De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Jamás dejes de intentar.

“Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar”, me he repetido a mí mismo más de 10 veces cada día, todos los días por los últimos ocho meses.

“Siente el fracaso, reconoce el dolor, digierelo y hazlo de lado”, es un consejo que en cientos de formas distintas he leído una y otra vez en veintenas de libros a lo largo de los años y que durante los últimos 227 días me recordado a mí mismo una y otra vez.

“Analiza, medita y haz lo posible por entender en qué fallaste y qué es lo que tienes que aprender de todo esto”, me he dicho a mí mismo día tras día siguiendo las lecciones y consejos de mis coaches y mentores, familiares y amigos.

Pero, “trata de no pasar más tiempo del necesario pensando en lo que no pasó y en lo que no tenía que pasar y enfoca tu atención en trabajar y hacer suceder aquello que quieres lograr”, fue el mejor consejo que pude abrirme a escuchar.

Una vez que entendí que nada iba a lograr lamentándome por el engaño y desencanto de una persona, ni por el enojo y la frustración de ver mermado un sueño, pude poner toda mi atención en retomar mis objetivos y comenzar a trabajar de nuevo en construir aquello que quiero lograr.

A pesar de lo mucho que lo puedes escuchar y hasta predicar, la resilencia y flexibilidad son, en un principio, realmente difíciles de encontrar en uno mismo, pero una vez que las encuentras (y encontrarlas lo harás) se convierten en tu principal herramienta de trabajo para construir el proyecto de vida que quieres vivir.

Y así, con un nuevo aire, renovado enfoque y un adquirido sentido de humildad, es que dejas de reclamar y te pones a trabajar, a construir y a vivir.

Logrando nuevas pequeñas, medianas y grandes victorias; y aprendiendo nuevas lecciones de nuevos desencantos y nuevos logros también. Apreciando y agradeciendo todo lo que tienes y lo que ya no también. Valorando aprender a desprenderte de aquello que en algún momento te fue de gran valor y que al por fin soltarlo te regala la sorpresa de que al hacerlo dejó contigo el doble de dicha que en un principio, cuando lo adquiriste, te dió.
Revalorando de forma distinta los recursos con que cuentas, mirando con nuevos ojos todo el abanico de oportunidades que se presentan frente a ti, agradeciendo profundametne que tienes a tu lado a las personas que decidieron estar contigo en tus peores ratos, redescubriendo aliados y fortaleciendo tu amor por tus seres amados.

¿Te caiste? Levántate.
¿Te metieron el pié? Ponte de pié otra vez.
¿Fallaste? Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar.

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6 preguntas, una pirámide y tu marca personal

Se dice por ahí que nunca hay que responder una pregunta con otra pregunta.

Sin embargo, durante los últimos años, en los que como coach ejecutivo y personal, tuve el privilegio de ayudar a distintas personas (altos ejecutivos, empresarios y emprendedores y jóvenes que comienzan su carrera) a re-encontrar y definir su propósito de vida. Es decir, ese gran porqué de vida que guía cada acción y paso en su camino; fueron exactamente 6 preguntas, que luego acomodé en un modelo piramidal, las que nos ayudaron a responder ¿Qué sigue ahora?

Seis  simples preguntas que con frecuencia olvidamos hacernos para asegurarnos de estar en el camino que queremos recorrer:

Primero la base:

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¿No sería genial poder trabajar siempre haciendo lo que mejor sabemos y más nos gusta hacer? Es la situación ideal en la que encontramos plena satisfacción en hacer lo que nos encanta y “hasta nos pagan por hacerlo” ¿o no?

El problema con esto es que, a pesar de sonar maravilloso, se queda corto cuando hablamos de realizarnos en lo profesional y en lo personal, pues corremos el peligro de atorarnos en una incesante búsqueda de autosatisfacción, complacencia e indulgencia.

Entonces es el momento de responderse dos preguntas más, que ayudan a reunir los dos extremos de base de lo que nos gusta y sabemos hacer:

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Definir claramente a favor de quiénes podemos hacer eso que más nos gusta y mejor sabemos hacer y entender cómo podemos beneficiarles así, es la diferencia entre una solitaria satisfacción y una auténtica realización.

Pero aún respondiendo esto seguimos algo cortos; limitados a la idealización, pues falta la manera de poner todo esto en acción y darle un sólido cimiento que nos ayude a mantener el curso que estamos eligiendo:

Captura de pantalla 2013-08-13 a la(s) 16.41.39Tener siempre presente las cosas que más valoramos en nuestra vida, la familia para unos, la libertad financiera para otros, la salud física para unos más; así como los principios más sólidos que sirven de timón en todo lo que hacemos: honestidad, valor, trabajo, honradez, humildad o cualquiera que sean los principios y valores que sostengamos, resultan la mejor y única brújula para guiar las decisiones que tomamos.

Para finalmente, dejar de idealizar y comenzar a accionar. Es decir, encontrar la actividad profesional y personal que mejor nos permitirá dejar nuestra marca o legado personal en la vida de los demás.

Seis simples preguntas de hacer, aunque no tan fáciles de responder.

Algunas lecciones, parte 2: carencia vs abundancia.

Esta es quizás una de las lecciones que más trabajo me ha costado (o me sigue costando) aprender.

La sociedad en que vivimos, nos ha engañado enseñándonos que la realización y éxito personal está la cantidad de dinero que tenemos en el banco y  los bienes materiales que llenan nuestra hogar.

De modo que resulta muy sencillo frustrarse y sentirse fracasado cuando los negocios no resultan como fueron planeados, los recursos económicos comienzan a escasear y tu capacidad de comprar todo aquel capricho que tenías se ve drásticamente disminuida.

Es aún más fácil pensar equivocadamente que has caído en un hoyo del que nunca podrás salir y que la vida injusta te castiga quitándote aquello a lo que, casi por nacimiento, crees tener derecho.

Y entonces pierdes la capacidad de darte cuenta que, a pesar de lo difícil que está siendo todo; día a día, poco a poco, muy poco a poco, vas avanzando.

Que de una manera u otra, al menos para lo más básico, sí te está alcanzando.

Y entonces, si no te das cuenta de esto, continuas alimentándote a ti mismo la idea de que para nada alcanza y que tienes que vivir con austeridad.

Pero ha sido mi experiencia que los planes de austeridad no traen consigo más que carencia.

Porque hay una gigantesca diferencia entre vivir con simpleza y sufrir con carencias:

Ser austero supone que no te alcanza y por lo tanto tienes que recortar hasta el más mínimo de los gastos.

Vivir con simpleza, por el otro lado, propone que no requieres de mucho más para tener todo lo que necesitas.

Y cuando comienzas a vivir con simpleza, te das cuenta que tal vez el dinero con que cuentas no te alcance para comprar todo lo que quisieras, pero siempre será suficiente para cubrir todo lo que sí necesitas.

Y si entiendes este simple concepto, aprendes a agradecer que tan solo por hoy y para hoy sí fue suficiente, que las deudas tienen que administrarse y que tu debes seguir adelante.

Despacio, lento, pasito a pasito, aunque algunos días la angustia te gana, comienzas a recuperar la confianza, tu sentido de abundancia empieza a asomar la cara y las ganas de ser espléndido otra vez regresan a ti. Por fin quieres volver a compartir.

¿Y tú qué ganas?

Todos trabajamos a cambio de algo.

El trueque, el intercambio de bienes y servicios y de la realización de una labor a cambio de un salario, sigue siendo la base de la economía, sin embargo no todos trabajamos tan solo para ganar dinero, sino que buscamos recibir algo más.

El problema está en que con frecuencia no sabemos exactamente qué más queremos ganar como producto de nuestro trabajo.

Hay quienes quieren ganar más dinero del que puedan gasta en su vida.
Hay quienes quieren ganar poder sobre los demás.
Hay quienes quieren ganar el pase para construir una vida distinta más adelante.
Hay quienes quieren ganar lo suficiente para comprar su paz y tranquilidad personal.
Hay quienes quieren ganarse el reconocimiento como un líder de opinión.
Hay quienes quieren ganar la admiración de otros y ser famosos.
Hay quienes quieren ganar la posibilidad de dejar atrás un legado.
Hay quienes quieren ganar la posibilidad de trascender e impactar la vida de los demás.

Sea lo que sea que quieres ganar con tu trabajo, piénsalo bien. Porque si lo único que quieres ganar es mucho dinero y ya, aunque se vale, probablemente sea exactamente eso lo único que vayas a ganar.

Piénsalo.

Algunas lecciones parte 1: De colaboradores, valores, principios y prioridades.

Lecciones. Puedo decir con confianza que, de los últimos tres años, tengo todo un almanaque de estas.

Dicen por ahí que la única manera de terminar de aprender algo es compartiendo tu experiencia con los demás. Que una vez que seas capaz de explicar con algo de claridad lo que has aprendido, podrás terminar de grabar esa lección en tu mente; y que conocimiento que no se comparte pierde por completo, su valor.

Así que ahora, intentaré hacer algo de sentido de algunos de estos aprendizajes, compartiéndolos aquí. Empezando por la enorme importancia que tiene saber rodearse de las personas correctas y tener mucho cuidado en entender a quiénes dejamos entrar a nuestras vidas.

“Si quieres llegar rápido, viaja solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”, dice con mucha razón el dicho. Lo que no dices es que si no somos cuidadosos, la compañía que elegimos, no solo no nos ayudará a llegar lejos, pero también nos detendrá, o al menos entorpecerá nuestro avance.

Si las personas de quienes nos rodeamos no tienen valores semejantes a lo que nosotros más valoramos, si no se rigen por principios similares a los nuestros y si no comparten la misma misión, difícilmente caminarán en la misma dirección.

Puede ser que en un inicio la emoción de comenzar una nueva aventura empuje a unos a ceder un poco y a otros también, para alinearse con las prioridades y objetivos que han trazado. Pero poco tiempo se requiere para que cada quien vaya mostrando (o monstruando) sus “verdaderos colores”.

El primer reto es que todos compartan la misma misión, con la misma pasión. Si alguien no está cien por ciento alineado con la meta y el plan de acción que han definido, pronto de distraerá con otro camino.

El segundo obstáculo que hay que sortear es que todos compartan los mismos valores. Puede ser que todos estén convencidos de que la dirección que han trazado para el grupo, es la correcta, pero si alguien en el grupo, en realidad no valora el “por qué” están haciendo lo que hacen, y solo está ahí porque le parece una buena manera de ganar algo de dinero, mientras “ayuda” a una buena causa, la causa más importante para este será tener más dinero y en tanto esta oportunidad se le presente se irá sin dejar huella alguna, abandonado al grupo tal vez incluso cuando más se le necesita.

Y el tercero y más importante tropiezo que podemos llegar a enfrentar es que, en efecto todos compartan apasionadamente la misma misión y que todos sostengan los mismos valores; pero si tan solo un miembro del equipo no se rige por los mismos principios, más temprano que tarde, la burbuja reventará. Puede que todos quieran llegar al mismo destino y todos valoremos mucho la perseverancia y el éxito, pero si en los principios de otro no está la honestidad y la honradez, puede anular por completo ese éxito. Puede que todos valoren muchísimo el desarrollo del talento, pero si en principio alguien lo hace por el reconocimiento y prestigio que esto le puede traer versus el impacto que puede dar ¿a qué le pondrá mayor atención?

Al inicio, en medio de la confusa emoción de emprender un nuevo camino, puede parecer que todo funcionará muy bien, pues nos hemos asegurado de tener las herramientas y sobre todo a las personas correctas con el conocimiento preciso y las experiencia exacta para nuestro recorrido, pero si en el fondo la misión no es la misma para todos, si en verdad no compartimos los mismos valores y no son los mismos principios los que rigen esa caravana, muy pronto esta se desmantelará en los intereses escondidos que algunos ocultaban.

De ahí la tremenda importancia de aprender a asociarse y rodearse de las personas correctas.

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Vueltas de la vida.

Han pasado casi tres meses desde el último post aquí en DLC. Los retos enfrentados en ese tiempo consumieron de alguna manera mis ganas de escribir. Mi atención era requerida en otros asuntos críticos que requerían inmediata solución.

Por fortuna las aguas se han calmado y, aunque todavía quedan algunos temas por resolver, como al final de cada tormenta, el río toma su cauce y todo comienza poco a poco a caer en su lugar.

¿Qué debo escribir para regresar a DLC?, ha sido una pregunta que me ha dado vueltas a la cabeza en las últimas semanas y, sobre vueltas precisamente es que un tweet de mi amigo Dani Granatta (aunque él no lo sabe, que somos amigos sí, que inspiró mi post no) me recordó sobre lo que quería compartir: “A veces la vida te lleva por senderos que ya caminaste, para que puedas comprobar cuánto has cambiado…”

Y es que a veces, nuestro ego nos ciega tanto que cuando se nos presenta la oportunidad de hacer algo que ya hemos hecho, pensamos que sería un retroceso volver a hacerlo porque creemos que hemos crecido más allá de eso, cuando en realidad el volverlo a hacer es justo lo que nos permitirá, no solo saber cuánto hemos crecido, evolucionado y madurado en realidad, sino poner todo ese aprendizaje, experiencia y madurez, en servicio de otros.

Con frecuencia lo que pensamos que puede ser un paso atrás es en realidad la maravillosa oportunidad de regresar a hacer lo que mejor sabes y más disfrutas hacer y poner tu experiencia, fortalezas, habilidades y competencias al servicio de los demás.

De recordar tu propósito en la vida y tener un norte que te sirva de guía y te ayude a entender que ninguna definición de ti mismo es definitiva y que puedes cambiar cuantas veces sea necesario, volver atrás y volver a avanzar, detenerte brevemente para analizar, pensar, aprender y de nuevo comenzar una nueva vuelta para llegar al final a formar y a vivir la vida que quieres para tí.

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Dive in…

Imagínate subiendo por la escalera de una plataforma de clavados por primera vez. Pasas el trampolín de los tres metros y continuas subiendo hasta la plataforma de los 10 metros, mientras te preguntas qué estabas pensando cuando decidiste hacer esto, y evitas a toda costa voltear hacía atrás.

Al fin llegas hasta la cima, pones un pié en la plataforma y luego el otro.  Los tres metros de ancho te resultan demasiado angostos para poderte mover (si tu cuerpo te lo permite) y eternos te parecen los 6 metros de largo que ahora tienes que recorrer.

Poco a poco recuperas el aliento y algo de movilidad. Te acostumbras al espacio pero sabes que no puedes quedarte ahí, tienes que continuar. Un pié frente al otro y el primero otra vez, comienzas a avanzar. Sabes que tienes que saltar, por eso haz subido hasta allá.

Cada paso representa unos segundos más para hacerte de valor. Tres pasos más y estarás a punto de saltar. Solo medio paso más y nada te detendrá.  Es el momento de la verdad, en el que te demostrarás lo mucho o no tanto que crees en ti.

Voltear atrás y regresar por donde llegaste resulta ahora mucho más peligroso que saltar, y quedarte donde estás lo es aún más. Tienes que saltar.

Lo piensas dos veces y una vez más. Calculas los escenarios e imaginas más de una situación. Recuerdas a todas las personas que has visto saltar. ¿Cómo lo hicieron?

Decenas de emociones sientes a la vez. La duda te invade. El valor crece pero el miedo también. Quieres reír, quieres llorar. Abajo la gente grita porras y lanza frases de ánimo, prometiéndote que todo saldrá bien; ¿pero qué saben ellos si están cómodos y seguros donde están? Atrás de ti viene alguien más que quiere saltar. Sientes la presión. Te llenas de ánimo y la adrenalina recorre tu cuerpo. Ha llegado el momento y entonces das un paso para atrás y recuerdas que regresar no es ya una opción.
Quedarte ahí colgado, mucho menos lo es.

Solo hay dos opciones al frente, saltar con intención y dirección, confiando en que la caída será segura o solo dando un paso adelante y dejándote caer, dudoso de dónde y cómo caerás.

Estás a punto de hacerlo… y en eso despiertas y recuerdas que no es una alberca la que hay ahí abajo, sino el siguiente paso en tu carrera, mejor dicho en tu vida, el que vas a dar.

Así que tu, sonríes y…

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Sueños

¿Hasta dónde avanza un sueño?

¿Hasta dónde avanza un sueño? ¿Hasta qué punto somos capaces de llegar por alcanzar un ideal y en qué momento ese sueño se convierte en nuestra propia pesadilla?

Vivimos en una sociedad de definitivos, en la que desde pequeños nos enseñan que tenemos que escoger qué seremos y haremos por el resto de nuestras vidas, pre-definiendo como habremos de vivir a partir de que tomemos esa elección.

¿Pero en realidad tenemos que seguir un solo camino por siempre? ¿En verdad son tan definitivas las decisiones que tomamos?

Si decidimos seguir un camino, entonces ¿ya no podemos tomar otro más adelante?

¿No puede ser que nuestros sueños cambien con el paso del tiempo, de acuerdo a la situación que estamos viviendo o que retomemos viejos sueños que teníamos guardados en algún lugar?

No quiero decir con esto que abandonemos nuestros sueño cada vez que enfrentemos alguna dificultad, pero ¿en verdad toda nuestra pasión se tiene que enfocar a un solo sueño, aún cuando se convierta en obsesión? ¿Que no podemos seguir dos, tres o más sueños a la vez durante nuestra vida?

Porque creo que la única definición definitiva en nuestra vida, debería ser que sí somos soñadores capaces de vivir todos nuestros sueños.

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Menos estrellas y más artesanos.

Desde siempre, la mayoría de las personas hemos aspirado, en distintos momentos de nuestras vidas a ser estrellas en algo; en la escuela, en el trabajo o hasta en los restaurantes que frecuentábamos deseábamos ser reconocidos y famosos.
Pareciera que ser famoso, incluso si era por un mal nombre, era un símbolo de éxito.

Hasta hace poco, muy poco realmente, eran solo algunos cuantos quienes tenían la oportunidad de, en efecto, hacerse famosos: actores, jet setters, empresarios prolíficos o políticos eran quienes típicamente ocupaban las listas de popularidad.

Por supuesto cada gremio tenía sus propios grupos de famosos. Pero, más frecuente que no, a estas personas se les reconocía por su trayectoria profesional, por su aportación a la industria y sus historias, bien ganadas de éxito. Y si había quien se hiciera famosos de la noche a la mañana, usualmente era por un mal nombre o un “one hit wonder” que se perdía de vista al poco tiempo.

No, ser una estrella, no era para cualquiera.

Entonces las redes sociales llegaron, con la maravillosa promesa de que, con el mínimo esfuerzo y poco, muy poco trabajo, cualquiera podría acceder y escalar en las listas de popularidad. Y no solo eso, sino que muchos podrían simular e inventar una personalidad, que digo personalidad, una vida completa alterna a su realidad.
De repente, nombres de personas que jamás se habían escuchado en una u otra industria comenzaron a escucharse y nuevos famosos se engendraron, no por su trabajo o contribución, sino por la simpatía de sus perfiles.

Y hoy, prácticamente cualquiera puede ser, o sentirse, una estrella. Pero más estrellas es justo lo que menos queremos. Personas que su único motor es sentirse reconocidas, que lo único que quieren es auto-satisfacer su ego y llenar sus arcas, son lo último que necesitamos.

No, ya no queremos estrellas. Hoy queremos artistas.

Artistas, o al menos así es como pensadores como Seth Godin o Robin Sharma les llaman es lo que sí necesitamos. O artesanos, como prefiero llamarles yo.
Personas que, más que estar obsesionados por ser populares, hacen de su trabajo, el que sea, un arte; casi una pieza de colección con la que conectan con quienes trabajan y viven a su alrededor.

Artesanos del alma que con su trabajo y esfuerzo buscan tocar la vida de los demás y dejar a la persona, la empresa, la industria, la comunidad, la sociedad y el mundo con el que conviven todos los días, mejor de lo que lo encontraron.

Artesanos de corazón que saben que no importa cual es su título en una organización, ni su lugar en el organigrama para tocar la vida de otros y hacerlos sentir y estar mejor.

Artesanos que sin importar si son el CEO de una empresa, un maestro en una escuela, un policía en la calle, un ejecutivo de ventas, etc. no buscan el aplauso de la masa, sino la sonrisa de quienes con una mirada les dicen, gracias porque con su esfuerzo y trabajo buscan todos los días, desde su trinchera, hacer un lugar mejor para todos.

Artesanos que hagan de su empresa un taller y de su trabajo una pieza única, distinta y especial con la que tocan la vida de los demás.

No, no necesitamos más estrellas. Necesitamos muchos más artesanos.

Recetas de vida… no las hay.

Ayer, durante la comida, una querida amiga me contó una breve fábula:

Un día una mujer le prometió a su esposo que prepararía su platillo favorito: Pierna de cerdo al horno, con la receta secreta de su mamá. Siempre que él prometiera acompañarla al mercado a comprar todo lo necesario.Entusiasmado el hombre aceptó. Al día siguiente, de acuerdo a lo planeado, fueron al mercado donde puesto por puesto compraron todos los ingredientes que la famosa receta indicaba. Cuando llegaron a la carnicería la señora le dijo al carnicero: “Me da por favor una pierna de cerdo y le corta 5 centímetros de la parte más ancha por favor.” Extrañado, el marido le preguntó: “¿estás segura de lo que pediste? ¿Quieres que le quiten 5 centímetros de la parte más ancha de la pierna? ¿Por qué?”. A lo que ella simplemente respondió: “claro, así lo dice claramente la receta de mi mamá”, a la vez que le mostraba, con toda la confianza y confort que tener un contrato por escrito da, el papel que, en puño y letra de su mamá, contenía la tan famosa receta.
El esposo no pudo con la duda así que en la primera oportunidad que tuvo, preguntó a la mamá de su esposa por qué la receta decía que había que quitarle 5 centímetros de carne a la parte más ancha de la pierna de cerdo. A lo que ella contesto con similar certeza: “porque así lo indica la receta que me pasó mi propia madre.”. El señor, ahora aún más integrado por esta receta trans-generacional, visitó a la abuela de su esposa con el propósito único de saber por qué su receta secreta indicaba, con tan absoluta claridad, que para preparar su famosa pierna de cerdo había que quitarle 5 centímetros de la parte más ancha de la pierna. La abuela, incrédula ante semejante pregunta, con ternura respondío: “fácil hijo, porque sino se los quito, la pierna de cerdo no cabe en el horno de mi cocina”.

Y tengo que preguntar: ¿Cuántas veces no hemos hecho o dejado de hacer algo porque la receta que nos pasaron considera un ajuste que era, en realidad, específico y único para las condiciones de vida de otra persona?

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Siempre hay una receta de vida que queremos seguir.

Con mayor frecuencia que no, seguimos la receta que otros han preparado para nosotros y recorremos el camino que nuestro círculo social ha dado por bueno para nuestra vida. Con buenas intenciones, por costumbre, porque así lo hicieron otras generaciones en tu familia, etc, nos apegamos al instructivo de “cómo tú vida debe ser”, aún sin entender por qué o quién dijo que así tenía que ser.

En otras ocasiones, buscamos la fórmula secreta para “tener una vida exitosa” viendo la vida y obra de otros y pensando que si seguimos su camino podremos, entonces, vivir igual que ellos; olvidando que esa es la vida de otros y que no existe razón alguna por la cual las cosas tengan que funcionar exactamente igual para nosotros.

Algunas veces también, pretendemos dejar la responsabilidad del mapa que habremos seguir, en manos de alguna corporación que nos dicte cuándo, dónde y cómo habremos de seguir dicho mapa.

Y en otras también, de forma aún más trágica, bebemos demasiado de nuestro propio jarabe y formamos una imagen idealista e inflexible de lo que pensamos que nuestra vida debe ser para sentirnos felices.
En un inicio, tener una visión clara del estilo, forma, tipo y nivel de vida que queremos tener es muy bueno pues nos hace responsables de crear, construir y vivir nuestra propia vida. Pero entonces, si no somos cuidadosos y tomamos en cuenta que hay subidas y bajadas, cambios repentinos en nuestro entorno, responsabilidades y compromisos que cumplir, nuestra visión de vida se convierte, peligrosamente, en una obsesión que más pronto que tarde, obstaculiza la realización misma de la visión de vida que hemos definido. Opacando nuestra propia visión y limitando nuestro espacio de acción para movernos y hacer los ajustes necesarios a nuestro recorrido, trazar los nuevos caminos en nuestro mapa, asumir nuevos riesgos y recorrer el camino necesario para construir y vivir la vida que queremos vivir.

Porque no basta con solo soñar y pre-escribir una receta para vivir la vida que queremos tener; necesitamos vivirla con sus bajas y altas, con sus retos y cambios y con los grandes momentos y logros que hacen que todo, al final, valga la pena lo recorrido.

6 acciones para luchar contra la “Empleopía”.

Por definición una empresa es una organización que reúne el talento, experiencia y trabajo de distintas personas que comparten un fin común para, en equipo, construir los recursos necesarios para recorrer el camino que los llevará a realizar esa causa compartida por todos los integrantes de dicho organismo.
Uno pensaría que los principales retos que estos enfrentarían son la competencia, las crisis y recesiones económicas, el desabasto de materia prima o recursos, etc. Pero me parece que la peor amenaza que enfrentan no son estos sino una enfermedad altamente contagiosa pero muy curable también: La empleopía.
O al menos así he decidido llamar a la “cuasi-miopía” profesional que muchos integrantes de estas organizaciones aparentan padecer 99% del tiempo y que no les permite ver más allá de las funciones básicas-mínimas-indispensables-para-justificar-su-puesto-pero-no-para-dar-resultados-reales.

Seguro conoces muchos casos así o, tal vez, lamentablemente, hayas contraído también este padecimiento. Gente que más frecuente que no llega tarde para todo, que gasta su tiempo quejándose de su trabajo, aclamando lo que haría de ser el jef@ del lugar, constantemente buscando cómo tomar ventaja de la empresa para la que trabaja y prometiendo lo que jamás va a entregar, pero siempre alerta a la oportunidad perfecta para quedar bien con el jef@ aunque sea de forma temporal.

Definitivamente la “empleopía” puede hacer mucho daño, no solo dentro de la organización sino a todo el ecosistema alrededor de esta, impactando a accionistas, empleados, clientes y proveedores por igual.

Sin embargo hay algunas acciones que cada uno de nosotros podemos hacer, como empleados o empresarios para romper con este mal

Si eres empleado en una organización:

– Primero que nada, cumple con cada uno de tus compromisos. Entiende que tu trabajo tiene un impacto directo en el trabajo y la vida de decenas o cientos de personas más. Que cada compromiso incumplido, cada orden de compra olvidada, cada factura traspapelada, cada entrega retrasada, cada venta caída, mucho más allá de causarte un momento incómodo a tí, puede arruinar el trabajo de alguien más.

– Haz tuyo el negocio. Entiende que no eres un empleado más. Rompe con el engaño de que tu trabajo es insignificante y no aporta a los demás. Comprende que no importa el título que ostentes, tan importante es el trabajo de quien hace la limpieza en la oficina como el del director de esta, y que gracias al trabajo de estos dos y de todos los demás, pueden impactar positivamente la vida de otros.

– Persigue una causa y brilla. Entiende de una vez que no tienes que ser el siguiente Gandhi o Mandela para cambiar la vida de los demás. Pregúntate qué es lo que más te importa, en qué te gustaría más y podrías contribuir mejor. Busca una organización que persiga esa misma causa y lleva a su mesa las competencias y habilidades con las que puedes colaborar con ellos. Y no olvides que no importa si es bajo las luces o tras bambalinas, tu trabajo, cuando realmente estás identificado con esa causa, puede brillar muchísimo para los demás.

Como emprendedor:

– Jamás olvides la causa de tu organización, el por qué comenzaste a hacer lo que ahora haces. Sí conviértete en un experto en lo que haces y un maestro del cómo lo haces, pero mantén siempre viva la pasión por la misión de tu empresa; y encuentra y ábrele las puertas a aquellas personas que comparten la misma visión y pasión.

– Contrata complices, no empleados. No importa cuanta experiencia tengan ni que tan bien luzca su currículum en papel, no contrates a quienes solo quieren trabajar contigo por el dinero que les puedes pagar. Si no están 100% involucrados, apasionados por la misma causa que tú, al tercer día de comenzar a trabajar contigo comenzarán a prepararse para su siguiente trabajo.

– Haz que los demás brillen. Una vez que hayas encontrado a tus primeros cómplices, procura ser un catalizador de recursos y oportunidades para que puedan brillar por sí solos. Y todos los días déjales ver lo mucho que aprecias como, con su trabajo, impactan positivamente la vida de otros. Y acaba por fin con la “empleopía” en tu empresa.

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Mi tema de vida en 2013.

Segundo día del año y en todos lados llueven las listas de propósitos de año nuevo. En las reuniones familiares, entre amigos, en el trabajo y hasta en el time line, todos comparten con gran ánimo la lista de buenos propósitos que este año prometen sí cumplir. El problema es que basta con entrar al segundo mes del año o que comencemos a lidiar con las tareas cotidianas de nuestra vida para empezar a dejar atrás la mayoría de esas buenísimas intenciones con las que pretendíamos convertirnos en una mejor persona.

En lugar de esto, desde hace ya varios años, decidí adoptar la idea que mi amigo Phil Gerbyshak proponía en su blog – Make it Great, de definir un tema de vida para todo el año. Práctica que durante años me ha sido muy útil pues, al hacerlo, fijo una dirección con la cual alinear todas mis actividades en los siguientes meses, dándome a la vez, el suficiente espacio para hacer cambios y ajustes (sin perder el rumbo) de acuerdo a la situación en que me encuentre y/o retos que enfrente; además de permitirme mayor flexibilidad para medir un avance real hacia lo que me he propuesto para dicho año, versus tachar, o mejor dicho dejar de tachar una lista de propósitos no cumplidos; complementando mi tema anual con otra, muy útil práctica que comencé a realizar desde el año pasado: La regla de tres en tres. Dividir mi tema en 3 grandes áreas que a su vez puedo desmenuzar en tres objetivos trimestrales, tres mensuales o tres semanales para realizar cada día, por lo menos 3 acciones clave que me lleven a vivir mi tema anual todos los días del año.

Y así, para este 2013 el tema de vida anual que he definido es: VIVIR.

Cada día crear, construir y VIVIR la forma y el estilo de vida que quiero vivir. Una vida alegre, próspera, sana y saludable, armónica, pacífica, de servicio a otros y llena de abundancia, en la que siempre alcanza y todo se puede compartir.

Y para VIVIR así he definido las tres aristas más importantes que guiarán mis acciones durante todo el año:

1) Procurar mi salud para estar en excelente condición física que me permita ser un gran papá y esposo, trabajar como mucha energía y alegría, viajar seguro y siempre tener una sonrisa para los demás. Logrando un sano equilibrio de mi energía física (adoptando una más estricta rutina de ejercicio), emocional (dedicando más tiempo a meditar y practicar Reiki como antes), intelectual (continuando con distintos estudios y enfocando mi atencíon en lo que importa y evitando distractores) y espiritual (asegurándome de que todas mis acciones estén siempre alineadas con mis principios, valores y prioridades).

2) Dedicar tiempo en cantidad y de calidad a mi familia y a mi hogar.
Procurar un ambiente de paz y alegría en casa. Apoyar y acompañar a mi hija en su desarrollo, enseñarle y aprender de ella también. Apoyar y acompañar a mi esposa, ser una pareja más cariñosa y atento a sus necesidades. Y ser un mejor amigo visitando mucho más a esos grandes amigos que tanto me han aguantado y apoyado.

3) Continuar y solidificar mi trabajo como coach, consultor, conferenciante y autor. Participando con nuevas organizaciones y viejos amigos también como conferenciante y facilitador. Apoyando a más personas como coach, acompañándolos en su desarrollo personal, liberar sus habilidades y fortalecer sus competencias. Ayudando a empresas a desarrollar las fortalezas de sus integrantes, a entender mejor las nuevas herramientas de trabajo que los medios digitales traen consigo e integrar una renovada visión como equipo. Ayudando a emprendedores y líderes de diversas organizaciones a hacer una mejor adopción de los medios digitales en sus esfuerzos de comunicación y mercadotecnia, pero también en otras áreas funcionales que mucho pueden aprovechar y tanto se han resistido a la tecnología. Y apoyando a más profesionales a encontrar y ejercer su marca personal y a empresas y organizaciones su marca como empleador, para propiciar que estas se encuentren en un punto en común que beneficie a organizaciones y profesionales por igual.

Y así VIVIR todos los días del año como lo quiero VIVIR.

Tu turno. ¿Cuál es tu tema para el 2013?

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