De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

6 difíciles lecciones como emprendedor

Si siguen este blog con frecuencia, sabrán que desde hace un tiempo decidí aventurarme a la vida empresarial, dedicándome por completo a esta, por lo menos en los dos últimos años.

Debo admitir que el tiempo ha sido poco y que, para nada puedo ya sentirme, ni siquiera cómodo con el título de empresario. Definitivamente aún tengo mucho que aprender para, al menos, sentir algo de equilibrio en este camino.

Pero como parte de mi mantra es seguir aprendiendo y seguir compartiendo (Keep sharing, keep learning & stay happy), no puedo dejar de… pues eso, compartir algunas de las lecciones más difíciles que, hasta ahora, he aprendido:

1. Las mejores ideas no valen nada si no eres capaz de hacerlas realidad. No importa que tan brillante, ingenioso y astuto creas que eres, si no estás preparado para trabajar y convertirlas en realidad, no eras tan brillante como en un principio pensabas que eras.

2. Tu equipo no es clave, es indispensable. Contar con gente que se identifique plenamente con tu visión y con el sentido de propósito de tu empresa es crucial si quieres hacer que tu sueño se vuelva realidad.
No basta con contratar gente talentosa o experimentada; si se unen a tu equipo solo por el dinero, las prestaciones y la forma de trabajo que les ofreces, pronto se identificarán con la compañía en la que les ofrezcan un poco más de paga o requieran  de menos esfuerzo.
Se valiente y atrévete a integrar personas que más que la aptitud tengan la actitud que buscas, la experiencia, de todas formas la irán acumulando juntos.

3. Cada día que te tomas libre es un día que dejas de producir; y un día sin producir es un día sin generar recursos. Es tan tentador pensar que “como eres tu propio jefe y nadie podrá decirte más que tienes que hacer”, puedes tomarte las cosas con más calma, pero la realidad es que no hay mayor responsabilidad laboral que la de ser responsable por el trabajo de uno mismo y del de toda la empresa.

4. “El primer paso es el mas difícil” es una gran mentira. El primer paso es en realidad el mas sencillo de todos. Seguir construyendo es lo complicado. Continuar construyendo peldaños y manteniendo el balance entre estos para seguir creciendo, ese es el verdadero reto.
Luchar con la tentación de ya no crecer más para no arriesgar a caer de más alto, eso es también complicado porque no hay vuelta atrás, una vez que das ese primer paso, no puedes dejar de avanzar. Porque, mantener tu empresa andando, es como andar en bicicleta, tienes moverte y avanzar todo el tiempo para mantener el balance.

5.  Los planes de escases solo traen carencias. En los momentos difíciles, recortar gastos es en lo primero que se piensa, pero al hacerlo, invariablemente afectas el ánimo de cada integrante del grupo. Claro que hay que administrar mejor los recursos financieros de la organización y ser mesurados con los egresos, pero una cosa es ser cuidadoso con la forma de usar el dinero de la empresa y otra muy distinta es actuar como si nada se tuviera. Si en tu mente hay escases, en tu vida solo habrá carencia; y para operar una empresa necesitas saber que siembre hay suficiente, que se vive en abundancia, que el dinero no es para acumularse sino para circular. Y que nunca se ha tratado de acumular riqueza sino generar abundancia para ti y para todos a tu alrededor.

6. Nunca, nunca, nunca olvides tu “por qué”. En el éxito total o en los momentos más difíciles; en la cima gritando victoria o con un nudo en la garganta luchando contigo mismo para no tirar la toalla, jamás olvides por qué, en un principio, comenzaste esa aventura. Mantener un firme sentido de propósito en lo que hacemos, es el viento del norte que nos permitirá seguir moviéndonos.

¿Qué lecciones me puedes compartir también?

Rompiendo con el mito del balance entre la vida profesional y personal.

Si has leído este blog en los últimos años, sabrás que he dedicado muchos posts a hablar sobre temas como la definición del éxito profesional y personal, sobre el desarrollo de nuestras carreras profesionales y la realización de nuestra vida en familia, sobre crecimiento profesional y el desarrollo personal… en pocas palabras sobre el balance entre la vida profesional y la vida personal.

Durante al menos cinco o seis años, desde que comencé a escribir DLC, he estudiado, leído, cuestionado, investigado, preguntado, pensado y meditado al respecto. Tanto quizás que después de un tiempo, con la sensación de estar perdido, dejé de preguntar.

Pero la ventaja de perderse, es que es justo cuando uno tiende a encontrarse. O al menos eso dicen por ahí. Y es que, cierto o no el dicho, siempre habrá algo que nos ayude re-encontrar(nos) lo que estábamos buscando.

En mi caso fue ver un video en Ted.com de Nigel Marsh que mi amiga y co-autora (sí, esperen noticias muy pronto al respecto), Brigitte Seumenicht me recomendó ver, y que me hizo, no solo reconocer varias preguntas y planteamientos que por años he discutido, sino reconocer también muchas de las respuestas que hasta ahora no había querido ver que tenía ya.

Para cualquier profesional y para cualquier organización, la búsqueda de un balance entre la vida laboral y personal, es un tema de enorme relevancia sobre el que cientos o miles  de personas de múltiples empresas trabajan todos los días para encontrar la mejor, pero aparentemente, inexistente combinación.

Y, es ahí, en la combinación, en la que, desde mi punto de vista, está el error.

Pasamos años buscando la mejor combinación de tiempo y lugar como si la vida fuera una serie de sucesos cronológicamente ordenados y bien sincronizados,  aspirando a tener una utópica y balanceada agenda que nos permitirá hacerlo todo:

5:30 am Despertar
6:00 am Gimnasio
7:00 am Baño y arreglo
7:30 am Desayuno
8:00 am Lleva a los niños al colegio
8:30 am Camino a la oficina
9:00 am En la oficina.
13:30 am Por los niños a la escuela
14:00 pm Comiendo en casa
15:00 pm Camino a la oficina
15:30 pm En la oficina
18:30 pm Camino a casa
19:00 pm Juego y cena en familia
20:00 pm Baño de los niños
20:30 pm Niños a dormir
21:00 pm Tiempo de pareja
22:00 pm A dormir

Pero esto no es balance. Es tan solo el sueño de una ordenada agenda diaria que en 11 de cada 10 casos, NO SUCEDE.

Y no sucede porque el balance no está en administrar el tiempo y la geografía; querer administrar estos sería pretender administrar un recurso compartido con todos ¿y quién entonces tendría derecho por encima de otros para hacer esto?

No, el balance no se da en tiempo y lugar. Vaya, el balance ni siquiera se da ni se obtiene.

El balance se crea. Lo generamos nosotros mismos de manera consciente a través de las elecciones que tomamos, las decisiones que hacemos y las acciones que realizamos todos los días.

Elecciones entre la vida que queremos vivir y el concepto de vida que nos han querido vender; cosa que no es fácil si pensamos que gran parte del esfuerzo que hacemos típicamente es para cubrir las expectativas que otros pretenden poner sobre nosotros.

Decisiones sobre lo que vamos a hacer y a qué asuntos en nuestra vida, de acuerdo a la que hemos elegido y al periodo/etapa de vida en la que estamos, vamos a favorecer priorizándoles en nuestra agenda. Aceptando, a la vez, las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo.

Y acciones, porque el balance no se vive en contemplación ni suposición, sino en acción. Creando, construyendo, viviendo y disfrutando desde hoy la vida que hoy y mañana queremos vivir, en lo profesional y en lo personal.

¿Qué hay de tu sueños?

Todos tenemos sueños, unos más grandes que otros y, sin duda, unos mucho más osados también.

Soñar no es solo lo que hacemos mientras dormimos, soñar es una parte cotidiana pero crucial de nuestra vida y es la manera en la que vamos imaginando nuestro posible futuro, la forma en la que podemos marcar nuevas metas y trazar posibles caminos.

Nuestros sueños dicen mucho de nosotros. Dejan ver quiénes somos, de dónde venimos y a dónde aspiramos a llegar. Hacen evidentes nuestros temores y deseos; hablan de nuestros valores y principios y nos obligan a demostrar cuánto creemos en estos.

Además los sueños sacan de nosotros lo mejor o lo peor, pues hacen constar también que tan solidarios, o por lo menos respetuosos, somos de los sueños de los demás. Y a la vez, lo que otros opinan de nuestros sueños nos dejan saber que tan grandes son estos. Como dicen por ahí: “Si la gente no se está burlando de tus sueños, probablemente estos no sean tan grandes”.

Algunos sueños, los menos, están ahí para aliviar nuestra realidad. Pero los más importantes sueños que tenemos son los que están aquí para empujarnos a crear la realidad que queremos vivir.

Todo lo que creamos y hacemos, sin duda alguna lo pensamos o, mejor aún, lo soñamos primero. Pero no basta con soñar.
Los sueños, nuestros sueños, los que más valen la pena, son por los que tenemos que luchar, por los que tenemos que mantenernos enfocados y tomar acción todos los días para así hacerlos realidad.

Porque un sueño, una visión, sin acción no es más que una alucinación.

Keep dreaming, take action & make it happen.

Redescubriendo los retos.

Retos, todos los tenemos. De mayor o menor tamaño, de menores o mayores consecuencias y casi todos los días enfrentamos al menos uno.

La cosa con los retos es que no importa cuántos hayamos conquistado en nuestra vida y qué tan frecuente los combatamos, siempre que nos enfrentamos a uno nuevo, lo sentimos como el más grande y más arriesgado de todos; como justo el reto que por fin nos doblará y vencerá.

Y sí, mientras que de muchos retos saldremos victoriosos, habrá algunos que por cualquiera que fuese la razón no libraremos de la misma manera.
Pero no importa si has “sido vencido” lo más importante es no asumirte así, no sentirte incapaz de continuar adelante sino de saberte mejor preparado para avanzar.

Algunas lecciones me han compartido y otras he aprendido sobre los retos con el tiempo:

  1. No importa que tan bueno seas para vencer los retos, nada es más inútil que vencer los retos de alguien más. Enfócate en construir tu vida y deja de querer probarle a los demás que puedes cumplir lo que ellos esperan de ti.
  2. La buena suerte tiene mucho que ver con el reto que haz de vencer y, como dicen por ahí: “entre más trabajo, mejor suerte veo que tengo”. ¿Qué más puedo decir?
  3. No importa que tan grande, mediano o pequeño sea el reto que estás enfrentando, jamás habrá un “momento ideal” para atacarlo. Comienza hoy.
  4. No todos los retos los tienes que enfrentar solo. Nadie espera en realidad que seas Súperman.  Voltea a tu alrededor con humildad y sencillez y date de cuenta de cuánta gente a tu alrededor está dispuesta a ayudar.
  5. A pesar de todo lo que te empeñes en preguntar ofendido, por qué has sido tu el merecedor de tal castigo o imposición del destino, hay cientos de miles de personas que han pasado ya por esa misma situación. Lee, estudia, investiga y busca aprender de quienes antes que tu, han enfrentado esa situación. Tal vez encuentres hasta un buen mentor.
  6. Ser víctima es una posición más lamentable pero mucho más cómoda… culpar a otros, a tu historia o la de tu país o a cualquier otra cosa es mucho más fácil que hacer algo a respecto. Así que no importa cuánto lo quieras ignorar, enfrentar ese reto es lo correcto y lo que precisamente tienes que hacer.
  7. Solo cuando corres hacía ese reto y no de este es cuando te das la oportunidad de conocerte un poco mejor y darte cuenta de todo lo que realmente eres capaz.
  8. No todos los retos los tienes que vencer de un solo salto. “El más grande de los viajes comienza con el primero de los pasos” solía decir Gandhi. Divide tu gran reto en pequeños escalones que puedas conquistar uno a uno y cuando lo hagas, regálate un pequeña celebración por cada pequeña victoria y refuerza así tu confianza en ti mismo.
  9. Solo de una cosa puedes estar seguro una vez que, por fin, hayas conquistado ese enorme reto al que tanto temías: Es momento de enfrentar uno más.

¿Suficiente…?

Últimamente he inundado mi cabeza de muchas dudas, preocupaciones y angustia.

Hace muchos años, desde el 2005 aproximadamente, comencé a buscar un cambio, empecé a estudiar, investigar y adoptar nuevas prácticas en mi vida, más espirituales para unos, o intelectuales para otros.
De esta manera fue que hace poco más de tres años, tomé la decisión de dar un importante giro a mi vida para “dedicarme a hacer lo que más me gusta hacer” y así, “ser más feliz”.
Entonces comencé a prepararme, ahorré dinero, me asocie y formé una empresa que, junto con mi socio y algunos colaboradores, empezamos a operar de manera virtual y a distancia.

Pasó el tiempo y fui entendiendo, casi como despertando a una realidad distinta, que darle este giro a mi vida no solo se trataba de hacer lo que más me gusta y mejor se hacer, sino de también hacerlo con un auténtico propósito de servicio a otros a quienes puedes beneficiar haciendo eso que sabes hacer muy bien y tanto disfrutas hacer; y de no solo hacerlo, sino de crear y construir el estilo, el nivel y la calidad de vida que queremos vivir.  Es decir, crear una forma de vivir.

Al cabo de un año de haber lanzado formalmente la empresa que co-fundé, llegó el momento en el que creía estar bien preparado y listo para dejar mi “trabajo regular” y dedicarme totalmente a esta organización con la que haría realidad esa forma de vida que tanto anhelaba vivir.
Y en un inicio así fue: tiempo de calidad y en gran cantidad no solo para mi familia sino para mi también. Rendición de cuentas reducida a un par de personas que juntos vamos tomando decisiones sobre el negocio. Y además trabajando haciendo justo lo que tanto me gusta hacer.

Estaba “viviendo mis sueños” dirían por ahí.

¿Y entonces por qué digo hoy que últimamente me encontraba lleno de angustia y dudas? preguntarán algunos.

Es que en efecto me encontraba viviendo un sueño, pero en algún momento de este permití que de nuevo las expectativas, deseos y sueños de otros comenzarán a colarse en mi visión.

Verán, para mi, mis métricas críticas de éxito desde un principio serían:
– La capacidad de dedicar mucho tiempo en cantidad y calidad a mi familia, a nuestra salud y bienestar y a mi desarrollo personal, espiritual y profesional.
– La capacidad de contar con los recursos necesarios para cubrir las necesidades de mi familia, cubrir nuestros gastos, también nuestros gustos y ¿por qué no? hasta ahorrar un poco también.
– Trabajar como coach, conferenciante, autor y facilitador, ayudando e impulsando el desarrollo personal y profesional de otras personas que, como yo, buscan hoy vivir mejor.

Sin embargo, al paso de los meses, otras subjetivas métricas de éxito de otros, comenzaron a nublar mi visión, inundando mi mente de incesantes cuestionamientos sobre lo que he estado haciendo:

– ¿Será suficiente? Soy un empresario. Necesito una gran oficina, un equipo robusto, un salario de varios ceros y muchos lujos y premios también.
– ¿Serán justos? He trabajado mucho por “x” empresa o agrupación ¿pero valorarán lo que he hecho o solo valoraban cual era mi anterior posición en la organización para la que trabajaba?
– ¿Serán parejos los esfuerzos y recursos que inyecta mi socio al proyecto?
– ¿Serán suficientes los recursos que genero hoy para pagar todo lo que tengo que pagar y comprar todos los lujos que creo merecer?
– ¿Será suficiente el éxito que proyecto a los demás, serán suficientes los halagos y los aplausos, será suficiente el respeto y la admiración que obtengo de los demás?

“¿Será suficiente, serán justos, será parejo, será suficiente, serán justos, será parejo, será suficiente, será suficiente, será suficiente?..” preguntas que por los últimos meses han rondado como ave de rapiña a mi mente, esperando el momento en que caiga vencido para llevarme a la desesperación.

Pero fue justo en ese momento previo a la rendición, sientiéndome a punto de perder que, de nuevo casi como si despertara de un sueño, un familiar pensamiento que como hace mucho no lo hacía, cruzó por mi mente otra vez:

¿Y qué si no lo es? ¿Importa más que otros te vean exitoso bajo sus métricas, que te rodees de lujos y halagos, mientras otros compensan con su trabajo el valor que crees que con el tuyo has generado?
¿O importa más el hecho de que hoy vives precisamente como durante tanto tiempo has querido vivir? Haciendo eso que por tanto tiempo soñaste hacer, dedicando tu tiempo a las personas a las que siempre se lo has querido dedicar, ayudando a otros con el trabajo que mejor sabes y más disfruta hacer?

¿Y qué si no tienes los lujos que con otro trabajo, antes pudiste o ahora podrías tener? ¿Pesan más las cuentas de gastos, los viajes en primera, títulos nobiliarios y bonos adicionales ó  pesa más saber que has sido capaz de crear y vivir la visión de vida que por años habías querido vivir?

¿Necesitas en verdad un coche último modelo, un traje de marca y una tarjeta dorada en tu cartera?

¿O prefieres una vida próspera, sana y abundante porque tienes lo que necesitas, haces lo que te gusta y pasas tu vida con quien más quieres estar?

¿Qué métrica de éxito prefieres usar?…

… ¿Que si ya lo logre sacar todas mis dudas de mi cabeza?… Nahh… no aún, pero al menos estoy aprendiendo a hacerlo cada día mejor…

Equipos hidropónicos.

La semana pasada tomé un taller para una nueva cartificación como coach, ahora enfocado a “The science of Happinees at work”, una metodología que tuvo su origen en el London Business School hace más de 6 años.

Y uno de los conceptos que más clavado se quedó en mi cabeza fue el de el gravísimo error que algunos padres cometemos al criar “hijos hidropónicos”. Es decir, al tener excesivos cuidados con nuestros hijos, similares con la manera en la que se cultivan algunos vegetales aislándolo de los riesgos del cultivo tradicional y brindándoles directamente y sin ningún riesgo, los nutrientes que estos necesitan para desarrollarse.
En tanto escuché el concepto, pensé inmediatamente en la cantidad de ocasiones en las que, como papá, he tratado de hacer precisamente eso: aislar a mi familia de cualquier riesgo o inconveniente y proporcionarles directamente y sin mayor esfuerzo de su parte lo que han querido.

Y es que así por encimita y de rapidito, hacer esto nos pasa por inadvertido o incluso como algo digno de reconocerse como “padre del año”, cuando en realidad, a largo plazo, estamos haciendo todo lo contrario.

Entonces, mientras pensaba en esto, mi mente regreso al tema sujeto del taller y me saltó de inmediato una pregunta más: ¿No estaremos, muchos de nosotros, haciendo justo esto con nuestros equipos de trabajo?

Piénselo. En esta época en la que tanto hablamos de las características básicas necesarias para ser un gran líder, no es difícil confundir el ser amable y atento a los sentimientos y necesidades de los integrantes de un equipo, con hacer lo que es más popular entre ellos. Y resulta también muy fácil mezclar el ser un facilitador de recursos y catalizador de acciones en el equipo, con terminar haciendo el trabajo del equipo o absorber toda la responsabilidad del mismo sin que sus integrantes conozcan y sean impactados directamente por las consecuencias de no llegar a las metas de la organización.

Por supuesto que un buen líder debe tener siempre en mente los intereses, valores y hasta sentimientos de su equipo de colaboradores, por supuesto que buen líder también debe estar preparado para aceptar la responsabildad del equipo y “recibir una que otra bala” por este, y por supuesto que un buen líder debe ser siempre un catalizador para los demás.

Pero a la vez, un buen líder jamás debería de sobre proteger a su equipo al grado de que este sea incapáz de avanzar por si solo para cumplir sus objetivos. Y si ese líder ha llegado al extremo de convertir a su equipo en uno hidropónico, entonces tal vez, solo tal vez, quien no debería de estar en este es justo quien lo encabeza.

¿Ustedes qué piensan?

Mañana se construye aquí y ahora.

La semana pasada parecía no cerrarla bien del todo. Un cliente que ya me había confirmado una fecha en Mayo para la contratación de una conferencia, simplemente me canceló, mientras que otro cambiaba de fechas el contrato de Mayo para Junio y el de Junio para Septiembre.

Lo primero que pasaba por mi mente: “ahí va el presupuesto de Mayo”, “¿qué pasa con este cliente que sin mayor reparo así me afectó”, “¿Ahora qué voy a hacer?”, “Ahora sí la cosa se jodió”…

Entonces, por fortuna, volteé la mirada a mi libreta de proyectos que silenciosa y paciente esperaba  en mi escritorio para recordarme las muchas cosas por las que hay que trabajar y hacer que sucedan para este y ese mes y muchísimos más.

Y es que la reacción que típiciamente adoptamos cuando algo no sale como planeábamos, incluso cuando asumimos que lo tenemos ya todo bajo control, es lamentarnos, quejarnos y preguntar qué hemos hecho para merecer semejante trato, para luego caer en el engaño de la desesperanza que, por momentos nos ahogoa, haciéndonos creer que ya no hay más solución que la resignación.

Pero lo cierto es que nada podría estás más lejos de la verdad.

Si algo no ha salido como esperábamos, si alguien ha inclumplido su parte del trato, si las circunstancias, por las razones que sean, han cambiado, lo único que NO podemos hacer es perdernos en nuestro lamento por lo que pasó y congelarnos ante el miedo de lo que podría suceder. Porque cuando lo hacemos, lejos de arreglar aquello que creemos que está muy mal, con nuestra distracción y falta de acción dañamos las demás cosas que hoy demandan nuestra atención.

Perdemos demasiado tiempo frustrándonos con lo ocurrido y temiéndole a lo que pueda pasar. Pero con lo que ya pasó, nada podemos hacer y tampoco podemos adivinar lo que probablemente, o no, ocurrirá.

Lo único que podemos hacer es aceptar (que no es lo mismo que resignarse) lo que sucedió, intentar entender por qué pasó y cuál es la lección que de ahí podemos aprender. Alejar de nuestra mente cualquier temerosa suposición de lo que esto podría, o no, implicar.

E inmediatamente poner toda nuestra atención, inteligencia, pasión y acción en lo que tenemos que lograr hoy.

Porque el pasado atrás se quedó y el mañana… el mañana se construye aquí, hoy, tomando acción.

Dime con quién andas y te diré…

“Dime con quién andas y te diré quién eres” reza el dicho.
Pero qué hay de: dime con quién andas y te diré que tan feliz eres o qué tan bien estás o qué tan significativo trabajo estás realizando?

Como seres sociales que somos, no podemos pasar nuestra vida solos, ni construir un proyecto por nuestra cuenta nada más. Por lo tanto necesitamos involucrarnos y asociar nuestros esfuerzos con los de otros. Es entonces cuando más cuidado debemos tener poniendo atención en a quiénes y a qué cosas estamos abriendo la puerta de nuestra vida; en qué lugares y con qué personas y organizaciones pasamos más tiempo y qué tan positiva o negativa es su influencia; en otras palabras que tan buenas o no tan buenas personas nos ayudan a ser.

Quizas nuestra inseguridad nos haga creer que decir “soy hij@ de, amig@ de, compañer@ de, vecin@ de, etc” nos da un estatus especial ante los demás, en vez del verdadero lugar que nuestro trabajo y el valor que generamos para otros nos da.

Tal vez el ego nos engañe con la idea de que tener una tarjeta de presentación que diga fundador, presidente, VP, director, CEO, CMO, CFO, COO y la C y las Os que quieran y que nos da acceso a “la suite ejecutiva”, nos hace superiores a los demás, impregnándonos de un falso sentido de orgullo que tan solo disfraza el enorme vacío e insatisfacción que la inseguridad, el miedo, la codicia, la soberbia y la ambición excesiva nos genera.

Y probablemente la sociedad y el estatus quo nos haya vendido la idea de que para avanzar en nuestra carrera tenemos que involucrarnos en algún grupo, cámara, asociación o sociedad tan solo para brillar y ser reconocido como “alguien”, en lugar de para crear oportunidades y construir posibilidades para la industria que ese grupo supone servir.

Pero en realidad, ese camino ¿hasta dónde nos puede llevar, sino es a una espiral sin fin?

Rodearse de la gente correcta, participar con la organización correcta y envolverse de los influenciadores correctos, no es una ciencia de relaciones públicas para destacar como el mejor, el más poderoso o el de mayor fama, sino un sútil arte de encontrar a aquellas personas, grupos y sitios que nos inspiran y que arrancándonos una sonrisa nos hacen sentir que en verdad podemos ser hoy mejores que ayer, elevando nuestro trabajo al siguiente nivel, al de hacerlo no solo para tener una establiidad económica y un estatus social, sino para servir a un propósito más grande que nosotros mismos, para el que no precisamente tenemos que ser alguien de gran poder político, económico o social; pero para el que, desde nuestra trinchera podemos colaborar.

Gente así existe y por fortuna son muchos más de los que pensamos que son. Pero más frecuente que no, no los vemos pues en tanto nosotros estamos pensando quiénes son, ell@s están trabajando haciendo lo que saben hacer mejor

 

(De izquierda a derecha) Ella lidera, junto con otros una organización de jóvenes que busca la seguridad en Ciudad Juárez, el organizó otro grupo de jóvenes que trabajan en pro de la legalidad y un estado de derecho en esa misma ciudad, el, hace más de 15 años, sin ser legislador creo la primera propuesta de ley de espacios libres de humo en protección al no fumador en nuestro país (ley que hoy ha sido adoptada a nivel federal) y ella creo en México uno de los movimiento más exitosos para apoyar a mujeres con cancer. Hoy todos ellos y muchos más trabajan en conjunto, celebrándose, sacando lo mejor de sí y apoyándose entre organizaciones para hacer de este mundo un mejor lugar para vivir.

Y tengo que preguntar: ¿Qué has hecho tu hoy y con quién piensas colaborar?

La co-responsabilidad: enseñanza-aprendizaje.

Antes de empezar, quiero aclarar que soy Comunicólogo y Publicista de profesión y coach, conferenciante y facilitador por pasión y vocación. De mis 17 años de carrera profesional (14 en Marketing digital) solo los últimos 5 los he dedicado formal y profesionalmente a la labor de entrenamiento y desarrollo de talento, por lo que para nada me considero un experto en el tema.

Por el contrario, a penas estoy aprendiendo las bases y se que me falta muchísimo camino que recorrer.

Sin embargo una cosa que en estos últimos 5 años sí he podido apreciar es que algo que falta con gravedad en el proceso de entrenamiento y desarrollo, es la co-responsabilidad, o mejor dicho la complicidad que el estudiante (o educando como le llaman en el medio) tiene que tener con el facilitador (maestro o instructor o como prefieran llamarle).
Y es que pareciera que todo lo que muchos “estudiantes” quisieran al asistir a un curso, conferencia, taller o cualquier otro formato, es que el conocimiento les fuera transferido como descarga de software tipo The Matrix para que, en automático y al instante se conviertan en expertos en una materia; depositando así toda la responsabilidad por su aprendizaje en la persona que al frente está compartiendo su conocimiento, experiencia y puntos de vista.

Y si bien es muy cierto que quienes nos dedicamos a compartir conocimiento y apoyar el desarrollo de capacidades y habilidades profesionales de distintas personas, tenemos la crucial responsabilidad de mantenernos totalmente actualizados, con un conocimiento no solo teórico sino práctico y de desarrollar lo más que se pueda nuestras competencias y habilidades como comunicadores y docentes para poder hacer un trabajo que en verdad aporte un grano de arena al desarrollo de otros; Lo que también es igual de cierto es que todo esto cuenta tan solo como la mitad del proceso de aprendizaje de los estudiantes, pues existe una inevitable co-dependencia entre ambos procesos: enseñanza con la transmisión del conocimiento y aprendizaje con la apropiación de dicho conocimiento para provocar un cambio en el estudiante.

En otras palabras, si tú como estudiante no estás dispuesto a responsabilizarte totalmente por tú proceso de aprendizaje, no importa que tan bueno y capaz sea tu instructor, muy poco será lo que logres asimilar.

Y aunque hay mucho que comentar sobre lo que cada uno de nosotros podemos hacer para mejorar como facilitadores, como parece que cada vez somos menos quienes queremos compartir y más quienes aparentan exigir aprender, prefiero en este post enfocarme en 4 simples acciones que como estudiante (así es, quienes nos dedicamos a compartir, somos los primeros también en dedicarnos a estudiar) me gusta aplicar para mejorar mi proceso de aprendizaje:

1-    Ser auto-didacta.
Jamás esto había sido tan sencillo. Con el acceso a tanta información que los medios digitales hoy nos dan, es inexcusable no tomarse el tiempo de buscar distintas fuentes de información y compararlas, descargar libros (gratis y comprados), leer blogs, escuchar podcasts, ver tutoriales en video, discutir con expertos en distintos foros y rodéarte de personas que te impulsarán a aprender y a esforzarte más.
Ser autodidacta porque hoy no aprender es una elección.

2-    Definir claramente nuestro nivel real de conocimiento y comprometernos con este para continuar elevándolo.
La semana pasada entré en una acalorada discusión con otro columnista de la revista Vuelo Digital (por cierto, debo acepar que me enganché demás en esta, aunque ya retomamos por mail una plática más amigable. Cuando terminen de leer este post, si tienen tiempo e interés, pueden leer el oso completo en: http://www.vuelodigital.com/2012/03/08/de-conferencias-tacticas-y-estrategias/) , revista para la que también escribo, pues en el artículo que esa semana publicó, sostenía la propuesta de que, por lo menos en lo que se refiere a Marketing Digital, ya no hay más conferencias o seminarios en los que se comparta nueva información, ni facilitadores profesionales capaces de subir el nivel de enseñanza de la industria en nuestro país, cosa con la que estoy en total desacuerdo.
En efecto debo admitir que, tal como menciona Alejandro en su columna, existen ya decenas o cientos de eventos que comparten los mismos mensajes, la misma agenda y los mismos conferenciantes. Pero eso para nada está mal. En un país y una industria donde (de acuerdo a un reporte de MCGraw-Hill) existen más de 193mil estudiantes de mercadotecnia que aún no están involucrados con la industria de medios digitales, no podemos darnos el lujo de no compartir una y otro y otra vez (y cuantas veces sea necesario) las bases de la industria. Por fortuna los espacios existen y hay quienes estamos dispuestos a continuar compartiendo y abriendo puertas para otros. Y por fortuna también existen otros eventos y foros de mayor calibre donde, aunque algunos de los facilitadores seamos los mismos, los temas son sin duda más avanzados y complejos.
Por lo que resulta indispensable tener muy claro cuál es nuestro verdadero nivel de conocimiento y cuáles son los siguientes pasos que tenemos que dar para continuar avanzado. ¿Estás escuchando los mismos temas una y otra vez? Tal vez llego el momento de avanzar.

3-    Proveer retroalimentación puntual, relevante, positiva y frontal.
Ningún facilitador o entrenador es perfecto ni es poseedor de la verdad universal y más frecuente que no, cometemos muchos más errores de los que quisiéramos admitir. Y la retroalimentación que podamos recibir es mucho más bienvenida de lo que creemos.
Al mismo tiempo, todo estudiante tenemos alguna opinión (buena, mala, ligera o dura) sobre nuestro instructor.
Y sin embargo, pocos somos los estudiantes que regalamos una auténtica, oportuna y bien orientada retroalimentación.
Justo en la discusión que mencionaba arriba, un “espontáneo participante” intervino para, de forma anónima, cubierto por el sobre nombre de “Chepo”, despotricar sobre los conferenciantes e instructores, incluso recitando a memoria algunos pasajes de la más básica de las conferencias que imparto. (Cosa que por un lado me da gusto porque me demuestra que compartir anécdotas, sí hace memorable el mensaje que se comparte), sin embargo, a pesar de lo interesante que pudieran haber sido sus comentarios, al hacerlo de manera anónima, burlona y tan a destiempo, su intervención pierde absolutamente toda credibilidad.

La retroalimentación, la de verdad, la positiva, la de una persona verdaderamente comprometida con su propio proceso de aprendizaje, se da de manera puntal, a tiempo y de frente.

4-    Aprender enseñando.
“Todo conocimiento no compartido pierde valor” recitan muchos por ahí. Y aunque suena a cliché es verdad. Pero tal vez algunas personas que predican este dicho, no han entendido que quiere decir en realidad o en su totalidad. Quizás piensan que el dicho se refiere solo a que si no se comparte el conocimiento de generación en generación este se pierde, pero esto es tan solo una cara da la moneda. La otra se refiere a que ninguna persona termina de aprender lo que ha estudiado hasta que no es capaz de compartir con otros ese conocimiento, enseñándolo.
De modo que si sientes que ya has aprendido lo suficiente y en verdad estás comprometido con tu proceso de aprendizaje, entonces atrévete a dar el paso y comienza tú también a enseñar lo que sabes.
Quién sabe, tal vez, como me pasó a mi, descubras tu verdadera pasión.

¿Qué otra práctica les viene a ustedes a la mente?

 

¿Qué te mueve en la vida?

Si te hiciera esta pregunta justo ahora y de frente, ¿Qué responderías?

Si estás casado, muy probablemente tu respuesta sería algo así como “mi familia y su seguridad”, si eres soltero y laboras en una gran corporación probablemente responderías “hacer una exitosa carrera” o si has tenido algunas limitaciones económicas anteriormente y hoy cuentas con mejores ingresos, tal vez responderías “darle a los tuyos lo que tu no tuviste”

Es curioso, pero en cada proceso de coaching sobre desarrollo de carrera que facilito, cuando hago la pregunta “¿Qué te mueve en la vida?” siempre recibo respuestas similares, pues son precisamente estas respuestas las que con el tiempo, nuestra sociedad nos ha enseñado a dar.

Por supuesto que todos queremos que nuestra familia esté bien, estable y segura. Claro que todos queremos tener una prolífica y exitosa carrera y contar con más recursos económicos de los que necesitamos.

Pero mucho más allá de lo obvio… ¿Qué te mueve por dentro? Es decir, ¿qué aprieta tus botones? Porque definitivamente todos tenemos distintos botones que presionados en el orden correcto pueden motivarnos, alegrarnos, enojarnos, ofendernos,  contentarnos e inspirarnos…

Y si somos capaces de entender con claridad cuáles son, para nosotros, las cosas que efectivamente activan cada uno de estos “botones”, podríamos entonces asegurarnos de presionar, al menos con mayor frecuencia, aquellos que nos ayudan a estar mejor.

No solo sabiendo que nuestra familia está segura, estable y bien cubierta.
No solo teniendo una carrera brillante.
No solo contando con dinero y bienes.
Sino estando contentos y alegres haciendo aquellas cosas que más nos gustan hacer y mejor sabemos hacer.
Y no solo estando contentos haciéndolo, sino realmente realizados porque lo hacemos en servicio y beneficio de algunos más.

El problema, sin embargo, sigue siendo que muy pocos conocen o mejor dicho admiten cuáles son las cosas que realmente aprietan sus botones. Cuáles son las situaciones en las que se sienten tensos y amenazados y que activan sus defensas; y cuáles son los momentos en que más alegres y relajados se sienten. Qué cosas despiertan su creatividad y ganas de innovar. En qué sitios se sienten más inspirados y con qué personas se sienten más seguros y contentos.

En estos procesos de coaching de desarrollo de carrera en los que tengo la fortuna de apoyar a otros, una práctica diaria que recomiendo es la de llevar una bitácora de lo sucedido cada día. Es decir, un diario en el que enlistemos los sucesos del día e indiquemos cómo estos nos hicieron sentir, para así poder identificar los momentos, las circunstancias, las personas, etc, con quienes y durante las cuales nos sentimos mejor y logramos, por lo tanto, un mejor desempeño en lo personal y en lo profesional, a la vez que identifiquemos cuándo, como y dónde nos bloqueamos más.
Para poder después usar nuestra “brújula de vida” para estimar cómo está el balance entre estas distintas situaciones en nuestra vida, para que con un poco de tiempo, podamos ir, en la medida de lo posible, alejándonos de las situaciones que no nos favorecen y vayamos rodeándonos de las personas que mejor nos hacen estar y buscando, y hasta provocando, esos momentos en los que más podemos brillar y ayudar a los demás.

Así que ahora que te vuelvo a preguntar ¿Qué te mueve en la vida? ¿Qué me responderás?

Oportunidad… es.

Cierto es que siempre tenemos que estar alertas y abiertos a las nuevas oportunidades que, en cualquier momento, se nos pueden presentar. Mucho más cierto es que más importante que saber aprovechar una buena oportunidad, es saber crear nuevas y mejores oportunidades para los demás.

Esto es, en lo personal, parte de cómo yo veo la vida.

Pero esta forma de ver las cosas tiene un pequeño pero potencialmente grave error de diseño que te puede llevar, sin darte cuenta, de querer generar o aprovechar nuevas oportunidades, a quedar perfectamente mal con todos.

Y es que con frecuencia, la urgencia por aprovechar y “sacarle jugo” a todo lo que se cruza en nuestro camino, el hambre de emprender, la adicción a aventurarse en nuevos proyectos, la incesante búsqueda de popularidad o el simple miedo al rechazo o el no saber decir no, nos pueden hacer caer en una espiral de francamente desaprovechadas y mal definidas “oportunidades”, que nos llevan a todo menos a sacar lo mejor estas.
Quedamos mal otros pues nos comprometemos a cosas que cabalmente no podremos cumplir. Fallamos en las entregas, descuidamos los proyectos en los que ya estábamos trabajando, provocamos roces innecesarios con otras personas y afectamos directamente nuestra salud física, mental y espiritual porque, prácticamente acabamos con nosotros.

En lo personal, creo que he caído en esta espiral más veces de las que quisiera contar.

Y precisamente buscando no caer más en errores como este es que desde hace tiempo, procuro hacerme (aunque a veces aún olvido hacerlo), cinco simples preguntas que me ayudan a definir si, la que se presenta, es o no la oportunidad que debo crear o aprovechar:

1)   ¿Soy la mejor persona (o la mejor organización) para realizar las tareas que se requieren? ¿Realmente contamos con la experiencia, herramientas y capacidad para sobre pasar las expectativas?

2)   ¿Este nuevo proyecto, responde y está alineado con mis (o de la organización) intereses, principios y valores, o solo quiero hacerlo por popularidad?

3)   ¿Podré cumplir cabalmente con este compromiso sin descuidar los que ya vengo trabajando?

4)   ¿Será divertido y disfrutaré haciendo este proyecto? ¿Me rodearé de gente talentosa, honesta y sencilla de quienes podré aprender y con quién podré compartir?

5)   ¿Este proyecto nutre e inyecta recursos al motor  económico de mi empresa, ayudándonos a continuar operando y creciendo con éxito?

Solo cinco preguntas muy fáciles y rápidas de responder, pero que al hacerlo pueden cambiar totalmente los resultados de nuestros entregables y nuestro desempeño.

Porque al algunas “oportunidades” sí se vale decirles NO.

Make it happeners.

¿Haz tenido una idea tan brillante que la masajeas y masajeas en tu cabeza por días y días perfeccionándola, solo para ver que otra persona le echó a andar?

¿Haz pasado meses coqueteando con la idea de realizar esas increíbles vacaciones de ensueño, solo para ver las fotos de alguien más que las ha tomado ya?

¿Haz planeado por años estudiar esa gran especialidad que cambiará el curso de tu vida, solo para ver que otros de graduaron ya?

La realidad es que ni la más brillante de las ideas que tenemos vale más que una simple acción. Y aún así, la mayoría de la gente sigue así, generando ideas y más ideas, algunos esperando que con solo pensarlas puedan convertirse en realidad y otros intentando ocultarlas por temor a fallar.

Hay un dicho de T.S. Eliot que hace poco mi amiga Brigitte Seumenicht me recordó y que dice: “Solo aquellos que se arriesgan a ir más lejos, tienen la posibilidad de saberlo lo lejos que pueden llegar”.

Y la triste realidad es que solo unos cuantos se atreven a hacer justo esto.

A ellos(as) me gusta llamarles “MakeItHappeners”.

Personas que no solo saben pero también entienden que la única manera de saber que tan lejos pueden llegar, la única forma de descubrir todo lo que pueden hacer en realidad, es dejar de planear y comenzar a ejecutar.

Gente dispuesta a equivocarse y aprender todos los días para saber, al día siguiente, que tienen que hacer mejor.

Personas que entienden que no tienen que ser grandes políticos, militares o herederos de fortunas para marcar un cambio desde su lugar y que dejan el discurso de lado y generan valor para los demás. Que dejan de estirar la mano esperando recibir de otros y que mejor dibujan su propio mapa, creando a su paso nuevas oportunidades para los demás.

Estas personas son quienes mueven nuestro mundo día con día.

Estas personas somos tu y yo.

Así que pregúntate ahora mismo: Esta semana ¿Qué harás que suceda?