De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

ConversaciónES #DLC – Episodio 5

Conversando con Luis Gaitán.

Luis Gaitán

Aquí el quinto episodio de ConversaciónES #DLC.
En este capítulo, comparto una extraordinaria charla con Luis Gaitán, Director Creativo Regional de Uber en América Latina, quien además en su trayectoria, cuenta con la experiencia de haber liderado los equipos creativos, no solo de algunas de las más destacadas agencias de publicidad en Francia, España y México con agencias como JWThompson, Publicis y Double You, sino también de Google en México.

Conversamos sobre su experiencia, sobre su transformación personal y profesional y sobre la importancia de saber cuáles son tus más grandes prioridades en la vida para actuar en consecuencia.

¡Definitivamente, un episodio que no puedes dejar de escuchar!

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Señalar o resolver.

monito escondidoComo enfrentas los problemas hace toda la diferencia.

Puedes lamentarte y culpar a todos y a todo por los problemas que tienes o puedes tomar acción para resolverlos, pero no puedes hacer las dos cosas a la vez.

Puedes señalar todo lo que cada una de las personas a tu alrededor han hecho mal, escondiéndote atrás de tu dedo y del falso consuelo de tu juicio a los demás o puedes asumir tú responsabilidad, entender que has hecho o dejado de hacer tu, para contribuir a crear el problema, pero sobre todo qué puedes hacer para resolverlo.

Puedes ausentarte del problema, exigiendo desde las gradas que otros resuelvan aquello que es tú responsabilidad o puedes crecer y hacerte cargo de la solución.

Puedes gritar, señalar y acusar, haciendo así más grande el problema o puedes tomar un respiro, dar un paso atrás, hacer la preguntas correctas y entender la razón del problema para trazar un plan de acción que ejecutar, paso a paso, de la mano de tu equipo.

Puedes aislarte de todos, echándole el problema encima a otros e ignorando tú responsabilidad y la oportunidad de aprender cómo resolver y evitar futuros problemas; o puedes tomar al toro por los cuernos, tomar acción, hacer tuyo ese aprendizaje y construir una relación mucho más fuerte con tu equipo y con otros más.

Puedes refugiarte y esconder tus carencias o puedes dar la cara y sacar lo mejor de ti.

Ambas alternativas toman la misma cantidad de energía.

Una, la primera, te deja seco , desgastado, enojado y sin energía.

La otra, la segunda, puede que te deje cansado, pero sin duda, al final, estarás tranquilo, en paz y energizado sabiendo que has hecho lo que tenías que hacer.

ConversaciónES #DLC – Episodio 3.

Conversando con Karla Wheelock!

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Listo el tercer episodio de ConversaciónES #DLC en el que tengo una increíble plática con la inigualable Karla Wheelock!

En este episodio Karla nos comparte su historia y aprendizajes al lograr alcanzar las 7 cumbres más altas del planeta, entre las que destacan el Cerro Aconcagua, el Monte Kilimanjaro y haber hecho el primer ascenso femenil latinoamericano por la ruta norte en el Monte Everest.

Además de compartirnos como hace hoy, De lo Cotidiano, algo extraordinario.

Karla es Autora de los libros: El tercer polo, ascención al Everest y Las 7 cumbres.  Y una de las más buscadas conferenciantes y coaches en materia de Liderazgo ético sustentable.

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ConversaciónES #DLC – Episodio 2.

Conversando con Jorge Ruíz Escamilla.

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En este segundo episodio de ConversacionEs #DLC, tengo una gran plática con un querido amigo y viejo compañero de batallas: Jorge Ruíz Escamilla primer director general de Facebook en México y Centro América, director comercial de Televisa Interactive Media, Director de ventas de YouTube en México y miembro del equipo fundador de Google en México y actual socio fundador del Instituto Superior para el Desarrollo de Internet.

Conversamos sobre su historia, sobre la toma de riesgos para continuar creciendo y desarrollando tu carrera y sobre la importancia de seguir estudiando y aprendiendo todos los días.

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ConversaciónES #DLC – Episodio 1.

¡Por fin aquí el primer episodio de mi nuevo podcast ConversaciónES #DLC!
Un podcast De lo cotidiano… y lo no tanto.

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En este primer episodio tengo una gran charla con Daniel Granatta, ingeniero, emprendedor e innovador y futurista, autor de al menos 20 libros sobre publicidad, programación y diseño interactivo; bloggero, profersor, consultor, confereciante internacional, sobre cómo ha sido su trayectoria y cómo después de ser el director general creativo en algunas de las más destacadas agencias de publicidad y marketing digital en América Latina, convirtió lo que pensaba que eran puertas cerradas en un gran cambio de vida en lo personal y lo profesional.

Listen to “Episodio 1: ConversaciónES #DLC con Daniel Granatta” on Spreaker.

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Un mentor, un coach, un porrista y un amigo entran a…

No, no se trata del inicio de un chiste, sino de la gente que necesitamos que entre en nuestras vidas, las personas de las que deberíamos rodearnos  y de los roles que debemos asumir.

Hablar de estos cuatro roles no es descubrir el hilo negro, ni inventar la rueda.
Probablemente muchos hayan escuchado a personalidades como Tim Ferris o Chris Hogan compartir la importancia de estos roles en distintos foros.
Pero debo preguntar: ¿Qué tanto estamos poniendo atención a esta recomendación? Tener y ser para otros, un mentor, tener y ser para otros un un coach, tener y ser para otros su porrista, tener y ser para otros su amigo incondicional.

Tener un mentor se trata de encontrar a alguien que haya avanzado ya sobre el camino que pretendemos recorrer, alguien que con tiempo, trabajo, estudio y dedicación a un propósito similar al nuestro, va delante de nosotros y que con generosidad está dispuesta a compartirnos su experiencia; dejarnos ver sus retos, sus errores y sus aciertos. A prestarnos sus lecciones, como nuestras, para hacernos un poco más visible el camino que queremos andar.

Tener un coach, no es tener un mentor, ni un psicólogo, ni un doctor.
Tener un coach significa tener a nuestro a lado a una persona que con su preparación y experiencia, nos ayude a entender dónde estamos, a definir a dónde queremos llegar y a esbozar un plan para lograrlo.
Un coach, nos mantiene fieles a ese plan. Un coach no consiente, no complace. Un coach no nos da las respuestas, pero sin duda nos ayudan a encontrarlas. Mejor aún, un coach nos mantiene honestos y claros y nos lleva a plantearnos aquellas cosas que no nos hemos atrevido a preguntar. Un coach nos da el empuje que necesitamos para continuar y avanzar.

Tener un coach no siempre es suficiente.  Necesitamos también saber que hay alguien más allá afuera que cree en nosotros, un porrista.

Un porrista que celebre nuestros logros incluso antes de tenerlos. Un porrista que al inicio del día, con su mirada nos dejan ver que creen en nosotros y que por la noche nos abraza y nos dice mañana será otro día para continuar.

Y un amigo. Un amigo con quien conversar y compartir nuestros secretos, nuestros sentimientos, miedos y anhelos. Un amigo que conozca nuestra historia y nuestro por qué.  Un amigo que a veces solo escuche y en otras nos ponga en nuestro lugar.

Y así como necesitamos de un mentor, un coach, un porrista y un amigo, necesitamos serlo para otros también, pues compartir es aprender y aprender es crecer.

Compartir como mentor de alguien más aquellas lecciones que tanto nos dolió aprender. Prestar la luz obtenida en nuestro camino para alumbrar un poco el de quien viene atrás y ayudarle a sortear los retos que ha de enfrentar.

Ayudar como coach a quién está intentando encontrar y ganarse su lugar. Ayudarle a trazar un plan, fijar objetivos y acompañarlo en el camino que ha de comenzar.

Celebrar, como porrista, hasta los más pequeños logros de alguien más. Y prestarle cada nuevo día nuestro ánimo y confianza interminable en que ellos lo pueden lograr.

Y ser de alguien especial un amigo leal, honesto, sin intereses. Un amigo incondicional.

 

 

Re-ordenando la indisciplinada búsqueda de más…

La temible, eterna, terrible e indisciplinada búsqueda de más… más negocio, más clientes, más dinero, más productos, más servicios, más audiencias, más objetivos, más resultados, más premios, más críticos, más tomadores de decisión, más gente a quien dar gusto y más maneras de hacerlo. Más que hacer y más que ser para más… ¿pero para más qué?

Dicen que no está clara la fórmula del el éxito pero la del fracaso es, sin duda, querer ser todo para todos y todo a la vez; abriendo frentes a diestra y siniestra, diluyendo la capacidad de nuestros recursos en tantas áreas como se alcancen a ver, dejándonos frágiles y reducidos a la apariencia de ser lo que no se es.

Con tal de parecer ser los mejores, los más grandes, los más capaces… sin importar lo que implique, buscamos “aprovechar” (sí, así, entre comillas) la primera y cualquier otra “oportunidad” que vemos frente a nosotros; sacrificando el enfoque de hacer aquello que mejor sabemos hacer.

Nos llenamos de tareas y pendientes que nos hacen ver como personas o empresas ocupadas, con mucho que hacer, pero dejándonos poco espacio para avanzar, pues con tantos objetivos hemos saturado el camino, llenándolo de obstáculos producto de nuestra propia y, con frecuencia, trivial y artificial complejidad.

Como si la locura de ocuparnos hasta exhaustarnos, nos otorgara un especial nivel de estatus en la sociedad.

Pero no es así; como dice Brené Brown, lo único que esto hace es adormecernos y darnos una salida para escapar de lo que realmente es importante que hagamos, de lo que nos da tanto miedo hacer, de lo que nos enfrenta a la real vulnerabilidad de crear y avanzar.

Reordenando con enfoque y simplicidad.

Pero sí podemos más, sí podemos ser los mejores en lo que hacemos, sí podemos ser los más capaces también.

Recordando con claridad cuál es nuestra más básica y primera razón de ser.
Ese motivo que despertó en nosotros o nuestra empresa, por primera vez, la intención de hacer lo que hacemos.

“Start with the why”, diría Simon Sinek.
“Put first things first”, decía el Dr. Stephen Covey.
Y “Keep the main thing the main thing”, explica David Cottrell.

Para recordarnos que la clave esté en enfocarnos con simpleza absoluta en esa única y gran cosa que se ha convertido en nuestra misión. Organizando nuestros esfuerzos y ordenando nuestras acciones bajo esa real, inspiradora y crucial razón de ser que nos ayuda a dar prioridad a cada acción.

Preguntándonos, esto que estoy por hacer, este nuevo objetivo que quiero perseguir, esta responsabilidad adicional que quiero asumir ¿Construye hacia mi objetivo principal? ¿Está alineado con los intereses y prioridades de la organización? ¿Responde a la visión estratégica del negocio?

Y trabajando así con enfoque y simplicidad.

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Brújula de vida y el reencuentro contigo mismo. #Repost2015

Perderse a si mismo puede ser mucho más fácil de lo que parece…

El estrés del trabajo, la presión social, las expectativas de los demás, las obligaciones laborales, las económicas, la influencia de quienes nos rodean y las condiciones en las que vivimos son algunas de las cosas que con facilidad pueden hacer que, más rápido de lo que creemos, perdamos la visión de quiénes somos en realidad. Que perdamos de vista lo que nos gusta, lo que nos interesa, lo que nos apasiona.
Peor aún, algunos olvidan incluso sus valores, sus principios, sus prioridades. Y descuidan, a favor de otros, sus propia vida, sus propio ser.

Pasan tanto tiempo intentando saciar las expectativas de los demás y cumplir con las agendas de otros que, por cumplir los sueños de alguien más, dejan los propios olvidados, enterrados en la aprobación de un extraño a quien en realidad poco le interesa lo que otros quieran lograr.

¿Lo has notado en ti?

Esa sensación de desconocimiento de ti mismo cuando te descubres respondiendo a otros justo como detestas que te conteste tu jefe o reaccionado exactamente como juraste que no harías jamás porque odiabas como lo hacían tus padres.
¿Te has sorprendido a ti mismo sacrificando el tiempo de tu familia, el momento de procurar tu salud o comprando eso que sabes que no necesitas pero con lo que piensas que quedarás bien con los demás?

Perderse es fácil, reencontrarse lo puede ser también.

Es cuestión de principios, valores y congruencia.

Quiero decir, todos tenemos distintos elementos en nuestra vida que valoramos mucho más que otras cosas; por lo general estas son nuestra salud, nuestra familia o nuestro trabajo, aunque pueden ser muchas otras cosas más.

También tenemos principios con lo que aspiramos a regir nuestra vida. Honestidad, gentileza o amabilidad y agradecimiento son, por ejemplo, algunos de los principios con los que intento dirigir todo lo que hago día con día.

Cada quien tiene los suyos y cada quien le asigna cierta prioridad a cada cosa.

El problema viene cuando decimos que algún valor o principio es prioritario para nosotros y sin embargo, sin darnos cuenta de lo que estamos haciendo, lo relegamos a un segundo nivel, favoreciendo las prioridades de otros sobre las nuestras. Es ahí cuando cuando corremos el riesgo de perdernos.

Congruencia como brújula de vida.

Poco más de hace tres años escribí por primera vez sobre la Rueda de vida como herramienta para medir que tan alineadas están nuestras acciones con nuestras prioridades. Una herramienta que no se usa una sola vez sino tanto como sea necesario para asegurarnos de continuar en el camino que queremos recorrer para vivir la vida que queremos vivir.

Basta con trazar un círculo y dividirlo en 8 partes. Ahora, a cada octavo hay que asignarle las cosas que más valoramos en nuestra vida: vida familiar, excelente estado de salud, libertad financiera, carrera profesional, desarrollo personal, convivencia con amigos, aportación a nuestra comunidad y libertad personal, son en mi caso cosas que valoro mucho en mi vida.
Después tendrás que calificar cada octava parte, siendo 10 la máxima calificación y 1 la más baja. No necesitas pensarlo demasiado, califica con sinceridad y date cuenta de cuáles son las cosas que estás dejando atrás y que debes procurar y recuperar.

Captura de pantalla Moleskine rueda de vida 2015-02-03 a las 08.55.44Es un recurso simple de usar y que , aunque a veces la respuesta que nos da puede ser mucho más severa de lo que anticipamos, nos ayuda a formar parte de distintos grupos, colaborando por construir la visión de estos, sin perder de vista la propia.
Porque está bien formar parte de la visión de un grupo y asumir su sus objetivos como tuyos.
Pero perseguir sus metas debe también acercarte a las tuyas. Aportar al éxito de tu equipo debe también ayudarte a hacer, siempre, una mejor versión de ti.

 

11 señales de que tienes un gran cliente.

Es normal, aunque no siempre correcto, escuchar a decenas de profesionales, de cualquier profesión y oficio, quejarse de sus clientes. Resulta más común oír a gente criticando el trato que reciben de sus clientes que reconociendo el buen trabajo de estos, pero la realidad es que buenos clientes, no importa en qué industria, sí los hay.

Es más, podría apostar a que si ponemos un poco de atención en el trabajo que hacemos todos los días, no para, sino en equipo con nuestros clientes, podríamos encontrar en esa relación, una o varias de 11 señales que nos dejan saber que tenemos grandes clientes:

  1. Involucran a sus proveedores o socios de negocio clave, como consultores, agencias de publicidad y comunicación, asesores financieros , etc. en las decisiones estratégicas que tienen que ver con los objetivos y resultados de su negocio.
  1. Comparten abiertamente con sus partners , información importante sobre el negocio que ayuda a comprender el porqué de las decisiones que se toman.
  1. No piden trabajo sin sentido a sus agencias y proveedores sólo para cumplir el capricho de algún director en la organización. Defienden el valor del trabajo de ellos como lo que es: el suyo.
  1. Se hacen responsables de sus pendientes olvidados y del trabajo que no quieren o sienten que no tienen tiempo de hacer, sin pasarlo irresponsablemente  al ejecutivo de la cuenta que los atiende.
  1. No tratan a sus socios de negocio clave como un proveedor desconocido y desconectado al que le piden trabajo como si se tratase de un kilo de tortillas. Por el contrario, los lideran como lo que son, un integrante importantísimo de su equipo de trabajo.
  1. Evitan el re-trabajo de sus colaboradores proveyendo dirección clara desde el inicio. Son claros en la definición de las expectativas del trabajo requerido y lo son aún más al dar retroalimentación sobre el recibido.
  1. Respetan el tiempo de las personas involucradas en su cuenta. Evitan el “juntismo” y son cuidadosos al convocar sólo las reuniones que son imprescindibles para avanzar en los proyectos en curso y a la vez, sólo invitan a estás a las personas indispensables para conducir la reunión y tomar decisiones que resulten en acciones.
  1. También respetan el tiempo libre de las personas involucradas con su cuenta. Tratan de organizar el trabajo de modo que sean puntuales en sus solicitudes y retroalimentación; y reconocen que la gente en su equipo necesita tiempo de descanso y recreación para ser creativos, innovadores, eficientes y eficaces en su trabajo. Jamás usan frases como “no me importa que no duerman, mañana me lo entregan.”
  1. Reconocen la importancia del trabajo que sus socios de negocio hacen para su organización. Piden las cosas por favor, explicando porqué es importante lo que se está solicitando  y si se equivocan desde adentro, en su trabajo, tienen la confianza para, con transparencia, pedirle a sus socios ayuda para resolver el problema en el que se metieron.
  1. Aprecian el  talento y la experiencia de las personas involucradas en su negocio y escuchan las recomendaciones que estos profesionales les hacen, tanto para lograr los objetivos de negocio, como para mejorar los procesos de trabajo.
  1. Celebran el buen trabajo de sus proveedores, dándoles el crédito de los logros y éxitos obtenidos y aceptando la co-responsabilidad que tienen con ellos cuando las cosas no salen como se planearon.

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7 maneras en que es distinto el rol de líder al de un director.

Hay una crisis de liderazgo en la industria de la comunicación y la publicidad. Una crisis provocada, me parece, por la confusión entre lo que hace un director (creativo, de cuenta, de planeación, de producción, de lo que sea…) y lo que el rol de un líder deber ser.

Supongo que en otras industrias sucederá algo similar, pero en esta, la de publicidad, en la que la acostumbrada inercia del trabajo de décadas nos ha llevado a ser muy rápidos en juzgar y calificar el trabajo de los demás, esta crisis se puede notar mucho más.

Puede ser que la propia naturaleza del trabajo para el que se nos contrata como publicistas, nos haya llevado a caer en esta crisis en la que, a pesar de tratarse de un trabajo “creativo” e “innovador”, la mayoría deja de pensar y arriesgar para ejecutar lo que una o dos personas terminan por instruir de manera casi uni-direccional, imponiendo sobre los demás su visión de lo que debe ser y cómo se debe hacer.

Y no es su culpa en realidad. Por años hemos sido contratados para eso, para estudiar una situación, entender el problema y tener un punto de vista o respuesta específica para solucionar dicho problema.

Sin embargo, en algún lugar del camino perdimos de vista que hay cientos de posibles soluciones a un mismo problema y no siempre la que proponga un solo director, será la correcta. Y aún así la gente, su gente, espera recibir de éste una solución acompañada de una clara instrucción.

Y si bien, de manera general, el trabajo de un líder como el de un director es fijar un horizonte claro y  asegurarse de que el grupo se mantenga enfocado en la ejecución de ese plan de acción, el rol del líder no es el mismo que el de un director.

Hay al menos 7 formas en las que estos son muy distintos entre sí:

  1. En tanto quien dirige tiene un claro miedo a parecer que no sabe las respuestas, un líder tiene el coraje, y a veces hasta la ingenuidad, para hacer las más difíciles  e incómodas preguntas que ayudarán a dar dirección al trabajo de todo el equipo.
  2. Así como un director busca imponer lo que el cree que es la única solución,  un líder sabe que su rol no es solucionar el trabajo de todos, sino facilitar el proceso de análisis y pensamiento de su grupo para que este sea quien encuentre la mejor solución.
  3. Mientras un director hace hasta lo imposible por cuidar su posición, quien lidera de verdad, entiende que el rol del líder no es inflar su ego imponiendo su visión mientras desinfla la seguridad de su equipo, sino construir la confianza de cada integrante del grupo para pensar, para proponer y para liderar a su vez.
  4. Contrario a lo que hace quien solo dirige y busca limitar la forma de trabajo de todos a la propia; el líder crea una cultura de libertad de pensamiento y espacio para actuar, integrando a su equipo personas que con su talento y actitud, contribuyan al éxito de todo el grupo.
  5. En tanto un director se mantiene alejado de su grupo, un líder comprende lo importante que es mantenerse cercano a cada persona, conocer sus fortalezas y debilidades, comprender sus intereses, sus motivadores y sus miedos; simpatizar y empatizar con estos para, en la medida de lo posible, poder colocar a cada integrante del equipo en la posición en la que podrán ser más exitosos.
  6. Si un director busca que su equipo trabaje pare él, un líder por el contrario, busca constantemente la forma de servir mejor a su equipo, procurando un ambiente seguro de trabajo, facilitando los recursos que requiere el grupo o desbloqueando algunos retos que pudieran estorbar en el desempeño del equipo.
  7. Mientras un director trata de mantener control total de la información que llega a el, el rol del líder es proveer a su equipo contenidos y datos con los que este pueda mantenerse actualizado y bien informado. Entiende que parte de su responsabilidad es promover en el grupo el hambre de aprender más y continuar creciendo como profesionales.

No, definitivamente el rol de un líder no es el mismo que el de un director.

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¿Cuándo fue la última ocasión en que hiciste algo por primera vez?

 

¿Cuándo fue la última vez que comenzaste una nueva aventura? ¿Hace cuánto tiempo que no intentas algo nuevo en tu vida? Un nuevo deporte, una nueva ruta, un hobbie que no habías probado, un trabajo que nunca antes habías explorado o una clase de ese idioma que no hablas.
¿O qué tal una competencia que siempre habías ignorado? Tejer, programar código, cultivar tu propia comida o cualquier otra cosa que en algún momento u otro has pensado que te gustaría aprender.

Con frecuencia pensamos en todas aquellas cosas que quisiéramos intentar, los lugares que nos gustaría conocer y las nuevas competencias que nos interesaría aprender… hasta que tenemos enfrente la impertinente oportunidad de actuar en consecuencia con lo que predicamos y tenemos que elegir entre, en efecto, hacer lo que tanto decíamos que queríamos hacer o poner decenas de nuevas excusas para evitar el momento de entrar en acción.

Todos decimos que queremos hacer algo nuevo, diferente, un cambio, pero muy pocos en realidad tienen las agallas de hacerlo porque solo esos cuantos están dispuestos a pasar por el incómodo momento de no saber.
Y en realidad ¿Cuánta gente se siente verdaderamente cómoda mostrando su ignorancia? ¿Cuántos están dispuestos a dejar ver su incapacidad para hacer algo nuevo, algo que aún tienen que aprender, comprender, asimilar, integrar y practicar día con día para llevar a un punto mínimo de suficiencia?

Cuando intentamos algo por primera vez estamos iniciando un nuevo proceso de aprendizaje y el no saber, el no dominar una actividad desde el primer momento que lo intentamos provoca en muchos una enorme frustración aderezada con la sensación de sentirse estúpido, inadecuado, torpe o incapaz de adoptar una nueva habilidad.

Muchos, la mayoría, se regalan la salida fácil comparándose con los más grandes maestros en la actividad a la que aspiraban, argumentando que ellos son especiales y tuvieron una situación particularmente privilegiada que les permitió llegar a donde están. Y puede ser que sí, que algunos de estos personajes, casi legendarios, hayan vivido circunstancias especiales que les ofrecieron una plataforma desde la cual pudieron desarrollarse, pero ninguno de ellos en realidad hubiera hecho nada, sino hubiesen tomado la decisión de hacer algo por primera vez.

La realidad es que no tenemos que ser el siguiente Richard Branson o el próximo Elon Musk. Ya hay un Larry Page y nadie será el nuevo Sergei Bryn.

Pero eso no significa que no podamos encontrar en algo nuevo para nosotros a nuestro nuevo yo.
O que no podamos descubrir en nosotros una capacidad asombrosa de hacer todo eso que jamás pensamos que podríamos hacer, tan solo porque nos decidimos a aceptar ,como natural, la sensación de la torpeza de comenzar a aprender de nuevo para hacer nuestra la emoción de intentar algo por primera vez.

Y entonces habría que preguntarse: Esta semana ¿Qué cosas nuevas harás por primera vez?

La reconfortante incomodidad de la incertidumbre.

 

Nadie quiere meterse en problemas. Todos quieren mantenerse a salvo, cómodos, con nada de qué preocuparse, con todo resuelto y nada que perder.
La mayoría de las personas buscan un falso sentido de seguridad en la certeza que da no tomar decisiones sino acatar instrucciones. Prefieren seguir los pasos de otros, que arriesgarse liderar. Así no tienen que pensar sino solo ejecutar, con el mínimo de los esfuerzos, las indicaciones que les dan.
Piensan que están mejor atrás, ocultos en la falsa trinchera del anonimato del grupo que solo se atreve a opinar sobre las decisiones de quien habrá de asumir la responsabilidad y las consecuencias si algo sale mal.

Y aun así quieren éxito, pero al instante, sin esforzarse ni arriesgar. Y buscan reconocimiento inmediato y público, claro hasta el momento en que tiene dar un paso adelante y actuar.
Creen que al hacerlo serán vulnerables a la crítica de los demás y ven a la vulnerabilidad como una debilidad y a la incertidumbre como un riesgo que a toda costa hay que evitar. Prefieren entonces la falsa certeza que seguir lo que todo el grupo hace, da.

Por fortuna hay algunos pocos que encuentran su fuerza en la vulnerabilidad, junto con las ganas de crear y de liderar. Unos pocos que encuentran en la incertidumbre la reconfortante incomodidad de, por sí mismos, poder pensar, poder decidir y poder actuar.

La pregunta que queda entonces es ¿Qué tan incómodo estás preparado a estar?

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