De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Tolerancia y respeto en la red.

¿Cuándo fue la última vez que criticaste o descalificaste a alguien más?

Si estás en Twitter, FaceBook, Linkedin o una que otra red social más; y trabajas en el medio de marketing, comunicación y publicidad, te aseguro que no habrá sido hace mucho…

Cada vez es más frecuente ver como unos a otros se descalifican con lo que y por lo que publican en su time line, en sus blogs, en sus muros.

Profesionales de distintas carreras, historias diferentes y diversos niveles de conocimiento y experiencia, tratando de hacer menos a otros para tratar de hacerse parecer, así mismos, mejores que los demás.
No solo mostrando su desacuerdo con lo que otros comparten, pero descalificándolos y menospreciándolos, en la red, como nunca se atreverían a hacerlo de frente.

Para ser franco, no se si esto se vea en otros campos y profesiones o si, por la natural cercanía con estos medios y el egocentrismo que la misma labor de comunicación trae consigo, sea este un padecimiento casi exclusivo de quienes trabajamos en marketing y comunicación (en la disciplina y medio que sea); pero basta hacer una simple búsqueda en Twitter de palabras como Gurús o expertos, y en distintos idiomas (es decir no es privativo de México o América Latina, sino que sucede en todo el mundo), para encontrar, de entre los resultados, decenas, sino es que cientos de tweets haciendo burla o críticas al respecto.

¿Quién nos dijo que estábamos preparados para ser juez y parte?

El truco está en la tolerancia y la tolerancia está en saber escuchar sin juzgar.

Y eso es precisamente lo que todos deberíamos intentar hacer, para después poder compartir con la misma seguridad, de que no seremos descalificados solo porque sí, nuestro punto de vista.

Hace tiempo lancé en el time line una pregunta que últimamente me hago a mi mismo casi todos los días: ¿Qué somos hoy capaces de hacer que hace un año no sabíamos?

Me parece que en mi caso, y habiendo, en su momento, lanzado mi buena parte de críticas a otros, una de las cosas que he aprendido es que todos tenemos derecho a compartir lo que pensamos y lo que sabemos o, por lo menos lo que creemos saber.
Todos tenemos derecho a intentar ganarnos un lugar en una industria y crear un nombre para nosotros en el medio en el que nos desempeñamos.

Ya estará en cada uno de nosotros hacerlo con honestidad, humildad y trabajo duro y real. Pero en esto es en lo que nos deberíamos fijar y no en lo que están haciendo los demás. Porque una vez que logramos no perder de vista el enorme trabajo que nos está costando ganarnos nuestro lugar, podremos ver el mérito en el trabajo de los demás y no solo excusas para criticarlos nada más.

Pienso que tal vez ha sido el último par de años que he pasado lejos de la vida corporativa, lanzando, construyendo con mucho trabajo y manejando mi propia organización, lo que he me ha ayudado a darme cuenta de esto. Pero lo que sea que haya sido estoy agradecido porque, al ver o escuchar del trabajo de otros, hoy me doy (no a ellos, a mi) la oportunidad de preguntar e investigar que han hecho para así poder dejar de lado a fanfarrones y embusteros y reconocer y respetar el trabajo que, de acuerdo o no con el, estos profesionales han hecho.

“Ese hombre no me simpatiza. Debo darme a la tarea de conocerle mejor” dijo alguna vez Abraham Lincoln.

Y eso traté de hacer hace algunos años cuando, como muchos, yo criticaba lo que mi hoy amigo Guillermo PérezBolde publicaba. Hoy algunos me critican a mi porque yo ya no lo critico a el. Pero ¿Con qué cara podría criticarlo a el o a cualquier otra persona, si antes no me di a la tarea de, cara a cara, preguntarle exactamente qué hacía o por qué lo hacía; conocer un poco sobre su historia y su experiencia y decirle de frente lo que pensaba?

Hoy sigo sin estar de acuerdo con algunos de sus puntos de vista y él con los míos también; pero los hemos discutido de frente, con un café en la mano o compartiendo el mismo foro en distintos eventos. Y eso no nos hace ni mejores ni peores que el otro, nos hace solo diferentes. Y esa diversidad permite que haya tantas maneras de hacer nuestro trabajo.

Por supuesto esa buena fe que uno otorga a otros puede traer otras consecuencias no deseadas, como las que hoy pago al haber confiando en quien tantas personas me decían a gritos que no lo hiciera… pero a final de cuentas es una lección y experiencia (nada agradable o fácil) más para crecer… y material para otro post.

El respeto no se impone, se gana.

No busques ser respetado imponiendo tu punto de vista y descalificando el de los demás. Gánate el respeto de otros regalándoles tu respeto a ellos primero.

Seguramente seguiremos encontrándonos con muchas personas con quienes no estaremos del todo de acuerdo y, sin duda, también nos cruzaremos con alguno que otro embustero total. Pero no perdamos el tiempo queriendo “desenmascarar” a quienes ni el tiempo merecen y mucho menos demeritando el trabajo de quienes están haciendo su mejor (recuerda tu no eres quien para decir si sí o no) esfuerzo, porque todos ellos, por alguna razón se han ganado su lugar.

… y un último favor… si en algún momento en mi time line ves que cometo el error de criticar o demeritar a alguien más, por favor siéntete libre de restregarme en la cara este post.

3 acciones para no estorbar tu propio camino.

“Perdona y olvida”, “Vive y deja vivir” y otras frases similares dicen por ahí, para aconsejarnos no guardar rencores y seguir adelante a pesar de lo que nos haya ocurrido en el pasado.

Pero ¿cuántas veces logramos en verdad perdonar y olvidar? A menos que tu apellido sea Gautama, dudo que sea muy seguido.

La realidad es que no es fácil justificar, entender y disculpar a quien crees que te ha hecho daño de una manera u otra. Mucho menos olvidar lo que crees que hizo y la forma en la que asumes que te afectó.

El problema es que igual de real es el daño que nos hacemos a nosotros mismos, cuando guardamos, o mejor dicho, traemos montados en nosotros todo el rencor que le guardamos a esa persona que nos afectó.

Con franqueza, no se si sea yo una persona capaz de perdonar por completo, olvidar totalmente y dejar pasar las cosas como si nada hubiera sucedido.

Pero lo que sí se es que no quiero ser una persona que se bloquea a si mismo por rencores, corajes y resentimientos. Mucho menos una que se eche encima el insostenible peso de “odiar” a alguien más.

Daño, nos hacemos todos entre todos constantemente, no necesariamente porque tengamos la intención de lastimar a alguien más, sino porque, con más frecuencia de la que deberíamos, sin darnos cuenta, pasamos por encima de otros con tal de conseguir aquello que tanto queríamos.
De modo que, quiero (e intento) pensar que no lo deberíamos tomar tan personal.

Pero cuando sentimos que alguien o algo nos ha hecho daño, cómo no asumirlo como personal, no lo se. Es algo que aún tengo que pensar, conversar y estudiar mucho más.

Lo que sí creo es que en tanto entiendo ese cuestionamiento, hay por lo menos 3 acciones que podemos poner en práctica para “poner a un lado” ese rencor y que no estorbe el resto de nuestro camino:

1)    Tratar de entender qué cosas son las que te afectan en realidad. No el por qué de las cosas, sino el qué, para poder identificar así qué efectos puedes aislar o eliminar de la situación actual. Incluyéndose a veces a uno mismo.

2)    Hacer un inventario objetivo de los recursos con los que cuentas para salir delante de la situación que estás enfrentando. Probablemente te des cuenta de que, aunque parezcan injustamente pocos, son justo los suficientes para salir adelante.

3)    Define un plan de acción sencillo. Acciones concretas, contadas pero muy impactantes que te ayuden a darle un giro completo a la situación. Enfócate a ejecutar y cumplir cada una de las acciones que definiste.  Voltea atrás y asegúrate de que ni tu mismo te estás estorbando para salir adelante.

¿Qué otra cosa se les ocurre a ustedes?

3 breves pero importantísimos pensamientos sobre tu Network.

“Your net worth is your network” (Tu valor neto es tu red de contactos), dicen por ahí y con mucha razón. Pero no solo por lo que tu red contactos puede hacer por tí, sino por lo que tú has hecho por este.
En una época en la que todos queremos “enlazarnos” con todos y descubrir que tenemos en común con totales extraños y en la que queremos acortar distancias y tiempos a través de entablar “contacto” a través de las redes sociales es fácil perder de vista lo que hacer networking es en realidad, por eso quise compartir rápidamente 3 breves pero, desde mi punto de vista, muy importantes conceptos sobre la forma en la que tratamos a nuestro network.

1) ¿Qué memorias estás creando en tu red?
Cuando la gente en tu network piensa en ti ¿Cómo te recuerda? ¿Qué has hecho hasta ahora por ayudarlos a estar mejor? La gente, difícilmente, recordará el puesto que tenías cuando te conoció, podrá olvidar tal vez lo que hicieron juntos, pero nunca olvidará como la hiciste sentir. No pretendo decir que trates de darle gusto a todos en todo, pero siempre habrá algún pequeño gesto con el que puedas dejar a la gente en tu red mejor de como la encontraste!

2) ¿Cuánto procuras a tu red?
Buscar a una persona solo cuando la necesitas no hará mucho por la relación que puedas tener con esta. Nutrir una relación personal, comercial o laborar requiere de atención frecuente. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste el teléfono solo para saludar a un viejo amigo y dejarle saber que estás ahí? ¿Cada cuanto le envías alguna información relevante para algún cliente, ex-cliente o socio, aún cuando eso no represente un negocio para ti?

3) ¿Cuánto respetas y cuidas a tu red? 
Es fácil caer en la tentación de querer ser el héroe popular que todo lo puede y quien a todos conoce. Es fácil dejar salir esas peligrosas palabras de: “¡claro, es mi amigazo! yo te lo presento”, para luego presentarle a algún amigo cercano o no, cliente, proveedor o socio, a un total extraño que no sabemos si siquiera hará buen uso del contacto. Es fácil también ceder ante la tentación de pedir una recomendación a alguien que ni siquiera nos conoce bien.
Nuestra red es una comunidad y como tal debemos respetarla, darle el valor que tiene y cuidarla. No dejarías tu cartera abierta en plena calle para cualquiera la tomase, tampoco repartirías los números de teléfonos celulares de tus amigos en 10 vendedores desconocidos en la calle ¿correcto? Entonces ¿por qué lo haces a través de redes como linked-in?

6 difíciles lecciones como emprendedor

Si siguen este blog con frecuencia, sabrán que desde hace un tiempo decidí aventurarme a la vida empresarial, dedicándome por completo a esta, por lo menos en los dos últimos años.

Debo admitir que el tiempo ha sido poco y que, para nada puedo ya sentirme, ni siquiera cómodo con el título de empresario. Definitivamente aún tengo mucho que aprender para, al menos, sentir algo de equilibrio en este camino.

Pero como parte de mi mantra es seguir aprendiendo y seguir compartiendo (Keep sharing, keep learning & stay happy), no puedo dejar de… pues eso, compartir algunas de las lecciones más difíciles que, hasta ahora, he aprendido:

1. Las mejores ideas no valen nada si no eres capaz de hacerlas realidad. No importa que tan brillante, ingenioso y astuto creas que eres, si no estás preparado para trabajar y convertirlas en realidad, no eras tan brillante como en un principio pensabas que eras.

2. Tu equipo no es clave, es indispensable. Contar con gente que se identifique plenamente con tu visión y con el sentido de propósito de tu empresa es crucial si quieres hacer que tu sueño se vuelva realidad.
No basta con contratar gente talentosa o experimentada; si se unen a tu equipo solo por el dinero, las prestaciones y la forma de trabajo que les ofreces, pronto se identificarán con la compañía en la que les ofrezcan un poco más de paga o requieran  de menos esfuerzo.
Se valiente y atrévete a integrar personas que más que la aptitud tengan la actitud que buscas, la experiencia, de todas formas la irán acumulando juntos.

3. Cada día que te tomas libre es un día que dejas de producir; y un día sin producir es un día sin generar recursos. Es tan tentador pensar que “como eres tu propio jefe y nadie podrá decirte más que tienes que hacer”, puedes tomarte las cosas con más calma, pero la realidad es que no hay mayor responsabilidad laboral que la de ser responsable por el trabajo de uno mismo y del de toda la empresa.

4. “El primer paso es el mas difícil” es una gran mentira. El primer paso es en realidad el mas sencillo de todos. Seguir construyendo es lo complicado. Continuar construyendo peldaños y manteniendo el balance entre estos para seguir creciendo, ese es el verdadero reto.
Luchar con la tentación de ya no crecer más para no arriesgar a caer de más alto, eso es también complicado porque no hay vuelta atrás, una vez que das ese primer paso, no puedes dejar de avanzar. Porque, mantener tu empresa andando, es como andar en bicicleta, tienes moverte y avanzar todo el tiempo para mantener el balance.

5.  Los planes de escases solo traen carencias. En los momentos difíciles, recortar gastos es en lo primero que se piensa, pero al hacerlo, invariablemente afectas el ánimo de cada integrante del grupo. Claro que hay que administrar mejor los recursos financieros de la organización y ser mesurados con los egresos, pero una cosa es ser cuidadoso con la forma de usar el dinero de la empresa y otra muy distinta es actuar como si nada se tuviera. Si en tu mente hay escases, en tu vida solo habrá carencia; y para operar una empresa necesitas saber que siembre hay suficiente, que se vive en abundancia, que el dinero no es para acumularse sino para circular. Y que nunca se ha tratado de acumular riqueza sino generar abundancia para ti y para todos a tu alrededor.

6. Nunca, nunca, nunca olvides tu “por qué”. En el éxito total o en los momentos más difíciles; en la cima gritando victoria o con un nudo en la garganta luchando contigo mismo para no tirar la toalla, jamás olvides por qué, en un principio, comenzaste esa aventura. Mantener un firme sentido de propósito en lo que hacemos, es el viento del norte que nos permitirá seguir moviéndonos.

¿Qué lecciones me puedes compartir también?

Las 5 E’s del emprendedor

Con frecuencia resulta difícil definir qué y quién es un emprendedor.

Hay muchas suposiciones y percepciones, una correctas y otras no tanto, al respecto. Y, como en todo, cada quien tiene su propia opinión.

Desde mi punto de vista, para definir cómo es un emprendedor, primero tenemos que entender que todos tenemos la capacidad y hasta obligación de serlo. No importa si eres un empresario que con sus propios recursos inicia una nueva operación o si eres parte de una compañía, lo que más necesita el mundo hoy es gente con ganas de emprender acciones positivas y llevarlas a cabo. No solo personas que generen ideas o echen algo a andar para abandonarlo después, sino emprendedores capaces de crear oportunidades y planes de acción que llevan a cabo de principio a fin.

Seguramente conocemos a más emprendedores de los que pensamos y más probable que no, nosotros mismos seamos buenos emprendedores, ya sea como dueños de nuestra propia empresa o formando parte de alguna organización.

Definirlo no debería ser tan difícil en mi parecer. Y tal vez haya 5 E’s que podríamos buscar en cada persona para saber que tan buen emprendedor es:

Entendimiento: un gran emprendedor entiende claramente cuál es el propósito que quiere servir y entiende también cuáles son los objetivos que tiene que alcanzar para cumplir con su misión.

Entrenamiento: un gran emprendedor sabe que ser muy talentoso de poco sirve, si ese talento no se cultiva, educa y desarrolla, por lo que busca prepararse mejor y desarrollar las competencias y habilidades que complementan mejor sus fortalezas y áreas de oportunidad.

Experiencia: un gran emprendedor, comprende también que a pesar de la crucial importancia del estudio continuo, ese no servirá de mucho, si no pone en práctica aquello que ha aprendido. De modo que pronto deja la teoría atrás para dar paso a la práctica para poner a prueba lo que ha estudiado y acumular experiencia.

Enfoque: un gran emprendedor está siempre pendiente de no caer en la tentación de la popularidad, sabe que no se puede, ni se debe, querer ser todo para todos y mantiene su enfoque todo el tiempo en sus objetivos.

Ejecución: un gran emprendedor sabe que a las palabras se las lleva el viento. No pierde tiempo diciendo qué es lo que va a hacer. Sabe que hay un momento para la reflexión y el discurso, pero también reconoce que no importa que tan brillante sea una idea, si esta no es transformada en una acción real, carecerá siempre de valor alguno. En otras palabras, entienden que el verdadero valor de un plan no está en su teoría sino en su ejecución.

Visión y misión

Visión, todos (casi) la tienen. Todos (casi) quieren ser los mejores en lo que hacen: la mejor empresa, la número uno, el líder del mercado, el mejor vendedor, la cabeza de la organización, la compañía más moderna, el mejor lugar para trabajar.

Misión, muy pocos la comprenden. Escasas son las empresas y personas que tienen claramente definida cuál es su misión, su propósito en la vida, el rol que jugarán en su comunidad, más allá de hacer dinero, su razón de ser.

La mayoría entonces, pretende ganar seguidores por lo maravillosa que es su visión del futuro, por lo que aspiran a hacer y a tener, pero ni siquiera saben lo que quieren ser.

Y el punto importante aquí está en que, a pesar de los brillos y luces, las personas nos identificamos con causas y propósitos. La gente, buscamos lazos emocionales y conexiones personales. Porque seguimos a un líder, persona o empresa, no solo por lo que hace, sino por el por qué lo hace, por la causa que persigue y que podemos compartir.

Y cuando un líder, persona o empresa, tiene claramente definido su propósito, es mucho más sencillo encontrar gente que se identifique y comparta esta misión. Creyentes en la misión, quienes se convierten en los seguidores y amplificadores de la misma y que, consigo, traen a más creyentes que, con el tiempo, hacen más grande a ese líder.

Así que la próxima vez que compartas tu visión de lo maravilloso que será tu futuro como el mejor, el más, el líder; respóndete antes exactamente cuál es tu misión.

Rompiendo con el mito del balance entre la vida profesional y personal.

Si has leído este blog en los últimos años, sabrás que he dedicado muchos posts a hablar sobre temas como la definición del éxito profesional y personal, sobre el desarrollo de nuestras carreras profesionales y la realización de nuestra vida en familia, sobre crecimiento profesional y el desarrollo personal… en pocas palabras sobre el balance entre la vida profesional y la vida personal.

Durante al menos cinco o seis años, desde que comencé a escribir DLC, he estudiado, leído, cuestionado, investigado, preguntado, pensado y meditado al respecto. Tanto quizás que después de un tiempo, con la sensación de estar perdido, dejé de preguntar.

Pero la ventaja de perderse, es que es justo cuando uno tiende a encontrarse. O al menos eso dicen por ahí. Y es que, cierto o no el dicho, siempre habrá algo que nos ayude re-encontrar(nos) lo que estábamos buscando.

En mi caso fue ver un video en Ted.com de Nigel Marsh que mi amiga y co-autora (sí, esperen noticias muy pronto al respecto), Brigitte Seumenicht me recomendó ver, y que me hizo, no solo reconocer varias preguntas y planteamientos que por años he discutido, sino reconocer también muchas de las respuestas que hasta ahora no había querido ver que tenía ya.

Para cualquier profesional y para cualquier organización, la búsqueda de un balance entre la vida laboral y personal, es un tema de enorme relevancia sobre el que cientos o miles  de personas de múltiples empresas trabajan todos los días para encontrar la mejor, pero aparentemente, inexistente combinación.

Y, es ahí, en la combinación, en la que, desde mi punto de vista, está el error.

Pasamos años buscando la mejor combinación de tiempo y lugar como si la vida fuera una serie de sucesos cronológicamente ordenados y bien sincronizados,  aspirando a tener una utópica y balanceada agenda que nos permitirá hacerlo todo:

5:30 am Despertar
6:00 am Gimnasio
7:00 am Baño y arreglo
7:30 am Desayuno
8:00 am Lleva a los niños al colegio
8:30 am Camino a la oficina
9:00 am En la oficina.
13:30 am Por los niños a la escuela
14:00 pm Comiendo en casa
15:00 pm Camino a la oficina
15:30 pm En la oficina
18:30 pm Camino a casa
19:00 pm Juego y cena en familia
20:00 pm Baño de los niños
20:30 pm Niños a dormir
21:00 pm Tiempo de pareja
22:00 pm A dormir

Pero esto no es balance. Es tan solo el sueño de una ordenada agenda diaria que en 11 de cada 10 casos, NO SUCEDE.

Y no sucede porque el balance no está en administrar el tiempo y la geografía; querer administrar estos sería pretender administrar un recurso compartido con todos ¿y quién entonces tendría derecho por encima de otros para hacer esto?

No, el balance no se da en tiempo y lugar. Vaya, el balance ni siquiera se da ni se obtiene.

El balance se crea. Lo generamos nosotros mismos de manera consciente a través de las elecciones que tomamos, las decisiones que hacemos y las acciones que realizamos todos los días.

Elecciones entre la vida que queremos vivir y el concepto de vida que nos han querido vender; cosa que no es fácil si pensamos que gran parte del esfuerzo que hacemos típicamente es para cubrir las expectativas que otros pretenden poner sobre nosotros.

Decisiones sobre lo que vamos a hacer y a qué asuntos en nuestra vida, de acuerdo a la que hemos elegido y al periodo/etapa de vida en la que estamos, vamos a favorecer priorizándoles en nuestra agenda. Aceptando, a la vez, las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo.

Y acciones, porque el balance no se vive en contemplación ni suposición, sino en acción. Creando, construyendo, viviendo y disfrutando desde hoy la vida que hoy y mañana queremos vivir, en lo profesional y en lo personal.

Equipo y dedicación.

Entre más grandes sean tus sueños y anhelos, más importante será tu la fortaleza e integración de tu equipo de trabajo; es sin duda una de las más grandes lecciones que he aprendido en los últimos años. Una lección, sin embargo, que tristemente veo que muchas cabezas de grupo, aún no han querido aprender.

Pero, en serio, si pretendes que tu equipo de trabajo se entregue con dedicación a tu organización, más vale que comiences tu a mostrarles la misma dedicación a ellos.

1. Demuestra tu auténtico aprecio por tu equipo. La principal razón por la que las personas abandonamos nuestro trabajo es porque no se sienten apreciados y respetados por quienes encabezan al grupo. Házle saber a cada miembro de tu equipo lo importantes que son para tu organización y déjales saber que con claridad que reconoces cada una de las fortalezas y competencias con las que contribuyen a tu empresa. Todos queremos sentirnos reconocidos.

2. Crea un sentimiento de pertenencia a una comunidad. Crea una cultura especial con la que cada integrante de tu equipo se pueda identificar y sentir orgulloso de predicar y vivir.

3. Déjales saber el tan importante impacto que su trabajo está teniendo en la vida de los demás. Comparte con ellos constantemente tu visión como líder de la organización y muéstrale a tu equipo  como con su trabajo están impactando positivamente la vida de otros dentro y fuera de la organización. A todos nos gusta sabre que hemos contribuido al bienestar de alguien más.

4. Celebra el éxito y progreso de tu equipo todos los días. Jamás los hagas esperar a que llegue la revisión trimestral o anual para proveerles de la dirección que debiste darles meses atrás.
Retroalimenta todos los días a tu equipo y ellos te lo agradecerán haciendo de tu visión la suya también

5. Pon especial atención en desarrollar el potencial de cada miembro de tu equipo. Conviértete en un generador de oportunidades y catalizador de recursos para ellos.

6. Se un coach, se un mentor, se un líder para ellos y ayúdalos a ir de donde hoy están a donde jamás se imaginaron que podrían llegar. Y en tanto lo haces, trabajo con ellos para convertirlos en grandes líderes también.

Encabezar no es lo mismo que liderar.

Hay organizaciones líderes en su ramo y organizaciones que lideran su vertical.
Y en contadas ocasiones son las mismas. Hay personas que encabezan y administran una compañía y personas que lideran a los integrantes de dicha organización.

Apple no encabeza la venta de computadoras personales, ni teléfonos celulares en el mundo, de hecho hay muchas otras empresas por delante de esta en la categoría, y sin embargo, todos estamos constantemente pendientes de lo que Apple hará a continuación porque su pensamiento, actitud y trabajo, lidera y guía para muchos la forma de pensar respecto a la innovación en este y otros mercados.

Google no es el medio número uno en ventas en publicidad pero su trabajo y visión, sin duda han formado una nueva manera de pensar respecto a la publicidad en línea y en la tradicional.

En muchos casos el vendedor número uno de la empresa, simplemente no sabe trabajar en equipo y le es casi imposible trasladar su experiencia a otros, porque sencillamente no porta el gen de compartir.

Y a menudo alguien en el equipo se convierte en un líder de pensamiento y opinión de su grupo, por encima del director general de la organización.

¿Y dónde radica la principal diferencia entre quienes encabezan algo y los que lideran en verdad?

Me parece que esta se encuentra en la actitud.

Mientras que los primeros se enfocan en encabezar, en sobresalir del resto y glorificar su posición, los segundos ponen toda su energía y atención en el movimiento que lideran. Entienden la misión que tienen y comparten una clara visión de esto con el grupo que los sigue,  tratando a cada integrante del grupo no como un seguidor más, sino como un personaje clave, un embajador incluso, que puede llevar su mensaje y compartir su visión a muchos más.

Estos líderes, por supuesto están interesados y ocupados en generar un ingreso importante para su organización; pero no porque estén preocupados como quienes la encabezan y piensan en cómo se va a ver su reporte anual, sino porque saben que contar con esos ingresos les permitirá tener combustible para el motor económico que requieren para seguir adelante con su misión.

Pero es esta, su misión, la que guía sus esfuerzos y la que, con toda la intención de dejar un legado y hacer la vida de otros un tanto mejor, mantienen viva por encima de solamente las ganas de encabezar un grupo y nada más.

Y es que tienen claro que encabezar, para nada es lo mismo que liderar.

No se trata de hacer lo que te gusta.

En los últimos años he escuchado de muchos vendedores de sueños la premisa  de vida que dice que: “Para ser feliz tienes que hacer lo que más te gusta y disfrutas hacer”.

A primera vista, inspirador y muy alentador, ¿No es así? Una manera perfecta de encontrar el balance perfecto que siempre habías buscado para de una vez y para siempre ser y vivir feliz.

Pues no, no es así.

Durante años nos han vendido la idea de que “si hacemos y trabajamos en lo que nos gusta, jamás lo veremos como un trabajo”. Pero no es así.

Si algo he aprendido, incluso con algo de dolor, es que esa lección en algún momento se mal interpretó.

No se trata de “hacer lo que te apasiona” sino de que te apasione lo que haces, que es muy distinto. El truco para no volver a un trabajo que no quieres, no está en trabajar haciendo lo que más te gusta hacer, sino en que en verdad te guste lo que haces y lo hagas con pasión.

Quiero decir, si nos enfocáramos solamente a hacer lo que más nos gusta hacer (además de que las probabilidades de que eso nos generará los recursos económicos mínimos necesarios para mantenernos son bajas y que las de que las playas estuvieran llenas todos los días son muy altas), caeríamos en una descontrolada espiral en la que solo estaríamos buscando nuestra propia satisfacción, y aunque en un principio, saciar todo nuestro gusto suena muy tentador, pronto nos daríamos cuenta del vacío que una vida de búsqueda de autosatisfacción podría dejar.
El capricho y la cólera se convertirían en nuestra única respuesta cuando por alguna circunstancia, la que sea, no pudiéramos hacer únicamente nuestra voluntad. Y al final de cuentas, después de hacerlo por un tiempo, eso que tanto nos gusta hacer se convertiría en el propio castigo de solo haber hecho eso.

De modo que no, no se trata de hacer lo que más te gusta hacer y nada más; sino de que te encante y te apasione lo que haces. Que no nada más obtengas un gran placer haciendo lo que haces, sino de que eso te brinde un real y profundo sentido de propósito porque lo estás haciendo, no por ti, sino por dedicar tus fortalezas, conocimiento, esfuerzo y experiencia al servicio y en beneficio de alguien más. Y porque has encontrado en alguna organización (propia o de otro) la oportunidad de también, a cambio de todo esto, obtener una remuneración, un combustible económico que te permita mantener el motor andando para continuar disfrutando profundamente  de lo que haces.

Así que, por favor, hoy no hagas lo que más te gusta, mejor disfruta enormemente lo que hagas.

¿Eres realmente responsable de ti mismo?

Y no me refiero a si eres responsable despertando temprano, presentándote a trabajar puntualmente todos los días y pagando la renta y la colegiatura a tiempo; sino a si eres verdaderamente responsable sobre tu vida.

Es relativamente sencillo, aunque para algunos no lo parezca, cumplir con las responsabilidades cotidianas que la vida en sociedad nos dicta: estudiar, no faltar al respeto a otros, conseguir un buen trabajo, cumplir con el horario, sonreír y aceptar como bueno lo que “los jefes” que pueden impulsar nuestra carrera dicen, hacerte de bienes materiales, aunque sean más de los que puedes libremente pagar, medio pagar las cuentas, casarte, criar una familia y asegurarte de que el ciclo vuelva a comenzar, ahora, para tu descendencia.
Tan sencillo que generaciones tras generaciones hemos vivido así.

Pero hay una gran diferencia entre “cumplir con nuestras responsabilidades” y ser realmente responsable de nuestra vida.

Y pensando en esta pregunta es que me hago hoy las siguientes preguntas, que aquí comparto para ayudarme a ubicar qué tan responsable de mi vida realmente soy:

1) ¿Sigues las reglas de otros, no porque estés convencido de que sean las correctas, sino porque crees que así es como tiene que ser o has creado tus propias reglas e inventado un nuevo campo de juego para ti?

2) ¿Sueles culpar a otras personas, a situaciones ajenas a ti, al tiempo pasado y futuro, a la falta recursos, etc. por aquellos desencantos que has enfrentado o tomas la decisión de levantarte de nuevo, a la vez que intentas entender que falló y que sí funcionó para volverlo a intentar?

3) ¿Te despiertas todas las mañanas quejándote porque de nuevo te tienes que presentar a trabajar ahí en donde no quieres estar, haciendo eso que no quieres hacer, o abres los ojos pensando y dando gracias porque por un día más podrás hacer eso que tanto te gusta hacer?

4) ¿Descartas la retroalimentación que otros te dan, calificándola de injusta, poco razonable e inválida o aceptas con aprecio que se tomen el tiempo de ayudarte a mejorar?

5) ¿Te detienes a esperar para saber de qué forma podrás obtener mayor ventaja del trabajo de otros o dedicas tu tiempo, trabajo y esfuerzo a generar un gran valor para los demás?

6) ¿Eliges tus relaciones laborales, comerciales y personales en base a quién podrá ofrecerte más o estableces verdaderas relaciones personales con quienes puedes colaborar a la creación de oportunidades para todos?

7) ¿Pierdes tiempo buscando excusas y pretextos para explicar por qué no cumpliste con el compromiso que hiciste con anterioridad o te enfocas en cumplir cabalmente con lo que prometiste?

8) ¿Prefieres ganar una discusión para darte el gusto de decir “tenía razón”, o mejor eliges la prudencia que te permitirá continuar construyendo tu sueño?

9) ¿Aceptas el estatus quo de quienes dictan el camino de muchos o tomas el riesgo de continuar dibujando un nuevo mapa todos los días?

10) ¿Vives con la mirada baja llena de resignación o mantienes ese destello en los ojos que acompañan al nudo en el estómago por el temor a tomar riesgos y la sonrisa en la cara por haberlo hecho?

Actuar con responsabilidad es fácil… ser verdaderamente responsable por tu vida, esa es otra historia.

¿Y si todo es un ensayo?

Es muy fácil perderse en el hoy: los problemas que tenemos hoy, los miedos que tenemos hoy, las carencias que tenemos hoy, el mucho trabajo que tenemos hoy o en lo afortunados que también somos hoy (aunque tristemente, son muchos menos quienes piensan esto).

Es aún más fácil perderse en el ayer, lo bien que nos iba en nuestro anterior trabajo, lo divertido que la pasábamos con menos responsabilidades, lo sanos que estábamos cuando eramos mas jóvenes o las tragedias que arruinaron los planes de grandeza que algún día tuvimos.

Y cuando nos perdemos entre el ayer y el presente, continuar avanzando hacia donde queremos se torna tan difícil como “correr en el lodo”. Intentas seguir adelante pero cada paso que das es lento, torpe y pesado, porque la carga que te has impuesto es más de la que deberías tener.

Construir un futuro no es tarea fácil. Definir una meta, trazar un camino hacia esta y avanzar por el mismo, resulta por si solo un enorme reto, pero como si esto no fuera suficiente, decidimos (con frecuencia inconscientemente) llevar con nosotros todo el bagaje de nuestro pasado y los caprichos y temores de nuestro presente.
El ego, el miedo y la arrogancia nos anclan y las ganas de “tener la razón” pese a  lo que sea construyen muros a nuestro alrededor que nos encarcelan en una prisión de nuestra propia necedad, pretendiendo lograr algo nuevo, haciendo aquello que bien sabemos que simplemente, si algún día lo hizo, hoy no funciona más.

Continuamos amarrándonos a quienes sabemos que no nos están aportando nada, por temor a perder lo mucho o poco que hasta ahora hemos construido, cuando precisamente desprendernos de eso tal vez sería lo mejor que podemos hacer.

La vida es muy corta para pasarla amarrado a quienes no te ayudan a ser una persona mejor ”, dicen por ahí.
Y sin embargo, seguimos con ellos porque creemos no tener mejor opción, porque la alternativa parece demasiado difícil o simplemente porque la venda del miedo que el tiempo nos ha colocado no nos la deja ver.

Pero… ¿y si todo fuera tan solo un ensayo?

¿Si cada paso que damos, cada vez que avanzamos o retrocedemos, cada logro obtenido y lección aprendida, la viéramos tan solo como lo que es en realidad: Un ensayo que nos permite avanzar al siguiente nivel?

Connect the dots” decía en el más famoso de sus discursos Steve Jobs, haciendo referencia a las diferentes experiencias que vivió en su desarrollo profesional y como después de un tiempo y visto desde otra perspectiva pudo voltear a echar un vistazo a su pasado y conectar cada vivencia que, sumadas entre sí, lo habían llevado hasta donde llegó.

Y conectar estas experiencias es lo que deberíamos hacer.

Quizas hoy no veámos como cada cosa que vivimos y aprendemos conecta con las demás, probablemente incluso pensemos que no somos merecedores de lo que nos ha sucedido o no entendamos como terminamos en la posición que nos encontramos hoy.
Pero, y si en lugar de cuestionarnos por qué nos pasó lo que nos pasó, hacemos un inventario de lo que hemos aprendido y las herramientas, habilidades, competencias y recursos de los que nos hemos hecho a través de este proceso y nos mostramos a nosotros mismos de qué somos capaces hoy que antes no podíamos hacer. Es decir, si nos demostramos lo mucho que este “ensayo” hizo en realidad por nosotros, a pesar de no haber llegado hasta donde queríamos llegar, ¿No estaríamos mucho mejor preparados para continuar?

Así que esta semana ¿en qué vas a ensayar?