De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Actúa hoy como quieres ser mañana.

Dicen por ahí que “Atraemos a nosotros como imanes las cosas que deseamos en la vida”.
También dicen que “Las cosas que vivimos las creamos dos veces. Primero cuando las pensamos y después cuando las hacemos realidad.”
Incluso existe un dicho que va “Ten cuidado con lo que deseas pues se puede hacer realidad.”

y en Japón hasta tienen una forma muy discreta de maldecir a alguien cuando dicen “Que todos tus sueños se hagan realidad.”

¿Cuantas veces no han temido tanto a algo que justo eso es lo que les sucede?
O al revés ¿en cuantas ocasiones no han deseado obtener tanto algo que todo lo que les rodea, hasta los comerciales en la televisión, parece recordarles aquello que tanto quieren?

Se que para algunos puede sonar raro y hasta excéntrico pero déjenme decirles que en efecto: Aquello que pensamos y buscamos con nuestra mente, se materializa de una u otra forma en nuestras vidas.

Cada vez que queremos algo o que tememos algo estamos fabricándolo en la línea de ensamble de nuestra mente. Estamos enviando un mensaje fuerte y claro a la vida de qué es lo que deseamos y la vida, eficiente como es, nos lo da.
Por eso es indispensable cuidar muy bien lo que pensamos.

Analícenlo, cada vez que citamos a la famosa “ley de Murphy” se debe justo a que estamos pensando “solo me faltaba…” o “seguro ahora…”, etc. y claro, traemos a nosotros exactamente la situación que queríamos evadir, pero que como la pensamos tanto, nos dirigimos solitos hasta ese punto.

Ahora, véanlo desde otro punto de vista. Piensen en alguna persona que crean ustedes que siempre obtiene lo que quiere, alguien que para ustedes es una persona realmente exitosa. ¿Qué característica tiene?

Una virtud esencial que las personas realmente exitosas en la vida tienen, es que enfocan su energía siempre en crear lo que quieren. En lugar de ser tan reactivos como el resto de la gente, y andar brincando de una crisis en otra, desgastándose y maldiciendo su mala suerte, se detienen a tomar un respiro y a definir que es lo que quieren en la vida.
Se toman el tiempo de entender que es aquello que más les importa en la vida, definen claramente sus valores y los alinean con principios universales como la honestidad y la integridad; y así establecen una clara visión de su vida y con base en esta se dedican día a día a construir su mundo.
Además comprenden bien cuales son sus grandes fortalezas y habilidades y también sus debilidades y limitaciones, y en lugar de lamentarse por las últimas, se enfocan a desarrollar las primeras, siempre manteniendo su visión de vida.

Hoy cada uno de nosotros podemos liberar esta virtud que, a veces por el acondicionamiento a que somos sujetos por la sociedad desde que somos pequeños, dejamos enterrada en el rincón más escondido de nuestro ser.
Hoy podemos regalarnos el tiempo para preguntarnos:
¿Qué es lo que realmente importa en mi vida?
¿Cuáles son los valores más preciados para mí?
¿Qué se hacer muy bien?
¿Con que fortalezas puedo contribuir mejor a mi comunidad?
¿Qué quiero hacer de mi vida?
¿Cómo la quiero vivir?

Definamos que es lo que queremos de la vida de una vez por todas y pensémoslo, hagámoslo, actuémoslo y vivámoslo.

Tomemos una tarjeta en blanco que podamos traer con nosotros siempre o que podamos dejar siempre a la vista y escribamos en ella nuestra visión de vida , enfoquemos toda nuestra energía a trabajar bajo esta visión y comencemos desde ya a actuar hoy como queremos ser mañana.

Cuatro supuestos para llevar una vida más balanceada

Durante las últimas semanas he estado leyendo, repasando y estudiando el libro “El Octavo Hábito” del Dr. Stephen Covey, a quien seguramente me han visto mencionar en muchos de los temas que he tocado anteriormente.
En este libro, Covey toca un tema de suma importancia: El desarrollo de las 4 inteligencias que como seres humanos tenemos.

Por un lado, está la inteligencia física, la de nuestro cuerpo, la inteligencia que está ahí en todo momento sin que nosotros estemos conscientes de ella, coordinando a todo nuestro organismo.
También está la inteligencia mental, que es la más comunmente conocidad de todas, se trata básicamente de nuestra capacidad para analizar, razonar, manejar nuestros pensamientos abstractos, usar el lenguaje, comprender, etc.
Ahora, y desde hace algunos años, se habla mucho de la inteligencia emocional que es la que nos permite conocernos y estar conscientes de nosotros mismos, nos brinda diferentes capacidades como la sensibilidad, la empatía, la comunicación y el relacionarnos con los demás.

Hasta ahora, la mayoría de nosotros habíamos escuchado solo sobre estas 3, pero Covey habla de una cuarta inteligencia: La espiritual.

La inteligencia espiritual, que por cierto ya es sujeto de diferentes investigaciones científicas y filosóficas, es, a decir de Covey, la más fundamental de todas ya que se convierte en la fuente de dirección para las otras tres, esta representa nuestra búsqueda de dar significado a lo que hacemos y la que nos permite, a través de nuestra conciencia, estar seguros de lo que hacemos es lo correcto.

Después de haber leído tanto sobre estas, he llegado a la conclusión de que desarrollar las 4 inteligencias es una obligación que como seres humanos tenemos todos, y no es tarea fácil, hay muchos pasos que seguir, muchas prácticas que adoptar y conceptos que comprender.

Probablemente en las siguientes semanas hable mucho más de cada una de estas 4 dimensiones, pero en tanto eso sucede, hay 4 sencillas suposiciones que Covey recomienda hacer para ayudarnos desde ya a desarrollarlas y comenzar a llevar una vida más balanceada:
  1. Para el cuerpo (Inteligencia Física): asume que has tenido un infarto, ahora comienza a vivir de acuerdo a esto.
  2. Para la mente (Inteligencia Mental): asume que estás a dos años de llegar a la mitad de tu vida profesional, prepárate de acuerdo a esto.
  3. Para el corazón (Inteligencia Emocional): Asume que todo lo que dices de otra persona, él o ella lo puede escuchar, ahora habla de acuerdo a eso.
  4. Para el espíritu (Inteligencia Espiritual): Asume que tienes una revisión de resultados uno a uno con Dios cada 3 meses, ahora vive de acuerdo a eso.
Desde mi punto de vista, estos 4 puntos y los resumiría en:

  • Vive sanamente, cuida, nutre y ejercita tu cuerpo.
  • Se previsor y prepárate para el futuro, pero no dejes de disfrutar el presente, goza el momento que estás viviendo.
  • No hables más de los demás, como dicen por ahí: “Si no tienes nada bueno que decir de alguien, mejor mantente callado”.
  • Se responsable de tu vida y tus acciones. Define tus valores y principios y vive de acuerdo a ellos y se agradecido por todo lo que tienes.

Náufragos

Hace poco fui a ver una película que no esperaba que me impactara tanto.

Esta cinta, titulada “En busca de la felicidad”, relata la historia de un padre que ante todo obstáculo lucha por realizar su sueño a la vez que tiene que mantener y cuidar del bienestar físico y emocional de su pequeño hijo.
Cada escena es impresionante, talvez no solo por las grandes actuaciones que presentan (con razón estuvo Will Smith nominado para el Oscar a mejor actor) sino porque se trata de una historia de la vida real, lo que indudablemente lleva a uno a pensar en el sin fin de casos como este que existen hoy en el mundo…pero este es tema para otra ocasión…

Les decía, todas las escenas son intensas, desde ver como es abandonado por su esposa, perseguido por un taxista o arrestado por falta de pagos, hasta el más crítico momento cuando él y su pequeño son lanzados a la calle y forzados a pasar la noche ocultos en un baño público del metro de San Francisco.

Pero aún cuando durante toda la película tuve un nudo en la garganta, no fue ninguna de estas secuencias lo que más me impactó. En realidad, el momento que me hace recordar la cinta hoy es cuando el niño (quien por cierto en la vida real es el hijo de Will Smith) sin saberlo y haciéndolo a modo de “chiste”, le dan una gran lección a su papá. Y el “chiste” va así:

Un náufrago se encontraba flotando a la deriva en medio del océano y sin la más mínima señal de tierra a la vista.

”Dios mío, sálvame, por favor ven a rescatarme” rezaba fervientemente
Después de unos momentos, un bote pesquero pasó y se detuvo para ofrecerle ayuda, pero cuando el capitán del barco le arrojó un salvavidas, el náufrago en lugar de sujetarlo lo rechaza y explica que no se irá con ellos pues está esperando a que Dios venga a rescatarlo.
Pasan las horas y vuelve a pedir a Dios que venga a salvarlo, entonces de la nada aparece un gran crucero que se detiene y envía una lancha salvavidas a recoger al sujeto, pero este lo rechaza nuevamente, explicándole a la tripulación que está esperando a que Dios venga a rescatarlo.
Y así continuó pasando el tiempo hasta que sus fuerzas se acabaron y comenzó a sumergirse irremediablemente mientras pensaba “Díos vendrá a rescatarme”.
Cuando el náufrago volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que no se encontraba en tierra firme, sino en el Cielo. Indignado corrió en busca de Dios a quien le pregunta: “¿Por qué nunca fuiste a rescatarme? Todo el tiempo te estuve rezando y nunca acudiste a mi salvación.” A lo que Dios, simplemente responde: “¿Nunca? ¡Pero si te he enviado dos barcos!”

Cada vez que pienso en este relato, no puedo evitar recordar las palabras de Pamela Miles, Maestra Reiki y Directora y fundadora del Instituto para el avance de terapias complementarias en Nueva York, NY. Y consultora y desarrolladora de terapias complementarias en varios de los principales hospitales de esa ciudad, cuando dice: “La espiritualidad tiene dientes”.

En una época tan agitada como en la que estamos viviendo, cada vez es más fácil distinguir dos grupos de personas:

Por un lado están aquellos que se tiran al sufrimiento, dejando a un lado toda fe o esperanza y que siguen haciendo lo mismo de siempre, dejándose llevar por los momentos buenos y malos en sus vidas, dejando en sus días espacio solo para quejarse y culpar a todos y a todo por sus problemas.
Y por el otro, está un grupo de personas llenas de fe y esperanza que ante todo problema se detienen a rezar y poner todo en manos de Dios.

Yo a estos últimos les llamo ahora “NÁUFRAGOS” Y para ser sinceros no les encuentro ninguna ventaja sobre el primero.

Afortunadamente también hay un tercer grupo, el de aquellas personas que no solo son positivas y están llenas de fe y esperanza, pero que también están llenos de acción.
Aquellos que no solo piden ayuda, sin que en verdad se dejan ayudar y sí “se suben al barco”.
Este grupo de gente es quien mueve al mundo. Es el grupo que no se deja vencer por los retos y que continúa luchando.

Todos conocemos a alguien así, y no me refiero a grandes líderes como Gandhi o Mandela, sino a personas tan comunes como nosotros mismos. Talvez vean este ejemplo en algún familiar, un amigo o un viejo maestro.
¿No los ubican? Son fáciles de identificar, son justo esas personas que siempre están explorando una nueva oportunidad, esa gente de la que siempre pensamos “Que suerte tiene este, siempre le va bien”. No son súper hombres ni súper mujeres, mucho menos los elegidos. Simplemente son aquellos sujetos que sí piden ayuda, pero que no solo se sientan a esperarla, sino que salen a buscarla y toman acción.

Son esos aparentes “náufragos” que cuando piden ayuda no esperan a que aparezca el capitán del crucero del amor (wow, flashback!), sino que abordan la balsa que les ofrece la posibilidad de seguir adelante y hacen con ella su mejor esfuerzo.
Demostrándonos a todos que en realidad la espiritualidad, SÍ tiene dientes.

Entonces, hoy habría que preguntarnos: ¿A qué grupo queremos pertenecer?

Un fin de semana con Mitch y Morrie – Dos grandes lecciones más.

Recordarán la cita que hice de Stephen Covey en el artículo pasado sobre aprender enseñando y practicando.

Bueno pues aquí está la otra parte de la cita, además de compartir lo aprendido y ponerlo en práctica, también hay que reportar los resultados que vas obteniendo al aplicar ese nuevo conocimiento en tu vida diaria.

Así que muchísimas gracias a todos los que respondieron la semana pasada. Sus respuestas no solo me alegraron la semana, pero me dejaron inspirado y cargado de energía para continuar escribiendo.

Se que muchos de ustedes habrán sentido curiosidad por saber algo más sobre la historia de Morrie, así que si aún no han comprado el libro, pero siguen con la intención de averiguar un poco más sobre el, pueden visitar www.tuesdayswithmorrie.com

Mientras tanto hoy les quiero compartir dos lecciones más que recibí de este gran profesor:

Lección aprendida número 2:
Una vez que aprendes a morir, aprendes a vivir.

Tristemente pasamos gran parte de nuestras vidas como robots, haciendo automáticamente lo que la sociedad nos ha enseñado: trabajo, ambición, acumulación de bienes materiales, etc.

Y vamos por el camino como zombis andando al paso de la órdenes de ganar más dinero, vende más y compra más, trabaja más, produce más, vende más y compra más, compra más y más.

Y no le damos ni la más mínima consideración a lo que realmente es importante y nos hace feliz.
Hasta que un día nos topamos frente a frente con la posibilidad de morir, con la posibilidad de dejar de existir de un momento a otro y sin aviso alguno y si somos afortunados (y sensatos), aprovechamos la oportunidad para poner en la balanza todo lo material y lo espiritual que hemos acumulado y la triste realidad es que el resultado no es lo que esperábamos.

Y como dice Robien Sharma “Aún no he visto a un camión de mudanzas atrás de una carroza fúnebre”.

Si entendemos esto entonces nos podemos sacudir de todo lo superficial y enfocarnos en lo esencial. Podemos abrir los ojos cada mañana agradeciendo contar con un día más de vida y decidir aprovecharlo para impactar la vida de alguien más, para contribuir con tu comunidad, para darle valor a tu vida y a la de los demás.

Lección aprendida número 3:
El estatus no te lleva a ningún lugar.

Esto lo cito textual de las lecciones de Morrie.
“Existe una gran confusión entre lo que queremos y lo que necesitamos.
No se necesitan un auto último modelo ni tener la casa más grande del vecindario para sobresalir.”
“La verdad es que no se obtiene una real satisfacción de estas cosas; lo que realmente te da satisfacción es ofrecer a los otros lo que tú puedes dar.
Dedica tu vida a amar a los demás.
Dedícate a ayudar en tu comunidad.
Dedícate a crear algo que le de un verdadero propósito y significado a tu vida.”

“No te pierdas entregándote a la acumulación descontrolada de objetos materiales.

Si lo haces para demostrarle a los que tienen más que tu lo que ya has acumulado, de nada servirá, pues ellos te seguirán viendo con desdén; y si lo haces para presumirles a los que tienen menos que tu, tampoco servirá pues solo crearás envidias.
Así que solo haz las cosas que salgan de tu corazón, al hacerlo no te sentirás insatisfecho, ni envidioso, mucho menos deseando lo que otros tienen; por el contrario, te sorprenderás con todo lo que recibirás.”

A está lección quisiera ponerle un toque adicional de una enseñanza de Sharma:
No es que esté mal poseer bienes materiales o comprarse aquel juguete que querías desde hace tiempo. Lo que esta mal es que estos bienes te posean a ti.
Es decir uno puede adquirir aquellos bienes que le puedan hacer la vida más cómoda, pues no se trata de hacer un voto de austeridad, sino de hacer un voto de ser desprendido de lo material, lo que significa que tener o dejar de tener no debe cambiar en ningún caso quien eres ni la actitud de cómo habrás de vivir tu vida.

Aún hay muchas lecciones de Morrie que Mitch compartió con todo el mundo. Seguramente seguiré escribiendo sobre ellas, pero definitivamente les recomiendo leerlas personalmente y sacar sus propias conclusiones.

Mientras tanto …Gracias Robin por recomendarme este libro, una vez más tus sugerencias me han hecho pensar profundamente en mi vida. Gracias Mitch por compartir a Morrie con nosotros. Y sobre todo, gracias Morrie por todas tus lecciones y convertirte en nuestro maestro aun cuando no tuvimos el honor de estar en tu salón de clases.

Un fin de semana con Mitch y Morrie

Existe un autor, consultor, gurú, conferencista, maestro, guía o como quieran llamarlo que con su obra ha ayudado a muchos, (me incluyo en la larga lista) a darle un gran giro a sus vidas.
Seguramente lo reconocerán pues lo he citado ya varias veces hablando de otros temas en el pasado. Se trata de Robin Sharma, el famoso autor de “El Monje que vendió su Ferrari” y toda su saga de más de 5 libros y otros más, y conocido conferencista y consultor de las más importantes empresas a nivel mundial en Liderazgo y en un tema muy complejo pero muy común: la vida.
Ya habrá tiempo de hablar más de el, pero por ahora quiero comentar sobre una obra que a él le inspiró a seguir este camino.

En varios de sus libros menciona esto, pero a decir verdad me tomó tiempo darme cuenta de ello, hasta que en uno de sus textos titulado “¿Quién llorará cuando tu mueras? Lecciones de vida del Monje que vendió su Ferrari”, una obra directa y clara, escrita para retomar todas y cada una de las lecciones que a modo de novela había impartido en sus obras anteriores lo indica como una lección muy especial: ”Lección 36 – Lee Tuesdays with Morrie de Mitch Albom.”

Hace unas semanas por fin tuve oportunidad de sentarme a leerlo durante todo un fin de semana. Qué gran obra, que forma tan sencilla de transmitir las más complejas lecciones de la vida. En este recuento de un hecho de la vida real, el autor (Mitch) relata los días tan especiales que compartió con su antiguo maestro de la universidad (Morrie) mientras esperaban el desenlace de una fatal enfermedad que consumía paso a paso la vida del profesor.
No me sorprende que Sharma haya escogido esta obra como una de las lecciones para sus lectores, pues está tan repleto de sabiduría y pasión por vivir que en verdad uno prácticamente puede escuchar al mismo Morrie dar sus cátedras de vida a su amigo y alumno.
El libro, aunque por su redacción es muy sencillo de leer, hay que leerlo más de una vez, pues bien merece ser leído, analizado, digerido y estudiado una y otra y otra vez, para realmente aprender sobre un poco de su sabiduría.

Y siguiendo la recomendación de Stephen Covey en la que dice: “Para aprender no solo basta con estudiar, hay que compartir lo aprendido y ponerlo en práctica” es que quiero compartir con ustedes algunas lecciones que me ha dejado Morrie:

Lección aprendida número 1:
Lo más importante en la vida es aprender no solo a dar amor sino a recibirlo también.

Culturalmente siempre nos centramos en la parte de DAR AMOR, entendemos que nuestra labor es darlo aun cuando en la mayoría de las ocasiones no sepamos ni como, así que cuando es momento de recibirlo nos aterrorizamos.
Pensamos que no lo merecemos o que quedaremos frágiles ante aquella persona que nos está dando su amor. ¿Entonces que pasa? Nuestra inseguridad nos torna tímidos, fríos y hasta indiferentes, mostramos una extraña incomodidad ante una caricia o un beso, apenas nos abrazan y queremos soltarnos, dar la media vuelta y salir corriendo.

Y esto le pasa a muchos, no quieran aparentar que no. A ver ¿Cuántas veces como adolescentes (o algunos incluso ahora en su vida adulta) rechazaron el abrazo o beso su papá o mamá porque “ya estaban muy grandes para eso”? ¿Cuántos de ustedes no han “preferido” continuar viendo la caja idiota (Televisión) en lugar de corresponder al abrazo de su pareja? ¿En cuantas ocasiones se han negado a escuchar una palabra de aliento de un ser querido que les dice lo mucho que valen?

El amor no solo hay que aprender a darlo, hay que saber disfrutarlo. Hay que aprender a quedarse quieto, cerrar los ojos y dejarse llevar por esa extraordinaria sensación de sentirse querido, gozar cada caricia, cada abrazo y cada beso.
Después de todo ¿Cómo vamos a saber como dar amor sino sabemos qué se siente recibirlo?

Así que siguiendo con esta recomendación, que ahora hago mía también, no se queden con leer esta lección aquí, digiéranla, practíquenla y compártanla, y por favor déjenme saber el impacto que esto tiene en sus vidas.

Aún hay varias lecciones de Morrie que quiero compartir, pero hay que darse el tiempo de saborear, practicar y compartir lo aprendido así que practiquemos esta lección durante los siguientes días…pronto les compartiré las demás.

You give a little love and it all comes back to you

Que buen mensaje!

Como muchos de ustedes deben saber es ya una tradición que año con año los más grandes anunciantes de la televisión produzcan versiones especiales de sus comerciales o incluso campañas totalmente nuevas e impactantes para lanzar en los espacios comerciales del Super Bowl.
Así que, como el buen publicista, vicioso de su trabajo que soy, no pude dejar la ocasión y me di a la tarea de buscar todos los anuncios que este año se transmitieron.

¡Que buenas piezas publicaron! Unas más divertidas que otras, muchas siguiendo el clásico formato de un comercial de televisión, algunas con clichés y estereotipos, otras aprovechando a los personajes que ya habían creado o a celebridades que, para ser muy franco, no venían mucho al caso.

Pero de todos los comerciales que se transmitieron solo hubo uno que captó mi atención absoluta y me hizo realmente pensar en el mensaje que enviaba.
Y que buen mensaje era: “You give a little love and it all comes back to you”
El nuevo comercial de TV de Coca Cola, en el que al mejor de los estilos de esta marca, aprovecharon muy bien la integración de un fuerte concepto, con una gráfica de alto impacto (en este caso basada en el video juego Grand Theft Auto) y una canción pegajosa, de letra sencilla y gran significado.

Los autores de este comercial se basaron en el personaje del video juego: un tipo violento que se dedica al robo de autos mientras que golpea a quien sea que se le ponga en el camino; y le dieron un giro de 180°, pues en esta versión de 20 segundos el sujeto, quien parece estar a punto de golpear a un conductor, le da una botella del azucarado líquido embotellado al tiempo que al fondo, sentado en la banqueta con el estuche de su guitarra frente a el, un músico callejero canta “you give a little love and it all comes back to you”.
Y de ahí el personaje principal continúa su camino haciendo buenas obras a su paso, apagando incendios, rescatando el bolso de una anciana y contagiando a todo el que pasa a su lado de este sabia actitud.

Fuera del juego comercial que esto presenta, y de lo bien hecho que, como publicista, debo reconocer que está, creo que el valor real de este mensaje no esta en el producto sino en su significado: Dar amor siempre traerá consigo abrirse a recibir amor. Tener actos de bondad con otros siempre traerá bondad de regreso.
La vida, dios, el universo o como quieran llamarlo, es muy sabia y, como dicen por ahí: “es muy corta, te cobra y te paga”.

Y que cierto es esto. Y es que no es necesario estar en la búsqueda frenética de acumular bienes y beneficios para uno mismo. El objetivo de la vida no es este.
La razón de nuestro ser no es jalar y recoger, sino brindar ayuda y darnos a los demás.
Abrirnos de corazón y buscar hacer algo por los demás, no importa que tan pequeño o grande sea ese algo, lo importante es estar ahí para los demás.

Lo más curioso de esto es que si comienzan a hacer esto, desde el primer momento en que decidan hacer algo por los demás; y no me refiero a dejar sus vidas y dedicarse a convertirse en imitadores de la Madre Teresa de Calcuta; sino que hagan algo día a día por impactar la vida de quienes los rodean, una sonrisa incluso puede ser la mejor forma de ayudar; se darán cuenta que en efecto, todo viene de regreso.
Haces algo por alguien e inmediatamente tienes tu premio.

¿Y saben por qué? No porque se trate de una transacción entre actos de buena fe, sino porque al buscar ayudar a los demás te abres a recibir de los demás, abres tus ojos a otra realidad, en la que colaborar y aportar es la moneda en que mejor te puedes pagar.
Sino me creen ¿por qué no comienzan hoy mismo a probar? ¿por qué no sonreírle hoy a la primera persona que se cruce en su camino, o ser el primero en decir “buenos días” al subirse al ascensor, o invitarle su café al desconocido que está delante de ustedes en la fila de la cafetería, por ninguna aparente razón?

¿Raro? No lo creo. ¿Necesario? ¡DEFINITIVAMENTE!

Así que en lo que se deciden, los dejo con el spot de televisión. ¡Que lo disfruten!

Empezando el año con saldo a favor. Conclusión

Y así pues, hoy después de hacer todo un recuento de lo vivido el año pasado y de poner las cosas en la balanza, puedo sacar una gran conclusión:

Como ser humano, cada quien debe aprender a no calificar sus vivencias como buenas o malas, sino tan solo como experiencias y lecciones (unas más difíciles que otras) que nos enseñan a vivir.
Y que talvez, si pudiéramos enlistarlas como lo que queremos o nos gustaría y lo que no, veríamos que no siempre lo que uno quiere es lo que realmente necesita, y que entonces también lo que necesitas a veces no es exactamente lo que quieres.
¿Confuso? No hay de que preocuparse, pues la vida siempre nos dará lo que necesitamos.

Y así, gracias a esta gran lección y a todas las demás recibidas, hoy puedo decir con profundo agradecimiento que en verdad tengo una vida colmada de bendiciones, pues tengo

  • Vida, salud y energía.
  • Una esposa, compañera y amiga a quien amo con todo mi corazón.
  • Una familia completa y unidad, y aún tengo a mi papá conmigo.
  • Un hogar lleno de paz, armonía y felicidad
  • Unos amigos entrañables, cercanos y leales.
  • Un trabajo próspero que me permite crecer y ayudar a otros también.

En verdad una vida llena de bendiciones y amor, así que hoy puedo decir, agradecido y feliz que, estoy: Empezando el año con saldo a favor.

Gracias a dios, gracias a la vida por todas sus bendiciones y amor.

Empezando el año con saldo a favor. Cuarta parte.

A tan solo 38 días de terminar el 2006 y a 30 de la fecha en que habíamos planeado tomar nuestras tan merecidas vacaciones; el 22 de noviembre a las 11:30 am aproximadamente, recibí una llamada de mi mamá. “ohoh” pensé yo, pues es tan poco común que ella me marque a la oficina y a esa hora…
“Me preocupa mucho tu papá” comenzó diciendo, explicándome como desde una noche antes, él había comenzado a tener un dolor intenso en el pecho.
Aún no terminaba de hablar con ella cuando ya estaba yo marcándole a mi papá, al mismo tiempo que tomaba mi cosas y me alistaba para salir corriendo por el y llevarlo al hospital.

De esta historia ya he escrito mucho, lo difícil y frustrante que fue, el nivel de tensión y estrés, la angustia y la preocupación; pero también sobre las lecciones aprendidas:

  • La paciencia, la serenidad y la calma que hay que desarrollar.
  • El saberse rendir y pedir ayuda.
  • El ayudar a todos de corazón y no por compromiso. No con lo que te sobra, sino con lo que de verdad haga falta, aún cuando esto signifique un sacrificio personal.
  • Entender que aún cuando tengas la fuerza, la buena intención y la costumbre de resolver, no todo depende de ti.
    Hay que aprender a soltar y dejar que cada quien tome su responsabilidad.
  • Una confirmación más de lo importante que es llegar al balance correcto entre hacer que suceda y dejar que suceda.
  • Recordar lo importante que es la prevención y la planeación.
  • Lo imperante que es el cuidado de la salud. Como sabiamente me dijo hace un poco mi esposa (quien por cierto es más sabia de lo que ella misma cree): “Que fácil y económico es cuidar la salud, pero que difícil y caro es recuperarla”.
  • Comprender que no importa que tan grande sean los problemas y las culpas, no somos nadie para juzgar. No estamos aquí para hacerlo. La vida nos encamino hasta este lugar para ayudar, apoyar, ser ayudados y vivir, y nada más.
  • No calificar como bueno o malo lo que sucede, sino absorber la lección que el momento nos da y que nos ayudará a crecer y prepararnos más, en esta gran universidad que llamamos vida.

Y así pues, hoy después de hacer todo un recuento de lo vivido el año pasado y de poner las cosas en la balanza, he logrado sacar una gran conclusión:

Continuara…

Empezando el año con saldo a favor. Tercera parte.

¡Que difícil decisión!

Tendríamos que cerrar la cafetería y absorber toda la deuda generada y acumulada durante meses, además de tragarnos con un nudo en la garganta toda la inversión, física y emocional que habíamos hecho.

Como se me vino el mundo encima una vez más.


Primero cerrar, tragarse el orgullo otra vez y pedir ayuda.
Ajustar gastos, dejar a un lado los gustos que nos dábamos, sacrificar viajes y compras. Un carro vendido, uno de dos que con tanto esfuerzo había comprado.
“¡Que castigo! ¡por qué otra vez!” Pensaba yo irracionalmente.

Y hoy comprendo que no se trataba de ningún castigo, sino de una gran lección para aprender a desprendernos de lo material, saber administrar nuestros gastos y no tomar nada, absolutamente nada como un hecho.

Entender que no se requiere de muchos bienes para vivir, pues el buen vivir no está en cuantas cosas y juguetes tienes, sino en cuanto disfrutas, gozas y aprecias la vida que hoy tienes; y en saber dar gracias de corazón por las cosas realmente importantes y que sí tienes en tu vida, como:

  • El amor incondicional de tu pareja y el amor que tú tienes por ella.
  • Una vida llena de salud y plenitud.
  • Una familia unida y sana.
  • Un hogar lleno de paz, luz, armonía, energía y felicidad.
  • Un trabajo digno y productivo con el cual ayudar a los demás.
  • A tus amigos cerca de ti.
  • Una vida llena de oportunidades y bendiciones.

Comprender que es aquí donde radica la verdadera abundancia y prosperidad y no en lo material.
Aprender a no depender de un bien material, y por el contrario, disfrutar de la libertad que no tenerlo te da.
Y una vez más comprobar que el balance siempre hay que crear, pues si bien no es indispensable tener algo, algún juguete material, tampoco es malo tenerlo si lo puedes honradamente adquirir, pero sobre todo si lo sabes tener sin que este te tenga a ti.

Y así llegaba el año a su final y ahora sí, todo parecía convertirse en tranquilidad. Los planes y las expectativas eran de por fin descansar, deudas saldar, premios por comprar y ¡viajes por realizar!
¿Y por qué no habría de ser así? Nos lo merecíamos después de todo.

Fue entonces cuando el golpe más fuerte del año llegó…

Continuará…

Empezando el año con saldo a favor. Segunda parte.

…El trabajo…

¡Que abrumador reto! Tomar una responsabilidad más grande, tomar un negocio perdido y transformarlo, sacarlo adelante. ¿Cuántas veces habré pensando en renunciar?
El equipo tan pequeño, falto de experiencia, los recursos tan escasos, las exigencias de tantos clientes a la vez, sin contar las expectativas tan altas del grupo.
¡Que presión! Pero que grande lecciones me dejó.

  • Primero que nada a entender que uno no es consecuencia ni víctima de la situación, sino causa, motivo y motor. Y que al mismo tiempo hay que dejar que la vida actúe y haga su parte también.
  • Segundo, aprender a confiar, no solo en los otros y así saber delegar, par más importante aún a confiar en mi mismo, saberme seguro y capaz; y entender que el lugar en el que estás no es casualidad, sino que existe una fuerte razón más allá de lo obvio, para estar ahí. AYUDAR Y COLABORAR CON TODOS.
    A algunos a crecer y aprender, a otros a realizar mejor su trabajo, o unos más a partir para un nuevo camino; ayudar a todos a cumplir sus objetivos.
  • Tercero, aprender o mejor dicho a reconocer que el trabajo es tan solo un medio de vida y no una razón para vivir.Y a la vez entender que lo importante no es hacer un lado el trabajo y enfocarte solo a tu vida personal, sino que hay que crear un balance perfecto entre ambos, y que ese equilibrio solo está en ti lograr.

    Y avanzaba el año y las experiencias seguían acumulándose. Llegado marzo toda crisis parecía ceder y dar una respiro, cuando tuvimos que tomar una muy difícil decisión…Que gran lección estábamos por recibir…

    Continuará…

Empezando el año con saldo a favor. Primera parte.

Que buen año resultó ser, depués de todo, el 2006.
Cuantos sucesos, cuantas experiencias vividas. Cuanta alegría y cuanta tristeza, tanta esperanza y tanto desaliento. Cuantos contrastes y cuanto aprendizaje.

Tantas cosas sucedieron, tantos retos vencidos, tanta risa y tanto llanto. Tantos momentos en los que sentimos ahogarnos y tantos otros en los que nos sentimos super dotados.

Tantos instantes tan contrastantes y al mismo tiempo con una gran constante:
Difícil o sencillo, triste o alegre, todos estos momentos pasarían, cada uno de ellos tendrían, a su debido tiempo, su solución. A veces favorables y otras no tanto, pero eso sí todas superadas. Todos quedarían atrás para dejarnos tan solo sus lecciones.

Y así, en la tercera semana de este nuevo año, hago un recuento de aquellas vivencias que marcaron el 2006, sus resultados y sus lecciones:

Primero, la cafetería.

Que grandiosa experiencia y que difícil.
La inversión, los gastos imprevistos, el tiempo requerido, el esfuerzo y el desgaste físico, mental y emocional, no perder la confianza en la gente y no regalarla de más, aprender a administrarse, a ser humilde y aceptar que te has equivocado y perdir ayuda.
Saber que sí se puede dar marcha atrás y no considerarlo un fracaso.

Que gran descubrimiento, darte cuenta que puedes dejar de calificiar la situación como buena o mala y que la puedes llamar simplemente: EXPERIENCIA.
Poder absorver de esta las lecciones que tenía la vida preparada para ti:

  • Que lo más importante es no perder la fe, que nada está perdido y que sí se puede salir adelante.
  • Que debes de manternerte fuerte y creer firmamente en ti y en los tuyos.
  • En que la confianza en tu pareja es clave y que pase lo que pase, lo que cuenta es permanecer unidos y juntos hacer frente a cualquier reto.
  • Que sí puedes desprenderte de lo material y que lo más seguro es que al desprenderte de ello caigas en la realización de que no se trataba mas que de una carga adicional e innecesaria.
  • A cuidar tu presupuesto y vivir con lo que necesitas y no con lo que por capricho quieres tener.
  • Pero sobre todo aprender a atreverte, a tomar la decisión y asumir los riesgos. Entender que, como dicen por ahí: “nunca sabrás que hay del otro lado del oceano, si no te separas de la orilla”.

Cuantas lecciones…No terminaba esta situación cuando ya vivía otro reto en mi vida laboral…
…continuará…

De lo cotidiano…y lo no tanto.

Esta es la primera entrada de este nuevo Blog: De lo cotidiano…y lo no tanto.

Aquí quisiera compartir con aquellos que busquen día a día un mayor entendimiento de este mundo, de la vida, del comportamiento del ser humano y tratar de profundizar y conocer el punto de vista de otras personas ajenas al mundo que hoy me rodea.

Talvez suene trillado… un blog existencialista más a la red…
¿Pero no será que siendo que hay tantos blogs sobre la vida, que aún somos muchos los que queremos aprender a vivir mejor?

Así pues dejo esta primera entrada con un pensamiento que he estudiado desde hace muchos días:

Que inútil preocuparte por aquello que no puedes controlar, como el futuro, el gobierno, las guerras… Mejor ocúpate de eso que sí puedes influenciar como tu trabajo, tu ayuda a los demás, tu atención a todos los que contigo están; y contribuye así a traer un poco más de paz.

¡Hasta la próxima!