De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Nutriendo talento en tu organización.

No es ningún secreto: el éxito de una persona como profesional está directamente atado no solo a que tan duro trabaje y que tan dedicado sea a su labor, sino también a la pasión con que trabaja y, sobre todo, a que tan claro tenga cuales son sus más grandes fortalezas y habilidades, cuáles son sus áreas de oportunidad y que tanto se aleje de estas últimas para acercarse, desarrollar y maximizar a las primeras.
Es decir, entre más nos enfoquemos en continuar desarrollando y potencializando nuestras fortalezas y rodéandonos de personas que puedan cubrir nuestras debilidades, más probabilidades de alcanzar el éxito tendremos.

Desafortunadamente, en lugar de abrir espacios y oportunidades para que las personas desarrollen todo su potencial, parecemos vivir en una sociedad en la que obligar a la gente a trabajar incesantemente en aquello para lo que no es buena, parece ser el modus operandi.

Desde que somos pequeños, comenzamos a dar destellos tanto de nuestro talento como de nuestros intereses, gustos y pasiones; a la vez que aquello para lo que no somos tan buenos se hace evidente también.
Entonces, si tu problema es con las matemáticas, te obligan a tomar clases adicionales de “regularización” por las tardes, o si tu conflicto es con los deportes, te inscriben a cuanto entrenamientos se les puedan ocurrir a tus padres. Y claro, no es extraño, 15 o 20 años después, tener a tantos deportistas que nunca lo fueron y algunos contadores frustrados también.

Lo más increíble es que esto no termina en nuestra niñez, pues a veces, como profesionales y en nuestras empresas, sin darnos cuenta, continuamos con esta tradición.

Buscamos, atraemos y contratamos personas porque sabemos que tienen las habilidades y experiencia que necesitamos para nuestra organización. Dedicamos cientos de horas hombre al año a identificar, entrevistar, examinar y contratar a los mejores profesionales que podemos atraer a nuestra empresa. Echamos mano de asesores, coaches, head hunters,  recomendaciones personales y hasta redes sociales y motores de búsqueda para encontrar al mejor candidato, a quien contratamos a cambio de ofrecerle un gran paquete de compensación.
Y una vez que lo tenemos, le cortamos las alas y lo sentamos en pequeño cubículo junto con el resto de nuestros empleados como si fueran trofeos de colección.

A veces, por necesidad, otras por burocracia y en otras más por algo mucho peor, inseguridad, perdemos de vista las razones por las que inicialmente los invitamos a colaborar con nuestra empresa y olvidamos desarrollar y aprovechar su potencial. Nos confundimos pensando que porque nuestra empresa ya le da una buen paquete de beneficios, el empleado está conforme con su trabajo, pero en realidad solo está conforme con su paquete de compensación y no necesariamente con su labor.

Acciones, seguros, comida, autos, etc, todos son, en efecto, una gran prestación que los empleados debemos siempre agradecer y apreciar. Pero al mismo tiempo, cada empresa debe entender que la mayoría de la gente, una vez que tenemos (y si no me creen, pregúntenle a Abraham Maslow) cubiertas nuestras necesidades de seguridad, buscamos el sentido de pertencia a un lugar en donde podemos desarrollar nuestro potencial, tener un impacto en la vida de los demás, ser reconocido por esto y lograr cierta auto realización.

Y si nuestra organización no está dando el espacio para que nuestros integrantes puedan trabajar en estas áreas tan importantes de sus vidas, estos seguramente en cualquier momento buscarán un lugar que no solo les de la oportunidad de hacerlo, sino que entusiástamente tenga un gran enfoque en nutrir su potencial.

Y entonces nosotros como empresa nos tenemos que preguntar ¿De qué lado queremos estar?

Picture credit: 姒儿喵喵

Una aclaración más sobre tu MARCA personal

Creo que hoy día, no pasa una semana sin que el tema de “personal branding” salga a discusión.
Justo hace pocos días discutía con un antiguo jefe sobre el poder y alcance de una marca personal; el, por su lado, se preguntaba como se puede “monetizar” una marca personal. Yo, por el mío, le explicaba que una marca personal, aunque puede llegar a ser muy valiosa, realmente no se monetiza como tal.
Él compartía su punto de vista como profesional de ventas que simplemente está buscando llegar a una cuota y generar ingresos y utilidades para su marca o su empresa. Y debo de reconocer que no es el único. De hecho conozco a muchas personas que han trabajado duro (que no es lo mismo que eficiente y eficazmente) en establecer una marca personal que les genere frutos económicos y laborales en un corto plazo, creando blog y perfiles en cuanta red social, a la que creen que le pueden saca provecho, se encuentran; retuiteando a las “personalidades” o ejecutivos con quienes quieren conectar, además de dejar comentarios en sus blogs personales y organizacionales.
Practicas que, en efecto, son muy comunes para quienes ejercemos una marca personal.
Sin embargo, desde mi punto de vista, ver a tu marca personal tan solo como una forma de sacarle provecho a tus conexiones, personales y/o profesionales, resulta limitado, miope y carente.
Ejercer una marca personal no se trata de contar con un “head shot” bien producido que usas casi como logotipo en lugar de como avatar, ni de promocionarte como profesional en distintos foros tan solo para vender más. Solo concentrarse en hacer esto nos pondría en el mismo nivel que un refresco de cola.

Por fortuna hay muchos para los que, como a mí, el ejercer su marca personal se trata de dejar nuestra huella (nuestra marca personal) en la vida de los demás. No de quitarles a los demás, sino de dar. No de poner un precio a nuestras palabras, pensamientos, opiniones o principios, sino de genera valor con estos para aportar algo a los demás.

Claro que en la medida en que generamos valor para otros, nos vamos ganando un lugar en su mente. Por supuesto que al dar de nosotros a otros también obtenemos recompensas a cambio. Es tan solo natural; se llama ley de la reciprocidad. Pero la clave de esta reciprocidad es que antes de pedir, uno se enfoca en dar.