De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Un fin de semana con Mitch y Morrie – Dos grandes lecciones más.

Recordarán la cita que hice de Stephen Covey en el artículo pasado sobre aprender enseñando y practicando.

Bueno pues aquí está la otra parte de la cita, además de compartir lo aprendido y ponerlo en práctica, también hay que reportar los resultados que vas obteniendo al aplicar ese nuevo conocimiento en tu vida diaria.

Así que muchísimas gracias a todos los que respondieron la semana pasada. Sus respuestas no solo me alegraron la semana, pero me dejaron inspirado y cargado de energía para continuar escribiendo.

Se que muchos de ustedes habrán sentido curiosidad por saber algo más sobre la historia de Morrie, así que si aún no han comprado el libro, pero siguen con la intención de averiguar un poco más sobre el, pueden visitar www.tuesdayswithmorrie.com

Mientras tanto hoy les quiero compartir dos lecciones más que recibí de este gran profesor:

Lección aprendida número 2:
Una vez que aprendes a morir, aprendes a vivir.

Tristemente pasamos gran parte de nuestras vidas como robots, haciendo automáticamente lo que la sociedad nos ha enseñado: trabajo, ambición, acumulación de bienes materiales, etc.

Y vamos por el camino como zombis andando al paso de la órdenes de ganar más dinero, vende más y compra más, trabaja más, produce más, vende más y compra más, compra más y más.

Y no le damos ni la más mínima consideración a lo que realmente es importante y nos hace feliz.
Hasta que un día nos topamos frente a frente con la posibilidad de morir, con la posibilidad de dejar de existir de un momento a otro y sin aviso alguno y si somos afortunados (y sensatos), aprovechamos la oportunidad para poner en la balanza todo lo material y lo espiritual que hemos acumulado y la triste realidad es que el resultado no es lo que esperábamos.

Y como dice Robien Sharma “Aún no he visto a un camión de mudanzas atrás de una carroza fúnebre”.

Si entendemos esto entonces nos podemos sacudir de todo lo superficial y enfocarnos en lo esencial. Podemos abrir los ojos cada mañana agradeciendo contar con un día más de vida y decidir aprovecharlo para impactar la vida de alguien más, para contribuir con tu comunidad, para darle valor a tu vida y a la de los demás.

Lección aprendida número 3:
El estatus no te lleva a ningún lugar.

Esto lo cito textual de las lecciones de Morrie.
“Existe una gran confusión entre lo que queremos y lo que necesitamos.
No se necesitan un auto último modelo ni tener la casa más grande del vecindario para sobresalir.”
“La verdad es que no se obtiene una real satisfacción de estas cosas; lo que realmente te da satisfacción es ofrecer a los otros lo que tú puedes dar.
Dedica tu vida a amar a los demás.
Dedícate a ayudar en tu comunidad.
Dedícate a crear algo que le de un verdadero propósito y significado a tu vida.”

“No te pierdas entregándote a la acumulación descontrolada de objetos materiales.

Si lo haces para demostrarle a los que tienen más que tu lo que ya has acumulado, de nada servirá, pues ellos te seguirán viendo con desdén; y si lo haces para presumirles a los que tienen menos que tu, tampoco servirá pues solo crearás envidias.
Así que solo haz las cosas que salgan de tu corazón, al hacerlo no te sentirás insatisfecho, ni envidioso, mucho menos deseando lo que otros tienen; por el contrario, te sorprenderás con todo lo que recibirás.”

A está lección quisiera ponerle un toque adicional de una enseñanza de Sharma:
No es que esté mal poseer bienes materiales o comprarse aquel juguete que querías desde hace tiempo. Lo que esta mal es que estos bienes te posean a ti.
Es decir uno puede adquirir aquellos bienes que le puedan hacer la vida más cómoda, pues no se trata de hacer un voto de austeridad, sino de hacer un voto de ser desprendido de lo material, lo que significa que tener o dejar de tener no debe cambiar en ningún caso quien eres ni la actitud de cómo habrás de vivir tu vida.

Aún hay muchas lecciones de Morrie que Mitch compartió con todo el mundo. Seguramente seguiré escribiendo sobre ellas, pero definitivamente les recomiendo leerlas personalmente y sacar sus propias conclusiones.

Mientras tanto …Gracias Robin por recomendarme este libro, una vez más tus sugerencias me han hecho pensar profundamente en mi vida. Gracias Mitch por compartir a Morrie con nosotros. Y sobre todo, gracias Morrie por todas tus lecciones y convertirte en nuestro maestro aun cuando no tuvimos el honor de estar en tu salón de clases.

Un fin de semana con Mitch y Morrie

Existe un autor, consultor, gurú, conferencista, maestro, guía o como quieran llamarlo que con su obra ha ayudado a muchos, (me incluyo en la larga lista) a darle un gran giro a sus vidas.
Seguramente lo reconocerán pues lo he citado ya varias veces hablando de otros temas en el pasado. Se trata de Robin Sharma, el famoso autor de “El Monje que vendió su Ferrari” y toda su saga de más de 5 libros y otros más, y conocido conferencista y consultor de las más importantes empresas a nivel mundial en Liderazgo y en un tema muy complejo pero muy común: la vida.
Ya habrá tiempo de hablar más de el, pero por ahora quiero comentar sobre una obra que a él le inspiró a seguir este camino.

En varios de sus libros menciona esto, pero a decir verdad me tomó tiempo darme cuenta de ello, hasta que en uno de sus textos titulado “¿Quién llorará cuando tu mueras? Lecciones de vida del Monje que vendió su Ferrari”, una obra directa y clara, escrita para retomar todas y cada una de las lecciones que a modo de novela había impartido en sus obras anteriores lo indica como una lección muy especial: ”Lección 36 – Lee Tuesdays with Morrie de Mitch Albom.”

Hace unas semanas por fin tuve oportunidad de sentarme a leerlo durante todo un fin de semana. Qué gran obra, que forma tan sencilla de transmitir las más complejas lecciones de la vida. En este recuento de un hecho de la vida real, el autor (Mitch) relata los días tan especiales que compartió con su antiguo maestro de la universidad (Morrie) mientras esperaban el desenlace de una fatal enfermedad que consumía paso a paso la vida del profesor.
No me sorprende que Sharma haya escogido esta obra como una de las lecciones para sus lectores, pues está tan repleto de sabiduría y pasión por vivir que en verdad uno prácticamente puede escuchar al mismo Morrie dar sus cátedras de vida a su amigo y alumno.
El libro, aunque por su redacción es muy sencillo de leer, hay que leerlo más de una vez, pues bien merece ser leído, analizado, digerido y estudiado una y otra y otra vez, para realmente aprender sobre un poco de su sabiduría.

Y siguiendo la recomendación de Stephen Covey en la que dice: “Para aprender no solo basta con estudiar, hay que compartir lo aprendido y ponerlo en práctica” es que quiero compartir con ustedes algunas lecciones que me ha dejado Morrie:

Lección aprendida número 1:
Lo más importante en la vida es aprender no solo a dar amor sino a recibirlo también.

Culturalmente siempre nos centramos en la parte de DAR AMOR, entendemos que nuestra labor es darlo aun cuando en la mayoría de las ocasiones no sepamos ni como, así que cuando es momento de recibirlo nos aterrorizamos.
Pensamos que no lo merecemos o que quedaremos frágiles ante aquella persona que nos está dando su amor. ¿Entonces que pasa? Nuestra inseguridad nos torna tímidos, fríos y hasta indiferentes, mostramos una extraña incomodidad ante una caricia o un beso, apenas nos abrazan y queremos soltarnos, dar la media vuelta y salir corriendo.

Y esto le pasa a muchos, no quieran aparentar que no. A ver ¿Cuántas veces como adolescentes (o algunos incluso ahora en su vida adulta) rechazaron el abrazo o beso su papá o mamá porque “ya estaban muy grandes para eso”? ¿Cuántos de ustedes no han “preferido” continuar viendo la caja idiota (Televisión) en lugar de corresponder al abrazo de su pareja? ¿En cuantas ocasiones se han negado a escuchar una palabra de aliento de un ser querido que les dice lo mucho que valen?

El amor no solo hay que aprender a darlo, hay que saber disfrutarlo. Hay que aprender a quedarse quieto, cerrar los ojos y dejarse llevar por esa extraordinaria sensación de sentirse querido, gozar cada caricia, cada abrazo y cada beso.
Después de todo ¿Cómo vamos a saber como dar amor sino sabemos qué se siente recibirlo?

Así que siguiendo con esta recomendación, que ahora hago mía también, no se queden con leer esta lección aquí, digiéranla, practíquenla y compártanla, y por favor déjenme saber el impacto que esto tiene en sus vidas.

Aún hay varias lecciones de Morrie que quiero compartir, pero hay que darse el tiempo de saborear, practicar y compartir lo aprendido así que practiquemos esta lección durante los siguientes días…pronto les compartiré las demás.

Rompiendo el grillete

Imagínense esto:

7:00 am. Es una mañana soleada y fresca, el cielo despejado, nada de contaminación en el aire, los pájaros se pueden escuchar cantar desde la habitación del señor Alegre, quien está despertando después de disfrutar de 8 horas placentero e ininterrumpido sueño.
Mientras abre los ojos, entra su hermosa esposa con un vaso de su jugo favorito recién hecho. Ella le da los buenos días con una cálida sonrisa que sin hablar le dice cuanto lo quiere y lo abraza.
8:30 am. Sube a su auto último modelo y se dirige a su oficina por un camino arbolado, libre de tráfico, que lo lleva hasta su destino en tan solo 15 minutos. Entra a su oficina y toda la gente lo saluda sonriéndole amablemente y deseándole un buen día.
5:00 pm. El día ha sido muy productivo, el señor Alegre cerró 2 tratos multimillonarios con los que asegurará el éxito de su empresa para los siguientes 20 años, además durante la comida recibió un reconocimiento por su trayectoria como el CEO más joven de la industria.
Sube a su auto, lo enciende, el aire acondicionado automáticamente detecta la temperatura y la regula mientras que n la radio suena su canción favorita, el toma su teléfono celular para hablar a casa y decir que está en camino, aprieta la memoria automática y…el teléfono no marca la llamada, lo vuelve a intentar y el teléfono se apaga. “CARAJO TELEFONO DE &$%#$#( NADA FUNCIONA EN MI VIDA!!!” Exclama frustrado.

¿Por qué será que insistimos en buscar sobre qué quejarnos? ¿Por qué nos empeñamos en ver solo lo negativo en lugar de enfocarnos en todo lo bueno que tiene la vida? ¿Por qué queremos tener amarrados a nuestros tobillos ese grillete llamado autolastima?

Talvez la situación que relato suene un tanto exagerada, pero la verdad es que conozco muchos casos así, y la mayoría lamentablemente de gente muy cercana a mi.
Incluso, para serles muy sincero, yo mismo he estado en ese lugar, haciéndome de esa carga tan negativa e innecesaria. Pero como me encontraba tan envenenado de “Victimismo”, quiero decir de ese engañoso sentimiento de ser solo una víctima más de las circunstancias y tu entorno, no podía abrir los ojos y darme cuenta de que todo lo que tenía que hacer era tomar la responsabilidad de cambiar la forma en que veía las cosas para romper con el grillete y liberarme de ese bulto.

Vamos, estoy seguro de que ni yo, ni los casos cercanos que mencione, somos los únicos que hemos estado ahí. Y lo peor es que no se necesita estar viviendo una gran crisis personal como una enfermedad o la muerte de un ser muy querido para sentirse víctima; es más en la mayoría de las ocasiones nos sentimos, o mejor dicho queremos sentirnos así, por asuntos totalmente triviales.

¿O no? Hagan consciencia, sean honestos. ¿Cuántas veces, probablemente justo ahora, se han quejado por cosas tan banales como que su teléfono celular es viejo y malo porque no tiene MP3, o que su auto modelo 2005 ya es viejo pues ya no es “del año”, o que no pueden ir a comprarse la ropa de temporada al extranjero como lo hacen sus amigas o amigos?

¿Lo ven? Sin darnos cuenta caemos en un confuso abismo de emociones negativas que van colocando una enorme venda sobre nuestros ojos y colgándonos un flamante y brilloso letrero de “Víctima de mi mismo” al cuello.

Pero esto no tiene porque ser así. En realidad vencer al “victimismo” es más fácil de lo que imaginamos. No es que exista una formula mágica para hacerlo, pero aquí enlisto tres simples acciones que he aprendido y que me han ayudad a romper el grillete:

1- Ser RESPONSABLE de mi, de mis acciones y mis reacciones: Si bien no siempre uno tiene el control de su entorno y podemos enfrentarnos a situaciones más desfavorecedoras de lo que quisiéramos, sí podemos tener el control sobre nosotros mismos y decidir como queremos responder ante dicha situación. Pase lo que pase siempre tendremos el derecho de decidir como deseamos responder.

2- Ser AGRADECIDO de corazón: No importa lo mucho o poco que tengamos, siempre debemos estar conscientes de aquello que sí tenemos y dejar a un lado lo que no.
Agradecer enaltece nuestro espíritu e ilumina nuestros días, pues nos recordamos a nosotros mismos de todas aquellas cosas que forman nuestra verdadera fortuna: nuestra vida, nuestra salud, nuestra pareja y nuestra familia, los amigos, la armonía, el trabajo, la seguridad, paz y prosperidad.
Y al agradecer día a día que tenemos toda esta fortuna, reconocemos una vez más que la tenemos y al hacerlo seguimos llamándola y trayéndola todos los días a nuestra vida.
(Leer dos veces esta última frase, o más hasta entenderla).


3- DEJAR de COMPARARSE con los demás: Entender que no es necesario buscar ser mejor que el de al lado pues de ser así te mantendrías girando en 360° sin parar. Lo que sí es indispensable es buscar en todo momento seguir creciendo y mejorándonos a nosotros mismos.

Tres sencillos pasos que puestos en marcha les aseguro que les ayudarán.

Para mi … funcionan todos los días.

Abriendo los ojos a las oportunidades de la vida.

¿Cuántas veces no hemos pensado qué haríamos o cómo seríamos si tan solo pudiéramos cambiar nuestra realidad?

¿En cuántas ocasiones hemos culpado a nuestro entorno por sentirnos de alguna manera y nos hemos tratado de engañar diciéndonos a nosotros mismos que seríamos muy diferentes si tuviéramos un trabajo distinto o si viviéramos en otro lugar, si fuéramos más delgados o si tuviéramos más tiempo o un mejor estado de salud?

Nos hacemos creer que el año próximo será mejor, que cuando encontremos otro trabajo seremos más felices, que ahora que tengamos más tiempo haremos ejercicio y pasaremos más tiempo con nuestros seres queridos, o que cuando nos sintamos más fuertes y sanos tomaremos cartas en ese asunto pendiente que nos hace sombra.

Y así dejamos que el tiempo pase y que la situación en que estamos, en el mejor de los casos se mantenga igual y, en el peor, que continúe complicándose gravemente. Y a pesar de esto no abrimos los ojos y seguimos apáticamente esperando nuestra oportunidad de oro para cambiar.

Y una cosa sí les aseguro, mientras esta sea su posición, esa oportunidad nunca llegará.

No es que sea yo pesimista, al contrario. Lo que sucede es que tenemos que darnos cuenta de que las oportunidades siempre están presentes, aún cuando nos empeñamos en no verlas.
Nos estacionamos en la situación en la que estamos y tratamos de aplicar las mismas soluciones que ya hemos intentado en el pasado y, claro, así no sucede nada… y entonces nos volvemos a cerrar, lamentándonos y no queriendo cambiar.

Y como decía Albert Einstein: “ No puedes pretender encontrar una solución a un problema haciendo lo mismo que hacías cuando lo creaste…si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”

¿Lo ven? Solo tenemos que abrir los ojos, ver nuestra situación desde un ángulo distinto y ahí, en ese sutil cambio de actitud, estará pacientemente esperando la oportunidad.

Citando al escritor Francés Marcel Proust: “El verdadero viaje de descubrimiento no está en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos con que verlos:”

¿De acuerdo? Bien. Entonces la primera parte del cambio está resuelta.

Ya cambiamos nuestra visión y encontramos nuestra oportunidad. Ahora, HAY QUE ACTUAR.

Hay que tomar esa oportunidad y transformarla en ese cambio que buscamos. Y hay que hacerlo ¡YA!
No se puede esperar o de lo contrario me temo que por nuestra inacción, se desvanecerá.

Las oportunidades están siempre ahí pero hay que tener el valor de tomarlas y actuar.

No hacerlo sería como declararle al mundo que no somos responsables de nuestra propia vida. Rendirnos a ser llevados y traídos como una hoja de palma flotando a la deriva en el mar.Sería convertirnos en casualidad, cuando debemos ser causalidad.

Tenemos la obligación de tomar la responsabilidad de nuestra vida y no ser víctimas de nuestro contexto.

La responsabilidad sobre como decidimos vivir nuestra vida es un don que se nos da al nacer.
Claro, entiendo muy bien que no siempre nuestro contexto y nuestra realidad es la más favorable, pero aún así tenemos la responsabilidad de escoger como queremos ver nuestro momento:

Igual que siempre, para seguir lamentándonos ó usando nuestros nuevos ojos y tomar acción, de otro modo, la vida continuará actuando por nosotros.

En resumen:

OPORTUNIDAD = VISIÓN + RESPONSABILIDAD
+ ACCIÓN.

Una razón importante para continuar trabajando.

Tuve una junta muy desalentadora la semana pasada. En ella mi jefe me explicaba las malas noticias sobre la situación de la empresa que impedirán que en los próximos meses se hagan ajustes salariales, promociones, entrenamientos y reclutamiento de talento.

Cabe destacar que no es la primera ni la tercera vez incluso, que tenemos esta discusión, ni muchas otras en las que nuestros desacuerdos y diferencias de visión se hacen tan evidentes.

Verán ustedes: Resulta ser que a pesar del éxito que como unidad hemos tenido en mi equipo de trabajo durante los últimos 16 meses, aún cuando con recursos tan limitados hemos logrado salir adelante por encima de otras unidades que cuentan con muchas más recursos, no habrá ningún reconocimiento, ni un gesto que haga a la gente sentir que su trabajo y esfuerzo ha valido la pena.
“En Octubre pasado, cuando nos avisaron que no habrían revisiones de sueldos en noviembre, dadas las nuevas políticas del grupo, dijeron que esto tendría lugar en el mes de Mayo y la gente está ansiosa esperando el momento. Así que si ya saben que esto no va a ser así mas vale que desde ya den un aviso formal” Le insistía yo con preocupación.

Su repuesta: “Avísales tu, por eso tienes la posición que tienes…”

Podrán imaginarse mi sentir, y si se han visto en una situación similar, también estarán sintiendo mi frustración crecer.

Dado que no soy ni más sabio, ni más fuerte, ni mas iluminado que nadie de ustedes; sino talvez más confundido que un Mickey Mouse aprendiz de hechicero luchando contra escobas y trapeadores bailarines que intentan atraparlo en un río de agua y jabón; mi ánimo como es de suponerse, se fue al suelo en ese momento.

Por mi mente cruzaban mil y un pensamientos, por mí ser aún más emociones:
“¿Dónde estamos parados? ¿Vale la pena esforzarse tanto por una empresa que ni siquiera es mía y que por lo visto jamás me reconocerá mi dedicación? Pensé que aquí serían diferentes. A partir de hoy mi horario y nada más…”

¿Cuántas veces no han pensado ustedes lo mismo? Se que muchas pues varios lo han compartido conmigo en más de una ocasión.
¿Y saben? De primera impresión parecer ser un sentir correcto, pero nada podría estar más equivocado.

En realidad tenemos que entender que si bien, efectivamente, trabajamos a cambio de un sueldo, un sustento con el que hacemos frente a los gastos en que incurrimos para cubrir nuestras necesidades; también lo debemos de hacer para colaborar con nuestra comunidad.

¿O qué no es por esto que nos afiliamos a una empresa en primer lugar?

Verán, mi teoría parte de algo muy básico y nada extraño: Una empresa o compañía no es más que un grupo de personas que se juntan para trabajar en pro de un objetivo común. ¿Correcto?

Y si ese objetivo común lo desnudamos a su forma más elemental, veremos que, más allá de de vender y generar dinero, pero mucho, muchísimo más allá; la razón de ser de ese grupo de personas es ayudar a cubrir una necesidad real de la sociedad en que vivimos.

Así que visto de esta manera, cuando trabajamos para una “empresa” no solo deberíamos enfocarnos en qué recompensas obtendremos a cambio de nuestra labor. Y no estoy diciendo que esto no sea de suma importancia pues queda muy claro que necesitamos proveer a nuestras familias de pan, techo y que vestir. Pero lo que también deberíamos hacer es poner cuidadosa atención en preguntar CÓMO PODEMOS SERVIR.
Cómo nuestro trabajo diario ayudará e impactará la vida de los demás.

A veces algunas compañías tiene clara esta visión y la comparten eficientemente con sus miembros, como el ejemplo que usa Robin Sharma en su libro -Las 8 claves del liderazgo…- sobre como el presidente de Southwest Airlines, una famosa aerolínea de bajo costo del sur de los Estados Unidos, demostró a su equipo de colaboradores que al establecer sus bajas tarifas aéreas permitirían “volar regularmente a gente que jamás había podido permitirse ese lujo” y comprobó a su gente que su trabajo iba realmente a ayudar a que otros cumplieran sus sueños y vivieran mejor.

Pero aunque en la mayoría de las ocasiones el beneficio de contar con una visión tan clara no está ahí, esto tampoco debería ser un problema, pues está en cada unos de nosotros la capacidad de entender como a través de nuestro trabajo podemos servir. Como bien decía Gandhi: “Tú debes ser el cambio”.

Por ejemplo, yo como publicista manejo la cuenta de una conocida marca llamada Gerber. Si veo mi trabajo desde el típico punto de vista frívolo, característico de mi capitalista ocupación, me quedaría en que mi obligación es ayudar a que la marca se venda.
Pero si no limito mi visión y me pregunto realmente como es que eso aporta a la sociedad en que vivo, me puedo dar cuenta de que al hacer mi trabajo, estoy ayudando a acercar una opción más de alimento a los padres de familia que buscan complementar la nutrición de sus bebés. ¿Y qué labor más noble que la de dar de comer a un bebé?

Viéndolo así ¿no creen que vale la pena seguir trabajando?

Pero por si esto fuera poca razón para ustedes. Por si acaso este ejemplo lo sienten muy lejano, entonces pensemos en como nuestro trabajo ayuda a hacer más fácil la labor de nuestros compañeros, no del ente llamado “empresa” sino del grupo de gente que la forma. De esas personas con quienes convivimos día a día, con quienes por suerte o por elección, compartimos logros, penas y más logros.
Es también por ellos que no debemos flaquear y por quienes también nos debemos esforzar. Simplemente se los debemos.
Como sabiamente decía Albert Einstein: “Muchas veces me doy cuenta de que una gran parte de mi vida exterior e interior se basa en el trabajo de mis semejantes y entiendo cuanto debo esforzarme para devolver tanto como he recibido.”

Así que después de haber meditado tanto al respecto, he llegado a entender que ante una situación como la que comencé relatando, tenemos dos opciones:

Cerrarnos y envolvernos de una miopía egoísta y caer en el enfado sin querer trabajar más ó preguntarnos ¿Cómo puedo servir?

Yo hoy elijo buscar cómo voy a servir. ¿Ustedes?

You give a little love and it all comes back to you

Que buen mensaje!

Como muchos de ustedes deben saber es ya una tradición que año con año los más grandes anunciantes de la televisión produzcan versiones especiales de sus comerciales o incluso campañas totalmente nuevas e impactantes para lanzar en los espacios comerciales del Super Bowl.
Así que, como el buen publicista, vicioso de su trabajo que soy, no pude dejar la ocasión y me di a la tarea de buscar todos los anuncios que este año se transmitieron.

¡Que buenas piezas publicaron! Unas más divertidas que otras, muchas siguiendo el clásico formato de un comercial de televisión, algunas con clichés y estereotipos, otras aprovechando a los personajes que ya habían creado o a celebridades que, para ser muy franco, no venían mucho al caso.

Pero de todos los comerciales que se transmitieron solo hubo uno que captó mi atención absoluta y me hizo realmente pensar en el mensaje que enviaba.
Y que buen mensaje era: “You give a little love and it all comes back to you”
El nuevo comercial de TV de Coca Cola, en el que al mejor de los estilos de esta marca, aprovecharon muy bien la integración de un fuerte concepto, con una gráfica de alto impacto (en este caso basada en el video juego Grand Theft Auto) y una canción pegajosa, de letra sencilla y gran significado.

Los autores de este comercial se basaron en el personaje del video juego: un tipo violento que se dedica al robo de autos mientras que golpea a quien sea que se le ponga en el camino; y le dieron un giro de 180°, pues en esta versión de 20 segundos el sujeto, quien parece estar a punto de golpear a un conductor, le da una botella del azucarado líquido embotellado al tiempo que al fondo, sentado en la banqueta con el estuche de su guitarra frente a el, un músico callejero canta “you give a little love and it all comes back to you”.
Y de ahí el personaje principal continúa su camino haciendo buenas obras a su paso, apagando incendios, rescatando el bolso de una anciana y contagiando a todo el que pasa a su lado de este sabia actitud.

Fuera del juego comercial que esto presenta, y de lo bien hecho que, como publicista, debo reconocer que está, creo que el valor real de este mensaje no esta en el producto sino en su significado: Dar amor siempre traerá consigo abrirse a recibir amor. Tener actos de bondad con otros siempre traerá bondad de regreso.
La vida, dios, el universo o como quieran llamarlo, es muy sabia y, como dicen por ahí: “es muy corta, te cobra y te paga”.

Y que cierto es esto. Y es que no es necesario estar en la búsqueda frenética de acumular bienes y beneficios para uno mismo. El objetivo de la vida no es este.
La razón de nuestro ser no es jalar y recoger, sino brindar ayuda y darnos a los demás.
Abrirnos de corazón y buscar hacer algo por los demás, no importa que tan pequeño o grande sea ese algo, lo importante es estar ahí para los demás.

Lo más curioso de esto es que si comienzan a hacer esto, desde el primer momento en que decidan hacer algo por los demás; y no me refiero a dejar sus vidas y dedicarse a convertirse en imitadores de la Madre Teresa de Calcuta; sino que hagan algo día a día por impactar la vida de quienes los rodean, una sonrisa incluso puede ser la mejor forma de ayudar; se darán cuenta que en efecto, todo viene de regreso.
Haces algo por alguien e inmediatamente tienes tu premio.

¿Y saben por qué? No porque se trate de una transacción entre actos de buena fe, sino porque al buscar ayudar a los demás te abres a recibir de los demás, abres tus ojos a otra realidad, en la que colaborar y aportar es la moneda en que mejor te puedes pagar.
Sino me creen ¿por qué no comienzan hoy mismo a probar? ¿por qué no sonreírle hoy a la primera persona que se cruce en su camino, o ser el primero en decir “buenos días” al subirse al ascensor, o invitarle su café al desconocido que está delante de ustedes en la fila de la cafetería, por ninguna aparente razón?

¿Raro? No lo creo. ¿Necesario? ¡DEFINITIVAMENTE!

Así que en lo que se deciden, los dejo con el spot de televisión. ¡Que lo disfruten!

El poder de saber preguntar.

Si pudieras hoy hacer una sola pregunta, la que tú quieras, con la certeza absoluta de que te sería respondida en el mismo momento, sin trucos ni nada a cambio. ¿Qué preguntarías?
¿Qué incógnita buscarías resolver? Talvez algo como, cómo te irá en el trabajo o si cambiarás de auto próximamente, si recibirás un aumento o una promoción o si te mudarás al extranjero. Quizá buscarías saber si ese alguien especial aún te quiere o lo ha dejado de hacer, o si alguien te quiere hacer daño o si la situación económica, social o laboral te será más favorable.

¿Por qué desperdiciamos esa oportunidad única con preguntas superficiales y “yoyistas” (como las llamo yo)?
¿Por qué perder el tiempo preguntando si nos irá mejor en la vida, en lugar de de hacernos entender a nosotros mismos que debemos disfrutar y agradecer de corazón (“El corazón también tiene neuronas” dijo René May en una conferencia que dio el día de ayer, sobre el don que tiene y comparte para ayudar a los demás), todo lo que hoy forma parte de nuestras vidas?
Comprender que hasta que no sepamos apreciar con sinceridad todas las bendiciones que la vida nos da, no estaremos listos para valorar aquellos cambios por los que queremos preguntar.

¿Por qué no entonces hace mejor uso de esa única oportunidad y preguntar como es que podemos ayudar a los demás? ¿Qué podemos hacer para impactar la vida de quienes nos rodean? ¿Qué podemos hacer para ayudar a que su día sea un poco o mucho mejor?

Quizá si aprendiéramos a hacer estas preguntas, descubriríamos que no necesitamos a alguien más con un don especial para darnos la respuesta. Y entenderíamos que a quien deberíamos preguntárselas es a aquel sujeto que vemos en el espejo todas las mañanas.

Yo ayer desperdicié mi pregunta única al hacer una tan mundana, lo que me consiguió una respuesta igual de ordinaria.
Hoy después de pasar el día entero y toda la tarde de ayer meditando al respecto, llegué a una gran (y por cierto, aliviadora) conclusión:

La respuesta que en realidad ayer buscaba, la obtuve hoy, y es la que acabo de compartir aquí.
Después de todo, en la mayoría de las ocasiones, del algún modo, las respuestas vienen ocultas ya dentro de las preguntas que hacemos, así que solo hay que saber que preguntar.

¿Alguna pregunta?

Amar lo que haces se nota.

El fin de semana pasado mi esposa y yo tuvimos una muy buena idea, aunque cuando la pensamos no tenía yo idea del impacto que tendría en mi día.

Fuimos a ver la puesta en escena de Victor Victoria con Daniela Romo y Mauricio Herrera.
La obra sensacional, la música realmente grandiosa y el elenco con una fenomenal actuación, pero debo decir con franqueza que no fue ninguno de estos elementos lo que me hizo disfrutar tanto el momento.

Lo que realmente me hizo gozar la obra, fue ver los gestos de alegría y satisfacción de cada uno de los actores. Como se notaba como estaban disfrutando tanto su actuación, y cuando uno hace lo que ama, pero sobre todo ama lo que hace, se nota.

Se nota y se contagia, y tu alegría se reparte por todos lados. Tu cuerpo, tu ser, vibra tan alto que tu felicidad embriaga a los demás, tanto que solo pueden ponerse de pié y aplaudir. Aplaudir y agradecer haberse contagiado de ti. Y todo porque amar lo que haces, se nota.

Empezando el año con saldo a favor. Conclusión

Y así pues, hoy después de hacer todo un recuento de lo vivido el año pasado y de poner las cosas en la balanza, puedo sacar una gran conclusión:

Como ser humano, cada quien debe aprender a no calificar sus vivencias como buenas o malas, sino tan solo como experiencias y lecciones (unas más difíciles que otras) que nos enseñan a vivir.
Y que talvez, si pudiéramos enlistarlas como lo que queremos o nos gustaría y lo que no, veríamos que no siempre lo que uno quiere es lo que realmente necesita, y que entonces también lo que necesitas a veces no es exactamente lo que quieres.
¿Confuso? No hay de que preocuparse, pues la vida siempre nos dará lo que necesitamos.

Y así, gracias a esta gran lección y a todas las demás recibidas, hoy puedo decir con profundo agradecimiento que en verdad tengo una vida colmada de bendiciones, pues tengo

  • Vida, salud y energía.
  • Una esposa, compañera y amiga a quien amo con todo mi corazón.
  • Una familia completa y unidad, y aún tengo a mi papá conmigo.
  • Un hogar lleno de paz, armonía y felicidad
  • Unos amigos entrañables, cercanos y leales.
  • Un trabajo próspero que me permite crecer y ayudar a otros también.

En verdad una vida llena de bendiciones y amor, así que hoy puedo decir, agradecido y feliz que, estoy: Empezando el año con saldo a favor.

Gracias a dios, gracias a la vida por todas sus bendiciones y amor.

Empezando el año con saldo a favor. Cuarta parte.

A tan solo 38 días de terminar el 2006 y a 30 de la fecha en que habíamos planeado tomar nuestras tan merecidas vacaciones; el 22 de noviembre a las 11:30 am aproximadamente, recibí una llamada de mi mamá. “ohoh” pensé yo, pues es tan poco común que ella me marque a la oficina y a esa hora…
“Me preocupa mucho tu papá” comenzó diciendo, explicándome como desde una noche antes, él había comenzado a tener un dolor intenso en el pecho.
Aún no terminaba de hablar con ella cuando ya estaba yo marcándole a mi papá, al mismo tiempo que tomaba mi cosas y me alistaba para salir corriendo por el y llevarlo al hospital.

De esta historia ya he escrito mucho, lo difícil y frustrante que fue, el nivel de tensión y estrés, la angustia y la preocupación; pero también sobre las lecciones aprendidas:

  • La paciencia, la serenidad y la calma que hay que desarrollar.
  • El saberse rendir y pedir ayuda.
  • El ayudar a todos de corazón y no por compromiso. No con lo que te sobra, sino con lo que de verdad haga falta, aún cuando esto signifique un sacrificio personal.
  • Entender que aún cuando tengas la fuerza, la buena intención y la costumbre de resolver, no todo depende de ti.
    Hay que aprender a soltar y dejar que cada quien tome su responsabilidad.
  • Una confirmación más de lo importante que es llegar al balance correcto entre hacer que suceda y dejar que suceda.
  • Recordar lo importante que es la prevención y la planeación.
  • Lo imperante que es el cuidado de la salud. Como sabiamente me dijo hace un poco mi esposa (quien por cierto es más sabia de lo que ella misma cree): “Que fácil y económico es cuidar la salud, pero que difícil y caro es recuperarla”.
  • Comprender que no importa que tan grande sean los problemas y las culpas, no somos nadie para juzgar. No estamos aquí para hacerlo. La vida nos encamino hasta este lugar para ayudar, apoyar, ser ayudados y vivir, y nada más.
  • No calificar como bueno o malo lo que sucede, sino absorber la lección que el momento nos da y que nos ayudará a crecer y prepararnos más, en esta gran universidad que llamamos vida.

Y así pues, hoy después de hacer todo un recuento de lo vivido el año pasado y de poner las cosas en la balanza, he logrado sacar una gran conclusión:

Continuara…

Empezando el año con saldo a favor. Tercera parte.

¡Que difícil decisión!

Tendríamos que cerrar la cafetería y absorber toda la deuda generada y acumulada durante meses, además de tragarnos con un nudo en la garganta toda la inversión, física y emocional que habíamos hecho.

Como se me vino el mundo encima una vez más.


Primero cerrar, tragarse el orgullo otra vez y pedir ayuda.
Ajustar gastos, dejar a un lado los gustos que nos dábamos, sacrificar viajes y compras. Un carro vendido, uno de dos que con tanto esfuerzo había comprado.
“¡Que castigo! ¡por qué otra vez!” Pensaba yo irracionalmente.

Y hoy comprendo que no se trataba de ningún castigo, sino de una gran lección para aprender a desprendernos de lo material, saber administrar nuestros gastos y no tomar nada, absolutamente nada como un hecho.

Entender que no se requiere de muchos bienes para vivir, pues el buen vivir no está en cuantas cosas y juguetes tienes, sino en cuanto disfrutas, gozas y aprecias la vida que hoy tienes; y en saber dar gracias de corazón por las cosas realmente importantes y que sí tienes en tu vida, como:

  • El amor incondicional de tu pareja y el amor que tú tienes por ella.
  • Una vida llena de salud y plenitud.
  • Una familia unida y sana.
  • Un hogar lleno de paz, luz, armonía, energía y felicidad.
  • Un trabajo digno y productivo con el cual ayudar a los demás.
  • A tus amigos cerca de ti.
  • Una vida llena de oportunidades y bendiciones.

Comprender que es aquí donde radica la verdadera abundancia y prosperidad y no en lo material.
Aprender a no depender de un bien material, y por el contrario, disfrutar de la libertad que no tenerlo te da.
Y una vez más comprobar que el balance siempre hay que crear, pues si bien no es indispensable tener algo, algún juguete material, tampoco es malo tenerlo si lo puedes honradamente adquirir, pero sobre todo si lo sabes tener sin que este te tenga a ti.

Y así llegaba el año a su final y ahora sí, todo parecía convertirse en tranquilidad. Los planes y las expectativas eran de por fin descansar, deudas saldar, premios por comprar y ¡viajes por realizar!
¿Y por qué no habría de ser así? Nos lo merecíamos después de todo.

Fue entonces cuando el golpe más fuerte del año llegó…

Continuará…

Empezando el año con saldo a favor. Segunda parte.

…El trabajo…

¡Que abrumador reto! Tomar una responsabilidad más grande, tomar un negocio perdido y transformarlo, sacarlo adelante. ¿Cuántas veces habré pensando en renunciar?
El equipo tan pequeño, falto de experiencia, los recursos tan escasos, las exigencias de tantos clientes a la vez, sin contar las expectativas tan altas del grupo.
¡Que presión! Pero que grande lecciones me dejó.

  • Primero que nada a entender que uno no es consecuencia ni víctima de la situación, sino causa, motivo y motor. Y que al mismo tiempo hay que dejar que la vida actúe y haga su parte también.
  • Segundo, aprender a confiar, no solo en los otros y así saber delegar, par más importante aún a confiar en mi mismo, saberme seguro y capaz; y entender que el lugar en el que estás no es casualidad, sino que existe una fuerte razón más allá de lo obvio, para estar ahí. AYUDAR Y COLABORAR CON TODOS.
    A algunos a crecer y aprender, a otros a realizar mejor su trabajo, o unos más a partir para un nuevo camino; ayudar a todos a cumplir sus objetivos.
  • Tercero, aprender o mejor dicho a reconocer que el trabajo es tan solo un medio de vida y no una razón para vivir.Y a la vez entender que lo importante no es hacer un lado el trabajo y enfocarte solo a tu vida personal, sino que hay que crear un balance perfecto entre ambos, y que ese equilibrio solo está en ti lograr.

    Y avanzaba el año y las experiencias seguían acumulándose. Llegado marzo toda crisis parecía ceder y dar una respiro, cuando tuvimos que tomar una muy difícil decisión…Que gran lección estábamos por recibir…

    Continuará…