Dos mil catorce, sin duda alguna, un año más con saldo a favor.

Un año cuesta arriba, de tomar nuevos retos, revivir proyectos y ponerse de pié de nuevo.

Un año de ajustes de actitud, de re-valorar lo que tengo y reconocer que estoy mucho mejor de lo que a veces mi ego me permitía reconocer.

El año del cuidado de la salud, de redefinir prioridades y adoptar nuevas y viejas formas de trabajo.

De reorganizar la distribución de horarios, de re-enfocar mi visión y tomar acción.

De establecer nuevos y mejores hábitos. De crear rituales y rutinas que hagan más fácil, o por lo menos más eficiente, mi trabajo.

Un año de reencontrar viejo amigos y de entablar nuevas, y espero muy duraderas, amistades.

Un año de descubrir nuevos maestros y conocer nuevos mentores.

Un año bendecido por la luz con la que mi familia me llena todos los días.

Un año de reencuentros conmigo mismo, con mi visión de vida, con mi propósito y con la disciplina para hacer eso que se que debo hacer para crear, construir y vivir la vida que quiero vivir.

Un año que me deja solo cosas que agradecer con auténtico y profundo aprecio.

Un año con el que no puedo más que dejar abiertas las puertas, de par en par, para recibir al nuevo que está por comenzar.

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