De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Menos estrellas y más artesanos.

Desde siempre, la mayoría de las personas hemos aspirado, en distintos momentos de nuestras vidas a ser estrellas en algo; en la escuela, en el trabajo o hasta en los restaurantes que frecuentábamos deseábamos ser reconocidos y famosos.
Pareciera que ser famoso, incluso si era por un mal nombre, era un símbolo de éxito.

Hasta hace poco, muy poco realmente, eran solo algunos cuantos quienes tenían la oportunidad de, en efecto, hacerse famosos: actores, jet setters, empresarios prolíficos o políticos eran quienes típicamente ocupaban las listas de popularidad.

Por supuesto cada gremio tenía sus propios grupos de famosos. Pero, más frecuente que no, a estas personas se les reconocía por su trayectoria profesional, por su aportación a la industria y sus historias, bien ganadas de éxito. Y si había quien se hiciera famosos de la noche a la mañana, usualmente era por un mal nombre o un “one hit wonder” que se perdía de vista al poco tiempo.

No, ser una estrella, no era para cualquiera.

Entonces las redes sociales llegaron, con la maravillosa promesa de que, con el mínimo esfuerzo y poco, muy poco trabajo, cualquiera podría acceder y escalar en las listas de popularidad. Y no solo eso, sino que muchos podrían simular e inventar una personalidad, que digo personalidad, una vida completa alterna a su realidad.
De repente, nombres de personas que jamás se habían escuchado en una u otra industria comenzaron a escucharse y nuevos famosos se engendraron, no por su trabajo o contribución, sino por la simpatía de sus perfiles.

Y hoy, prácticamente cualquiera puede ser, o sentirse, una estrella. Pero más estrellas es justo lo que menos queremos. Personas que su único motor es sentirse reconocidas, que lo único que quieren es auto-satisfacer su ego y llenar sus arcas, son lo último que necesitamos.

No, ya no queremos estrellas. Hoy queremos artistas.

Artistas, o al menos así es como pensadores como Seth Godin o Robin Sharma les llaman es lo que sí necesitamos. O artesanos, como prefiero llamarles yo.
Personas que, más que estar obsesionados por ser populares, hacen de su trabajo, el que sea, un arte; casi una pieza de colección con la que conectan con quienes trabajan y viven a su alrededor.

Artesanos del alma que con su trabajo y esfuerzo buscan tocar la vida de los demás y dejar a la persona, la empresa, la industria, la comunidad, la sociedad y el mundo con el que conviven todos los días, mejor de lo que lo encontraron.

Artesanos de corazón que saben que no importa cual es su título en una organización, ni su lugar en el organigrama para tocar la vida de otros y hacerlos sentir y estar mejor.

Artesanos que sin importar si son el CEO de una empresa, un maestro en una escuela, un policía en la calle, un ejecutivo de ventas, etc. no buscan el aplauso de la masa, sino la sonrisa de quienes con una mirada les dicen, gracias porque con su esfuerzo y trabajo buscan todos los días, desde su trinchera, hacer un lugar mejor para todos.

Artesanos que hagan de su empresa un taller y de su trabajo una pieza única, distinta y especial con la que tocan la vida de los demás.

No, no necesitamos más estrellas. Necesitamos muchos más artesanos.

Recetas de vida… no las hay.

Ayer, durante la comida, una querida amiga me contó una breve fábula:

Un día una mujer le prometió a su esposo que prepararía su platillo favorito: Pierna de cerdo al horno, con la receta secreta de su mamá. Siempre que él prometiera acompañarla al mercado a comprar todo lo necesario.Entusiasmado el hombre aceptó. Al día siguiente, de acuerdo a lo planeado, fueron al mercado donde puesto por puesto compraron todos los ingredientes que la famosa receta indicaba. Cuando llegaron a la carnicería la señora le dijo al carnicero: “Me da por favor una pierna de cerdo y le corta 5 centímetros de la parte más ancha por favor.” Extrañado, el marido le preguntó: “¿estás segura de lo que pediste? ¿Quieres que le quiten 5 centímetros de la parte más ancha de la pierna? ¿Por qué?”. A lo que ella simplemente respondió: “claro, así lo dice claramente la receta de mi mamá”, a la vez que le mostraba, con toda la confianza y confort que tener un contrato por escrito da, el papel que, en puño y letra de su mamá, contenía la tan famosa receta.
El esposo no pudo con la duda así que en la primera oportunidad que tuvo, preguntó a la mamá de su esposa por qué la receta decía que había que quitarle 5 centímetros de carne a la parte más ancha de la pierna de cerdo. A lo que ella contesto con similar certeza: “porque así lo indica la receta que me pasó mi propia madre.”. El señor, ahora aún más integrado por esta receta trans-generacional, visitó a la abuela de su esposa con el propósito único de saber por qué su receta secreta indicaba, con tan absoluta claridad, que para preparar su famosa pierna de cerdo había que quitarle 5 centímetros de la parte más ancha de la pierna. La abuela, incrédula ante semejante pregunta, con ternura respondío: “fácil hijo, porque sino se los quito, la pierna de cerdo no cabe en el horno de mi cocina”.

Y tengo que preguntar: ¿Cuántas veces no hemos hecho o dejado de hacer algo porque la receta que nos pasaron considera un ajuste que era, en realidad, específico y único para las condiciones de vida de otra persona?

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Siempre hay una receta de vida que queremos seguir.

Con mayor frecuencia que no, seguimos la receta que otros han preparado para nosotros y recorremos el camino que nuestro círculo social ha dado por bueno para nuestra vida. Con buenas intenciones, por costumbre, porque así lo hicieron otras generaciones en tu familia, etc, nos apegamos al instructivo de “cómo tú vida debe ser”, aún sin entender por qué o quién dijo que así tenía que ser.

En otras ocasiones, buscamos la fórmula secreta para “tener una vida exitosa” viendo la vida y obra de otros y pensando que si seguimos su camino podremos, entonces, vivir igual que ellos; olvidando que esa es la vida de otros y que no existe razón alguna por la cual las cosas tengan que funcionar exactamente igual para nosotros.

Algunas veces también, pretendemos dejar la responsabilidad del mapa que habremos seguir, en manos de alguna corporación que nos dicte cuándo, dónde y cómo habremos de seguir dicho mapa.

Y en otras también, de forma aún más trágica, bebemos demasiado de nuestro propio jarabe y formamos una imagen idealista e inflexible de lo que pensamos que nuestra vida debe ser para sentirnos felices.
En un inicio, tener una visión clara del estilo, forma, tipo y nivel de vida que queremos tener es muy bueno pues nos hace responsables de crear, construir y vivir nuestra propia vida. Pero entonces, si no somos cuidadosos y tomamos en cuenta que hay subidas y bajadas, cambios repentinos en nuestro entorno, responsabilidades y compromisos que cumplir, nuestra visión de vida se convierte, peligrosamente, en una obsesión que más pronto que tarde, obstaculiza la realización misma de la visión de vida que hemos definido. Opacando nuestra propia visión y limitando nuestro espacio de acción para movernos y hacer los ajustes necesarios a nuestro recorrido, trazar los nuevos caminos en nuestro mapa, asumir nuevos riesgos y recorrer el camino necesario para construir y vivir la vida que queremos vivir.

Porque no basta con solo soñar y pre-escribir una receta para vivir la vida que queremos tener; necesitamos vivirla con sus bajas y altas, con sus retos y cambios y con los grandes momentos y logros que hacen que todo, al final, valga la pena lo recorrido.

6 acciones para luchar contra la “Empleopía”.

Por definición una empresa es una organización que reúne el talento, experiencia y trabajo de distintas personas que comparten un fin común para, en equipo, construir los recursos necesarios para recorrer el camino que los llevará a realizar esa causa compartida por todos los integrantes de dicho organismo.
Uno pensaría que los principales retos que estos enfrentarían son la competencia, las crisis y recesiones económicas, el desabasto de materia prima o recursos, etc. Pero me parece que la peor amenaza que enfrentan no son estos sino una enfermedad altamente contagiosa pero muy curable también: La empleopía.
O al menos así he decidido llamar a la “cuasi-miopía” profesional que muchos integrantes de estas organizaciones aparentan padecer 99% del tiempo y que no les permite ver más allá de las funciones básicas-mínimas-indispensables-para-justificar-su-puesto-pero-no-para-dar-resultados-reales.

Seguro conoces muchos casos así o, tal vez, lamentablemente, hayas contraído también este padecimiento. Gente que más frecuente que no llega tarde para todo, que gasta su tiempo quejándose de su trabajo, aclamando lo que haría de ser el jef@ del lugar, constantemente buscando cómo tomar ventaja de la empresa para la que trabaja y prometiendo lo que jamás va a entregar, pero siempre alerta a la oportunidad perfecta para quedar bien con el jef@ aunque sea de forma temporal.

Definitivamente la “empleopía” puede hacer mucho daño, no solo dentro de la organización sino a todo el ecosistema alrededor de esta, impactando a accionistas, empleados, clientes y proveedores por igual.

Sin embargo hay algunas acciones que cada uno de nosotros podemos hacer, como empleados o empresarios para romper con este mal

Si eres empleado en una organización:

– Primero que nada, cumple con cada uno de tus compromisos. Entiende que tu trabajo tiene un impacto directo en el trabajo y la vida de decenas o cientos de personas más. Que cada compromiso incumplido, cada orden de compra olvidada, cada factura traspapelada, cada entrega retrasada, cada venta caída, mucho más allá de causarte un momento incómodo a tí, puede arruinar el trabajo de alguien más.

– Haz tuyo el negocio. Entiende que no eres un empleado más. Rompe con el engaño de que tu trabajo es insignificante y no aporta a los demás. Comprende que no importa el título que ostentes, tan importante es el trabajo de quien hace la limpieza en la oficina como el del director de esta, y que gracias al trabajo de estos dos y de todos los demás, pueden impactar positivamente la vida de otros.

– Persigue una causa y brilla. Entiende de una vez que no tienes que ser el siguiente Gandhi o Mandela para cambiar la vida de los demás. Pregúntate qué es lo que más te importa, en qué te gustaría más y podrías contribuir mejor. Busca una organización que persiga esa misma causa y lleva a su mesa las competencias y habilidades con las que puedes colaborar con ellos. Y no olvides que no importa si es bajo las luces o tras bambalinas, tu trabajo, cuando realmente estás identificado con esa causa, puede brillar muchísimo para los demás.

Como emprendedor:

– Jamás olvides la causa de tu organización, el por qué comenzaste a hacer lo que ahora haces. Sí conviértete en un experto en lo que haces y un maestro del cómo lo haces, pero mantén siempre viva la pasión por la misión de tu empresa; y encuentra y ábrele las puertas a aquellas personas que comparten la misma visión y pasión.

– Contrata complices, no empleados. No importa cuanta experiencia tengan ni que tan bien luzca su currículum en papel, no contrates a quienes solo quieren trabajar contigo por el dinero que les puedes pagar. Si no están 100% involucrados, apasionados por la misma causa que tú, al tercer día de comenzar a trabajar contigo comenzarán a prepararse para su siguiente trabajo.

– Haz que los demás brillen. Una vez que hayas encontrado a tus primeros cómplices, procura ser un catalizador de recursos y oportunidades para que puedan brillar por sí solos. Y todos los días déjales ver lo mucho que aprecias como, con su trabajo, impactan positivamente la vida de otros. Y acaba por fin con la “empleopía” en tu empresa.

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Mi tema de vida en 2013.

Segundo día del año y en todos lados llueven las listas de propósitos de año nuevo. En las reuniones familiares, entre amigos, en el trabajo y hasta en el time line, todos comparten con gran ánimo la lista de buenos propósitos que este año prometen sí cumplir. El problema es que basta con entrar al segundo mes del año o que comencemos a lidiar con las tareas cotidianas de nuestra vida para empezar a dejar atrás la mayoría de esas buenísimas intenciones con las que pretendíamos convertirnos en una mejor persona.

En lugar de esto, desde hace ya varios años, decidí adoptar la idea que mi amigo Phil Gerbyshak proponía en su blog – Make it Great, de definir un tema de vida para todo el año. Práctica que durante años me ha sido muy útil pues, al hacerlo, fijo una dirección con la cual alinear todas mis actividades en los siguientes meses, dándome a la vez, el suficiente espacio para hacer cambios y ajustes (sin perder el rumbo) de acuerdo a la situación en que me encuentre y/o retos que enfrente; además de permitirme mayor flexibilidad para medir un avance real hacia lo que me he propuesto para dicho año, versus tachar, o mejor dicho dejar de tachar una lista de propósitos no cumplidos; complementando mi tema anual con otra, muy útil práctica que comencé a realizar desde el año pasado: La regla de tres en tres. Dividir mi tema en 3 grandes áreas que a su vez puedo desmenuzar en tres objetivos trimestrales, tres mensuales o tres semanales para realizar cada día, por lo menos 3 acciones clave que me lleven a vivir mi tema anual todos los días del año.

Y así, para este 2013 el tema de vida anual que he definido es: VIVIR.

Cada día crear, construir y VIVIR la forma y el estilo de vida que quiero vivir. Una vida alegre, próspera, sana y saludable, armónica, pacífica, de servicio a otros y llena de abundancia, en la que siempre alcanza y todo se puede compartir.

Y para VIVIR así he definido las tres aristas más importantes que guiarán mis acciones durante todo el año:

1) Procurar mi salud para estar en excelente condición física que me permita ser un gran papá y esposo, trabajar como mucha energía y alegría, viajar seguro y siempre tener una sonrisa para los demás. Logrando un sano equilibrio de mi energía física (adoptando una más estricta rutina de ejercicio), emocional (dedicando más tiempo a meditar y practicar Reiki como antes), intelectual (continuando con distintos estudios y enfocando mi atencíon en lo que importa y evitando distractores) y espiritual (asegurándome de que todas mis acciones estén siempre alineadas con mis principios, valores y prioridades).

2) Dedicar tiempo en cantidad y de calidad a mi familia y a mi hogar.
Procurar un ambiente de paz y alegría en casa. Apoyar y acompañar a mi hija en su desarrollo, enseñarle y aprender de ella también. Apoyar y acompañar a mi esposa, ser una pareja más cariñosa y atento a sus necesidades. Y ser un mejor amigo visitando mucho más a esos grandes amigos que tanto me han aguantado y apoyado.

3) Continuar y solidificar mi trabajo como coach, consultor, conferenciante y autor. Participando con nuevas organizaciones y viejos amigos también como conferenciante y facilitador. Apoyando a más personas como coach, acompañándolos en su desarrollo personal, liberar sus habilidades y fortalecer sus competencias. Ayudando a empresas a desarrollar las fortalezas de sus integrantes, a entender mejor las nuevas herramientas de trabajo que los medios digitales traen consigo e integrar una renovada visión como equipo. Ayudando a emprendedores y líderes de diversas organizaciones a hacer una mejor adopción de los medios digitales en sus esfuerzos de comunicación y mercadotecnia, pero también en otras áreas funcionales que mucho pueden aprovechar y tanto se han resistido a la tecnología. Y apoyando a más profesionales a encontrar y ejercer su marca personal y a empresas y organizaciones su marca como empleador, para propiciar que estas se encuentren en un punto en común que beneficie a organizaciones y profesionales por igual.

Y así VIVIR todos los días del año como lo quiero VIVIR.

Tu turno. ¿Cuál es tu tema para el 2013?

@lasmanadas, @saraeshken, @Danykill, @mmandujano, @Macrisjauregui, @OdetteRdz, @ftrevino, @gonzoogle, @lezorrillo,@betyosunag, @jonathanalvarez, @rebecadallal, @wera_supernova, @jazminfajardo, @RomeoMarquez, @LaMazapancita, @RicardoZamora, @Amenazza, @marimar_g, @guruclef, @alfonsolg, @heberthernandez, @allan05, @ImSarai, @linaerg, @AngelicaGG, @gpbolde, @seumenicht, @PAVKA, @wolfmulder, @martinaceves, @p_mendicuti, @BONO_DG, @luserrano, @monyherrero, @ricardoblanco, @equevedo, @imarchant, @heberthernandez, @varu28, @luismaram, @LaBreton, @Ivette_pollis, @FannyCeron, @ImBrendaHali, @EloyLopezJ, @RafaCids, @MECHEJAHN, @KPPT1.

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Un año más con saldo a favor.

Una tradición que tengo desde que comencé a escribir este blog es hacer un recuento de lo que viví a lo largo del año, ponerlo todo en una balanza y comprobar que cada año que pasa termina dejando un gran saldo a favor.

Y este año, por enorme fortuna, no fue la excepción.

Sin duda fue un año complicado, de continuar con cambios, riesgos y descubrimientos; acompañado de algunos desencantos y desencuentros; y también afortunados reencuentros. Un año con su buena dosis de retos y muchas lecciones, algunas un tanto amargas y otras más fáciles de digerir. Pero lo mismo fue un año de mucho crecimiento profesional, personal y hasta espiritual.

Por cada momento incómodo hubo muchos más de satisfacción. Por cada enojo, hubo mucha más alegría. Las personas que no tenían que estar no están más ya y en su lugar permanecieron unos y reaparecieron otros (o tal vez nunca se fueron) quienes sí tenían que estar. Para cada dificultad hubo una solución. Y, a pesar de que en algunos momentos parecía que no sería posible, siempre alcanzó y jamás nada faltó.

Mi familia siempre sana y unida. Mi hogar siempre con luz, calor, paz, amor y prosperidad. Y mi trabajo, afortunado, nunca faltó y como nunca antes comprendo hoy que no importa si es por mi cuenta, en un start up, de forma independiente o siendo parte de una organización puedo hoy y siempre trabajar haciendo lo que mejor se y más disfruto hacer, sirviendo un propósito de servicio a los demás.

Sí, definitivamente un año más con saldo a favor, no solo porque todo marcha bien, pues se que retos siempre habrán muchos que vencer. Pero porque además hoy he podido contestar esa pregunta que hace tan solo un año no me podía responder: ¿Qué eres hoy capaz de hacer que hace un año o dos creías no poder?

Hoy se que soy capaz de tomar más riesgos y de confiar en mi capacidad de crear, construir y vivir la vida que quiero vivir. Sabiendo que la vida trae siempre cambios, suaves y bruscos, placenteros y dolorosos que nos llevan siempre a tomar una decisión: detenerte o avanzar. Adaptarte, crecer y evolucionar.

Entendiendo que las oportunidades no solo se aprovechan sino se crean para uno y para los demás. Comprendiendo que los rencores solo son lastres que no te dejan avanzar. Que aprender a desprenderse no solo te da libertad pero trae consigo mucha prosperidad. Que la carencia es lo único que dejan los planes de austeridad. Y que si bien hay que saber administrase y no desperdiciar, jamás hay que perder el pensamiento de abundancia y prosperidad. Que la salud se cuida hoy para no tener que recuperarla mañana. Y que el mejor ejercicio para estar bien con uno mismo es saber dar gracias todos los días de corazón.

Haz el ejercicio, haz un recuento y seguramente verás que también terminas el año con saldo a favor.

Productividad de tres en tres.

Existe un enorme mito implícito o tal vez forzado sobre la productividad en el trabajo que hace creer que entre más tiempo pasa uno en la oficina lejos de cualquier otra actividad que no tenga que ver con su trabajo, más productivo es el trabajador. Incluso en muchos países, por lo menos de América Latina, es hasta mal visto que una persona se vaya de la oficina a la hora puntual del término de labores, mucho peor si necesita salir unas horas antes.

Pero en realidad es todo lo contrario. O por lo menos esta ha sido mi experiencia en el último año.

Hay una práctica de productividad que como coach había rondado mi mente por muchos años, pero que en lo personal he explorado, puesto en práctica y compartido en distintos foros a penas durante este último y que, aunque como todo en la vida, no es 100% infalible, en lo personal me ha generado muy buenos resultados.

 Productividad de tres en tres.

Tres grandes áreas de enfoque en el año, divididas en tres objetivos menores que obtener cada trimestre, que a su vez desgloso en tres logros importantes que alcanzar en cada mes, mismos que puedo dividir en tres avances importantes en la semana y, por supuesto, tres acciones clave diarias que me ayudarán a avanzar con paso firme hasta mis tres grandes objetivos del año.

¿Suena raro o irreal? Haz cuentas. Si cada día realizas 3 acciones contundentes, específicamente dedicadas a acercarte a vivir (y fíjate que dije VIVIR no cumplir – aquí esta la verdadera clave de todo) los 3 grandes temas de tu año, en una semana habrás realizado 21 actividades asociadas justo a esas 3 grandes áreas de enfoque de vida. Es decir, en un año habrás hecho 1,095 acciones para vivir como tu querías vivir ese año.

¿Y cómo entonces podrías decir que no has sido productivo en el año si has vivido cada día como lo querías vivir?

Mis 3 grandes áreas de enfoque este año han sido tener un mayor acercamiento a mi familia y pasar más tiempo juntos y a la vez mantener una calidad y nivel de vida digno y suficiente, apoyando como coach, conferenciante, entrenador, columnista y autor a otras personas a desarrollar y fortalecer sus competencias para que puedan hacer un trabajo mejor. Y esta práctica de tres en tres definitivamente hizo una ENORME diferencia para mi.

Piénsalo. Haz el ejercicio. Define cuáles son tus 3 grandes áreas de enfoque para el 2013 y anímate a probar la regla de 3 en 3 el primer mes. Y si en algo como coach te puedo ayudar, házmelo saber. Será un privilegio poderte apoyar.

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5 prácticas diarias de cambio personal.

No se ustedes… en lo personal estoy cansado de escuchar cuanta versión se les pueda ocurrir respecto al 21 de Diciembre del 2012. Desde los que hablan de cataclismos terribles que ni siquiera valen la pena leer, hasta los que dicen que se trata de un cambio de conciencia que vamos a vivir para comenzar una era de 2000 años de luz y bienestar.

El problema, es que no importa cuál es la versión que elijas escuchar todas están hablando de impulsar un cambio resultado del miedo. Miedo a lo que pueda suceder, miedo a quedarse atrás, miedo a no saber que viene, miedo a no cambiar…

¿Pero puede darse un cambio verdadero en nuestro comportamiento a través del miedo? No lo creo. Quiero decir, puede ser que haya quienes modifiquen ciertas conductas de manera temporal para evitar un castigo o una consecuencia no deseada, pero estas no cambian de verdad.

El cambio, uno auténtico y sostenible, se da, desde mi punto de vista, desde el más profundo deseo de ser y estar mejor; y se genera viviéndolo todos los días, incluso cuando no se siente tan natural. Se practica, se ejerce y se vive día a día. Y se cambia para uno y por uno mismo, no por los demás.

Jamás podría ni siquiera pretender hacerme pasar como un experto, gurú o líder espiritual. De hecho no creo mucho en estos. Pero como coach de vida, en los últimos años he trabajado mucho en hacer un cambio importante en mi, que hoy me es más evidente cuando me miro al espejo.

Mucho me falta por hacer y aprender, pero estoy tranquilo sabiendo que hay al menos 5 prácticas que he logrado hacer propias y que me pueden ayudar, y espero a ti también, a continuar con este interminable proceso de crecimiento personal:

1)   Agradecimiento auténtico, profundo y total: Cada día al despertar me aseguro de que la primera palabra que cruce por mi mente sea GRACIAS. Gracias por una vida plena y llena de bendiciones, de salud, energía y bienestar. Gracias por una familia maravillosa, sana, alegre y llena de luz. Gracias por un hogar lleno de luz, paz, alegría, bienestar, abundancia y prosperidad. Gracias por la oportunidad de trabajar haciendo lo que más me gusta hacer y mejor se hacer y en servicio de los demás. Gracias por contar con todos los recursos que necesito para cubrir todas las necesidades de mi familia. Gracias por la vida misma.

2)   Recordar cada día mi por qué. Dejar de lado los gritos del ego que llaman a querer ser reconocido y querido por muchos a quienes en realidad no importas tanto, para concentrarte en estar con quienes sí. Nutrir las relaciones con tus seres más queridos, pasar tiempo con tu familia, acompañar a tus hijos, enseñarles y aprender de ellos. Recorrer caminos junto a tu pareja, acompañarla en sus sueños y permitirle acompañarte en los tuyos. Recordar a tus padres y hermanos, a tus amigos. Llamarles para decirles “Te quiero”.

3)  Saber que siempre hay suficiente y que no se necesita más para vivir bien.
Hoy entiendo que tengo lo que necesito pero no necesito lo que tengo, y mucho menos lo que no. No estoy peleado con tener todos los juguetes, comodidades y lujos que pueda tener, pero jamás seré un prisionero de estos otra vez.

4) Procurar tu salud y energía física, mental, emocional y espiritual. Nutrir tu cuerpo lo mejor posible, aunque confieso que en esto aún me falta mucho por hacer. Ejercitarte todos los días, leer, estudiar, meditar. Realizar una alineación y balanceo espiritual continuo.

5)   Ser parte de algo más grande que uno mismo. Ayudar a los demás. Entender que no necesitamos ser un político prominente, un empresario multimillonario, un mártir o una leyenda para hacer un cambio favorable para los demás y que, el más mínimo de los detalles puede hacer el más grande de los cambios en alguien más. Que la vida de otros se toca con actos. Haciendo tu trabajo pensando no solo en que así es como vas a cobrar y ganarte la vida, sino que así vas a crear tu vida y vivirla.

Tal vez no sean muchos, quizás para algunos sí. Pero para mi recordar esto todos los días me ha ayudado a vivir el cambio que quiero ver en mi.

4 “súper poderes”

Todos quisiéramos tener súper poderes. ¿o no?

¿Te imaginas leer la mente de otras personas o poder escuchar sus pensamientos?

¿O poder absorber el conocimiento de otros?

¿Qué tal poder influir en el pensamiento de las personas con quienes convives?

¿O quizás hacer que las cosas sucedan de una forma u otra?

¿Te gustaría? ¿Por qué no los aprovechas entonces?

Porque todos tenemos estos poderes… y no estoy hablando de seres súper dotados que desafían la naturaleza humana.

¿Quieres leer las mentes de otros? Lee, estudia. Todos los días hay mucho más tiempo del que crees. Cambia la telenovela de la noche por un buen libro y lee.

¿Quieres escuchar lo que otros piensan? Cambia los videos de el fua, el canaca y otros videos sensacionalistas y mejor dedica ese tiempo a ver algunas conferencias o entrevistas de miles de líderes de pensamiento que ahí están compartiendo.

¿Absorber lo que otros saben hacer? Acércate a las personas que más admiras, pídeles que te dejen acompañarles  un tiempo y en silencio para ver lo que hacen y como lo hacen; o mejor aún pídeles que sean tu mentor.

¿Influir en la forma de pensar de otros? Gánate su respeto, crea, construye, comparte.  Se positivo. Se proactivo. Habla sobre lo que sí sabes y no trates de aparentar saber lo que no.

¿Hacer que las cosas sucedan de una forma específica? Trabaja. Dedica tiempo, invierte recursos (no solo económicos). Se paciente pero encamina. Se certero pero no agresivo. Se constante pero no obsesivo.

Todos tenemos la capacidad de escuchar, estudiar, aprender, influencias y hacer y compartir. Es cosa de que te decidas a hacerlo y ya.

Tolerancia y respeto en la red.

¿Cuándo fue la última vez que criticaste o descalificaste a alguien más?

Si estás en Twitter, FaceBook, Linkedin o una que otra red social más; y trabajas en el medio de marketing, comunicación y publicidad, te aseguro que no habrá sido hace mucho…

Cada vez es más frecuente ver como unos a otros se descalifican con lo que y por lo que publican en su time line, en sus blogs, en sus muros.

Profesionales de distintas carreras, historias diferentes y diversos niveles de conocimiento y experiencia, tratando de hacer menos a otros para tratar de hacerse parecer, así mismos, mejores que los demás.
No solo mostrando su desacuerdo con lo que otros comparten, pero descalificándolos y menospreciándolos, en la red, como nunca se atreverían a hacerlo de frente.

Para ser franco, no se si esto se vea en otros campos y profesiones o si, por la natural cercanía con estos medios y el egocentrismo que la misma labor de comunicación trae consigo, sea este un padecimiento casi exclusivo de quienes trabajamos en marketing y comunicación (en la disciplina y medio que sea); pero basta hacer una simple búsqueda en Twitter de palabras como Gurús o expertos, y en distintos idiomas (es decir no es privativo de México o América Latina, sino que sucede en todo el mundo), para encontrar, de entre los resultados, decenas, sino es que cientos de tweets haciendo burla o críticas al respecto.

¿Quién nos dijo que estábamos preparados para ser juez y parte?

El truco está en la tolerancia y la tolerancia está en saber escuchar sin juzgar.

Y eso es precisamente lo que todos deberíamos intentar hacer, para después poder compartir con la misma seguridad, de que no seremos descalificados solo porque sí, nuestro punto de vista.

Hace tiempo lancé en el time line una pregunta que últimamente me hago a mi mismo casi todos los días: ¿Qué somos hoy capaces de hacer que hace un año no sabíamos?

Me parece que en mi caso, y habiendo, en su momento, lanzado mi buena parte de críticas a otros, una de las cosas que he aprendido es que todos tenemos derecho a compartir lo que pensamos y lo que sabemos o, por lo menos lo que creemos saber.
Todos tenemos derecho a intentar ganarnos un lugar en una industria y crear un nombre para nosotros en el medio en el que nos desempeñamos.

Ya estará en cada uno de nosotros hacerlo con honestidad, humildad y trabajo duro y real. Pero en esto es en lo que nos deberíamos fijar y no en lo que están haciendo los demás. Porque una vez que logramos no perder de vista el enorme trabajo que nos está costando ganarnos nuestro lugar, podremos ver el mérito en el trabajo de los demás y no solo excusas para criticarlos nada más.

Pienso que tal vez ha sido el último par de años que he pasado lejos de la vida corporativa, lanzando, construyendo con mucho trabajo y manejando mi propia organización, lo que he me ha ayudado a darme cuenta de esto. Pero lo que sea que haya sido estoy agradecido porque, al ver o escuchar del trabajo de otros, hoy me doy (no a ellos, a mi) la oportunidad de preguntar e investigar que han hecho para así poder dejar de lado a fanfarrones y embusteros y reconocer y respetar el trabajo que, de acuerdo o no con el, estos profesionales han hecho.

“Ese hombre no me simpatiza. Debo darme a la tarea de conocerle mejor” dijo alguna vez Abraham Lincoln.

Y eso traté de hacer hace algunos años cuando, como muchos, yo criticaba lo que mi hoy amigo Guillermo PérezBolde publicaba. Hoy algunos me critican a mi porque yo ya no lo critico a el. Pero ¿Con qué cara podría criticarlo a el o a cualquier otra persona, si antes no me di a la tarea de, cara a cara, preguntarle exactamente qué hacía o por qué lo hacía; conocer un poco sobre su historia y su experiencia y decirle de frente lo que pensaba?

Hoy sigo sin estar de acuerdo con algunos de sus puntos de vista y él con los míos también; pero los hemos discutido de frente, con un café en la mano o compartiendo el mismo foro en distintos eventos. Y eso no nos hace ni mejores ni peores que el otro, nos hace solo diferentes. Y esa diversidad permite que haya tantas maneras de hacer nuestro trabajo.

Por supuesto esa buena fe que uno otorga a otros puede traer otras consecuencias no deseadas, como las que hoy pago al haber confiando en quien tantas personas me decían a gritos que no lo hiciera… pero a final de cuentas es una lección y experiencia (nada agradable o fácil) más para crecer… y material para otro post.

El respeto no se impone, se gana.

No busques ser respetado imponiendo tu punto de vista y descalificando el de los demás. Gánate el respeto de otros regalándoles tu respeto a ellos primero.

Seguramente seguiremos encontrándonos con muchas personas con quienes no estaremos del todo de acuerdo y, sin duda, también nos cruzaremos con alguno que otro embustero total. Pero no perdamos el tiempo queriendo “desenmascarar” a quienes ni el tiempo merecen y mucho menos demeritando el trabajo de quienes están haciendo su mejor (recuerda tu no eres quien para decir si sí o no) esfuerzo, porque todos ellos, por alguna razón se han ganado su lugar.

… y un último favor… si en algún momento en mi time line ves que cometo el error de criticar o demeritar a alguien más, por favor siéntete libre de restregarme en la cara este post.

Más de una forma para cumplir un sueño…

Todo empieza con un sueño.

La idealización del cómo queremos vivir nuestra vida; no importa si se trata de una próspera carrera corporativa, una vida de filantropía, dejar un gran legado para el mundo, ser famoso o llevar una vida tranquila y familiar, todos comenzamos con un pequeño esbozo, vestido de sueño y arropado de esperanza, de lo que queremos hacer de nuestra vida.

El tiempo pasa, la vida avanza y nosotros seguimos soñando.

Adoptamos como nuestros los sueños de alguien más hasta darnos cuenta de que jamás fue eso con lo que soñábamos. Buscamos entonces nuestro propio sueño, a veces cayendo desesperadamente en un hoyo negro donde resulta casi imposible  ver aquello con que soñamos.

Entonces un día todo hace sentido y abrimos los ojos a un nuevo sueño.
Sabemos lo que queremos y creemos saber qué tenemos que hacer para conseguirlo. Nos preparamos. Trabajamos. Nos esforzamos. Mantenemos el sueño vivo día con día hasta caer casi en la obsesión, convirtiendo así, nuestro sueño, en una gran pesadilla.

“¿Pero qué estaba yo pensando cuando comencé a soñar con esto?”, “¿jamás conseguiré mi sueño?”, “¿Será momento de comenzar a soñar con otra cosa?”
Son algunas de las preguntas que acosan a nuestros pensamientos y casi con certeza llegamos a pensar que nuestro sueño no era más que una locura.

¿Pero en realidad lo es o es que simplemente nos tomamos mucho del kool-aid que nos dieron a beber los vendedores de sueños que dicen que con solo soñarlo y decretarlo es suficiente?

Los sueños no se cumplen, se viven.

A los sueños no se llega para declararlos cumplidos. A los sueños se llega viviéndolos todos los días.  Y con esto quiero decir que hay más de una forma de cumplir, o mejor dicho vivir nuestros sueños. Y que esa imagen utópica de la realización mágica de estos no es más que una de cientos o tal vez miles de formas en las que podemos vivir nuestros sueños.

Y cuando aprendemos a desprendernos de la utopía de nuestro sueño, cuando aceptamos que podemos vivirlos desde ya, desde el sitio en el que nos encontramos, en vez de buscar cumplirlos; cuando decidimos cambiar, no el destino, pero si el camino, el vehículo que usamos y hasta la compañía que tenemos, podemos dejar la vieja pesadilla atrás para vivir todos los días como queremos soñar.

 

3 acciones para no estorbar tu propio camino.

“Perdona y olvida”, “Vive y deja vivir” y otras frases similares dicen por ahí, para aconsejarnos no guardar rencores y seguir adelante a pesar de lo que nos haya ocurrido en el pasado.

Pero ¿cuántas veces logramos en verdad perdonar y olvidar? A menos que tu apellido sea Gautama, dudo que sea muy seguido.

La realidad es que no es fácil justificar, entender y disculpar a quien crees que te ha hecho daño de una manera u otra. Mucho menos olvidar lo que crees que hizo y la forma en la que asumes que te afectó.

El problema es que igual de real es el daño que nos hacemos a nosotros mismos, cuando guardamos, o mejor dicho, traemos montados en nosotros todo el rencor que le guardamos a esa persona que nos afectó.

Con franqueza, no se si sea yo una persona capaz de perdonar por completo, olvidar totalmente y dejar pasar las cosas como si nada hubiera sucedido.

Pero lo que sí se es que no quiero ser una persona que se bloquea a si mismo por rencores, corajes y resentimientos. Mucho menos una que se eche encima el insostenible peso de “odiar” a alguien más.

Daño, nos hacemos todos entre todos constantemente, no necesariamente porque tengamos la intención de lastimar a alguien más, sino porque, con más frecuencia de la que deberíamos, sin darnos cuenta, pasamos por encima de otros con tal de conseguir aquello que tanto queríamos.
De modo que, quiero (e intento) pensar que no lo deberíamos tomar tan personal.

Pero cuando sentimos que alguien o algo nos ha hecho daño, cómo no asumirlo como personal, no lo se. Es algo que aún tengo que pensar, conversar y estudiar mucho más.

Lo que sí creo es que en tanto entiendo ese cuestionamiento, hay por lo menos 3 acciones que podemos poner en práctica para “poner a un lado” ese rencor y que no estorbe el resto de nuestro camino:

1)    Tratar de entender qué cosas son las que te afectan en realidad. No el por qué de las cosas, sino el qué, para poder identificar así qué efectos puedes aislar o eliminar de la situación actual. Incluyéndose a veces a uno mismo.

2)    Hacer un inventario objetivo de los recursos con los que cuentas para salir delante de la situación que estás enfrentando. Probablemente te des cuenta de que, aunque parezcan injustamente pocos, son justo los suficientes para salir adelante.

3)    Define un plan de acción sencillo. Acciones concretas, contadas pero muy impactantes que te ayuden a darle un giro completo a la situación. Enfócate a ejecutar y cumplir cada una de las acciones que definiste.  Voltea atrás y asegúrate de que ni tu mismo te estás estorbando para salir adelante.

¿Qué otra cosa se les ocurre a ustedes?

Dramática adicción

Pareciera que todos somos adictos al drama. ¿o no?

Estás viendo las consecuencias de tus acciones o de la falta de estas y en lugar de hacer algo al respecto, te congelas a esperar el drámatico desenlace en el que todo termina mal.
Es como estar viendo una vieja película de terror en la televisión, que viste ya hace tiempo y que por semanas no te dejo dormir, y no cambiarle de canal a pesar de saber que sufrirás ver lo que viene a continuación.

Todos somos adictos al drama. ¿o no?

¿Entonces por qué seguimos adelante con esas relaciones altamente tóxicas que sabemos que no llevarán a un buen fin?

¿Entonces por qué nos gusta hacer un escándalo de cualquier cosa por pequeña que sea?

¿Entonces por qué tantos nos quedamos sentados y cruzados de brazos ante esa situación que tanto queremos evadir?

¿Entonces por qué nos quejamos tanto de lo que no tenemos en lugar de agradecer con sinceridad todo con lo que sí contamos?

Todos somos adictos al drama.

Así que he aquí una propuesta para esta semana: ¿Que tal si en los siguientes 7 días no hacemos drama de nada? Solo tomamos las cosas por lo que son, ni buenas ni malas, mucho menos dramáticas. Y si no nos gustan como son, o hacemos algo por cambiarlas o aprendemos a aceptarlas por lo que son. Pero así, sin drama.

Y rompemos así, de una vez por todas, con esa dramática adicción.