas tú” que prestar toda tu atención a quien está frente a ti.
  • Buscar entender lo que mueve a los demás, sus sueños, sus miedos, sus objetivos, sus motivaciones y tratar de ser empático con estos.
  • Escribir más y compartir más mis pensamientos con quienes leen este blog y uno nuevo que pronto estaré compartiendo con ustedes también.
  • Participar en más cursos, conferencias y talleres de entrenamiento, no solo como conferencista o facilitador, sino como alumno también.
  • Ayudar a otros a conectar con más personas. Esto ya lo he hecho en el pasado y debo decir que, además de dar muy buenos resultados, deja a uno con una increíble sensación de bienestar por contribuir con los demás. Es muy sencillo en realidad. Solo tienes que estar dispuesto a entender las necesidades de otros y a compartir con ellos tu conocimiento y contactos; talvez alguien tiene un gran servicio que prestar pero no tiene los contactos correctos para alcanzar a la gente adecuada y que pueda beneficiarse de dicho servicio, así que ¿por qué no ponerlos en contacto directo aún si tu no beneficias de ello? Y no solo se trata de recomendar personas, sino libros, sitios, fuentes de información, lugares y productos también.
  • Y lo más importante: día a día construir y reforzar los lazo de amor entre mi esposa, nuestra bebé y yo. ¡Esa sí que es una GRAN CONEXIÓN.

Ahí lo tienen, mi tema para el 2008. ¿Alguien más se anima?

Mi mudanza y el halcón de Gengis Jan

Este fin de semana nos mudamos de casa.

Para aquellos que lo han hecho en el pasado, no les sonará nada extraño que les diga lo pesado que fue. Extenuante diría yo.
Y no solo el día preciso del cambio de casa, el cual por cierto fue una locura pues los amigos del servicio de mudanzas, a pesar de todo los profesional que dijeron ser, se les ocurrió llegar con una pequeña camioneta y solo 3 cargadores, lo que resultó en tener que realizar 3 viajes para poder transportar todos nuestros muebles hasta nuestro nuevo hogar.
Pero bueno esa no es la historia que hoy quise compartirles, sino otra muy diferente.
Resulta que una noche antes del gran día de cambios, aún faltaba por lo menos una tercera parte de las cosas por empacar. Mi cansancio era evidente y mi fastidio mucho más. Y como en toda situación difícil en la que adoptas una actitud tan equivocada como lo estaba siendo la mía, las cosas tienden a empeorar: se acabaron las cajas que habíamos comprado para empacar, eran las 6:45 de la tarde en un viernes de quincena (para los que no son de aquí, un viernes de quincena es un día muy esperado y a la vez muy temido por todos los que vivimos en la Ciudad de México, pues es día de paga y si cae en viernes, quiere decir que el ya habitual e imposible tráfico de la ciudad, será mucho peor) y yo tenía que salir a comprar más cajas, llegué a la tienda y la dueña (una señora hosca, de edad avanzada y para nada agraciada por el rostro dulce de una tierna abuelita) prácticamente me cerró la puerta en la cara diciendo que los viernes cerraban a las 7.
Aquellos que me conocen bien estarán riéndose a carcajadas de mi, pues se estarán imaginando el coraje y berrinche que estaba haciendo… y sí mis queridos amigos, caí una vez más víctima del síndrome del Pato Donald.

Más tarde esa noche, después de haber ido a cenar fuera con mi esposa y de haber entendido que lo que faltaba de empacar de todas maneras se iría con nosotros, me senté a leer un pasaje del nuevo libro de memorias de Paulo Coelho, titulado: Ser como el río que fluye, que me hizo reflexionar mucho a cerca de los graves errores que podemos hacer al actuar con enojo.
En este, Coelho narraba la historia que un grupo de cazadores en Kazajstán compartieron con el. He aquí mi versión resumida de la misma (espero hacerle justicia):

En alguna ocasión el famoso guerrero Mongol Gengis Jan, salió de cacería junto con su grupo de seguidores, todos portaban arcos, flechas y lanzas, excepto el, que traía consigo a su halcón favorito, pues consideraba que con la vista e instinto que el ave tenía, sería mucho más efectivo que el mejor de los arqueros del grupo. Pero al final de día regresó frustrado y con las manos vacías. Decepcionado se alejó un poco del grupo para sacudir su enojo mientras caminaba. Entonces llegó a un pequeño riachuelo por el que corría un pequeño hilo de agua; sediento tomo la copa de plata con la que siempre cargaba y comenzó a llenarla, solo que cuando estaba a punto de completarla su halcón le atacó provocándole tirar la copa. Enojado levantó la copa, la sacudió y la volvió a llenar, pero el ave, antes de que el fundador del imperio Mongol pudiera beber, le volvió a tirar de la mano la plateada copa. Así que ya muy enojado, mientras se disponía a llenar su copa por tercera ocasión, con el agua que parecía ir acabándose, colocó su espada al lado y mientras la llenaba con las últimas gotas que por ahí caían, mantuvo un ojo vigilante en el halcón, de modo que cuando este de acercó de nuevo tirándole la copa por una vez más, él, con su sable, lo atravesó justo por el centro del pecho.
Realmente enojado porque ya no caían más gotas de agua, pero decidido a beber aunque fuese tan solo un trago, escalo las rocas por las que había descendido el riachuelo, en busca de la fuente de este, y al llegar ahí encontró flotando muerta dentro del estanque una de las víboras más venenosas de la región y tan solo un trago de esa agua hubiera bastado para que no estuviéramos leyendo este relato ahora.
Entonces Jan regreso a su campamento con su inerte halcón en los brazos. Mando a hacer una reproducción del ave en oro y en una de las alas grabó: “Aún cuando un amigo hace algo que no te gusta, este sigue siendo tu amigo”. Y en la otra: “Cualquier acción motivada por la furia es una acción condenada al fracaso”.

Por supuesto mi actitud al día siguiente para la mudanza fue muy diferente y en lugar de sentirme afectado y malhumorado por esta, decidí divertirme, pasármela bien y disfrutar del día, después de todo no todos los días tienes la oportunidad de cambiar de casa y volver a empezar.

Aprende a desaprender.

“… al ver la jarra de té que había dejado en la mesa, la tomó y comenzó a servir té en mi taza. Vertió hasta que esta se encontraba llena ¡pero entonces, siguió vertiendo! El té comenzó a chorrear por los lados de la taza, primero en la mesa y después sobre la preciada alfombra persa de mi esposa. Al principio observé silencioso, pero no pude soportarlo más. “¿Qué haces Julian? Mi taza se está derramando. ¡No importa cuanto lo intentes no le cabe nada más adentro!” Grité impacientemente.
El me miró por un largo momento y dijo: “Por favor no me lo tomes a mal John. Realmente te respeto, siempre lo he hecho. Pero tal cual esta taza, tú pareces estar lleno de tus propias ideas. ¿Y cómo entonces pueden entrar nuevas…sino hasta que primero vacíes tu taza?”

El Monje que vendió su Ferrari, Robin Sharma

En los últimos dos días estuve sacando del armario ropa y artículos personales que ya desde hace tiempo no he usado y que estaban ocupando demasiado espacio, lo que resultaba en que cada vez que quería guardar alguna prenda nueva, esta se maltratara al forzar su entrada en un espacio que ya había rebasado su capacidad.
Así que después de varios días de hacerme creer que ya lo haría, por fin me armé de energía y puse manos a la obra. “Afuera lo viejo y adentro lo nuevo” me recordaba cada vez que sentía ganas de dejar todo igual e irme a descansar, y como la tentación de hacerlo era demasiado fuerte, me lo repetí un sin fin de veces.

Tanto me dije esta frase, que me recordó una anécdota que recientemente viví:
Hace unas semanas asistí a un entrenamiento para prepararme para mi nuevo trabajo, a este curso asistieron otras personas también, gente de muy diversos antecedentes, originaria de distintos países, Australia, Corea, Singapur, India y México (¡SI SEÑOR!).
Y así como variados eran nuestros antecedentes, también lo eran nuestras carreras profesionales. Todos con una gran experiencia y amplios conocimientos en nuestras áreas de especialización.
Entonces comenzó el entrenamiento, horas y horas llenas de información, datos estadísticos, teorías, casos prácticos y por supuesto instrucción en el uso correcto de los sistemas de la empresa.
Debo confesar que en mi caso, todos los días llegadas las 5:30 de la tarde sentía que en mi cabeza ya no iba a entrar nada más, la vista cansada me exigía que volteara a ver fuera de la venta hacia los jardines del campus donde me encontraba. Mi imaginación (que como verán, a ratos es muy prolífica) comenzaba a volar llevándome de los jardines, a las distintas cafeterías del lugar “¿qué me podría comer ahora mismo?”, a los centros comerciales cercanos “¿Qué podría estar comprando en este momento para mi esposa y mi bebé?”, a las oficinas donde estaba pasando toda la acción “¿Cómo podría estar colaborando allá arriba?”… a la vez que en el mejor estilo del Angelito del hombro derecho y el diablito en el izquierdo mi conciencia me decía: “pon atención que este tema es muy importante” mientras que se auto respondía “tranquilo hombre, al fin eso ya medio lo sabías y lo otro ni lo vas a usar tu”

Entonces, este cerrado debate entre la diestra y la siniestra, se vio interrumpido cuando escuché a uno de mis compañeros del curso, quien por cierto tenía ya más de 5 años haciendo un trabajo muy similar al para cual nos estaban entrenando, decirle a nuestro instructor: “lo siento, es que llevo tantos años haciendo esto de esta manera que me cuesta mucho trabajo seguir las instrucciones que nos estás dando. No puedo entender porque no puedo seguir haciéndolo a mi modo…”

Fue justo en ese momento que la frase del inicio de esta entrada vino a mi mente, recordándome que para poder seguir aprendiendo, a veces uno tiene primero que desaprender lo que ya sabe. No porque tus conocimientos actuales o anteriores estén equivocados, tal vez solo reafirmes lo que ya sabías. Sino para abrirte a todo el conocimiento que está allá afuera listo para ser digerido, comprendido y compartido por nosotros.

Después de todo es el nuevo conocimiento lo que nos ayuda a seguir creciendo. Sin el no podríamos entender el lugar en el que estamos parados hoy, ni mucho menos que existen otras opciones para continuar mejorando. Nos quedaríamos estancados, detenidos por nuestra propia ignorancia de sabios, creyendo pues que ya hemos llegado a la cumbre, cuando en realidad, talvez estemos tan solo en el primer escalón.

Así que hoy, mientras vaciaba mi closet para dejar entrar nuevas cosas en el, quise venir con ustedes a preguntar ¿cuándo fue la última vez que accedieron a vaciar su mente ya olvidar lo que sabían ya para dejar entrar en ustedes un nuevo conocimiento que enriquezca su vida?

Rodéate de fortalecedores.

No, no estoy hablando de vitaminas para fortalecer el cuerpo, sino de influenciadores o agentes de sucesos positivos en nuestras vidas.

“¿pero de qué esta hablando este loco en esta ocasión?, Ahora sí no le entendí nada.” Estarán diciendo justo ahora.

Pero les digo que no estoy, por lo menos, tan loco.

Es que ya van muchas las conversaciones que he tenido cerca de porque a algunas personas les va tan bien en la vida y a otras no tanto. Y después de un enorme número de discusiones, análisis e intentos de desarmar y rearmar el mundo, creo que he llegado a una teoría sobre porque algunas personas tienden a quejarse mucho sobre su entorno y dedican tanta energía a enfocarse en todo lo que no funciona en su vida y a lamentarse porque no tiene lo que otros sí. (Y sin embargo no hacen nada por mejorar).

Y porque, por el contrario, existe un grupo de gente que siempre está contenta, agradecida y emocionada por como le va en su vida.

¿Cuál es esa teoría?

Antes que nada y para descartarlo de una vez, no es por su situación socio económica, pues conozco a mucha gente que a pesar de ser privilegiados en ese aspecto, siempre tienen algún mal del cual quejarse, y a la vez también conozco a otras que no tienen las ventajas económicas o sociales que los otros, pero que sin embargo tienen una vida feliz y plena.

Pienso que la gran diferencia entre ambos grupos, talvez se deba a que en el primero, los quejumbrosos, por ponerles un nombre, a pesar de que no se sienten bien con la manera de llevar sus vidas, en verdad creen que así debe ser, pues es lo que ven todos los días, en casa, en el trabajo, con sus familiares y con sus amigos.

Mientras que el segundo, no se conforma con eso y entiende que a pesar de las cartas con las que les haya tocado jugar, ellos tienen la posibilidad de decidir tomar la iniciativa o dejarse llevar por su entorno. Comienzan a actuar en su vida antes de que esta actúe sobre ellos y toman decisiones a veces muy difíciles como alejarse de la gente que, aunque sea un ser querido y cercano, estén afectando sus vidas llenándolas de negatividad; familiares, jefes o amigos que en lugar de proveerles de energía positiva, les generan estrés, les llenan de críticas y descalificaciones o los inundan con sus vicios o simplemente los contagian con su visión oscura de la vida.

Piénselo, no estoy exagerando. Creo que es justo lo que querían decir cuando crearon el refrán: “Dime con quien andas y te diré quien eres”.

Definitivamente las costumbres, los hábitos y la visión de vida de aquellos con quienes convivimos termina pegándose de una forma u otra a nosotros, afectando también como vivimos nuestras vidas.

¿Quieres una vida productiva, llena de bienestar, salud y energía positiva? Comienza a actuar como si ya tuvieras una vida llena de bienestar, salud y energía positiva.

Rodéate de personas que sí tendrán un efecto positivo en tu vida y aléjate de las negativas. Frecuenta lugares que reflejen el tipo y estilo de vida que quieres tener.

Rompe con los estereotipos y date la oportunidad de conocer de verdad a la gente. Deja de clasificar a la gente en el pandroso, el nerd, el yuppie, el fresa, el hippie, etc. Y conócelos, date cuenta que muchas de las actitudes y comportamientos que en ocasiones les criticas, son exactamente aquellos que tú quisieras tener o hacer.

Adopta un modelo a seguir, aprende de ella o de el, aquellas cosas que más le admires e imítala, imprimiéndole tu propio estilo a dicha cualidad.

Comienza a practicar concientemente los hábitos y conductas que quieras tener, aun cuando en un principio no los sientas naturales, pues con el tiempo serán parte de ti.

Recuerda, la persona que serás en 5 años será un reflejo directo de con quienes hoy te relaciones, las cosas que aprendes y los hábitos que hoy practicas.

Ya lo decía Eurípides: “Aquel que anda junto a los sabios será un sabio”.

“Don’t Hope, Friend…Decide!

Hace un par de días leí una historia publicada por Michael Hargrove, socio fundador de Bottom line underwitters Inc, una firma de consultoría en desarrollo profesional y ventas, ubicada en Oregon, E.U.A.

Me gustó tanto la lección que ahí presenta Michael, que no pude dejar de compartir esta historia con ustedes. La dejo en inglés, idioma en el que la historia fue escrita originalmente, pues no quiero alterar ningún significado al traducirla.

Para mi este relato definitivamente fue un recordatorio de que no basta con desear algo y sentarse a esperarlo, hay que decidirse a obtenerlo, hay que elegir la forma como queremos vivir nuestra vida y comenzar desde ya a actuar de acuerdo a la elección que hayamos hecho.

Me recuerda un poco a lo que el papá de mi amigo Chema, le decía cuando estábamos estudiando la universidad: “No digas…hazlo”.

Y precisamente porque no dijeron sino que hicieron algo al respecto de sus procesos de planeación y desarrollo creativo es que quiero aprovechar el espacio para agradecerles nuevamente a mis amigos del equipo de Marketing de The Walt Disney Company México por habernos permitido compartir nuestros pensamientos, puntos de vista, experiencia y conocimiento sobre el desarrollo de campañas de comunicación y mercadotecnia. Fue un placer impartirles el curso la semana pasada y cuentan totalmente con nosotros para continuar desarrollando nuevos talleres de trabajo.

Y de regreso al tema de esta semana, los dejo con la narración de Michael Hargrove, Que la disfruten:

“While waiting to pick up a friend at the airport in Portland, Oregon, I had one of those life changing experiences that you hear other people talk about. You know, the kind that sneaks up on you unexpectedly? Well, this one occurred a mere two feet away from me!

Straining to locate my friend among the passengers deplaning through the jetway, I noticed a man coming toward me carrying two light bags. He stopped right next to me to greet his family.

First, he motioned to his youngest son (maybe six years old) as he laid down his bags. They gave each other a long, and movingly loving hug. As they separated enough to look in each other’s face, I heard the father say, “It’s so good to see you, son. I missed you so much!” His son smiled somewhat shyly, diverted his eyes, and replied softly, “Me too, Dad!”
Then the man stood up, gazed in the eyes of his oldest son (maybe 9 or 10) and while cupping his son’s face in his hands he said, “You’re already quite the young man. I love
you very much Zach!” They too hugged a most loving, tender hug. His son said
nothing. No reply was necessary.

While this was happening, a baby girl (perhaps one or one and a half) was squirming excitedly in her mother’s arms, never once taking her little eyes off the wonderful sight of her returning father. The man said, “Hi babygirl!” as he gently took the child from her
mother. He quickly kissed her face all over and then held her close to his chest while rocking her from side to side. The little girl instantly relaxed and simply laid her head on his shoulder and remained motionless in total pure contentment.

After several moments, he handed his daughter to his oldest son and declared, “I’ve saved the best for last!” and proceeded to give his wife the longest, most passionate kiss I ever remember seeing. He gazed into her eyes for several seconds and then silently mouthed, “I love you so much!” They stared into each other’s eyes, beaming big smiles at one another, while holding both hands. For an instant, they reminded me of newlyweds but I knew by the age of their kids that they couldn’t be. I puzzled about it for a moment, then realized how totally engrossed I was in the wonderful display of unconditional love not more than an arm’s length away from me. I suddenly felt uncomfortable, as if I were invading something sacred, but was amazed to hear my own voice nervously ask, “Wow! How long have you two been married?”
“Been together fourteen years total, married twelve of those,” he replied without breaking his gaze from his lovely wife’s face. “Well then, how long have you been away?” I asked. The man finally looked at me, still beaming his joyous smile and told me, “Two whole days!”

Two days?! I was stunned! I was certain by the intensity of the greeting I just witnessed that he’d been gone for at least several weeks, if not months, and I know my expression betrayed me. So I said almost offhandedly, hoping to end my intrusion with some semblance of grace (and to get back to searching for my friend), “I hope my marriage is still that passionate after twelve years!”

The man suddenly stopped smiling. He looked me straight in the eye, and with an
intensity that burned right into my soul, he told me something that left me a different person. He told me, “Don’t hope friend…decide.” Then he flashed me his wonderful smile again, shook my hand and said, “God bless!” With that, he and his family turned and energetically strode away together. I was still watching that exceptional man and his special family walk just out of sight when my friend came up to me and asked, “What’cha looking at?” Without hesitating, and with a curious sense of certainty, I replied, “My future!”

Michael D. Hargrove
© Copyright 1997 by Michael D. Hargrove. All rights reserved. Visit Michael’s website at: www.bluinc.com

Cruza el velo del miedo.

¿Cuántas veces has dejado de hacer algo que tanto has querido hacer tan solo por temor a equivocarte? ¿En cuantas ocasiones el miedo no te ha dejado actuar?

Todos hemos pasado por eso por lo menos una vez. Creemos ver con claridad lo que queremos hacer u obtener y pensamos saber que acciones tomar para lograrlo, pero simplemente no hacemos nada y nos quedamos congelados, aterrorizados porque no conocemos lo que hay a la vuelta de la esquina.

Tememos separarnos de la orilla de lo conocido para adentrarnos en el mar de las posibilidades, pues no siempre se puede ver la orilla al otro lado; pero la verdad aquí es solo un: jamás lo sabremos si no nos soltamos y atrevemos a cruzar.

Estos miedos se muestran de diferentes maneras y en distintas circunstancias, pero típicamente se dan por el temor de soltar lo que nos es familiar, por salir de nuestra área de confort y entregar el control de las cosas que equivocadamente creemos tener.
Puede ser el miedo a un cambio de residencia y a separarse de la familia y los amigos, también puede tratarse del miedo a una separación donde dejas de ser tú la pareja de alguien para ser tú el individuo. Otro temor puede ser el de un cambio de carrera para el que tienes que arriesgar tu estabilidad económica. En ocasiones puede ser provocado incluso por un bien intencionado consejo proporcionado de manera muy equivocada o dado por una persona que a su vez está reflejando sus propios miedos.

Lo más grave de todo es que con más frecuencia que no, estamos dispuestos a vivir haciendo algo que no nos hace del todo felices por no arriesgarnos a perder la falsa estabilidad que tenemos. Preferimos continuar quejándonos de algo a hacernos de valor y dar un paso a lo desconocido.
Y lo peor de esto es que así nos negamos la oportunidad de seguir creciendo, de conocer nuevos espacios, nuevas ideas, nuevas personas que nos ayuden a continuar avanzando hacia la cima de nuestras vidas.

El miedo entonces se vuelve en una especie de velo obscuro que obstruye nuestra vista, impidiéndonos ver todas las grandes oportunidades que están a nuestra disposición para estar mejor. Pero el que al arrancarlo del frente nos deja ver que todas aquellas cosas que tanto nos espantaban simplemente no están ahí.
Quiero decir, retos y problemas siempre van a existir, estos son precisamente las lecciones de vida que nos fortalecen y ayudan a crecer; pero el velo del miedo nos hace, a veces, sacarlos de toda proporción.

Así que la próxima vez que te enfrentes al temor a lo desconocido, la siguiente ocasión que el miedo te detenga, recuerda que no hay sombra que no ceda ante un poco de luz. Arranca ese velo y atrévete a dar el paso que tanto has anhelado.


O bien, puedes congelarte como siempre y seguir como lo haz hecho hasta ahora, pero sí decides dejar que el miedo te detenga, recuerda que solo una cosa es segura: no puedes esperar obtener resultados diferentes si todos los días continúas haciendo lo mismo.

Rompiendo el grillete

Imagínense esto:

7:00 am. Es una mañana soleada y fresca, el cielo despejado, nada de contaminación en el aire, los pájaros se pueden escuchar cantar desde la habitación del señor Alegre, quien está despertando después de disfrutar de 8 horas placentero e ininterrumpido sueño.
Mientras abre los ojos, entra su hermosa esposa con un vaso de su jugo favorito recién hecho. Ella le da los buenos días con una cálida sonrisa que sin hablar le dice cuanto lo quiere y lo abraza.
8:30 am. Sube a su auto último modelo y se dirige a su oficina por un camino arbolado, libre de tráfico, que lo lleva hasta su destino en tan solo 15 minutos. Entra a su oficina y toda la gente lo saluda sonriéndole amablemente y deseándole un buen día.
5:00 pm. El día ha sido muy productivo, el señor Alegre cerró 2 tratos multimillonarios con los que asegurará el éxito de su empresa para los siguientes 20 años, además durante la comida recibió un reconocimiento por su trayectoria como el CEO más joven de la industria.
Sube a su auto, lo enciende, el aire acondicionado automáticamente detecta la temperatura y la regula mientras que n la radio suena su canción favorita, el toma su teléfono celular para hablar a casa y decir que está en camino, aprieta la memoria automática y…el teléfono no marca la llamada, lo vuelve a intentar y el teléfono se apaga. “CARAJO TELEFONO DE &$%#$#( NADA FUNCIONA EN MI VIDA!!!” Exclama frustrado.

¿Por qué será que insistimos en buscar sobre qué quejarnos? ¿Por qué nos empeñamos en ver solo lo negativo en lugar de enfocarnos en todo lo bueno que tiene la vida? ¿Por qué queremos tener amarrados a nuestros tobillos ese grillete llamado autolastima?

Talvez la situación que relato suene un tanto exagerada, pero la verdad es que conozco muchos casos así, y la mayoría lamentablemente de gente muy cercana a mi.
Incluso, para serles muy sincero, yo mismo he estado en ese lugar, haciéndome de esa carga tan negativa e innecesaria. Pero como me encontraba tan envenenado de “Victimismo”, quiero decir de ese engañoso sentimiento de ser solo una víctima más de las circunstancias y tu entorno, no podía abrir los ojos y darme cuenta de que todo lo que tenía que hacer era tomar la responsabilidad de cambiar la forma en que veía las cosas para romper con el grillete y liberarme de ese bulto.

Vamos, estoy seguro de que ni yo, ni los casos cercanos que mencione, somos los únicos que hemos estado ahí. Y lo peor es que no se necesita estar viviendo una gran crisis personal como una enfermedad o la muerte de un ser muy querido para sentirse víctima; es más en la mayoría de las ocasiones nos sentimos, o mejor dicho queremos sentirnos así, por asuntos totalmente triviales.

¿O no? Hagan consciencia, sean honestos. ¿Cuántas veces, probablemente justo ahora, se han quejado por cosas tan banales como que su teléfono celular es viejo y malo porque no tiene MP3, o que su auto modelo 2005 ya es viejo pues ya no es “del año”, o que no pueden ir a comprarse la ropa de temporada al extranjero como lo hacen sus amigas o amigos?

¿Lo ven? Sin darnos cuenta caemos en un confuso abismo de emociones negativas que van colocando una enorme venda sobre nuestros ojos y colgándonos un flamante y brilloso letrero de “Víctima de mi mismo” al cuello.

Pero esto no tiene porque ser así. En realidad vencer al “victimismo” es más fácil de lo que imaginamos. No es que exista una formula mágica para hacerlo, pero aquí enlisto tres simples acciones que he aprendido y que me han ayudad a romper el grillete:

1- Ser RESPONSABLE de mi, de mis acciones y mis reacciones: Si bien no siempre uno tiene el control de su entorno y podemos enfrentarnos a situaciones más desfavorecedoras de lo que quisiéramos, sí podemos tener el control sobre nosotros mismos y decidir como queremos responder ante dicha situación. Pase lo que pase siempre tendremos el derecho de decidir como deseamos responder.

2- Ser AGRADECIDO de corazón: No importa lo mucho o poco que tengamos, siempre debemos estar conscientes de aquello que sí tenemos y dejar a un lado lo que no.
Agradecer enaltece nuestro espíritu e ilumina nuestros días, pues nos recordamos a nosotros mismos de todas aquellas cosas que forman nuestra verdadera fortuna: nuestra vida, nuestra salud, nuestra pareja y nuestra familia, los amigos, la armonía, el trabajo, la seguridad, paz y prosperidad.
Y al agradecer día a día que tenemos toda esta fortuna, reconocemos una vez más que la tenemos y al hacerlo seguimos llamándola y trayéndola todos los días a nuestra vida.
(Leer dos veces esta última frase, o más hasta entenderla).


3- DEJAR de COMPARARSE con los demás: Entender que no es necesario buscar ser mejor que el de al lado pues de ser así te mantendrías girando en 360° sin parar. Lo que sí es indispensable es buscar en todo momento seguir creciendo y mejorándonos a nosotros mismos.

Tres sencillos pasos que puestos en marcha les aseguro que les ayudarán.

Para mi … funcionan todos los días.

Abriendo los ojos a las oportunidades de la vida.

¿Cuántas veces no hemos pensado qué haríamos o cómo seríamos si tan solo pudiéramos cambiar nuestra realidad?

¿En cuántas ocasiones hemos culpado a nuestro entorno por sentirnos de alguna manera y nos hemos tratado de engañar diciéndonos a nosotros mismos que seríamos muy diferentes si tuviéramos un trabajo distinto o si viviéramos en otro lugar, si fuéramos más delgados o si tuviéramos más tiempo o un mejor estado de salud?

Nos hacemos creer que el año próximo será mejor, que cuando encontremos otro trabajo seremos más felices, que ahora que tengamos más tiempo haremos ejercicio y pasaremos más tiempo con nuestros seres queridos, o que cuando nos sintamos más fuertes y sanos tomaremos cartas en ese asunto pendiente que nos hace sombra.

Y así dejamos que el tiempo pase y que la situación en que estamos, en el mejor de los casos se mantenga igual y, en el peor, que continúe complicándose gravemente. Y a pesar de esto no abrimos los ojos y seguimos apáticamente esperando nuestra oportunidad de oro para cambiar.

Y una cosa sí les aseguro, mientras esta sea su posición, esa oportunidad nunca llegará.

No es que sea yo pesimista, al contrario. Lo que sucede es que tenemos que darnos cuenta de que las oportunidades siempre están presentes, aún cuando nos empeñamos en no verlas.
Nos estacionamos en la situación en la que estamos y tratamos de aplicar las mismas soluciones que ya hemos intentado en el pasado y, claro, así no sucede nada… y entonces nos volvemos a cerrar, lamentándonos y no queriendo cambiar.

Y como decía Albert Einstein: “ No puedes pretender encontrar una solución a un problema haciendo lo mismo que hacías cuando lo creaste…si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”

¿Lo ven? Solo tenemos que abrir los ojos, ver nuestra situación desde un ángulo distinto y ahí, en ese sutil cambio de actitud, estará pacientemente esperando la oportunidad.

Citando al escritor Francés Marcel Proust: “El verdadero viaje de descubrimiento no está en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos con que verlos:”

¿De acuerdo? Bien. Entonces la primera parte del cambio está resuelta.

Ya cambiamos nuestra visión y encontramos nuestra oportunidad. Ahora, HAY QUE ACTUAR.

Hay que tomar esa oportunidad y transformarla en ese cambio que buscamos. Y hay que hacerlo ¡YA!
No se puede esperar o de lo contrario me temo que por nuestra inacción, se desvanecerá.

Las oportunidades están siempre ahí pero hay que tener el valor de tomarlas y actuar.

No hacerlo sería como declararle al mundo que no somos responsables de nuestra propia vida. Rendirnos a ser llevados y traídos como una hoja de palma flotando a la deriva en el mar.Sería convertirnos en casualidad, cuando debemos ser causalidad.

Tenemos la obligación de tomar la responsabilidad de nuestra vida y no ser víctimas de nuestro contexto.

La responsabilidad sobre como decidimos vivir nuestra vida es un don que se nos da al nacer.
Claro, entiendo muy bien que no siempre nuestro contexto y nuestra realidad es la más favorable, pero aún así tenemos la responsabilidad de escoger como queremos ver nuestro momento:

Igual que siempre, para seguir lamentándonos ó usando nuestros nuevos ojos y tomar acción, de otro modo, la vida continuará actuando por nosotros.

En resumen:

OPORTUNIDAD = VISIÓN + RESPONSABILIDAD
+ ACCIÓN.