De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

¿Qué vas a hacer hoy por tu mundo?

Calentamiento global, smog, sobre población, fin de los recursos naturales, consumo excesivo de energéticos, desperdicio de agua, contaminación auditiva y visual, economías frágiles, hoyos gigantescos en la capa de ozono, glaciares derritiéndose, ríos desbordándose, inviernos más fríos y veranos más calurosos, cambios climáticos extremosos y con las guerras y amenazas terroristas o las crisis políticas, económicas y sociales, ni me meto.

Cuantas y cuantas amenazas hay hoy poniendo en una frágil línea a nuestras vidas ¿no creen? Hagan la cuenta y recuerden, tan solo en una semana, cuantas noticias alrededor de estos temas no escuchan, ven o leen.

A veces pareciera que por fin estamos abriendo los ojos y tomando conciencia. Lo escuchamos en un sin fin de conversaciones, formales e informales, lo leemos en el periódico, en las revistas y en la red y cada vez hay más y más programas de televisión, documentales y películas dedicadas causar una reacción inmediata ante tan inminente amenaza.

¿Entonces por qué no vemos ningún cambio real en nuestros días?

Si tanto hablamos de estos riesgos ¿por qué no hacemos nada al respecto en lugar de seguir hablando nada más?
Tal vez pensemos que lo que podemos hacer es muy poco y que en menos de poco contribuirá a mejorar las cosas. ¡Que equivocados estamos!
Quizá sea que no sepamos bien como contribuir, pero esto se soluciona muy fácilmente, existen muchas fuentes a las que podemos hacer referencia como:

· http://saveenergy.micronblogs.com
· http://www.climatesaverscomputing.org/
· http://www.negasco.com/conservation/tips.php
· http://www1.eere.energy.gov/consumer/tips/pdfs/energy_savers.pdf
· http://www.cambio-climatico.com/los-diez-mandamientos-del-ahorro-energetico

O tal vez simplemente se trate de indecisión, pero cualquiera que sea la razón piensen bien esto: Mañana será muy tarde para explicar nuestra falta de acción hoy.

En realidad hay cosas muy sencillas que podemos poner en práctica ahora mismo y aunque para nada estoy cercano a ser un conocedor, se que pueden contribuir mucho, o por lo menos con un granito de arena más a ayudar en esta situación.
Algunas de estas yo ya las practico, otras estoy comenzando ahora mismo a hacerlo y otras más sé que debo de adoptar.
Aunque tengo que confesar que las he comenzando a hacer, no porque sea yo un gran ambientalista, sino porque he seguido el consejo y ejemplo de una persona que ya en varias ocasiones les he platicado que es mucho más sabia de lo que ella misma cree: mi esposa.
Y aquí se las recomiendo hoy yo a ustedes:

  1. Si están trabajando en su computadora y tienen que salir un momento de su oficina, apaguen el monitor, y las luces de su oficina también.
  2. Cada noche apaguen todo su equipo de cómputo antes de salir. Olviden la vieja idea de que si dejan encendido todo se desgasta menos el equipo.
  3. No impriman ningún documento a menos de que sea absolutamente indispensable.
  4. Si tienen papel usado y que ya no les es de utilidad, no lo rompan ni lo tiren. Pueden cortarlos en 2, 3 o 4 partes y hacer pequeños blocks de notas y recados.
  5. Cambien todos los focos de su casa a bombillas de bajo consumo de luz.
  6. Enciendan el calentador de su casa solo cuando estén listos para bañarse, el resto del día manténganlos apagado.
  7. Separen bien la basura en orgánica e inorgánica.
  8. Apliquen la regla de Usa, Re-usa y hasta después Recila. Si hay artículos o accesorios que puedan usar más de 2 veces, antes de pensar si quiera en reciclarlo, mucho menos en tirar, háganlo. Un buen ejemplo son las bolsas de plástico tipo Ziploc, clásicas para los sándwiches.
  9. Y hablando de bolsas de plástico, cada vez que vayan al super ¿por qué no llevar consigo sus propias bolsas, re-usables por supuesto, para no seguir gastando bolsas que tardaran años y años en descomponerse?
  10. ¿Qué tal usar el automóvil solo para lo imprescindible? Por ejemplo si pueden ir a algún lugar caminando, háganlo. Si pueden hacer “ronda” con alguien háganlo también.
  11. Báñense 5 minutos más rápido.
  12. Para rasurarse, en lugar de usar el agua corriente del lavabo o de la regadera, calienten una taza de agua, que con esta cantidad debería ser más que suficiente.
  13. Fumadores, por lo que más quieran no tiren más colillas en la calle y de preferencia, si pueden, dejen de fumar ya.
  14. Si no están cargando ningún aparato (celular, ipod, palm, laptop, etc.) dejen desconectados sus cargadores.
  15. Si tienen más de una televisión en casa, ¿porque no dejarlas apagadas y juntarse todos a ver una sola TV?. ¿Quién sabe quizá y hasta les sirva para convivir más con toda su familia, no?

Estas son tan solo 15 simples acciones que pueden comenzar a hacer ya, pero se que hay muchísimas mas que ni siquiera he pensado aún y que muy probablemente ya están aplicando ustedes, así que ¿Por qué no compartirlas con todos?

Esta semana les tengo 2 retos muy sencillos:

UNO: Escojan que acciones de estas 15 pueden hacer ya, comiéncenlas a hacer y en un par de semanas déjenme saber como les ha ido con estas.

DOS: Compártanme a través de sus comentarios en el blog, en sus respuestas por e-mail, en sus llamadas telefónicas y en nuestras pláticas en persona, más recomendaciones que podamos hacernos unos a otros y yo con mucho gusto las publicaré aquí mismo.

Cruza el velo del miedo.

¿Cuántas veces has dejado de hacer algo que tanto has querido hacer tan solo por temor a equivocarte? ¿En cuantas ocasiones el miedo no te ha dejado actuar?

Todos hemos pasado por eso por lo menos una vez. Creemos ver con claridad lo que queremos hacer u obtener y pensamos saber que acciones tomar para lograrlo, pero simplemente no hacemos nada y nos quedamos congelados, aterrorizados porque no conocemos lo que hay a la vuelta de la esquina.

Tememos separarnos de la orilla de lo conocido para adentrarnos en el mar de las posibilidades, pues no siempre se puede ver la orilla al otro lado; pero la verdad aquí es solo un: jamás lo sabremos si no nos soltamos y atrevemos a cruzar.

Estos miedos se muestran de diferentes maneras y en distintas circunstancias, pero típicamente se dan por el temor de soltar lo que nos es familiar, por salir de nuestra área de confort y entregar el control de las cosas que equivocadamente creemos tener.
Puede ser el miedo a un cambio de residencia y a separarse de la familia y los amigos, también puede tratarse del miedo a una separación donde dejas de ser tú la pareja de alguien para ser tú el individuo. Otro temor puede ser el de un cambio de carrera para el que tienes que arriesgar tu estabilidad económica. En ocasiones puede ser provocado incluso por un bien intencionado consejo proporcionado de manera muy equivocada o dado por una persona que a su vez está reflejando sus propios miedos.

Lo más grave de todo es que con más frecuencia que no, estamos dispuestos a vivir haciendo algo que no nos hace del todo felices por no arriesgarnos a perder la falsa estabilidad que tenemos. Preferimos continuar quejándonos de algo a hacernos de valor y dar un paso a lo desconocido.
Y lo peor de esto es que así nos negamos la oportunidad de seguir creciendo, de conocer nuevos espacios, nuevas ideas, nuevas personas que nos ayuden a continuar avanzando hacia la cima de nuestras vidas.

El miedo entonces se vuelve en una especie de velo obscuro que obstruye nuestra vista, impidiéndonos ver todas las grandes oportunidades que están a nuestra disposición para estar mejor. Pero el que al arrancarlo del frente nos deja ver que todas aquellas cosas que tanto nos espantaban simplemente no están ahí.
Quiero decir, retos y problemas siempre van a existir, estos son precisamente las lecciones de vida que nos fortalecen y ayudan a crecer; pero el velo del miedo nos hace, a veces, sacarlos de toda proporción.

Así que la próxima vez que te enfrentes al temor a lo desconocido, la siguiente ocasión que el miedo te detenga, recuerda que no hay sombra que no ceda ante un poco de luz. Arranca ese velo y atrévete a dar el paso que tanto has anhelado.


O bien, puedes congelarte como siempre y seguir como lo haz hecho hasta ahora, pero sí decides dejar que el miedo te detenga, recuerda que solo una cosa es segura: no puedes esperar obtener resultados diferentes si todos los días continúas haciendo lo mismo.

Saca lo mejor de ti.

Cualquiera puede sonreir y ser amable en los mejores momentos de su vida.
Cuando todo marcha bien y nos sentimos cómodos y contentos es muy fácil tener una actitud positiva y tratar a todos con alegría.
Pero también cuando todo está bien es cuando menos crecimiento tenemos.

No me mal entiendan, soy el primero en creer que todos merecemos ser felices y vivir en paz y armonía, pero como diría M. Andretti: “Si todo está bajo control, es que vamos muy despacio”.

Con todo lo bueno y tranquilizante que es vivir seguros y tranquilos, definitivamente son los momentos difíciles los que ponen a prueba nuestro temple y los que nos hacen crecer y aprender.
“Son los problemas los que ponen de manifiesto nuestros talentos” decía Robin Sharma en uno de sus libros.

Lo importante entonces no es cuantos momentos buenos y malos tienes en tu vida, sino cual es la actitud que mantienes frente a cualquier circunstancia.
Todos tenemos días maravillosos en los que todo marcha a nuestro favor y por lo tanto nos sentimos seguros, fuertes, alegres y animados.
Pero también todos, sin excepción, cruzamos por situaciones y eventos difíciles, complicados y dolorosos en los que lo acostumbrado es sentirnos víctimas y deprimirnos pensando que todo el mundo está en nuestra contra.

¿y por qué digo “acostumbrado” y no normal? Porque, aunque sé que hay reacciones y emociones naturales ante ciertos eventos, también creo que muchas de nuestras reacciones ante los momento difíciles se deben a dos cosas:

  • El miedo a lo desconocido, a no saber que es lo que sigue y como se van a resolver los retos que estamos enfrentado.
  • Y a conductas aprendidas de nuestra familia, amigos y nuestra comunidad. Y es que desde pequeños vemos como nuestros padres y familiares responden ante todo y como es natural los comenzamos a imitar. También hacemos lo mismo cuando de adultos laboramos para alguna empresa en particular y, por buscar aceptación, nos mimetizamos con sus buenas y también malas costumbres, entre las que está sin duda, la forma de responder para determinadas ocasiones.

Es natural sentirnos presionados ante situaciones de alto estrés. Es normal sentir angustia, coraje, dolor, tristeza y enojo también. Pero también es normal (solo que nadie nos lo dice), querer y hacer un esfuerzo para sentirnos mejor a pesar de lo difícil del momento por el que estemos atravesando.

Algunas de las lecciones que algunas personas, en pláticas, en libros, en blogs y de otras formas han compartido conmigo para salir adelante de los periódos más complejos de nuestras vidas son:

  1. Nunca pierdas de vista que no importa lo que esté sucediendo, todo con el tiempo pasa y queda atrás. Esta en ti la decisión de llevarte contigo al futuro el enojo y la descepción o dejarlos atrás y traer solo las lecciones aprendidas por esa situación.
  2. No importa como respondan los demás, cada quien tiene su propio temperamento, personalidad y carga personal. No olvides que está en cada uno de nosotros el derecho de decidir cómo queremos responder ante cada reto; con gritos, enojos y violencia como la mayoría. O con serenidad, paciencia y optimisimo. Se tu mismo y olvida si tus papás o abuelos se enojaban por cualquier cosa, tú no tienes porque hacerlo así.
  3. Elije siempre muy bien tus palabras. Cuando estamos enojados nos encontramos realmente transtornados y perdemos fácilmente de vista como nuestro coraje puede afectar a los demás, y por supuesto con frecuencia decimos cosas de las que nos arrepentiremos dos segundo más tarde. Mide tus palabras. Como diría Robin Sharma: “Las palabras que utilizas influyen en el tipo de vida que vives. Úsalas sabiamente”.
  4. Entiende que no todo lo tienes que resolver siempre tu. Define exactamente qué es lo que quieres resolver de la situación en que te encuentras y trabaja duro para lograrlo, pero al mismo tiempo aprende a soltar las cosas. Comprende que en la vida existe una fuerza mayor a ti la cual te está ayudando ya. Así que déjala trabajar. No importa si eres religioso o qué religión profesas, llámale Dios, Universo, Energía o Vida. De todas formas esta gran fuerza trabaja siempre a tu favor.
  5. Enfrenta tus miedos. ¿Cuantos de los problemas a los que nos enfrentamos en nuestras vidas no los habremos provocado nosotros mismos a causa de nuestros miedos? “No corras de tus miedos pues tu miedos correrán hacia ti”, dice un sabio por ahí “Corre hacia ellos y sácalos a la luz, no hay sombra que no desaparezca ante un poco de luz”.
  6. Define tu posición ante la vida. Elije tu visión. Existen básicamente dos tipos de personas en este mundo, las negativas que siempre están búscandole lo malo a cada cosa.
    Y las positivas, las que han decidio ver su mundo lleno de luz y de rodearse de gente y situaciones positivas. ¿Y que creen? Cada quien en este mundo tiene lo que a gritos o en silencio pide.

Ahí las tienen, algunas de las mejores lecciones que grandes personas me han compartido.
Estoy seguro de que no son las únicas formas de enfrentar los retos difíciles de la vida y seguramente muchos de ustedes tengan nuevos puntos de vista, así que por qué no los comparten y los dejan a modo de comentario para que todos los demás los puedan leer.

Gracias.

Gracias, después de mamá, papá y leche, es una de las primeras palabras que aprendemos a decir en la vida.
¿Pero en verdad aprendemos lo que esta quiere decir?
Es decir, más allá de la “buena educación” que desde pequeños nos enseñan a mostrar nuestros padres, ¿en realidad estamos conscientes de lo que DAR GRACIAS significa?

¿Cuantas veces en un día normal diremos gracias? Cuando compramos nuestro café por la mañana, después de comer, a la persona que nos sostuvo la puerta para que no se nos azotara en la naríz, al bajarnos de un taxi, al término de una reunión de trabajo, mientras pagamos la compra que acabamos de hacer, cuando nos hacen un cumplido o simplemente nos preguntan como estamos el día de hoy. “estoy bien, gracias”, “que amable gracias”, “gracias por el café”.

Somos tan educados…que a decir verdad no puedo comenzar a explicarme por que, si sabemos decir gracias a tantas personas, no sabemos en realidad DAR GRACIAS.

Piénsenlo bien, normalmente decimos gracias sin sentirlo. Lanzamos palabras vacias al aire como parte de una automatizada rutina de cortesía superficial, y en muchas ocasiones ni siquiera a eso llegamos.

Acostumbramos decir gracias cuando nos sirven un póco de helado, pero nos negamos a DAR GRACIAS porque podemos comerlo.

Damos tantas cosas por hecho que no somos capaces cuando menos de agradecer que estamos vivos.

Gracias no es una palabra. Gracias es una actitud, es una visión y una forma de vivir.
Todos los días, sin importar si es lunes, jueves o domingo o por que situación difícil estemos atravesando, siempre tenemos más de una razón para estar agradecidos. Todos pasamos por épocas difíciles en diferentes momentos de nuestra vida.
“Aquellos que no tienen problemas es porque tampoco tienen vida.” diria Robin Sharma.

Y todos, absolutamente todos tenemos muchas razones para DAR GRACIAS.
Medítenlo con cuidado y me darán la razón; es tan solo cosa de quitarse la venda de las quejas y el “victimismo” para ver nuestra realidad como es.

Recuerden: “Vemos el mundo, no como es, sino como queremos verlo”
Así que decidámonos a ver nuestro mundo como el sitio lleno de alegría y paz que queremos tener.

Y por mucho una de las mejores maneras de cambiar nuestra visión es precísamente aprendiendo a DAR GRACIAS por todas las bendiciones que tenemos en nuestras vidas.

Una gran idea para esto es hacer una lista de por lo menos 10 cosas por las que estén en verdad agradecidos y que repasen esta lista a cada momento posible durante el día.

Yo en lo particular cuido que día a día la primera palabra que cruce mi mente y salga de mi boca sea “GRACIAS” y de ahí parto a agradecer de corazón cada cosa que he incluido en mi lista, entre las que están:

  1. Gracias por poder compartir la vida con una persona tan maravillosa como es mi esposa.
  2. Gracias por la familia que hoy somos y por la que estamos formando.
  3. Gracias por el hogar que hemos construido, lleno de luz y paz, repleto de amor y armonía, abundancia y prosperidad.
  4. Gracias por nuestra salud.
  5. Gracias porque nuestros cuerpos están completos por dentro y por fuera.
  6. Gracias porque tenemos el uso de todas nuestras capacidades físicas, mentales y espirituales.
  7. Gracias porque contamos con todos nuestros sentidos.
  8. Gracias por nuestra familia, porque está completa y unida.
  9. Gracias por nuestro trabajo.
  10. Gracias porque trabajamos haciendo lo que nos gusta y porque tenemos la oportunidad de aprender y crecer y ayudar a otros mientras hacemos nuestro trabajo.
  11. Gracias porque tenemos una vida plena.
  12. Gracias por todas las oportunidades que día a día se nos presentan.
  13. Gracias porque tenemos amigos leales y cercanos.
  14. Gracias por todas las lecciones que hemos aprendido y por las que aprenderemos en el futuro.
  15. Gracias simplemente porque hoy contamos con un día más de vida para disfrutar.

¿Cuales son sus razones para estar agradecidos con la vida? Hagan su lista y les aseguro que verán que su vida es mucho más abundante y rica de lo que ustedes creían.
Dense cuenta de todas las maravillas que tienen en sus vidas y momento a momento bendíganlas con su agradecimiento, porque, como ya lo he mencionado en otros artículos, “dar gracias enaltece y levanta nuestro espiritu”.

Y como dicta la Ley de la atracción: “Agradecer lo que tenemos solo nos puede traer más y más razones para estar siempre agradecidos”

¡Gracias!

Sé tu propio cliente

¿Cuántas veces habremos escuchado esa frase que dice “al cliente lo que pida”?

Todos aquellos que de una u otra forma, para desempeñar su trabajo, tienen que tener contacto con un cliente, seguramente estarán muy familiarizados con este concepto. Desde que iniciamos nuestras carreras profesionales, incluso para muchos desde antes, nos enseñan a no decir que no se puede. El entrenamiento que nos dan, las lecciones diarias que obtenemos en nuestro trabajo, nos han grabado en nuestra mente ese decir que va: “No me digas que no se puede. Dime como sí se puede”.

Y así vamos, algunos en mayor medida que otros, a distancias inhóspitas con tal de hacer que sí se pueda.Trabajamos horas extras, a veces en los fines de semanas, dejamos de salir a comer, descuidamos a nuestra familia y por supuesto a nosotros mismos, con tal de que sí se pueda y al final de cuentas tratamos de entregar lo mejor que podemos a nuestros clientes para que vean que sí se pudo.

La pregunta entonces es: Si somos capaces de hacer todo esto para otros ¿por qué no podemos hacerlo para nosotros mismos?
¿Por qué nos empeñamos en ponernos límites y pensamos que lo que nosotros queremos no se puede? Nos decimos: ahora no puedo comprar mi coche, no puedo tomarme unas vacaciones, no puedo hacer tiempo para hacer ejercicio, cómo siempre como en la calle, no puedo comer sanamente, no puedo dedicarme a lo que me gusta hacer, no tengo tiempo para mi, no me dejan, no me alcanza, no puedo, no puedo, no puedo…

Mi respuesta es: entonces comencemos a vernos a nosotros mismos como si fuéramos nuestros clientes para que así sí podamos hacer que todas estas cosas sucedan.

Vaya ¿Por qué no poner a trabajar las cosas a nuestro favor y permitirnos saber que sí podemos tener, sí podemos hacer, sí podemos lograr todo lo que queremos?

Les aseguro que todas esas personas a quienes consideramos afortunados y exitosos lo hacen así. Saben, piensan y creen con absoluta fe que sí pueden hacer, tener y lograr todo lo que quieren. Saben que se lo merecen y lo agradecen con sinceridad.

Es muy simple en realidad. Todo lo que hay que hacer es definir que es lo que queremos, visualizarlo, pensarlo claramente y pedirlo con la seguridad que la vida nos lo dará.

¿Suena simplista? No lo es. Stephen Covey lo explica muy bien cuando dice: “Todo en nuestra vida es creado dos veces. Primero cuando lo pensamos y después cuando físicamente es manifestado”.
Así que pensemos bien las cosas que queremos.

Pero si esta explicación no les fuese suficiente, entonces les recomiendo estudiar más sobre “La ley de la atracción”.

Esta ley universal establece que, de acuerdo a las palabras de Bob Proctor (filósosfo, escritor y coach personal): Todo lo que llega a tu vida es porque tú lo has atraído. Y los has atraído por las imágenes que tienes en tu mente. Es lo que piensas. Todo lo que piensas lo atraes”.

Ahora probablemente estén pensando algo así como “aja! Seguro… yo pido y nada más…y después sigo adelante en mi día como si nada y lo que pido me llegará…aja como no!”…

Pero no, en efecto pedirlo y pensarlo no basta. Definitivamente sí hay que hacer algo para que aquello que queremos llegue a nuestra vida. Y ese algo es creer que sí lo merecemos y comenzar a vivir como sí ya lo tuviéramos, como si tuviéramos el auto que queremos, o la casa de nuestros sueños.
Hacerlo es poner las cosas en orden para que lo que hemos creado en nuestra mente tenga lugar en nuestra vida.
Es decir, ¿como vamos a tener la casa de nuestros sueños si siempre estamos concentrándonos en quejarnos sobre la que actualmente tenemos?
Nuestras acciones tienen que ser congruentes con nuestros pensamientos y nuestros deseos.

Como dice Rhonda Byrne (Productora de la cinta The Secret y autora del libro del mismo título): “Las acciones son especialmente poderosas porque son pensamientos que nos han hecho actuar.”

Así que mi sugerencia es, hoy mismo párate frente al espejo, vete fijamente, asume ya que tú eres tu cliente más importante en la vida y deséate lo que más quieras para ti, piénsate y vete viviendo la vida que quieres y comienza a actuar desde ya de acuerdo a ese deseo y demuéstrate a ti mismo, como lo haces a tus otros cliente, como sí se puede.

Celebrando el valor de equivocarse.

Prácticamente desde que tengo memoria recuerdo la palabra equivocarse como un sinónimo de temor, de miedo a estar en una situación difícil e incómoda en la que nadie quiere estar.

La mayoría de la gente no se atreve a tomar la iniciativa en algo justo por temor a cometer un error, por miedo a que, por no lograr lo planteado, sea sometido a un regaño o a una llamada de atención, o simplemente a quedar como un tonto y ser objeto de la burla de otros.

Y es entendible siendo que la cultura en la que vivimos es una donde se castiga el error.

Piénsenlo, desde pequeños cuando íbamos al colegio ¿que hacía todo el salón de clases cuando algún compañero levantaba la mano entusiasmado y daba la respuesta incorrecta o tartamudeaba por nervio a equivocarse?

Y ese clásico “DUH” no es exclusivo del salón de clases, lo vemos en los restaurantes cuando a un garrotero que lleva una charola llena de platos sucios resbala dejando caer cuanta loza trae consigo al suelo.

De la misma manera ¿en cuantas empresas no hay supuestos líderes que tienen literalmente sometidos a sus equipo de trabajo a una dictadura y no dan libertad alguna de acción a sus subordinados para que así ellos no se equivoquen? Y cuidado si alguno sale del carril marcado pues cualquier error, por mínimo que sea será severamente castigado incluso hasta con el despido.

Es realmente triste ver como la gente ya no se atreve a hacer nada por temor a equivocarse. Ese miedo, como todos los demás, nos detiene, nos amarra como ancla al puerto de lo conocido y no nos dejar ver jamás hasta donde podríamos llegar si tan solo nos atreviéramos a dar un paso más.

Por eso yo hoy, pienso en lo importante que es celebrar las equivocaciones, o dicho de otra manera festejar a la gente que tiene el valor de cometer errores, pues se trata de personas que tomaron la iniciativa de intentar algo y de luchar.
Pues aquellos que jamás se han equivocado o son Dios o nunca han intentado hacer algo.

Equivocarse es parte del ser humano, es una parte intrínseca de nuestro desarrollo como personas, de nuestro crecimiento, de nuestro viaje por la vida.

Nadie nace sabiendo y todos, absolutamente todos, tenemos que aprender y seguir aprendiendo durante toda nuestra vida. Y cada vez que cometemos un nuevo error, no quiere decir que somos tontos, incapaces o inútiles, por el contrario, significa que estamos un paso más cerca de llegar a nuestra meta y continuar con nuestro crecimiento.

Claro, tampoco se trata de cometer el mismo error una y otra y otra vez; precisamente para eso está el sentido común.
Pero de lo que sí se trata es de aprender y crecer, de tener valor y coraje para tomar la iniciativ, de utilizar nuestro conocimiento, nuestras experiencias pasadas y nuestro sentido común para aplicarlos e intentar vencer cada reto que se nos presenta en la vida.

Y a aquellas personas que temen hacer algo o a tomar la iniciativa por miedo a ser regañados o por pavor a equivocarse yo les pregunto: ¿Se imaginan que habría pasado si cierto marino español no se hubiera equivocado cuando se atrevió a embarcarse en busca de Las Indias?
¿Pueden imaginar que habría pasado si Steve Jobs CEO y fundador de Apple Computer, hubiese hecho caso a la gente de Hewlett-Packard cuando le dijeron que no lo necesitaban y hubiera dejado a un lado su intento de desarrollar su computadora personal por miedo a equivocarse?

El cometer errores, les decía, es parte de la vida y mientras tengamos el buen juicio de aprender de ellos y no dejar que el mismo error ocurra otra y otra vez, estaremos en el camino correcto.
De hecho como dicen por ahí “Darnos cuenta de que todos cometemos errores y que estos son esenciales para nuestro crecimiento y progreso, es verdaderamente liberador”

Una práctica de la que he leído un poco sobre como aprovechar al máximo nuestros errores, es enlistar las 10 más grandes equivocaciones que pensamos que hemos cometido en nuestra vida y a un lado anotar las lecciones que aprendimos de estas e incluso los beneficios que después de estos obtuvimos,

Al hacerlo veremos que al final la balanza siempre se inclina a favor de nuestro crecimiento pues hoy no seríamos quienes somos, si no hubiésemos cometido los errores que tuvimos en el pasado.

Si tan solo Donald fuera como un buen jardinero.


¿Alguna vez les he contado sobre mi teoría de que a todos, a unos más que a otros, nos ataca el Síndrome del Pato Donald (SPD) en algún, o posiblemente muchos, momentos de nuestras vidas?

Sucede que a todos, después de ir acumulando estrés, malas noticias, enojos, berrinches, frustraciones, pláticas y pensamientos negativos, en fin mala vibra en general, quedamos tan llenos de energía negativa que cualquier cosa es suficiente para hacernos explotar en un ataque de ira que no hace más que empeorar nuestra situación y que termina por convertirnos en un Pato Donald enojado y víctima de su propio coraje.

¿O no? ¡Vamos! Recuerden como se ponía Donald cuando trataba de abrir su silla plegable en la playa y esta no cedía, provocando que el famoso pato de traje del marinero fuera enojándose más y más, golpeando y gritando hasta terminar atrapado dentro de la misma silla.

Bueno pues ese es justo el SPD o Síndrome del Pato Donald.
Este se da precisamente cuando llegamos al punto de no regreso y perdemos el control y como dicen por ahí “Escupimos al cielo” y por supuesto, como todo lo que sube, tiene que bajar, ese escupitajo solo nos salpica de regreso a nosotros mismos.

Ahora ¿cómo es que llegamos hasta el punto adquirir el SPD? No es difícil imaginárselo…vivimos en una época donde el estrés es parte de la cotidianidad en nuestras vidas: cuentas por pagar, problemas por resolver, proyectos por entregar, familia que cuidar, hijos que educar, compromisos que cumplir, en fin todo una carga de factores que no podemos ignorar ni evitar y que sea como sea, tenemos que cumplir.
Pero a los que además, sin darnos cuenta, sumamos otros que sí podemos cambiar:

Y es que usualmente empezamos nuestros días siempre corriendo, al despertar, lo primero que hacemos es quejarnos de la hora tan temprana en que tenemos que levantarnos, si somos considerados y compartimos habitación con alguien, salimos de ella y sino encendemos la televisión o la radio para “escuchar” las noticias del día y así contaminar nuestra mañana con las últimas notas sobre la violencia que hay en el mundo, los asaltos, las guerras, etc.. Salimos camino al trabajo y vamos peleando con el conductor del auto de enfrente solo porque a él le toco estar frente a nosotros en esa larga fila de coches estacionados, que llamamos periférico…o viaducto…o cual sea la avenida que mas usen por las mañanas.

Llegamos a la oficina, recibimos la llamada de algún cliente enojado o peor aún la llamada la recibió nuestro jefe y él ahora es quien esta enojado, algún proveedor no cumple con su compromiso, en una junta de trabajo tenemos un fuerte desacuerdo con alguien más. A la hora de la comida el mesero tarda en traer la cuenta y regresamos tarde al trabajo, regresamos al final de la tarde a casa para, después de volver a lidiar con todos esos automovilistas a quienes insolentemente se les ocurrió también regresar a sus hogares a la misma hora que nosotros, encontrarnos con que la puerta del estacionamiento no funciona bien o que un vecino se estacionó mal impidiéndonos guardar nuestro auto en su lugar.

Entramos a casa, estamos bloqueados, irascibles e iracundos, solo pensando en querer ver la televisión y no hablar de nada con nadie…entonces discutimos con nuestros familiares porque ellos con la mejor de las intenciones nos reciben con los brazo abiertos, pero como nosotros venimos con una inercia negativa equivalente a una onda expansiva nuclear, los hacemos a un lado, nos postramos en nuestro sillón acostumbrado, prendemos la caja idiota y… ¿qué hacemos? Sintonizar una serie de televisión llena de violencia, muerte y vicios.
Nuestra pareja nos interrumpe, pregunta algo o nos dice algo que no nos parece y ENTONCES!!!!!!…

¡FELICIDADES! Lo has logrado, has adquirido SPD.

Tanto que ya solo te falta la cola de pato y sombrero de marino porque estás tan enojado que el pico naranja lo tienes ya!

Las consecuencias… esas creo que no las tengo que contar.

Así que mejor me dedicaré a platicar sobre como podemos evitar contagiarnos de SPD.

Y para eso debo hacer referencia una vez más a una de las lecciones de ese gran mentor, autor de “El monje que vendió su Ferrari”, Robin S. Sharma quien, precisamente en dicho libro compara a la mente humana con un jardín, explicando que: “Si tu procuras tu mente, la nutres y la cultivas, esta, tal como un rico y fértil jardín florecerá más allá de lo que puedas imaginarte” .

Él continua con su analogía detallando que justo como un jardinero cuida cual soldado, que en su parterre no entre ni el más mínimo rastro de contaminación, de la misma manera deberíamos nosotros procurar esto con nuestra mente.
Sin embargo es penoso ver la cantidad de basura que la mayoría de nosotros dejamos entrar a nuestra cabeza día con día. Las preocupaciones, la ansiedad, el lamentarse por el pasado o angustiarse por el futuro y todos aquellos miedos creados por uno mismo, las pláticas y medios a los que nos exponemos, provocan una catástrofe dentro de nosotros mismos.
“La preocupación drena a nuestra mente de todo su poder y tarde o temprano, lastima incluso hasta nuestro espíritu”.

Para vivir la vida en todo su esplendor, debes de montar una estricta guardia a la entrada de tu jardín y solo dejar entrar a la mejor información y al mensaje de mayor calidad. No podemos darnos el lujo de tener ni un solo pensamiento negativo.

Explica Sharma que la gente más alegre, dinámica y satisfecha en el mundo es aquella que hace algo más que solo existir. Son esas personas que creen en su potencial humano y realmente saborean la vida, pero que sobre todo, adoptan un paradigma positivo sobre su mundo y todo lo que en el existe.

¿Sabían que en un día normal la persona promedio crea alrededor de seis mil pensamientos, y que el 90% de esos pensamientos son los mismo que los del día anterior?

Por lo tanto, sugiero que nos aseguremos de que esos pensamientos sean siempre positivos, pues como explica Stephen Covey: “Todo lo que hacemos y tenemos en la vida existe dos veces, primero cuando la piensas y después cuando lo hacemos realidad”
Razón suficiente para querer que lo que creemos sea siempre positivo ¿no lo creen?

Volvemos entonces al tema de la oportunidad de escoger:

No importa lo que esté pasando en nuestra vida, tenemos el derecho a siempre escoger como queremos responder. Y tenemos el derecho de elegir a que estímulos queremos exponer a nuestra mente y sobre todo a pensar siempre positivamente para sentirnos siempre bien.
Tenemos derecho a ser el jardinero de nuestra mente y a con nuestra actitud positiva, crear pensamientos positivos que solo podrán crear situaciones positivas a nuestro alrededor.

Hhmm, pensándolo bien, no estaría mal que en Disney hicieran una caricatura de Donald como jardinero. ¿no creen?