De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

¿Que clase de memoria quieres dejar de ti y de tú pais en los demás?

Lo acepto, nuestra sociedad tiene muchos vicios, nuestras costumbres a veces pueden parecer raras y definitivamente nuestros gobernantes dejan, en todos sus niveles, mucho que desear.

Pero también hay que reconocer que tenemos muchas más cosas positivas que negativas como cultura y como sociedad.

Ahora lo más importante será que aprendamos a reconocerlo, pero sobre todo a celebrar las cosas positivas de nuestro país y nuestra región.

Desarrollando nuestro potencial enfocándonos en lo positivo.

De acuerdo a los expertos, la mejor manera de entrenar y desarrollar el potencial de una persona es enfocándose en sus grandes fortalezas y desarrollándolas cada vez más a la vez que buscamos alejarnos de sus
debilidades. En otras palabras, enfocarnos en lo positivo, nos ayuda a sacar lo mejor de esa persona.

Entonces, ¿por qué no aplicar la misma visión respecto a nuestro pais?

He tenido la fortuna de pasar la mayor parte de mi carrera profesional trabajando con equipos globales y multiculturales, y si una diferencia he notado entre los miembros de los equipos con quienes he colaborado
en las últimos 15 años es que mientras que la mayoría de los latinos típicamente tienden a satirizar y criticar a nuestra sociedad cuando platican con algún extranjero con frases clásicas como: “manejaré como
chilango”, “al fin que los latinos siempre llegamos tarde”, o justificando actitudes y malos hábitos diciendo “soy latino, soy fiestero y ruidoso e informal”; otras sociedades, como las orientales, cuando comparten cosas sobre su país o su ciudad, por lo general tienden a hablar de lo positivo, de sus valores y del orgullo que sienten por su pais y su comunidad.

No, no esto ciego y tampoco quiero ignorar los grandes vicios y retos que enfrenta nuestro pais. Tampoco pretendo vivir en una burbuja o aislado de los problemas de nuestra sociedad. Pero es precisamente por
esto que no solo quiero hablar de lo malo y con cinismo burlarme de lo que ni siquiera nos tomamos el tiempo de intentar arreglar.

En lugar de esto prefiero destacar todo lo bueno de nuestro país, nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestras costumbres. Compartir lo importante que es para nosotros la familia, lo hospitalarios y amistosos que somos; platicar sobre nuestra alegría y gran capacidad para hacer amigos. Presumir lo duro que trabajamos y nuestro enorme sentido de solidaridad, y como es que siempre pedimos las cosas por favor y damos las gracias después.
Y claro siempre predicando con el ejemplo y demostrando que no solo es este un discurso que aprendimos de memoria, sino la realidad que queremos vivir.

Así que la próxima vez que convivas con personas de otro país en tu trabajo, durante tus vacaciones, en un evento o cualquiera que sea el contexto, antes de comenzar a despotricar sobre tu tierra, tómate un par
de segundos para pensar: ¿quiero que me recuerden por lo mal que le va a mi pais y me asocien con todos esos vicios y problemas, o quiero dejar una huella positiva en la memoria de estas personas?

No se ustedes, pero yo prefiero mil veces compartir lo orgulloso que me siento de mi gente y de mi pais.

Photo credit: Esparta

5 pasos que aprender y recordar.

Soy humano, demasiado de hecho y como tal suelo cometer muchos errores, sobre todo cuando alguna emoción fuerte está involucrada.

También, como humano, entiendo que aún hay muchísimas cosas que debo aprender a dominar, y no hablo solo de habilidades y trucos nuevos que pueden ayudarme adelantar rápidamente los pasos requeridos para mi carrera, sino habillidades básicas para poder mejorar en mi vida personal, como por ejemplo 5 simples acciones que hacer o dejar de hacer al enojarme:

  1. Callar: Lo primero que queremos hacer cuando estamos discutiendo con alguien y la conversación sube de tono y vamos sintiendo que el coraje crece como burbuja en nuestro estómago, es querer responder. No importa qué, lo que sea con tal de ganar la discusión para así demostrar que nosotros tenemos la razón. Pero en realidad lo que sucede es que más frecuente que no, lo único que logramos es empeorar, a veces gravemente la situación, pues el velo del enojo que cae sobre nuestra ya nublada mente nos hurta la razón dejándonos solos para decir cualquier idiotez de la que seguramente nos arrepentiremos incluso desde el momento que esas palabras abandonan nuestros labios.
  2. No reaccionar: a veces, el enojo es tanto que más que hablar queremos reaccionar, hacer algo para liberar tanto coraje y energía negativa que estamos acumulando en nuestro cuerpo; y seamos francos, cuantos de ustedes no han dado el más que ocasional portazo, golpe, almuadazo, patada, aventón o lo que sea que hayan hecho para descargar la rabia que se les había juntado. La verdad es que pocos se sienten cómodos admitiendo que enojados pueden perder el control y hacer rabietas dignas de TAZ o de un niño de 4 años mejor dicho. El problema es que tarde o temprano, nuestras rabietas pudieran lastimar a algún tercero o a nosotros mismos también dejando un pésimo ejemplo e imagen para nuestros hijos y familiares. Después de todo ¿Quién quiere ser recordado como un ogro escandaloso, violento y gritón?
  3. Respirar: Creo que aquí está la clave de todo. Darnos tiempo para respirar. No permitir que el enojo altere nuestro ritmo de respiración. Cuando lo hacemos, dejamos de respirar calmada y plácidamente y lo comenzamos a hacer en rápidas y cortas inhalaciones y exhalaciones que naturalmente acelaran nuestro organismo haciéndolo sentir que está en un momento de peligro, lo que cual favorece que no podamos controlar nuestra reacción.
  4. Escuchar: ya que estamos dándonos el tiempo de respirar con calma y romper con la agitación, aprovechemos el momento para escuchar a la otra persona que nos está hablando. Tratemos de entender, quiero decir verdaderamente comprender lo que nos está diciendo. Talvez hasta descubramos que no había ningún motivo por el cual enojarse desde un principio o, por lo menos, veamos que puede haber un acuerdo común para llegar a una solución sin necesidad de destrozarte el estómago.
  5. Pensar: No solo antes de hablar o para controlar tu reacción, pero también pensar después de la discusión. Meditar al respecto y tratar de identificar qué de todo fue lo que encendió tu enojo, qué sentiste y por qué, entender si ese sentimiento está ligado con otros más, comprender si en verdad es un tema por el que valga la pena tanta pasión o si bien es cualquier cosa que puedes dejar pasar en lugar de enojarte porque creías que, de acuerdo a tus conductas aprendidas a lo largo de la vida, enojarse era la correcta reacción.

Y ustedes ¿cómo manejan su enojo?

The Age of Conversation 3: It’s time to get busy

Debo compartirles con mucho orgullo que el tercer libro en la serie creada por Drew Mclellan y Gavin Heaton, de The Age of Conversation, ya está a punto de salir del horno.

En lo personal este proyecto para mi tiene mucho significado pues además de ser la segunda ocasión en la que colaboro junto con cientos de co-autores al rededor del mundo escribiendo un capítulo para el libro, este proyecto fue el que me inspiró a lanzar el esfuerzo en Latino América del libro de Conversación-ES, mismo que también está en el horno, pero de ese les contaré en otra ocasión.

Por ahora lo más importante es compartirles que The Age of Conversation 3: It’s time to get busy, está ya a punto de llegar y mucho les valdrá la pena hacerse de una copia y conocer lo que grandes mentes como Joseph Jaffe y los mismos Gavin y Drew, tienen que decir.

¿Quiénes colaboraron con esta tercera parte de AOC? ¡Conoce a los co-autores y visita sus blogs y sitios desde ya!

Los puedes encontrar aquí:

Adam Joseph Priyanka Sachar Mark Earls
Cory Coley-Christakos Stefan Erschwendner Paul Hebert
Jeff De Cagna Thomas Clifford Phil Gerbyshak
Jon Burg Toby Bloomberg Shambhu Neil Vineberg
Joseph Jaffe Uwe Hook Steve Roesler
Michael E. Rubin anibal casso Steve Woodruff
Steve Sponder Becky Carroll Tim Tyler
Chris Wilson Beth Harte Tinu Abayomi-Paul
Dan Schawbel Carol Bodensteiner Trey Pennington
David Weinfeld Dan Sitter Vanessa DiMauro
Ed Brenegar David Zinger Brett T. T. Macfarlane
Efrain Mendicuti Deb Brown Brian Reich
Gaurav Mishra Dennis Deery C.B. Whittemore
Gordon Whitehead Heather Rast Cam Beck
Hajj E. Flemings Joan Endicott Cathryn Hrudicka
Jeroen Verkroost Karen D. Swim Christopher Morris
Joe Pulizzi Leah Otto Corentin Monot
Karalee Evans Leigh Durst David Berkowitz
Kevin Jessop Lesley Lambert Duane Brown
Peter Korchnak Mark Price Dustin Jacobsen
Piet Wulleman Mike Maddaloni Ernie Mosteller
Scott Townsend Nick Burcher Frank Stiefler
Steve Olenski Rich Nadworny John Rosen
Tim Jackson Suzanne Hull Len Kendall
Amber Naslund Wayne Buckhanan Mark McGuinness
Caroline Melberg Andy Drish Oleksandr Skorokhod
Claire Grinton Angela Maiers Paul Williams
Gary Cohen Armando Alves Sam Ismail
Gautam Ramdurai B.J. Smith Tamera Kremer
Eaon Pritchard Brendan Tripp Adelino de Almeida
Jacob Morgan Casey Hibbard Andy Hunter
Julian Cole Debra Helwig Anjali Ramachandran
Jye Smith Drew McLellan Craig Wilson
Karin Hermans Emily Reed David Petherick
Katie Harris Gavin Heaton Dennis Price
Mark Levy George Jenkins Doug Mitchell
Mark W. Schaefer Helge Tenno Douglas Hanna
Marshall Sponder James Stevens Ian Lurie
Ryan Hanser Jenny Meade Jeff Larche
Sacha Tueni and Katherine Maher David Svet Jessica Hagy
Simon Payn Joanne Austin-Olsen Mark Avnet
Stanley Johnson Marilyn Pratt Mark Hancock
Steve Kellogg Michelle Beckham-Corbin Michelle Chmielewski
Amy Mengel Veronique Rabuteau Peter Komendowski
Andrea Vascellari Timothy L Johnson Phil Osborne
Beth Wampler Amy Jussel Rick Liebling
Eric Brody Arun Rajagopal Dr Letitia Wright
Hugh de Winton David Koopmans Aki Spicer
Jeff Wallace Don Frederiksen Charles Sipe
Katie McIntyre James G Lindberg & Sandra Renshaw David Reich
Lynae Johnson Jasmin Tragas Deborah Chaddock Brown
Mike O’Toole Jeanne Dininni Iqbal Mohammed
Morriss M. Partee Katie Chatfield Jeff Cutler
Pete Jones Riku Vassinen Jeff Garrison
Kevin Dugan Tiphereth Gloria Mike Sansone
Lori Magno Valerie Simon Nettie Hartsock
Mark Goren Peter Salvitti

¿Recuerdan a Voltron?

¿Recuerdan  a Voltron? Si tienen más 25 años probablemente sí y si son mayores de esto probablemente esta comparación les haga sentido; ahora, si tienen más de 45 años y veían todavía a Voltron, quizás sean un tanto más geek de lo normal 🙂

Voltron, para quienes no lo recuerdan o no lo conocieron era una caricatura sobre un grupo de ¿Soldados? ¿Agentes? ¿super héroes? Qué se yo!…El caso es que era un grupo de personas que conducían naves en forma de león, mismos que en el momento más crítico de su batalla, se unían en una sola unidad que formaba a un gigantesco y poderoso robot llamado….exacto! Voltron.

El líder del grupo colocaba su león en… sí sí, lo adivinaron! en la cabeza y torso de Voltron, mientras que los otros vehículos formaban las piernas y pies y los brazos y manos.

Entonces, en movimientos perfectamente bien coordinados que seguían al pié de la letra las instrucciones giradas por la cabeza del robot y potencializadas por el torso de Voltron, cada extremidad o unidad hacía su parte, logrando así… síp lo adivinaron de nuevo… ganar la batalla.

Por supuesto cada integrante del equipo era el mejor en su especialidad y nadie más podría conducir mejor que ellos su propio vehículo, en eso cada quien brillaba a lo grande.

Y claro, como toda estrella, cada uno quería lucir por sí solo y demostrar lo buenos que eran, y así se enfrentaban a sus “enemigos” hasta que, por hacerlos solos y descoordinadamente, comenzaban a perder.

Entonces el líder del grupo llamaba a todos los integrantes a unirse y formar a Voltron una vez más.

¿Pero se imaginan si en media batalla el brazo izquierdo decide ir a la derecha y el brazo derecho a la izquierda, mientras que la pierna izquierda quiere ir hacia adelante y la derecha hacia atrás; y la cabeza no define cuál es el movimiento que hay que hacer?

Seguramente entre discusiones, jalones, estirones y empujones, Voltron se…si! Lo adivinaste de nuevo! Estás muy agudo el día de hoy! …voltron se separaría y su gran poder quedaría aún más débil que antes de que sus diferentes partes se unieran.
Y una vez separados, el ego y la soberbia de varios les impediría darse cuenta de lo importante que es volverse a agrupar , y se ocuparían solo de culpar a los otros por no escucharlos a ellos.

Voltron quedaría inutilizado, no tendría capacidad para hacer ni el más mínimo de los esfuerzos y lentamente dejaría de exisitir.

“¿Pero de qué estás hablando Efraín? ¿En verdad nos estás contando una caricatura?” Algunos se estarán preguntando, pero…

¿A poco no es justo esto lo que vemos que pasa con más frecuencia que no en todas las organizaciones?

Empleados que creen ser los poseedores de la verdad absoluta predicando día con día que ellos saben justo lo que su organización necesita para ser mejor, actuando por separado tratando de lucir más que su equipo, mientras los catalizadores de la empresa, los gerentes y directores de las diferentes áreas, quienes pueden potencializar las habilidades de sus equipos, permanecer inmóviles sin tomar decisión alguna  para no arriesgar quedar mal ante la cabeza que no termina de tomar la decisión del camino que hay que seguir.

¿Lo ven? Pies y brazos queriendo ir en distintas direcciones y torso y cabeza sin tomar una decisión.

Visto así, sí que resulta ser mucho más importante que recordar tan solo una caricatura ¿no?

Reconoce, entiende y actúa.

En el organismo humano, cuando algo anda mal, el dolor que sentimos es la señal de aviso de que algo a lo que tenemos que ponerle atención, no está bien.

Entonces, si el dolor es tan solo una tolerable molestia, actuamos con la típica actitud desentendida que tanto nos caracteriza e ignoramos las señales. Simplemente decidimos darle prioridad a otras cosas, típicamente mucho más triviales que nuestra propia salud.

Y así, si el dolor no se vuelve más intenso, dejamos que ese pequeño malestar, se vuelva parte de nuestra cotidianeidad, convirtiéndose en un enemigo silencioso que poco a poco, sin darnos cuenta va desgastando nuestro organismo hasta que ese diminuto e ignorado problema se convierte en una seria condición que amenaza nuestra salud o hasta nuestra vida tal vez.

Lo mismo sucede en las organizaciones. El dolor en este caso no es un rayo intenso y agudo en el estómago u otro lugar; más bien se presenta en la forma de uno o varios clientes quejándose del pobre servicio que están recibiendo o en el cambiante y descendente desempeño de los integrantes de la empresa.

A veces, cuando se trata solo de un empleado y estamos envueltos en el remolino de lo urgente, preferimos hacernos de la vista gorda y dejar que esa persona continúe haciendo mal su trabajo, engañándonos y pensando que solo se arreglará o que su actitud no afectará a los demás. En otras, preferimos incluso encubrir sus problemas con tal de continuar “avanzando” hacia nuestros objetivos.
Llegamos al extremo de engañarnos a nosotros mismos haciéndonos pensar que podemos ignorar la situación, en lugar de tomar decisiones y acciones importantes al respecto.

Y así el tiempo avanza y la situación solo hace lo natural: empeorar.

Entonces, llega la crisis: Clientes abandonando nuestros servicios y empleados destacados renunciando o peor aún adoptando una actitud similar.
Y solo en ese momento, cuando la cuota del trimestre se ve amenazada y alguien más arriba en la organización pregunta que está pasando, es que por fin tomamos acción.

A veces, si tenemos suerte, contamos con los recursos y las personas que nos pueden ayudar y aún no es demasiado tarde, logramos resolver el problema y recuperar nuestra salud o la de la organización. Otras, tristemente la única acción que queda es la de la extirpación.
Es decir, terminamos liquidando al sujeto quien provocara la crisis, explicándole lo mal que hizo su trabajo, a pesar de haberle dado buenas evaluaciones por meses y meses; y como su pobre desempeño, ese que ignoramos y hasta promovimos durante tantos meses, afectó tanto a la empresa.

Extirpamos el problema. ¿O no? Porque ¿De qué sirve quitar el elemento dañado, sin que nosotros cambiemos de actitud y volvamos a olvidar que hasta la gripa más simple puede provocar una gran neumonía terminal?

¿Cuánto estás dispuesto a pagar?

“Todo en la vida tiene una factura que pagar.” “No hay cosa tal como una comida gratis.”

Dos frases que tienen algún en común: tienen absolutamente toda la razón.

Todo en la vida tiene un precio. A veces bajo, otras alto, pero definitivamente todo lo que hacemos, las decisiones que tomamos, la manera en la que actuamos, cada paso que damos tiene un precio o es el precio que estamos pagando ya.

Y así, todos los días deseamos y pagamos, anhelamos y pagamos, hacemos y pagamos; aunque trágicamente la mayoría de la gente hace y paga por lo que no quieren hacer en realidad; permiten que la vida les suceda en vez de vivirla y por supuesto es entonces ese sentimiento de insatisfacción y frustración el precio que pagan por dejar que la vida simplemente pase y ya.

Otros, los más afortunados, entienden lo crítico que resulta tener bien claro lo que quieren en la vida y dirigen todo sus esfuerzos en  esa dirección; entienden el precio que habrán de pagar por llegar a su meta y día a día lo pagan con gran satisfacción.

Comprenden que  igual pagaran dejando que la vida les pase, a vivirla como ellos quieren; y así ante los grandes retos y fracasos no pierden la calma ni el tesón pues saben que no han perdido nada aún y que por el contrario están tan solo pagando la lección que les ayudará a enfrentar con éxito los siguientes retos que se les presentarán.

Y cuando uno comprende esto, entiende también que no hay decisiones correctas ni equivocadas sino motivos atrás de estas  y consecuencias al frente.

Puedes decidir crear una vida llena de éxito profesional y grandes lujos entendiendo que el precio que seguramente habrás de pagar es el sacrificio de tu vida familiar. Puedes decidir abandonar tus estudios y pasar tu tiempo en un bar , pero el precio que muy seguramente pagarás es el  que tus amigos tarde o temprano te dejen atrás; y entonces puedes decidir esforzarte y alcanzarlos aunque el esfuerzo ahora te cueste más de lo normal. Puedes decidir vivir relajadamente y no trabajar tanto como los demás, sabiendo que el precio que habrás de pagar será el de cierta austeridad. Puedes decidir hacer lo más popular con los demás y pagar con el remordimiento de saber que no fue necesariamente lo correcto. Puedes decidir también quedarte acostado cada mañana en lugar de ejercitar tu cuerpo, sabiendo que pagarás con salud dentro de algunos años, o puedes pagar por adelantado y esforzarte cada día para tener salud hoy y mañana también. Puedes decidir buscar un balance entre tu vida profesional y la personal y familiar y pagar con un esfuerzo singular.

Puedes decidir lo que quieras siempre que estés claro y dispuesto al precio que tendrás que pagar, porque francamente el precio que más caro podemos pagar es  el de no tomar una decisión y dejar nuestra vida al azar.

Mi tema para el 2010.

Hace dos años, inspirado en un post de mi amigo y blogero Phil Gerbyshak, escribí la primera entrada del 2008 de mi blog, hablando de cuál sería mi tema rector para ese año. Así de sencillo, no más “buenos” propósitos ni listas de supermercado diciendo cada cosa que se supondría tendría que hacer durante todo el año y en su lugar algo mucho mejor: un tema o concepto rector al cual alinearía mis proyectos, acciones y decisiones durante todo el año.

Funcionó tan bien que en el 2009 lo volví a hacer,  de nuevo obteniendo muy buenos resultados! De modo que esto ya se ha vuelto, más que una tradición, parte clave de mi plan de vida.

Así que he aquí mi tema para el 2010:

Desarrollo, Bienestar, liderazgo, Congruencia y Colaboración.

Desarrollo, pues este ha sido un compromiso que tome desde hace unos años para impulsar el desarrollo de talento nuevo y experimentado en la industria de la publicidad y la comunicación en la que durante tanto tiempo me he desempeñado. ¿Cómo lo pienso hacer? ¡Lanzando, junto con Engel Fonseca y Mauricio Angulo Neurona Digital Educación! Ya en el programa de radio de Neurona Digital, hemos mencionado algo al respecto, pero esperen noticias muy pronto pues las actividades arrancarán casi junto con el año. ¿Qué más haré para esto? Asumiré una nueva responsabilidad con la organización para la que trabajo, integrándome al equipo de Learning & Development para las Américas; y finalmente preparándome yo mismo, estudiando y preparándome para certificarme como Coach Ejecutivo durante el 2010.

Bienestar, porque toda actividad que realice tiene que, a final de cuentas, tener una métrica muy clara: generar bienestar para mi familia, para mí mismo y para las personas con quienes convivo día a día en el trabajo, en los congresos y eventos, a través de redes sociales e incluso a través de este blog. Y es que ¿qué sentido tiene trabajar de sol a sol, cumplir cuotas de ventas y generar riqueza, si no podemos disfrutar nuestra vida?
Y, por favor no me mal interpreten, con esto no quiero decir que no debamos dar lo mejor de nosotros en nuestro trabajo o que generar riqueza sea malo.
Lo que digo es que tenemos que tener siempre muy claro por qué trabajamos tan duro todos los días, y si lo que hacemos no nos tiene bien ni a los nuestros, entonces debemos de reconsiderar las cosas. ¿No creen?

Liderazgo, pues en nuestra vida no tenemos ningún jefe ni ningún padre que nos diga qué hacer o a quien rendirle cuentas. Cada uno de nosotros es responsable de tomar las riendas de nuestra propia vida y asumir el liderazgo de esta. Desde hace tiempo he compartido frecuentemente una frase de Robin Sharma con la que me identifico mucho: “Nadie necesita de un título formal en una organización para ser un gran líder”. De modo que este año refrendo a mí mismo el compromiso de seguir siendo el líder de mi vida.

Congruencia, para asegurarme de que cada cosa que haga durante el año esté en verdad alineada con mis valores e intereses. Y que cada acción responda y no se contraponga con los principios que más predico valorar:
Que el trabajo no se contraponga con cuidar de mi salud ni de mi familia, pero que al mismo tiempo el ocio no se interponga en desempeñarme como los grandes en mi trabajo. Que la cama y las sábanas no le ganen al ejercicio por la mañana. Que contar con todos los recursos económicos que necesito y con todos los bienes materiales que requiero, no se convierta en codicia ni avaricia, y me pueda así, seguir moviendo con libertad. Que ser responsable de mi mismo y cuidarme no se transforme en vanidad. Y que buscar el éxito como profesional no me haga olvidar que la prueba de éxito más importante en la vida está en casa, con mi familia, en mi hogar.

Colaboración, pues nada de lo que queramos hacer se puede lograr sin colaborar con los demás. Poner mi granito de arena en las vidas de otros, aportar a sus proyectos y ayudar. Y rodearme también de gente talentosa, dedicada y bien intencionada que de la misma manera quiera colaborar con los demás.

Así pues mi tema de vida para el 2010.

Y ahora, siguiendo la tradición de años anteriores y taggeando a @AngelicaGG, @laquesefue, @LauraDark, @BONO_DG, @glyka, @eloylopezj, @gerardoglezgz, @brendamjsa, @galancantu, @gpbolde, @p_mendicuti, @ftrevino, @lezorrillo, @gonzoogle, @rebecadallal, @obidark, @Sr_Perro,@sealvera, @rafael_j, @nestormarquez, @zadiav, @PAVKA, @RomeoMarquez, @engelfonseca, @dfate, @martinaceves, @wolfmulder, @sAngelle, @LPastrana, @Marbe, @rzemog, @celiazonline, @raymkt, @CrayolaDeUva, @rj45quiteloudfm, @salvadorladd, @RicardoZamora, @iyllescas, @luserrano, @monyherrero, @alextovarluna, @ricardoblanco, @equevedo.

¿El suyo cuál es?

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Crédito de la imagen: Selva Ganapathy / Flickr.

Lost Generation

Mucho he hablado ya sobre la actitud que creo que debemos tener para sobresalir y ser exitosos durante estos tiempos llenos de retos, y mientras me preparaba a hacerlo una vez más me encontré con este gran video al que nada le tengo que agregar…

¡Que lo disfruten!

Y aquí la traducción a español:

Soy parte de una generación perdida
y me reúso a creer que
puedo cambiar el mundo
Se que esto puede resultar una sorpresa pero
La felicidad viene de adentro
es una mentira y
el dinero me hará felíz
Así que en 30 años les diré a mis hijos 
que no son lo más importante en mi vida
Mi empleador sabrá que
tengo mis prioridades claras porque
el trabajo
es más importante que
la familia
Te lo digo
hace un tiempo 
las familias permanecían juntas 
pero esto no será verdad en mi época
esta es una sociedad de soluciones rápidas
Los expertos me dicen 
dentro de 30 años estaré celebrando el décimo aniversario de mi divorcio
No puedo concebir que 
viviré en un país hecho por mi 
en el futuro 
la destrucción del medio ambiente será la norma
No se puede decir nuevamente que 
mis colegas y yo nos interesamos por nuestro planeta
Será evidente que 
mi generación es apática y letárgica
Es tonto pensar que 
Aún  hay esperanza

Y todo esto se hará realidad a menos que los revirtamos. Lee ahora de abajo hacia arriba.

Google Mexico al desnudo ¡Y estamos contratando!

Muchos me han preguntado: “¿Cómo es trabajar en Google?”. Así que ¿por qué no echan un vistazo ustedes mismos?

Magos Divertidos

Bueno pues antes de hablar del segundo factor, unos MAGOS DIVERTIDOS, para comenzar la semana con una sonrisa en la cara.

33 razones para dar gracias.

  1. Porque empiezo cada día a tu lado.
  2. Porque puedo abrazarte cuanto quiero.
  3. Porque hemos formado un hogar lleno de luz y de amor.
  4. Porque estas sana y llena de energía.
  5. Por tu sonrisa que me ilumina todos los días.
  6. Porque tengo la fortuna, como pocos, de conocerte prácticamente toda mi vida.
  7. Por tus lecciones.
  8. Porque me haces querer ser una mejor persona.
  9. Por la beba hermosa, sana y adorada que estamos esperando.
  10. Por la familia que hemos formado.
  11. Porque todas las noches, antes de dormir, puedo besarte.
  12. Porque comparto mi vida con mi mejor amiga.
  13. Porque mi mejor amiga es mi pareja, mi novia, mi amante, mi esposa, mi compañera.
  14. Porque me has enseñado a comer mejor y ser más sano.
  15. Porque a veces en las madrugadas me despiertas y me haces sonreír.
  16. Porque siempre ayudas a la gente.
  17. Porque tratas a todos con amor y consideración.
  18. Porque juntos hemos construido una vida llena de abundancia y prosperidad.
  19. Porque disfruto cada segundo de tu compañía.
  20. Porque llevamos casi 10 años juntos, caminando de la mano.
  21. Por como me inspiras.
  22. Por tus ojos profundos, sinceros y llenos de amor.
  23. Porque me haces sentir como un niño otra vez.
  24. Porque a tu lado puedo ser yo sin pretensiones ni apariencias.
  25. Por todas las llamadas por teléfono que nos hacemos al día, como si aún fuéramos novios de tan solo un mes.
  26. Porque me has enseñado a disfrutar de cada momento.
  27. Por tus caricias por la mañana.
  28. Por todo el amor que me das.
  29. Por todas las experiencias y lecciones que hemos compartido.
  30. Porque me he casado con mi amiga de la infancia.
  31. Por la huella que imprimes en todo lo que haces.
  32. Por como bailas cuando estás contenta, llenando de luz todo el lugar.
  33. Porque hoy cumples 33 años y una vez más estoy a tu lado para celebrarlo.

    Gracias, mi amor.