De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

11 señales de que tienes un gran cliente.

Es normal, aunque no siempre correcto, escuchar a decenas de profesionales, de cualquier profesión y oficio, quejarse de sus clientes. Resulta más común oír a gente criticando el trato que reciben de sus clientes que reconociendo el buen trabajo de estos, pero la realidad es que buenos clientes, no importa en qué industria, sí los hay.

Es más, podría apostar a que si ponemos un poco de atención en el trabajo que hacemos todos los días, no para, sino en equipo con nuestros clientes, podríamos encontrar en esa relación, una o varias de 11 señales que nos dejan saber que tenemos grandes clientes:

  1. Involucran a sus proveedores o socios de negocio clave, como consultores, agencias de publicidad y comunicación, asesores financieros , etc. en las decisiones estratégicas que tienen que ver con los objetivos y resultados de su negocio.
  1. Comparten abiertamente con sus partners , información importante sobre el negocio que ayuda a comprender el porqué de las decisiones que se toman.
  1. No piden trabajo sin sentido a sus agencias y proveedores sólo para cumplir el capricho de algún director en la organización. Defienden el valor del trabajo de ellos como lo que es: el suyo.
  1. Se hacen responsables de sus pendientes olvidados y del trabajo que no quieren o sienten que no tienen tiempo de hacer, sin pasarlo irresponsablemente  al ejecutivo de la cuenta que los atiende.
  1. No tratan a sus socios de negocio clave como un proveedor desconocido y desconectado al que le piden trabajo como si se tratase de un kilo de tortillas. Por el contrario, los lideran como lo que son, un integrante importantísimo de su equipo de trabajo.
  1. Evitan el re-trabajo de sus colaboradores proveyendo dirección clara desde el inicio. Son claros en la definición de las expectativas del trabajo requerido y lo son aún más al dar retroalimentación sobre el recibido.
  1. Respetan el tiempo de las personas involucradas en su cuenta. Evitan el “juntismo” y son cuidadosos al convocar sólo las reuniones que son imprescindibles para avanzar en los proyectos en curso y a la vez, sólo invitan a estás a las personas indispensables para conducir la reunión y tomar decisiones que resulten en acciones.
  1. También respetan el tiempo libre de las personas involucradas con su cuenta. Tratan de organizar el trabajo de modo que sean puntuales en sus solicitudes y retroalimentación; y reconocen que la gente en su equipo necesita tiempo de descanso y recreación para ser creativos, innovadores, eficientes y eficaces en su trabajo. Jamás usan frases como “no me importa que no duerman, mañana me lo entregan.”
  1. Reconocen la importancia del trabajo que sus socios de negocio hacen para su organización. Piden las cosas por favor, explicando porqué es importante lo que se está solicitando  y si se equivocan desde adentro, en su trabajo, tienen la confianza para, con transparencia, pedirle a sus socios ayuda para resolver el problema en el que se metieron.
  1. Aprecian el  talento y la experiencia de las personas involucradas en su negocio y escuchan las recomendaciones que estos profesionales les hacen, tanto para lograr los objetivos de negocio, como para mejorar los procesos de trabajo.
  1. Celebran el buen trabajo de sus proveedores, dándoles el crédito de los logros y éxitos obtenidos y aceptando la co-responsabilidad que tienen con ellos cuando las cosas no salen como se planearon.

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¿Cuándo fue la última ocasión en que hiciste algo por primera vez?

 

¿Cuándo fue la última vez que comenzaste una nueva aventura? ¿Hace cuánto tiempo que no intentas algo nuevo en tu vida? Un nuevo deporte, una nueva ruta, un hobbie que no habías probado, un trabajo que nunca antes habías explorado o una clase de ese idioma que no hablas.
¿O qué tal una competencia que siempre habías ignorado? Tejer, programar código, cultivar tu propia comida o cualquier otra cosa que en algún momento u otro has pensado que te gustaría aprender.

Con frecuencia pensamos en todas aquellas cosas que quisiéramos intentar, los lugares que nos gustaría conocer y las nuevas competencias que nos interesaría aprender… hasta que tenemos enfrente la impertinente oportunidad de actuar en consecuencia con lo que predicamos y tenemos que elegir entre, en efecto, hacer lo que tanto decíamos que queríamos hacer o poner decenas de nuevas excusas para evitar el momento de entrar en acción.

Todos decimos que queremos hacer algo nuevo, diferente, un cambio, pero muy pocos en realidad tienen las agallas de hacerlo porque solo esos cuantos están dispuestos a pasar por el incómodo momento de no saber.
Y en realidad ¿Cuánta gente se siente verdaderamente cómoda mostrando su ignorancia? ¿Cuántos están dispuestos a dejar ver su incapacidad para hacer algo nuevo, algo que aún tienen que aprender, comprender, asimilar, integrar y practicar día con día para llevar a un punto mínimo de suficiencia?

Cuando intentamos algo por primera vez estamos iniciando un nuevo proceso de aprendizaje y el no saber, el no dominar una actividad desde el primer momento que lo intentamos provoca en muchos una enorme frustración aderezada con la sensación de sentirse estúpido, inadecuado, torpe o incapaz de adoptar una nueva habilidad.

Muchos, la mayoría, se regalan la salida fácil comparándose con los más grandes maestros en la actividad a la que aspiraban, argumentando que ellos son especiales y tuvieron una situación particularmente privilegiada que les permitió llegar a donde están. Y puede ser que sí, que algunos de estos personajes, casi legendarios, hayan vivido circunstancias especiales que les ofrecieron una plataforma desde la cual pudieron desarrollarse, pero ninguno de ellos en realidad hubiera hecho nada, sino hubiesen tomado la decisión de hacer algo por primera vez.

La realidad es que no tenemos que ser el siguiente Richard Branson o el próximo Elon Musk. Ya hay un Larry Page y nadie será el nuevo Sergei Bryn.

Pero eso no significa que no podamos encontrar en algo nuevo para nosotros a nuestro nuevo yo.
O que no podamos descubrir en nosotros una capacidad asombrosa de hacer todo eso que jamás pensamos que podríamos hacer, tan solo porque nos decidimos a aceptar ,como natural, la sensación de la torpeza de comenzar a aprender de nuevo para hacer nuestra la emoción de intentar algo por primera vez.

Y entonces habría que preguntarse: Esta semana ¿Qué cosas nuevas harás por primera vez?

Imponer, convencer, persuadir, influir.

Captura de pantalla 2015-01-11 a las 14.22.52Imponen quienes no tienen autoridad moral pero sí una formal. Quienes tienen el poder y las palancas de control de su lado, con las que compensando distintas carencias de conocimiento, experiencia, empatía, etc. obligan a otros a seguir sus instrucciones y a cumplir con sus exigencias aún si están equivocadas o no; impone quien no busca el beneficio de todos sino de unos cuantos. Impone quien sólo conoce una manera de hacer las cosas y tiene pánico a experimentar y aprender.


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Convence quien tiene control de la información para manipularla, amasarla y dar forma a argumentos que hagan ver los del otro como incompletos, equivocados, poco válidos o incluso absurdos, logrando que los propios sean validados como los correctos o la mejor verdad a aceptar.
Convencen quienes no necesariamente buscan un “ganar-ganar” o tienen un interés muy en particular.

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Persuadir es un sinónimo de convencer. Pero persuade mejor quien además de contar con la información intelectual que se requiere para convencer, además se ha tomado el tiempo de profundizar en su relación con otros, conociéndolos mejor y comprendiendo sus frustraciones y anhelos, para presentar sus argumentos de modo que sea casi el otro, el persuadido, quien se sienta convencido por sí mismo de lo que va a decidir.
Con frecuencia quien persuade sí está, o al menos cree fervientemente estar, auténticamente interesado en el bien estar de los demás.


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Influye quien es visto como un líder que tiene autoridad moral para hablar de un tema en particular. No solo con su equipo de trabajo directo. Va mucho más allá este. Además de tomar el tiempo para fortalecer y profundizar sus relaciones directas de trabajo o personales para conocer mejor lo que estas personas rechazan o anhelan, también se involucran en otros asuntos y proyectos, con frecuencia, sin esperar mucho a cambio. Influyen quienes deciden ser vulnerables y dan un paso adelante para compartir, para ayudar, para aprender.

La pregunta que queda es: ¿Queremos imponer, convencer, persuadir o influir?

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2015, mi tema de vida, mis #Daily5’s.

Este es el noveno año consecutivo en que no declaré ni un solo propósito de año nuevo.

En lugar de hacer falsas promesas rápidamente abandonadas desde las primeras semanas del año; definiré, una vez más, mi tema de vida para 2015 con el que guiaré mis acciones durante los siguientes 12 meses.

Suena raro, lo se. Pero no lo es tanto.

De lo que se trata es de definir un norte que seguir. De tener una visión y una dirección clara para todo el año que, alineada con nuestro propósito de vida, nos den suficiente claridad para avanzar hacia nuestros objetivos y a la vez nos den el espacio necesario para ser flexibles ante los retos que podamos sortear a lo largo de los próximos 365 días.

Verán, los propósitos suelen ser absolutas, absurdas, genéricas e inflexibles promesas que no permiten rango alguno de movimiento; o los cumples o no.

O bajas esos 10 kilos que te prometiste para el día del mes que dijiste que lo harías o no.
O corres esos 10 kilómetros diarios que aseguraste que correrías desde el primer día del año o no.
O dejas de fumar a partir del día exacto en que dijiste que lo harías o no.

¿Lo ven? Promesas que a la primera posibilidad de ser incumplidas permiten la excusa perfecta para no realizarlas y el pretexto idóneo para aplazar un año más lo que debimos hacer hace tantos años atrás.

En cambio, con una visión que puede ser resumida en tan solo 5 frases que representen nuestras más grandes prioridades o aspiraciones para el año que estamos comenzando, podemos marcar un camino que recorrer a  lo largo del cual, podemos implementar distintas acciones para vivir, desde hoy, alineados con dicha visión.

Cinco prioridades, no cinco objetivos.

Mis #Daily5’s, hashtag con el que comencé a nombrar y etiquetar estos cinco conceptos desde hace varios años ya, son las cinco cosas más importantes para ti en el nuevo año.

En mi caso, mis #Daily5’s son:

  1. #HighEnergy – Mantener un alto nivel de energía que me permita hacer todo lo que tengo y quiero hacer día a día.
    En su libro “Why the way we are working is not working”, Tony Schawrtz explica, primero como nuestra energía es el único recurso “renovable” que podemos sostener y regenerar nosotros mismos, si somos capaces de trabajar en los cuatro tipos de energía con que contamos:

    1. Energía física, es decir la cantidad de energía con que contamos y en la que trabajamos más a través del ejercicio, la nutrición, el descanso y la recreación.
    2. Energía emocional, o sea la calidad de la energía con que contamos y en la que trabajamos más desde el punto de vista emocional.
    3. Energía intelectual o la manera en la que enfocamos y usamos la energía con que contamos. Tiene que ver más con cómo usamos nuestra energía, como evitamos el llamado “multi-tasking” y como priorizamos y tomamos acción bien enfocada en lo que tenemos que hacer.
    4. Finalmente, la energía espiritual. Que no tiene que con aspectos religiosos ni esotéricos, sino más bien con que tan alineadas están nuestras acciones, esas en las que invertimos nuestras energía intelectual, emocional y física, con nuestros principios, valores y prioridades en la vida.
  2. #KeepLearning: continuar aprendiendo. Hace unos años leí una frase que me quedó muy marcada: “cuando uno deja de aprender termina de crecer; y cuando uno termina de crecer comienza a morir”.
    Desde ese entonces no he parado de buscar aprender cada día algo más.
    Claro, hay días en que hacerlo resulta más difícil que otros, pero incluso en esos días llenos de pendientes, busco, ya como rutina, casi ritual, darme un espacio temprano por las mañanas para leer y estudiar.
    Otra cosa que hago es aprovechar la tecnología y los que muchos tachan como “tiempos muertos”, para escuchar un podcast, por ejemplo, mientras manejo rumbo al trabajo.
    Este año, además quiero incrementar la cantidad de cursos y seminarios que pueda tomar.
    Y claro, viajar más.
  3. #KeepSharing: continuar compartiendo. Dicen por ahí que uno no termina de aprender hasta que es capaz de compartir con otros lo que ha estudiado.
    Esto, junto con una visión y convicción de que la abundancia y prosperidad se generan compartiendo, es lo que desde hace más de 8 años,  me ha impulsado a compartir lo poco que se a través de cursos, diplomados, talleres y conferencias.
    Este año no será la excepción, por el contrario, intentaré, en la medida que mi trabajo me lo permita, no solo continuar coordinando e impartiendo clases en el Diplomado de Marketing Digital Integral de Collective Minds y la Universidad Anáhuac y en el Master on Internet Business del ISDI, pero también participar más como conferenciante en otros eventos, congresos y seminarios.
    Y por supuesto retomar mis posteos semanales, aquí en DLC, también. Quién sabe, quizás producir un nuevo podcast, sea también una posibilidad.
  4. #WorkThaMatters: Decía Peter Drucker que no hay cosa más inútil que hacer eficientemente aquello que justo no debía hacerse. Y a veces, el trabajo se puede sentir así. El remedio, creo, no está necesariamente en hacer otro trabajo, sino en darle sentido al nuestro. Entender cuál es nuestro propósito, cuál el de la organización para la que trabajamos y cómo los alineamos. Tiene mucho que ver con la energía intelectual y espiritual.
    Tal vez el truco esté en entender bien lo que David Cottrell expone en sus libros de coaching y liderazgo: Profundamente entender y siempre recordar cuál es la prioridad clave en nuestro trabajo. Hacerlo tan solo pueda ayudar a mantenerse bien enfocado, tomar acción y hacer un trabajo que realmente impacte la vida de los demás.
  5. #StayHappy: Mantenerme contento. Definitivamente la más difícil de las prioridades que tengo este año. Si bien desde hace tiempo practico el ser agradecido todos los días y tener siempre presente lo muy afortunado que soy, mantenerme contento y aprender a disfrutar es un cambio decisivo de actitud que aún no he logrado hacer.
    Darme permiso de soltar y gozar el momento, disfrutar mucho más cada instante con mi familia, pasar más tiempo con mis amigos, divertirme un poco más en mi trabajo y gozar de momentos conmigo mismo, es algo que ocupará un muy alto lugar en mi lista de prioridades a lograr.

Cinco prioridades que dan tema a mi nuevo año. Cinco guías que seguir, resumidas en sencillos hashtags que puedo usar día a día para recordar y registrar como he de vivir los siguientes 360 días con mis #Daily5’s.

Y ahora es su turno: ¿Cuáles serán sus #Daily5’s?

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Si quieres llegar lejos…

“Si quieres llegar rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.

Pero ¿Qué tan lejos podemos llegar con una mala compañía?

Estamos arrancando el año y con este nuevos proyectos o nuevas etapas en nuestros trabajos; y no es raro que en esta época del año muchas empresas comiencen a formar, reestructurar o fortalecer sus equipos de trabajo.

Curriculums recomendados, perfiles referidos y cartas de presentación van y vienen.

Mientras unos mantienen la esperanza de por fin encontrar el empleo que solucionará su vida, otros buscan con prisa cubrir la plaza vacante antes de que sea ocupada para algo más. El hambre se junta con las ganas de comer y la angustia del desempleo se combina con la presión de cubrir una posición.

En un principio todo parece funcionar. Los “peros” son enmudecidos ante la prisa de un oportuno nuevo ingreso; y la falta de aptitud, o pero aún de actitud, se cambian por la conveniencia de un sueldo más accesible y el falso consuelo de un “ya aprenderá”… Hasta que todo comienza a fallar.

La pronta contratación se convierte en una mala contratación y la persona que integraste a tu equipo, de un momento a otro deja de ser promesa para convertirse en amenaza.
No siempre porque la persona contratada sea un mal elemento sino porque tal vez se le colocó en el lugar equivocado.

Según John C. Maxwell el 80% de las probabilidades de éxito en el desarrollo de un empleado está en su contratación, así que en un proceso tan importante como este, no deberíamos tomar una decisión sin antes plantearnos, al menos 5 preguntas básicas para integrar a alguien a nuestro equipo (preguntas, por cierto que también uno como candidato puede hacerse para aceptar una posición):

1) ¿Sabe(s) hacer el trabajo que se requiere? ¿Tiene(s) el conocimiento, la experiencia y las horas de vuelo realmente necesarias para considerarse(te) un profesional, especialista o experto, con la madurez e inteligencia emocional básica requerida para el trabajo? ¿Es(eres) la mejor persona para hacerse cargo de esa labor o sabes que hay alguien más con quien aún no has(han) conversado?

2) ¿Comparte(s) los mismos valores y principios de la organización? ¿Son estos igual de importantes para el/ella(ti)? ¿Será(s) capaz de mantener los más altos estándares de ética profesional al desempeñarse(te) en el trabajo?

3) ¿Está(s) buscando la plaza por llenar (obtener) rápido una posición y salir del problema o realmente está(s) apasionado por el trabajo que va(s) a realizar? ¿Realmente esta(s) interesado(a) en crecer desempeñando ese rol o al primer obstáculo o primer externo que le(te) ofrezca mil pesos más pensará(s) en irse?

4) ¿Se trata de (eres tu) una persona capaz de liderar a todo el equipo de trabajo, incluso a la cabeza de este?

5) ¿Abonará(s) positivamente a la dinámica del equipo, fortaleciendo los lazos entre sus integrantes, o podría(s) ser un agente de conflicto? ¿Sumará(s) al equipo de trabajo y complementará(s) las capacidades de este para elevar la calidad y cantidad del trabajo entregado? ¿Mejorará(s) el equipo y dejará(s) a quienes forman parte de este mejor de como estaban antes de trabajar con el/ella (contigo)?

Plantearse preguntas como estas puede resultar a veces difícil e incómodo, pero más seguro que no, no hacerlas a tiempo, sería mucho peor.

Abrazando la incomodidad

A nadie nos gusta sentirnos incómodos.

La mayoría de la gente pasa prácticamente toda su vida buscando tener una vida cómoda. Es naturaleza humana.
El problema, sin embargo, es que con enorme frecuencia muchos confunden resignación con satisfacción y comodidad con realización; engañándose con pretextos como: “tengo una casa pequeña, pero no necesito más”, “un trabajo que no me paga lo que necesito pero el horario es cómodo”, “un puesto mediocre pero seguro”, “podría hacer más pero eso no está en la descripción de mi trabajo”, etc.
Pensando equivocadamente que si logramos rodearnos de las comodidades más básicas, con el más mínimo esfuerzo posible, entonces lograremos vivir como queremos.

Pero comodidad no es igual a realización.

Una cosa es ser agradecidos y apreciar profundamente lo que hemos logrado y hasta donde hemos llegado; y otra totalmente, querernos engañar con una falsa satisfacción que resulta ser el disfraz de la resignación de no creernos capaces de lograr aún más.

Sucede en el trabajo y también en nuestra vida personal. Lo mismo con la salud que con nuestra educación. Incluso hasta con a dónde queremos ir de vacaciones.
A las empresas bloquea su crecimiento, cegando al equipo con la creencia de que, porque han logrado ya ser especialistas o hasta expertos en sus entregables, no tienen a dónde más crecer.

Pero mientras que para nuestros ancestros, la comodidad era sinónimo de seguridad, en un mundo tan cambiante y una época tan acelerada como la actual, sentirse cómodo es el primer riesgo.

Cuando uno se enajena en su comodidad, cesa su búsqueda por crecer y, como dicen por ahí: “cuando uno deja de crecer, comienza a morir”.

Por una clara razón en Inglés usan la frase de: “Growing pains”, porque crecer duele, es incómodo. Crecer, cambiar, evolucionar, avanzar, resulta siempre muy incómodo. Para muchos hasta angustiante quizás.
Cuando apostamos por crecer, visualizamos y esperamos lo mejor, pero nos sometemos a la incómoda realidad de no saber con certeza que sigue, qué nos espera a la vuelta y cómo todo será.

Pero es esa incomodidad la que nos lleva a continuar. Porque no habría tragedia más grande que engañarse con la noción de que ya no necesitamos más para volver a una falsa comodidad.

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Mi tema personal en 2014.

No me he hecho un solo propósito de año nuevo desde, al menos, hace 8 años.

Verán, no creo en los propósitos establecidos bajo la presión del final de un ciclo y el inicio de uno nuevo con el que quisiéramos que casi por acto de magia, los malos hábitos y viejas costumbres que tenemos se borren para dar lugar instantáneo a nuevas prácticas con las que bajaremos de peso, abandonaremos nuestros vicios y nos convertiremos en el mejor padre, pareja, profesional, atleta y gurú espiritual.

Tampoco creo en las promesas del “mañana”, el “ahora sí”, ni mucho menos en la de “el nuevo –pon tu nombre aquí-“ o “el año del –pon de nuevo tu nombre aquí-“.

En lo que sí creo es en los ciclos. Creo en las nuevas oportunidades que cada nueva etapa trae consigo. Y estoy convencido de que, a pesar de los retos que cada periódo pueda presentarnos, nosotros tenemos el enorme poder de decidir cómo los queremos enfrentar  y vivir.

Y esa decisión, consciente y clara, año con año, desde el 2006, la he llamado “mi tema del año”. Es decir el tema o concepto rector sobre el que basaré cada decisión, cuestionamiento y acción que tome durante el año.

Suena un poco raro, hasta exagerado tal vez. Quizás, incluso, algunos pudieran sentirse hasta restringidos; obligados a apegarse a una sola forma de ver o hacer las cosas. Pero, por el contrario, tener un tema del año, se trata justo de contar con marco de referencia bajo el cual planear, actuar, medir y modificar cada acción que llevemos a cabo durante los siguientes meses.

Más frecuente que no funciona muy bien. Y cuando algo comienza a seguir un camino que no tenías planeado y enfrentas retos que simplemente no esperabas, te permite tener una base y un norte a donde mirar para orientarte y asegurarte de que estás viviendo, o al menos intentando, vivir tu vida como la quieres vivir.

Y así para este año mi tema será: Disfrutar, agradecer, claridad, acción y soltar.

Debo aprender a Disfrutar más de cada momento que vivo, especialmente con mi familia, con mis amigos, en mi trabajo y en mi casa. Debo hacer conciencia de los sano que realmente estoy y disfrutar mi salud y ejercitarme más.
Debo disfrutar mucho más lo poco o mucho que he logrado y apreciar profundamente cada lección, cada momento y cada amistad que en los últimos años he construido.

Desde hace años practico ser agradecido, pero agradecer todos y cada día por uno nuevo, es algo que debo seguir haciendo de forma consciente, sincera y humilde. Porque ser profundamente agradecidos es lo que nos permite apreciar lo verdaderamente afortunados que somos. No en comparación con los demás, sino con nuestra propia vida. Ser agradecidos evita caer en la codicia, pero nos mantiene con una sana ambición. Ser agradecidos, nos mantiene abiertos a la abundancia y prosperidad.

Debo tener mayor claridad sobre lo que quiero, a dónde voy, por qué y con quién.
Tener una visión clara nos abre el panorama y ofrece un buffet de opciones y posibilidades para alcanzar la meta que nos hemos trazado.
Con frecuencia hacemos una enorme lista de cosas que desearíamos tener o hacer, para luego abandonarla para atender aquello que es urgente para otros.
Y eso sucede porque desear no es lo mismo que querer.
Querer tiene intención, la intención da claridad y la claridad nos ayuda a tomar acción.

Y tomar acción, continua, contundente y permanente, es precisamente otra de las cosas que en 2014 continuaré haciendo.
La mejor de las intenciones no vale nada si no la llevas a cabo.
Hace tiempo uso el mantra en Inglés de “Make it happen” y en 2014 lo seguiré usando, haciendo cosas suceder.

Y finalmente, soltar. Para soltar se requiere claridad y acción… check! Pero sobre todo, se requiere valor. Valor para soltar aquello que crees desear pero que sabes no realmente querer. Valor para soltar la necesidad de agradar a los demás y aprender a decir que no. Valor para soltar lo que alguna vez funcionó y ya no más.
Valor para soltar el timón de vez en vez y permitir que las cosas sucedan también.

Así mi tema para el año que comienza: Disfrutar, agradecer, claridad, acción y soltar.

Y el de ustedes ¿Cuál es?

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Pasión versus profesión

¿Cuántas veces han escuchado a alguien decir: “encuentra tu pasión y vívela. Sigue tus sueños, que nada importa más que eso”; para sólo darte cuenta que has mal seguido el consejo de una idea a medias, reducida a eso por algún vendedor de sueños que sólo quiere aparentar tener la vida perfecta, o porque te has obsesionado tanto por ese sueño que te has encerrado en un interminable ciclo de simple auto indulgencia y auto complacencia, sirviendo sólo a tu ego pero no a los demás?
“Tengo el talento nato para hacer x o y, y no puedo dejar de perseguir mi sueño y desarrollar mi don” te mientes a ti mismo, para justificar no trabajar como el resto, mientras te pierdes en tu soberbia.

El talento es sólo el 10% del camino o tal vez aún menos, el otro 90% está en el trabajo que realizas para compartir tu talento en servicio de otros.

Por supuesto que debemos perseguir nuestros sueños y seguir nuestra pasión, pero pasión no es lo mismo que profesión, y salvo por algunos extraordinarios casos, la mayoría tenemos que ejercer una profesión para ganarnos la vida y con ella la posibilidad de seguir nuestra pasión.

Quizás sea la ilusión de la casi ilimitada accesibilidad a información y contactos con la que contamos hoy a través de las tecnologías digitales y sociales que nos hacen creer que tenemos todo al alcance de nuestras manos; o tal vez el incansable trabajo por obtener estabilidad, seguridad y hasta reconocimiento de generaciones anteriores lo que hace a muchos vivir con un absurdo sentido de merecerlo todo y pensar que, por lo tanto no tienen que trabajar en otra cosa que no sea complacerse a sí mismos.

Pero la realidad de las cosas tarda menos de lo que uno cree en enseñar su feroz cara para aleccionar a quien cree tener un vitalicio título de propiedad sobre todo sueño que cree poseer, para hacerlo trabajar, luchar, por ganarse el derecho a hacerlo realidad y entender así que una simple profesión puede hacer mucho por vivir nuestra pasión.

7 simples cosas que un líder jamás puede dejar de hacer.

Liderar un equipo no es cosa sencilla, sobre todo porque la mayoría quiere dirigir, administrar y controlar a una serie de “recursos humanos”, en lugar de liderar, facilitar e inspirar a un grupo de personas capaces de llevar a la organización al éxito al que esta aspira.

Son muchas las personas que buscan llegar a una posición “directiva” solo por el ácido gusto de escuchar a otros decirles jefes, pero por fortuna somos cada vez más quienes estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de liderar a un grupo para servir a este (y no servirse de este) y ayudarlo a llegar a los objetivos que se han fijado.

Sin embargo, aún cuando tu intención de liderar es auténtica y real, con frecuencia, la presión, los tiempos límites, los objetivos, etc. pueden hacer que olvidemos por momentos lo que significa ser un líder y lo que se requiere para hacerlo. Así que no cae nada mal recordar, de vez en vez, al menos 7 simples cosas que un líder no puede darse el lujo de dejar de hacer:

  1. Tener y compartir con su equipo una visión clara para el presente y el futuro del mismo. Objetivos claros, ambiciosos pero sensatos y alcanzables; previendo con anticipación los escalones que se asumen como pequeñas pero muy importantes victorias para marcar el avance hacia la obtención de dichos objetivos.
  2. Conocer, empatizar y comprender lo que teme y limita, motiva e inspira a cada integrante de su equipo. Conocer su historia, los retos que han conquistado y aquellos que aún tienen que vencer. Entender sus prioridades, valores y principios; y como estos concuerdan y se alinean con los de la organización.
  3. Respetar el tiempo y trabajo de su equipo. Conocer con detalle las labores que realmente tiene que llevar a cabo cada integrante del equipo para ejecutar el plan por el que, juntos, están trabajando; y entender el esfuerzo y tiempo que esto lleva, para darles el espacio y los recursos posibles y suficientes para que avancen. Y respetar, en todo momento, los tiempos personales de tu equipo para trabajar, para comer, para tomar un respiro, para su familia, para aprender y muchas otras cosas más. Seguro que de cuando en cuando habrá la necesidad de trabajar durante la hora de comida o hasta largas horas de la noche, pero esto debe ser tan solo la excepción y jamás una manera normal de operar.
  4. Reconocer y apreciar el esfuerzo que cada integrante hace día con día por el equipo. Agradeciendo sinceramente el trabajo realizado, celebrando los logros y el esfuerzo extra. Detectando y reforzando, sin apuntar dedos, los puntos débiles para hacerlos fuertes. Delegando mayor responsabilidad y ampliando el campo de acción y empoderamiento de cada miembro del equipo conforme, juntos, van avanzando en la formación de ambos.
  5. Cuidarse y respetarse a sí mismo. ¿Cómo un persona puede liderar a un grupo de personas si no es capaz de cuidarse a si mismo? La disciplina, la organización, el orden, el equilibrio y sano balance son rasgos que se ven a gran distancia en una persona. No importa cuan ocupados estén, ni el nivel de responsabilidad de estas personas, los líderes más exitosos, saben cuidar de sí mismos. Se dan el tiempo necesario para cuidar su salud, comen ordenadamente, ejercitan no solo su cuerpo, pero también su mente y espíritu; y cuidan hasta con los dientes su vida familiar. Sino, ¿cómo podrían tener cabeza para liderar?
  6. Continuar estudiando y preparándose y mantenerse en continuo crecimiento. “Cuando uno deja de aprender, deja de crecer. Cuando uno deja de crecer, comienza desaparecer”. Nada más que decir.
  7. Desarrollar nuevos líderes. Suena a cliché, sí. Pero la realidad es que el trabajo de un líder no es crear y mantener seguidores que hagan caso ciego a lo que se les pida, sino identificar, atraer y desarrollar personas capaces de ser nuevos líderes. Profesionales mejor preparados y capacitados, incluso más que el propio líder. El rol del líder no es ser quien más sabe o mejor hace las cosas, sino ser un integrador de talento, facilitador de recursos y catalizador del mejor trabajo de los nuevos líderes que está formando.

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Jamás dejes de intentar.

“Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar”, me he repetido a mí mismo más de 10 veces cada día, todos los días por los últimos ocho meses.

“Siente el fracaso, reconoce el dolor, digierelo y hazlo de lado”, es un consejo que en cientos de formas distintas he leído una y otra vez en veintenas de libros a lo largo de los años y que durante los últimos 227 días me recordado a mí mismo una y otra vez.

“Analiza, medita y haz lo posible por entender en qué fallaste y qué es lo que tienes que aprender de todo esto”, me he dicho a mí mismo día tras día siguiendo las lecciones y consejos de mis coaches y mentores, familiares y amigos.

Pero, “trata de no pasar más tiempo del necesario pensando en lo que no pasó y en lo que no tenía que pasar y enfoca tu atención en trabajar y hacer suceder aquello que quieres lograr”, fue el mejor consejo que pude abrirme a escuchar.

Una vez que entendí que nada iba a lograr lamentándome por el engaño y desencanto de una persona, ni por el enojo y la frustración de ver mermado un sueño, pude poner toda mi atención en retomar mis objetivos y comenzar a trabajar de nuevo en construir aquello que quiero lograr.

A pesar de lo mucho que lo puedes escuchar y hasta predicar, la resilencia y flexibilidad son, en un principio, realmente difíciles de encontrar en uno mismo, pero una vez que las encuentras (y encontrarlas lo harás) se convierten en tu principal herramienta de trabajo para construir el proyecto de vida que quieres vivir.

Y así, con un nuevo aire, renovado enfoque y un adquirido sentido de humildad, es que dejas de reclamar y te pones a trabajar, a construir y a vivir.

Logrando nuevas pequeñas, medianas y grandes victorias; y aprendiendo nuevas lecciones de nuevos desencantos y nuevos logros también. Apreciando y agradeciendo todo lo que tienes y lo que ya no también. Valorando aprender a desprenderte de aquello que en algún momento te fue de gran valor y que al por fin soltarlo te regala la sorpresa de que al hacerlo dejó contigo el doble de dicha que en un principio, cuando lo adquiriste, te dió.
Revalorando de forma distinta los recursos con que cuentas, mirando con nuevos ojos todo el abanico de oportunidades que se presentan frente a ti, agradeciendo profundametne que tienes a tu lado a las personas que decidieron estar contigo en tus peores ratos, redescubriendo aliados y fortaleciendo tu amor por tus seres amados.

¿Te caiste? Levántate.
¿Te metieron el pié? Ponte de pié otra vez.
¿Fallaste? Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar.

6 preguntas, una pirámide y tu marca personal

Se dice por ahí que nunca hay que responder una pregunta con otra pregunta.

Sin embargo, durante los últimos años, en los que como coach ejecutivo y personal, tuve el privilegio de ayudar a distintas personas (altos ejecutivos, empresarios y emprendedores y jóvenes que comienzan su carrera) a re-encontrar y definir su propósito de vida. Es decir, ese gran porqué de vida que guía cada acción y paso en su camino; fueron exactamente 6 preguntas, que luego acomodé en un modelo piramidal, las que nos ayudaron a responder ¿Qué sigue ahora?

Seis  simples preguntas que con frecuencia olvidamos hacernos para asegurarnos de estar en el camino que queremos recorrer:

Primero la base:

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¿No sería genial poder trabajar siempre haciendo lo que mejor sabemos y más nos gusta hacer? Es la situación ideal en la que encontramos plena satisfacción en hacer lo que nos encanta y “hasta nos pagan por hacerlo” ¿o no?

El problema con esto es que, a pesar de sonar maravilloso, se queda corto cuando hablamos de realizarnos en lo profesional y en lo personal, pues corremos el peligro de atorarnos en una incesante búsqueda de autosatisfacción, complacencia e indulgencia.

Entonces es el momento de responderse dos preguntas más, que ayudan a reunir los dos extremos de base de lo que nos gusta y sabemos hacer:

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Definir claramente a favor de quiénes podemos hacer eso que más nos gusta y mejor sabemos hacer y entender cómo podemos beneficiarles así, es la diferencia entre una solitaria satisfacción y una auténtica realización.

Pero aún respondiendo esto seguimos algo cortos; limitados a la idealización, pues falta la manera de poner todo esto en acción y darle un sólido cimiento que nos ayude a mantener el curso que estamos eligiendo:

Captura de pantalla 2013-08-13 a la(s) 16.41.39Tener siempre presente las cosas que más valoramos en nuestra vida, la familia para unos, la libertad financiera para otros, la salud física para unos más; así como los principios más sólidos que sirven de timón en todo lo que hacemos: honestidad, valor, trabajo, honradez, humildad o cualquiera que sean los principios y valores que sostengamos, resultan la mejor y única brújula para guiar las decisiones que tomamos.

Para finalmente, dejar de idealizar y comenzar a accionar. Es decir, encontrar la actividad profesional y personal que mejor nos permitirá dejar nuestra marca o legado personal en la vida de los demás.

Seis simples preguntas de hacer, aunque no tan fáciles de responder.

Algunas lecciones parte 1: De colaboradores, valores, principios y prioridades.

Lecciones. Puedo decir con confianza que, de los últimos tres años, tengo todo un almanaque de estas.

Dicen por ahí que la única manera de terminar de aprender algo es compartiendo tu experiencia con los demás. Que una vez que seas capaz de explicar con algo de claridad lo que has aprendido, podrás terminar de grabar esa lección en tu mente; y que conocimiento que no se comparte pierde por completo, su valor.

Así que ahora, intentaré hacer algo de sentido de algunos de estos aprendizajes, compartiéndolos aquí. Empezando por la enorme importancia que tiene saber rodearse de las personas correctas y tener mucho cuidado en entender a quiénes dejamos entrar a nuestras vidas.

“Si quieres llegar rápido, viaja solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”, dice con mucha razón el dicho. Lo que no dices es que si no somos cuidadosos, la compañía que elegimos, no solo no nos ayudará a llegar lejos, pero también nos detendrá, o al menos entorpecerá nuestro avance.

Si las personas de quienes nos rodeamos no tienen valores semejantes a lo que nosotros más valoramos, si no se rigen por principios similares a los nuestros y si no comparten la misma misión, difícilmente caminarán en la misma dirección.

Puede ser que en un inicio la emoción de comenzar una nueva aventura empuje a unos a ceder un poco y a otros también, para alinearse con las prioridades y objetivos que han trazado. Pero poco tiempo se requiere para que cada quien vaya mostrando (o monstruando) sus “verdaderos colores”.

El primer reto es que todos compartan la misma misión, con la misma pasión. Si alguien no está cien por ciento alineado con la meta y el plan de acción que han definido, pronto de distraerá con otro camino.

El segundo obstáculo que hay que sortear es que todos compartan los mismos valores. Puede ser que todos estén convencidos de que la dirección que han trazado para el grupo, es la correcta, pero si alguien en el grupo, en realidad no valora el “por qué” están haciendo lo que hacen, y solo está ahí porque le parece una buena manera de ganar algo de dinero, mientras “ayuda” a una buena causa, la causa más importante para este será tener más dinero y en tanto esta oportunidad se le presente se irá sin dejar huella alguna, abandonado al grupo tal vez incluso cuando más se le necesita.

Y el tercero y más importante tropiezo que podemos llegar a enfrentar es que, en efecto todos compartan apasionadamente la misma misión y que todos sostengan los mismos valores; pero si tan solo un miembro del equipo no se rige por los mismos principios, más temprano que tarde, la burbuja reventará. Puede que todos quieran llegar al mismo destino y todos valoremos mucho la perseverancia y el éxito, pero si en los principios de otro no está la honestidad y la honradez, puede anular por completo ese éxito. Puede que todos valoren muchísimo el desarrollo del talento, pero si en principio alguien lo hace por el reconocimiento y prestigio que esto le puede traer versus el impacto que puede dar ¿a qué le pondrá mayor atención?

Al inicio, en medio de la confusa emoción de emprender un nuevo camino, puede parecer que todo funcionará muy bien, pues nos hemos asegurado de tener las herramientas y sobre todo a las personas correctas con el conocimiento preciso y las experiencia exacta para nuestro recorrido, pero si en el fondo la misión no es la misma para todos, si en verdad no compartimos los mismos valores y no son los mismos principios los que rigen esa caravana, muy pronto esta se desmantelará en los intereses escondidos que algunos ocultaban.

De ahí la tremenda importancia de aprender a asociarse y rodearse de las personas correctas.

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