De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

No hay fórmula mágica…

Ni bala de plata, ni receta infalible, ni remedios milagrosos…
Si quieres crear campañas de comunicación y marketing exitosas, o si quieres tener éxito en cualquiera que sea la actividad que realices todos los días, solo hay una verdadera constante que está presente: siempre tienes que tomar riesgos.

Por supuesto hay metodologías de planeación estratégica que nos ayudan a entender dónde estamos parados y qué está sucediendo con nuestro consumidor y al respecto del mundo de nuestra marca y su categoría; procesos que nos ayudan a definir claramente los objetivos que queremos lograr; y modelos que nos ayudan a determinar nuestra estrategia y el plan de acción que vamos a ejecutar para lograr estos objetivos, en base al análisis de las diferentes variables que hemos tomado en cuenta.
Y claro que contamos con diversos aprendizajes previos y modelos predictivos y “benchmarks” para guiar nuestra toma decisión y elegir el que creemos que será el mejor camino para llegar al punto que queremos.
Pero seamos claros: No importa cuanto queramos curarnos en salud estudiando y replicado el pasado éxito de otros (o el propio), tenemos que estar dispuestos a arriesgarnos y abiertos a equivocarnos, pues esa es la única forma en la que en verdad podemos seguir avazando.
Hace unos días, mientras explicaba en mi clase de planeación estratégica, que quienes vivimos de la mercadotecnia y la publicidad tenemos que aprender a vivir y trabajar en “prueba y error” o mejor dicho “prueba y lección”, una alumna replicó que eso no hacía sentido, que ella se había inscrito a ese diplomado para aprender lo que sí funciona y nada más…
E inmediatamente me llevo a pensar en la cantidad de veces que, en alguno y otro foro, me han preguntado y pedido ver cuáles son los casos de éxito y la fórmula casi secreta que estos desarrollaron para lograrlo.
Y cada vez respondo, a veces con menos paciencia y otras con mayor gracia, que la única constante real que puedo ver entre todos estos “casos de éxito” no es la buena aplicación de su metodología de planeación, ni la buena y clara definición de sus objetivos o la buena creatividad y ejecución que lograron, pues todas estas pueden variar dependiendo de los ojos con que sean vistos. En realidad la única constante verdadera que veo yo es que en todos esos casos entendieron que lo que tenían que hacer era precisamente dejar de buscar fórmulas secretas y balas de plata y simplemente arriesgarse a hacer, a tomar acción, estar dispuestos a equivocarse y a aprender.
Piénsenlo, ¿podrían empresas como P&G, Unilever, Google, FaceBook, Ford, etc. haber llegado a donder están hoy sin haberse arriesgado, sin haber estado dispuestos a equivocarse y a aprender?
Después de todo, como dice Seth Godin en su último libro, Poke the Box: “Recompensamos a quienes dibujan los mapas, no a quienes los siguen”.

A pesar de tus críticos.

A pesar de tus críticos y sus semillas de duda, sigue adelante con tu plan. 

A pesar de los críticos y sus cinismo, sigue adelante con tus sueños.

A pesar de los críticos y su “mejor forma” de hacer las cosas, sigue adelante ejecutando tu plan de acción.

A pesar de los críticos y su opinión respecto a tus asociados, sigue adelante fortaleciendo tu relación con tus colaboradores.

A pesar de los críticos y su desconfianza, sigue adelante creyendo en ti.

A pesar de los críticos y sus juicios, manténte fiel a tus valores y principios.

A pesar de los críticos y sus “sugerencias”, sigue adelante con tú visión.

A pesar de los críticos y su agenda, sigue adelante con tu vocación.

Hacerse de críticos es muy sencillo. Basta hacer algo distinto, nuevo, diferente, en otro momento o con alguien más para que, casi al instante, tengamos un séquito de críticos observando e impacientemente esperando tener el más mínimo pretexto para poder obsequiarnos su crítica.

Pero a pesar de ellos, sigue adelante en tú camino pues al final, quien tendrá que vivir con las consecuencias de tus decisiones, con tus errores, logros y lecciones eres tú y nos tus críticos.

Live (at your best) and let live.

A veces empezar bien el día, resulta más difícil de lo que quisiéramos. Sobre todo cuando vemos como el mundo parece estar fuera de control… catástrofes naturales en un lado del mundo, absurdas guerras en otro, la violencia y el tráfico de drogas y de armas en el nuestro y, como si no les fuera suficiente, personas que solo mal gastan su energía y la de los demás peleando innecesaria y públicamente con otros individuos que, con buenas o no tan buenas intenciones (depende del punto de vista de cada quien y de conocer la historia completa) han provocado en sus detractores una sobre reacción y ganas de destruir lo que otros han creado.

Destruir el trabajo de otros es mucho más fácil que construir la propia obra de cada persona; y crear una artificial imagen de “moralidad”, pisoteando el error de otros hasta el cansancio (o por lo menos el de quienes te siguen o leen) resulta también mucho más sencillo que tomar la iniciativa de crear algo positivo y propositivo que construya en favor de otros. Sin mencionar claro la cómoda posición de no hacer nada para solo criticar desde la seguridad de un teclado, en lugar de escoger la vulnerabilidad de crear algo.

Por supuesto el hacer grandes cambios en la sociedad y en el mundo no es para todos y no podemos esperar que el mundo esté lleno de Gandhis, Bransons, Mandelas y Sharmas.

Pero lo que sí es cierto es que cada quien puede, desde su pequeño cuadrito de mundo, tomar acciones para mejorar en mayor o menor medida, la vida de quienes habitan los otros cuadritos de mundo a su alrededor.

No es necesario hacer mucho, ni gastar dinero. Ni siquiera se requiere de mucha energía. Es más, en ocasiones, hacer nada es mucho mejor. Pero si quieres hacer algo positivo por alguien más, ¿por qué no empezar con pasos que pueden parecer pequeños para ti, pero que pueden ser realmente significativos para alguien más?

  1. Celebra el trabajo de alguien más. Hazles saber lo mucho que aprecias su esfuerzo y dedicación.
  2. Presta tu atención y empatía al amigo que tan solo busca desahogar  por un momento su frustración.
  3. Comparte con alguien más lo que sabes. Permíteles que se beneficien de tu experiencia, de tus aciertos y de tus equivocaciones y las lecciones que de estas has aprendido.
  4. Sonríe. Sonríe con sinceridad.
  5. Aprende algo nuevo. Asegúrate de que no se te vaya el día sin llevarte una lección más.
  6. Crea nuevas oportunidades para alguien más. Presenta a quienes pueden beneficiarse de esa nueva relación, aún si tu no tienes nada que ganar.
  7. Impulsa el trabajo de otros. Ayúdalos en la medida que puedas a cumplir sus objetivos y a llegar a la meta que quieren alcanzar.
  8. Se agradecido. Agradece profundamente todo lo bueno que tienes en tu vida y agradécelo con sinceridad.
  9. Desarrolla tu talento. Sueña, planea y vuelve a soñar como puedes explotar todas las destrezas, habilidades y fortalezas que tienes. Pero después ponte a trabajar. Acciona y ejecuta tu plan. Arriésgate, equivócate, tropiézate, levántate y vuelve a caminar.
  10. Respeta a los demás. Respeta sus ideas, sus preferencias, sus intereses, su origen, su historia y su trabajo. El que no coincidan del todo contigo, no necesariamente quiere decir que estén mal.

Escoge lo que quieras. Escoge no hacer nada si así lo prefieres. Pero no elijas destruir el trabajo de quienes sí han querido poner su granito de arena, aún cuando la manera en que lo estén haciendo no sea la que mejor te parece a tí. En ese caso, ocúpate de ti mismo y, como dicen por ahí… “live and let live”.

10 años

¿Se imaginan a Roger Federer sin entrenar por lo menos 6 horas al día durante tantos años de carrera deportiva?

¿Pueden ver a Stephen Covey sin “afilar su sierra” día con día durante tantas décadas?

¿Pueden imaginar a Karla Wheelock sin prepararse diariamente para escalar su siguiente cima?

Definitivamente todos ellos tienen un enorme talento nato para hacer lo que los ha hecho tan exitosos. Pero más allá de ese talento, su más grande fortaleza radica en entender que su talento no es suficiente y que para llegar a donde han querido llegar es necesario ejecutar y trabajar mucho; muchísimo más que todos los demás.

No estoy seguro si es una moda o el síntoma de una enfermedad de nuestra época, pero cada vez es mayor la cantidad de personas que pretenden generar una artificial y casi espontánea buena reputación solo en base a su talento y no en base a su trabajo, esfuerzo y generación de un real valor para alguien más.

Por supuesto no pretendo, con esto, decir que no deban aprovechar y usar sus más grandes fortalezas para crear y desarrollar su carrera, pero definitivamente no pueden esperar que tan solo estas les lleven al éxito que creen de facto merecer.

“10 años al menos es lo que toma tener un éxito de la noche a la mañana” escuché decir alguna vez a Seth Godin, refiriéndose a la absoluta importancia de trabajar intensamente, con pasión, entrega y disciplina en la ejecución y realización de tus planes.
10 años de esfuerzo y trabajo para desarrollar, potencializar y pulir tus talentos y entonces, después de eso 10 años, seguirán otros 10 años y 10 años más para mantenerte en donde quires estar.

Por supuesto está muy bien confiar en tus más grandes fortalezas y enfocarte en desarrollar y afilar tus más destacados talentos para crear y desarrollar tu carrera profesional, pero no importa que tan especiales sean estas, sino los aprovechas con disciplina, enfoque y trabajo,  más seguro que no, no llegarás muy lejos.

Five in Life

Vivimos en un época en la que es casi imposible conocer a alguien quien no esté ocupado todo el tiempo y un poco más.

La mayoría de las personas que conozco están activos cada vez más horas y cada día pasan más tiempo sin descansar.

Pero la pregunta que me queda es ¿Y estamos logrando más o solo nos estamos ocupando más, perdiendo más tiempo y desgastándonos más?

Estar muy ocupados y “hacer más” no es lo mismo que lograr más.

Hay muchas razones por las que hacemos las cosas que hacemos:

Algunos porque buscan seguridad y estabilidad: “Si trabajo todos los días de 9am a 18pm cada quince días recibiré, siempre seguro, mi cheque”.

Otros por miedo: “Si no hago lo que me están pidiendo justo en este momento puedo perder mi trabajo”.

La mayoría hacemos lo que resulta fácil, rápido, divertido y poco comprometido: “Tengo mucho que hacer pero estar posteando en Twitter es más divertido”.
Y solo algunos pocos están haciendo eso que requiere de un mucho mayor esfuerzo pero que es realmente estratégico e importante para lograr aquello que quieren lograr.

Y el círculo vicioso siempre empieza igual: primero muy pocos saben con claridad a donde quieren llegar y a falta de esta visión adoptan la “certeza” como condición. Toman un trabajo estable en el que, si cumplen fielmente con sus tareas, ganarán una cantidad razonable para tener seguridad y estabilidad en su vida. Muy pronto esas tareas se van acumulando, algunas resultan placenteras y sencillas y otras más aburridas o pesadas, se convierten casi en una pesadilla.
Entonces viene ese efecto dulce y engañador en el que decidimos dejar de hacer aquello que teníamos que entregar para distraernos con actividades sin importancia, ni propósito que solo nos llevan a la procrastinación.

Muy pronto entonces, aquellas simples tareas que nos ofrecían esa estabilidad, se convierten, a falta de cumplirlas, en amenazas a esa seguridad y corremos espantados a hacer lo que podemos para evitar que el regaño o reprimenda sea mayor.

Y así muchos más de los que quisiéramos aceptar, se pasan toda una vida ocupándose mucho para no lograr llegar a ningún lugar.

Pero el problema no está en no hacer lo importante y estratégico. Tampoco está en ocuparse con lo estable, distraerse con la fácil y correr por lo urgente. Jugar y distraerse no tiene nada de malo, Y casi siempre tendremos que sacar del frente a esas tareas “no tan importantes” o “urgentes para otros” para poder continuar nuestro camino hacia lo importante.

El problema es: ¿Cómo nos vamos a enfocar en hacer lo importante y estratégico para llegar a nuestro destino sino sabemos a dónde queremos llegar? Ese es, simple y corto el problema, en realidad.

Por eso la crucial importancia de identificar los básicos tres que nos llevarán a nuestros “5 in life”.

Nuestros “5 in life” o “Big 5” como los llama John Strelecky, son esas 5 cosas que, en nuestro lecho de muerte al voltear atrás pudiéramos pensar: “lo hice, mi vida tuvo un propósito cumplido y no fue solo un vacío pasear”. En otras palabras, nuestros “5 in life” son nuestra métrica de éxito personal con la que evaluaremos si hemos logrado lo que en nuestra vida queremos lograr.

Para algunos será una familia unida, para otros el más alto puesto ejecutivo a lograr y para unos más tal vez conocer algún lejano lugar y mil y un cosas más.

En mi caso mis “5 in life” son:

–       Una familia unida y un hogar lleno de luz y paz.

–       Salud física, mental y espiritual.

–       Desarrollarme como Coach, conferenciante, entrenador y consultor, ayudando a otros a desarrollar su talento y potencial.

–       Crear, escribir, producir y publicar.

–       Aprender a parar y disfrutar.

Ahora, teniendo claro cuáles son nuestros “5 in life”, fácilmente podríamos definir cuáles son, en cada nuevo día esas 3 cosas básicas que tenemos que hacer para avanzar y dar un paso más.

Puede ser que cada día tengamos que hacer muchas otras cosas más, pero jamás deberíamos de perder de vista esas 3 del día que sin duda debemos ejecutar.

Puede ser que una o dos de las tres tengan que ver con las tareas sencillas que nos dan estabilidad, y puede ser incluso que en ocasiones una de estas tenga que responder a una urgencia especial. Por supuesto, podemos dejar tiempo para hacer lo divertido y que nos distrae, pero siempre, cada día deberíamos de realizar, de entre todo lo que hacemos, esas 3 cosas básicas que si hacemos todos los 365 días de cada año nos acercarán más y más a cumplir con nuestros “5 in life”.

Seguir esperando o comenzar a avanzar…

“Quiero ser grande para hacer lo que yo quiera”, “Cuándo pase a prepa todo irá mejor y seré más popular”, “Ya en la Universidad seguro seré un mejor estudiante”, “Ahora que trabaje ya podré hacer lo que quiero”, “Una vez que me promuevan, tendré el trabajo que siempre he soñado”, “En tanto reciba ese aumento me caso”, “Ahora que tenga más tiempo empezaré a hacer ejercicio”, “Nada más me caiga un dinerito de más hago ese negocio que cambiará mi vida”, “Ahora es muy arriesgado, pero nada más que la economía mejore, me aviento”, “Si quería pero la burocracia de mi empresa no me lo permitió”, “Yo envié el mail pero mi jefe nunca me respondió”.

Si existiera un libro que hiciera un compendio de todos los pretextos absurdos que usamos todos los días para no avanzar en nuestra vida, seguro todos estos estarían ahí, justo a un lado del perro que se comió la tarea y la puerta eléctrica que no abría porque se fue la luz.

Pareciera que hemos arrasado ya con todos los posible pretextos para no tomar acción y realizar nuestros sueños.

Pareciera que nos sentimos más cómodos asignando culpas y otorgándole el poder de lo que sucederá con nuestra vida a otras personas o cosas, que asumiendo la responsabilidad que por hecho y derecho nos corresponde.

Pareciera que preferimos ser víctimas de la realidad de otros, a construir nuestras propia realidad.

Pareciera pues, que preferimos la comodidad de  ser pasajeros a la responsabilidad de ser el conductor.

El problema es que así, jamás podremos llegar a donde queremos llegar. Jamás podremos hacer nuestros sueños realidad.

Y la pregunta que me queda es ¿Qué estamos dispuestos a hacer para convertir nuestros sueños en realidad?

Hoy…

Alguien está trabajando en domingo en la noche.

Alguien está viajando lejos de su familia por trabajo.

Alguien está estudiando una segunda o tercera carrera.

Alguien está dedicando 8 horas diarias de entrenamiento físico.

Alguien tiene 2 o 3 trabajos para desarrollar su proyecto personal.

Alguien está dejando de comer chatarra y aprendiendo a nutrirse mejor.

Alguien está donando su tiempo y dedicación a una causa que mejore la vida de otros.

Alguien está practicando meditación y concentrándose en mejorar su salud física y mental.

Alguien está dejando de comprar ese reloj de lujo para invertir su dinero en su nueva empresa.

Alguien está tomando la iniciativa de ejecutar un proyecto a pesar la burocracia de su organización.

Hoy alguien está haciendo que las cosas que quiere lograr: sucedan.

Hoy alguien por fin dejó de esperar y comenzó a avanzar.

¿Y qué estás haciendo tú?

Picture credit: Silvia de Luque

De títulos, cargos, tarjetas y ladrillos…

Títulos… ¿quién no le ha dedicado más del tiempo merecido a pensar respecto al título o cargo que ostenta?

Mientras que algunos viven eternamente enamorados de su título, otros se apenan de el  y juran merecer uno mejor. Otros critican el de los demás y unos cuantos más lo usan como su cobija de seguridad. También hay quienes deciden con quien sí o no hablar dependiendo del título indicado en al tarjeta de presentación de esas personas. E incluso hay hasta aquellos que portan su tarjeta cual placa de sheriff “charoleándola” ante quienes los rodean y lamentando no poder usarla también como ladrillo para pararse “en lo alto” frente a los demás.

El problema con los títulos, sin embargo, es que todos son prestados. Todos son asignados basados en la percepción de solo unos cuantos. Y todos, absolutamente todos son temporales.

Nadie es Director General, Country Manager, VP, SVP, CEO, CMO, CIO, COO, CFO (ó el CXO que quieran) vitalicio… Hoy, con tu título, serás Juan de la empresa, pero mañana serás solo Juan.
Todos tenemos que rendir cuentas a alguien y ese alguien tarde o temprano requerirá de alguien diferente para cubrir sus necesidades de acuerdo a como estas vayan evolucionando. Y cuando esto suceda, aquel apellido prestado y reputación empeñada al nombre de la organización que te otorgo dicho nombramiento, dejará de significar algo para los demás.

Y no es que no la gente no merezca tener el título. Seguro muchos méritos y logros le habrán valido llegar hasta ahí. Pero un título jamás debe ser tu cumbre, pues esas están hechas tan solo de papel.
El día de mañana, la gente no recordará que título ostentabas sino que hiciste por ellos, cómo los trataste y cómo los hiciste sentir.

Por supuesto que los organigramas y las jerarquías son necesarias para poder operar cualquier organización. Por supuesto que se requieren personas que asuman el liderazgo de un equipo, que quieran hacerse responsables por este y que rindan cuentas de las decisiones y acciones del mismo. Sin estos, ninguna operación podría avanzar.
A decir verdad, quienes toman este camino merecen todo nuestro aprecio, respeto y admiración, pero solo por lo que hacen y nunca por lo que pretenden ser.

Contar con una tarjeta de presentación que exponga en letras brillantes y resaltadas un título nobiliario no debería ser necesario para ejercer autoridad sobre un grupo. Hacerlo así es basarse en una “autoridad formal” y no una “moral”… pero ese es tema de otro post.

Los títulos que has ostentado o en ocasiones cargado cual lápida en la espalda, deberías guardarlos para ilustrar tu trabajo y experiencia laboral, solo ahí, en tu Curriculum Vitae.
Y en tu tarjeta de presentación mejor comparte cual es tu trabajo (contador, marketero, financiero o coach), a qué te dedicas día con día (a crear, a entretener, a escribir o a hablar) o mejor aún, dinos que es lo que haces por los demás.

A jolly good fellow, Creador de historias, Mentor y aprendíz y Thinking partner, son solo algunas de las mejores descripciones que, hasta ahora, he leido en una tarjeta de presentación.

¿Qué escribirías tú?

Picture Credit: Colin Campbell.

Ser gurú no es suficiente

Ser listo no es suficiente, ser astuto tampoco lo es.

Tener labia no lo es todo.

Conocer tan solo un poco más que los demás y ser un “trend setter” o “early adopter” de nuevas tecnologías, tampoco basta.

Que 9 de cada 10 palabras que salen de tu boca sean groserías no te hace “cool” y hacer comentarios ofensivos al referirte a los demás no te hace, para nada, superior a ellos.

Ser el tuerto entre los ciegos, no necesariamente te hace el rey.

Y tener más de 2000 seguidores en twitter ciertamente no te hace una autoridad.

Por supuesto todos, absolutamente todos, tenemos el derecho de hablar, expresarnos y compartir nuestra opinión. Pero lograr que nuestra opinión realmente sea valiosa para los demás…eso se gana. Y no se gana de un momento a otro por hacer comentarios que creemos astutos o que demeritan el trabajo de los demás.

Que nuestra voz sea escuchada con atención y que la gente nos abra su mente y corazón se  gana con trabajo, con hechos, resultados y sobre todo con humildad.

Es tan penoso ver como tantas “celebridades”  improvisadas en Internet, que se llaman a sí mismos “gurú”,  inundan la red de comentarios tan absurdos, hablando de temas de los que no tienen mayor idea que el resto de nosotros, como si fueran el más importante y conocido experto de esos temas. Ejerciendo opiniones y juicios sobre asuntos en los que su experiencia se limita a tener un programa de live streaming en la red que es visto por solo 7 personas, pero en el que hablan de temas como si fueran veteranos de estos y cuando los enfrentas con una pregunta sobre su experiencia, su reacción es tan solo balbucear.

Todos tenemos algo que decir, todos tenemos algo de qué hablar, pero antes de hacerlo pensemos en guardar un poco más de silencio y ponernos a trabajar y dejar que nuestra labor, los hechos y las huellas que dejamos en la vida de otros, hablen por nosotros sobre nuestra marca personal.

Picture credit: Emilie Ogez

De la Social moda…digo media… lo que te acomoda.

“De la moda lo que te acomoda”, dice el dicho por ahí…

Y aunque siempre he sostenido que Social Media no es una moda sino una nueva manera de interactuar que llegó para quedarse, sí creo que hay algunas plataformas que, por su concepto innovador y rápida adopción por algunos líderes de opinión que, por su trabajo u ocupación, las tienen que probar y usar para aprender más e identificar nuevas aplicaciones de negocio y oportunidades de innovación, estas, rápidamente se vuelven una moda entre los seguidores de lo más nuevo e “in” en tecnología, gadgets y comunicación digital.

Personas que por el simple hecho de que tantas plataformas existan y estén disponibles para todos quieren ser “Trend setters” y “usar” cuantas aplicaciones existan para demostrar que “saben” mucho del tema.

Así pasan día y noche contando sus nuevos seguidores en Twitter y amargándose la vida cada vez que su cuenta baja por dos o tres personas.

Presumen que han llegado a los 10mil tweets y cada vez que entran a un lugar postean en FourSquare que han llegado una vez más al mismo lugar al que nos ha dicho que han ido cada día de cada semana de cada mes, poniendo solo en evidencia sus pésimos hábitos de alimentación pues siempre son los “Mayors” del mismo Starbucks.

Y mientras que esto puede tener sus grandes usos comerciales con aplicaciones interesantes de proximity marketing, la realidad es que ni las marcas lo están aprovechando como se debe (vaya aún existen “marketeros” que creen que lanzar una campaña de “Banners” en Internet es innovación), ni la gente lo está usando con sensatez.

En el time line leemos tweets “felices” de quienes vemos cara a cara y sabemos que están todo menos felices.

En FourSquare vemos a “alcades” de los lugares que menos nos importan pero que van dejando una huella de comportamiento y hábitos que cualquiera con 2 dedos de frente puede leer y usar en su provecho.

Vemos las tendencias de quienes “Googlean” sus nombres a diario y activan las alertas del uso de su nombre en la red.

En toda la red nos encontramos marcas que de un día para otro pasan de ni siquiera tener un sitio web a tener una presencia absurda en cada red y plataforma de comunicación con perfiles vacíos que no agregan valor alguno o peor aún, que solo muestran lo mismo que vemos de estas en la televisión.

Visitamos blogs auto congratulatorios que celebran al mismísimo CEO, de ese mismo blog.

Descubrimos celebridades casi instantáneas que por un evento específico consiguieron miles de seguidores, aun cuando no hayan hecho nada significativo en realidad.

Nuevas “herramientas” de medición de influencia nos envían mensajes para avisarnos que por falta de tweets o de posts nuestro índice de influencia y popularidad a bajado dos puntos porcentuales por lo que es indispensable que en ese momento nos conectemos para comenzar a tuitear y tuitear hasta nuestro anterior estatus volver a alcanzar.

En Formspring vemos egos regocijados de gente que pretende sentirse reconocida y famosa respondiendo que carrera estudiaron y cuánto sacaron de calificación.

Y en FaceBook somos testigos de todos estos a la vez, con ejemplos tan absurdos como el empleado que se reporta enfermo en la oficina solo para publicar más tarde las fotos de lo bien que la pasó ese día con sus amigos en la playa.

Y no estoy diciendo que esté mal que usemos estas o cualquier otra plataforma de comunicación. Muy por el contrario, gran parte de mi trabajo está dedicado a la “evangelización” de los medios digitales y sociales; pero, como tal, siento la obligación de sugerir que cuando lleguemos al extremo de sentirnos obligados a hablar y postear tan solo por hacernos presentes, recordemos que de la moda lo que nos acomoda y seamos sensatos respecto a los medios que vamos a utilizar.

Picture credit: Jose Attala

El peor asesor de carrera.

El ego, la arrogancia y la codicia, no son buenos asesores de carrera para nadie. Y sin embargo son frecuentemente estas tres cosas los principales pistones del motor del plan de carrera de muchas personas que buscan a toda costa la “gloria” corporativa y financiera que les dará un “lugar especial” entre la sociedad.

Y tristemente lo hacen, no porque en realidad quieran ser el siguiente zar de la industria en la que se desempeñan, sino porque aún más triste, esta es la manera en la que a la mayoría de nosotros nos enseñan que debemos de desarrollar nuestra carrera profesional.

Ya saben: estudia una carrera que pague bien, deja de lado tu gusto, se abogado o contador, economista o actuario, ingeniero…esos sí que ganan bien! empieza desde abajo (tan abajo como puedas evitarlo si algún familiar o una amistad te puede colocar), aprende el oficio y ve escalando la escalera corporativa que, conforme avances, te traerá más poder, más dinero, más popularidad, más atractivo… más enojos, más estrés, más distancia con los tuyos, más descontento, más desencuentro, más ambición y más codicia porque nada de lo que hayas logrado, saciará esa necesidad tan humana de realización que todos tenemos. Y más arrogancia porque cada vez será más difícil aceptar que elegimos la escalera de otros en lugar de buscar nuestra realización y camino propio.

Tal vez alguno esté pensando: “claro que no es así, yo nunca he dejado que la arrogancia y el ego dicten el camino que quiero seguir”.

Piénsenlo bien, hagan memoria y recuerden todos esos momentos en los que después de un tiempo en un puesto, pensamos, hasta convencernos a nosotros mismos, que estamos listos para dar el siguiente paso y que nuestros jefes y la organización para la que trabajamos son injustos y hasta incompetentes pues no quieren promovernos.

¿Lo han pensado alguna vez? ¿Sí? Ese, es su ego hablando, su arrogancia tapándoles los oídos para no escuchar razones y su codicia pidiendo más aunque todavía no estén listos para un paso más. Dominar al 110% nuestro trabajo actual no nos auto-califica para tomar la siguiente responsabilidad; simplemente no indica que es momento de que nosotros, no la empresa, comencemos a dar más de lo que damos ya, de que empecemos a aprender y desarrollar nuevas habilidades y capacidades que, una vez adquiridas sí nos conviertan en un mejor candidato para esa tan deseada promoción.

Si no estamos atentos, si nos rendimos ante la seducción de la versión de éxito de los demás, la codicia y nuestro ego nos comenzarán a llevar por un camino por el que tal vez nunca quisimos caminar, transformándonos en ese “director” de todo menos de su destino, que amargado y enfermo trabajo de sol a sol pues no tiene nada mejor que hacer.

Y con esto para nada pretendo decir que ser un alto ejecutivo esté mal, muy por el contrario, si ese es el camino que tú realmente quisiste emprender porque escuchaste a tu corazón y no a tu ego, no hay nada mejor. De hecho hay muchos profesionales que más que poderosos son exitosos porque hacen lo que quieren y disfrutan de manera balanceada y plena su vida. No su carrera nada más sino su vida completa, sin importarles si son el más alto directivo de la empresa, el asistente, el chef, el bombero, el guardia, el maestro, el supervisor, el intendente, el consultor, el piloto, el doctor o la profesión que sea que ejerzan; porque decidieron dejar a la arrogancia del lado y no escuchar ni a su ego ni a su codicia y en su lugar eligieron a su corazón, a su llamado, a sus valores y pasión como su consultor.

¿Ustedes a quién escuchan hoy?

¿Que clase de memoria quieres dejar de ti y de tú pais en los demás?

Lo acepto, nuestra sociedad tiene muchos vicios, nuestras costumbres a veces pueden parecer raras y definitivamente nuestros gobernantes dejan, en todos sus niveles, mucho que desear.

Pero también hay que reconocer que tenemos muchas más cosas positivas que negativas como cultura y como sociedad.

Ahora lo más importante será que aprendamos a reconocerlo, pero sobre todo a celebrar las cosas positivas de nuestro país y nuestra región.

Desarrollando nuestro potencial enfocándonos en lo positivo.

De acuerdo a los expertos, la mejor manera de entrenar y desarrollar el potencial de una persona es enfocándose en sus grandes fortalezas y desarrollándolas cada vez más a la vez que buscamos alejarnos de sus
debilidades. En otras palabras, enfocarnos en lo positivo, nos ayuda a sacar lo mejor de esa persona.

Entonces, ¿por qué no aplicar la misma visión respecto a nuestro pais?

He tenido la fortuna de pasar la mayor parte de mi carrera profesional trabajando con equipos globales y multiculturales, y si una diferencia he notado entre los miembros de los equipos con quienes he colaborado
en las últimos 15 años es que mientras que la mayoría de los latinos típicamente tienden a satirizar y criticar a nuestra sociedad cuando platican con algún extranjero con frases clásicas como: “manejaré como
chilango”, “al fin que los latinos siempre llegamos tarde”, o justificando actitudes y malos hábitos diciendo “soy latino, soy fiestero y ruidoso e informal”; otras sociedades, como las orientales, cuando comparten cosas sobre su país o su ciudad, por lo general tienden a hablar de lo positivo, de sus valores y del orgullo que sienten por su pais y su comunidad.

No, no esto ciego y tampoco quiero ignorar los grandes vicios y retos que enfrenta nuestro pais. Tampoco pretendo vivir en una burbuja o aislado de los problemas de nuestra sociedad. Pero es precisamente por
esto que no solo quiero hablar de lo malo y con cinismo burlarme de lo que ni siquiera nos tomamos el tiempo de intentar arreglar.

En lugar de esto prefiero destacar todo lo bueno de nuestro país, nuestra sociedad, nuestra cultura y nuestras costumbres. Compartir lo importante que es para nosotros la familia, lo hospitalarios y amistosos que somos; platicar sobre nuestra alegría y gran capacidad para hacer amigos. Presumir lo duro que trabajamos y nuestro enorme sentido de solidaridad, y como es que siempre pedimos las cosas por favor y damos las gracias después.
Y claro siempre predicando con el ejemplo y demostrando que no solo es este un discurso que aprendimos de memoria, sino la realidad que queremos vivir.

Así que la próxima vez que convivas con personas de otro país en tu trabajo, durante tus vacaciones, en un evento o cualquiera que sea el contexto, antes de comenzar a despotricar sobre tu tierra, tómate un par
de segundos para pensar: ¿quiero que me recuerden por lo mal que le va a mi pais y me asocien con todos esos vicios y problemas, o quiero dejar una huella positiva en la memoria de estas personas?

No se ustedes, pero yo prefiero mil veces compartir lo orgulloso que me siento de mi gente y de mi pais.

Photo credit: Esparta

5 pasos que aprender y recordar.

Soy humano, demasiado de hecho y como tal suelo cometer muchos errores, sobre todo cuando alguna emoción fuerte está involucrada.

También, como humano, entiendo que aún hay muchísimas cosas que debo aprender a dominar, y no hablo solo de habilidades y trucos nuevos que pueden ayudarme adelantar rápidamente los pasos requeridos para mi carrera, sino habillidades básicas para poder mejorar en mi vida personal, como por ejemplo 5 simples acciones que hacer o dejar de hacer al enojarme:

  1. Callar: Lo primero que queremos hacer cuando estamos discutiendo con alguien y la conversación sube de tono y vamos sintiendo que el coraje crece como burbuja en nuestro estómago, es querer responder. No importa qué, lo que sea con tal de ganar la discusión para así demostrar que nosotros tenemos la razón. Pero en realidad lo que sucede es que más frecuente que no, lo único que logramos es empeorar, a veces gravemente la situación, pues el velo del enojo que cae sobre nuestra ya nublada mente nos hurta la razón dejándonos solos para decir cualquier idiotez de la que seguramente nos arrepentiremos incluso desde el momento que esas palabras abandonan nuestros labios.
  2. No reaccionar: a veces, el enojo es tanto que más que hablar queremos reaccionar, hacer algo para liberar tanto coraje y energía negativa que estamos acumulando en nuestro cuerpo; y seamos francos, cuantos de ustedes no han dado el más que ocasional portazo, golpe, almuadazo, patada, aventón o lo que sea que hayan hecho para descargar la rabia que se les había juntado. La verdad es que pocos se sienten cómodos admitiendo que enojados pueden perder el control y hacer rabietas dignas de TAZ o de un niño de 4 años mejor dicho. El problema es que tarde o temprano, nuestras rabietas pudieran lastimar a algún tercero o a nosotros mismos también dejando un pésimo ejemplo e imagen para nuestros hijos y familiares. Después de todo ¿Quién quiere ser recordado como un ogro escandaloso, violento y gritón?
  3. Respirar: Creo que aquí está la clave de todo. Darnos tiempo para respirar. No permitir que el enojo altere nuestro ritmo de respiración. Cuando lo hacemos, dejamos de respirar calmada y plácidamente y lo comenzamos a hacer en rápidas y cortas inhalaciones y exhalaciones que naturalmente acelaran nuestro organismo haciéndolo sentir que está en un momento de peligro, lo que cual favorece que no podamos controlar nuestra reacción.
  4. Escuchar: ya que estamos dándonos el tiempo de respirar con calma y romper con la agitación, aprovechemos el momento para escuchar a la otra persona que nos está hablando. Tratemos de entender, quiero decir verdaderamente comprender lo que nos está diciendo. Talvez hasta descubramos que no había ningún motivo por el cual enojarse desde un principio o, por lo menos, veamos que puede haber un acuerdo común para llegar a una solución sin necesidad de destrozarte el estómago.
  5. Pensar: No solo antes de hablar o para controlar tu reacción, pero también pensar después de la discusión. Meditar al respecto y tratar de identificar qué de todo fue lo que encendió tu enojo, qué sentiste y por qué, entender si ese sentimiento está ligado con otros más, comprender si en verdad es un tema por el que valga la pena tanta pasión o si bien es cualquier cosa que puedes dejar pasar en lugar de enojarte porque creías que, de acuerdo a tus conductas aprendidas a lo largo de la vida, enojarse era la correcta reacción.

Y ustedes ¿cómo manejan su enojo?