Imagínate subiendo por la escalera de una plataforma de clavados por primera vez. Pasas el trampolín de los tres metros y continuas subiendo hasta la plataforma de los 10 metros, mientras te preguntas qué estabas pensando cuando decidiste hacer esto, y evitas a toda costa voltear hacía atrás.

Al fin llegas hasta la cima, pones un pié en la plataforma y luego el otro.  Los tres metros de ancho te resultan demasiado angostos para poderte mover (si tu cuerpo te lo permite) y eternos te parecen los 6 metros de largo que ahora tienes que recorrer.

Poco a poco recuperas el aliento y algo de movilidad. Te acostumbras al espacio pero sabes que no puedes quedarte ahí, tienes que continuar. Un pié frente al otro y el primero otra vez, comienzas a avanzar. Sabes que tienes que saltar, por eso haz subido hasta allá.

Cada paso representa unos segundos más para hacerte de valor. Tres pasos más y estarás a punto de saltar. Solo medio paso más y nada te detendrá.  Es el momento de la verdad, en el que te demostrarás lo mucho o no tanto que crees en ti.

Voltear atrás y regresar por donde llegaste resulta ahora mucho más peligroso que saltar, y quedarte donde estás lo es aún más. Tienes que saltar.

Lo piensas dos veces y una vez más. Calculas los escenarios e imaginas más de una situación. Recuerdas a todas las personas que has visto saltar. ¿Cómo lo hicieron?

Decenas de emociones sientes a la vez. La duda te invade. El valor crece pero el miedo también. Quieres reír, quieres llorar. Abajo la gente grita porras y lanza frases de ánimo, prometiéndote que todo saldrá bien; ¿pero qué saben ellos si están cómodos y seguros donde están? Atrás de ti viene alguien más que quiere saltar. Sientes la presión. Te llenas de ánimo y la adrenalina recorre tu cuerpo. Ha llegado el momento y entonces das un paso para atrás y recuerdas que regresar no es ya una opción.
Quedarte ahí colgado, mucho menos lo es.

Solo hay dos opciones al frente, saltar con intención y dirección, confiando en que la caída será segura o solo dando un paso adelante y dejándote caer, dudoso de dónde y cómo caerás.

Estás a punto de hacerlo… y en eso despiertas y recuerdas que no es una alberca la que hay ahí abajo, sino el siguiente paso en tu carrera, mejor dicho en tu vida, el que vas a dar.

Así que tu, sonríes y…

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