De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Trabajo versus Chamba

Confieso que escribir este post en Inglés tal vez hubiese sido más fácil pues la comparación habría sido Work versus Job. Aunque quizás en Español podríamos comparar entonces Trabajo versus Laboro u Ocuparse versus atarearse.

Confieso también que, dada que la mayoría de quienes leen este blog, son profesionales que actualmente se encuentran trabajando, habrá a quienes probablemente no les guste tanto como a otros… dependerá de a qué grupo consideran que pertenecen, al de quienes trabajan o al de quienes solo se atarean.

Verán, desde mi punto de vista, hoy los profesionales o miembros de cualquier gremio, oficio o industria tenemos dos opciones: llenarnos de tareas, jugar a la política y buscar como justificar nuestro trabajo en la organización a la que pertenecemos, o bien buscar realizar un trabajo que en verdad tenga un impacto en nuestra empresa, en nuestra industria y sobre todo en nuestra comunidad.

A simple vista cualquiera creería fácil y obvia la respuesta, pero en realidad no lo es tanto.

De buenas a primeras cualquier persona pensaría que están contribuyendo con su trabajo pero ¿en realidad lo están haciendo ó están solo cumpliendo con una serie de tareas para cumplir con sus labores cotidianas?

Es decir, ¿Están pensando solo en como crecer su carrera, ganar el siguiente puesto y obtener el próximo incremento salarial ó piensan en como poner su grano de arena en la organización e industria en la que trabajan?

¿Pasan el día buscando la manera de tener contentos y “apaciguados” a sus jefes ó retan al estatus quo para llevar las cosas al siguiente nivel al que saben que pueden y deben llegar?

¿Hacen solo lo que sus jefe y el jefe de su jefe esperan como mínimo necesario, incluso cuando esto vaya en contra de sus valores ó toman riesgos y hacen lo que saben que es mejor para el negocio, para sus clientes, para su industria y para su comunidad?

¿Quieren hacer lo popular y “pertenecer” al grupo ó hacen lo correcto, lo difícil, lo que otros no quieren hacer?

¿Pasan horas y hasta días creando elaborados reportes de trabajo para justificar su rol en la empresa o dedican su tiempo a crear y desarrollar proyectos que beneficiarán a su negocio y su industria, dejando que su trabajo hable por si mismo?

¿Enfocan toda su energía a llegar a la cuota del mes, del trimestre o del año, a como de lugar ó están enfocados a generar un valor real para sus clientes, para sus accionistas y sobre todo para sus empleados?

¿Buscan vender todo el tiempo ó desarrollan negocios y relaciones que crean valor para todos los involucrados?

¿Su objetivo diario es sobrevivir la semana pensando en la quincena que viene y en el bono que ganarán al final del trimestre ó empiezan cada mañana pensando en todo lo que pueden lograra ese día?

¿Pasan días buscando la manera de quitarle a otros o crean oportunidades nuevas para todos?

Ocuparse y atarearse en el trabajo es realmente fácil de hacer. Mantener contento a un pequeño grupo de personas tampoco es tan complicado. Ser uno más del grupo es realmente sencillo. Justificar nuestro trabajo lo es también.

Crear valor, hacer un trabajo que realmente impacte positivamente la vida de otros, y sí  la de los accionistas también, eso es mucho más complicado de lo que cualquier puede pensar.

Por eso pregunto una vez más ¿Quién quiere seguir chambeando y quién mejor se va a poner a trabajar?

Del quisiera al quiero lograr.

“Quisiera bajar de peso”, “Me gustaría estudiar un posgrado”, “Me encantaría vivir en ______”, “Como quisiera trabajar por mi cuenta”…

Cuantas cosas nos gustaría hacer. No puedo recordar un solo día en que no haya escuchado a alguien (con cierta frecuencia a mi mismo) decir todo lo que quisiera lograr y hacer.

Pero realmente ¿Que tan comprometidos estamos con lo que queremos hacer?

Hay una gran diferencia entre un simple quisiera y un quiero de verdad.

Un simple quisiera es una respuesta casual a un difuso interés en algo que, en realidad no es de mayor importancia para nosotros. Un Simple quisiera no hace otra cosa más que reflejar algunos de nuestros gustos o fantasías:
Nos gusta una ciudad u otro país por su colorido, calidad o nivel de vida y decimos que “nos gustaría vivir ahí”, vemos el estilo de vida o de trabajo de alguien más y comentamos que “quisiéramos trabajar ahí”. Encontramos una fotografía de cuando pesábamos 20 kilos menos y pensamos “quisiera estar tan delgado como a mis 20s otra vez”. Vemos a un profesional que nos inspira con su trabajo y decimos “quisiera ser tan exitoso como él/ella”.

Pero un simple quisiera deja las cosas tal y como están, porque un simple quisiera no requiere de un compromiso de nuestra parte, no exige ni el más mínimo esfuerzo, ni mucho menos implica un riesgo para nosotros, más allá de que las cosas, por más que quisiéramos que fueran de otra forma, siempre seguirán igual.

Un quiero, en cambio, es definitivo.
Un quiero implica que sentimos algo más que un casual gusto por algo; un quiero indica pasión por aquello que queremos lograr.
Un quiero separa al amateur del profesional. Un quiero rompre records en los deportes y crea empresas que cambia la historia de los demás.
Un quiero fija objetivos, marca un rumbo e indica que estamos dispuestos a hacer grandes esfuerzos y sacrificios por aquello que queremos lograr.
Un quiero, detona la definición de un plan y su puesta en acción.
Un quiero nos impulsa a permanecer en el camino que hemos emprendido, nos hace responsables por los avances que tengamos, por los retos que enfrentemos, las desfortunas que en el camino tengamos y las lecciones que de estas aprendamos.
Un quiero nos ayuda a rodearnos de personas que comparten nuestra pasión y compromiso y que, por lo tanto, pueden ayudarnos (y nosotros a ellos) a lograr lo que queremos.
Un quiero puede cambiar vidas enteras.

Por eso hoy, dedica un buen rato a pensar y separar tus simples quisieras de tu quiero de verdad, da ese primer gran paso y arranca desde ya ese plan de acción que te llevará a donde en verdad quieres llegar.

Dos lecciones inesperadas…

No cabe duda, a veces las lecciones vienen de quien menos lo esperas.

La semana pasada estuve en Nueva York asistiendo al congreso anual de IAB Mixx y al Summit global del Interactive Advertising Bureau, organización con la que desde hace varios años tengo el honor de colaborar en su capítulo de México.

Privilegiado, pude escuchar en vivo y cara a cara a grandes, grandísimas personalidades del medio, líderes de pensamiento y de acción: Desde Seth Godin hasta Yossi Vardi, Penry Price y Chuck Porter, y muchas más personalidades del medio del marketing digital, quienes de alguna manera u otra, han cambiado el nombre del juego e inspirado a muchos a seguir sus pasos, pero…

¿Quién me iba a decir que las dos más importantes lecciones me las darían Doña Inés y Gourav?

Lección número 1: Hay lugar para todos.

Imaginen la escena… 9 y pico de la noche en el metro de Nueva York , vagones saturados de gente ansiosa por llegar a su casa y que además corre para refugiarse de la lluvia que durante 2 días seguidos no había dado tregua. Entro al vagón… lleno. Yo, el único parado. En la estación siguiente se levantan 3 personas y me muevo hacia el lugar ahora libre, solo para encontrarme con un par de sujetos de mayores dimensiones que yo (cosa difícil, y quienes me conocen no me dejarán mentir) que se expanden en los asientos que, a su lado, se acababan de vaciar, mientras me observan con cara de “a ver…dinos algo”.

En eso una pequeña señora de unos 70 años de edad aproximadamente, me jala del saco y, en un Inglés forzado y acentuado, sonriente me dice “hay lugar para todos”, a la vez que se desliza dejándome ver un lugar junto a ella.
Así, Doña Inés (originaria de Costa Rica y quien lleva viviendo en EUA desde hace 20 años, donde trabaja en intendencia en oficinas corporativas), me recordó que, en efecto, siempre hay lugar para todos y que, siempre que estés dispuesto a ver y escuchar, verás muchos rostros sonrientes abriéndote un lugar a su lado.

Lección número 2: Deja de quejarte y haz lo que tienes que hacer.

Esta es la escena, el cierre de una larga semana fuera de casa. 8:30 pm tomando el taxi rumbo al aeropuerto para tomar ese vuelo que muchos llaman “Red eye” (por como se te ponen los ojos después de una noche de no dormir). Las largas filas para documentar y para pasar los puntos de seguridad y el prospecto de esperar 3 horas en uno de los aeropuertos más conflictivos del mundo, resulta muy poco alentador.
Entonces, Gourav (originario de la India y padre de 4 gemelos, sí dos pares de gemelos), como si escuchara mis pensamientos mientras conducía el taxi, me dice: “no te preocupes por la espera, solo haz lo que tienes que hacer, cumple con eso y después haz algo por ti: relájate.”

¿Por qué será que necesitamos a un perfecto extraño que venga del otro lado del mundo para recordarnos que lo mejor que podemos hacer es dejar de quejarnos, cumplir con nuestra parte, hacer lo que tenemos que hacer y después relajarnos y dejar que la vida siga su curso, sin forzarla ni frustrarnos innecesariamente?

Y así, esta semana, mis maestros, mi ejemplos a seguir, no fueron ni Seth ni Yossi ni Robin ni ninguna otra celebridad o líder de pensamiento.

Esta semana mis mejores maestros fueron Gourav y Doña Inés.

Y tengo que preguntar:

¿De qué personajes singulares han aprendido ustedes?

Seguir esperando o comenzar a avanzar…

“Quiero ser grande para hacer lo que yo quiera”, “Cuándo pase a prepa todo irá mejor y seré más popular”, “Ya en la Universidad seguro seré un mejor estudiante”, “Ahora que trabaje ya podré hacer lo que quiero”, “Una vez que me promuevan, tendré el trabajo que siempre he soñado”, “En tanto reciba ese aumento me caso”, “Ahora que tenga más tiempo empezaré a hacer ejercicio”, “Nada más me caiga un dinerito de más hago ese negocio que cambiará mi vida”, “Ahora es muy arriesgado, pero nada más que la economía mejore, me aviento”, “Si quería pero la burocracia de mi empresa no me lo permitió”, “Yo envié el mail pero mi jefe nunca me respondió”.

Si existiera un libro que hiciera un compendio de todos los pretextos absurdos que usamos todos los días para no avanzar en nuestra vida, seguro todos estos estarían ahí, justo a un lado del perro que se comió la tarea y la puerta eléctrica que no abría porque se fue la luz.

Pareciera que hemos arrasado ya con todos los posible pretextos para no tomar acción y realizar nuestros sueños.

Pareciera que nos sentimos más cómodos asignando culpas y otorgándole el poder de lo que sucederá con nuestra vida a otras personas o cosas, que asumiendo la responsabilidad que por hecho y derecho nos corresponde.

Pareciera que preferimos ser víctimas de la realidad de otros, a construir nuestras propia realidad.

Pareciera pues, que preferimos la comodidad de  ser pasajeros a la responsabilidad de ser el conductor.

El problema es que así, jamás podremos llegar a donde queremos llegar. Jamás podremos hacer nuestros sueños realidad.

Y la pregunta que me queda es ¿Qué estamos dispuestos a hacer para convertir nuestros sueños en realidad?

Hoy…

Alguien está trabajando en domingo en la noche.

Alguien está viajando lejos de su familia por trabajo.

Alguien está estudiando una segunda o tercera carrera.

Alguien está dedicando 8 horas diarias de entrenamiento físico.

Alguien tiene 2 o 3 trabajos para desarrollar su proyecto personal.

Alguien está dejando de comer chatarra y aprendiendo a nutrirse mejor.

Alguien está donando su tiempo y dedicación a una causa que mejore la vida de otros.

Alguien está practicando meditación y concentrándose en mejorar su salud física y mental.

Alguien está dejando de comprar ese reloj de lujo para invertir su dinero en su nueva empresa.

Alguien está tomando la iniciativa de ejecutar un proyecto a pesar la burocracia de su organización.

Hoy alguien está haciendo que las cosas que quiere lograr: sucedan.

Hoy alguien por fin dejó de esperar y comenzó a avanzar.

¿Y qué estás haciendo tú?

Picture credit: Silvia de Luque

De títulos, cargos, tarjetas y ladrillos…

Títulos… ¿quién no le ha dedicado más del tiempo merecido a pensar respecto al título o cargo que ostenta?

Mientras que algunos viven eternamente enamorados de su título, otros se apenan de el  y juran merecer uno mejor. Otros critican el de los demás y unos cuantos más lo usan como su cobija de seguridad. También hay quienes deciden con quien sí o no hablar dependiendo del título indicado en al tarjeta de presentación de esas personas. E incluso hay hasta aquellos que portan su tarjeta cual placa de sheriff “charoleándola” ante quienes los rodean y lamentando no poder usarla también como ladrillo para pararse “en lo alto” frente a los demás.

El problema con los títulos, sin embargo, es que todos son prestados. Todos son asignados basados en la percepción de solo unos cuantos. Y todos, absolutamente todos son temporales.

Nadie es Director General, Country Manager, VP, SVP, CEO, CMO, CIO, COO, CFO (ó el CXO que quieran) vitalicio… Hoy, con tu título, serás Juan de la empresa, pero mañana serás solo Juan.
Todos tenemos que rendir cuentas a alguien y ese alguien tarde o temprano requerirá de alguien diferente para cubrir sus necesidades de acuerdo a como estas vayan evolucionando. Y cuando esto suceda, aquel apellido prestado y reputación empeñada al nombre de la organización que te otorgo dicho nombramiento, dejará de significar algo para los demás.

Y no es que no la gente no merezca tener el título. Seguro muchos méritos y logros le habrán valido llegar hasta ahí. Pero un título jamás debe ser tu cumbre, pues esas están hechas tan solo de papel.
El día de mañana, la gente no recordará que título ostentabas sino que hiciste por ellos, cómo los trataste y cómo los hiciste sentir.

Por supuesto que los organigramas y las jerarquías son necesarias para poder operar cualquier organización. Por supuesto que se requieren personas que asuman el liderazgo de un equipo, que quieran hacerse responsables por este y que rindan cuentas de las decisiones y acciones del mismo. Sin estos, ninguna operación podría avanzar.
A decir verdad, quienes toman este camino merecen todo nuestro aprecio, respeto y admiración, pero solo por lo que hacen y nunca por lo que pretenden ser.

Contar con una tarjeta de presentación que exponga en letras brillantes y resaltadas un título nobiliario no debería ser necesario para ejercer autoridad sobre un grupo. Hacerlo así es basarse en una “autoridad formal” y no una “moral”… pero ese es tema de otro post.

Los títulos que has ostentado o en ocasiones cargado cual lápida en la espalda, deberías guardarlos para ilustrar tu trabajo y experiencia laboral, solo ahí, en tu Curriculum Vitae.
Y en tu tarjeta de presentación mejor comparte cual es tu trabajo (contador, marketero, financiero o coach), a qué te dedicas día con día (a crear, a entretener, a escribir o a hablar) o mejor aún, dinos que es lo que haces por los demás.

A jolly good fellow, Creador de historias, Mentor y aprendíz y Thinking partner, son solo algunas de las mejores descripciones que, hasta ahora, he leido en una tarjeta de presentación.

¿Qué escribirías tú?

Picture Credit: Colin Campbell.

Compartiendo y aprendiendo de una industria.

“¿Pero por qué habría de participar en cursos para entrenar a mi competencia?”, “No me gusta enviar a mi gente a estos seminarios porque la competencia luego me los quiere piratear”, “Esta empresa no es cuna de talento”, “No capacito a mis clientes para que así siempre me necesiten”.
Son solo algunas de las más tristes excusas que he escuchado en los últimos años de parte, lamentablemente, de algunos muy destacados miembros de la industria del marketing digital.
Pretextos absurdos para esconder su miedo a no ser lo suficientemente buenos para competir. Prefieren incluso que una industria entera se quede estancada, siempre que esto les permita conservar por un rato más, eso a lo que ellos prefieren llamar ventaja competitiva.
Y entonces, un mercado que debería crecer tan rápido como la tecnología, se ve deprimido en su desarrollo, no por la poca adopción, experimentación o inversión de los anunciantes, sino porque algunos, simplemente no predican con el ejemplo.
“La información es poder” bien dice el dicho y tristemente a algunos aún les gusta creer que “quien tiene la información tiene el poder”. Sin embargo, lo cierto hoy es que la única manera de seguir creciendo y desarrollando cualquier industria, organización o mercado es compartiendo y aprendiendo.

Que a miembros de tu equipo les ofrezcan nuevas oportunidades de trabajo porque cuentan con un conocimiento y experiencia que obtuvieron colaborando contigo, no es malo, por el contrario, habla muy bien de ti. Que estos quieran explorar estas nuevas posibilidades o no, está en tus manos: ¿qué haces para desarrollarlos y retenerlos? ¿Qué te mantiene atractivo como empresa?

Ayudar a tus clientes a aprender más sobre tú trabajo y prepararlos para saber tanto o más que tú, no es para que ellos dejen de contratar tus servicios, sino para que los sepan aprovechar mejor. Ellos ya tienen muchas cosas en sus manos, y tomar tu trabajo es lo menos que quieren. ¿Cómo te mantienes vigente y a la vanguardia con tus clientes? ¿Qué haces para continuar aportándoles valor?

Participar en proyectos de capacitación y desarrollo a los que puede acceder tu competencia, no debería ser para ti una amenaza. Crear nuevos programas de desarrollo para dotar de mayor conocimiento y mejores herramientas a todos los que participamos en una industria no puede hacer otra cosa más que elevar la barra para todos y crecer el tamaño del pastel.
¿Qué haces tú para mantenerte en la punta de la ola?

En resumen, ayudar a  que todos los integrantes de la industria estén mejor preparados no te quita negocio, ni empleados ni clientes. Poner nuestro granito de arena para que todos hagan un mejor trabajo, crece, construye y refuerza la credibilidad de quienes participamos de este mercado y crea nuevas oportunidades para todos.

Por eso comparte, aprende, sueña, actúa y sé feliz.

Picture credit:

姒儿喵喵

Personal Branding y la organización.

“¿Cuál es el impacto que tiene el Personal Branding de un individuo sobre la empresa para la que trabaja? ¿Debería la empresa limitarlo o impulsarlo?” Han sido unas de las mejores ( o más deseadas debería decir) preguntas que he escuchado sobre Personal Branding.

Para muchos, el tema de Personal Branding trata sobre una agenda en particular para promover su propia carrera profesional o comercial. Para otros, los más “corporativos”, es un tema sin importancia y pasajero a lo más.

Por fortuna, para muchos más, definir, ejercer y desarrollar nuestra marca personal es un tema de vida, así, sin más ni más.

Ejercer nuestra marca personal, como lo hemos comentado en el pasado, no se trata de auto promoverse, alimentar nuestro propio ego y salvaguardar nuestra inseguridad; sino de dejar una huella positiva en la vida de los demás, trabajando colaborando, contribuyendo, ayudando, compartiendo, enseñando o aprendiendo… y sí, dejando también en la organización para la que laboramos,  nuestra huella personal.

Ciertamente, contar con una fuerte marca personal ha impulsado el desarrollo de las carreras profesionales de incontables personas que han sabido ejecutar cuidadosamente no solo su plan de carrera sino de vida por igual; y no tendría porque ser de otra manera. Si han contribuido positivamente a la vida de otros, ¿por qué no debería irles bien a estos también?
Y de la misma forma, contar con empleados que tienen una fuerta marca personal ha sido muy positivo y productivo para aquellas organizaciones que no solo saben aprovechar esta enorme fortaleza de sus integrantes, sino que también la promueven y nutren para fortalecer su marca laboral.

Verán, todas las empresas tienen muchos más voceros de los que formalmente entrenan y autorizan para hablar en su nombre.
De hecho cada integrante de la corporación es un vocero potencial, no solo por lo que informalmente, en distintos lugares y de manera accidental pueden compartir sobre la empresa para la que trabajan, sino por la imagen que proyectan de ellos, y de la empresa ante los demás.

Es curioso ver lo mucho que las empresas invierten en desarrollar, posicionar y fortalecer su marca comercial, solo para olvidarse de hacer lo mismo con su marca laboral.
Invierten millones de dólares e incansables horas hombre en inventar y reinventar todos los días su marca como la mejor que podemos comprar; y gastan un gran tanto más en hacerse de recursos y ayuda para atraer al talento que quieren contratar; olvidándose de que en sus filas están aquellas personas que a final de cuentas puede convertirse en su mejor imán, su propio staff.

Tener integrantes que ejercen una sólida marca personal como agentes de confianza que aportan valor a una industria o a una comunidad, que comparten su conocimiento, trabajo y pasión con los demás y que buscan aprender también de estos, no puede más que hacer más atractiva y sexy a la organización para la que trabajan.

¿Quién no quisiera trabajar con  gente talentosa, que no solo es de los mejores en lo que hace, tiene una gran experiencia y pasión por su trabajo, pero que además lo hace con humildad y apertura a continuar aprendiendo? ¿Quién no quisiera rodearse de gente buena en lo profesional y en lo personal? ¿Y quién no quiere trabajar para una empresa en la que no solo contará con buenos benificios económicos y grandes prestaciones, pero en la que también podrá nutrir y desarrollar su talento para poder aportar aún más a su trabajo y a su comunidad?

Definitivamente, nuestra marca personal  sí puede influenciar directa y positivamente a la marca laboral de nuestro empleador, de la misma forma en la que la organización para la que laboramos puedes ayudarnos a nutrir y fortalecer nuestra marca personal.

Picture credit: Stefano Principato

De maestros y guías… y la autoridad intelectual.

Es curioso, pero cada vez que alguien utiliza la palabra “Gurú” en una red social, en un blog, en un evento, en un podcast o hasta en una charla privada entre amigos, provoca una serie de reacciones en cadena, casi como si usara la palabra genocidio.
Algunos se emocionan y otros se ofenden, pero todos tienen algo que opinar.

Pero en realidad la palabra gurú no tiene nada de malo en si misma. Es más bien el pésimo uso que algunos pocos (o no tan pocos) le han dado para instantaneizar (si existe la palabra) su “autoridad” sobre algún tema o especialización.

Vivimos en una época en la que, como compartió con nosotros, aquí en DLC, Pam Thomas hace ya un par de años, parece que solo buscamos la gratificación instantánea y los resultados inmediatos: pérdida instantánea (o casi instantánea) de peso, comida instantánea, respuestas instantáneas…y sí, carreras profesionales meteóricas, instantáneas también.

Gurú, de hecho, de acuerdo al diccionario de la Real lengua Española, quiere decir, en el hinduismo, maestro espiritual o jefe religioso; o bien una persona a quien se considera maestro o guía y se le reconoce como autoridad intelectual.

Pero ¿Puede uno en verdad ser una autoridad intelectual al instante?

Sí leo los perfiles en Linkedin.com de algunos de los más representativos líderes de opinión de la industria de la mercadotecnia y la comunicación, definitivamente no.
A ellos, convertirse, no en un guru, sino en un “Agente de Confianza” como acertádamente los llama Chris Brogan, les ha tomado años de trabajo, de riesgos y aprendizajes, de apostar por su pasión y esfuerzo y por la huella que han dejado en la vida de los demás. Y han entendido que, también en palabras de Chris: “Personal Branding is not about you…” y que, como dice Seth Godin“toma por lo menos 10 años construir un éxito de la noche a la mañana”, tal como lo hicieron:

o en México

Dénle un vistazo a sus perfiles y verán por qué hoy ellos son, no gurús, sino importantes líderes de opinión.
Picture credit: Walkingalone

Follow Friday en DLC’010 – Agosto 6, 2010

Follow Friday es una gran costumbre ya en Twitter pero…¿Por qué limitarnos?

A partir de ahora, cada viernes trataré de compartir los 3 mejores posts que haya leído en la semana.

Y en esta ocasión, estos son:

¿Cuáles me recomiendan a mí?

Ser gurú no es suficiente

Ser listo no es suficiente, ser astuto tampoco lo es.

Tener labia no lo es todo.

Conocer tan solo un poco más que los demás y ser un “trend setter” o “early adopter” de nuevas tecnologías, tampoco basta.

Que 9 de cada 10 palabras que salen de tu boca sean groserías no te hace “cool” y hacer comentarios ofensivos al referirte a los demás no te hace, para nada, superior a ellos.

Ser el tuerto entre los ciegos, no necesariamente te hace el rey.

Y tener más de 2000 seguidores en twitter ciertamente no te hace una autoridad.

Por supuesto todos, absolutamente todos, tenemos el derecho de hablar, expresarnos y compartir nuestra opinión. Pero lograr que nuestra opinión realmente sea valiosa para los demás…eso se gana. Y no se gana de un momento a otro por hacer comentarios que creemos astutos o que demeritan el trabajo de los demás.

Que nuestra voz sea escuchada con atención y que la gente nos abra su mente y corazón se  gana con trabajo, con hechos, resultados y sobre todo con humildad.

Es tan penoso ver como tantas “celebridades”  improvisadas en Internet, que se llaman a sí mismos “gurú”,  inundan la red de comentarios tan absurdos, hablando de temas de los que no tienen mayor idea que el resto de nosotros, como si fueran el más importante y conocido experto de esos temas. Ejerciendo opiniones y juicios sobre asuntos en los que su experiencia se limita a tener un programa de live streaming en la red que es visto por solo 7 personas, pero en el que hablan de temas como si fueran veteranos de estos y cuando los enfrentas con una pregunta sobre su experiencia, su reacción es tan solo balbucear.

Todos tenemos algo que decir, todos tenemos algo de qué hablar, pero antes de hacerlo pensemos en guardar un poco más de silencio y ponernos a trabajar y dejar que nuestra labor, los hechos y las huellas que dejamos en la vida de otros, hablen por nosotros sobre nuestra marca personal.

Picture credit: Emilie Ogez

Nutriendo talento en tu organización.

No es ningún secreto: el éxito de una persona como profesional está directamente atado no solo a que tan duro trabaje y que tan dedicado sea a su labor, sino también a la pasión con que trabaja y, sobre todo, a que tan claro tenga cuales son sus más grandes fortalezas y habilidades, cuáles son sus áreas de oportunidad y que tanto se aleje de estas últimas para acercarse, desarrollar y maximizar a las primeras.
Es decir, entre más nos enfoquemos en continuar desarrollando y potencializando nuestras fortalezas y rodéandonos de personas que puedan cubrir nuestras debilidades, más probabilidades de alcanzar el éxito tendremos.

Desafortunadamente, en lugar de abrir espacios y oportunidades para que las personas desarrollen todo su potencial, parecemos vivir en una sociedad en la que obligar a la gente a trabajar incesantemente en aquello para lo que no es buena, parece ser el modus operandi.

Desde que somos pequeños, comenzamos a dar destellos tanto de nuestro talento como de nuestros intereses, gustos y pasiones; a la vez que aquello para lo que no somos tan buenos se hace evidente también.
Entonces, si tu problema es con las matemáticas, te obligan a tomar clases adicionales de “regularización” por las tardes, o si tu conflicto es con los deportes, te inscriben a cuanto entrenamientos se les puedan ocurrir a tus padres. Y claro, no es extraño, 15 o 20 años después, tener a tantos deportistas que nunca lo fueron y algunos contadores frustrados también.

Lo más increíble es que esto no termina en nuestra niñez, pues a veces, como profesionales y en nuestras empresas, sin darnos cuenta, continuamos con esta tradición.

Buscamos, atraemos y contratamos personas porque sabemos que tienen las habilidades y experiencia que necesitamos para nuestra organización. Dedicamos cientos de horas hombre al año a identificar, entrevistar, examinar y contratar a los mejores profesionales que podemos atraer a nuestra empresa. Echamos mano de asesores, coaches, head hunters,  recomendaciones personales y hasta redes sociales y motores de búsqueda para encontrar al mejor candidato, a quien contratamos a cambio de ofrecerle un gran paquete de compensación.
Y una vez que lo tenemos, le cortamos las alas y lo sentamos en pequeño cubículo junto con el resto de nuestros empleados como si fueran trofeos de colección.

A veces, por necesidad, otras por burocracia y en otras más por algo mucho peor, inseguridad, perdemos de vista las razones por las que inicialmente los invitamos a colaborar con nuestra empresa y olvidamos desarrollar y aprovechar su potencial. Nos confundimos pensando que porque nuestra empresa ya le da una buen paquete de beneficios, el empleado está conforme con su trabajo, pero en realidad solo está conforme con su paquete de compensación y no necesariamente con su labor.

Acciones, seguros, comida, autos, etc, todos son, en efecto, una gran prestación que los empleados debemos siempre agradecer y apreciar. Pero al mismo tiempo, cada empresa debe entender que la mayoría de la gente, una vez que tenemos (y si no me creen, pregúntenle a Abraham Maslow) cubiertas nuestras necesidades de seguridad, buscamos el sentido de pertencia a un lugar en donde podemos desarrollar nuestro potencial, tener un impacto en la vida de los demás, ser reconocido por esto y lograr cierta auto realización.

Y si nuestra organización no está dando el espacio para que nuestros integrantes puedan trabajar en estas áreas tan importantes de sus vidas, estos seguramente en cualquier momento buscarán un lugar que no solo les de la oportunidad de hacerlo, sino que entusiástamente tenga un gran enfoque en nutrir su potencial.

Y entonces nosotros como empresa nos tenemos que preguntar ¿De qué lado queremos estar?

Picture credit: 姒儿喵喵

Una aclaración más sobre tu MARCA personal

Creo que hoy día, no pasa una semana sin que el tema de “personal branding” salga a discusión.
Justo hace pocos días discutía con un antiguo jefe sobre el poder y alcance de una marca personal; el, por su lado, se preguntaba como se puede “monetizar” una marca personal. Yo, por el mío, le explicaba que una marca personal, aunque puede llegar a ser muy valiosa, realmente no se monetiza como tal.
Él compartía su punto de vista como profesional de ventas que simplemente está buscando llegar a una cuota y generar ingresos y utilidades para su marca o su empresa. Y debo de reconocer que no es el único. De hecho conozco a muchas personas que han trabajado duro (que no es lo mismo que eficiente y eficazmente) en establecer una marca personal que les genere frutos económicos y laborales en un corto plazo, creando blog y perfiles en cuanta red social, a la que creen que le pueden saca provecho, se encuentran; retuiteando a las “personalidades” o ejecutivos con quienes quieren conectar, además de dejar comentarios en sus blogs personales y organizacionales.
Practicas que, en efecto, son muy comunes para quienes ejercemos una marca personal.
Sin embargo, desde mi punto de vista, ver a tu marca personal tan solo como una forma de sacarle provecho a tus conexiones, personales y/o profesionales, resulta limitado, miope y carente.
Ejercer una marca personal no se trata de contar con un “head shot” bien producido que usas casi como logotipo en lugar de como avatar, ni de promocionarte como profesional en distintos foros tan solo para vender más. Solo concentrarse en hacer esto nos pondría en el mismo nivel que un refresco de cola.

Por fortuna hay muchos para los que, como a mí, el ejercer su marca personal se trata de dejar nuestra huella (nuestra marca personal) en la vida de los demás. No de quitarles a los demás, sino de dar. No de poner un precio a nuestras palabras, pensamientos, opiniones o principios, sino de genera valor con estos para aportar algo a los demás.

Claro que en la medida en que generamos valor para otros, nos vamos ganando un lugar en su mente. Por supuesto que al dar de nosotros a otros también obtenemos recompensas a cambio. Es tan solo natural; se llama ley de la reciprocidad. Pero la clave de esta reciprocidad es que antes de pedir, uno se enfoca en dar.