De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

ConversaciónES #DLC – Episodio 5

Conversando con Luis Gaitán.

Luis Gaitán

Aquí el quinto episodio de ConversaciónES #DLC.
En este capítulo, comparto una extraordinaria charla con Luis Gaitán, Director Creativo Regional de Uber en América Latina, quien además en su trayectoria, cuenta con la experiencia de haber liderado los equipos creativos, no solo de algunas de las más destacadas agencias de publicidad en Francia, España y México con agencias como JWThompson, Publicis y Double You, sino también de Google en México.

Conversamos sobre su experiencia, sobre su transformación personal y profesional y sobre la importancia de saber cuáles son tus más grandes prioridades en la vida para actuar en consecuencia.

¡Definitivamente, un episodio que no puedes dejar de escuchar!

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Señalar o resolver.

monito escondidoComo enfrentas los problemas hace toda la diferencia.

Puedes lamentarte y culpar a todos y a todo por los problemas que tienes o puedes tomar acción para resolverlos, pero no puedes hacer las dos cosas a la vez.

Puedes señalar todo lo que cada una de las personas a tu alrededor han hecho mal, escondiéndote atrás de tu dedo y del falso consuelo de tu juicio a los demás o puedes asumir tú responsabilidad, entender que has hecho o dejado de hacer tu, para contribuir a crear el problema, pero sobre todo qué puedes hacer para resolverlo.

Puedes ausentarte del problema, exigiendo desde las gradas que otros resuelvan aquello que es tú responsabilidad o puedes crecer y hacerte cargo de la solución.

Puedes gritar, señalar y acusar, haciendo así más grande el problema o puedes tomar un respiro, dar un paso atrás, hacer la preguntas correctas y entender la razón del problema para trazar un plan de acción que ejecutar, paso a paso, de la mano de tu equipo.

Puedes aislarte de todos, echándole el problema encima a otros e ignorando tú responsabilidad y la oportunidad de aprender cómo resolver y evitar futuros problemas; o puedes tomar al toro por los cuernos, tomar acción, hacer tuyo ese aprendizaje y construir una relación mucho más fuerte con tu equipo y con otros más.

Puedes refugiarte y esconder tus carencias o puedes dar la cara y sacar lo mejor de ti.

Ambas alternativas toman la misma cantidad de energía.

Una, la primera, te deja seco , desgastado, enojado y sin energía.

La otra, la segunda, puede que te deje cansado, pero sin duda, al final, estarás tranquilo, en paz y energizado sabiendo que has hecho lo que tenías que hacer.

ConversaciónES #DLC – Episodio 3.

Conversando con Karla Wheelock!

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Listo el tercer episodio de ConversaciónES #DLC en el que tengo una increíble plática con la inigualable Karla Wheelock!

En este episodio Karla nos comparte su historia y aprendizajes al lograr alcanzar las 7 cumbres más altas del planeta, entre las que destacan el Cerro Aconcagua, el Monte Kilimanjaro y haber hecho el primer ascenso femenil latinoamericano por la ruta norte en el Monte Everest.

Además de compartirnos como hace hoy, De lo Cotidiano, algo extraordinario.

Karla es Autora de los libros: El tercer polo, ascención al Everest y Las 7 cumbres.  Y una de las más buscadas conferenciantes y coaches en materia de Liderazgo ético sustentable.

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ConversaciónES #DLC – Episodio 2.

Conversando con Jorge Ruíz Escamilla.

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En este segundo episodio de ConversacionEs #DLC, tengo una gran plática con un querido amigo y viejo compañero de batallas: Jorge Ruíz Escamilla primer director general de Facebook en México y Centro América, director comercial de Televisa Interactive Media, Director de ventas de YouTube en México y miembro del equipo fundador de Google en México y actual socio fundador del Instituto Superior para el Desarrollo de Internet.

Conversamos sobre su historia, sobre la toma de riesgos para continuar creciendo y desarrollando tu carrera y sobre la importancia de seguir estudiando y aprendiendo todos los días.

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ConversaciónES #DLC – Episodio 1.

¡Por fin aquí el primer episodio de mi nuevo podcast ConversaciónES #DLC!
Un podcast De lo cotidiano… y lo no tanto.

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En este primer episodio tengo una gran charla con Daniel Granatta, ingeniero, emprendedor e innovador y futurista, autor de al menos 20 libros sobre publicidad, programación y diseño interactivo; bloggero, profersor, consultor, confereciante internacional, sobre cómo ha sido su trayectoria y cómo después de ser el director general creativo en algunas de las más destacadas agencias de publicidad y marketing digital en América Latina, convirtió lo que pensaba que eran puertas cerradas en un gran cambio de vida en lo personal y lo profesional.

Listen to “Episodio 1: ConversaciónES #DLC con Daniel Granatta” on Spreaker.

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De sí y de no.

Decir sí es fácil, decir sí es lo popular. A todos nos encanta ser la persona positiva, el héroe incondicional que lo resuelve todo con un sí.

Decir no es complicado, decir no nos presenta huraños y negativos. A nadie le gusta ser quien dice que no.

Decir sí nos gana sonrisas, decir no nos gana miradas de desaprobación.

Pero decir sí a todo es decirnos no a nosotros mismos.

Decir sí a todo favor pedido, decir sí a todo nuevo proyecto no contemplado, decir sí a toda petición en el trabajo, en casa, a nuestros amigos; es empeñar nuestra palabra y crear la esperanza de que cumpliremos todo a lo que hemos dicho que sí, aún cuando sabemos que las probabilidades de lograr cada compromiso prometido con un fácil sí, no son tantas en realidad.

Decir sí puede ser engañoso para nosotros mismos.

Decir sí de forma espontánea a cada petición nos hace sentir bien, nos sentimos generosos y no solo conectamos con la otra persona mientras que nuestro cerebro libera oxitocina y serotonina, pero también logramos la validación de alguien más lo que nos genera una sensación de placer en tanto nuestro cerebro libera dopamina, y así nos volvemos adictos a decir que sí.

Pero decir que sí a la agenda de todos los demás, es decir que no a lo que nosotros mismos queremos hacer, a nuestros sueños, a nuestros planes, a nuestro trabajo, a nuestro propósito de ser.

Decir que sí al camino de otros es alejarnos del nuestro y abandonar nuestros planes, aún si es tan solo por un momento.

Alejarnos de nuestros proyectos, posponer nuestras prioridades y planes para favorecer las de otros solo porque no pudimos vencer la tentación de decir sí, invita a nuestros días al estrés que crece cada día más, de la mano de la angustia que nuestro  cerebro secreta en forma de cortisol. Entonces viene el agotamiento, el desgaste, la falta de energía para hacer todo aquello que dijimos que íbamos a hacer.

Y la única opción que nos queda es decir no. No a más síes.

Sí a nosotros, a nuestro tiempo y a nuestro paso.

Y sí a decir que no.

Re-ordenando la indisciplinada búsqueda de más…

La temible, eterna, terrible e indisciplinada búsqueda de más… más negocio, más clientes, más dinero, más productos, más servicios, más audiencias, más objetivos, más resultados, más premios, más críticos, más tomadores de decisión, más gente a quien dar gusto y más maneras de hacerlo. Más que hacer y más que ser para más… ¿pero para más qué?

Dicen que no está clara la fórmula del el éxito pero la del fracaso es, sin duda, querer ser todo para todos y todo a la vez; abriendo frentes a diestra y siniestra, diluyendo la capacidad de nuestros recursos en tantas áreas como se alcancen a ver, dejándonos frágiles y reducidos a la apariencia de ser lo que no se es.

Con tal de parecer ser los mejores, los más grandes, los más capaces… sin importar lo que implique, buscamos “aprovechar” (sí, así, entre comillas) la primera y cualquier otra “oportunidad” que vemos frente a nosotros; sacrificando el enfoque de hacer aquello que mejor sabemos hacer.

Nos llenamos de tareas y pendientes que nos hacen ver como personas o empresas ocupadas, con mucho que hacer, pero dejándonos poco espacio para avanzar, pues con tantos objetivos hemos saturado el camino, llenándolo de obstáculos producto de nuestra propia y, con frecuencia, trivial y artificial complejidad.

Como si la locura de ocuparnos hasta exhaustarnos, nos otorgara un especial nivel de estatus en la sociedad.

Pero no es así; como dice Brené Brown, lo único que esto hace es adormecernos y darnos una salida para escapar de lo que realmente es importante que hagamos, de lo que nos da tanto miedo hacer, de lo que nos enfrenta a la real vulnerabilidad de crear y avanzar.

Reordenando con enfoque y simplicidad.

Pero sí podemos más, sí podemos ser los mejores en lo que hacemos, sí podemos ser los más capaces también.

Recordando con claridad cuál es nuestra más básica y primera razón de ser.
Ese motivo que despertó en nosotros o nuestra empresa, por primera vez, la intención de hacer lo que hacemos.

“Start with the why”, diría Simon Sinek.
“Put first things first”, decía el Dr. Stephen Covey.
Y “Keep the main thing the main thing”, explica David Cottrell.

Para recordarnos que la clave esté en enfocarnos con simpleza absoluta en esa única y gran cosa que se ha convertido en nuestra misión. Organizando nuestros esfuerzos y ordenando nuestras acciones bajo esa real, inspiradora y crucial razón de ser que nos ayuda a dar prioridad a cada acción.

Preguntándonos, esto que estoy por hacer, este nuevo objetivo que quiero perseguir, esta responsabilidad adicional que quiero asumir ¿Construye hacia mi objetivo principal? ¿Está alineado con los intereses y prioridades de la organización? ¿Responde a la visión estratégica del negocio?

Y trabajando así con enfoque y simplicidad.

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Hábitos, rutinas y otras ideas para terminar con el multi tasking.

 

El multi tasking debe ser uno de los más grandes mitos de las últimas décadas.
Pocas cosas son tan falsas como la equivocada noción de poder hacer eficiente y eficazmente más de una cosa a la vez.
Y pocas palabras han perdido tanto su verdadero significado como la palabra prioridad que, en su origen en Latín, quería decir “prioritas” o “antes de”, es decir, lo que había que hacer en primerísimo lugar antes de cualquier otra cosa. Desde este punto de vista, prioridad, sólo puede haber una y no muchas a la vez.

Entender este concepto en sí mismo debería de ser suficiente para dejar atrás el engaño de que todo es igual de importante y todo debe hacerse a la vez, pero lamentablemente no lo es.
Las exigencias de la vida laboral y social, las siempre crecientes expectativas de los demás y la continua reducción de recursos, hacen que cada vez sea más difícil decidir qué se tiene que hacer primero y en lugar de esto optemos por tratar de hacer de todo al mismo tiempo.

Pero como decía la semana pasada, al hacerlo solo abrimos frentes a diestra y sinietra, diluyendo la capacidad de nuestros recursos en tantas áreas que nos dejamos frágiles y reducidos a la mínima capacidad, por supuesto insuficiente, para completar correctamente tan solo una de tantas “prioridades”.

Hace tan solo unos días me comentaba un compañero de trabajo lo asombrado que estaba de la “capacidad” que hemos desarrollado en la(s) agencia(s) para cambiar el “track” de pensamiento de una marca a otra, casi sin pensarlo. A lo que yo respondí que más que sorprenderle, debería preocuparle; pues es una señal clara de lo distraída y diluida que está ya nuestra atención al tener que resolver tantos retos para tantas personas a la vez. Eso sin mencionar el efecto tan negativo que puede tener en nosotros mismos, a nivel cognitivo, el hecho de querer cambiar de una tarea a otra a otra como si estuviéramos cambiando de canal a la televisión; lo que termina impactando precisamente nuestro proceso de toma de decisiones y la forma en la que nos conducimos día con día.

Pero entonces ¿cómo decidir qué hacer primero y qué cosas poner en segundo, tercero y cuarto lugar? ¿Cómo asignamos esa tan sonada prioridad? ¡Esa, es la pregunta del millón!

Y en tanto algún genio descubre el secreto de cómo hacerlo, yo me enfocaré en:

  • Mantener siempre primero lo primero: Recordar mi misión personal, el legado que quiero dejar y el motivo de por qué trabajo en lo que trabajo.
  • Tener presente en todo momento el propósito del negocio del que soy responsable.
  • Preguntarme siempre, si esta nueva tarea o exigencia que llega a mi construye sobre la misión de mi trabajo o si es solo una distracción más. Y recordar la enorme importancia de saber decir que NO. Después de todo, si una persona no sabe decir que no, su sí pierde todo significado.
  • Entender que tomar decisiones no es cosa fácil. Cansa, angustia y desgasta hasta el punto en que uno no quiere decidir más. Establecer una rutina alrededor de estas, que ayude a hacer espacios y momentos especiales para tomar las decisiones más difíciles. Creando hábitos que a través de automatizar ciertas conductas permitan eliminar la necesidad de decidir sobre las cosas más mundanas, para dar espacio en nuestra mente a aquellas cosas que requieren más pensamiento y análisis.
  • No olvidando que pensar es un trabajo difícil y requiere preparación. Entrenando todos los días, ejercitándome, leyendo, estudiando, escribiendo y compartiendo.
  • Y haciendo lo posible por recordar siempre estar presente en el momento, tomando solo una cosa a la vez.

Y no se del todo si esto funcionará o no, pero no se me ocurre nada más o mejor que hacer, así que iré reportando si esto resultó tan bien como creo que lo hará.

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11 señales de que tienes un gran cliente.

Es normal, aunque no siempre correcto, escuchar a decenas de profesionales, de cualquier profesión y oficio, quejarse de sus clientes. Resulta más común oír a gente criticando el trato que reciben de sus clientes que reconociendo el buen trabajo de estos, pero la realidad es que buenos clientes, no importa en qué industria, sí los hay.

Es más, podría apostar a que si ponemos un poco de atención en el trabajo que hacemos todos los días, no para, sino en equipo con nuestros clientes, podríamos encontrar en esa relación, una o varias de 11 señales que nos dejan saber que tenemos grandes clientes:

  1. Involucran a sus proveedores o socios de negocio clave, como consultores, agencias de publicidad y comunicación, asesores financieros , etc. en las decisiones estratégicas que tienen que ver con los objetivos y resultados de su negocio.
  1. Comparten abiertamente con sus partners , información importante sobre el negocio que ayuda a comprender el porqué de las decisiones que se toman.
  1. No piden trabajo sin sentido a sus agencias y proveedores sólo para cumplir el capricho de algún director en la organización. Defienden el valor del trabajo de ellos como lo que es: el suyo.
  1. Se hacen responsables de sus pendientes olvidados y del trabajo que no quieren o sienten que no tienen tiempo de hacer, sin pasarlo irresponsablemente  al ejecutivo de la cuenta que los atiende.
  1. No tratan a sus socios de negocio clave como un proveedor desconocido y desconectado al que le piden trabajo como si se tratase de un kilo de tortillas. Por el contrario, los lideran como lo que son, un integrante importantísimo de su equipo de trabajo.
  1. Evitan el re-trabajo de sus colaboradores proveyendo dirección clara desde el inicio. Son claros en la definición de las expectativas del trabajo requerido y lo son aún más al dar retroalimentación sobre el recibido.
  1. Respetan el tiempo de las personas involucradas en su cuenta. Evitan el “juntismo” y son cuidadosos al convocar sólo las reuniones que son imprescindibles para avanzar en los proyectos en curso y a la vez, sólo invitan a estás a las personas indispensables para conducir la reunión y tomar decisiones que resulten en acciones.
  1. También respetan el tiempo libre de las personas involucradas con su cuenta. Tratan de organizar el trabajo de modo que sean puntuales en sus solicitudes y retroalimentación; y reconocen que la gente en su equipo necesita tiempo de descanso y recreación para ser creativos, innovadores, eficientes y eficaces en su trabajo. Jamás usan frases como “no me importa que no duerman, mañana me lo entregan.”
  1. Reconocen la importancia del trabajo que sus socios de negocio hacen para su organización. Piden las cosas por favor, explicando porqué es importante lo que se está solicitando  y si se equivocan desde adentro, en su trabajo, tienen la confianza para, con transparencia, pedirle a sus socios ayuda para resolver el problema en el que se metieron.
  1. Aprecian el  talento y la experiencia de las personas involucradas en su negocio y escuchan las recomendaciones que estos profesionales les hacen, tanto para lograr los objetivos de negocio, como para mejorar los procesos de trabajo.
  1. Celebran el buen trabajo de sus proveedores, dándoles el crédito de los logros y éxitos obtenidos y aceptando la co-responsabilidad que tienen con ellos cuando las cosas no salen como se planearon.

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Imponer, convencer, persuadir, influir.

Captura de pantalla 2015-01-11 a las 14.22.52Imponen quienes no tienen autoridad moral pero sí una formal. Quienes tienen el poder y las palancas de control de su lado, con las que compensando distintas carencias de conocimiento, experiencia, empatía, etc. obligan a otros a seguir sus instrucciones y a cumplir con sus exigencias aún si están equivocadas o no; impone quien no busca el beneficio de todos sino de unos cuantos. Impone quien sólo conoce una manera de hacer las cosas y tiene pánico a experimentar y aprender.


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Convence quien tiene control de la información para manipularla, amasarla y dar forma a argumentos que hagan ver los del otro como incompletos, equivocados, poco válidos o incluso absurdos, logrando que los propios sean validados como los correctos o la mejor verdad a aceptar.
Convencen quienes no necesariamente buscan un “ganar-ganar” o tienen un interés muy en particular.

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Persuadir es un sinónimo de convencer. Pero persuade mejor quien además de contar con la información intelectual que se requiere para convencer, además se ha tomado el tiempo de profundizar en su relación con otros, conociéndolos mejor y comprendiendo sus frustraciones y anhelos, para presentar sus argumentos de modo que sea casi el otro, el persuadido, quien se sienta convencido por sí mismo de lo que va a decidir.
Con frecuencia quien persuade sí está, o al menos cree fervientemente estar, auténticamente interesado en el bien estar de los demás.


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Influye quien es visto como un líder que tiene autoridad moral para hablar de un tema en particular. No solo con su equipo de trabajo directo. Va mucho más allá este. Además de tomar el tiempo para fortalecer y profundizar sus relaciones directas de trabajo o personales para conocer mejor lo que estas personas rechazan o anhelan, también se involucran en otros asuntos y proyectos, con frecuencia, sin esperar mucho a cambio. Influyen quienes deciden ser vulnerables y dan un paso adelante para compartir, para ayudar, para aprender.

La pregunta que queda es: ¿Queremos imponer, convencer, persuadir o influir?

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Si quieres llegar lejos…

“Si quieres llegar rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.

Pero ¿Qué tan lejos podemos llegar con una mala compañía?

Estamos arrancando el año y con este nuevos proyectos o nuevas etapas en nuestros trabajos; y no es raro que en esta época del año muchas empresas comiencen a formar, reestructurar o fortalecer sus equipos de trabajo.

Curriculums recomendados, perfiles referidos y cartas de presentación van y vienen.

Mientras unos mantienen la esperanza de por fin encontrar el empleo que solucionará su vida, otros buscan con prisa cubrir la plaza vacante antes de que sea ocupada para algo más. El hambre se junta con las ganas de comer y la angustia del desempleo se combina con la presión de cubrir una posición.

En un principio todo parece funcionar. Los “peros” son enmudecidos ante la prisa de un oportuno nuevo ingreso; y la falta de aptitud, o pero aún de actitud, se cambian por la conveniencia de un sueldo más accesible y el falso consuelo de un “ya aprenderá”… Hasta que todo comienza a fallar.

La pronta contratación se convierte en una mala contratación y la persona que integraste a tu equipo, de un momento a otro deja de ser promesa para convertirse en amenaza.
No siempre porque la persona contratada sea un mal elemento sino porque tal vez se le colocó en el lugar equivocado.

Según John C. Maxwell el 80% de las probabilidades de éxito en el desarrollo de un empleado está en su contratación, así que en un proceso tan importante como este, no deberíamos tomar una decisión sin antes plantearnos, al menos 5 preguntas básicas para integrar a alguien a nuestro equipo (preguntas, por cierto que también uno como candidato puede hacerse para aceptar una posición):

1) ¿Sabe(s) hacer el trabajo que se requiere? ¿Tiene(s) el conocimiento, la experiencia y las horas de vuelo realmente necesarias para considerarse(te) un profesional, especialista o experto, con la madurez e inteligencia emocional básica requerida para el trabajo? ¿Es(eres) la mejor persona para hacerse cargo de esa labor o sabes que hay alguien más con quien aún no has(han) conversado?

2) ¿Comparte(s) los mismos valores y principios de la organización? ¿Son estos igual de importantes para el/ella(ti)? ¿Será(s) capaz de mantener los más altos estándares de ética profesional al desempeñarse(te) en el trabajo?

3) ¿Está(s) buscando la plaza por llenar (obtener) rápido una posición y salir del problema o realmente está(s) apasionado por el trabajo que va(s) a realizar? ¿Realmente esta(s) interesado(a) en crecer desempeñando ese rol o al primer obstáculo o primer externo que le(te) ofrezca mil pesos más pensará(s) en irse?

4) ¿Se trata de (eres tu) una persona capaz de liderar a todo el equipo de trabajo, incluso a la cabeza de este?

5) ¿Abonará(s) positivamente a la dinámica del equipo, fortaleciendo los lazos entre sus integrantes, o podría(s) ser un agente de conflicto? ¿Sumará(s) al equipo de trabajo y complementará(s) las capacidades de este para elevar la calidad y cantidad del trabajo entregado? ¿Mejorará(s) el equipo y dejará(s) a quienes forman parte de este mejor de como estaban antes de trabajar con el/ella (contigo)?

Plantearse preguntas como estas puede resultar a veces difícil e incómodo, pero más seguro que no, no hacerlas a tiempo, sería mucho peor.

Up your game

Uno de los momentos más incómodos cuando éramos niños era cuando se armaban los equipos para jugar una cascarita (fútbol callejero), tochito (fútbol americano callejero) o cualquier otro deporte o juego que se practicara en equipo.

¿Lo recuerdan?

Los dos mejores jugadores del grupo eran “los capitanes” de cada equipo y, a la voz de un chin cham pun (piedra, papel o tijeras) o de una moneda al aire, ganaban el derecho de ser el primero en elegir a “la mejor” persona para su equipo.
Uno a uno se iban eligiendo, en principio, a los mejores y después a los menos peores; dejando al final a la persona menos hábil y menos preparada para el juego.

Ser el primero era un honor, ser el último… nadie quería ser el último. Mucho menos el comodín, el sujeto al que “intercambiaban” entre equipos cuando uno de estos parecía tener mucha mayor ventaja sobre el otro: “está bien, quédate con fulanito, aunque sean 12 contra 10, para que sea más justo…” Vaya humillación.

De alguna manera lo mismo sucede en el trabajo. Todos queremos tener al mejor talento en nuestro equipo y todos queremos ser parte del mejor equipo. Y justo como hacíamos de niños, tratamos hoy de ser elegidos por el mejor o elegir al mejor. ¿Y ser el último? De nuevo… Nadie quiere ser el último.

La pregunta que queda al aire entonces es: “¿Por qué es tan frecuente ver a las mismas personas destacadas ser elegidas siempre por encima de las mismas, que no lo son tanto?
Es decir ¿Qué los hace tan distintos entre sí?

Decir que unos son más hábiles que otros y nada más o que “unos nacen con estrella y otros estrellados”, me resulta insuficiente. Miope en realidad.

Es obvio que la historia de cada quien tiene mucho que ver y que no todos estamos en las mismas condiciones y con las mismas oportunidades. Pero señalar solo al contexto como el único factor decisivo no le hace justicia a tantas personas que, a pesar de tener recursos más limitados, han destacado por encima incluso de quienes asumimos tendrían mucho mejores posibilidades de hacerlo.

Me parece que la clave en realidad, está en la actitud, coraje, voluntad, y deseo de ser mejor y la capacidad de acción de estas personas que, con firme decisión, se dan a la tarea de crecer en su juego. “Up your game” diría un coach o entrenador.

En lo personal, entre las personas que que conozco y admiro porque constantemente
“Crecen en su juego”, he podido observar que hay al menos tres cosas que hacen distinto a los demás:

1) Mantienen viva su hambre de aprender. Son eternos estudiantes de distintos temas, no sólo de su especialidad. Siempre acompañados de un libro, siempre curiosos por saber más de cada lugar que visitan, siempre abiertos a conversar con amigos y extraños, atentos siempre de lo que pueden absorber.

2) No les basta con ser un erudito teórico que pasa sus días estudiando. Toman acción y se apresuran a poner en práctica las lecciones que han obtenido. Se equivocan y aciertan también, encontrando distintas formas de lograr su objetivo. Enfrentan retos y descubren nuevas maneras de sortearlos. Son generosos y, en agradecimiento a lo que han aprendido y a quienes les han enseñado, comparten con gusto lo que saben también.

3) Y continuamente buscan rodearse de personas que conocen más, tienen más experiencia, mejor práctica y los retan a ser mejor. Tienen el coraje de ser vulnerables frente a quienes, claramente los superan en experiencia y conocimiento y con humildad buscan aprender de ellos, pues saben que la única manera de realmente subir al siguiente nivel es practicando con los mejores jugadores que ya están ahí.

Así qué ¿qué estás haciendo hoy para crecer en tú juego?

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