De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Cruza el velo del miedo.

¿Cuántas veces has dejado de hacer algo que tanto has querido hacer tan solo por temor a equivocarte? ¿En cuantas ocasiones el miedo no te ha dejado actuar?

Todos hemos pasado por eso por lo menos una vez. Creemos ver con claridad lo que queremos hacer u obtener y pensamos saber que acciones tomar para lograrlo, pero simplemente no hacemos nada y nos quedamos congelados, aterrorizados porque no conocemos lo que hay a la vuelta de la esquina.

Tememos separarnos de la orilla de lo conocido para adentrarnos en el mar de las posibilidades, pues no siempre se puede ver la orilla al otro lado; pero la verdad aquí es solo un: jamás lo sabremos si no nos soltamos y atrevemos a cruzar.

Estos miedos se muestran de diferentes maneras y en distintas circunstancias, pero típicamente se dan por el temor de soltar lo que nos es familiar, por salir de nuestra área de confort y entregar el control de las cosas que equivocadamente creemos tener.
Puede ser el miedo a un cambio de residencia y a separarse de la familia y los amigos, también puede tratarse del miedo a una separación donde dejas de ser tú la pareja de alguien para ser tú el individuo. Otro temor puede ser el de un cambio de carrera para el que tienes que arriesgar tu estabilidad económica. En ocasiones puede ser provocado incluso por un bien intencionado consejo proporcionado de manera muy equivocada o dado por una persona que a su vez está reflejando sus propios miedos.

Lo más grave de todo es que con más frecuencia que no, estamos dispuestos a vivir haciendo algo que no nos hace del todo felices por no arriesgarnos a perder la falsa estabilidad que tenemos. Preferimos continuar quejándonos de algo a hacernos de valor y dar un paso a lo desconocido.
Y lo peor de esto es que así nos negamos la oportunidad de seguir creciendo, de conocer nuevos espacios, nuevas ideas, nuevas personas que nos ayuden a continuar avanzando hacia la cima de nuestras vidas.

El miedo entonces se vuelve en una especie de velo obscuro que obstruye nuestra vista, impidiéndonos ver todas las grandes oportunidades que están a nuestra disposición para estar mejor. Pero el que al arrancarlo del frente nos deja ver que todas aquellas cosas que tanto nos espantaban simplemente no están ahí.
Quiero decir, retos y problemas siempre van a existir, estos son precisamente las lecciones de vida que nos fortalecen y ayudan a crecer; pero el velo del miedo nos hace, a veces, sacarlos de toda proporción.

Así que la próxima vez que te enfrentes al temor a lo desconocido, la siguiente ocasión que el miedo te detenga, recuerda que no hay sombra que no ceda ante un poco de luz. Arranca ese velo y atrévete a dar el paso que tanto has anhelado.


O bien, puedes congelarte como siempre y seguir como lo haz hecho hasta ahora, pero sí decides dejar que el miedo te detenga, recuerda que solo una cosa es segura: no puedes esperar obtener resultados diferentes si todos los días continúas haciendo lo mismo.

Deja que tu luz brille más.

“Deja que tu luz brille más”. Robin S. Sharma.

Hace unos minutos leí esta frase y me llevo a pensar en que poco en verdad dejamos que nuestra luz como seres humanos brille.

Con luz me refiero a nuestras fortalezas, a esas grandes habilidades que absolutamente cada uno de nosotros tenemos y que nos hacen muy buenos, especiales diría yo, para alguna labor.

Todos nacemos con nuestra dotación de habilidades, pero muy pocos de verdad se encargan de desarrollarlas y explotarlas al máximo.
Nos quedamos esposados al grillete de la creencia común de que las personas especiales solo están en las películas de ficción o en los libros de historia. Grillete que se va apretando cada vez más con la presión social y el estrés de las tareas diarias que tenemos que cumplir.

Creo profundamente que todos sabemos en el fondo cual es nuestra gran fortaleza, pero también veo con tristeza que casi nadie quiere contar con este conocimiento de verdad.
¿Será que tenemos miedo al compromiso de tener que aprovechar al máximo nuestro poder? Supongo que sí.
Después de todo como diría Stan Lee a través del tío Ben “con un gran poder viene una gran responsabilidad”. Y pueden estar seguros que cuando él escribió esta frase no se refería solamente al nuevo superpoder que acaba de adquirir el sobrino de Ben tan solo unos días antes. ¿A qué super héroe me refiero? Sigue leyendo hasta el final.

Una pregunta que hago siempre a los candidatos a integrarse a nuestro equipo de trabajo es precisamente cuales son sus fortalezas. En el mejor de los casos me responden “soy muy organizado y trabajo bien bajo presión” (por cierto NADIE trabaja bien bajo presión, puede ser que aprendan a responder controladamente ante alguna difícil situación y salgan airosos, pero los resultados nunca serán tan buenos como cuando se trabaja de forma planeada y bien coordinada).
Estas no son fortalezas. Ser organizado es un rasgo básico que se espera de cualquier profesional.

Lo curioso es que sí les preguntas cuales son sus debilidades, o mejor dicho en estos tiempos en los que es indispensable ser políticamente correcto, cuales son sus áreas de oportunidad, todos te contestan con una lista de por lo menos 5 respuestas espontáneas.
Pareciera que todos tenemos a flor de piel nuestras debilidades para poder ocultar de nuestra propia vista nuestras fortalezas. No vaya a ser la de malas y estas salgan a relucir.

Y lo más irónico es que a pesar de que casi nadie puede (o quiere) ver sus fortalezas, el resto de las personas que nos rodean sí las ven y te las recitan día con día esperando inconscientemente que algún día te decidas y las aproveches.
¿Será más cómodo cobijarte en tus debilidades para sentir parte del resto de la gente?

¿Por qué no preguntarnos para qué somos realmente buenos, cuales son nuestras más grandes habilidades y como las podemos usar para ser más exitosos y contribuir a la vida de los demás?
No tenemos que hacer todo el trabajo de una sola vez, podemos hacerlo poco a poco. “Todas las grandes travesías comienzan con un primer paso y continúan con otro y luego con otro.”

Quien sabe tal vez así descubras tu verdadera vocación y algún día termines tu mismo en un libro de historia también.

¿Qué haces hoy por ser más feliz?

Con frecuencia nos quejamos sobre nuestra vida, sobre el exceso de trabajo que tenemos o la falta de reconocimiento por el mismo. Protestamos porque no nos gusta lo que hacemos o porque nunca tenemos tiempo para hacer aquello que sí amamos hacer y luego nos lamentamos porque no obtenemos que lo que deseamos. Nos quejamos pues no nos gusta el lugar donde vivimos o la manera en que lo hacemos.
Pero ¿Qué hacemos por cambiar todo eso? ¿En qué estamos trabajando hoy para acercarnos mucho más a aquello que queremos para nuestras vidas?

Un pensamiento importante que compartir con ustedes hoy: “Identifica muy bien que es lo que quieres en tu vida para ser feliz, ve y tómalo”

No me refiero a que sin importar el sentir de los demás obtengas algo mientras los pisoteas para lograrlo. Me refiero a que trabajes por lo que quieres. Me refiero a que tengas claro que es lo quieres en tu vida, lo visualices, lo pienses, lo sientas y lo vivas con intensidad.
Y me refiero a que actúes con integridad y que tus acciones sean totalmente congruentes con tus prioridades en la vida.

Solo así, creo yo, uno puede obtener la felicidad de verdad.

Después de todo ¿De qué sirve matarse horas en el trabajo haciendo una labor que nos hace desdichados y no nos permite estar con nuestra familia o dedicar tiempo a ese hobby que tanto amamos hacer? ¿Qué sentido tiene ser un empresario exitoso que ha acumulado una riqueza interminable si lo que te mueve en el interior es convivir con niños pequeños y ni siquiera tienes oportunidad de estar cerca de los tuyos?

Como dice Peter Drucker: “Nada es tan inútil como hacer eficientemente aquello que no tiene razón de hacerse”.

Por eso hoy mismo, define bien cuales son tus prioridades en la vida, identifica que cosas y que actividades te llenan más de felicidad y te hacen sentir pleno.
Y no solo las pienses, escríbelas concienzudamente y haz un análisis profundo de que tanto tiempo les estás dedicando en realidad.

Si para ti, tu familia es lo más importante, entonces asegúrate de dedicarles tiempo de verdad, haz un plan de acción (y nota que la palabra clave aquí es acción, pues de nada sirve que solo lo escribas sin lo accionas) y detalla paso a paso lo que harás para asegurarte de demostrar que en realidad ellos son tu prioridad. Talvez sea crear una actividad familiar específica para los fines de semana o asegurarte de estar en casa antes de determinada hora para poder compartir diferentes momentos con ellos.

Si lo que quieres es tiempo para ti, entonces haz un espacio en tu agenda para dedicarlo a ti. Talvez en este momento estén pensando: “aja, con tanto trabajo ¿a qué hora? ¡Si no tengo tiempo ni para ir al baño!.”
Yo en lo personal lo que en este respecto he hecho es hacer mías dos lecciones que aprendí de ese mentor que tanto me ha enseñado, Robin Sharma:
Primero que nada, para contar con ese tiempo tan especial que busco para dedicarlo solo a mi, me he apartado una hora y media diaria a la que, siguiendo el ejemplo de Robin, he llamado
mi hora sagrada. Este tiempo lo aprovecho para hacer solo cosas para mí como hacer ejercicio, leer un buen libro, escribir en mi diario o meditar sobre mi vida hoy y visualizar como quiero vivirla el día de mañana.
Y segundo, me he unido al club de las 5am, y es que si algo tengo claro es que no hay modo de cambiar las rutinas de la demás gente, ellos seguirán agendando juntas de trabajo a las 5:30 o 6:00 de la tarde, y definitivamente yo continuaré queriendo pasar mucho tiempo con mi familia al final de la tarde y la noche o bien querré seguir reuniéndome con mis amigos de vez en cuando al final de un estresante día de trabajo. Así que como sé que una vez que salga de mi casa por la mañana, no pararé, he decido hacer mi hora sagrada a las 5:30 de la mañana, de modo que para las 7 am estoy listo para comenzar con mis responsabilidades externas y preparado para enfrentar el día con la mejor disposición.

Y ya que estoy hablándoles de mis actividades matutinas, una práctica que también tengo y que me lleva a un siguiente punto es: SIEMPRE, TODOS LOS DIAS al despertar, me aseguro de que el primer pensamiento que pase por mi mente y que la primera palabra que salga de mi boca sea GRACIAS.

Y ese es precisamente mi siguiente recomendación. Si hay algo que quieras realmente en la vida, no basta con trabajar duro para obtenerla. Para lograrla tienes que visualizarte claramente obteniendo dicha meta. Recuerda: “lo que creas en tu mente, después lo materializas en tu exterior.”
¿Y qué mejor manera de visualizar que has logrado algo que agradeciéndolo de corazón? No te esperes a que llegues hasta tu meta para dar gracias, agradece desde ya la oportunidad que tienes para llegar a ella y disfruta del camino.

Podría seguir escribiendo por horas y horas sobre este tema, pero creo que lo haré de forma dosificada, así que en tanto, las preguntas que quedarían por hacerse a uno mismo esta semana son:

  1. ¿Se que es lo que quiero de mi vida? ¿Tengo bien definidas mis prioridades y objetivos con respecto a lo que quiero de mi vida?
  2. ¿Qué estoy haciendo hoy y qué comenzaré a hacer inmediatamente para acercarme cada día más a esa visión de vida?

Talvez sea leer más, estudiar alguna especialización o un idioma, ejercitarse más o cambiar de régimen alimenticio o quizás acercarse a aquella persona a la que debemos una disculpa o hacer un cambio drástico de carrera o bien buscar ser excelente en todo lo que emprenda a partir de este momento.
Sea lo que sea, lo importante es dar el primer paso y ese … ese lo puedes dar justo ahora.

Actúa hoy como quieres ser mañana.

Dicen por ahí que “Atraemos a nosotros como imanes las cosas que deseamos en la vida”.
También dicen que “Las cosas que vivimos las creamos dos veces. Primero cuando las pensamos y después cuando las hacemos realidad.”
Incluso existe un dicho que va “Ten cuidado con lo que deseas pues se puede hacer realidad.”

y en Japón hasta tienen una forma muy discreta de maldecir a alguien cuando dicen “Que todos tus sueños se hagan realidad.”

¿Cuantas veces no han temido tanto a algo que justo eso es lo que les sucede?
O al revés ¿en cuantas ocasiones no han deseado obtener tanto algo que todo lo que les rodea, hasta los comerciales en la televisión, parece recordarles aquello que tanto quieren?

Se que para algunos puede sonar raro y hasta excéntrico pero déjenme decirles que en efecto: Aquello que pensamos y buscamos con nuestra mente, se materializa de una u otra forma en nuestras vidas.

Cada vez que queremos algo o que tememos algo estamos fabricándolo en la línea de ensamble de nuestra mente. Estamos enviando un mensaje fuerte y claro a la vida de qué es lo que deseamos y la vida, eficiente como es, nos lo da.
Por eso es indispensable cuidar muy bien lo que pensamos.

Analícenlo, cada vez que citamos a la famosa “ley de Murphy” se debe justo a que estamos pensando “solo me faltaba…” o “seguro ahora…”, etc. y claro, traemos a nosotros exactamente la situación que queríamos evadir, pero que como la pensamos tanto, nos dirigimos solitos hasta ese punto.

Ahora, véanlo desde otro punto de vista. Piensen en alguna persona que crean ustedes que siempre obtiene lo que quiere, alguien que para ustedes es una persona realmente exitosa. ¿Qué característica tiene?

Una virtud esencial que las personas realmente exitosas en la vida tienen, es que enfocan su energía siempre en crear lo que quieren. En lugar de ser tan reactivos como el resto de la gente, y andar brincando de una crisis en otra, desgastándose y maldiciendo su mala suerte, se detienen a tomar un respiro y a definir que es lo que quieren en la vida.
Se toman el tiempo de entender que es aquello que más les importa en la vida, definen claramente sus valores y los alinean con principios universales como la honestidad y la integridad; y así establecen una clara visión de su vida y con base en esta se dedican día a día a construir su mundo.
Además comprenden bien cuales son sus grandes fortalezas y habilidades y también sus debilidades y limitaciones, y en lugar de lamentarse por las últimas, se enfocan a desarrollar las primeras, siempre manteniendo su visión de vida.

Hoy cada uno de nosotros podemos liberar esta virtud que, a veces por el acondicionamiento a que somos sujetos por la sociedad desde que somos pequeños, dejamos enterrada en el rincón más escondido de nuestro ser.
Hoy podemos regalarnos el tiempo para preguntarnos:
¿Qué es lo que realmente importa en mi vida?
¿Cuáles son los valores más preciados para mí?
¿Qué se hacer muy bien?
¿Con que fortalezas puedo contribuir mejor a mi comunidad?
¿Qué quiero hacer de mi vida?
¿Cómo la quiero vivir?

Definamos que es lo que queremos de la vida de una vez por todas y pensémoslo, hagámoslo, actuémoslo y vivámoslo.

Tomemos una tarjeta en blanco que podamos traer con nosotros siempre o que podamos dejar siempre a la vista y escribamos en ella nuestra visión de vida , enfoquemos toda nuestra energía a trabajar bajo esta visión y comencemos desde ya a actuar hoy como queremos ser mañana.

Cuatro supuestos para llevar una vida más balanceada

Durante las últimas semanas he estado leyendo, repasando y estudiando el libro “El Octavo Hábito” del Dr. Stephen Covey, a quien seguramente me han visto mencionar en muchos de los temas que he tocado anteriormente.
En este libro, Covey toca un tema de suma importancia: El desarrollo de las 4 inteligencias que como seres humanos tenemos.

Por un lado, está la inteligencia física, la de nuestro cuerpo, la inteligencia que está ahí en todo momento sin que nosotros estemos conscientes de ella, coordinando a todo nuestro organismo.
También está la inteligencia mental, que es la más comunmente conocidad de todas, se trata básicamente de nuestra capacidad para analizar, razonar, manejar nuestros pensamientos abstractos, usar el lenguaje, comprender, etc.
Ahora, y desde hace algunos años, se habla mucho de la inteligencia emocional que es la que nos permite conocernos y estar conscientes de nosotros mismos, nos brinda diferentes capacidades como la sensibilidad, la empatía, la comunicación y el relacionarnos con los demás.

Hasta ahora, la mayoría de nosotros habíamos escuchado solo sobre estas 3, pero Covey habla de una cuarta inteligencia: La espiritual.

La inteligencia espiritual, que por cierto ya es sujeto de diferentes investigaciones científicas y filosóficas, es, a decir de Covey, la más fundamental de todas ya que se convierte en la fuente de dirección para las otras tres, esta representa nuestra búsqueda de dar significado a lo que hacemos y la que nos permite, a través de nuestra conciencia, estar seguros de lo que hacemos es lo correcto.

Después de haber leído tanto sobre estas, he llegado a la conclusión de que desarrollar las 4 inteligencias es una obligación que como seres humanos tenemos todos, y no es tarea fácil, hay muchos pasos que seguir, muchas prácticas que adoptar y conceptos que comprender.

Probablemente en las siguientes semanas hable mucho más de cada una de estas 4 dimensiones, pero en tanto eso sucede, hay 4 sencillas suposiciones que Covey recomienda hacer para ayudarnos desde ya a desarrollarlas y comenzar a llevar una vida más balanceada:
  1. Para el cuerpo (Inteligencia Física): asume que has tenido un infarto, ahora comienza a vivir de acuerdo a esto.
  2. Para la mente (Inteligencia Mental): asume que estás a dos años de llegar a la mitad de tu vida profesional, prepárate de acuerdo a esto.
  3. Para el corazón (Inteligencia Emocional): Asume que todo lo que dices de otra persona, él o ella lo puede escuchar, ahora habla de acuerdo a eso.
  4. Para el espíritu (Inteligencia Espiritual): Asume que tienes una revisión de resultados uno a uno con Dios cada 3 meses, ahora vive de acuerdo a eso.
Desde mi punto de vista, estos 4 puntos y los resumiría en:

  • Vive sanamente, cuida, nutre y ejercita tu cuerpo.
  • Se previsor y prepárate para el futuro, pero no dejes de disfrutar el presente, goza el momento que estás viviendo.
  • No hables más de los demás, como dicen por ahí: “Si no tienes nada bueno que decir de alguien, mejor mantente callado”.
  • Se responsable de tu vida y tus acciones. Define tus valores y principios y vive de acuerdo a ellos y se agradecido por todo lo que tienes.

Náufragos

Hace poco fui a ver una película que no esperaba que me impactara tanto.

Esta cinta, titulada “En busca de la felicidad”, relata la historia de un padre que ante todo obstáculo lucha por realizar su sueño a la vez que tiene que mantener y cuidar del bienestar físico y emocional de su pequeño hijo.
Cada escena es impresionante, talvez no solo por las grandes actuaciones que presentan (con razón estuvo Will Smith nominado para el Oscar a mejor actor) sino porque se trata de una historia de la vida real, lo que indudablemente lleva a uno a pensar en el sin fin de casos como este que existen hoy en el mundo…pero este es tema para otra ocasión…

Les decía, todas las escenas son intensas, desde ver como es abandonado por su esposa, perseguido por un taxista o arrestado por falta de pagos, hasta el más crítico momento cuando él y su pequeño son lanzados a la calle y forzados a pasar la noche ocultos en un baño público del metro de San Francisco.

Pero aún cuando durante toda la película tuve un nudo en la garganta, no fue ninguna de estas secuencias lo que más me impactó. En realidad, el momento que me hace recordar la cinta hoy es cuando el niño (quien por cierto en la vida real es el hijo de Will Smith) sin saberlo y haciéndolo a modo de “chiste”, le dan una gran lección a su papá. Y el “chiste” va así:

Un náufrago se encontraba flotando a la deriva en medio del océano y sin la más mínima señal de tierra a la vista.

”Dios mío, sálvame, por favor ven a rescatarme” rezaba fervientemente
Después de unos momentos, un bote pesquero pasó y se detuvo para ofrecerle ayuda, pero cuando el capitán del barco le arrojó un salvavidas, el náufrago en lugar de sujetarlo lo rechaza y explica que no se irá con ellos pues está esperando a que Dios venga a rescatarlo.
Pasan las horas y vuelve a pedir a Dios que venga a salvarlo, entonces de la nada aparece un gran crucero que se detiene y envía una lancha salvavidas a recoger al sujeto, pero este lo rechaza nuevamente, explicándole a la tripulación que está esperando a que Dios venga a rescatarlo.
Y así continuó pasando el tiempo hasta que sus fuerzas se acabaron y comenzó a sumergirse irremediablemente mientras pensaba “Díos vendrá a rescatarme”.
Cuando el náufrago volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que no se encontraba en tierra firme, sino en el Cielo. Indignado corrió en busca de Dios a quien le pregunta: “¿Por qué nunca fuiste a rescatarme? Todo el tiempo te estuve rezando y nunca acudiste a mi salvación.” A lo que Dios, simplemente responde: “¿Nunca? ¡Pero si te he enviado dos barcos!”

Cada vez que pienso en este relato, no puedo evitar recordar las palabras de Pamela Miles, Maestra Reiki y Directora y fundadora del Instituto para el avance de terapias complementarias en Nueva York, NY. Y consultora y desarrolladora de terapias complementarias en varios de los principales hospitales de esa ciudad, cuando dice: “La espiritualidad tiene dientes”.

En una época tan agitada como en la que estamos viviendo, cada vez es más fácil distinguir dos grupos de personas:

Por un lado están aquellos que se tiran al sufrimiento, dejando a un lado toda fe o esperanza y que siguen haciendo lo mismo de siempre, dejándose llevar por los momentos buenos y malos en sus vidas, dejando en sus días espacio solo para quejarse y culpar a todos y a todo por sus problemas.
Y por el otro, está un grupo de personas llenas de fe y esperanza que ante todo problema se detienen a rezar y poner todo en manos de Dios.

Yo a estos últimos les llamo ahora “NÁUFRAGOS” Y para ser sinceros no les encuentro ninguna ventaja sobre el primero.

Afortunadamente también hay un tercer grupo, el de aquellas personas que no solo son positivas y están llenas de fe y esperanza, pero que también están llenos de acción.
Aquellos que no solo piden ayuda, sin que en verdad se dejan ayudar y sí “se suben al barco”.
Este grupo de gente es quien mueve al mundo. Es el grupo que no se deja vencer por los retos y que continúa luchando.

Todos conocemos a alguien así, y no me refiero a grandes líderes como Gandhi o Mandela, sino a personas tan comunes como nosotros mismos. Talvez vean este ejemplo en algún familiar, un amigo o un viejo maestro.
¿No los ubican? Son fáciles de identificar, son justo esas personas que siempre están explorando una nueva oportunidad, esa gente de la que siempre pensamos “Que suerte tiene este, siempre le va bien”. No son súper hombres ni súper mujeres, mucho menos los elegidos. Simplemente son aquellos sujetos que sí piden ayuda, pero que no solo se sientan a esperarla, sino que salen a buscarla y toman acción.

Son esos aparentes “náufragos” que cuando piden ayuda no esperan a que aparezca el capitán del crucero del amor (wow, flashback!), sino que abordan la balsa que les ofrece la posibilidad de seguir adelante y hacen con ella su mejor esfuerzo.
Demostrándonos a todos que en realidad la espiritualidad, SÍ tiene dientes.

Entonces, hoy habría que preguntarnos: ¿A qué grupo queremos pertenecer?

Un fin de semana con Mitch y Morrie – Dos grandes lecciones más.

Recordarán la cita que hice de Stephen Covey en el artículo pasado sobre aprender enseñando y practicando.

Bueno pues aquí está la otra parte de la cita, además de compartir lo aprendido y ponerlo en práctica, también hay que reportar los resultados que vas obteniendo al aplicar ese nuevo conocimiento en tu vida diaria.

Así que muchísimas gracias a todos los que respondieron la semana pasada. Sus respuestas no solo me alegraron la semana, pero me dejaron inspirado y cargado de energía para continuar escribiendo.

Se que muchos de ustedes habrán sentido curiosidad por saber algo más sobre la historia de Morrie, así que si aún no han comprado el libro, pero siguen con la intención de averiguar un poco más sobre el, pueden visitar www.tuesdayswithmorrie.com

Mientras tanto hoy les quiero compartir dos lecciones más que recibí de este gran profesor:

Lección aprendida número 2:
Una vez que aprendes a morir, aprendes a vivir.

Tristemente pasamos gran parte de nuestras vidas como robots, haciendo automáticamente lo que la sociedad nos ha enseñado: trabajo, ambición, acumulación de bienes materiales, etc.

Y vamos por el camino como zombis andando al paso de la órdenes de ganar más dinero, vende más y compra más, trabaja más, produce más, vende más y compra más, compra más y más.

Y no le damos ni la más mínima consideración a lo que realmente es importante y nos hace feliz.
Hasta que un día nos topamos frente a frente con la posibilidad de morir, con la posibilidad de dejar de existir de un momento a otro y sin aviso alguno y si somos afortunados (y sensatos), aprovechamos la oportunidad para poner en la balanza todo lo material y lo espiritual que hemos acumulado y la triste realidad es que el resultado no es lo que esperábamos.

Y como dice Robien Sharma “Aún no he visto a un camión de mudanzas atrás de una carroza fúnebre”.

Si entendemos esto entonces nos podemos sacudir de todo lo superficial y enfocarnos en lo esencial. Podemos abrir los ojos cada mañana agradeciendo contar con un día más de vida y decidir aprovecharlo para impactar la vida de alguien más, para contribuir con tu comunidad, para darle valor a tu vida y a la de los demás.

Lección aprendida número 3:
El estatus no te lleva a ningún lugar.

Esto lo cito textual de las lecciones de Morrie.
“Existe una gran confusión entre lo que queremos y lo que necesitamos.
No se necesitan un auto último modelo ni tener la casa más grande del vecindario para sobresalir.”
“La verdad es que no se obtiene una real satisfacción de estas cosas; lo que realmente te da satisfacción es ofrecer a los otros lo que tú puedes dar.
Dedica tu vida a amar a los demás.
Dedícate a ayudar en tu comunidad.
Dedícate a crear algo que le de un verdadero propósito y significado a tu vida.”

“No te pierdas entregándote a la acumulación descontrolada de objetos materiales.

Si lo haces para demostrarle a los que tienen más que tu lo que ya has acumulado, de nada servirá, pues ellos te seguirán viendo con desdén; y si lo haces para presumirles a los que tienen menos que tu, tampoco servirá pues solo crearás envidias.
Así que solo haz las cosas que salgan de tu corazón, al hacerlo no te sentirás insatisfecho, ni envidioso, mucho menos deseando lo que otros tienen; por el contrario, te sorprenderás con todo lo que recibirás.”

A está lección quisiera ponerle un toque adicional de una enseñanza de Sharma:
No es que esté mal poseer bienes materiales o comprarse aquel juguete que querías desde hace tiempo. Lo que esta mal es que estos bienes te posean a ti.
Es decir uno puede adquirir aquellos bienes que le puedan hacer la vida más cómoda, pues no se trata de hacer un voto de austeridad, sino de hacer un voto de ser desprendido de lo material, lo que significa que tener o dejar de tener no debe cambiar en ningún caso quien eres ni la actitud de cómo habrás de vivir tu vida.

Aún hay muchas lecciones de Morrie que Mitch compartió con todo el mundo. Seguramente seguiré escribiendo sobre ellas, pero definitivamente les recomiendo leerlas personalmente y sacar sus propias conclusiones.

Mientras tanto …Gracias Robin por recomendarme este libro, una vez más tus sugerencias me han hecho pensar profundamente en mi vida. Gracias Mitch por compartir a Morrie con nosotros. Y sobre todo, gracias Morrie por todas tus lecciones y convertirte en nuestro maestro aun cuando no tuvimos el honor de estar en tu salón de clases.

Un fin de semana con Mitch y Morrie

Existe un autor, consultor, gurú, conferencista, maestro, guía o como quieran llamarlo que con su obra ha ayudado a muchos, (me incluyo en la larga lista) a darle un gran giro a sus vidas.
Seguramente lo reconocerán pues lo he citado ya varias veces hablando de otros temas en el pasado. Se trata de Robin Sharma, el famoso autor de “El Monje que vendió su Ferrari” y toda su saga de más de 5 libros y otros más, y conocido conferencista y consultor de las más importantes empresas a nivel mundial en Liderazgo y en un tema muy complejo pero muy común: la vida.
Ya habrá tiempo de hablar más de el, pero por ahora quiero comentar sobre una obra que a él le inspiró a seguir este camino.

En varios de sus libros menciona esto, pero a decir verdad me tomó tiempo darme cuenta de ello, hasta que en uno de sus textos titulado “¿Quién llorará cuando tu mueras? Lecciones de vida del Monje que vendió su Ferrari”, una obra directa y clara, escrita para retomar todas y cada una de las lecciones que a modo de novela había impartido en sus obras anteriores lo indica como una lección muy especial: ”Lección 36 – Lee Tuesdays with Morrie de Mitch Albom.”

Hace unas semanas por fin tuve oportunidad de sentarme a leerlo durante todo un fin de semana. Qué gran obra, que forma tan sencilla de transmitir las más complejas lecciones de la vida. En este recuento de un hecho de la vida real, el autor (Mitch) relata los días tan especiales que compartió con su antiguo maestro de la universidad (Morrie) mientras esperaban el desenlace de una fatal enfermedad que consumía paso a paso la vida del profesor.
No me sorprende que Sharma haya escogido esta obra como una de las lecciones para sus lectores, pues está tan repleto de sabiduría y pasión por vivir que en verdad uno prácticamente puede escuchar al mismo Morrie dar sus cátedras de vida a su amigo y alumno.
El libro, aunque por su redacción es muy sencillo de leer, hay que leerlo más de una vez, pues bien merece ser leído, analizado, digerido y estudiado una y otra y otra vez, para realmente aprender sobre un poco de su sabiduría.

Y siguiendo la recomendación de Stephen Covey en la que dice: “Para aprender no solo basta con estudiar, hay que compartir lo aprendido y ponerlo en práctica” es que quiero compartir con ustedes algunas lecciones que me ha dejado Morrie:

Lección aprendida número 1:
Lo más importante en la vida es aprender no solo a dar amor sino a recibirlo también.

Culturalmente siempre nos centramos en la parte de DAR AMOR, entendemos que nuestra labor es darlo aun cuando en la mayoría de las ocasiones no sepamos ni como, así que cuando es momento de recibirlo nos aterrorizamos.
Pensamos que no lo merecemos o que quedaremos frágiles ante aquella persona que nos está dando su amor. ¿Entonces que pasa? Nuestra inseguridad nos torna tímidos, fríos y hasta indiferentes, mostramos una extraña incomodidad ante una caricia o un beso, apenas nos abrazan y queremos soltarnos, dar la media vuelta y salir corriendo.

Y esto le pasa a muchos, no quieran aparentar que no. A ver ¿Cuántas veces como adolescentes (o algunos incluso ahora en su vida adulta) rechazaron el abrazo o beso su papá o mamá porque “ya estaban muy grandes para eso”? ¿Cuántos de ustedes no han “preferido” continuar viendo la caja idiota (Televisión) en lugar de corresponder al abrazo de su pareja? ¿En cuantas ocasiones se han negado a escuchar una palabra de aliento de un ser querido que les dice lo mucho que valen?

El amor no solo hay que aprender a darlo, hay que saber disfrutarlo. Hay que aprender a quedarse quieto, cerrar los ojos y dejarse llevar por esa extraordinaria sensación de sentirse querido, gozar cada caricia, cada abrazo y cada beso.
Después de todo ¿Cómo vamos a saber como dar amor sino sabemos qué se siente recibirlo?

Así que siguiendo con esta recomendación, que ahora hago mía también, no se queden con leer esta lección aquí, digiéranla, practíquenla y compártanla, y por favor déjenme saber el impacto que esto tiene en sus vidas.

Aún hay varias lecciones de Morrie que quiero compartir, pero hay que darse el tiempo de saborear, practicar y compartir lo aprendido así que practiquemos esta lección durante los siguientes días…pronto les compartiré las demás.

You give a little love and it all comes back to you

Que buen mensaje!

Como muchos de ustedes deben saber es ya una tradición que año con año los más grandes anunciantes de la televisión produzcan versiones especiales de sus comerciales o incluso campañas totalmente nuevas e impactantes para lanzar en los espacios comerciales del Super Bowl.
Así que, como el buen publicista, vicioso de su trabajo que soy, no pude dejar la ocasión y me di a la tarea de buscar todos los anuncios que este año se transmitieron.

¡Que buenas piezas publicaron! Unas más divertidas que otras, muchas siguiendo el clásico formato de un comercial de televisión, algunas con clichés y estereotipos, otras aprovechando a los personajes que ya habían creado o a celebridades que, para ser muy franco, no venían mucho al caso.

Pero de todos los comerciales que se transmitieron solo hubo uno que captó mi atención absoluta y me hizo realmente pensar en el mensaje que enviaba.
Y que buen mensaje era: “You give a little love and it all comes back to you”
El nuevo comercial de TV de Coca Cola, en el que al mejor de los estilos de esta marca, aprovecharon muy bien la integración de un fuerte concepto, con una gráfica de alto impacto (en este caso basada en el video juego Grand Theft Auto) y una canción pegajosa, de letra sencilla y gran significado.

Los autores de este comercial se basaron en el personaje del video juego: un tipo violento que se dedica al robo de autos mientras que golpea a quien sea que se le ponga en el camino; y le dieron un giro de 180°, pues en esta versión de 20 segundos el sujeto, quien parece estar a punto de golpear a un conductor, le da una botella del azucarado líquido embotellado al tiempo que al fondo, sentado en la banqueta con el estuche de su guitarra frente a el, un músico callejero canta “you give a little love and it all comes back to you”.
Y de ahí el personaje principal continúa su camino haciendo buenas obras a su paso, apagando incendios, rescatando el bolso de una anciana y contagiando a todo el que pasa a su lado de este sabia actitud.

Fuera del juego comercial que esto presenta, y de lo bien hecho que, como publicista, debo reconocer que está, creo que el valor real de este mensaje no esta en el producto sino en su significado: Dar amor siempre traerá consigo abrirse a recibir amor. Tener actos de bondad con otros siempre traerá bondad de regreso.
La vida, dios, el universo o como quieran llamarlo, es muy sabia y, como dicen por ahí: “es muy corta, te cobra y te paga”.

Y que cierto es esto. Y es que no es necesario estar en la búsqueda frenética de acumular bienes y beneficios para uno mismo. El objetivo de la vida no es este.
La razón de nuestro ser no es jalar y recoger, sino brindar ayuda y darnos a los demás.
Abrirnos de corazón y buscar hacer algo por los demás, no importa que tan pequeño o grande sea ese algo, lo importante es estar ahí para los demás.

Lo más curioso de esto es que si comienzan a hacer esto, desde el primer momento en que decidan hacer algo por los demás; y no me refiero a dejar sus vidas y dedicarse a convertirse en imitadores de la Madre Teresa de Calcuta; sino que hagan algo día a día por impactar la vida de quienes los rodean, una sonrisa incluso puede ser la mejor forma de ayudar; se darán cuenta que en efecto, todo viene de regreso.
Haces algo por alguien e inmediatamente tienes tu premio.

¿Y saben por qué? No porque se trate de una transacción entre actos de buena fe, sino porque al buscar ayudar a los demás te abres a recibir de los demás, abres tus ojos a otra realidad, en la que colaborar y aportar es la moneda en que mejor te puedes pagar.
Sino me creen ¿por qué no comienzan hoy mismo a probar? ¿por qué no sonreírle hoy a la primera persona que se cruce en su camino, o ser el primero en decir “buenos días” al subirse al ascensor, o invitarle su café al desconocido que está delante de ustedes en la fila de la cafetería, por ninguna aparente razón?

¿Raro? No lo creo. ¿Necesario? ¡DEFINITIVAMENTE!

Así que en lo que se deciden, los dejo con el spot de televisión. ¡Que lo disfruten!

Empezando el año con saldo a favor. Conclusión

Y así pues, hoy después de hacer todo un recuento de lo vivido el año pasado y de poner las cosas en la balanza, puedo sacar una gran conclusión:

Como ser humano, cada quien debe aprender a no calificar sus vivencias como buenas o malas, sino tan solo como experiencias y lecciones (unas más difíciles que otras) que nos enseñan a vivir.
Y que talvez, si pudiéramos enlistarlas como lo que queremos o nos gustaría y lo que no, veríamos que no siempre lo que uno quiere es lo que realmente necesita, y que entonces también lo que necesitas a veces no es exactamente lo que quieres.
¿Confuso? No hay de que preocuparse, pues la vida siempre nos dará lo que necesitamos.

Y así, gracias a esta gran lección y a todas las demás recibidas, hoy puedo decir con profundo agradecimiento que en verdad tengo una vida colmada de bendiciones, pues tengo

  • Vida, salud y energía.
  • Una esposa, compañera y amiga a quien amo con todo mi corazón.
  • Una familia completa y unidad, y aún tengo a mi papá conmigo.
  • Un hogar lleno de paz, armonía y felicidad
  • Unos amigos entrañables, cercanos y leales.
  • Un trabajo próspero que me permite crecer y ayudar a otros también.

En verdad una vida llena de bendiciones y amor, así que hoy puedo decir, agradecido y feliz que, estoy: Empezando el año con saldo a favor.

Gracias a dios, gracias a la vida por todas sus bendiciones y amor.

Empezando el año con saldo a favor. Cuarta parte.

A tan solo 38 días de terminar el 2006 y a 30 de la fecha en que habíamos planeado tomar nuestras tan merecidas vacaciones; el 22 de noviembre a las 11:30 am aproximadamente, recibí una llamada de mi mamá. “ohoh” pensé yo, pues es tan poco común que ella me marque a la oficina y a esa hora…
“Me preocupa mucho tu papá” comenzó diciendo, explicándome como desde una noche antes, él había comenzado a tener un dolor intenso en el pecho.
Aún no terminaba de hablar con ella cuando ya estaba yo marcándole a mi papá, al mismo tiempo que tomaba mi cosas y me alistaba para salir corriendo por el y llevarlo al hospital.

De esta historia ya he escrito mucho, lo difícil y frustrante que fue, el nivel de tensión y estrés, la angustia y la preocupación; pero también sobre las lecciones aprendidas:

  • La paciencia, la serenidad y la calma que hay que desarrollar.
  • El saberse rendir y pedir ayuda.
  • El ayudar a todos de corazón y no por compromiso. No con lo que te sobra, sino con lo que de verdad haga falta, aún cuando esto signifique un sacrificio personal.
  • Entender que aún cuando tengas la fuerza, la buena intención y la costumbre de resolver, no todo depende de ti.
    Hay que aprender a soltar y dejar que cada quien tome su responsabilidad.
  • Una confirmación más de lo importante que es llegar al balance correcto entre hacer que suceda y dejar que suceda.
  • Recordar lo importante que es la prevención y la planeación.
  • Lo imperante que es el cuidado de la salud. Como sabiamente me dijo hace un poco mi esposa (quien por cierto es más sabia de lo que ella misma cree): “Que fácil y económico es cuidar la salud, pero que difícil y caro es recuperarla”.
  • Comprender que no importa que tan grande sean los problemas y las culpas, no somos nadie para juzgar. No estamos aquí para hacerlo. La vida nos encamino hasta este lugar para ayudar, apoyar, ser ayudados y vivir, y nada más.
  • No calificar como bueno o malo lo que sucede, sino absorber la lección que el momento nos da y que nos ayudará a crecer y prepararnos más, en esta gran universidad que llamamos vida.

Y así pues, hoy después de hacer todo un recuento de lo vivido el año pasado y de poner las cosas en la balanza, he logrado sacar una gran conclusión:

Continuara…

Empezando el año con saldo a favor. Tercera parte.

¡Que difícil decisión!

Tendríamos que cerrar la cafetería y absorber toda la deuda generada y acumulada durante meses, además de tragarnos con un nudo en la garganta toda la inversión, física y emocional que habíamos hecho.

Como se me vino el mundo encima una vez más.


Primero cerrar, tragarse el orgullo otra vez y pedir ayuda.
Ajustar gastos, dejar a un lado los gustos que nos dábamos, sacrificar viajes y compras. Un carro vendido, uno de dos que con tanto esfuerzo había comprado.
“¡Que castigo! ¡por qué otra vez!” Pensaba yo irracionalmente.

Y hoy comprendo que no se trataba de ningún castigo, sino de una gran lección para aprender a desprendernos de lo material, saber administrar nuestros gastos y no tomar nada, absolutamente nada como un hecho.

Entender que no se requiere de muchos bienes para vivir, pues el buen vivir no está en cuantas cosas y juguetes tienes, sino en cuanto disfrutas, gozas y aprecias la vida que hoy tienes; y en saber dar gracias de corazón por las cosas realmente importantes y que sí tienes en tu vida, como:

  • El amor incondicional de tu pareja y el amor que tú tienes por ella.
  • Una vida llena de salud y plenitud.
  • Una familia unida y sana.
  • Un hogar lleno de paz, luz, armonía, energía y felicidad.
  • Un trabajo digno y productivo con el cual ayudar a los demás.
  • A tus amigos cerca de ti.
  • Una vida llena de oportunidades y bendiciones.

Comprender que es aquí donde radica la verdadera abundancia y prosperidad y no en lo material.
Aprender a no depender de un bien material, y por el contrario, disfrutar de la libertad que no tenerlo te da.
Y una vez más comprobar que el balance siempre hay que crear, pues si bien no es indispensable tener algo, algún juguete material, tampoco es malo tenerlo si lo puedes honradamente adquirir, pero sobre todo si lo sabes tener sin que este te tenga a ti.

Y así llegaba el año a su final y ahora sí, todo parecía convertirse en tranquilidad. Los planes y las expectativas eran de por fin descansar, deudas saldar, premios por comprar y ¡viajes por realizar!
¿Y por qué no habría de ser así? Nos lo merecíamos después de todo.

Fue entonces cuando el golpe más fuerte del año llegó…

Continuará…