De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Abriendo los ojos a las oportunidades de la vida.

¿Cuántas veces no hemos pensado qué haríamos o cómo seríamos si tan solo pudiéramos cambiar nuestra realidad?

¿En cuántas ocasiones hemos culpado a nuestro entorno por sentirnos de alguna manera y nos hemos tratado de engañar diciéndonos a nosotros mismos que seríamos muy diferentes si tuviéramos un trabajo distinto o si viviéramos en otro lugar, si fuéramos más delgados o si tuviéramos más tiempo o un mejor estado de salud?

Nos hacemos creer que el año próximo será mejor, que cuando encontremos otro trabajo seremos más felices, que ahora que tengamos más tiempo haremos ejercicio y pasaremos más tiempo con nuestros seres queridos, o que cuando nos sintamos más fuertes y sanos tomaremos cartas en ese asunto pendiente que nos hace sombra.

Y así dejamos que el tiempo pase y que la situación en que estamos, en el mejor de los casos se mantenga igual y, en el peor, que continúe complicándose gravemente. Y a pesar de esto no abrimos los ojos y seguimos apáticamente esperando nuestra oportunidad de oro para cambiar.

Y una cosa sí les aseguro, mientras esta sea su posición, esa oportunidad nunca llegará.

No es que sea yo pesimista, al contrario. Lo que sucede es que tenemos que darnos cuenta de que las oportunidades siempre están presentes, aún cuando nos empeñamos en no verlas.
Nos estacionamos en la situación en la que estamos y tratamos de aplicar las mismas soluciones que ya hemos intentado en el pasado y, claro, así no sucede nada… y entonces nos volvemos a cerrar, lamentándonos y no queriendo cambiar.

Y como decía Albert Einstein: “ No puedes pretender encontrar una solución a un problema haciendo lo mismo que hacías cuando lo creaste…si buscas resultados distintos, no hagas siempre lo mismo.”

¿Lo ven? Solo tenemos que abrir los ojos, ver nuestra situación desde un ángulo distinto y ahí, en ese sutil cambio de actitud, estará pacientemente esperando la oportunidad.

Citando al escritor Francés Marcel Proust: “El verdadero viaje de descubrimiento no está en buscar nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos con que verlos:”

¿De acuerdo? Bien. Entonces la primera parte del cambio está resuelta.

Ya cambiamos nuestra visión y encontramos nuestra oportunidad. Ahora, HAY QUE ACTUAR.

Hay que tomar esa oportunidad y transformarla en ese cambio que buscamos. Y hay que hacerlo ¡YA!
No se puede esperar o de lo contrario me temo que por nuestra inacción, se desvanecerá.

Las oportunidades están siempre ahí pero hay que tener el valor de tomarlas y actuar.

No hacerlo sería como declararle al mundo que no somos responsables de nuestra propia vida. Rendirnos a ser llevados y traídos como una hoja de palma flotando a la deriva en el mar.Sería convertirnos en casualidad, cuando debemos ser causalidad.

Tenemos la obligación de tomar la responsabilidad de nuestra vida y no ser víctimas de nuestro contexto.

La responsabilidad sobre como decidimos vivir nuestra vida es un don que se nos da al nacer.
Claro, entiendo muy bien que no siempre nuestro contexto y nuestra realidad es la más favorable, pero aún así tenemos la responsabilidad de escoger como queremos ver nuestro momento:

Igual que siempre, para seguir lamentándonos ó usando nuestros nuevos ojos y tomar acción, de otro modo, la vida continuará actuando por nosotros.

En resumen:

OPORTUNIDAD = VISIÓN + RESPONSABILIDAD
+ ACCIÓN.

Una razón importante para continuar trabajando.

Tuve una junta muy desalentadora la semana pasada. En ella mi jefe me explicaba las malas noticias sobre la situación de la empresa que impedirán que en los próximos meses se hagan ajustes salariales, promociones, entrenamientos y reclutamiento de talento.

Cabe destacar que no es la primera ni la tercera vez incluso, que tenemos esta discusión, ni muchas otras en las que nuestros desacuerdos y diferencias de visión se hacen tan evidentes.

Verán ustedes: Resulta ser que a pesar del éxito que como unidad hemos tenido en mi equipo de trabajo durante los últimos 16 meses, aún cuando con recursos tan limitados hemos logrado salir adelante por encima de otras unidades que cuentan con muchas más recursos, no habrá ningún reconocimiento, ni un gesto que haga a la gente sentir que su trabajo y esfuerzo ha valido la pena.
“En Octubre pasado, cuando nos avisaron que no habrían revisiones de sueldos en noviembre, dadas las nuevas políticas del grupo, dijeron que esto tendría lugar en el mes de Mayo y la gente está ansiosa esperando el momento. Así que si ya saben que esto no va a ser así mas vale que desde ya den un aviso formal” Le insistía yo con preocupación.

Su repuesta: “Avísales tu, por eso tienes la posición que tienes…”

Podrán imaginarse mi sentir, y si se han visto en una situación similar, también estarán sintiendo mi frustración crecer.

Dado que no soy ni más sabio, ni más fuerte, ni mas iluminado que nadie de ustedes; sino talvez más confundido que un Mickey Mouse aprendiz de hechicero luchando contra escobas y trapeadores bailarines que intentan atraparlo en un río de agua y jabón; mi ánimo como es de suponerse, se fue al suelo en ese momento.

Por mi mente cruzaban mil y un pensamientos, por mí ser aún más emociones:
“¿Dónde estamos parados? ¿Vale la pena esforzarse tanto por una empresa que ni siquiera es mía y que por lo visto jamás me reconocerá mi dedicación? Pensé que aquí serían diferentes. A partir de hoy mi horario y nada más…”

¿Cuántas veces no han pensado ustedes lo mismo? Se que muchas pues varios lo han compartido conmigo en más de una ocasión.
¿Y saben? De primera impresión parecer ser un sentir correcto, pero nada podría estar más equivocado.

En realidad tenemos que entender que si bien, efectivamente, trabajamos a cambio de un sueldo, un sustento con el que hacemos frente a los gastos en que incurrimos para cubrir nuestras necesidades; también lo debemos de hacer para colaborar con nuestra comunidad.

¿O qué no es por esto que nos afiliamos a una empresa en primer lugar?

Verán, mi teoría parte de algo muy básico y nada extraño: Una empresa o compañía no es más que un grupo de personas que se juntan para trabajar en pro de un objetivo común. ¿Correcto?

Y si ese objetivo común lo desnudamos a su forma más elemental, veremos que, más allá de de vender y generar dinero, pero mucho, muchísimo más allá; la razón de ser de ese grupo de personas es ayudar a cubrir una necesidad real de la sociedad en que vivimos.

Así que visto de esta manera, cuando trabajamos para una “empresa” no solo deberíamos enfocarnos en qué recompensas obtendremos a cambio de nuestra labor. Y no estoy diciendo que esto no sea de suma importancia pues queda muy claro que necesitamos proveer a nuestras familias de pan, techo y que vestir. Pero lo que también deberíamos hacer es poner cuidadosa atención en preguntar CÓMO PODEMOS SERVIR.
Cómo nuestro trabajo diario ayudará e impactará la vida de los demás.

A veces algunas compañías tiene clara esta visión y la comparten eficientemente con sus miembros, como el ejemplo que usa Robin Sharma en su libro -Las 8 claves del liderazgo…- sobre como el presidente de Southwest Airlines, una famosa aerolínea de bajo costo del sur de los Estados Unidos, demostró a su equipo de colaboradores que al establecer sus bajas tarifas aéreas permitirían “volar regularmente a gente que jamás había podido permitirse ese lujo” y comprobó a su gente que su trabajo iba realmente a ayudar a que otros cumplieran sus sueños y vivieran mejor.

Pero aunque en la mayoría de las ocasiones el beneficio de contar con una visión tan clara no está ahí, esto tampoco debería ser un problema, pues está en cada unos de nosotros la capacidad de entender como a través de nuestro trabajo podemos servir. Como bien decía Gandhi: “Tú debes ser el cambio”.

Por ejemplo, yo como publicista manejo la cuenta de una conocida marca llamada Gerber. Si veo mi trabajo desde el típico punto de vista frívolo, característico de mi capitalista ocupación, me quedaría en que mi obligación es ayudar a que la marca se venda.
Pero si no limito mi visión y me pregunto realmente como es que eso aporta a la sociedad en que vivo, me puedo dar cuenta de que al hacer mi trabajo, estoy ayudando a acercar una opción más de alimento a los padres de familia que buscan complementar la nutrición de sus bebés. ¿Y qué labor más noble que la de dar de comer a un bebé?

Viéndolo así ¿no creen que vale la pena seguir trabajando?

Pero por si esto fuera poca razón para ustedes. Por si acaso este ejemplo lo sienten muy lejano, entonces pensemos en como nuestro trabajo ayuda a hacer más fácil la labor de nuestros compañeros, no del ente llamado “empresa” sino del grupo de gente que la forma. De esas personas con quienes convivimos día a día, con quienes por suerte o por elección, compartimos logros, penas y más logros.
Es también por ellos que no debemos flaquear y por quienes también nos debemos esforzar. Simplemente se los debemos.
Como sabiamente decía Albert Einstein: “Muchas veces me doy cuenta de que una gran parte de mi vida exterior e interior se basa en el trabajo de mis semejantes y entiendo cuanto debo esforzarme para devolver tanto como he recibido.”

Así que después de haber meditado tanto al respecto, he llegado a entender que ante una situación como la que comencé relatando, tenemos dos opciones:

Cerrarnos y envolvernos de una miopía egoísta y caer en el enfado sin querer trabajar más ó preguntarnos ¿Cómo puedo servir?

Yo hoy elijo buscar cómo voy a servir. ¿Ustedes?

You give a little love and it all comes back to you

Que buen mensaje!

Como muchos de ustedes deben saber es ya una tradición que año con año los más grandes anunciantes de la televisión produzcan versiones especiales de sus comerciales o incluso campañas totalmente nuevas e impactantes para lanzar en los espacios comerciales del Super Bowl.
Así que, como el buen publicista, vicioso de su trabajo que soy, no pude dejar la ocasión y me di a la tarea de buscar todos los anuncios que este año se transmitieron.

¡Que buenas piezas publicaron! Unas más divertidas que otras, muchas siguiendo el clásico formato de un comercial de televisión, algunas con clichés y estereotipos, otras aprovechando a los personajes que ya habían creado o a celebridades que, para ser muy franco, no venían mucho al caso.

Pero de todos los comerciales que se transmitieron solo hubo uno que captó mi atención absoluta y me hizo realmente pensar en el mensaje que enviaba.
Y que buen mensaje era: “You give a little love and it all comes back to you”
El nuevo comercial de TV de Coca Cola, en el que al mejor de los estilos de esta marca, aprovecharon muy bien la integración de un fuerte concepto, con una gráfica de alto impacto (en este caso basada en el video juego Grand Theft Auto) y una canción pegajosa, de letra sencilla y gran significado.

Los autores de este comercial se basaron en el personaje del video juego: un tipo violento que se dedica al robo de autos mientras que golpea a quien sea que se le ponga en el camino; y le dieron un giro de 180°, pues en esta versión de 20 segundos el sujeto, quien parece estar a punto de golpear a un conductor, le da una botella del azucarado líquido embotellado al tiempo que al fondo, sentado en la banqueta con el estuche de su guitarra frente a el, un músico callejero canta “you give a little love and it all comes back to you”.
Y de ahí el personaje principal continúa su camino haciendo buenas obras a su paso, apagando incendios, rescatando el bolso de una anciana y contagiando a todo el que pasa a su lado de este sabia actitud.

Fuera del juego comercial que esto presenta, y de lo bien hecho que, como publicista, debo reconocer que está, creo que el valor real de este mensaje no esta en el producto sino en su significado: Dar amor siempre traerá consigo abrirse a recibir amor. Tener actos de bondad con otros siempre traerá bondad de regreso.
La vida, dios, el universo o como quieran llamarlo, es muy sabia y, como dicen por ahí: “es muy corta, te cobra y te paga”.

Y que cierto es esto. Y es que no es necesario estar en la búsqueda frenética de acumular bienes y beneficios para uno mismo. El objetivo de la vida no es este.
La razón de nuestro ser no es jalar y recoger, sino brindar ayuda y darnos a los demás.
Abrirnos de corazón y buscar hacer algo por los demás, no importa que tan pequeño o grande sea ese algo, lo importante es estar ahí para los demás.

Lo más curioso de esto es que si comienzan a hacer esto, desde el primer momento en que decidan hacer algo por los demás; y no me refiero a dejar sus vidas y dedicarse a convertirse en imitadores de la Madre Teresa de Calcuta; sino que hagan algo día a día por impactar la vida de quienes los rodean, una sonrisa incluso puede ser la mejor forma de ayudar; se darán cuenta que en efecto, todo viene de regreso.
Haces algo por alguien e inmediatamente tienes tu premio.

¿Y saben por qué? No porque se trate de una transacción entre actos de buena fe, sino porque al buscar ayudar a los demás te abres a recibir de los demás, abres tus ojos a otra realidad, en la que colaborar y aportar es la moneda en que mejor te puedes pagar.
Sino me creen ¿por qué no comienzan hoy mismo a probar? ¿por qué no sonreírle hoy a la primera persona que se cruce en su camino, o ser el primero en decir “buenos días” al subirse al ascensor, o invitarle su café al desconocido que está delante de ustedes en la fila de la cafetería, por ninguna aparente razón?

¿Raro? No lo creo. ¿Necesario? ¡DEFINITIVAMENTE!

Así que en lo que se deciden, los dejo con el spot de televisión. ¡Que lo disfruten!

El poder de saber preguntar.

Si pudieras hoy hacer una sola pregunta, la que tú quieras, con la certeza absoluta de que te sería respondida en el mismo momento, sin trucos ni nada a cambio. ¿Qué preguntarías?
¿Qué incógnita buscarías resolver? Talvez algo como, cómo te irá en el trabajo o si cambiarás de auto próximamente, si recibirás un aumento o una promoción o si te mudarás al extranjero. Quizá buscarías saber si ese alguien especial aún te quiere o lo ha dejado de hacer, o si alguien te quiere hacer daño o si la situación económica, social o laboral te será más favorable.

¿Por qué desperdiciamos esa oportunidad única con preguntas superficiales y “yoyistas” (como las llamo yo)?
¿Por qué perder el tiempo preguntando si nos irá mejor en la vida, en lugar de de hacernos entender a nosotros mismos que debemos disfrutar y agradecer de corazón (“El corazón también tiene neuronas” dijo René May en una conferencia que dio el día de ayer, sobre el don que tiene y comparte para ayudar a los demás), todo lo que hoy forma parte de nuestras vidas?
Comprender que hasta que no sepamos apreciar con sinceridad todas las bendiciones que la vida nos da, no estaremos listos para valorar aquellos cambios por los que queremos preguntar.

¿Por qué no entonces hace mejor uso de esa única oportunidad y preguntar como es que podemos ayudar a los demás? ¿Qué podemos hacer para impactar la vida de quienes nos rodean? ¿Qué podemos hacer para ayudar a que su día sea un poco o mucho mejor?

Quizá si aprendiéramos a hacer estas preguntas, descubriríamos que no necesitamos a alguien más con un don especial para darnos la respuesta. Y entenderíamos que a quien deberíamos preguntárselas es a aquel sujeto que vemos en el espejo todas las mañanas.

Yo ayer desperdicié mi pregunta única al hacer una tan mundana, lo que me consiguió una respuesta igual de ordinaria.
Hoy después de pasar el día entero y toda la tarde de ayer meditando al respecto, llegué a una gran (y por cierto, aliviadora) conclusión:

La respuesta que en realidad ayer buscaba, la obtuve hoy, y es la que acabo de compartir aquí.
Después de todo, en la mayoría de las ocasiones, del algún modo, las respuestas vienen ocultas ya dentro de las preguntas que hacemos, así que solo hay que saber que preguntar.

¿Alguna pregunta?

Amar lo que haces se nota.

El fin de semana pasado mi esposa y yo tuvimos una muy buena idea, aunque cuando la pensamos no tenía yo idea del impacto que tendría en mi día.

Fuimos a ver la puesta en escena de Victor Victoria con Daniela Romo y Mauricio Herrera.
La obra sensacional, la música realmente grandiosa y el elenco con una fenomenal actuación, pero debo decir con franqueza que no fue ninguno de estos elementos lo que me hizo disfrutar tanto el momento.

Lo que realmente me hizo gozar la obra, fue ver los gestos de alegría y satisfacción de cada uno de los actores. Como se notaba como estaban disfrutando tanto su actuación, y cuando uno hace lo que ama, pero sobre todo ama lo que hace, se nota.

Se nota y se contagia, y tu alegría se reparte por todos lados. Tu cuerpo, tu ser, vibra tan alto que tu felicidad embriaga a los demás, tanto que solo pueden ponerse de pié y aplaudir. Aplaudir y agradecer haberse contagiado de ti. Y todo porque amar lo que haces, se nota.

Empezando el año con saldo a favor. Conclusión

Y así pues, hoy después de hacer todo un recuento de lo vivido el año pasado y de poner las cosas en la balanza, puedo sacar una gran conclusión:

Como ser humano, cada quien debe aprender a no calificar sus vivencias como buenas o malas, sino tan solo como experiencias y lecciones (unas más difíciles que otras) que nos enseñan a vivir.
Y que talvez, si pudiéramos enlistarlas como lo que queremos o nos gustaría y lo que no, veríamos que no siempre lo que uno quiere es lo que realmente necesita, y que entonces también lo que necesitas a veces no es exactamente lo que quieres.
¿Confuso? No hay de que preocuparse, pues la vida siempre nos dará lo que necesitamos.

Y así, gracias a esta gran lección y a todas las demás recibidas, hoy puedo decir con profundo agradecimiento que en verdad tengo una vida colmada de bendiciones, pues tengo

  • Vida, salud y energía.
  • Una esposa, compañera y amiga a quien amo con todo mi corazón.
  • Una familia completa y unidad, y aún tengo a mi papá conmigo.
  • Un hogar lleno de paz, armonía y felicidad
  • Unos amigos entrañables, cercanos y leales.
  • Un trabajo próspero que me permite crecer y ayudar a otros también.

En verdad una vida llena de bendiciones y amor, así que hoy puedo decir, agradecido y feliz que, estoy: Empezando el año con saldo a favor.

Gracias a dios, gracias a la vida por todas sus bendiciones y amor.

Empezando el año con saldo a favor. Cuarta parte.

A tan solo 38 días de terminar el 2006 y a 30 de la fecha en que habíamos planeado tomar nuestras tan merecidas vacaciones; el 22 de noviembre a las 11:30 am aproximadamente, recibí una llamada de mi mamá. “ohoh” pensé yo, pues es tan poco común que ella me marque a la oficina y a esa hora…
“Me preocupa mucho tu papá” comenzó diciendo, explicándome como desde una noche antes, él había comenzado a tener un dolor intenso en el pecho.
Aún no terminaba de hablar con ella cuando ya estaba yo marcándole a mi papá, al mismo tiempo que tomaba mi cosas y me alistaba para salir corriendo por el y llevarlo al hospital.

De esta historia ya he escrito mucho, lo difícil y frustrante que fue, el nivel de tensión y estrés, la angustia y la preocupación; pero también sobre las lecciones aprendidas:

  • La paciencia, la serenidad y la calma que hay que desarrollar.
  • El saberse rendir y pedir ayuda.
  • El ayudar a todos de corazón y no por compromiso. No con lo que te sobra, sino con lo que de verdad haga falta, aún cuando esto signifique un sacrificio personal.
  • Entender que aún cuando tengas la fuerza, la buena intención y la costumbre de resolver, no todo depende de ti.
    Hay que aprender a soltar y dejar que cada quien tome su responsabilidad.
  • Una confirmación más de lo importante que es llegar al balance correcto entre hacer que suceda y dejar que suceda.
  • Recordar lo importante que es la prevención y la planeación.
  • Lo imperante que es el cuidado de la salud. Como sabiamente me dijo hace un poco mi esposa (quien por cierto es más sabia de lo que ella misma cree): “Que fácil y económico es cuidar la salud, pero que difícil y caro es recuperarla”.
  • Comprender que no importa que tan grande sean los problemas y las culpas, no somos nadie para juzgar. No estamos aquí para hacerlo. La vida nos encamino hasta este lugar para ayudar, apoyar, ser ayudados y vivir, y nada más.
  • No calificar como bueno o malo lo que sucede, sino absorber la lección que el momento nos da y que nos ayudará a crecer y prepararnos más, en esta gran universidad que llamamos vida.

Y así pues, hoy después de hacer todo un recuento de lo vivido el año pasado y de poner las cosas en la balanza, he logrado sacar una gran conclusión:

Continuara…

Empezando el año con saldo a favor. Tercera parte.

¡Que difícil decisión!

Tendríamos que cerrar la cafetería y absorber toda la deuda generada y acumulada durante meses, además de tragarnos con un nudo en la garganta toda la inversión, física y emocional que habíamos hecho.

Como se me vino el mundo encima una vez más.


Primero cerrar, tragarse el orgullo otra vez y pedir ayuda.
Ajustar gastos, dejar a un lado los gustos que nos dábamos, sacrificar viajes y compras. Un carro vendido, uno de dos que con tanto esfuerzo había comprado.
“¡Que castigo! ¡por qué otra vez!” Pensaba yo irracionalmente.

Y hoy comprendo que no se trataba de ningún castigo, sino de una gran lección para aprender a desprendernos de lo material, saber administrar nuestros gastos y no tomar nada, absolutamente nada como un hecho.

Entender que no se requiere de muchos bienes para vivir, pues el buen vivir no está en cuantas cosas y juguetes tienes, sino en cuanto disfrutas, gozas y aprecias la vida que hoy tienes; y en saber dar gracias de corazón por las cosas realmente importantes y que sí tienes en tu vida, como:

  • El amor incondicional de tu pareja y el amor que tú tienes por ella.
  • Una vida llena de salud y plenitud.
  • Una familia unida y sana.
  • Un hogar lleno de paz, luz, armonía, energía y felicidad.
  • Un trabajo digno y productivo con el cual ayudar a los demás.
  • A tus amigos cerca de ti.
  • Una vida llena de oportunidades y bendiciones.

Comprender que es aquí donde radica la verdadera abundancia y prosperidad y no en lo material.
Aprender a no depender de un bien material, y por el contrario, disfrutar de la libertad que no tenerlo te da.
Y una vez más comprobar que el balance siempre hay que crear, pues si bien no es indispensable tener algo, algún juguete material, tampoco es malo tenerlo si lo puedes honradamente adquirir, pero sobre todo si lo sabes tener sin que este te tenga a ti.

Y así llegaba el año a su final y ahora sí, todo parecía convertirse en tranquilidad. Los planes y las expectativas eran de por fin descansar, deudas saldar, premios por comprar y ¡viajes por realizar!
¿Y por qué no habría de ser así? Nos lo merecíamos después de todo.

Fue entonces cuando el golpe más fuerte del año llegó…

Continuará…

Empezando el año con saldo a favor. Segunda parte.

…El trabajo…

¡Que abrumador reto! Tomar una responsabilidad más grande, tomar un negocio perdido y transformarlo, sacarlo adelante. ¿Cuántas veces habré pensando en renunciar?
El equipo tan pequeño, falto de experiencia, los recursos tan escasos, las exigencias de tantos clientes a la vez, sin contar las expectativas tan altas del grupo.
¡Que presión! Pero que grande lecciones me dejó.

  • Primero que nada a entender que uno no es consecuencia ni víctima de la situación, sino causa, motivo y motor. Y que al mismo tiempo hay que dejar que la vida actúe y haga su parte también.
  • Segundo, aprender a confiar, no solo en los otros y así saber delegar, par más importante aún a confiar en mi mismo, saberme seguro y capaz; y entender que el lugar en el que estás no es casualidad, sino que existe una fuerte razón más allá de lo obvio, para estar ahí. AYUDAR Y COLABORAR CON TODOS.
    A algunos a crecer y aprender, a otros a realizar mejor su trabajo, o unos más a partir para un nuevo camino; ayudar a todos a cumplir sus objetivos.
  • Tercero, aprender o mejor dicho a reconocer que el trabajo es tan solo un medio de vida y no una razón para vivir.Y a la vez entender que lo importante no es hacer un lado el trabajo y enfocarte solo a tu vida personal, sino que hay que crear un balance perfecto entre ambos, y que ese equilibrio solo está en ti lograr.

    Y avanzaba el año y las experiencias seguían acumulándose. Llegado marzo toda crisis parecía ceder y dar una respiro, cuando tuvimos que tomar una muy difícil decisión…Que gran lección estábamos por recibir…

    Continuará…

Empezando el año con saldo a favor. Primera parte.

Que buen año resultó ser, depués de todo, el 2006.
Cuantos sucesos, cuantas experiencias vividas. Cuanta alegría y cuanta tristeza, tanta esperanza y tanto desaliento. Cuantos contrastes y cuanto aprendizaje.

Tantas cosas sucedieron, tantos retos vencidos, tanta risa y tanto llanto. Tantos momentos en los que sentimos ahogarnos y tantos otros en los que nos sentimos super dotados.

Tantos instantes tan contrastantes y al mismo tiempo con una gran constante:
Difícil o sencillo, triste o alegre, todos estos momentos pasarían, cada uno de ellos tendrían, a su debido tiempo, su solución. A veces favorables y otras no tanto, pero eso sí todas superadas. Todos quedarían atrás para dejarnos tan solo sus lecciones.

Y así, en la tercera semana de este nuevo año, hago un recuento de aquellas vivencias que marcaron el 2006, sus resultados y sus lecciones:

Primero, la cafetería.

Que grandiosa experiencia y que difícil.
La inversión, los gastos imprevistos, el tiempo requerido, el esfuerzo y el desgaste físico, mental y emocional, no perder la confianza en la gente y no regalarla de más, aprender a administrarse, a ser humilde y aceptar que te has equivocado y perdir ayuda.
Saber que sí se puede dar marcha atrás y no considerarlo un fracaso.

Que gran descubrimiento, darte cuenta que puedes dejar de calificiar la situación como buena o mala y que la puedes llamar simplemente: EXPERIENCIA.
Poder absorver de esta las lecciones que tenía la vida preparada para ti:

  • Que lo más importante es no perder la fe, que nada está perdido y que sí se puede salir adelante.
  • Que debes de manternerte fuerte y creer firmamente en ti y en los tuyos.
  • En que la confianza en tu pareja es clave y que pase lo que pase, lo que cuenta es permanecer unidos y juntos hacer frente a cualquier reto.
  • Que sí puedes desprenderte de lo material y que lo más seguro es que al desprenderte de ello caigas en la realización de que no se trataba mas que de una carga adicional e innecesaria.
  • A cuidar tu presupuesto y vivir con lo que necesitas y no con lo que por capricho quieres tener.
  • Pero sobre todo aprender a atreverte, a tomar la decisión y asumir los riesgos. Entender que, como dicen por ahí: “nunca sabrás que hay del otro lado del oceano, si no te separas de la orilla”.

Cuantas lecciones…No terminaba esta situación cuando ya vivía otro reto en mi vida laboral…
…continuará…

Entregándose al ritmo de la vida

Qué difícil es dejar que las cosas sigan su curso, detenerse y ceder el control de las cosas y entregarse a otro ritmo, a un paso que no es el tuyo.
Serenarte y entender que no importa que tanto quieras o puedas hacer, simplemente hay cosas que no dependen de ti, ni son tuyas para alterar.
Tiempos que hay que respetar y esperar; situaciones que hay que soltar y permitir que se resuelvan, y soluciones que, aunque no sean las que más deseábamos, hay que saber aceptar.

Hace unos días intervinieron a mi papá, el 11 lo internamos y el día 12 desde muy temprano a esperar. Lo llevarían al hemodinamia a las 10:00 am y pasaron por el hasta las 11:30. “Aquí no existen las horas, sino los turnos” decía el doctor. Tardarían una hora y a eso de la 1:30 nos avisaron que tratarían de hacer una angioplastía. “Nos vemos en una hora” y al final pasaron más de dos.
Después de 4 horas salió para darnos la sorpresa de que habría que hacer otra intervención en algunos días más. “Probablemente mañana miércoles” mencionó el médico y no fue hasta 8 días después que lo volvieron a intervenir.

10 días, 5 extents en 3 arterías y una enorme cuenta de hospital después, por fin sería dado de alta mi papá.

¿Y cuales eran mis reacciones durante todo este tiempo? mmm… verán dentro de todo el confuso buffet de emociones, los arrebatos más frecuentes eran el “¿por qué no pueden hacer todo al mismo tiempo? ¿por qué no son más rápidos? Si yo puedo ir rápido ellos también deberían poder hacerlo, ¿cuánto más quieren que aguantemos? Tengo ganas de tirar la toalla, ¿qué más quieren de nosotros?” Y así podría seguir con una lista enorme de frustraciones e inútiles preocupaciones.

Inútiles sí, pues después de todo hay que recordar que ante estos eventos lo único que podemos hacer es cooperar, ayudar en lo que puedas a que los demás puedan hacer su labor y estar mejor y esperar y dejar que cada quien haga su parte.

Por eso hoy trato de recordar aquella frase que en algún libro hace poco tiempo leí:
“Señor por favor dame la serenidad para aceptar aquellas cosas que no puedo cambiar. Dame coraje para trabajar sobre las que sí puedo afectar. Pero sobre todo dame la visión para saber distinguir y las unas de las otras poder diferenciar”.

Y así, hoy y siempre, habré de recordarme esto a mi mismo y de esta forma tratar de aprovechar y disfrutar cada momento al máximo pues nunca sabrás cuando el control saldrá de ti una vez más.

Jugando como los grandes.

Acabo de pasar un par de días calificando y evaluando algunos de los que podríamos llamar los mejores trabajos de publicidad interactiva en México.
111 piezas revisadas, analizadas y valoradas, por seis profesionales de la industria de la mercadotecnia y la comunicación digital en nuestro país.

Les confesaré que al llegar a este festival llamado El Círculo de Oro, me sentía alagado de estar entre un jurado de 40 personas seleccionadas a mano de entre toda la industria publicitaría en México, quienes evaluaríamos todos los trabajos de comunicación realizados en el último año.
Me sentía alagado y reconocido.
¿Y por qué no? después de todo me lo merecía ¿o no?

Y así llegó el día uno, me dirigí al llamado Internet Lounge del festival, donde me encontré con el resto de los miembros del jurado para el capítulo de Internet. Todos con un área de especialidad diferente, pero siempre enfocados al trabajo interactivo.

Todos nos presentamos, ya saben… nombre, empresa, puesto, etc.

“Que grupo tan joven, ojala todos tengamos la suficiente experiencia para hacer un buen trabajo como jurados” pensaba yo.

Podrán imaginar mi sorpresa cuando conforme íbamos avanzando en el proceso cada uno de los integrantes hablaba un poco más sobre lo que hacían y quienes eran.

En ese momento me di cuenta de que ahora sí debía sentirme orgulloso y agradecido de estar con este grupo tan talentoso y diverso:

– Miguel Calderón, Director Creativo y socio de Grupo W en Saltillo, Coahuila, México. Y presidente del jurado del capítulo de Internet de este festival durante los últimos años, además de muy reconocido en la industria por su trabajo para clientes como el Museo del Desierto en Saltillo Coahuila o Rexona.

– Carlos Salazar – Director General de Interalia, México, D.F. México. Creador de grandes casos de éxito en el mundo del Internet en México entre los que destaca Ciudad konec-t de Coca Cola.

– Dani Granatta, reconocido miembro de distintos jurados y conferencista a nivel internacional en diferentes eventos como los Premios LAUS, OFFF o Flash for México y autor de más de 7 libros a cerca de flash y diseño interactivo. Y quien actualmente ha traído su talento a tierras mexicanas.

– Jorge Calleja – Director Creativo asociado de Goodby & Silverstein en San Francisco, California, E.U.A. Quien está poniendo en alto el nombre del talento Mexicano en el extranjero.

– Rene Zemog – Director Creativo asociado de Wunderman México, México, D.F., México. Quien a traído consigo su pasión por el arte y la música al mundo interactivo.

Orgullos pues por la oportunidad de conocer su excelente trabajo y ser inspirado por su nivel de conocimiento, su talento y cuidado al detalle, justo tres factores críticos que siempre he encontrado en todas las personas de éxito profesional y personal.

Por eso, señores del jurado, gracias por sus lecciones. Ha sido un honor y una gran experiencia compartir este foro con ustedes y poder jugar con los grandes.

Después de todo, como dice Robin Sharma: “La persona que serás dentro de cinco años, será resultado de dos principales influencias: la gente con quien te relacionas hoy y los libros que lees.”
Y ahora, después de estos dos días de trabajo, solo me queda encontrar un muy buen libro.