De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

¿Qué haces hoy por ser más feliz?

Con frecuencia nos quejamos sobre nuestra vida, sobre el exceso de trabajo que tenemos o la falta de reconocimiento por el mismo. Protestamos porque no nos gusta lo que hacemos o porque nunca tenemos tiempo para hacer aquello que sí amamos hacer y luego nos lamentamos porque no obtenemos que lo que deseamos. Nos quejamos pues no nos gusta el lugar donde vivimos o la manera en que lo hacemos.
Pero ¿Qué hacemos por cambiar todo eso? ¿En qué estamos trabajando hoy para acercarnos mucho más a aquello que queremos para nuestras vidas?

Un pensamiento importante que compartir con ustedes hoy: “Identifica muy bien que es lo que quieres en tu vida para ser feliz, ve y tómalo”

No me refiero a que sin importar el sentir de los demás obtengas algo mientras los pisoteas para lograrlo. Me refiero a que trabajes por lo que quieres. Me refiero a que tengas claro que es lo quieres en tu vida, lo visualices, lo pienses, lo sientas y lo vivas con intensidad.
Y me refiero a que actúes con integridad y que tus acciones sean totalmente congruentes con tus prioridades en la vida.

Solo así, creo yo, uno puede obtener la felicidad de verdad.

Después de todo ¿De qué sirve matarse horas en el trabajo haciendo una labor que nos hace desdichados y no nos permite estar con nuestra familia o dedicar tiempo a ese hobby que tanto amamos hacer? ¿Qué sentido tiene ser un empresario exitoso que ha acumulado una riqueza interminable si lo que te mueve en el interior es convivir con niños pequeños y ni siquiera tienes oportunidad de estar cerca de los tuyos?

Como dice Peter Drucker: “Nada es tan inútil como hacer eficientemente aquello que no tiene razón de hacerse”.

Por eso hoy mismo, define bien cuales son tus prioridades en la vida, identifica que cosas y que actividades te llenan más de felicidad y te hacen sentir pleno.
Y no solo las pienses, escríbelas concienzudamente y haz un análisis profundo de que tanto tiempo les estás dedicando en realidad.

Si para ti, tu familia es lo más importante, entonces asegúrate de dedicarles tiempo de verdad, haz un plan de acción (y nota que la palabra clave aquí es acción, pues de nada sirve que solo lo escribas sin lo accionas) y detalla paso a paso lo que harás para asegurarte de demostrar que en realidad ellos son tu prioridad. Talvez sea crear una actividad familiar específica para los fines de semana o asegurarte de estar en casa antes de determinada hora para poder compartir diferentes momentos con ellos.

Si lo que quieres es tiempo para ti, entonces haz un espacio en tu agenda para dedicarlo a ti. Talvez en este momento estén pensando: “aja, con tanto trabajo ¿a qué hora? ¡Si no tengo tiempo ni para ir al baño!.”
Yo en lo personal lo que en este respecto he hecho es hacer mías dos lecciones que aprendí de ese mentor que tanto me ha enseñado, Robin Sharma:
Primero que nada, para contar con ese tiempo tan especial que busco para dedicarlo solo a mi, me he apartado una hora y media diaria a la que, siguiendo el ejemplo de Robin, he llamado
mi hora sagrada. Este tiempo lo aprovecho para hacer solo cosas para mí como hacer ejercicio, leer un buen libro, escribir en mi diario o meditar sobre mi vida hoy y visualizar como quiero vivirla el día de mañana.
Y segundo, me he unido al club de las 5am, y es que si algo tengo claro es que no hay modo de cambiar las rutinas de la demás gente, ellos seguirán agendando juntas de trabajo a las 5:30 o 6:00 de la tarde, y definitivamente yo continuaré queriendo pasar mucho tiempo con mi familia al final de la tarde y la noche o bien querré seguir reuniéndome con mis amigos de vez en cuando al final de un estresante día de trabajo. Así que como sé que una vez que salga de mi casa por la mañana, no pararé, he decido hacer mi hora sagrada a las 5:30 de la mañana, de modo que para las 7 am estoy listo para comenzar con mis responsabilidades externas y preparado para enfrentar el día con la mejor disposición.

Y ya que estoy hablándoles de mis actividades matutinas, una práctica que también tengo y que me lleva a un siguiente punto es: SIEMPRE, TODOS LOS DIAS al despertar, me aseguro de que el primer pensamiento que pase por mi mente y que la primera palabra que salga de mi boca sea GRACIAS.

Y ese es precisamente mi siguiente recomendación. Si hay algo que quieras realmente en la vida, no basta con trabajar duro para obtenerla. Para lograrla tienes que visualizarte claramente obteniendo dicha meta. Recuerda: “lo que creas en tu mente, después lo materializas en tu exterior.”
¿Y qué mejor manera de visualizar que has logrado algo que agradeciéndolo de corazón? No te esperes a que llegues hasta tu meta para dar gracias, agradece desde ya la oportunidad que tienes para llegar a ella y disfruta del camino.

Podría seguir escribiendo por horas y horas sobre este tema, pero creo que lo haré de forma dosificada, así que en tanto, las preguntas que quedarían por hacerse a uno mismo esta semana son:

  1. ¿Se que es lo que quiero de mi vida? ¿Tengo bien definidas mis prioridades y objetivos con respecto a lo que quiero de mi vida?
  2. ¿Qué estoy haciendo hoy y qué comenzaré a hacer inmediatamente para acercarme cada día más a esa visión de vida?

Talvez sea leer más, estudiar alguna especialización o un idioma, ejercitarse más o cambiar de régimen alimenticio o quizás acercarse a aquella persona a la que debemos una disculpa o hacer un cambio drástico de carrera o bien buscar ser excelente en todo lo que emprenda a partir de este momento.
Sea lo que sea, lo importante es dar el primer paso y ese … ese lo puedes dar justo ahora.

Líderes que conocen.

Me siento un momento a recordar todas las personas con las que he tenido oportunidad de trabajar y convivir: jefes, clientes, compañeros, proveedores y colaboradores; de diversas empresas y muy diferentes categorías, desde gigantes consorcios internacionales hasta micro empresas de 1 o 2 personas nada más. Desde presidentes y directores generales hasta asistentes y personal de intendencia.
Y no puedo evitar que a mi memoria llegue uno de los principales lemas de Robin Sharma: “Lidera sin título”, y lo recuerdo con claridad porque he sido testigo de eso.
No importa la persona, su función o el lugar que ocupa en el organigrama de la empresa, o incluso si no forman parte de una, los verdaderos líderes no son los que están a cargo de dirigir una empresa, sino aquellos que día a día se encargan de hacer todo lo que hacen cada vez mejor, inspirando y ayudando a quienes están a su alrededor a hacer lo mismo.

Estos líderes tienen diferentes virtudes muy especiales las cuales unos practican más que otros: estudio, búsqueda de excelencia, proactividad y responsabilidad. Pero hay una que sin duda en todos he visto aplicar: Antes de insistir en que los conozcan, se enfocan en conocer a los demás.

A ellos no les interesa darse a conocer y generar fama. Saben muy bien que no tienen nada que probar. A ellos lo que los mueve a ser grandes líderes es conocer a la gente que les rodea.
Es fácil identificarlos, son aquellos que se dedican a escuchar y comprender lo que los demás están diciendo. Son los que antes de promover sus ideas, se toman el tiempo de entender realmente las ideas de los demás. Se dedican a identificar las pequeñas y las grandes coincidencias y a construir puentes entre la personas.

Ellos entienden que escuchar no es oír pensando en que responder. Es más no buscan responderte, buscan digerir completamente lo que estás diciendo y pensando. Y solo hasta que están seguros de que así es y de que tú estás convencido de que te comprenden cabalmente, ellos te dejarán saber su punto de vista y lo complementarán.

La retroalimentación es un regalo.

“La retroalimentación es un regalo” alguien me comentó la semana pasada.

Buena frase para ponerte a pensar un poco ¿no creen?

En el más estricto sentido de la palabra, la Teoría de la Comunicación llama retroalimentación al hecho de que cuando se transmite un mensaje, el receptor del mismo responda al emisor de modo que su respuesta constituya un nuevo mensaje, de retorno.
Por otro lado, algunas teorías sobre el aprendizaje califican a la retroalimentación como: “un elemento que se utiliza constantemente en la comunicación y que puede favorecer u obstaculizar el aprendizaje”.

¿Por qué entonces deberíamos considerarla como un gran regalo?

La retroalimentación para efectos prácticos, consiste en la información que se proporciona a otra persona sobre su desempeño con intención de ayudarle a reforzar sus fortalezas y superar sus áreas de oportunidad.

La retroalimentación la podemos recibir no solo de nuestros jefes sino de nuestros amigos, de nuestros familiares y de nuestros colaboradores. Vaya hasta un perfecto extraño algún día podría acercarse a darnos algún consejo respecto a lo que estamos haciendo.

El problema con entender que es un regalo verán, se presenta en dos formas muy distintas:

Por un lado, usualmente no vemos con buenos ojos la información que recibimos cuando se trata de corregir o mejorar algo que estamos haciendo. Los miedos que se esconden tras nuestra cara de “yo todo lo se”, no nos permiten tomar los consejos que nos regalan, y nos llevan a sentirnos atacados y criticados. Nuestra fragilidad se hace evidente pues en lugar de escuchar lo que nos están diciendo y abrirnos a lo mucho o poco que eso nos puede ayudar, cerramos nuestros oídos y nos preparamos a responder con cualquier pretexto que explique por qué hemos hecho algo como lo hemos hecho.
El otro problema es todo lo contrario, en este caso nuestra inseguridad nos lleva a escondernos en la retroalimentación negativa, limitante y en ocasiones no tan bien intencionada o enfocada, a la que también estamos expuestos, y que nos dice que no podemos hacer algo porque no estamos preparados, ese mensaje que es una descalificación pero que nos ofrece un “refugio reconfortante” cuando nosotros mismos no nos creemos capaces de hacer algo que siempre hemos soñado pero a lo que jamás nos hemos atrevido.

Por eso hoy he aquí esta gran recomendación: Aprende ya a ver la retroalimentación como un regalo:

  1. No te niegues la oportunidad de escuchar el punto de vista de aquellas personas que sí quieren lo mejor para ti.
  2. Calla y escucha. No trates de responder y justificar. Absorbe y aprende.
  3. Como con cualquier regalo, toma de la retroalimentación que te den, lo que en verdad te va a servir a ser mejor. Lo demás considéralo parte de la envoltura.

La próxima vez que alguien se siente frente a ti para compartirte su punto de vista sobre tu desempeño, pon estos tres pasos en práctica y verás por fin el gran regalo que te están haciendo.

Sé tu propio cliente

¿Cuántas veces habremos escuchado esa frase que dice “al cliente lo que pida”?

Todos aquellos que de una u otra forma, para desempeñar su trabajo, tienen que tener contacto con un cliente, seguramente estarán muy familiarizados con este concepto. Desde que iniciamos nuestras carreras profesionales, incluso para muchos desde antes, nos enseñan a no decir que no se puede. El entrenamiento que nos dan, las lecciones diarias que obtenemos en nuestro trabajo, nos han grabado en nuestra mente ese decir que va: “No me digas que no se puede. Dime como sí se puede”.

Y así vamos, algunos en mayor medida que otros, a distancias inhóspitas con tal de hacer que sí se pueda.Trabajamos horas extras, a veces en los fines de semanas, dejamos de salir a comer, descuidamos a nuestra familia y por supuesto a nosotros mismos, con tal de que sí se pueda y al final de cuentas tratamos de entregar lo mejor que podemos a nuestros clientes para que vean que sí se pudo.

La pregunta entonces es: Si somos capaces de hacer todo esto para otros ¿por qué no podemos hacerlo para nosotros mismos?
¿Por qué nos empeñamos en ponernos límites y pensamos que lo que nosotros queremos no se puede? Nos decimos: ahora no puedo comprar mi coche, no puedo tomarme unas vacaciones, no puedo hacer tiempo para hacer ejercicio, cómo siempre como en la calle, no puedo comer sanamente, no puedo dedicarme a lo que me gusta hacer, no tengo tiempo para mi, no me dejan, no me alcanza, no puedo, no puedo, no puedo…

Mi respuesta es: entonces comencemos a vernos a nosotros mismos como si fuéramos nuestros clientes para que así sí podamos hacer que todas estas cosas sucedan.

Vaya ¿Por qué no poner a trabajar las cosas a nuestro favor y permitirnos saber que sí podemos tener, sí podemos hacer, sí podemos lograr todo lo que queremos?

Les aseguro que todas esas personas a quienes consideramos afortunados y exitosos lo hacen así. Saben, piensan y creen con absoluta fe que sí pueden hacer, tener y lograr todo lo que quieren. Saben que se lo merecen y lo agradecen con sinceridad.

Es muy simple en realidad. Todo lo que hay que hacer es definir que es lo que queremos, visualizarlo, pensarlo claramente y pedirlo con la seguridad que la vida nos lo dará.

¿Suena simplista? No lo es. Stephen Covey lo explica muy bien cuando dice: “Todo en nuestra vida es creado dos veces. Primero cuando lo pensamos y después cuando físicamente es manifestado”.
Así que pensemos bien las cosas que queremos.

Pero si esta explicación no les fuese suficiente, entonces les recomiendo estudiar más sobre “La ley de la atracción”.

Esta ley universal establece que, de acuerdo a las palabras de Bob Proctor (filósosfo, escritor y coach personal): Todo lo que llega a tu vida es porque tú lo has atraído. Y los has atraído por las imágenes que tienes en tu mente. Es lo que piensas. Todo lo que piensas lo atraes”.

Ahora probablemente estén pensando algo así como “aja! Seguro… yo pido y nada más…y después sigo adelante en mi día como si nada y lo que pido me llegará…aja como no!”…

Pero no, en efecto pedirlo y pensarlo no basta. Definitivamente sí hay que hacer algo para que aquello que queremos llegue a nuestra vida. Y ese algo es creer que sí lo merecemos y comenzar a vivir como sí ya lo tuviéramos, como si tuviéramos el auto que queremos, o la casa de nuestros sueños.
Hacerlo es poner las cosas en orden para que lo que hemos creado en nuestra mente tenga lugar en nuestra vida.
Es decir, ¿como vamos a tener la casa de nuestros sueños si siempre estamos concentrándonos en quejarnos sobre la que actualmente tenemos?
Nuestras acciones tienen que ser congruentes con nuestros pensamientos y nuestros deseos.

Como dice Rhonda Byrne (Productora de la cinta The Secret y autora del libro del mismo título): “Las acciones son especialmente poderosas porque son pensamientos que nos han hecho actuar.”

Así que mi sugerencia es, hoy mismo párate frente al espejo, vete fijamente, asume ya que tú eres tu cliente más importante en la vida y deséate lo que más quieras para ti, piénsate y vete viviendo la vida que quieres y comienza a actuar desde ya de acuerdo a ese deseo y demuéstrate a ti mismo, como lo haces a tus otros cliente, como sí se puede.

Valora tus principios y actúa con integridad.

“Valora tus principios “dice Stephen Covey, pero no siempre tenemos muy claro que es un valor y qué es un principio, y así muchos aprovechan ese “hueco” para disculparse a si mismos ante la falta de integridad que en ocasiones pueden mostrar.

Una persona íntegra es aquella que actúa con congruencia con los valores que predica, y que esos valores están alineados con los principios, podríamos llamar universales, de la vida.

Pero ¿qué es un principio? ¿Qué es un valor? ¿Como se distinguen unos de otros?

Los principios, explica, son como la ley de la naturaleza, son premisas universales que guían la vida del hombre. Los principios como la honestidad, la justicia, el respeto y la bondad son universales. Trascienden el tiempo y el espacio.

Una persona no es semi honesta, o es o no lo es. El principio, el concepto de la honestidad es el mismo en México que en China. Uno no puede ser honesto con una persona y engañar a otra.

Los principios aplican para todos, tal como la ley de la gravedad o la ley de la atracción.

El Dr. Stephen Covey lo explica mucho mejor cuando dice: “Todas nuestras acciones tienen consecuencias. No podemos levantar un extremo de un palo sin levantar el otro. Si te tiras de un 5to piso no te puedes arrepentir cuando vayas en el segundo, la ley de la gravedad es ya quien está en control. Ese es un sello de la naturaleza.”

Así pues, los principios son un sello más de la naturaleza. Y tal como la ley de la gravedad, operan permanentemente ante todo lo que hacemos.
Los principios de hecho son los que gobiernan los resultados de nuestras acciones. Si actúas de acuerdo a los principios universales, está actuando a favor de la naturaleza y está a su vez actúa a tu favor.

Ahora, los que gobiernan a nuestras acciones son nuestros valores y los valores son subjetivos y personales, cada quien, de acuerdo a su educación, preparación, contexto y sobre todo a su decisión personal, elige los valores con que se rige.

Todos, absolutamente todos, tenemos valores.
Hasta los criminales y los terroristas los tienen, aún cuando estos vayan en contra de los principios de la vida.
Como decía Elvis Presley: ” Los valores son como las huellas digitales. Nadie tiene los mismos, pero los dejas plasmados en todo lo que haces”.

Por lo tanto debemos de poner especial atención en definir cuales son nuestros valores y preguntarnos si estos están alineados a los principios universales de la vida, pues nuestros valores guían nuestras acciones y los principios controlan el resultado de esas acciones.

Por lo tanto… Valora tus principios.

Actúa hoy como quieres ser mañana.

Dicen por ahí que “Atraemos a nosotros como imanes las cosas que deseamos en la vida”.
También dicen que “Las cosas que vivimos las creamos dos veces. Primero cuando las pensamos y después cuando las hacemos realidad.”
Incluso existe un dicho que va “Ten cuidado con lo que deseas pues se puede hacer realidad.”

y en Japón hasta tienen una forma muy discreta de maldecir a alguien cuando dicen “Que todos tus sueños se hagan realidad.”

¿Cuantas veces no han temido tanto a algo que justo eso es lo que les sucede?
O al revés ¿en cuantas ocasiones no han deseado obtener tanto algo que todo lo que les rodea, hasta los comerciales en la televisión, parece recordarles aquello que tanto quieren?

Se que para algunos puede sonar raro y hasta excéntrico pero déjenme decirles que en efecto: Aquello que pensamos y buscamos con nuestra mente, se materializa de una u otra forma en nuestras vidas.

Cada vez que queremos algo o que tememos algo estamos fabricándolo en la línea de ensamble de nuestra mente. Estamos enviando un mensaje fuerte y claro a la vida de qué es lo que deseamos y la vida, eficiente como es, nos lo da.
Por eso es indispensable cuidar muy bien lo que pensamos.

Analícenlo, cada vez que citamos a la famosa “ley de Murphy” se debe justo a que estamos pensando “solo me faltaba…” o “seguro ahora…”, etc. y claro, traemos a nosotros exactamente la situación que queríamos evadir, pero que como la pensamos tanto, nos dirigimos solitos hasta ese punto.

Ahora, véanlo desde otro punto de vista. Piensen en alguna persona que crean ustedes que siempre obtiene lo que quiere, alguien que para ustedes es una persona realmente exitosa. ¿Qué característica tiene?

Una virtud esencial que las personas realmente exitosas en la vida tienen, es que enfocan su energía siempre en crear lo que quieren. En lugar de ser tan reactivos como el resto de la gente, y andar brincando de una crisis en otra, desgastándose y maldiciendo su mala suerte, se detienen a tomar un respiro y a definir que es lo que quieren en la vida.
Se toman el tiempo de entender que es aquello que más les importa en la vida, definen claramente sus valores y los alinean con principios universales como la honestidad y la integridad; y así establecen una clara visión de su vida y con base en esta se dedican día a día a construir su mundo.
Además comprenden bien cuales son sus grandes fortalezas y habilidades y también sus debilidades y limitaciones, y en lugar de lamentarse por las últimas, se enfocan a desarrollar las primeras, siempre manteniendo su visión de vida.

Hoy cada uno de nosotros podemos liberar esta virtud que, a veces por el acondicionamiento a que somos sujetos por la sociedad desde que somos pequeños, dejamos enterrada en el rincón más escondido de nuestro ser.
Hoy podemos regalarnos el tiempo para preguntarnos:
¿Qué es lo que realmente importa en mi vida?
¿Cuáles son los valores más preciados para mí?
¿Qué se hacer muy bien?
¿Con que fortalezas puedo contribuir mejor a mi comunidad?
¿Qué quiero hacer de mi vida?
¿Cómo la quiero vivir?

Definamos que es lo que queremos de la vida de una vez por todas y pensémoslo, hagámoslo, actuémoslo y vivámoslo.

Tomemos una tarjeta en blanco que podamos traer con nosotros siempre o que podamos dejar siempre a la vista y escribamos en ella nuestra visión de vida , enfoquemos toda nuestra energía a trabajar bajo esta visión y comencemos desde ya a actuar hoy como queremos ser mañana.

Celebrando el valor de equivocarse.

Prácticamente desde que tengo memoria recuerdo la palabra equivocarse como un sinónimo de temor, de miedo a estar en una situación difícil e incómoda en la que nadie quiere estar.

La mayoría de la gente no se atreve a tomar la iniciativa en algo justo por temor a cometer un error, por miedo a que, por no lograr lo planteado, sea sometido a un regaño o a una llamada de atención, o simplemente a quedar como un tonto y ser objeto de la burla de otros.

Y es entendible siendo que la cultura en la que vivimos es una donde se castiga el error.

Piénsenlo, desde pequeños cuando íbamos al colegio ¿que hacía todo el salón de clases cuando algún compañero levantaba la mano entusiasmado y daba la respuesta incorrecta o tartamudeaba por nervio a equivocarse?

Y ese clásico “DUH” no es exclusivo del salón de clases, lo vemos en los restaurantes cuando a un garrotero que lleva una charola llena de platos sucios resbala dejando caer cuanta loza trae consigo al suelo.

De la misma manera ¿en cuantas empresas no hay supuestos líderes que tienen literalmente sometidos a sus equipo de trabajo a una dictadura y no dan libertad alguna de acción a sus subordinados para que así ellos no se equivoquen? Y cuidado si alguno sale del carril marcado pues cualquier error, por mínimo que sea será severamente castigado incluso hasta con el despido.

Es realmente triste ver como la gente ya no se atreve a hacer nada por temor a equivocarse. Ese miedo, como todos los demás, nos detiene, nos amarra como ancla al puerto de lo conocido y no nos dejar ver jamás hasta donde podríamos llegar si tan solo nos atreviéramos a dar un paso más.

Por eso yo hoy, pienso en lo importante que es celebrar las equivocaciones, o dicho de otra manera festejar a la gente que tiene el valor de cometer errores, pues se trata de personas que tomaron la iniciativa de intentar algo y de luchar.
Pues aquellos que jamás se han equivocado o son Dios o nunca han intentado hacer algo.

Equivocarse es parte del ser humano, es una parte intrínseca de nuestro desarrollo como personas, de nuestro crecimiento, de nuestro viaje por la vida.

Nadie nace sabiendo y todos, absolutamente todos, tenemos que aprender y seguir aprendiendo durante toda nuestra vida. Y cada vez que cometemos un nuevo error, no quiere decir que somos tontos, incapaces o inútiles, por el contrario, significa que estamos un paso más cerca de llegar a nuestra meta y continuar con nuestro crecimiento.

Claro, tampoco se trata de cometer el mismo error una y otra y otra vez; precisamente para eso está el sentido común.
Pero de lo que sí se trata es de aprender y crecer, de tener valor y coraje para tomar la iniciativ, de utilizar nuestro conocimiento, nuestras experiencias pasadas y nuestro sentido común para aplicarlos e intentar vencer cada reto que se nos presenta en la vida.

Y a aquellas personas que temen hacer algo o a tomar la iniciativa por miedo a ser regañados o por pavor a equivocarse yo les pregunto: ¿Se imaginan que habría pasado si cierto marino español no se hubiera equivocado cuando se atrevió a embarcarse en busca de Las Indias?
¿Pueden imaginar que habría pasado si Steve Jobs CEO y fundador de Apple Computer, hubiese hecho caso a la gente de Hewlett-Packard cuando le dijeron que no lo necesitaban y hubiera dejado a un lado su intento de desarrollar su computadora personal por miedo a equivocarse?

El cometer errores, les decía, es parte de la vida y mientras tengamos el buen juicio de aprender de ellos y no dejar que el mismo error ocurra otra y otra vez, estaremos en el camino correcto.
De hecho como dicen por ahí “Darnos cuenta de que todos cometemos errores y que estos son esenciales para nuestro crecimiento y progreso, es verdaderamente liberador”

Una práctica de la que he leído un poco sobre como aprovechar al máximo nuestros errores, es enlistar las 10 más grandes equivocaciones que pensamos que hemos cometido en nuestra vida y a un lado anotar las lecciones que aprendimos de estas e incluso los beneficios que después de estos obtuvimos,

Al hacerlo veremos que al final la balanza siempre se inclina a favor de nuestro crecimiento pues hoy no seríamos quienes somos, si no hubiésemos cometido los errores que tuvimos en el pasado.

Nunca es demasiado tarde … para hacerle caso a Morrie

“Nunca es demasiado tarde para preguntarte a ti mismo si realmente eres la persona que quieres ser, y si no, quien quieres ser”
Morrie Schwartz.

¿Planteamiento fuerte? Seguro. ¿Importante? Definitivamente.

Puede sonar exagerado y fuera de proporción, pero no es así. Simplemente se trata de echar un rápido vistazo a nuestra vida, a quienes somos, lo que hacemos y a como nos comportamos.
¿Para qué? Para asegurarnos de que vamos en el camino correcto, para que nos demos cuenta de que a pesar de lo recorrido, aún es tiempo de rectificar y buscar hacer lo que realmente amas hacer y ser una persona felíz. Después de todo para eso estamos aquí, para ser felices.

“Tanta gente va caminando sin sentido por la vida. Parecen medio dormidos, incluso cuando están haciendo aquellas cosas que creen que son importantes. Esto sucede porque están persiguiendo las cosas equivocadas”.
Morrie Schwartz

¿Conocen a alguien así o ustedes mismos se sienten así? Entonces, talvez sea el momento de hacer esta introspección y analizar si están persiguiendo las cosas realmente importantes en su vida o si simplemente están haciendo lo que su familia, sus amigos y la sociedad en general esperan de ustedes.

Uno de los sitios que frecuentemente visito en la Blogosfera es el blog de Curt Ronsengren, un consultor de desarrollo profesional creador de un sistema al que él ha llamado “Catalizador de pasión” y autor del libro “The Occupational Adventure Guide”.
En su blog, él comparte un breve test de 15 preguntas que puede ayudar de forma muy rápida a examinar como nos sentimos con respecto a nuestra carrera.

Aunque el exámen es muy sencillo, incluye algunas preguntas fuertes que en pocas ocasiones nos hacemos. Creo que las preguntas que a mi más me impactaron fueron:

¿Mi trabajo me apasiona?
¿Siento que mi trabajo importa y contribuye a la sociedad?
¿Me siento motivado para hacer el trabajo que hago?
¿El trabajo que realizo me viene de forma natural?

Preguntas que creo que uno debe hacerse a sí mismo constantemente, pues de nada sirve trabajar y esforzarse tanto, si por lo que lo estamos haciendo nada tiene que ver con lo que nuestro corazón sabe que somos.

Como dicen por ahí “No importa que tan rápido vayas, si no sabes a donde quieres llegar”

Por cierto, si quieren hacer el test completo, lo pueden hacer en: http://www.passioncatalyst.com/quiz/careerchange.htm

Mis 10 formas favoritas de agregar valor

Cuando una persona trabaja en mercadotecnia, ventas o publicidad (como yo) se acostumbra mucho a escuchar una frase típica de cuando se están construyendo nuevos planes de ventas y mercadeo: “Démosle un valor agregado” “Permitamos que obtengan más valor por su inversión”, etc. e inmediatamente comenzamos a arrojar ideas a la mesa sobre lanzar una promoción 2×1 o si eres muy atrevido 3×2 o armar un paquete de alguna bebida alcohólica que además de la botella contenga unas “originales copas y un cubilete con dados acompañándola.”

Siempre pensamos en como sumar a nuestro producto o servicio algún objeto de relativo bajo costo que nos permita maquillar su presentación , cobrando a un precio marginal el regalo adicional.
Es decir en realidad ¡no estamos regalando nada! Estamos incluyendo en el empaque otro artículo que también estamos cobrando, solo para crear la percepción de un valor agregado.
Pero bueno lamentable o no, esa es una práctica común en el mundo comercial, donde todo se basa en cuento gasto y cuanto gano.

Afortunadamente para mi tranquilidad personal, en los últimos meses en los que me he dedicado a estudiar más sobre liderazgo y desarrollo personal, he descubierto una innumerable cantidad de libros, artículos, historias reales, sitios corporativos, blogs, etc. De gente auténticamente interesada en encontrar formas de agregar valor al mundo en el que vivimos. No de formas de hacer parecer que damos algo a cambio de cobrarlo de todas maneras, sino acciones concretas que cada uno como persona podemos realizar para mejorar las relaciones que tenemos en nuestro hogar, en el trabajo, en la calle y en nuestra comunidad. Y lo mejor de todo, ¡son acciones prácticamente todas sin costo alguno para nadie!

Algunos de los mejores libros, artículos y blogs que he leído al respecto son de mis ya muy citados gurus Robin Sharma y Stephen Covey, pero también hay una lista ENORME de personas que tocan este tema y a quienes, si les interesa, puedan consultar, como:

· Tim Sanders, consultor y conferencista en negocios, en su Blog Sander says.
· Tim Milburn, fundador de Studentlinc, una organización dedicaca a la creación de estudiantes líderes, y escritor de un E-book titulado 103 ways to add value to people, es gratuito y lo pueden descargar en
http://studentlinc.typepad.com/studentlinc/2007/03/add_value_to_pe_4.html
·
Mitch Albom, autor de Tuedays with Morrie, The five people you meet in heaven y For one more day.
· Stu Sounders en su
The Stu-pendous blog.
· El blog de Make it Great de Phil Gerbyshak
· El Blog
Happy Rant de Curt Rosengren

Y así pueden encontrar literalmente contenido de calidad para llenar sus días y meses para aprender más sobre este concepto que TODOS debemos conocer con el corazón.

En tanto tienen oportunidad de visitar los sitios que les recomendé, quisiera compartirles mis 10 favoritas formas de agregar valor, que he estado aprendiendo, aunque muchas aún no las domino, pero lo importante es que estoy esforzándome por hacerlo y espero pronto en algún momento, con alguna de estas acciones, agregarles valor a ustedes también.

  1. Hazle un cumplido a las personas que te encuentras, durante los primeros 30 segundos de verlas, puede ser sobre algún logro, un evento o simplemente su arreglo personal, pero definitivamente a la los seres humanos nos encanta que nos hagan caso y dar un cumplido a alguien es hacerle notar que le tienes en cuenta.
  2. Apréndete y recuerda siempre los nombres de toda la gente con quien frecuentemente tienes contacto. No solo los de tus clientes, tus jefes, equipo de trabajo y amigos, sino de todas las personas con quienes tienes contacto para llegar a ellos, desde la recepcionista hasta la asistente, desde la directora general hasta el mozo de intendencia, el guardia de la entrada, el tendero de la esquina. Todos los seres humanos tenemos una característica muy curiosa, estamos muy ligados a nuestros nombres, son nuestra identidad y nos gusta saber que la gente nos conoce.
  3. Todos los días, a cada momento posible, trata de ayudar a quien lo necesite. Puede ser a una persona pidiendo ayuda para comprar un medicamento en la calle, a una señora grande a subir un producto pesado a su carrito del supermercado. No importa a quien, siempre mantén los ojos abiertos para poder ver el momento en que se necesita tu ayuda.
  4. Se agradecido con todo y con todos, con Dios, con la vida, con tu familia, con tu trabajo, tus amigos y contigo mismo. Pero importante, no digas gracias solo por decirlo, se agradecido de corazón.
  5. En ese tenor…hazle saber a la gente cuando estás agradecido con ellos y déjales ver que los valoras. Un tip que permanentemente me he encontrado con todos los autores a quien he citado es que nada dice más gracias que una nota de agradecimiento escrita en tu puño y letra. ¿No es mala idea no?
  6. Regala un detalle inesperado. No tiene que ser nada caro o elaborado ni a ninguna persona en especial. Tan solo llegar un día con un café extra para un compañero de oficina o invitar la cuenta de la comida de tus amigos sin que lo esperen, pueden se suficiente para decir
    “L os valoro y me importa dedicar algún detalle a ustedes”.
  7. ¡Sonríe! Cuando saludas, cuando hablas con alguien, en todo posible momento sonríe. Es gratis y es contagiosísimo. Imaginen que fácil sería todo si todos sonriéramos un poco más todos los días.
  8. Cuando aprendas algo nuevo compártelo.Al compartir tu nuevo conocimiento no solo transmites información, sino también herramientas que, a quienes las estás compartiendo, en un futuro seguramente les servirán. Además como dicen: “Solo enseñando es cuando realmente aprendes”.
  9. Cuando estés con alguien, estalo de verdad.
    Esta es una importantísima lección que me ha dado mi esposa y que estoy haciendo mi mejor esfuerzo para practicar día con día. Nuestro tiempo realmente es lo más preciado que podemos regalar y más cuando en verdad dedicamos ese tiempo sin distracciones, sino 200% dedicados esa persona. Así que cierren laptops, apaguen televisores y radios, dejen de pensar en que van a cenar en la noche o que van a vestir mañana y háganle caso total a la persona con quien están. Dedíquenle su tiempo de verdad.
  10. Aprende a aprender. Es un hecho, no sabemos todo, de hecho sabemos mucho menos de lo que creemos, aún cuando queramos aparentar lo contrario.Tengamos la humildad de reconocer cuando no sepamos algo y con sencillez levantemos la mano para pedir que nos enseñen y cuando nuestro maestro esté ahí para compartir su conocimiento, apliquemos el punto 9 y estemos con el de verdad.

Les propongo algo: ¿por qué no hacen una lista de que acciones pueden hacer esta semana para agregar valor en lo que hacen y a quienes los rodean, y nos lo comparten con sus comentarios en este Blog?

Para brillar se necesita tener foco.

En las últimas semanas la cantidad de trabajo ha prácticamente rebasado la capacidad física del equipo de trabajo en el que laboro y la mía también. No por falta de conocimiento, experiencia o destreza, pues, en definitiva, tengo la fortuna de formar parte de un gran grupo (en espíritu, no en tamaño) de gente muy talentosa.

Creo que lo que ha sucedido es que hemos tratado de abarcar mucho terreno, intentando producir excelentes resultados para diferentes personas y así brillar ante todos los que, por alguna razón, requieren de nuestra involucración.

Y brillar hemos logrado. Solo que no para todos al mismo tiempo o en la misma intensidad.
Pero ¿Por qué pasa esto, qué nos ha ocurrido?

Pienso que nos hemos convertido en una especie de serie de luces de árbol de navidad.

Prácticamente nos puedo ver, tal como si fuéramos una pequeña chispa eléctrica que tiene que correr de un pequeño foco a otro a lo largo de la serie tratando de iluminar tramo a tramo un enorme árbol navideño.
Y así como una serie de luces va parpadeando de foco en foco, nosotros vamos brincando de proyecto en proyecto, yendo y viniendo, saliendo y regresando tratando de mantener el brillo en todo lo que hacemos.

Algunos han decidido, talvez apresuradamente, absorber responsabilidades adicionales a las muchas que ya tenían, lo que en lugar de permitirles crecer su círculo de influencia y contribuir de mejor manera con la organización, crece su círculo de preocupación, pues ahora en lugar de tener que iluminar a 40 bombillas de luz, tienen que hacerlo para 80, lo que resulta en definitiva, en un alumbrado mucho más tenue que antes.

Entre más lo pienso, más me convenzo de que lo que necesitamos hacer es tener FOCO.

No quiero decir con esto que debamos encerrarnos en nuestra pequeña parcela de obligaciones y demos la espalda a otras necesidades del grupo. Por el contrario, creo firmemente que si cada uno de nosotros mantenemos un claro y firme enfoque en cumplir y desarrollar nuestro círculo de influencia vamos a contribuir mucho más al brillo total de ese gran árbol de navidad que llamamos empresa.

Necesitamos ser claros con nosotros mismos e identificar cuales son nuestras grandes fortalezas, que es eso que sabemos hacer muy bien y decidirnos a entregarnos al 100% a esa labor y así aportar a nuestro equipo, en lugar de querer abarcar más “luces” en la serie para tratar de lucir más ante los demás, pues de esa forma ponemos en riesgo iluminar tan solo a medias o peor aún fundir alguna bombilla y, recuerden que es lo que usualmente pasa cuando un solo fusible deja de funcionar…la serie completa comienza a fallar, a veces hasta dejar de brillar por completo.

Así que pongo esta idea sobre la mesa: tengamos muy claro como es la mejor forma con la que podemos contribuir, identifiquemos muy bien nuestras fortalezas y nuestras oportunidades; marquemos perfectamente cual es nuestro círculo de influencia y dejemos que los demás hagan lo mismo.

Ese es el verdadero trabajo en equipo, donde cada quien aporta con su labor enfocada y clara a un objetivo en común: que ese enorme árbol brille en su totalidad.

Si tan solo Donald fuera como un buen jardinero.


¿Alguna vez les he contado sobre mi teoría de que a todos, a unos más que a otros, nos ataca el Síndrome del Pato Donald (SPD) en algún, o posiblemente muchos, momentos de nuestras vidas?

Sucede que a todos, después de ir acumulando estrés, malas noticias, enojos, berrinches, frustraciones, pláticas y pensamientos negativos, en fin mala vibra en general, quedamos tan llenos de energía negativa que cualquier cosa es suficiente para hacernos explotar en un ataque de ira que no hace más que empeorar nuestra situación y que termina por convertirnos en un Pato Donald enojado y víctima de su propio coraje.

¿O no? ¡Vamos! Recuerden como se ponía Donald cuando trataba de abrir su silla plegable en la playa y esta no cedía, provocando que el famoso pato de traje del marinero fuera enojándose más y más, golpeando y gritando hasta terminar atrapado dentro de la misma silla.

Bueno pues ese es justo el SPD o Síndrome del Pato Donald.
Este se da precisamente cuando llegamos al punto de no regreso y perdemos el control y como dicen por ahí “Escupimos al cielo” y por supuesto, como todo lo que sube, tiene que bajar, ese escupitajo solo nos salpica de regreso a nosotros mismos.

Ahora ¿cómo es que llegamos hasta el punto adquirir el SPD? No es difícil imaginárselo…vivimos en una época donde el estrés es parte de la cotidianidad en nuestras vidas: cuentas por pagar, problemas por resolver, proyectos por entregar, familia que cuidar, hijos que educar, compromisos que cumplir, en fin todo una carga de factores que no podemos ignorar ni evitar y que sea como sea, tenemos que cumplir.
Pero a los que además, sin darnos cuenta, sumamos otros que sí podemos cambiar:

Y es que usualmente empezamos nuestros días siempre corriendo, al despertar, lo primero que hacemos es quejarnos de la hora tan temprana en que tenemos que levantarnos, si somos considerados y compartimos habitación con alguien, salimos de ella y sino encendemos la televisión o la radio para “escuchar” las noticias del día y así contaminar nuestra mañana con las últimas notas sobre la violencia que hay en el mundo, los asaltos, las guerras, etc.. Salimos camino al trabajo y vamos peleando con el conductor del auto de enfrente solo porque a él le toco estar frente a nosotros en esa larga fila de coches estacionados, que llamamos periférico…o viaducto…o cual sea la avenida que mas usen por las mañanas.

Llegamos a la oficina, recibimos la llamada de algún cliente enojado o peor aún la llamada la recibió nuestro jefe y él ahora es quien esta enojado, algún proveedor no cumple con su compromiso, en una junta de trabajo tenemos un fuerte desacuerdo con alguien más. A la hora de la comida el mesero tarda en traer la cuenta y regresamos tarde al trabajo, regresamos al final de la tarde a casa para, después de volver a lidiar con todos esos automovilistas a quienes insolentemente se les ocurrió también regresar a sus hogares a la misma hora que nosotros, encontrarnos con que la puerta del estacionamiento no funciona bien o que un vecino se estacionó mal impidiéndonos guardar nuestro auto en su lugar.

Entramos a casa, estamos bloqueados, irascibles e iracundos, solo pensando en querer ver la televisión y no hablar de nada con nadie…entonces discutimos con nuestros familiares porque ellos con la mejor de las intenciones nos reciben con los brazo abiertos, pero como nosotros venimos con una inercia negativa equivalente a una onda expansiva nuclear, los hacemos a un lado, nos postramos en nuestro sillón acostumbrado, prendemos la caja idiota y… ¿qué hacemos? Sintonizar una serie de televisión llena de violencia, muerte y vicios.
Nuestra pareja nos interrumpe, pregunta algo o nos dice algo que no nos parece y ENTONCES!!!!!!…

¡FELICIDADES! Lo has logrado, has adquirido SPD.

Tanto que ya solo te falta la cola de pato y sombrero de marino porque estás tan enojado que el pico naranja lo tienes ya!

Las consecuencias… esas creo que no las tengo que contar.

Así que mejor me dedicaré a platicar sobre como podemos evitar contagiarnos de SPD.

Y para eso debo hacer referencia una vez más a una de las lecciones de ese gran mentor, autor de “El monje que vendió su Ferrari”, Robin S. Sharma quien, precisamente en dicho libro compara a la mente humana con un jardín, explicando que: “Si tu procuras tu mente, la nutres y la cultivas, esta, tal como un rico y fértil jardín florecerá más allá de lo que puedas imaginarte” .

Él continua con su analogía detallando que justo como un jardinero cuida cual soldado, que en su parterre no entre ni el más mínimo rastro de contaminación, de la misma manera deberíamos nosotros procurar esto con nuestra mente.
Sin embargo es penoso ver la cantidad de basura que la mayoría de nosotros dejamos entrar a nuestra cabeza día con día. Las preocupaciones, la ansiedad, el lamentarse por el pasado o angustiarse por el futuro y todos aquellos miedos creados por uno mismo, las pláticas y medios a los que nos exponemos, provocan una catástrofe dentro de nosotros mismos.
“La preocupación drena a nuestra mente de todo su poder y tarde o temprano, lastima incluso hasta nuestro espíritu”.

Para vivir la vida en todo su esplendor, debes de montar una estricta guardia a la entrada de tu jardín y solo dejar entrar a la mejor información y al mensaje de mayor calidad. No podemos darnos el lujo de tener ni un solo pensamiento negativo.

Explica Sharma que la gente más alegre, dinámica y satisfecha en el mundo es aquella que hace algo más que solo existir. Son esas personas que creen en su potencial humano y realmente saborean la vida, pero que sobre todo, adoptan un paradigma positivo sobre su mundo y todo lo que en el existe.

¿Sabían que en un día normal la persona promedio crea alrededor de seis mil pensamientos, y que el 90% de esos pensamientos son los mismo que los del día anterior?

Por lo tanto, sugiero que nos aseguremos de que esos pensamientos sean siempre positivos, pues como explica Stephen Covey: “Todo lo que hacemos y tenemos en la vida existe dos veces, primero cuando la piensas y después cuando lo hacemos realidad”
Razón suficiente para querer que lo que creemos sea siempre positivo ¿no lo creen?

Volvemos entonces al tema de la oportunidad de escoger:

No importa lo que esté pasando en nuestra vida, tenemos el derecho a siempre escoger como queremos responder. Y tenemos el derecho de elegir a que estímulos queremos exponer a nuestra mente y sobre todo a pensar siempre positivamente para sentirnos siempre bien.
Tenemos derecho a ser el jardinero de nuestra mente y a con nuestra actitud positiva, crear pensamientos positivos que solo podrán crear situaciones positivas a nuestro alrededor.

Hhmm, pensándolo bien, no estaría mal que en Disney hicieran una caricatura de Donald como jardinero. ¿no creen?

Cuatro supuestos para llevar una vida más balanceada

Durante las últimas semanas he estado leyendo, repasando y estudiando el libro “El Octavo Hábito” del Dr. Stephen Covey, a quien seguramente me han visto mencionar en muchos de los temas que he tocado anteriormente.
En este libro, Covey toca un tema de suma importancia: El desarrollo de las 4 inteligencias que como seres humanos tenemos.

Por un lado, está la inteligencia física, la de nuestro cuerpo, la inteligencia que está ahí en todo momento sin que nosotros estemos conscientes de ella, coordinando a todo nuestro organismo.
También está la inteligencia mental, que es la más comunmente conocidad de todas, se trata básicamente de nuestra capacidad para analizar, razonar, manejar nuestros pensamientos abstractos, usar el lenguaje, comprender, etc.
Ahora, y desde hace algunos años, se habla mucho de la inteligencia emocional que es la que nos permite conocernos y estar conscientes de nosotros mismos, nos brinda diferentes capacidades como la sensibilidad, la empatía, la comunicación y el relacionarnos con los demás.

Hasta ahora, la mayoría de nosotros habíamos escuchado solo sobre estas 3, pero Covey habla de una cuarta inteligencia: La espiritual.

La inteligencia espiritual, que por cierto ya es sujeto de diferentes investigaciones científicas y filosóficas, es, a decir de Covey, la más fundamental de todas ya que se convierte en la fuente de dirección para las otras tres, esta representa nuestra búsqueda de dar significado a lo que hacemos y la que nos permite, a través de nuestra conciencia, estar seguros de lo que hacemos es lo correcto.

Después de haber leído tanto sobre estas, he llegado a la conclusión de que desarrollar las 4 inteligencias es una obligación que como seres humanos tenemos todos, y no es tarea fácil, hay muchos pasos que seguir, muchas prácticas que adoptar y conceptos que comprender.

Probablemente en las siguientes semanas hable mucho más de cada una de estas 4 dimensiones, pero en tanto eso sucede, hay 4 sencillas suposiciones que Covey recomienda hacer para ayudarnos desde ya a desarrollarlas y comenzar a llevar una vida más balanceada:
  1. Para el cuerpo (Inteligencia Física): asume que has tenido un infarto, ahora comienza a vivir de acuerdo a esto.
  2. Para la mente (Inteligencia Mental): asume que estás a dos años de llegar a la mitad de tu vida profesional, prepárate de acuerdo a esto.
  3. Para el corazón (Inteligencia Emocional): Asume que todo lo que dices de otra persona, él o ella lo puede escuchar, ahora habla de acuerdo a eso.
  4. Para el espíritu (Inteligencia Espiritual): Asume que tienes una revisión de resultados uno a uno con Dios cada 3 meses, ahora vive de acuerdo a eso.
Desde mi punto de vista, estos 4 puntos y los resumiría en:

  • Vive sanamente, cuida, nutre y ejercita tu cuerpo.
  • Se previsor y prepárate para el futuro, pero no dejes de disfrutar el presente, goza el momento que estás viviendo.
  • No hables más de los demás, como dicen por ahí: “Si no tienes nada bueno que decir de alguien, mejor mantente callado”.
  • Se responsable de tu vida y tus acciones. Define tus valores y principios y vive de acuerdo a ellos y se agradecido por todo lo que tienes.