De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

ConversaciónES #DLC – episodio 13.

Conversando con Romeo Marquez.

Romeo Marquez y Efraín en DLC

En este episodio de ConversaciónES #DLC tengo una gran plática con Romeo Márquez, fundador y CEO de Gelattina sobre como incursionó en una industria ajena a el y adoptó e integró prácticas distintas al del resto de la industria publicitaria para desarrollar la que hoy conocemos como la agencia de la felicidad.
Además conversamos sobre la importancia de seguir aprendiendo nuevas cosas todos los días y como hacer esto nos puede llevar no solo a descubrir nuevos caminos y nuevas pasiones, sino a hacer cada día, de lo cotidiano, algo ¡extraordinario!

Escucha este episodio ahora mismo, aquí:

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ConversaciónES #DLC – Episodio 10.

Conversando con Xepus Ginebra.

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En este décimo episodio de ConversaciónES #DLC tengo una gran plática con Xepus Ginebra, CEO de GroupM en México, Ultra-maratonisa, miembro del consejo académico de la facultad de ingeniería de la Universidad Panamericana y co-fundador de The media collective.

Hablamos sobre su historia personal y profesional y sobre el concepto de PUNTA DE LANZA, con el que el interés en una cosa nos lleva a investigar de otras más. Conversamos también sobre la importancia de aprender nuevas prácticas y descubrir nuevas pasiones. Y por supuesto de cómo hacer De lo Cotidiano, ¡algo extraordinario!

¡Un episodio imperdible!

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ConversaciónES #DLC – Episodio 8.

Conversando con Brigitte Seumenicht.

 

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En este octavo episodio de ConversaciónES #DLC tengo una gran plática con Brigitte Seumenicht, coach y conferenciante internacional, sobre cómo dejo la vida corporativa para, desde afuera de estas, poder ayudar al desarrollo de sus integrantes. Platicamos sobre el trabajo que hace con distintas organizaciones en temas en innovación y creatividad. Y finalmente sobre su historia profesional, lecciones de vida y hábitos que le han permitido hoy hacer, De lo Cotidiano, algo extraordinario.

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Señalar o resolver.

monito escondidoComo enfrentas los problemas hace toda la diferencia.

Puedes lamentarte y culpar a todos y a todo por los problemas que tienes o puedes tomar acción para resolverlos, pero no puedes hacer las dos cosas a la vez.

Puedes señalar todo lo que cada una de las personas a tu alrededor han hecho mal, escondiéndote atrás de tu dedo y del falso consuelo de tu juicio a los demás o puedes asumir tú responsabilidad, entender que has hecho o dejado de hacer tu, para contribuir a crear el problema, pero sobre todo qué puedes hacer para resolverlo.

Puedes ausentarte del problema, exigiendo desde las gradas que otros resuelvan aquello que es tú responsabilidad o puedes crecer y hacerte cargo de la solución.

Puedes gritar, señalar y acusar, haciendo así más grande el problema o puedes tomar un respiro, dar un paso atrás, hacer la preguntas correctas y entender la razón del problema para trazar un plan de acción que ejecutar, paso a paso, de la mano de tu equipo.

Puedes aislarte de todos, echándole el problema encima a otros e ignorando tú responsabilidad y la oportunidad de aprender cómo resolver y evitar futuros problemas; o puedes tomar al toro por los cuernos, tomar acción, hacer tuyo ese aprendizaje y construir una relación mucho más fuerte con tu equipo y con otros más.

Puedes refugiarte y esconder tus carencias o puedes dar la cara y sacar lo mejor de ti.

Ambas alternativas toman la misma cantidad de energía.

Una, la primera, te deja seco , desgastado, enojado y sin energía.

La otra, la segunda, puede que te deje cansado, pero sin duda, al final, estarás tranquilo, en paz y energizado sabiendo que has hecho lo que tenías que hacer.

ConversaciónES #DLC – Episodio 2.

Conversando con Jorge Ruíz Escamilla.

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En este segundo episodio de ConversacionEs #DLC, tengo una gran plática con un querido amigo y viejo compañero de batallas: Jorge Ruíz Escamilla primer director general de Facebook en México y Centro América, director comercial de Televisa Interactive Media, Director de ventas de YouTube en México y miembro del equipo fundador de Google en México y actual socio fundador del Instituto Superior para el Desarrollo de Internet.

Conversamos sobre su historia, sobre la toma de riesgos para continuar creciendo y desarrollando tu carrera y sobre la importancia de seguir estudiando y aprendiendo todos los días.

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Escúchalo también: Spreaker

ConversaciónES #DLC – Episodio 1.

¡Por fin aquí el primer episodio de mi nuevo podcast ConversaciónES #DLC!
Un podcast De lo cotidiano… y lo no tanto.

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En este primer episodio tengo una gran charla con Daniel Granatta, ingeniero, emprendedor e innovador y futurista, autor de al menos 20 libros sobre publicidad, programación y diseño interactivo; bloggero, profersor, consultor, confereciante internacional, sobre cómo ha sido su trayectoria y cómo después de ser el director general creativo en algunas de las más destacadas agencias de publicidad y marketing digital en América Latina, convirtió lo que pensaba que eran puertas cerradas en un gran cambio de vida en lo personal y lo profesional.

Listen to “Episodio 1: ConversaciónES #DLC con Daniel Granatta” on Spreaker.

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De sí y de no.

Decir sí es fácil, decir sí es lo popular. A todos nos encanta ser la persona positiva, el héroe incondicional que lo resuelve todo con un sí.

Decir no es complicado, decir no nos presenta huraños y negativos. A nadie le gusta ser quien dice que no.

Decir sí nos gana sonrisas, decir no nos gana miradas de desaprobación.

Pero decir sí a todo es decirnos no a nosotros mismos.

Decir sí a todo favor pedido, decir sí a todo nuevo proyecto no contemplado, decir sí a toda petición en el trabajo, en casa, a nuestros amigos; es empeñar nuestra palabra y crear la esperanza de que cumpliremos todo a lo que hemos dicho que sí, aún cuando sabemos que las probabilidades de lograr cada compromiso prometido con un fácil sí, no son tantas en realidad.

Decir sí puede ser engañoso para nosotros mismos.

Decir sí de forma espontánea a cada petición nos hace sentir bien, nos sentimos generosos y no solo conectamos con la otra persona mientras que nuestro cerebro libera oxitocina y serotonina, pero también logramos la validación de alguien más lo que nos genera una sensación de placer en tanto nuestro cerebro libera dopamina, y así nos volvemos adictos a decir que sí.

Pero decir que sí a la agenda de todos los demás, es decir que no a lo que nosotros mismos queremos hacer, a nuestros sueños, a nuestros planes, a nuestro trabajo, a nuestro propósito de ser.

Decir que sí al camino de otros es alejarnos del nuestro y abandonar nuestros planes, aún si es tan solo por un momento.

Alejarnos de nuestros proyectos, posponer nuestras prioridades y planes para favorecer las de otros solo porque no pudimos vencer la tentación de decir sí, invita a nuestros días al estrés que crece cada día más, de la mano de la angustia que nuestro  cerebro secreta en forma de cortisol. Entonces viene el agotamiento, el desgaste, la falta de energía para hacer todo aquello que dijimos que íbamos a hacer.

Y la única opción que nos queda es decir no. No a más síes.

Sí a nosotros, a nuestro tiempo y a nuestro paso.

Y sí a decir que no.

Re-ordenando la indisciplinada búsqueda de más…

La temible, eterna, terrible e indisciplinada búsqueda de más… más negocio, más clientes, más dinero, más productos, más servicios, más audiencias, más objetivos, más resultados, más premios, más críticos, más tomadores de decisión, más gente a quien dar gusto y más maneras de hacerlo. Más que hacer y más que ser para más… ¿pero para más qué?

Dicen que no está clara la fórmula del el éxito pero la del fracaso es, sin duda, querer ser todo para todos y todo a la vez; abriendo frentes a diestra y siniestra, diluyendo la capacidad de nuestros recursos en tantas áreas como se alcancen a ver, dejándonos frágiles y reducidos a la apariencia de ser lo que no se es.

Con tal de parecer ser los mejores, los más grandes, los más capaces… sin importar lo que implique, buscamos “aprovechar” (sí, así, entre comillas) la primera y cualquier otra “oportunidad” que vemos frente a nosotros; sacrificando el enfoque de hacer aquello que mejor sabemos hacer.

Nos llenamos de tareas y pendientes que nos hacen ver como personas o empresas ocupadas, con mucho que hacer, pero dejándonos poco espacio para avanzar, pues con tantos objetivos hemos saturado el camino, llenándolo de obstáculos producto de nuestra propia y, con frecuencia, trivial y artificial complejidad.

Como si la locura de ocuparnos hasta exhaustarnos, nos otorgara un especial nivel de estatus en la sociedad.

Pero no es así; como dice Brené Brown, lo único que esto hace es adormecernos y darnos una salida para escapar de lo que realmente es importante que hagamos, de lo que nos da tanto miedo hacer, de lo que nos enfrenta a la real vulnerabilidad de crear y avanzar.

Reordenando con enfoque y simplicidad.

Pero sí podemos más, sí podemos ser los mejores en lo que hacemos, sí podemos ser los más capaces también.

Recordando con claridad cuál es nuestra más básica y primera razón de ser.
Ese motivo que despertó en nosotros o nuestra empresa, por primera vez, la intención de hacer lo que hacemos.

“Start with the why”, diría Simon Sinek.
“Put first things first”, decía el Dr. Stephen Covey.
Y “Keep the main thing the main thing”, explica David Cottrell.

Para recordarnos que la clave esté en enfocarnos con simpleza absoluta en esa única y gran cosa que se ha convertido en nuestra misión. Organizando nuestros esfuerzos y ordenando nuestras acciones bajo esa real, inspiradora y crucial razón de ser que nos ayuda a dar prioridad a cada acción.

Preguntándonos, esto que estoy por hacer, este nuevo objetivo que quiero perseguir, esta responsabilidad adicional que quiero asumir ¿Construye hacia mi objetivo principal? ¿Está alineado con los intereses y prioridades de la organización? ¿Responde a la visión estratégica del negocio?

Y trabajando así con enfoque y simplicidad.

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11 señales de que tienes un gran cliente.

Es normal, aunque no siempre correcto, escuchar a decenas de profesionales, de cualquier profesión y oficio, quejarse de sus clientes. Resulta más común oír a gente criticando el trato que reciben de sus clientes que reconociendo el buen trabajo de estos, pero la realidad es que buenos clientes, no importa en qué industria, sí los hay.

Es más, podría apostar a que si ponemos un poco de atención en el trabajo que hacemos todos los días, no para, sino en equipo con nuestros clientes, podríamos encontrar en esa relación, una o varias de 11 señales que nos dejan saber que tenemos grandes clientes:

  1. Involucran a sus proveedores o socios de negocio clave, como consultores, agencias de publicidad y comunicación, asesores financieros , etc. en las decisiones estratégicas que tienen que ver con los objetivos y resultados de su negocio.
  1. Comparten abiertamente con sus partners , información importante sobre el negocio que ayuda a comprender el porqué de las decisiones que se toman.
  1. No piden trabajo sin sentido a sus agencias y proveedores sólo para cumplir el capricho de algún director en la organización. Defienden el valor del trabajo de ellos como lo que es: el suyo.
  1. Se hacen responsables de sus pendientes olvidados y del trabajo que no quieren o sienten que no tienen tiempo de hacer, sin pasarlo irresponsablemente  al ejecutivo de la cuenta que los atiende.
  1. No tratan a sus socios de negocio clave como un proveedor desconocido y desconectado al que le piden trabajo como si se tratase de un kilo de tortillas. Por el contrario, los lideran como lo que son, un integrante importantísimo de su equipo de trabajo.
  1. Evitan el re-trabajo de sus colaboradores proveyendo dirección clara desde el inicio. Son claros en la definición de las expectativas del trabajo requerido y lo son aún más al dar retroalimentación sobre el recibido.
  1. Respetan el tiempo de las personas involucradas en su cuenta. Evitan el “juntismo” y son cuidadosos al convocar sólo las reuniones que son imprescindibles para avanzar en los proyectos en curso y a la vez, sólo invitan a estás a las personas indispensables para conducir la reunión y tomar decisiones que resulten en acciones.
  1. También respetan el tiempo libre de las personas involucradas con su cuenta. Tratan de organizar el trabajo de modo que sean puntuales en sus solicitudes y retroalimentación; y reconocen que la gente en su equipo necesita tiempo de descanso y recreación para ser creativos, innovadores, eficientes y eficaces en su trabajo. Jamás usan frases como “no me importa que no duerman, mañana me lo entregan.”
  1. Reconocen la importancia del trabajo que sus socios de negocio hacen para su organización. Piden las cosas por favor, explicando porqué es importante lo que se está solicitando  y si se equivocan desde adentro, en su trabajo, tienen la confianza para, con transparencia, pedirle a sus socios ayuda para resolver el problema en el que se metieron.
  1. Aprecian el  talento y la experiencia de las personas involucradas en su negocio y escuchan las recomendaciones que estos profesionales les hacen, tanto para lograr los objetivos de negocio, como para mejorar los procesos de trabajo.
  1. Celebran el buen trabajo de sus proveedores, dándoles el crédito de los logros y éxitos obtenidos y aceptando la co-responsabilidad que tienen con ellos cuando las cosas no salen como se planearon.

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El primero en el cambio.

Una de las más frecuentes discusiones que se escuchan en toda organización es la imperante necesidad de cambiar, innovar, adaptarse, evolucionar, adoptar nuevas prácticas o cualquier otra frase pegajosa que seguido escuchamos de casi todas las cabezas de casi todas las empresas, para convencer a sus equipos de trabajo de encontrar nuevas maneras de construir, hacer y mejorar su negocio.

La innovación supone un cambio, el cambio es evolución, la evolución es desarrollo, el desarrollo es crecimiento y crecer es lo que todo negocio quiere lograr.

Pero con todo lo positivo que esto suena en las voces de quienes dirigen estas organizaciones, el problema es que con mayor frecuencia de la que quisiéramos admitir, todas sus palabras se quedan guardadas en el discurso con el que pretendían motivar e incitar a su equipo innovar, a cambiar y a siempre retar al “status quo”; pues acto seguido regresan a sus acostumbradas prácticas, esperando que su retórica sirva para delegar a alguien, quién sabe a quién, a cualquiera que así lo asuma en realidad, la responsabilidad de empujar el cambio que saben se requiere; y quien al presentarlo como opción real, se enfrenta al muro de lo cotidiano, de las viejas prácticas con las que el negocio se ha desarrollado por los últimos 20, 30 o 50 años, de la antigua fórmula que amordaza la voz del cambio a la voz del mismo líder que originalmente “buscaba” este.

La innovación permanente, el cambio y la adopción de nuevas formas de hacer las cosas, es una responsabilidad que todo aquel que encabeza una empresa debe celebrar y compartir con su equipo en todo momento, pero que no debe delegar por completo a otros.

La innovación permanente, el cambio y la adopción de nuevas formas de trabajar y construir un negocio, debe ser una de las principales prioridades de quienes lideran la organización; deben ser ellos y no solo una o dos personas o cuántas sean a quienes se lo deleguen quienes deben de empujar por este trabajo. De otro modo, innovar, cambiar, evolucionar, desarrollarse y crecer nunca será una verdadera prioridad.

Algunas lecciones parte 1: De colaboradores, valores, principios y prioridades.

Lecciones. Puedo decir con confianza que, de los últimos tres años, tengo todo un almanaque de estas.

Dicen por ahí que la única manera de terminar de aprender algo es compartiendo tu experiencia con los demás. Que una vez que seas capaz de explicar con algo de claridad lo que has aprendido, podrás terminar de grabar esa lección en tu mente; y que conocimiento que no se comparte pierde por completo, su valor.

Así que ahora, intentaré hacer algo de sentido de algunos de estos aprendizajes, compartiéndolos aquí. Empezando por la enorme importancia que tiene saber rodearse de las personas correctas y tener mucho cuidado en entender a quiénes dejamos entrar a nuestras vidas.

“Si quieres llegar rápido, viaja solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”, dice con mucha razón el dicho. Lo que no dices es que si no somos cuidadosos, la compañía que elegimos, no solo no nos ayudará a llegar lejos, pero también nos detendrá, o al menos entorpecerá nuestro avance.

Si las personas de quienes nos rodeamos no tienen valores semejantes a lo que nosotros más valoramos, si no se rigen por principios similares a los nuestros y si no comparten la misma misión, difícilmente caminarán en la misma dirección.

Puede ser que en un inicio la emoción de comenzar una nueva aventura empuje a unos a ceder un poco y a otros también, para alinearse con las prioridades y objetivos que han trazado. Pero poco tiempo se requiere para que cada quien vaya mostrando (o monstruando) sus “verdaderos colores”.

El primer reto es que todos compartan la misma misión, con la misma pasión. Si alguien no está cien por ciento alineado con la meta y el plan de acción que han definido, pronto de distraerá con otro camino.

El segundo obstáculo que hay que sortear es que todos compartan los mismos valores. Puede ser que todos estén convencidos de que la dirección que han trazado para el grupo, es la correcta, pero si alguien en el grupo, en realidad no valora el “por qué” están haciendo lo que hacen, y solo está ahí porque le parece una buena manera de ganar algo de dinero, mientras “ayuda” a una buena causa, la causa más importante para este será tener más dinero y en tanto esta oportunidad se le presente se irá sin dejar huella alguna, abandonado al grupo tal vez incluso cuando más se le necesita.

Y el tercero y más importante tropiezo que podemos llegar a enfrentar es que, en efecto todos compartan apasionadamente la misma misión y que todos sostengan los mismos valores; pero si tan solo un miembro del equipo no se rige por los mismos principios, más temprano que tarde, la burbuja reventará. Puede que todos quieran llegar al mismo destino y todos valoremos mucho la perseverancia y el éxito, pero si en los principios de otro no está la honestidad y la honradez, puede anular por completo ese éxito. Puede que todos valoren muchísimo el desarrollo del talento, pero si en principio alguien lo hace por el reconocimiento y prestigio que esto le puede traer versus el impacto que puede dar ¿a qué le pondrá mayor atención?

Al inicio, en medio de la confusa emoción de emprender un nuevo camino, puede parecer que todo funcionará muy bien, pues nos hemos asegurado de tener las herramientas y sobre todo a las personas correctas con el conocimiento preciso y las experiencia exacta para nuestro recorrido, pero si en el fondo la misión no es la misma para todos, si en verdad no compartimos los mismos valores y no son los mismos principios los que rigen esa caravana, muy pronto esta se desmantelará en los intereses escondidos que algunos ocultaban.

De ahí la tremenda importancia de aprender a asociarse y rodearse de las personas correctas.

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Tolerancia y respeto en la red.

¿Cuándo fue la última vez que criticaste o descalificaste a alguien más?

Si estás en Twitter, FaceBook, Linkedin o una que otra red social más; y trabajas en el medio de marketing, comunicación y publicidad, te aseguro que no habrá sido hace mucho…

Cada vez es más frecuente ver como unos a otros se descalifican con lo que y por lo que publican en su time line, en sus blogs, en sus muros.

Profesionales de distintas carreras, historias diferentes y diversos niveles de conocimiento y experiencia, tratando de hacer menos a otros para tratar de hacerse parecer, así mismos, mejores que los demás.
No solo mostrando su desacuerdo con lo que otros comparten, pero descalificándolos y menospreciándolos, en la red, como nunca se atreverían a hacerlo de frente.

Para ser franco, no se si esto se vea en otros campos y profesiones o si, por la natural cercanía con estos medios y el egocentrismo que la misma labor de comunicación trae consigo, sea este un padecimiento casi exclusivo de quienes trabajamos en marketing y comunicación (en la disciplina y medio que sea); pero basta hacer una simple búsqueda en Twitter de palabras como Gurús o expertos, y en distintos idiomas (es decir no es privativo de México o América Latina, sino que sucede en todo el mundo), para encontrar, de entre los resultados, decenas, sino es que cientos de tweets haciendo burla o críticas al respecto.

¿Quién nos dijo que estábamos preparados para ser juez y parte?

El truco está en la tolerancia y la tolerancia está en saber escuchar sin juzgar.

Y eso es precisamente lo que todos deberíamos intentar hacer, para después poder compartir con la misma seguridad, de que no seremos descalificados solo porque sí, nuestro punto de vista.

Hace tiempo lancé en el time line una pregunta que últimamente me hago a mi mismo casi todos los días: ¿Qué somos hoy capaces de hacer que hace un año no sabíamos?

Me parece que en mi caso, y habiendo, en su momento, lanzado mi buena parte de críticas a otros, una de las cosas que he aprendido es que todos tenemos derecho a compartir lo que pensamos y lo que sabemos o, por lo menos lo que creemos saber.
Todos tenemos derecho a intentar ganarnos un lugar en una industria y crear un nombre para nosotros en el medio en el que nos desempeñamos.

Ya estará en cada uno de nosotros hacerlo con honestidad, humildad y trabajo duro y real. Pero en esto es en lo que nos deberíamos fijar y no en lo que están haciendo los demás. Porque una vez que logramos no perder de vista el enorme trabajo que nos está costando ganarnos nuestro lugar, podremos ver el mérito en el trabajo de los demás y no solo excusas para criticarlos nada más.

Pienso que tal vez ha sido el último par de años que he pasado lejos de la vida corporativa, lanzando, construyendo con mucho trabajo y manejando mi propia organización, lo que he me ha ayudado a darme cuenta de esto. Pero lo que sea que haya sido estoy agradecido porque, al ver o escuchar del trabajo de otros, hoy me doy (no a ellos, a mi) la oportunidad de preguntar e investigar que han hecho para así poder dejar de lado a fanfarrones y embusteros y reconocer y respetar el trabajo que, de acuerdo o no con el, estos profesionales han hecho.

“Ese hombre no me simpatiza. Debo darme a la tarea de conocerle mejor” dijo alguna vez Abraham Lincoln.

Y eso traté de hacer hace algunos años cuando, como muchos, yo criticaba lo que mi hoy amigo Guillermo PérezBolde publicaba. Hoy algunos me critican a mi porque yo ya no lo critico a el. Pero ¿Con qué cara podría criticarlo a el o a cualquier otra persona, si antes no me di a la tarea de, cara a cara, preguntarle exactamente qué hacía o por qué lo hacía; conocer un poco sobre su historia y su experiencia y decirle de frente lo que pensaba?

Hoy sigo sin estar de acuerdo con algunos de sus puntos de vista y él con los míos también; pero los hemos discutido de frente, con un café en la mano o compartiendo el mismo foro en distintos eventos. Y eso no nos hace ni mejores ni peores que el otro, nos hace solo diferentes. Y esa diversidad permite que haya tantas maneras de hacer nuestro trabajo.

Por supuesto esa buena fe que uno otorga a otros puede traer otras consecuencias no deseadas, como las que hoy pago al haber confiando en quien tantas personas me decían a gritos que no lo hiciera… pero a final de cuentas es una lección y experiencia (nada agradable o fácil) más para crecer… y material para otro post.

El respeto no se impone, se gana.

No busques ser respetado imponiendo tu punto de vista y descalificando el de los demás. Gánate el respeto de otros regalándoles tu respeto a ellos primero.

Seguramente seguiremos encontrándonos con muchas personas con quienes no estaremos del todo de acuerdo y, sin duda, también nos cruzaremos con alguno que otro embustero total. Pero no perdamos el tiempo queriendo “desenmascarar” a quienes ni el tiempo merecen y mucho menos demeritando el trabajo de quienes están haciendo su mejor (recuerda tu no eres quien para decir si sí o no) esfuerzo, porque todos ellos, por alguna razón se han ganado su lugar.

… y un último favor… si en algún momento en mi time line ves que cometo el error de criticar o demeritar a alguien más, por favor siéntete libre de restregarme en la cara este post.