De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Abrazando la incomodidad

A nadie nos gusta sentirnos incómodos.

La mayoría de la gente pasa prácticamente toda su vida buscando tener una vida cómoda. Es naturaleza humana.
El problema, sin embargo, es que con enorme frecuencia muchos confunden resignación con satisfacción y comodidad con realización; engañándose con pretextos como: “tengo una casa pequeña, pero no necesito más”, “un trabajo que no me paga lo que necesito pero el horario es cómodo”, “un puesto mediocre pero seguro”, “podría hacer más pero eso no está en la descripción de mi trabajo”, etc.
Pensando equivocadamente que si logramos rodearnos de las comodidades más básicas, con el más mínimo esfuerzo posible, entonces lograremos vivir como queremos.

Pero comodidad no es igual a realización.

Una cosa es ser agradecidos y apreciar profundamente lo que hemos logrado y hasta donde hemos llegado; y otra totalmente, querernos engañar con una falsa satisfacción que resulta ser el disfraz de la resignación de no creernos capaces de lograr aún más.

Sucede en el trabajo y también en nuestra vida personal. Lo mismo con la salud que con nuestra educación. Incluso hasta con a dónde queremos ir de vacaciones.
A las empresas bloquea su crecimiento, cegando al equipo con la creencia de que, porque han logrado ya ser especialistas o hasta expertos en sus entregables, no tienen a dónde más crecer.

Pero mientras que para nuestros ancestros, la comodidad era sinónimo de seguridad, en un mundo tan cambiante y una época tan acelerada como la actual, sentirse cómodo es el primer riesgo.

Cuando uno se enajena en su comodidad, cesa su búsqueda por crecer y, como dicen por ahí: “cuando uno deja de crecer, comienza a morir”.

Por una clara razón en Inglés usan la frase de: “Growing pains”, porque crecer duele, es incómodo. Crecer, cambiar, evolucionar, avanzar, resulta siempre muy incómodo. Para muchos hasta angustiante quizás.
Cuando apostamos por crecer, visualizamos y esperamos lo mejor, pero nos sometemos a la incómoda realidad de no saber con certeza que sigue, qué nos espera a la vuelta y cómo todo será.

Pero es esa incomodidad la que nos lleva a continuar. Porque no habría tragedia más grande que engañarse con la noción de que ya no necesitamos más para volver a una falsa comodidad.

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Mi tema personal en 2014.

No me he hecho un solo propósito de año nuevo desde, al menos, hace 8 años.

Verán, no creo en los propósitos establecidos bajo la presión del final de un ciclo y el inicio de uno nuevo con el que quisiéramos que casi por acto de magia, los malos hábitos y viejas costumbres que tenemos se borren para dar lugar instantáneo a nuevas prácticas con las que bajaremos de peso, abandonaremos nuestros vicios y nos convertiremos en el mejor padre, pareja, profesional, atleta y gurú espiritual.

Tampoco creo en las promesas del “mañana”, el “ahora sí”, ni mucho menos en la de “el nuevo –pon tu nombre aquí-“ o “el año del –pon de nuevo tu nombre aquí-“.

En lo que sí creo es en los ciclos. Creo en las nuevas oportunidades que cada nueva etapa trae consigo. Y estoy convencido de que, a pesar de los retos que cada periódo pueda presentarnos, nosotros tenemos el enorme poder de decidir cómo los queremos enfrentar  y vivir.

Y esa decisión, consciente y clara, año con año, desde el 2006, la he llamado “mi tema del año”. Es decir el tema o concepto rector sobre el que basaré cada decisión, cuestionamiento y acción que tome durante el año.

Suena un poco raro, hasta exagerado tal vez. Quizás, incluso, algunos pudieran sentirse hasta restringidos; obligados a apegarse a una sola forma de ver o hacer las cosas. Pero, por el contrario, tener un tema del año, se trata justo de contar con marco de referencia bajo el cual planear, actuar, medir y modificar cada acción que llevemos a cabo durante los siguientes meses.

Más frecuente que no funciona muy bien. Y cuando algo comienza a seguir un camino que no tenías planeado y enfrentas retos que simplemente no esperabas, te permite tener una base y un norte a donde mirar para orientarte y asegurarte de que estás viviendo, o al menos intentando, vivir tu vida como la quieres vivir.

Y así para este año mi tema será: Disfrutar, agradecer, claridad, acción y soltar.

Debo aprender a Disfrutar más de cada momento que vivo, especialmente con mi familia, con mis amigos, en mi trabajo y en mi casa. Debo hacer conciencia de los sano que realmente estoy y disfrutar mi salud y ejercitarme más.
Debo disfrutar mucho más lo poco o mucho que he logrado y apreciar profundamente cada lección, cada momento y cada amistad que en los últimos años he construido.

Desde hace años practico ser agradecido, pero agradecer todos y cada día por uno nuevo, es algo que debo seguir haciendo de forma consciente, sincera y humilde. Porque ser profundamente agradecidos es lo que nos permite apreciar lo verdaderamente afortunados que somos. No en comparación con los demás, sino con nuestra propia vida. Ser agradecidos evita caer en la codicia, pero nos mantiene con una sana ambición. Ser agradecidos, nos mantiene abiertos a la abundancia y prosperidad.

Debo tener mayor claridad sobre lo que quiero, a dónde voy, por qué y con quién.
Tener una visión clara nos abre el panorama y ofrece un buffet de opciones y posibilidades para alcanzar la meta que nos hemos trazado.
Con frecuencia hacemos una enorme lista de cosas que desearíamos tener o hacer, para luego abandonarla para atender aquello que es urgente para otros.
Y eso sucede porque desear no es lo mismo que querer.
Querer tiene intención, la intención da claridad y la claridad nos ayuda a tomar acción.

Y tomar acción, continua, contundente y permanente, es precisamente otra de las cosas que en 2014 continuaré haciendo.
La mejor de las intenciones no vale nada si no la llevas a cabo.
Hace tiempo uso el mantra en Inglés de “Make it happen” y en 2014 lo seguiré usando, haciendo cosas suceder.

Y finalmente, soltar. Para soltar se requiere claridad y acción… check! Pero sobre todo, se requiere valor. Valor para soltar aquello que crees desear pero que sabes no realmente querer. Valor para soltar la necesidad de agradar a los demás y aprender a decir que no. Valor para soltar lo que alguna vez funcionó y ya no más.
Valor para soltar el timón de vez en vez y permitir que las cosas sucedan también.

Así mi tema para el año que comienza: Disfrutar, agradecer, claridad, acción y soltar.

Y el de ustedes ¿Cuál es?

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Pasión versus profesión

¿Cuántas veces han escuchado a alguien decir: “encuentra tu pasión y vívela. Sigue tus sueños, que nada importa más que eso”; para sólo darte cuenta que has mal seguido el consejo de una idea a medias, reducida a eso por algún vendedor de sueños que sólo quiere aparentar tener la vida perfecta, o porque te has obsesionado tanto por ese sueño que te has encerrado en un interminable ciclo de simple auto indulgencia y auto complacencia, sirviendo sólo a tu ego pero no a los demás?
“Tengo el talento nato para hacer x o y, y no puedo dejar de perseguir mi sueño y desarrollar mi don” te mientes a ti mismo, para justificar no trabajar como el resto, mientras te pierdes en tu soberbia.

El talento es sólo el 10% del camino o tal vez aún menos, el otro 90% está en el trabajo que realizas para compartir tu talento en servicio de otros.

Por supuesto que debemos perseguir nuestros sueños y seguir nuestra pasión, pero pasión no es lo mismo que profesión, y salvo por algunos extraordinarios casos, la mayoría tenemos que ejercer una profesión para ganarnos la vida y con ella la posibilidad de seguir nuestra pasión.

Quizás sea la ilusión de la casi ilimitada accesibilidad a información y contactos con la que contamos hoy a través de las tecnologías digitales y sociales que nos hacen creer que tenemos todo al alcance de nuestras manos; o tal vez el incansable trabajo por obtener estabilidad, seguridad y hasta reconocimiento de generaciones anteriores lo que hace a muchos vivir con un absurdo sentido de merecerlo todo y pensar que, por lo tanto no tienen que trabajar en otra cosa que no sea complacerse a sí mismos.

Pero la realidad de las cosas tarda menos de lo que uno cree en enseñar su feroz cara para aleccionar a quien cree tener un vitalicio título de propiedad sobre todo sueño que cree poseer, para hacerlo trabajar, luchar, por ganarse el derecho a hacerlo realidad y entender así que una simple profesión puede hacer mucho por vivir nuestra pasión.

Up your game

Uno de los momentos más incómodos cuando éramos niños era cuando se armaban los equipos para jugar una cascarita (fútbol callejero), tochito (fútbol americano callejero) o cualquier otro deporte o juego que se practicara en equipo.

¿Lo recuerdan?

Los dos mejores jugadores del grupo eran “los capitanes” de cada equipo y, a la voz de un chin cham pun (piedra, papel o tijeras) o de una moneda al aire, ganaban el derecho de ser el primero en elegir a “la mejor” persona para su equipo.
Uno a uno se iban eligiendo, en principio, a los mejores y después a los menos peores; dejando al final a la persona menos hábil y menos preparada para el juego.

Ser el primero era un honor, ser el último… nadie quería ser el último. Mucho menos el comodín, el sujeto al que “intercambiaban” entre equipos cuando uno de estos parecía tener mucha mayor ventaja sobre el otro: “está bien, quédate con fulanito, aunque sean 12 contra 10, para que sea más justo…” Vaya humillación.

De alguna manera lo mismo sucede en el trabajo. Todos queremos tener al mejor talento en nuestro equipo y todos queremos ser parte del mejor equipo. Y justo como hacíamos de niños, tratamos hoy de ser elegidos por el mejor o elegir al mejor. ¿Y ser el último? De nuevo… Nadie quiere ser el último.

La pregunta que queda al aire entonces es: “¿Por qué es tan frecuente ver a las mismas personas destacadas ser elegidas siempre por encima de las mismas, que no lo son tanto?
Es decir ¿Qué los hace tan distintos entre sí?

Decir que unos son más hábiles que otros y nada más o que “unos nacen con estrella y otros estrellados”, me resulta insuficiente. Miope en realidad.

Es obvio que la historia de cada quien tiene mucho que ver y que no todos estamos en las mismas condiciones y con las mismas oportunidades. Pero señalar solo al contexto como el único factor decisivo no le hace justicia a tantas personas que, a pesar de tener recursos más limitados, han destacado por encima incluso de quienes asumimos tendrían mucho mejores posibilidades de hacerlo.

Me parece que la clave en realidad, está en la actitud, coraje, voluntad, y deseo de ser mejor y la capacidad de acción de estas personas que, con firme decisión, se dan a la tarea de crecer en su juego. “Up your game” diría un coach o entrenador.

En lo personal, entre las personas que que conozco y admiro porque constantemente
“Crecen en su juego”, he podido observar que hay al menos tres cosas que hacen distinto a los demás:

1) Mantienen viva su hambre de aprender. Son eternos estudiantes de distintos temas, no sólo de su especialidad. Siempre acompañados de un libro, siempre curiosos por saber más de cada lugar que visitan, siempre abiertos a conversar con amigos y extraños, atentos siempre de lo que pueden absorber.

2) No les basta con ser un erudito teórico que pasa sus días estudiando. Toman acción y se apresuran a poner en práctica las lecciones que han obtenido. Se equivocan y aciertan también, encontrando distintas formas de lograr su objetivo. Enfrentan retos y descubren nuevas maneras de sortearlos. Son generosos y, en agradecimiento a lo que han aprendido y a quienes les han enseñado, comparten con gusto lo que saben también.

3) Y continuamente buscan rodearse de personas que conocen más, tienen más experiencia, mejor práctica y los retan a ser mejor. Tienen el coraje de ser vulnerables frente a quienes, claramente los superan en experiencia y conocimiento y con humildad buscan aprender de ellos, pues saben que la única manera de realmente subir al siguiente nivel es practicando con los mejores jugadores que ya están ahí.

Así qué ¿qué estás haciendo hoy para crecer en tú juego?

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El primero en el cambio.

Una de las más frecuentes discusiones que se escuchan en toda organización es la imperante necesidad de cambiar, innovar, adaptarse, evolucionar, adoptar nuevas prácticas o cualquier otra frase pegajosa que seguido escuchamos de casi todas las cabezas de casi todas las empresas, para convencer a sus equipos de trabajo de encontrar nuevas maneras de construir, hacer y mejorar su negocio.

La innovación supone un cambio, el cambio es evolución, la evolución es desarrollo, el desarrollo es crecimiento y crecer es lo que todo negocio quiere lograr.

Pero con todo lo positivo que esto suena en las voces de quienes dirigen estas organizaciones, el problema es que con mayor frecuencia de la que quisiéramos admitir, todas sus palabras se quedan guardadas en el discurso con el que pretendían motivar e incitar a su equipo innovar, a cambiar y a siempre retar al “status quo”; pues acto seguido regresan a sus acostumbradas prácticas, esperando que su retórica sirva para delegar a alguien, quién sabe a quién, a cualquiera que así lo asuma en realidad, la responsabilidad de empujar el cambio que saben se requiere; y quien al presentarlo como opción real, se enfrenta al muro de lo cotidiano, de las viejas prácticas con las que el negocio se ha desarrollado por los últimos 20, 30 o 50 años, de la antigua fórmula que amordaza la voz del cambio a la voz del mismo líder que originalmente “buscaba” este.

La innovación permanente, el cambio y la adopción de nuevas formas de hacer las cosas, es una responsabilidad que todo aquel que encabeza una empresa debe celebrar y compartir con su equipo en todo momento, pero que no debe delegar por completo a otros.

La innovación permanente, el cambio y la adopción de nuevas formas de trabajar y construir un negocio, debe ser una de las principales prioridades de quienes lideran la organización; deben ser ellos y no solo una o dos personas o cuántas sean a quienes se lo deleguen quienes deben de empujar por este trabajo. De otro modo, innovar, cambiar, evolucionar, desarrollarse y crecer nunca será una verdadera prioridad.

7 simples cosas que un líder jamás puede dejar de hacer.

Liderar un equipo no es cosa sencilla, sobre todo porque la mayoría quiere dirigir, administrar y controlar a una serie de “recursos humanos”, en lugar de liderar, facilitar e inspirar a un grupo de personas capaces de llevar a la organización al éxito al que esta aspira.

Son muchas las personas que buscan llegar a una posición “directiva” solo por el ácido gusto de escuchar a otros decirles jefes, pero por fortuna somos cada vez más quienes estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de liderar a un grupo para servir a este (y no servirse de este) y ayudarlo a llegar a los objetivos que se han fijado.

Sin embargo, aún cuando tu intención de liderar es auténtica y real, con frecuencia, la presión, los tiempos límites, los objetivos, etc. pueden hacer que olvidemos por momentos lo que significa ser un líder y lo que se requiere para hacerlo. Así que no cae nada mal recordar, de vez en vez, al menos 7 simples cosas que un líder no puede darse el lujo de dejar de hacer:

  1. Tener y compartir con su equipo una visión clara para el presente y el futuro del mismo. Objetivos claros, ambiciosos pero sensatos y alcanzables; previendo con anticipación los escalones que se asumen como pequeñas pero muy importantes victorias para marcar el avance hacia la obtención de dichos objetivos.
  2. Conocer, empatizar y comprender lo que teme y limita, motiva e inspira a cada integrante de su equipo. Conocer su historia, los retos que han conquistado y aquellos que aún tienen que vencer. Entender sus prioridades, valores y principios; y como estos concuerdan y se alinean con los de la organización.
  3. Respetar el tiempo y trabajo de su equipo. Conocer con detalle las labores que realmente tiene que llevar a cabo cada integrante del equipo para ejecutar el plan por el que, juntos, están trabajando; y entender el esfuerzo y tiempo que esto lleva, para darles el espacio y los recursos posibles y suficientes para que avancen. Y respetar, en todo momento, los tiempos personales de tu equipo para trabajar, para comer, para tomar un respiro, para su familia, para aprender y muchas otras cosas más. Seguro que de cuando en cuando habrá la necesidad de trabajar durante la hora de comida o hasta largas horas de la noche, pero esto debe ser tan solo la excepción y jamás una manera normal de operar.
  4. Reconocer y apreciar el esfuerzo que cada integrante hace día con día por el equipo. Agradeciendo sinceramente el trabajo realizado, celebrando los logros y el esfuerzo extra. Detectando y reforzando, sin apuntar dedos, los puntos débiles para hacerlos fuertes. Delegando mayor responsabilidad y ampliando el campo de acción y empoderamiento de cada miembro del equipo conforme, juntos, van avanzando en la formación de ambos.
  5. Cuidarse y respetarse a sí mismo. ¿Cómo un persona puede liderar a un grupo de personas si no es capaz de cuidarse a si mismo? La disciplina, la organización, el orden, el equilibrio y sano balance son rasgos que se ven a gran distancia en una persona. No importa cuan ocupados estén, ni el nivel de responsabilidad de estas personas, los líderes más exitosos, saben cuidar de sí mismos. Se dan el tiempo necesario para cuidar su salud, comen ordenadamente, ejercitan no solo su cuerpo, pero también su mente y espíritu; y cuidan hasta con los dientes su vida familiar. Sino, ¿cómo podrían tener cabeza para liderar?
  6. Continuar estudiando y preparándose y mantenerse en continuo crecimiento. “Cuando uno deja de aprender, deja de crecer. Cuando uno deja de crecer, comienza desaparecer”. Nada más que decir.
  7. Desarrollar nuevos líderes. Suena a cliché, sí. Pero la realidad es que el trabajo de un líder no es crear y mantener seguidores que hagan caso ciego a lo que se les pida, sino identificar, atraer y desarrollar personas capaces de ser nuevos líderes. Profesionales mejor preparados y capacitados, incluso más que el propio líder. El rol del líder no es ser quien más sabe o mejor hace las cosas, sino ser un integrador de talento, facilitador de recursos y catalizador del mejor trabajo de los nuevos líderes que está formando.

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Jamás dejes de intentar.

“Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar”, me he repetido a mí mismo más de 10 veces cada día, todos los días por los últimos ocho meses.

“Siente el fracaso, reconoce el dolor, digierelo y hazlo de lado”, es un consejo que en cientos de formas distintas he leído una y otra vez en veintenas de libros a lo largo de los años y que durante los últimos 227 días me recordado a mí mismo una y otra vez.

“Analiza, medita y haz lo posible por entender en qué fallaste y qué es lo que tienes que aprender de todo esto”, me he dicho a mí mismo día tras día siguiendo las lecciones y consejos de mis coaches y mentores, familiares y amigos.

Pero, “trata de no pasar más tiempo del necesario pensando en lo que no pasó y en lo que no tenía que pasar y enfoca tu atención en trabajar y hacer suceder aquello que quieres lograr”, fue el mejor consejo que pude abrirme a escuchar.

Una vez que entendí que nada iba a lograr lamentándome por el engaño y desencanto de una persona, ni por el enojo y la frustración de ver mermado un sueño, pude poner toda mi atención en retomar mis objetivos y comenzar a trabajar de nuevo en construir aquello que quiero lograr.

A pesar de lo mucho que lo puedes escuchar y hasta predicar, la resilencia y flexibilidad son, en un principio, realmente difíciles de encontrar en uno mismo, pero una vez que las encuentras (y encontrarlas lo harás) se convierten en tu principal herramienta de trabajo para construir el proyecto de vida que quieres vivir.

Y así, con un nuevo aire, renovado enfoque y un adquirido sentido de humildad, es que dejas de reclamar y te pones a trabajar, a construir y a vivir.

Logrando nuevas pequeñas, medianas y grandes victorias; y aprendiendo nuevas lecciones de nuevos desencantos y nuevos logros también. Apreciando y agradeciendo todo lo que tienes y lo que ya no también. Valorando aprender a desprenderte de aquello que en algún momento te fue de gran valor y que al por fin soltarlo te regala la sorpresa de que al hacerlo dejó contigo el doble de dicha que en un principio, cuando lo adquiriste, te dió.
Revalorando de forma distinta los recursos con que cuentas, mirando con nuevos ojos todo el abanico de oportunidades que se presentan frente a ti, agradeciendo profundametne que tienes a tu lado a las personas que decidieron estar contigo en tus peores ratos, redescubriendo aliados y fortaleciendo tu amor por tus seres amados.

¿Te caiste? Levántate.
¿Te metieron el pié? Ponte de pié otra vez.
¿Fallaste? Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar.

6 preguntas, una pirámide y tu marca personal

Se dice por ahí que nunca hay que responder una pregunta con otra pregunta.

Sin embargo, durante los últimos años, en los que como coach ejecutivo y personal, tuve el privilegio de ayudar a distintas personas (altos ejecutivos, empresarios y emprendedores y jóvenes que comienzan su carrera) a re-encontrar y definir su propósito de vida. Es decir, ese gran porqué de vida que guía cada acción y paso en su camino; fueron exactamente 6 preguntas, que luego acomodé en un modelo piramidal, las que nos ayudaron a responder ¿Qué sigue ahora?

Seis  simples preguntas que con frecuencia olvidamos hacernos para asegurarnos de estar en el camino que queremos recorrer:

Primero la base:

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¿No sería genial poder trabajar siempre haciendo lo que mejor sabemos y más nos gusta hacer? Es la situación ideal en la que encontramos plena satisfacción en hacer lo que nos encanta y “hasta nos pagan por hacerlo” ¿o no?

El problema con esto es que, a pesar de sonar maravilloso, se queda corto cuando hablamos de realizarnos en lo profesional y en lo personal, pues corremos el peligro de atorarnos en una incesante búsqueda de autosatisfacción, complacencia e indulgencia.

Entonces es el momento de responderse dos preguntas más, que ayudan a reunir los dos extremos de base de lo que nos gusta y sabemos hacer:

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Definir claramente a favor de quiénes podemos hacer eso que más nos gusta y mejor sabemos hacer y entender cómo podemos beneficiarles así, es la diferencia entre una solitaria satisfacción y una auténtica realización.

Pero aún respondiendo esto seguimos algo cortos; limitados a la idealización, pues falta la manera de poner todo esto en acción y darle un sólido cimiento que nos ayude a mantener el curso que estamos eligiendo:

Captura de pantalla 2013-08-13 a la(s) 16.41.39Tener siempre presente las cosas que más valoramos en nuestra vida, la familia para unos, la libertad financiera para otros, la salud física para unos más; así como los principios más sólidos que sirven de timón en todo lo que hacemos: honestidad, valor, trabajo, honradez, humildad o cualquiera que sean los principios y valores que sostengamos, resultan la mejor y única brújula para guiar las decisiones que tomamos.

Para finalmente, dejar de idealizar y comenzar a accionar. Es decir, encontrar la actividad profesional y personal que mejor nos permitirá dejar nuestra marca o legado personal en la vida de los demás.

Seis simples preguntas de hacer, aunque no tan fáciles de responder.

Algunas lecciones, parte 2: carencia vs abundancia.

Esta es quizás una de las lecciones que más trabajo me ha costado (o me sigue costando) aprender.

La sociedad en que vivimos, nos ha engañado enseñándonos que la realización y éxito personal está la cantidad de dinero que tenemos en el banco y  los bienes materiales que llenan nuestra hogar.

De modo que resulta muy sencillo frustrarse y sentirse fracasado cuando los negocios no resultan como fueron planeados, los recursos económicos comienzan a escasear y tu capacidad de comprar todo aquel capricho que tenías se ve drásticamente disminuida.

Es aún más fácil pensar equivocadamente que has caído en un hoyo del que nunca podrás salir y que la vida injusta te castiga quitándote aquello a lo que, casi por nacimiento, crees tener derecho.

Y entonces pierdes la capacidad de darte cuenta que, a pesar de lo difícil que está siendo todo; día a día, poco a poco, muy poco a poco, vas avanzando.

Que de una manera u otra, al menos para lo más básico, sí te está alcanzando.

Y entonces, si no te das cuenta de esto, continuas alimentándote a ti mismo la idea de que para nada alcanza y que tienes que vivir con austeridad.

Pero ha sido mi experiencia que los planes de austeridad no traen consigo más que carencia.

Porque hay una gigantesca diferencia entre vivir con simpleza y sufrir con carencias:

Ser austero supone que no te alcanza y por lo tanto tienes que recortar hasta el más mínimo de los gastos.

Vivir con simpleza, por el otro lado, propone que no requieres de mucho más para tener todo lo que necesitas.

Y cuando comienzas a vivir con simpleza, te das cuenta que tal vez el dinero con que cuentas no te alcance para comprar todo lo que quisieras, pero siempre será suficiente para cubrir todo lo que sí necesitas.

Y si entiendes este simple concepto, aprendes a agradecer que tan solo por hoy y para hoy sí fue suficiente, que las deudas tienen que administrarse y que tu debes seguir adelante.

Despacio, lento, pasito a pasito, aunque algunos días la angustia te gana, comienzas a recuperar la confianza, tu sentido de abundancia empieza a asomar la cara y las ganas de ser espléndido otra vez regresan a ti. Por fin quieres volver a compartir.

Algunas lecciones parte 1: De colaboradores, valores, principios y prioridades.

Lecciones. Puedo decir con confianza que, de los últimos tres años, tengo todo un almanaque de estas.

Dicen por ahí que la única manera de terminar de aprender algo es compartiendo tu experiencia con los demás. Que una vez que seas capaz de explicar con algo de claridad lo que has aprendido, podrás terminar de grabar esa lección en tu mente; y que conocimiento que no se comparte pierde por completo, su valor.

Así que ahora, intentaré hacer algo de sentido de algunos de estos aprendizajes, compartiéndolos aquí. Empezando por la enorme importancia que tiene saber rodearse de las personas correctas y tener mucho cuidado en entender a quiénes dejamos entrar a nuestras vidas.

“Si quieres llegar rápido, viaja solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”, dice con mucha razón el dicho. Lo que no dices es que si no somos cuidadosos, la compañía que elegimos, no solo no nos ayudará a llegar lejos, pero también nos detendrá, o al menos entorpecerá nuestro avance.

Si las personas de quienes nos rodeamos no tienen valores semejantes a lo que nosotros más valoramos, si no se rigen por principios similares a los nuestros y si no comparten la misma misión, difícilmente caminarán en la misma dirección.

Puede ser que en un inicio la emoción de comenzar una nueva aventura empuje a unos a ceder un poco y a otros también, para alinearse con las prioridades y objetivos que han trazado. Pero poco tiempo se requiere para que cada quien vaya mostrando (o monstruando) sus “verdaderos colores”.

El primer reto es que todos compartan la misma misión, con la misma pasión. Si alguien no está cien por ciento alineado con la meta y el plan de acción que han definido, pronto de distraerá con otro camino.

El segundo obstáculo que hay que sortear es que todos compartan los mismos valores. Puede ser que todos estén convencidos de que la dirección que han trazado para el grupo, es la correcta, pero si alguien en el grupo, en realidad no valora el “por qué” están haciendo lo que hacen, y solo está ahí porque le parece una buena manera de ganar algo de dinero, mientras “ayuda” a una buena causa, la causa más importante para este será tener más dinero y en tanto esta oportunidad se le presente se irá sin dejar huella alguna, abandonado al grupo tal vez incluso cuando más se le necesita.

Y el tercero y más importante tropiezo que podemos llegar a enfrentar es que, en efecto todos compartan apasionadamente la misma misión y que todos sostengan los mismos valores; pero si tan solo un miembro del equipo no se rige por los mismos principios, más temprano que tarde, la burbuja reventará. Puede que todos quieran llegar al mismo destino y todos valoremos mucho la perseverancia y el éxito, pero si en los principios de otro no está la honestidad y la honradez, puede anular por completo ese éxito. Puede que todos valoren muchísimo el desarrollo del talento, pero si en principio alguien lo hace por el reconocimiento y prestigio que esto le puede traer versus el impacto que puede dar ¿a qué le pondrá mayor atención?

Al inicio, en medio de la confusa emoción de emprender un nuevo camino, puede parecer que todo funcionará muy bien, pues nos hemos asegurado de tener las herramientas y sobre todo a las personas correctas con el conocimiento preciso y las experiencia exacta para nuestro recorrido, pero si en el fondo la misión no es la misma para todos, si en verdad no compartimos los mismos valores y no son los mismos principios los que rigen esa caravana, muy pronto esta se desmantelará en los intereses escondidos que algunos ocultaban.

De ahí la tremenda importancia de aprender a asociarse y rodearse de las personas correctas.

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Vueltas de la vida.

Han pasado casi tres meses desde el último post aquí en DLC. Los retos enfrentados en ese tiempo consumieron de alguna manera mis ganas de escribir. Mi atención era requerida en otros asuntos críticos que requerían inmediata solución.

Por fortuna las aguas se han calmado y, aunque todavía quedan algunos temas por resolver, como al final de cada tormenta, el río toma su cauce y todo comienza poco a poco a caer en su lugar.

¿Qué debo escribir para regresar a DLC?, ha sido una pregunta que me ha dado vueltas a la cabeza en las últimas semanas y, sobre vueltas precisamente es que un tweet de mi amigo Dani Granatta (aunque él no lo sabe, que somos amigos sí, que inspiró mi post no) me recordó sobre lo que quería compartir: “A veces la vida te lleva por senderos que ya caminaste, para que puedas comprobar cuánto has cambiado…”

Y es que a veces, nuestro ego nos ciega tanto que cuando se nos presenta la oportunidad de hacer algo que ya hemos hecho, pensamos que sería un retroceso volver a hacerlo porque creemos que hemos crecido más allá de eso, cuando en realidad el volverlo a hacer es justo lo que nos permitirá, no solo saber cuánto hemos crecido, evolucionado y madurado en realidad, sino poner todo ese aprendizaje, experiencia y madurez, en servicio de otros.

Con frecuencia lo que pensamos que puede ser un paso atrás es en realidad la maravillosa oportunidad de regresar a hacer lo que mejor sabes y más disfrutas hacer y poner tu experiencia, fortalezas, habilidades y competencias al servicio de los demás.

De recordar tu propósito en la vida y tener un norte que te sirva de guía y te ayude a entender que ninguna definición de ti mismo es definitiva y que puedes cambiar cuantas veces sea necesario, volver atrás y volver a avanzar, detenerte brevemente para analizar, pensar, aprender y de nuevo comenzar una nueva vuelta para llegar al final a formar y a vivir la vida que quieres para tí.

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Dive in…

Imagínate subiendo por la escalera de una plataforma de clavados por primera vez. Pasas el trampolín de los tres metros y continuas subiendo hasta la plataforma de los 10 metros, mientras te preguntas qué estabas pensando cuando decidiste hacer esto, y evitas a toda costa voltear hacía atrás.

Al fin llegas hasta la cima, pones un pié en la plataforma y luego el otro.  Los tres metros de ancho te resultan demasiado angostos para poderte mover (si tu cuerpo te lo permite) y eternos te parecen los 6 metros de largo que ahora tienes que recorrer.

Poco a poco recuperas el aliento y algo de movilidad. Te acostumbras al espacio pero sabes que no puedes quedarte ahí, tienes que continuar. Un pié frente al otro y el primero otra vez, comienzas a avanzar. Sabes que tienes que saltar, por eso haz subido hasta allá.

Cada paso representa unos segundos más para hacerte de valor. Tres pasos más y estarás a punto de saltar. Solo medio paso más y nada te detendrá.  Es el momento de la verdad, en el que te demostrarás lo mucho o no tanto que crees en ti.

Voltear atrás y regresar por donde llegaste resulta ahora mucho más peligroso que saltar, y quedarte donde estás lo es aún más. Tienes que saltar.

Lo piensas dos veces y una vez más. Calculas los escenarios e imaginas más de una situación. Recuerdas a todas las personas que has visto saltar. ¿Cómo lo hicieron?

Decenas de emociones sientes a la vez. La duda te invade. El valor crece pero el miedo también. Quieres reír, quieres llorar. Abajo la gente grita porras y lanza frases de ánimo, prometiéndote que todo saldrá bien; ¿pero qué saben ellos si están cómodos y seguros donde están? Atrás de ti viene alguien más que quiere saltar. Sientes la presión. Te llenas de ánimo y la adrenalina recorre tu cuerpo. Ha llegado el momento y entonces das un paso para atrás y recuerdas que regresar no es ya una opción.
Quedarte ahí colgado, mucho menos lo es.

Solo hay dos opciones al frente, saltar con intención y dirección, confiando en que la caída será segura o solo dando un paso adelante y dejándote caer, dudoso de dónde y cómo caerás.

Estás a punto de hacerlo… y en eso despiertas y recuerdas que no es una alberca la que hay ahí abajo, sino el siguiente paso en tu carrera, mejor dicho en tu vida, el que vas a dar.

Así que tu, sonríes y…

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