De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Celebrando el valor de equivocarse.

Prácticamente desde que tengo memoria recuerdo la palabra equivocarse como un sinónimo de temor, de miedo a estar en una situación difícil e incómoda en la que nadie quiere estar.

La mayoría de la gente no se atreve a tomar la iniciativa en algo justo por temor a cometer un error, por miedo a que, por no lograr lo planteado, sea sometido a un regaño o a una llamada de atención, o simplemente a quedar como un tonto y ser objeto de la burla de otros.

Y es entendible siendo que la cultura en la que vivimos es una donde se castiga el error.

Piénsenlo, desde pequeños cuando íbamos al colegio ¿que hacía todo el salón de clases cuando algún compañero levantaba la mano entusiasmado y daba la respuesta incorrecta o tartamudeaba por nervio a equivocarse?

Y ese clásico “DUH” no es exclusivo del salón de clases, lo vemos en los restaurantes cuando a un garrotero que lleva una charola llena de platos sucios resbala dejando caer cuanta loza trae consigo al suelo.

De la misma manera ¿en cuantas empresas no hay supuestos líderes que tienen literalmente sometidos a sus equipo de trabajo a una dictadura y no dan libertad alguna de acción a sus subordinados para que así ellos no se equivoquen? Y cuidado si alguno sale del carril marcado pues cualquier error, por mínimo que sea será severamente castigado incluso hasta con el despido.

Es realmente triste ver como la gente ya no se atreve a hacer nada por temor a equivocarse. Ese miedo, como todos los demás, nos detiene, nos amarra como ancla al puerto de lo conocido y no nos dejar ver jamás hasta donde podríamos llegar si tan solo nos atreviéramos a dar un paso más.

Por eso yo hoy, pienso en lo importante que es celebrar las equivocaciones, o dicho de otra manera festejar a la gente que tiene el valor de cometer errores, pues se trata de personas que tomaron la iniciativa de intentar algo y de luchar.
Pues aquellos que jamás se han equivocado o son Dios o nunca han intentado hacer algo.

Equivocarse es parte del ser humano, es una parte intrínseca de nuestro desarrollo como personas, de nuestro crecimiento, de nuestro viaje por la vida.

Nadie nace sabiendo y todos, absolutamente todos, tenemos que aprender y seguir aprendiendo durante toda nuestra vida. Y cada vez que cometemos un nuevo error, no quiere decir que somos tontos, incapaces o inútiles, por el contrario, significa que estamos un paso más cerca de llegar a nuestra meta y continuar con nuestro crecimiento.

Claro, tampoco se trata de cometer el mismo error una y otra y otra vez; precisamente para eso está el sentido común.
Pero de lo que sí se trata es de aprender y crecer, de tener valor y coraje para tomar la iniciativ, de utilizar nuestro conocimiento, nuestras experiencias pasadas y nuestro sentido común para aplicarlos e intentar vencer cada reto que se nos presenta en la vida.

Y a aquellas personas que temen hacer algo o a tomar la iniciativa por miedo a ser regañados o por pavor a equivocarse yo les pregunto: ¿Se imaginan que habría pasado si cierto marino español no se hubiera equivocado cuando se atrevió a embarcarse en busca de Las Indias?
¿Pueden imaginar que habría pasado si Steve Jobs CEO y fundador de Apple Computer, hubiese hecho caso a la gente de Hewlett-Packard cuando le dijeron que no lo necesitaban y hubiera dejado a un lado su intento de desarrollar su computadora personal por miedo a equivocarse?

El cometer errores, les decía, es parte de la vida y mientras tengamos el buen juicio de aprender de ellos y no dejar que el mismo error ocurra otra y otra vez, estaremos en el camino correcto.
De hecho como dicen por ahí “Darnos cuenta de que todos cometemos errores y que estos son esenciales para nuestro crecimiento y progreso, es verdaderamente liberador”

Una práctica de la que he leído un poco sobre como aprovechar al máximo nuestros errores, es enlistar las 10 más grandes equivocaciones que pensamos que hemos cometido en nuestra vida y a un lado anotar las lecciones que aprendimos de estas e incluso los beneficios que después de estos obtuvimos,

Al hacerlo veremos que al final la balanza siempre se inclina a favor de nuestro crecimiento pues hoy no seríamos quienes somos, si no hubiésemos cometido los errores que tuvimos en el pasado.

Nunca es demasiado tarde … para hacerle caso a Morrie

“Nunca es demasiado tarde para preguntarte a ti mismo si realmente eres la persona que quieres ser, y si no, quien quieres ser”
Morrie Schwartz.

¿Planteamiento fuerte? Seguro. ¿Importante? Definitivamente.

Puede sonar exagerado y fuera de proporción, pero no es así. Simplemente se trata de echar un rápido vistazo a nuestra vida, a quienes somos, lo que hacemos y a como nos comportamos.
¿Para qué? Para asegurarnos de que vamos en el camino correcto, para que nos demos cuenta de que a pesar de lo recorrido, aún es tiempo de rectificar y buscar hacer lo que realmente amas hacer y ser una persona felíz. Después de todo para eso estamos aquí, para ser felices.

“Tanta gente va caminando sin sentido por la vida. Parecen medio dormidos, incluso cuando están haciendo aquellas cosas que creen que son importantes. Esto sucede porque están persiguiendo las cosas equivocadas”.
Morrie Schwartz

¿Conocen a alguien así o ustedes mismos se sienten así? Entonces, talvez sea el momento de hacer esta introspección y analizar si están persiguiendo las cosas realmente importantes en su vida o si simplemente están haciendo lo que su familia, sus amigos y la sociedad en general esperan de ustedes.

Uno de los sitios que frecuentemente visito en la Blogosfera es el blog de Curt Ronsengren, un consultor de desarrollo profesional creador de un sistema al que él ha llamado “Catalizador de pasión” y autor del libro “The Occupational Adventure Guide”.
En su blog, él comparte un breve test de 15 preguntas que puede ayudar de forma muy rápida a examinar como nos sentimos con respecto a nuestra carrera.

Aunque el exámen es muy sencillo, incluye algunas preguntas fuertes que en pocas ocasiones nos hacemos. Creo que las preguntas que a mi más me impactaron fueron:

¿Mi trabajo me apasiona?
¿Siento que mi trabajo importa y contribuye a la sociedad?
¿Me siento motivado para hacer el trabajo que hago?
¿El trabajo que realizo me viene de forma natural?

Preguntas que creo que uno debe hacerse a sí mismo constantemente, pues de nada sirve trabajar y esforzarse tanto, si por lo que lo estamos haciendo nada tiene que ver con lo que nuestro corazón sabe que somos.

Como dicen por ahí “No importa que tan rápido vayas, si no sabes a donde quieres llegar”

Por cierto, si quieren hacer el test completo, lo pueden hacer en: http://www.passioncatalyst.com/quiz/careerchange.htm

Mis 10 formas favoritas de agregar valor

Cuando una persona trabaja en mercadotecnia, ventas o publicidad (como yo) se acostumbra mucho a escuchar una frase típica de cuando se están construyendo nuevos planes de ventas y mercadeo: “Démosle un valor agregado” “Permitamos que obtengan más valor por su inversión”, etc. e inmediatamente comenzamos a arrojar ideas a la mesa sobre lanzar una promoción 2×1 o si eres muy atrevido 3×2 o armar un paquete de alguna bebida alcohólica que además de la botella contenga unas “originales copas y un cubilete con dados acompañándola.”

Siempre pensamos en como sumar a nuestro producto o servicio algún objeto de relativo bajo costo que nos permita maquillar su presentación , cobrando a un precio marginal el regalo adicional.
Es decir en realidad ¡no estamos regalando nada! Estamos incluyendo en el empaque otro artículo que también estamos cobrando, solo para crear la percepción de un valor agregado.
Pero bueno lamentable o no, esa es una práctica común en el mundo comercial, donde todo se basa en cuento gasto y cuanto gano.

Afortunadamente para mi tranquilidad personal, en los últimos meses en los que me he dedicado a estudiar más sobre liderazgo y desarrollo personal, he descubierto una innumerable cantidad de libros, artículos, historias reales, sitios corporativos, blogs, etc. De gente auténticamente interesada en encontrar formas de agregar valor al mundo en el que vivimos. No de formas de hacer parecer que damos algo a cambio de cobrarlo de todas maneras, sino acciones concretas que cada uno como persona podemos realizar para mejorar las relaciones que tenemos en nuestro hogar, en el trabajo, en la calle y en nuestra comunidad. Y lo mejor de todo, ¡son acciones prácticamente todas sin costo alguno para nadie!

Algunos de los mejores libros, artículos y blogs que he leído al respecto son de mis ya muy citados gurus Robin Sharma y Stephen Covey, pero también hay una lista ENORME de personas que tocan este tema y a quienes, si les interesa, puedan consultar, como:

· Tim Sanders, consultor y conferencista en negocios, en su Blog Sander says.
· Tim Milburn, fundador de Studentlinc, una organización dedicaca a la creación de estudiantes líderes, y escritor de un E-book titulado 103 ways to add value to people, es gratuito y lo pueden descargar en
http://studentlinc.typepad.com/studentlinc/2007/03/add_value_to_pe_4.html
·
Mitch Albom, autor de Tuedays with Morrie, The five people you meet in heaven y For one more day.
· Stu Sounders en su
The Stu-pendous blog.
· El blog de Make it Great de Phil Gerbyshak
· El Blog
Happy Rant de Curt Rosengren

Y así pueden encontrar literalmente contenido de calidad para llenar sus días y meses para aprender más sobre este concepto que TODOS debemos conocer con el corazón.

En tanto tienen oportunidad de visitar los sitios que les recomendé, quisiera compartirles mis 10 favoritas formas de agregar valor, que he estado aprendiendo, aunque muchas aún no las domino, pero lo importante es que estoy esforzándome por hacerlo y espero pronto en algún momento, con alguna de estas acciones, agregarles valor a ustedes también.

  1. Hazle un cumplido a las personas que te encuentras, durante los primeros 30 segundos de verlas, puede ser sobre algún logro, un evento o simplemente su arreglo personal, pero definitivamente a la los seres humanos nos encanta que nos hagan caso y dar un cumplido a alguien es hacerle notar que le tienes en cuenta.
  2. Apréndete y recuerda siempre los nombres de toda la gente con quien frecuentemente tienes contacto. No solo los de tus clientes, tus jefes, equipo de trabajo y amigos, sino de todas las personas con quienes tienes contacto para llegar a ellos, desde la recepcionista hasta la asistente, desde la directora general hasta el mozo de intendencia, el guardia de la entrada, el tendero de la esquina. Todos los seres humanos tenemos una característica muy curiosa, estamos muy ligados a nuestros nombres, son nuestra identidad y nos gusta saber que la gente nos conoce.
  3. Todos los días, a cada momento posible, trata de ayudar a quien lo necesite. Puede ser a una persona pidiendo ayuda para comprar un medicamento en la calle, a una señora grande a subir un producto pesado a su carrito del supermercado. No importa a quien, siempre mantén los ojos abiertos para poder ver el momento en que se necesita tu ayuda.
  4. Se agradecido con todo y con todos, con Dios, con la vida, con tu familia, con tu trabajo, tus amigos y contigo mismo. Pero importante, no digas gracias solo por decirlo, se agradecido de corazón.
  5. En ese tenor…hazle saber a la gente cuando estás agradecido con ellos y déjales ver que los valoras. Un tip que permanentemente me he encontrado con todos los autores a quien he citado es que nada dice más gracias que una nota de agradecimiento escrita en tu puño y letra. ¿No es mala idea no?
  6. Regala un detalle inesperado. No tiene que ser nada caro o elaborado ni a ninguna persona en especial. Tan solo llegar un día con un café extra para un compañero de oficina o invitar la cuenta de la comida de tus amigos sin que lo esperen, pueden se suficiente para decir
    “L os valoro y me importa dedicar algún detalle a ustedes”.
  7. ¡Sonríe! Cuando saludas, cuando hablas con alguien, en todo posible momento sonríe. Es gratis y es contagiosísimo. Imaginen que fácil sería todo si todos sonriéramos un poco más todos los días.
  8. Cuando aprendas algo nuevo compártelo.Al compartir tu nuevo conocimiento no solo transmites información, sino también herramientas que, a quienes las estás compartiendo, en un futuro seguramente les servirán. Además como dicen: “Solo enseñando es cuando realmente aprendes”.
  9. Cuando estés con alguien, estalo de verdad.
    Esta es una importantísima lección que me ha dado mi esposa y que estoy haciendo mi mejor esfuerzo para practicar día con día. Nuestro tiempo realmente es lo más preciado que podemos regalar y más cuando en verdad dedicamos ese tiempo sin distracciones, sino 200% dedicados esa persona. Así que cierren laptops, apaguen televisores y radios, dejen de pensar en que van a cenar en la noche o que van a vestir mañana y háganle caso total a la persona con quien están. Dedíquenle su tiempo de verdad.
  10. Aprende a aprender. Es un hecho, no sabemos todo, de hecho sabemos mucho menos de lo que creemos, aún cuando queramos aparentar lo contrario.Tengamos la humildad de reconocer cuando no sepamos algo y con sencillez levantemos la mano para pedir que nos enseñen y cuando nuestro maestro esté ahí para compartir su conocimiento, apliquemos el punto 9 y estemos con el de verdad.

Les propongo algo: ¿por qué no hacen una lista de que acciones pueden hacer esta semana para agregar valor en lo que hacen y a quienes los rodean, y nos lo comparten con sus comentarios en este Blog?

Para brillar se necesita tener foco.

En las últimas semanas la cantidad de trabajo ha prácticamente rebasado la capacidad física del equipo de trabajo en el que laboro y la mía también. No por falta de conocimiento, experiencia o destreza, pues, en definitiva, tengo la fortuna de formar parte de un gran grupo (en espíritu, no en tamaño) de gente muy talentosa.

Creo que lo que ha sucedido es que hemos tratado de abarcar mucho terreno, intentando producir excelentes resultados para diferentes personas y así brillar ante todos los que, por alguna razón, requieren de nuestra involucración.

Y brillar hemos logrado. Solo que no para todos al mismo tiempo o en la misma intensidad.
Pero ¿Por qué pasa esto, qué nos ha ocurrido?

Pienso que nos hemos convertido en una especie de serie de luces de árbol de navidad.

Prácticamente nos puedo ver, tal como si fuéramos una pequeña chispa eléctrica que tiene que correr de un pequeño foco a otro a lo largo de la serie tratando de iluminar tramo a tramo un enorme árbol navideño.
Y así como una serie de luces va parpadeando de foco en foco, nosotros vamos brincando de proyecto en proyecto, yendo y viniendo, saliendo y regresando tratando de mantener el brillo en todo lo que hacemos.

Algunos han decidido, talvez apresuradamente, absorber responsabilidades adicionales a las muchas que ya tenían, lo que en lugar de permitirles crecer su círculo de influencia y contribuir de mejor manera con la organización, crece su círculo de preocupación, pues ahora en lugar de tener que iluminar a 40 bombillas de luz, tienen que hacerlo para 80, lo que resulta en definitiva, en un alumbrado mucho más tenue que antes.

Entre más lo pienso, más me convenzo de que lo que necesitamos hacer es tener FOCO.

No quiero decir con esto que debamos encerrarnos en nuestra pequeña parcela de obligaciones y demos la espalda a otras necesidades del grupo. Por el contrario, creo firmemente que si cada uno de nosotros mantenemos un claro y firme enfoque en cumplir y desarrollar nuestro círculo de influencia vamos a contribuir mucho más al brillo total de ese gran árbol de navidad que llamamos empresa.

Necesitamos ser claros con nosotros mismos e identificar cuales son nuestras grandes fortalezas, que es eso que sabemos hacer muy bien y decidirnos a entregarnos al 100% a esa labor y así aportar a nuestro equipo, en lugar de querer abarcar más “luces” en la serie para tratar de lucir más ante los demás, pues de esa forma ponemos en riesgo iluminar tan solo a medias o peor aún fundir alguna bombilla y, recuerden que es lo que usualmente pasa cuando un solo fusible deja de funcionar…la serie completa comienza a fallar, a veces hasta dejar de brillar por completo.

Así que pongo esta idea sobre la mesa: tengamos muy claro como es la mejor forma con la que podemos contribuir, identifiquemos muy bien nuestras fortalezas y nuestras oportunidades; marquemos perfectamente cual es nuestro círculo de influencia y dejemos que los demás hagan lo mismo.

Ese es el verdadero trabajo en equipo, donde cada quien aporta con su labor enfocada y clara a un objetivo en común: que ese enorme árbol brille en su totalidad.

Si tan solo Donald fuera como un buen jardinero.


¿Alguna vez les he contado sobre mi teoría de que a todos, a unos más que a otros, nos ataca el Síndrome del Pato Donald (SPD) en algún, o posiblemente muchos, momentos de nuestras vidas?

Sucede que a todos, después de ir acumulando estrés, malas noticias, enojos, berrinches, frustraciones, pláticas y pensamientos negativos, en fin mala vibra en general, quedamos tan llenos de energía negativa que cualquier cosa es suficiente para hacernos explotar en un ataque de ira que no hace más que empeorar nuestra situación y que termina por convertirnos en un Pato Donald enojado y víctima de su propio coraje.

¿O no? ¡Vamos! Recuerden como se ponía Donald cuando trataba de abrir su silla plegable en la playa y esta no cedía, provocando que el famoso pato de traje del marinero fuera enojándose más y más, golpeando y gritando hasta terminar atrapado dentro de la misma silla.

Bueno pues ese es justo el SPD o Síndrome del Pato Donald.
Este se da precisamente cuando llegamos al punto de no regreso y perdemos el control y como dicen por ahí “Escupimos al cielo” y por supuesto, como todo lo que sube, tiene que bajar, ese escupitajo solo nos salpica de regreso a nosotros mismos.

Ahora ¿cómo es que llegamos hasta el punto adquirir el SPD? No es difícil imaginárselo…vivimos en una época donde el estrés es parte de la cotidianidad en nuestras vidas: cuentas por pagar, problemas por resolver, proyectos por entregar, familia que cuidar, hijos que educar, compromisos que cumplir, en fin todo una carga de factores que no podemos ignorar ni evitar y que sea como sea, tenemos que cumplir.
Pero a los que además, sin darnos cuenta, sumamos otros que sí podemos cambiar:

Y es que usualmente empezamos nuestros días siempre corriendo, al despertar, lo primero que hacemos es quejarnos de la hora tan temprana en que tenemos que levantarnos, si somos considerados y compartimos habitación con alguien, salimos de ella y sino encendemos la televisión o la radio para “escuchar” las noticias del día y así contaminar nuestra mañana con las últimas notas sobre la violencia que hay en el mundo, los asaltos, las guerras, etc.. Salimos camino al trabajo y vamos peleando con el conductor del auto de enfrente solo porque a él le toco estar frente a nosotros en esa larga fila de coches estacionados, que llamamos periférico…o viaducto…o cual sea la avenida que mas usen por las mañanas.

Llegamos a la oficina, recibimos la llamada de algún cliente enojado o peor aún la llamada la recibió nuestro jefe y él ahora es quien esta enojado, algún proveedor no cumple con su compromiso, en una junta de trabajo tenemos un fuerte desacuerdo con alguien más. A la hora de la comida el mesero tarda en traer la cuenta y regresamos tarde al trabajo, regresamos al final de la tarde a casa para, después de volver a lidiar con todos esos automovilistas a quienes insolentemente se les ocurrió también regresar a sus hogares a la misma hora que nosotros, encontrarnos con que la puerta del estacionamiento no funciona bien o que un vecino se estacionó mal impidiéndonos guardar nuestro auto en su lugar.

Entramos a casa, estamos bloqueados, irascibles e iracundos, solo pensando en querer ver la televisión y no hablar de nada con nadie…entonces discutimos con nuestros familiares porque ellos con la mejor de las intenciones nos reciben con los brazo abiertos, pero como nosotros venimos con una inercia negativa equivalente a una onda expansiva nuclear, los hacemos a un lado, nos postramos en nuestro sillón acostumbrado, prendemos la caja idiota y… ¿qué hacemos? Sintonizar una serie de televisión llena de violencia, muerte y vicios.
Nuestra pareja nos interrumpe, pregunta algo o nos dice algo que no nos parece y ENTONCES!!!!!!…

¡FELICIDADES! Lo has logrado, has adquirido SPD.

Tanto que ya solo te falta la cola de pato y sombrero de marino porque estás tan enojado que el pico naranja lo tienes ya!

Las consecuencias… esas creo que no las tengo que contar.

Así que mejor me dedicaré a platicar sobre como podemos evitar contagiarnos de SPD.

Y para eso debo hacer referencia una vez más a una de las lecciones de ese gran mentor, autor de “El monje que vendió su Ferrari”, Robin S. Sharma quien, precisamente en dicho libro compara a la mente humana con un jardín, explicando que: “Si tu procuras tu mente, la nutres y la cultivas, esta, tal como un rico y fértil jardín florecerá más allá de lo que puedas imaginarte” .

Él continua con su analogía detallando que justo como un jardinero cuida cual soldado, que en su parterre no entre ni el más mínimo rastro de contaminación, de la misma manera deberíamos nosotros procurar esto con nuestra mente.
Sin embargo es penoso ver la cantidad de basura que la mayoría de nosotros dejamos entrar a nuestra cabeza día con día. Las preocupaciones, la ansiedad, el lamentarse por el pasado o angustiarse por el futuro y todos aquellos miedos creados por uno mismo, las pláticas y medios a los que nos exponemos, provocan una catástrofe dentro de nosotros mismos.
“La preocupación drena a nuestra mente de todo su poder y tarde o temprano, lastima incluso hasta nuestro espíritu”.

Para vivir la vida en todo su esplendor, debes de montar una estricta guardia a la entrada de tu jardín y solo dejar entrar a la mejor información y al mensaje de mayor calidad. No podemos darnos el lujo de tener ni un solo pensamiento negativo.

Explica Sharma que la gente más alegre, dinámica y satisfecha en el mundo es aquella que hace algo más que solo existir. Son esas personas que creen en su potencial humano y realmente saborean la vida, pero que sobre todo, adoptan un paradigma positivo sobre su mundo y todo lo que en el existe.

¿Sabían que en un día normal la persona promedio crea alrededor de seis mil pensamientos, y que el 90% de esos pensamientos son los mismo que los del día anterior?

Por lo tanto, sugiero que nos aseguremos de que esos pensamientos sean siempre positivos, pues como explica Stephen Covey: “Todo lo que hacemos y tenemos en la vida existe dos veces, primero cuando la piensas y después cuando lo hacemos realidad”
Razón suficiente para querer que lo que creemos sea siempre positivo ¿no lo creen?

Volvemos entonces al tema de la oportunidad de escoger:

No importa lo que esté pasando en nuestra vida, tenemos el derecho a siempre escoger como queremos responder. Y tenemos el derecho de elegir a que estímulos queremos exponer a nuestra mente y sobre todo a pensar siempre positivamente para sentirnos siempre bien.
Tenemos derecho a ser el jardinero de nuestra mente y a con nuestra actitud positiva, crear pensamientos positivos que solo podrán crear situaciones positivas a nuestro alrededor.

Hhmm, pensándolo bien, no estaría mal que en Disney hicieran una caricatura de Donald como jardinero. ¿no creen?

Cuatro supuestos para llevar una vida más balanceada

Durante las últimas semanas he estado leyendo, repasando y estudiando el libro “El Octavo Hábito” del Dr. Stephen Covey, a quien seguramente me han visto mencionar en muchos de los temas que he tocado anteriormente.
En este libro, Covey toca un tema de suma importancia: El desarrollo de las 4 inteligencias que como seres humanos tenemos.

Por un lado, está la inteligencia física, la de nuestro cuerpo, la inteligencia que está ahí en todo momento sin que nosotros estemos conscientes de ella, coordinando a todo nuestro organismo.
También está la inteligencia mental, que es la más comunmente conocidad de todas, se trata básicamente de nuestra capacidad para analizar, razonar, manejar nuestros pensamientos abstractos, usar el lenguaje, comprender, etc.
Ahora, y desde hace algunos años, se habla mucho de la inteligencia emocional que es la que nos permite conocernos y estar conscientes de nosotros mismos, nos brinda diferentes capacidades como la sensibilidad, la empatía, la comunicación y el relacionarnos con los demás.

Hasta ahora, la mayoría de nosotros habíamos escuchado solo sobre estas 3, pero Covey habla de una cuarta inteligencia: La espiritual.

La inteligencia espiritual, que por cierto ya es sujeto de diferentes investigaciones científicas y filosóficas, es, a decir de Covey, la más fundamental de todas ya que se convierte en la fuente de dirección para las otras tres, esta representa nuestra búsqueda de dar significado a lo que hacemos y la que nos permite, a través de nuestra conciencia, estar seguros de lo que hacemos es lo correcto.

Después de haber leído tanto sobre estas, he llegado a la conclusión de que desarrollar las 4 inteligencias es una obligación que como seres humanos tenemos todos, y no es tarea fácil, hay muchos pasos que seguir, muchas prácticas que adoptar y conceptos que comprender.

Probablemente en las siguientes semanas hable mucho más de cada una de estas 4 dimensiones, pero en tanto eso sucede, hay 4 sencillas suposiciones que Covey recomienda hacer para ayudarnos desde ya a desarrollarlas y comenzar a llevar una vida más balanceada:
  1. Para el cuerpo (Inteligencia Física): asume que has tenido un infarto, ahora comienza a vivir de acuerdo a esto.
  2. Para la mente (Inteligencia Mental): asume que estás a dos años de llegar a la mitad de tu vida profesional, prepárate de acuerdo a esto.
  3. Para el corazón (Inteligencia Emocional): Asume que todo lo que dices de otra persona, él o ella lo puede escuchar, ahora habla de acuerdo a eso.
  4. Para el espíritu (Inteligencia Espiritual): Asume que tienes una revisión de resultados uno a uno con Dios cada 3 meses, ahora vive de acuerdo a eso.
Desde mi punto de vista, estos 4 puntos y los resumiría en:

  • Vive sanamente, cuida, nutre y ejercita tu cuerpo.
  • Se previsor y prepárate para el futuro, pero no dejes de disfrutar el presente, goza el momento que estás viviendo.
  • No hables más de los demás, como dicen por ahí: “Si no tienes nada bueno que decir de alguien, mejor mantente callado”.
  • Se responsable de tu vida y tus acciones. Define tus valores y principios y vive de acuerdo a ellos y se agradecido por todo lo que tienes.

Sonríe y hazle el momento agradable a todos

¿Alguna vez han visto que en un avión le aplaudan a un sobre cargo?

Yo sí, y no fue precisamente porque al mejor estilo Hollywoodense salvara a todos los pasajeros de un desastre aéreo; sino porque convirtió un momento rutinario y engorroso en uno divertido y agradable.
Les cuento: Como es acostumbrado, una vez que habíamos abordado el avión y que todos estábamos ya bien ubicados en nuestros asientos, el jefe de la tripulación, un sujeto de origen cubano comenzó a dar las típicas y aburridas instrucciones de seguridad para el vuelo, solo que en esta ocasión fueron todo menos aburridas.
Él comenzó dictando la clásica letanía y los pasajeros tomamos la conocida posición de revista del avión en mano y vista perdida en sus páginas, entonces sorprendentemente este miembro de la tripulación de American Airlines (GOL!!!) dijo: “ y se que no les importa lo que estoy diciendo bla bla bla bla, y podría decirles cualquier cosa bla bla bla bla en lugar de decirles donde están las salidas de emergencia bla bla bla bla…”
Y así continuó dando la información de seguridad entre broma y broma hasta que terminó, seguido de una gran sesión de aplausos de todos los pasajeros y el resto de la tripulación.
Y claro, como deben suponerse, el resto del vuelo lo pasó platicando y bromeando con todos, y cuando llegamos a Dallas, todos bajamos del avión asegurándonos de despedirnos y sonreír una vez más con nuestro anfitrión.
Me imagino que este señor debe abrirse siempre las puertas a donde vaya. Casí puedo verlo entrar a cualquier lugar regalándoles una sonrisa a todos.
Seguramente si hacen memoria verán que tienen un amigo, familiar o conocido que es así. Gente que hace sentir a cualquiera cómodo y bienvenido en su presencia.

Yo tuve la fortuna de casarme con alguien así y también he tenido muchos amigos así.

Recuerdo a dos amigos en particular (Chava y Fillo), cada uno de etapas diferentes de mi vida, y que siempre que saludaban a alguien, no importaba de quien se tratara, sin falta tenían una sonrisa y unas palabras de bienvenida preparados para ti. Podían estar en medio de algún problema o visiblemente inquietos, pero jamás te harían una mala cara.

También recuerdo a otros amigos que eran conocidos por sus ánimos siempre bajos, a los que siempre que los saludabas tenían algo de que quejarse y a los que ya no les preguntabas como estás sino como sigues.

Creo que no tengo que platicarles quienes eran los más populares y queridos.

Hoy tengo la gran fortuna de compartir la vida con alguien así y aprender de ella día con día lo increíble que es sonreírle y ser amable con los demás.

Inténtenlo y verán cuantas puertas se abren frente a ustedes. Pero tengan cuidado y no confundan ser amable con ser políticamente correctos y no pretendan instalar una falsa sonrisa en su cara. La gente no es tonta y la hipocresía se huele a metros de distancia.

Sonreír y ser amable es una actitud, una forma de vida que viene desde adentro, son el reflejo del bienestar de nuestro espíritu y nuestra mente; y como dicen “solo cuando estamos bien con nosotros mismos, podemos estarlo con los demás”.

Así que ¿qué tan bien están hoy? ¿a cuantas personas le harán el día mejor con solo regalarles una sonrisa?

CUMPLE TUS COMPROMISOS

¿Cuántos compromisos incumplidos habremos hecho en nuestras vidas?
Es más ¿Cuántos tan solo en el último año? Creo que sería más fácil contar cuantos sí hemos cumplido.

Debería ser realmente alarmante la cantidad de compromisos y promesas que sin pensarlo hacemos todos los días; y sin embargo estamos tan acostumbrados a romperlos y a que no nos los cumplan, que ya es algo tan cotidiano que simplemente no nos damos cuenta.

Cotidiano quiere decir “Que ocurre con frecuencia, que es habitual”.
Es decir ¡no cumplir nuestros compromisos se ha convertido en un hábito!

Y uno de los peores. Porque cada vez que nos comprometemos a algo y no lo hacemos, perdemos credibilidad. Siempre que no entregamos aquello que prometimos, como, cuando y donde lo acordamos, traicionamos la confianza de con quienes nos relacionamos.

Y lo que es mucho peor, cada ocasión en que no cumplimos con nuestros compromisos, alimentamos ese tan negativo hábito y fortalecemos el sentido de desconfianza en nosotros mismos.
Así cada día nos hacemos creer que no seremos capaces de hacer lo que decimos, pero tampoco nos sentimos seguros de decir No puedo comprometerme a lo que me piden”.

La buena noticia es que como todo mal hábito, este se puede romper para comenzar a construir uno nuevo: CUMPLIR TODOS TUS COMPROMISOS.

Por supuesto esto no es tan fácil como suena, pero como todo lo que cuesta trabajo en la vida, vale mucho la pena.

Dado que no soy ningún Guru y que por el contrario, a penas estoy trabajando en asegurarme de siempre cumplir todos mis comprimos, hoy solo puedo compartirles algunas acciones que aprendí de ese mentor que a larga distancia y sin que él lo sepa, he adoptado: Robin Sharma.
1- Conoce cuales son los valores más importantes para ti.

2- Descubre y define tu voz, tu vocación.

3- Así ahora podrás hacer compromisos que sí son congruentes contigo mismo.

4- Escoge cuidadosamente los compromisos que haces No a todo tienes que decir que sí. Como dice Stephen Covey: “Cuando alguien te pida un favor, recuerda que tienes el derecho de obtener más información y de tomarte el tiempo para pensarlo. Tendemos con frecuencia a decir que sí y luego vivimos para arrepentirnos.”

5- Comienza haciendo pequeños compromisos contigo mismo.
Promesas que sean fáciles de cumplir en tiempo y en forma. Por ejemplo, si lo que quieres es cuidar tu alimentación piensa: “ solo hoy dejaré de comer postre en la comida.” o si lo que estás buscando es fortalecer tus relaciones y amistades, piensa: “Hoy le hablaré sin falta a ese viejo amigo con quien hace tiempo que no me veo.”

6- Escribe un diario.
No me refiero al trillado concepto de la libreta donde la dulce quinceañera relata sus sueños de adolescente, aunque esa también es una gran práctica, sino a una bitácora. Un espacio en el que documentes todas tus experiencias del día y al que puedas consultar sobre tus avances en el realización de tus objetivos.
Esto te ayudará a identificar que sí y que no estás haciendo; y a entender el porque, de modo que puedas replicar o evitar situaciones y condiciones para asegurarte de cumplir, pues cada pequeño compromiso que cumplas, por simple que sea, te dará una gran sensación de logro que irá alimentando las ganas de seguir cumpliendo.

7- Date tiempo y se constante. De acuerdo a los estudiosos un hábito se construye en 21 días de práctica diaria. Así que fíjate como meta practicar el cumplimiento de tus compromisos y objetivos diariamente durante todo un mes. Al inicio puede que hacerlo sea engorroso y la tentación de rendirte sea grande, pero recuerda que cada día de logro es un paso más y que, como en el ejercicio físico, con el esfuerzo de cada día haces que el de mañana sea más fácil de lograr.

Un mes de esfuerzo para crear uno de los mejores hábitos que podemos tener.
Con este, no solo ganaremos la confianza de quienes nos rodean, sino que obtendremos credibilidad absoluta ante alguien aún más importante: nosotros mismos.

Náufragos

Hace poco fui a ver una película que no esperaba que me impactara tanto.

Esta cinta, titulada “En busca de la felicidad”, relata la historia de un padre que ante todo obstáculo lucha por realizar su sueño a la vez que tiene que mantener y cuidar del bienestar físico y emocional de su pequeño hijo.
Cada escena es impresionante, talvez no solo por las grandes actuaciones que presentan (con razón estuvo Will Smith nominado para el Oscar a mejor actor) sino porque se trata de una historia de la vida real, lo que indudablemente lleva a uno a pensar en el sin fin de casos como este que existen hoy en el mundo…pero este es tema para otra ocasión…

Les decía, todas las escenas son intensas, desde ver como es abandonado por su esposa, perseguido por un taxista o arrestado por falta de pagos, hasta el más crítico momento cuando él y su pequeño son lanzados a la calle y forzados a pasar la noche ocultos en un baño público del metro de San Francisco.

Pero aún cuando durante toda la película tuve un nudo en la garganta, no fue ninguna de estas secuencias lo que más me impactó. En realidad, el momento que me hace recordar la cinta hoy es cuando el niño (quien por cierto en la vida real es el hijo de Will Smith) sin saberlo y haciéndolo a modo de “chiste”, le dan una gran lección a su papá. Y el “chiste” va así:

Un náufrago se encontraba flotando a la deriva en medio del océano y sin la más mínima señal de tierra a la vista.

”Dios mío, sálvame, por favor ven a rescatarme” rezaba fervientemente
Después de unos momentos, un bote pesquero pasó y se detuvo para ofrecerle ayuda, pero cuando el capitán del barco le arrojó un salvavidas, el náufrago en lugar de sujetarlo lo rechaza y explica que no se irá con ellos pues está esperando a que Dios venga a rescatarlo.
Pasan las horas y vuelve a pedir a Dios que venga a salvarlo, entonces de la nada aparece un gran crucero que se detiene y envía una lancha salvavidas a recoger al sujeto, pero este lo rechaza nuevamente, explicándole a la tripulación que está esperando a que Dios venga a rescatarlo.
Y así continuó pasando el tiempo hasta que sus fuerzas se acabaron y comenzó a sumergirse irremediablemente mientras pensaba “Díos vendrá a rescatarme”.
Cuando el náufrago volvió a abrir los ojos, se dio cuenta de que no se encontraba en tierra firme, sino en el Cielo. Indignado corrió en busca de Dios a quien le pregunta: “¿Por qué nunca fuiste a rescatarme? Todo el tiempo te estuve rezando y nunca acudiste a mi salvación.” A lo que Dios, simplemente responde: “¿Nunca? ¡Pero si te he enviado dos barcos!”

Cada vez que pienso en este relato, no puedo evitar recordar las palabras de Pamela Miles, Maestra Reiki y Directora y fundadora del Instituto para el avance de terapias complementarias en Nueva York, NY. Y consultora y desarrolladora de terapias complementarias en varios de los principales hospitales de esa ciudad, cuando dice: “La espiritualidad tiene dientes”.

En una época tan agitada como en la que estamos viviendo, cada vez es más fácil distinguir dos grupos de personas:

Por un lado están aquellos que se tiran al sufrimiento, dejando a un lado toda fe o esperanza y que siguen haciendo lo mismo de siempre, dejándose llevar por los momentos buenos y malos en sus vidas, dejando en sus días espacio solo para quejarse y culpar a todos y a todo por sus problemas.
Y por el otro, está un grupo de personas llenas de fe y esperanza que ante todo problema se detienen a rezar y poner todo en manos de Dios.

Yo a estos últimos les llamo ahora “NÁUFRAGOS” Y para ser sinceros no les encuentro ninguna ventaja sobre el primero.

Afortunadamente también hay un tercer grupo, el de aquellas personas que no solo son positivas y están llenas de fe y esperanza, pero que también están llenos de acción.
Aquellos que no solo piden ayuda, sin que en verdad se dejan ayudar y sí “se suben al barco”.
Este grupo de gente es quien mueve al mundo. Es el grupo que no se deja vencer por los retos y que continúa luchando.

Todos conocemos a alguien así, y no me refiero a grandes líderes como Gandhi o Mandela, sino a personas tan comunes como nosotros mismos. Talvez vean este ejemplo en algún familiar, un amigo o un viejo maestro.
¿No los ubican? Son fáciles de identificar, son justo esas personas que siempre están explorando una nueva oportunidad, esa gente de la que siempre pensamos “Que suerte tiene este, siempre le va bien”. No son súper hombres ni súper mujeres, mucho menos los elegidos. Simplemente son aquellos sujetos que sí piden ayuda, pero que no solo se sientan a esperarla, sino que salen a buscarla y toman acción.

Son esos aparentes “náufragos” que cuando piden ayuda no esperan a que aparezca el capitán del crucero del amor (wow, flashback!), sino que abordan la balsa que les ofrece la posibilidad de seguir adelante y hacen con ella su mejor esfuerzo.
Demostrándonos a todos que en realidad la espiritualidad, SÍ tiene dientes.

Entonces, hoy habría que preguntarnos: ¿A qué grupo queremos pertenecer?

Un fin de semana con Mitch y Morrie – Dos grandes lecciones más.

Recordarán la cita que hice de Stephen Covey en el artículo pasado sobre aprender enseñando y practicando.

Bueno pues aquí está la otra parte de la cita, además de compartir lo aprendido y ponerlo en práctica, también hay que reportar los resultados que vas obteniendo al aplicar ese nuevo conocimiento en tu vida diaria.

Así que muchísimas gracias a todos los que respondieron la semana pasada. Sus respuestas no solo me alegraron la semana, pero me dejaron inspirado y cargado de energía para continuar escribiendo.

Se que muchos de ustedes habrán sentido curiosidad por saber algo más sobre la historia de Morrie, así que si aún no han comprado el libro, pero siguen con la intención de averiguar un poco más sobre el, pueden visitar www.tuesdayswithmorrie.com

Mientras tanto hoy les quiero compartir dos lecciones más que recibí de este gran profesor:

Lección aprendida número 2:
Una vez que aprendes a morir, aprendes a vivir.

Tristemente pasamos gran parte de nuestras vidas como robots, haciendo automáticamente lo que la sociedad nos ha enseñado: trabajo, ambición, acumulación de bienes materiales, etc.

Y vamos por el camino como zombis andando al paso de la órdenes de ganar más dinero, vende más y compra más, trabaja más, produce más, vende más y compra más, compra más y más.

Y no le damos ni la más mínima consideración a lo que realmente es importante y nos hace feliz.
Hasta que un día nos topamos frente a frente con la posibilidad de morir, con la posibilidad de dejar de existir de un momento a otro y sin aviso alguno y si somos afortunados (y sensatos), aprovechamos la oportunidad para poner en la balanza todo lo material y lo espiritual que hemos acumulado y la triste realidad es que el resultado no es lo que esperábamos.

Y como dice Robien Sharma “Aún no he visto a un camión de mudanzas atrás de una carroza fúnebre”.

Si entendemos esto entonces nos podemos sacudir de todo lo superficial y enfocarnos en lo esencial. Podemos abrir los ojos cada mañana agradeciendo contar con un día más de vida y decidir aprovecharlo para impactar la vida de alguien más, para contribuir con tu comunidad, para darle valor a tu vida y a la de los demás.

Lección aprendida número 3:
El estatus no te lleva a ningún lugar.

Esto lo cito textual de las lecciones de Morrie.
“Existe una gran confusión entre lo que queremos y lo que necesitamos.
No se necesitan un auto último modelo ni tener la casa más grande del vecindario para sobresalir.”
“La verdad es que no se obtiene una real satisfacción de estas cosas; lo que realmente te da satisfacción es ofrecer a los otros lo que tú puedes dar.
Dedica tu vida a amar a los demás.
Dedícate a ayudar en tu comunidad.
Dedícate a crear algo que le de un verdadero propósito y significado a tu vida.”

“No te pierdas entregándote a la acumulación descontrolada de objetos materiales.

Si lo haces para demostrarle a los que tienen más que tu lo que ya has acumulado, de nada servirá, pues ellos te seguirán viendo con desdén; y si lo haces para presumirles a los que tienen menos que tu, tampoco servirá pues solo crearás envidias.
Así que solo haz las cosas que salgan de tu corazón, al hacerlo no te sentirás insatisfecho, ni envidioso, mucho menos deseando lo que otros tienen; por el contrario, te sorprenderás con todo lo que recibirás.”

A está lección quisiera ponerle un toque adicional de una enseñanza de Sharma:
No es que esté mal poseer bienes materiales o comprarse aquel juguete que querías desde hace tiempo. Lo que esta mal es que estos bienes te posean a ti.
Es decir uno puede adquirir aquellos bienes que le puedan hacer la vida más cómoda, pues no se trata de hacer un voto de austeridad, sino de hacer un voto de ser desprendido de lo material, lo que significa que tener o dejar de tener no debe cambiar en ningún caso quien eres ni la actitud de cómo habrás de vivir tu vida.

Aún hay muchas lecciones de Morrie que Mitch compartió con todo el mundo. Seguramente seguiré escribiendo sobre ellas, pero definitivamente les recomiendo leerlas personalmente y sacar sus propias conclusiones.

Mientras tanto …Gracias Robin por recomendarme este libro, una vez más tus sugerencias me han hecho pensar profundamente en mi vida. Gracias Mitch por compartir a Morrie con nosotros. Y sobre todo, gracias Morrie por todas tus lecciones y convertirte en nuestro maestro aun cuando no tuvimos el honor de estar en tu salón de clases.

Un fin de semana con Mitch y Morrie

Existe un autor, consultor, gurú, conferencista, maestro, guía o como quieran llamarlo que con su obra ha ayudado a muchos, (me incluyo en la larga lista) a darle un gran giro a sus vidas.
Seguramente lo reconocerán pues lo he citado ya varias veces hablando de otros temas en el pasado. Se trata de Robin Sharma, el famoso autor de “El Monje que vendió su Ferrari” y toda su saga de más de 5 libros y otros más, y conocido conferencista y consultor de las más importantes empresas a nivel mundial en Liderazgo y en un tema muy complejo pero muy común: la vida.
Ya habrá tiempo de hablar más de el, pero por ahora quiero comentar sobre una obra que a él le inspiró a seguir este camino.

En varios de sus libros menciona esto, pero a decir verdad me tomó tiempo darme cuenta de ello, hasta que en uno de sus textos titulado “¿Quién llorará cuando tu mueras? Lecciones de vida del Monje que vendió su Ferrari”, una obra directa y clara, escrita para retomar todas y cada una de las lecciones que a modo de novela había impartido en sus obras anteriores lo indica como una lección muy especial: ”Lección 36 – Lee Tuesdays with Morrie de Mitch Albom.”

Hace unas semanas por fin tuve oportunidad de sentarme a leerlo durante todo un fin de semana. Qué gran obra, que forma tan sencilla de transmitir las más complejas lecciones de la vida. En este recuento de un hecho de la vida real, el autor (Mitch) relata los días tan especiales que compartió con su antiguo maestro de la universidad (Morrie) mientras esperaban el desenlace de una fatal enfermedad que consumía paso a paso la vida del profesor.
No me sorprende que Sharma haya escogido esta obra como una de las lecciones para sus lectores, pues está tan repleto de sabiduría y pasión por vivir que en verdad uno prácticamente puede escuchar al mismo Morrie dar sus cátedras de vida a su amigo y alumno.
El libro, aunque por su redacción es muy sencillo de leer, hay que leerlo más de una vez, pues bien merece ser leído, analizado, digerido y estudiado una y otra y otra vez, para realmente aprender sobre un poco de su sabiduría.

Y siguiendo la recomendación de Stephen Covey en la que dice: “Para aprender no solo basta con estudiar, hay que compartir lo aprendido y ponerlo en práctica” es que quiero compartir con ustedes algunas lecciones que me ha dejado Morrie:

Lección aprendida número 1:
Lo más importante en la vida es aprender no solo a dar amor sino a recibirlo también.

Culturalmente siempre nos centramos en la parte de DAR AMOR, entendemos que nuestra labor es darlo aun cuando en la mayoría de las ocasiones no sepamos ni como, así que cuando es momento de recibirlo nos aterrorizamos.
Pensamos que no lo merecemos o que quedaremos frágiles ante aquella persona que nos está dando su amor. ¿Entonces que pasa? Nuestra inseguridad nos torna tímidos, fríos y hasta indiferentes, mostramos una extraña incomodidad ante una caricia o un beso, apenas nos abrazan y queremos soltarnos, dar la media vuelta y salir corriendo.

Y esto le pasa a muchos, no quieran aparentar que no. A ver ¿Cuántas veces como adolescentes (o algunos incluso ahora en su vida adulta) rechazaron el abrazo o beso su papá o mamá porque “ya estaban muy grandes para eso”? ¿Cuántos de ustedes no han “preferido” continuar viendo la caja idiota (Televisión) en lugar de corresponder al abrazo de su pareja? ¿En cuantas ocasiones se han negado a escuchar una palabra de aliento de un ser querido que les dice lo mucho que valen?

El amor no solo hay que aprender a darlo, hay que saber disfrutarlo. Hay que aprender a quedarse quieto, cerrar los ojos y dejarse llevar por esa extraordinaria sensación de sentirse querido, gozar cada caricia, cada abrazo y cada beso.
Después de todo ¿Cómo vamos a saber como dar amor sino sabemos qué se siente recibirlo?

Así que siguiendo con esta recomendación, que ahora hago mía también, no se queden con leer esta lección aquí, digiéranla, practíquenla y compártanla, y por favor déjenme saber el impacto que esto tiene en sus vidas.

Aún hay varias lecciones de Morrie que quiero compartir, pero hay que darse el tiempo de saborear, practicar y compartir lo aprendido así que practiquemos esta lección durante los siguientes días…pronto les compartiré las demás.

Rompiendo el grillete

Imagínense esto:

7:00 am. Es una mañana soleada y fresca, el cielo despejado, nada de contaminación en el aire, los pájaros se pueden escuchar cantar desde la habitación del señor Alegre, quien está despertando después de disfrutar de 8 horas placentero e ininterrumpido sueño.
Mientras abre los ojos, entra su hermosa esposa con un vaso de su jugo favorito recién hecho. Ella le da los buenos días con una cálida sonrisa que sin hablar le dice cuanto lo quiere y lo abraza.
8:30 am. Sube a su auto último modelo y se dirige a su oficina por un camino arbolado, libre de tráfico, que lo lleva hasta su destino en tan solo 15 minutos. Entra a su oficina y toda la gente lo saluda sonriéndole amablemente y deseándole un buen día.
5:00 pm. El día ha sido muy productivo, el señor Alegre cerró 2 tratos multimillonarios con los que asegurará el éxito de su empresa para los siguientes 20 años, además durante la comida recibió un reconocimiento por su trayectoria como el CEO más joven de la industria.
Sube a su auto, lo enciende, el aire acondicionado automáticamente detecta la temperatura y la regula mientras que n la radio suena su canción favorita, el toma su teléfono celular para hablar a casa y decir que está en camino, aprieta la memoria automática y…el teléfono no marca la llamada, lo vuelve a intentar y el teléfono se apaga. “CARAJO TELEFONO DE &$%#$#( NADA FUNCIONA EN MI VIDA!!!” Exclama frustrado.

¿Por qué será que insistimos en buscar sobre qué quejarnos? ¿Por qué nos empeñamos en ver solo lo negativo en lugar de enfocarnos en todo lo bueno que tiene la vida? ¿Por qué queremos tener amarrados a nuestros tobillos ese grillete llamado autolastima?

Talvez la situación que relato suene un tanto exagerada, pero la verdad es que conozco muchos casos así, y la mayoría lamentablemente de gente muy cercana a mi.
Incluso, para serles muy sincero, yo mismo he estado en ese lugar, haciéndome de esa carga tan negativa e innecesaria. Pero como me encontraba tan envenenado de “Victimismo”, quiero decir de ese engañoso sentimiento de ser solo una víctima más de las circunstancias y tu entorno, no podía abrir los ojos y darme cuenta de que todo lo que tenía que hacer era tomar la responsabilidad de cambiar la forma en que veía las cosas para romper con el grillete y liberarme de ese bulto.

Vamos, estoy seguro de que ni yo, ni los casos cercanos que mencione, somos los únicos que hemos estado ahí. Y lo peor es que no se necesita estar viviendo una gran crisis personal como una enfermedad o la muerte de un ser muy querido para sentirse víctima; es más en la mayoría de las ocasiones nos sentimos, o mejor dicho queremos sentirnos así, por asuntos totalmente triviales.

¿O no? Hagan consciencia, sean honestos. ¿Cuántas veces, probablemente justo ahora, se han quejado por cosas tan banales como que su teléfono celular es viejo y malo porque no tiene MP3, o que su auto modelo 2005 ya es viejo pues ya no es “del año”, o que no pueden ir a comprarse la ropa de temporada al extranjero como lo hacen sus amigas o amigos?

¿Lo ven? Sin darnos cuenta caemos en un confuso abismo de emociones negativas que van colocando una enorme venda sobre nuestros ojos y colgándonos un flamante y brilloso letrero de “Víctima de mi mismo” al cuello.

Pero esto no tiene porque ser así. En realidad vencer al “victimismo” es más fácil de lo que imaginamos. No es que exista una formula mágica para hacerlo, pero aquí enlisto tres simples acciones que he aprendido y que me han ayudad a romper el grillete:

1- Ser RESPONSABLE de mi, de mis acciones y mis reacciones: Si bien no siempre uno tiene el control de su entorno y podemos enfrentarnos a situaciones más desfavorecedoras de lo que quisiéramos, sí podemos tener el control sobre nosotros mismos y decidir como queremos responder ante dicha situación. Pase lo que pase siempre tendremos el derecho de decidir como deseamos responder.

2- Ser AGRADECIDO de corazón: No importa lo mucho o poco que tengamos, siempre debemos estar conscientes de aquello que sí tenemos y dejar a un lado lo que no.
Agradecer enaltece nuestro espíritu e ilumina nuestros días, pues nos recordamos a nosotros mismos de todas aquellas cosas que forman nuestra verdadera fortuna: nuestra vida, nuestra salud, nuestra pareja y nuestra familia, los amigos, la armonía, el trabajo, la seguridad, paz y prosperidad.
Y al agradecer día a día que tenemos toda esta fortuna, reconocemos una vez más que la tenemos y al hacerlo seguimos llamándola y trayéndola todos los días a nuestra vida.
(Leer dos veces esta última frase, o más hasta entenderla).


3- DEJAR de COMPARARSE con los demás: Entender que no es necesario buscar ser mejor que el de al lado pues de ser así te mantendrías girando en 360° sin parar. Lo que sí es indispensable es buscar en todo momento seguir creciendo y mejorándonos a nosotros mismos.

Tres sencillos pasos que puestos en marcha les aseguro que les ayudarán.

Para mi … funcionan todos los días.