De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Vueltas de la vida.

Han pasado casi tres meses desde el último post aquí en DLC. Los retos enfrentados en ese tiempo consumieron de alguna manera mis ganas de escribir. Mi atención era requerida en otros asuntos críticos que requerían inmediata solución.

Por fortuna las aguas se han calmado y, aunque todavía quedan algunos temas por resolver, como al final de cada tormenta, el río toma su cauce y todo comienza poco a poco a caer en su lugar.

¿Qué debo escribir para regresar a DLC?, ha sido una pregunta que me ha dado vueltas a la cabeza en las últimas semanas y, sobre vueltas precisamente es que un tweet de mi amigo Dani Granatta (aunque él no lo sabe, que somos amigos sí, que inspiró mi post no) me recordó sobre lo que quería compartir: “A veces la vida te lleva por senderos que ya caminaste, para que puedas comprobar cuánto has cambiado…”

Y es que a veces, nuestro ego nos ciega tanto que cuando se nos presenta la oportunidad de hacer algo que ya hemos hecho, pensamos que sería un retroceso volver a hacerlo porque creemos que hemos crecido más allá de eso, cuando en realidad el volverlo a hacer es justo lo que nos permitirá, no solo saber cuánto hemos crecido, evolucionado y madurado en realidad, sino poner todo ese aprendizaje, experiencia y madurez, en servicio de otros.

Con frecuencia lo que pensamos que puede ser un paso atrás es en realidad la maravillosa oportunidad de regresar a hacer lo que mejor sabes y más disfrutas hacer y poner tu experiencia, fortalezas, habilidades y competencias al servicio de los demás.

De recordar tu propósito en la vida y tener un norte que te sirva de guía y te ayude a entender que ninguna definición de ti mismo es definitiva y que puedes cambiar cuantas veces sea necesario, volver atrás y volver a avanzar, detenerte brevemente para analizar, pensar, aprender y de nuevo comenzar una nueva vuelta para llegar al final a formar y a vivir la vida que quieres para tí.

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Dive in…

Imagínate subiendo por la escalera de una plataforma de clavados por primera vez. Pasas el trampolín de los tres metros y continuas subiendo hasta la plataforma de los 10 metros, mientras te preguntas qué estabas pensando cuando decidiste hacer esto, y evitas a toda costa voltear hacía atrás.

Al fin llegas hasta la cima, pones un pié en la plataforma y luego el otro.  Los tres metros de ancho te resultan demasiado angostos para poderte mover (si tu cuerpo te lo permite) y eternos te parecen los 6 metros de largo que ahora tienes que recorrer.

Poco a poco recuperas el aliento y algo de movilidad. Te acostumbras al espacio pero sabes que no puedes quedarte ahí, tienes que continuar. Un pié frente al otro y el primero otra vez, comienzas a avanzar. Sabes que tienes que saltar, por eso haz subido hasta allá.

Cada paso representa unos segundos más para hacerte de valor. Tres pasos más y estarás a punto de saltar. Solo medio paso más y nada te detendrá.  Es el momento de la verdad, en el que te demostrarás lo mucho o no tanto que crees en ti.

Voltear atrás y regresar por donde llegaste resulta ahora mucho más peligroso que saltar, y quedarte donde estás lo es aún más. Tienes que saltar.

Lo piensas dos veces y una vez más. Calculas los escenarios e imaginas más de una situación. Recuerdas a todas las personas que has visto saltar. ¿Cómo lo hicieron?

Decenas de emociones sientes a la vez. La duda te invade. El valor crece pero el miedo también. Quieres reír, quieres llorar. Abajo la gente grita porras y lanza frases de ánimo, prometiéndote que todo saldrá bien; ¿pero qué saben ellos si están cómodos y seguros donde están? Atrás de ti viene alguien más que quiere saltar. Sientes la presión. Te llenas de ánimo y la adrenalina recorre tu cuerpo. Ha llegado el momento y entonces das un paso para atrás y recuerdas que regresar no es ya una opción.
Quedarte ahí colgado, mucho menos lo es.

Solo hay dos opciones al frente, saltar con intención y dirección, confiando en que la caída será segura o solo dando un paso adelante y dejándote caer, dudoso de dónde y cómo caerás.

Estás a punto de hacerlo… y en eso despiertas y recuerdas que no es una alberca la que hay ahí abajo, sino el siguiente paso en tu carrera, mejor dicho en tu vida, el que vas a dar.

Así que tu, sonríes y…

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Recetas de vida… no las hay.

Ayer, durante la comida, una querida amiga me contó una breve fábula:

Un día una mujer le prometió a su esposo que prepararía su platillo favorito: Pierna de cerdo al horno, con la receta secreta de su mamá. Siempre que él prometiera acompañarla al mercado a comprar todo lo necesario.Entusiasmado el hombre aceptó. Al día siguiente, de acuerdo a lo planeado, fueron al mercado donde puesto por puesto compraron todos los ingredientes que la famosa receta indicaba. Cuando llegaron a la carnicería la señora le dijo al carnicero: “Me da por favor una pierna de cerdo y le corta 5 centímetros de la parte más ancha por favor.” Extrañado, el marido le preguntó: “¿estás segura de lo que pediste? ¿Quieres que le quiten 5 centímetros de la parte más ancha de la pierna? ¿Por qué?”. A lo que ella simplemente respondió: “claro, así lo dice claramente la receta de mi mamá”, a la vez que le mostraba, con toda la confianza y confort que tener un contrato por escrito da, el papel que, en puño y letra de su mamá, contenía la tan famosa receta.
El esposo no pudo con la duda así que en la primera oportunidad que tuvo, preguntó a la mamá de su esposa por qué la receta decía que había que quitarle 5 centímetros de carne a la parte más ancha de la pierna de cerdo. A lo que ella contesto con similar certeza: “porque así lo indica la receta que me pasó mi propia madre.”. El señor, ahora aún más integrado por esta receta trans-generacional, visitó a la abuela de su esposa con el propósito único de saber por qué su receta secreta indicaba, con tan absoluta claridad, que para preparar su famosa pierna de cerdo había que quitarle 5 centímetros de la parte más ancha de la pierna. La abuela, incrédula ante semejante pregunta, con ternura respondío: “fácil hijo, porque sino se los quito, la pierna de cerdo no cabe en el horno de mi cocina”.

Y tengo que preguntar: ¿Cuántas veces no hemos hecho o dejado de hacer algo porque la receta que nos pasaron considera un ajuste que era, en realidad, específico y único para las condiciones de vida de otra persona?

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Siempre hay una receta de vida que queremos seguir.

Con mayor frecuencia que no, seguimos la receta que otros han preparado para nosotros y recorremos el camino que nuestro círculo social ha dado por bueno para nuestra vida. Con buenas intenciones, por costumbre, porque así lo hicieron otras generaciones en tu familia, etc, nos apegamos al instructivo de “cómo tú vida debe ser”, aún sin entender por qué o quién dijo que así tenía que ser.

En otras ocasiones, buscamos la fórmula secreta para “tener una vida exitosa” viendo la vida y obra de otros y pensando que si seguimos su camino podremos, entonces, vivir igual que ellos; olvidando que esa es la vida de otros y que no existe razón alguna por la cual las cosas tengan que funcionar exactamente igual para nosotros.

Algunas veces también, pretendemos dejar la responsabilidad del mapa que habremos seguir, en manos de alguna corporación que nos dicte cuándo, dónde y cómo habremos de seguir dicho mapa.

Y en otras también, de forma aún más trágica, bebemos demasiado de nuestro propio jarabe y formamos una imagen idealista e inflexible de lo que pensamos que nuestra vida debe ser para sentirnos felices.
En un inicio, tener una visión clara del estilo, forma, tipo y nivel de vida que queremos tener es muy bueno pues nos hace responsables de crear, construir y vivir nuestra propia vida. Pero entonces, si no somos cuidadosos y tomamos en cuenta que hay subidas y bajadas, cambios repentinos en nuestro entorno, responsabilidades y compromisos que cumplir, nuestra visión de vida se convierte, peligrosamente, en una obsesión que más pronto que tarde, obstaculiza la realización misma de la visión de vida que hemos definido. Opacando nuestra propia visión y limitando nuestro espacio de acción para movernos y hacer los ajustes necesarios a nuestro recorrido, trazar los nuevos caminos en nuestro mapa, asumir nuevos riesgos y recorrer el camino necesario para construir y vivir la vida que queremos vivir.

Porque no basta con solo soñar y pre-escribir una receta para vivir la vida que queremos tener; necesitamos vivirla con sus bajas y altas, con sus retos y cambios y con los grandes momentos y logros que hacen que todo, al final, valga la pena lo recorrido.

Mi tema de vida en 2013.

Segundo día del año y en todos lados llueven las listas de propósitos de año nuevo. En las reuniones familiares, entre amigos, en el trabajo y hasta en el time line, todos comparten con gran ánimo la lista de buenos propósitos que este año prometen sí cumplir. El problema es que basta con entrar al segundo mes del año o que comencemos a lidiar con las tareas cotidianas de nuestra vida para empezar a dejar atrás la mayoría de esas buenísimas intenciones con las que pretendíamos convertirnos en una mejor persona.

En lugar de esto, desde hace ya varios años, decidí adoptar la idea que mi amigo Phil Gerbyshak proponía en su blog – Make it Great, de definir un tema de vida para todo el año. Práctica que durante años me ha sido muy útil pues, al hacerlo, fijo una dirección con la cual alinear todas mis actividades en los siguientes meses, dándome a la vez, el suficiente espacio para hacer cambios y ajustes (sin perder el rumbo) de acuerdo a la situación en que me encuentre y/o retos que enfrente; además de permitirme mayor flexibilidad para medir un avance real hacia lo que me he propuesto para dicho año, versus tachar, o mejor dicho dejar de tachar una lista de propósitos no cumplidos; complementando mi tema anual con otra, muy útil práctica que comencé a realizar desde el año pasado: La regla de tres en tres. Dividir mi tema en 3 grandes áreas que a su vez puedo desmenuzar en tres objetivos trimestrales, tres mensuales o tres semanales para realizar cada día, por lo menos 3 acciones clave que me lleven a vivir mi tema anual todos los días del año.

Y así, para este 2013 el tema de vida anual que he definido es: VIVIR.

Cada día crear, construir y VIVIR la forma y el estilo de vida que quiero vivir. Una vida alegre, próspera, sana y saludable, armónica, pacífica, de servicio a otros y llena de abundancia, en la que siempre alcanza y todo se puede compartir.

Y para VIVIR así he definido las tres aristas más importantes que guiarán mis acciones durante todo el año:

1) Procurar mi salud para estar en excelente condición física que me permita ser un gran papá y esposo, trabajar como mucha energía y alegría, viajar seguro y siempre tener una sonrisa para los demás. Logrando un sano equilibrio de mi energía física (adoptando una más estricta rutina de ejercicio), emocional (dedicando más tiempo a meditar y practicar Reiki como antes), intelectual (continuando con distintos estudios y enfocando mi atencíon en lo que importa y evitando distractores) y espiritual (asegurándome de que todas mis acciones estén siempre alineadas con mis principios, valores y prioridades).

2) Dedicar tiempo en cantidad y de calidad a mi familia y a mi hogar.
Procurar un ambiente de paz y alegría en casa. Apoyar y acompañar a mi hija en su desarrollo, enseñarle y aprender de ella también. Apoyar y acompañar a mi esposa, ser una pareja más cariñosa y atento a sus necesidades. Y ser un mejor amigo visitando mucho más a esos grandes amigos que tanto me han aguantado y apoyado.

3) Continuar y solidificar mi trabajo como coach, consultor, conferenciante y autor. Participando con nuevas organizaciones y viejos amigos también como conferenciante y facilitador. Apoyando a más personas como coach, acompañándolos en su desarrollo personal, liberar sus habilidades y fortalecer sus competencias. Ayudando a empresas a desarrollar las fortalezas de sus integrantes, a entender mejor las nuevas herramientas de trabajo que los medios digitales traen consigo e integrar una renovada visión como equipo. Ayudando a emprendedores y líderes de diversas organizaciones a hacer una mejor adopción de los medios digitales en sus esfuerzos de comunicación y mercadotecnia, pero también en otras áreas funcionales que mucho pueden aprovechar y tanto se han resistido a la tecnología. Y apoyando a más profesionales a encontrar y ejercer su marca personal y a empresas y organizaciones su marca como empleador, para propiciar que estas se encuentren en un punto en común que beneficie a organizaciones y profesionales por igual.

Y así VIVIR todos los días del año como lo quiero VIVIR.

Tu turno. ¿Cuál es tu tema para el 2013?

@lasmanadas, @saraeshken, @Danykill, @mmandujano, @Macrisjauregui, @OdetteRdz, @ftrevino, @gonzoogle, @lezorrillo,@betyosunag, @jonathanalvarez, @rebecadallal, @wera_supernova, @jazminfajardo, @RomeoMarquez, @LaMazapancita, @RicardoZamora, @Amenazza, @marimar_g, @guruclef, @alfonsolg, @heberthernandez, @allan05, @ImSarai, @linaerg, @AngelicaGG, @gpbolde, @seumenicht, @PAVKA, @wolfmulder, @martinaceves, @p_mendicuti, @BONO_DG, @luserrano, @monyherrero, @ricardoblanco, @equevedo, @imarchant, @heberthernandez, @varu28, @luismaram, @LaBreton, @Ivette_pollis, @FannyCeron, @ImBrendaHali, @EloyLopezJ, @RafaCids, @MECHEJAHN, @KPPT1.

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Productividad de tres en tres.

Existe un enorme mito implícito o tal vez forzado sobre la productividad en el trabajo que hace creer que entre más tiempo pasa uno en la oficina lejos de cualquier otra actividad que no tenga que ver con su trabajo, más productivo es el trabajador. Incluso en muchos países, por lo menos de América Latina, es hasta mal visto que una persona se vaya de la oficina a la hora puntual del término de labores, mucho peor si necesita salir unas horas antes.

Pero en realidad es todo lo contrario. O por lo menos esta ha sido mi experiencia en el último año.

Hay una práctica de productividad que como coach había rondado mi mente por muchos años, pero que en lo personal he explorado, puesto en práctica y compartido en distintos foros a penas durante este último y que, aunque como todo en la vida, no es 100% infalible, en lo personal me ha generado muy buenos resultados.

 Productividad de tres en tres.

Tres grandes áreas de enfoque en el año, divididas en tres objetivos menores que obtener cada trimestre, que a su vez desgloso en tres logros importantes que alcanzar en cada mes, mismos que puedo dividir en tres avances importantes en la semana y, por supuesto, tres acciones clave diarias que me ayudarán a avanzar con paso firme hasta mis tres grandes objetivos del año.

¿Suena raro o irreal? Haz cuentas. Si cada día realizas 3 acciones contundentes, específicamente dedicadas a acercarte a vivir (y fíjate que dije VIVIR no cumplir – aquí esta la verdadera clave de todo) los 3 grandes temas de tu año, en una semana habrás realizado 21 actividades asociadas justo a esas 3 grandes áreas de enfoque de vida. Es decir, en un año habrás hecho 1,095 acciones para vivir como tu querías vivir ese año.

¿Y cómo entonces podrías decir que no has sido productivo en el año si has vivido cada día como lo querías vivir?

Mis 3 grandes áreas de enfoque este año han sido tener un mayor acercamiento a mi familia y pasar más tiempo juntos y a la vez mantener una calidad y nivel de vida digno y suficiente, apoyando como coach, conferenciante, entrenador, columnista y autor a otras personas a desarrollar y fortalecer sus competencias para que puedan hacer un trabajo mejor. Y esta práctica de tres en tres definitivamente hizo una ENORME diferencia para mi.

Piénsalo. Haz el ejercicio. Define cuáles son tus 3 grandes áreas de enfoque para el 2013 y anímate a probar la regla de 3 en 3 el primer mes. Y si en algo como coach te puedo ayudar, házmelo saber. Será un privilegio poderte apoyar.

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5 prácticas diarias de cambio personal.

No se ustedes… en lo personal estoy cansado de escuchar cuanta versión se les pueda ocurrir respecto al 21 de Diciembre del 2012. Desde los que hablan de cataclismos terribles que ni siquiera valen la pena leer, hasta los que dicen que se trata de un cambio de conciencia que vamos a vivir para comenzar una era de 2000 años de luz y bienestar.

El problema, es que no importa cuál es la versión que elijas escuchar todas están hablando de impulsar un cambio resultado del miedo. Miedo a lo que pueda suceder, miedo a quedarse atrás, miedo a no saber que viene, miedo a no cambiar…

¿Pero puede darse un cambio verdadero en nuestro comportamiento a través del miedo? No lo creo. Quiero decir, puede ser que haya quienes modifiquen ciertas conductas de manera temporal para evitar un castigo o una consecuencia no deseada, pero estas no cambian de verdad.

El cambio, uno auténtico y sostenible, se da, desde mi punto de vista, desde el más profundo deseo de ser y estar mejor; y se genera viviéndolo todos los días, incluso cuando no se siente tan natural. Se practica, se ejerce y se vive día a día. Y se cambia para uno y por uno mismo, no por los demás.

Jamás podría ni siquiera pretender hacerme pasar como un experto, gurú o líder espiritual. De hecho no creo mucho en estos. Pero como coach de vida, en los últimos años he trabajado mucho en hacer un cambio importante en mi, que hoy me es más evidente cuando me miro al espejo.

Mucho me falta por hacer y aprender, pero estoy tranquilo sabiendo que hay al menos 5 prácticas que he logrado hacer propias y que me pueden ayudar, y espero a ti también, a continuar con este interminable proceso de crecimiento personal:

1)   Agradecimiento auténtico, profundo y total: Cada día al despertar me aseguro de que la primera palabra que cruce por mi mente sea GRACIAS. Gracias por una vida plena y llena de bendiciones, de salud, energía y bienestar. Gracias por una familia maravillosa, sana, alegre y llena de luz. Gracias por un hogar lleno de luz, paz, alegría, bienestar, abundancia y prosperidad. Gracias por la oportunidad de trabajar haciendo lo que más me gusta hacer y mejor se hacer y en servicio de los demás. Gracias por contar con todos los recursos que necesito para cubrir todas las necesidades de mi familia. Gracias por la vida misma.

2)   Recordar cada día mi por qué. Dejar de lado los gritos del ego que llaman a querer ser reconocido y querido por muchos a quienes en realidad no importas tanto, para concentrarte en estar con quienes sí. Nutrir las relaciones con tus seres más queridos, pasar tiempo con tu familia, acompañar a tus hijos, enseñarles y aprender de ellos. Recorrer caminos junto a tu pareja, acompañarla en sus sueños y permitirle acompañarte en los tuyos. Recordar a tus padres y hermanos, a tus amigos. Llamarles para decirles “Te quiero”.

3)  Saber que siempre hay suficiente y que no se necesita más para vivir bien.
Hoy entiendo que tengo lo que necesito pero no necesito lo que tengo, y mucho menos lo que no. No estoy peleado con tener todos los juguetes, comodidades y lujos que pueda tener, pero jamás seré un prisionero de estos otra vez.

4) Procurar tu salud y energía física, mental, emocional y espiritual. Nutrir tu cuerpo lo mejor posible, aunque confieso que en esto aún me falta mucho por hacer. Ejercitarte todos los días, leer, estudiar, meditar. Realizar una alineación y balanceo espiritual continuo.

5)   Ser parte de algo más grande que uno mismo. Ayudar a los demás. Entender que no necesitamos ser un político prominente, un empresario multimillonario, un mártir o una leyenda para hacer un cambio favorable para los demás y que, el más mínimo de los detalles puede hacer el más grande de los cambios en alguien más. Que la vida de otros se toca con actos. Haciendo tu trabajo pensando no solo en que así es como vas a cobrar y ganarte la vida, sino que así vas a crear tu vida y vivirla.

Tal vez no sean muchos, quizás para algunos sí. Pero para mi recordar esto todos los días me ha ayudado a vivir el cambio que quiero ver en mi.

Tolerancia y respeto en la red.

¿Cuándo fue la última vez que criticaste o descalificaste a alguien más?

Si estás en Twitter, FaceBook, Linkedin o una que otra red social más; y trabajas en el medio de marketing, comunicación y publicidad, te aseguro que no habrá sido hace mucho…

Cada vez es más frecuente ver como unos a otros se descalifican con lo que y por lo que publican en su time line, en sus blogs, en sus muros.

Profesionales de distintas carreras, historias diferentes y diversos niveles de conocimiento y experiencia, tratando de hacer menos a otros para tratar de hacerse parecer, así mismos, mejores que los demás.
No solo mostrando su desacuerdo con lo que otros comparten, pero descalificándolos y menospreciándolos, en la red, como nunca se atreverían a hacerlo de frente.

Para ser franco, no se si esto se vea en otros campos y profesiones o si, por la natural cercanía con estos medios y el egocentrismo que la misma labor de comunicación trae consigo, sea este un padecimiento casi exclusivo de quienes trabajamos en marketing y comunicación (en la disciplina y medio que sea); pero basta hacer una simple búsqueda en Twitter de palabras como Gurús o expertos, y en distintos idiomas (es decir no es privativo de México o América Latina, sino que sucede en todo el mundo), para encontrar, de entre los resultados, decenas, sino es que cientos de tweets haciendo burla o críticas al respecto.

¿Quién nos dijo que estábamos preparados para ser juez y parte?

El truco está en la tolerancia y la tolerancia está en saber escuchar sin juzgar.

Y eso es precisamente lo que todos deberíamos intentar hacer, para después poder compartir con la misma seguridad, de que no seremos descalificados solo porque sí, nuestro punto de vista.

Hace tiempo lancé en el time line una pregunta que últimamente me hago a mi mismo casi todos los días: ¿Qué somos hoy capaces de hacer que hace un año no sabíamos?

Me parece que en mi caso, y habiendo, en su momento, lanzado mi buena parte de críticas a otros, una de las cosas que he aprendido es que todos tenemos derecho a compartir lo que pensamos y lo que sabemos o, por lo menos lo que creemos saber.
Todos tenemos derecho a intentar ganarnos un lugar en una industria y crear un nombre para nosotros en el medio en el que nos desempeñamos.

Ya estará en cada uno de nosotros hacerlo con honestidad, humildad y trabajo duro y real. Pero en esto es en lo que nos deberíamos fijar y no en lo que están haciendo los demás. Porque una vez que logramos no perder de vista el enorme trabajo que nos está costando ganarnos nuestro lugar, podremos ver el mérito en el trabajo de los demás y no solo excusas para criticarlos nada más.

Pienso que tal vez ha sido el último par de años que he pasado lejos de la vida corporativa, lanzando, construyendo con mucho trabajo y manejando mi propia organización, lo que he me ha ayudado a darme cuenta de esto. Pero lo que sea que haya sido estoy agradecido porque, al ver o escuchar del trabajo de otros, hoy me doy (no a ellos, a mi) la oportunidad de preguntar e investigar que han hecho para así poder dejar de lado a fanfarrones y embusteros y reconocer y respetar el trabajo que, de acuerdo o no con el, estos profesionales han hecho.

“Ese hombre no me simpatiza. Debo darme a la tarea de conocerle mejor” dijo alguna vez Abraham Lincoln.

Y eso traté de hacer hace algunos años cuando, como muchos, yo criticaba lo que mi hoy amigo Guillermo PérezBolde publicaba. Hoy algunos me critican a mi porque yo ya no lo critico a el. Pero ¿Con qué cara podría criticarlo a el o a cualquier otra persona, si antes no me di a la tarea de, cara a cara, preguntarle exactamente qué hacía o por qué lo hacía; conocer un poco sobre su historia y su experiencia y decirle de frente lo que pensaba?

Hoy sigo sin estar de acuerdo con algunos de sus puntos de vista y él con los míos también; pero los hemos discutido de frente, con un café en la mano o compartiendo el mismo foro en distintos eventos. Y eso no nos hace ni mejores ni peores que el otro, nos hace solo diferentes. Y esa diversidad permite que haya tantas maneras de hacer nuestro trabajo.

Por supuesto esa buena fe que uno otorga a otros puede traer otras consecuencias no deseadas, como las que hoy pago al haber confiando en quien tantas personas me decían a gritos que no lo hiciera… pero a final de cuentas es una lección y experiencia (nada agradable o fácil) más para crecer… y material para otro post.

El respeto no se impone, se gana.

No busques ser respetado imponiendo tu punto de vista y descalificando el de los demás. Gánate el respeto de otros regalándoles tu respeto a ellos primero.

Seguramente seguiremos encontrándonos con muchas personas con quienes no estaremos del todo de acuerdo y, sin duda, también nos cruzaremos con alguno que otro embustero total. Pero no perdamos el tiempo queriendo “desenmascarar” a quienes ni el tiempo merecen y mucho menos demeritando el trabajo de quienes están haciendo su mejor (recuerda tu no eres quien para decir si sí o no) esfuerzo, porque todos ellos, por alguna razón se han ganado su lugar.

… y un último favor… si en algún momento en mi time line ves que cometo el error de criticar o demeritar a alguien más, por favor siéntete libre de restregarme en la cara este post.

Más de una forma para cumplir un sueño…

Todo empieza con un sueño.

La idealización del cómo queremos vivir nuestra vida; no importa si se trata de una próspera carrera corporativa, una vida de filantropía, dejar un gran legado para el mundo, ser famoso o llevar una vida tranquila y familiar, todos comenzamos con un pequeño esbozo, vestido de sueño y arropado de esperanza, de lo que queremos hacer de nuestra vida.

El tiempo pasa, la vida avanza y nosotros seguimos soñando.

Adoptamos como nuestros los sueños de alguien más hasta darnos cuenta de que jamás fue eso con lo que soñábamos. Buscamos entonces nuestro propio sueño, a veces cayendo desesperadamente en un hoyo negro donde resulta casi imposible  ver aquello con que soñamos.

Entonces un día todo hace sentido y abrimos los ojos a un nuevo sueño.
Sabemos lo que queremos y creemos saber qué tenemos que hacer para conseguirlo. Nos preparamos. Trabajamos. Nos esforzamos. Mantenemos el sueño vivo día con día hasta caer casi en la obsesión, convirtiendo así, nuestro sueño, en una gran pesadilla.

“¿Pero qué estaba yo pensando cuando comencé a soñar con esto?”, “¿jamás conseguiré mi sueño?”, “¿Será momento de comenzar a soñar con otra cosa?”
Son algunas de las preguntas que acosan a nuestros pensamientos y casi con certeza llegamos a pensar que nuestro sueño no era más que una locura.

¿Pero en realidad lo es o es que simplemente nos tomamos mucho del kool-aid que nos dieron a beber los vendedores de sueños que dicen que con solo soñarlo y decretarlo es suficiente?

Los sueños no se cumplen, se viven.

A los sueños no se llega para declararlos cumplidos. A los sueños se llega viviéndolos todos los días.  Y con esto quiero decir que hay más de una forma de cumplir, o mejor dicho vivir nuestros sueños. Y que esa imagen utópica de la realización mágica de estos no es más que una de cientos o tal vez miles de formas en las que podemos vivir nuestros sueños.

Y cuando aprendemos a desprendernos de la utopía de nuestro sueño, cuando aceptamos que podemos vivirlos desde ya, desde el sitio en el que nos encontramos, en vez de buscar cumplirlos; cuando decidimos cambiar, no el destino, pero si el camino, el vehículo que usamos y hasta la compañía que tenemos, podemos dejar la vieja pesadilla atrás para vivir todos los días como queremos soñar.

 

3 acciones para no estorbar tu propio camino.

“Perdona y olvida”, “Vive y deja vivir” y otras frases similares dicen por ahí, para aconsejarnos no guardar rencores y seguir adelante a pesar de lo que nos haya ocurrido en el pasado.

Pero ¿cuántas veces logramos en verdad perdonar y olvidar? A menos que tu apellido sea Gautama, dudo que sea muy seguido.

La realidad es que no es fácil justificar, entender y disculpar a quien crees que te ha hecho daño de una manera u otra. Mucho menos olvidar lo que crees que hizo y la forma en la que asumes que te afectó.

El problema es que igual de real es el daño que nos hacemos a nosotros mismos, cuando guardamos, o mejor dicho, traemos montados en nosotros todo el rencor que le guardamos a esa persona que nos afectó.

Con franqueza, no se si sea yo una persona capaz de perdonar por completo, olvidar totalmente y dejar pasar las cosas como si nada hubiera sucedido.

Pero lo que sí se es que no quiero ser una persona que se bloquea a si mismo por rencores, corajes y resentimientos. Mucho menos una que se eche encima el insostenible peso de “odiar” a alguien más.

Daño, nos hacemos todos entre todos constantemente, no necesariamente porque tengamos la intención de lastimar a alguien más, sino porque, con más frecuencia de la que deberíamos, sin darnos cuenta, pasamos por encima de otros con tal de conseguir aquello que tanto queríamos.
De modo que, quiero (e intento) pensar que no lo deberíamos tomar tan personal.

Pero cuando sentimos que alguien o algo nos ha hecho daño, cómo no asumirlo como personal, no lo se. Es algo que aún tengo que pensar, conversar y estudiar mucho más.

Lo que sí creo es que en tanto entiendo ese cuestionamiento, hay por lo menos 3 acciones que podemos poner en práctica para “poner a un lado” ese rencor y que no estorbe el resto de nuestro camino:

1)    Tratar de entender qué cosas son las que te afectan en realidad. No el por qué de las cosas, sino el qué, para poder identificar así qué efectos puedes aislar o eliminar de la situación actual. Incluyéndose a veces a uno mismo.

2)    Hacer un inventario objetivo de los recursos con los que cuentas para salir delante de la situación que estás enfrentando. Probablemente te des cuenta de que, aunque parezcan injustamente pocos, son justo los suficientes para salir adelante.

3)    Define un plan de acción sencillo. Acciones concretas, contadas pero muy impactantes que te ayuden a darle un giro completo a la situación. Enfócate a ejecutar y cumplir cada una de las acciones que definiste.  Voltea atrás y asegúrate de que ni tu mismo te estás estorbando para salir adelante.

¿Qué otra cosa se les ocurre a ustedes?

De mejor a más.

Todos queremos ser el mejor. La necesidad de serlo nos la imprimen desde pequeños. Aún no tenemos real uso de razón y ya nuestros padres, por un lado, y los medios por el otro, se hacen cargo de impregnar en lo más profundo de nuestra psique, la necesidad… mejor dicho la obligación de ser el mejor.

El mejor en la escuela, el número uno en la banda de honor, el mejor jugador de la selección de la escuela, el campeón.

Pasan lo años y la competitividad generada, toma inercia propia y se pone aún peor. Ya no es necesario que en casa nos digan que tenemos que ser el mejor. Ya está de sobra que la sociedad y los medios nos muestren con falsas imágenes y conceptos erróneos del éxito, lo que quiere decir ser el mejor.
Actuamos por nuestra cuenta. El programa ha sido asimilado por completo y está siendo ejecutado… buscamos ahora solo ser el mejor en la carrera, el mejor profesional, con el mejor puesto, la mejor oficina y el mejor sueldo con el que compramos el mejor departamento, el mejor coche, las mejores escuelas y los mejores juguetes… Cayendo en picada en una espiral de inútiles frustraciones producto de una incesante e innecesaria competencia con los demás; con quienes quieren lo mismo que nosotros y con quienes no lo quieren, con los nuestros, en casa, con nosotros mismos también.

Y yo me pregunto: ¿Que nos sería mucho mejor para todos sin en lugar de querer ser el mejor, quisiéramos ser el que más?

El que más satisfecho y agradecido está por lo que tiene.

El que más pasión le imprime a su trabajo.

El que más valor genera para sí y para otros.

El que más contento está con lo que hace.

El que más enfocado está en su proyecto de vida.

El que más conciente está del valor de todos los que le rodean.

El que más disfruta de su trabajo.

El que más claridad tiene sobre lo que quiere lograr en su vida personal y profesional.

El que más se dedica a cuidar su salud física, mental y espiritual.

El que más procura a sus seres queridos.

El que más veces en el dia dice gracias porque sabe cuántas bendiciones tiene en realidad.

Cosa de elegir…

3 breves pero importantísimos pensamientos sobre tu Network.

“Your net worth is your network” (Tu valor neto es tu red de contactos), dicen por ahí y con mucha razón. Pero no solo por lo que tu red contactos puede hacer por tí, sino por lo que tú has hecho por este.
En una época en la que todos queremos “enlazarnos” con todos y descubrir que tenemos en común con totales extraños y en la que queremos acortar distancias y tiempos a través de entablar “contacto” a través de las redes sociales es fácil perder de vista lo que hacer networking es en realidad, por eso quise compartir rápidamente 3 breves pero, desde mi punto de vista, muy importantes conceptos sobre la forma en la que tratamos a nuestro network.

1) ¿Qué memorias estás creando en tu red?
Cuando la gente en tu network piensa en ti ¿Cómo te recuerda? ¿Qué has hecho hasta ahora por ayudarlos a estar mejor? La gente, difícilmente, recordará el puesto que tenías cuando te conoció, podrá olvidar tal vez lo que hicieron juntos, pero nunca olvidará como la hiciste sentir. No pretendo decir que trates de darle gusto a todos en todo, pero siempre habrá algún pequeño gesto con el que puedas dejar a la gente en tu red mejor de como la encontraste!

2) ¿Cuánto procuras a tu red?
Buscar a una persona solo cuando la necesitas no hará mucho por la relación que puedas tener con esta. Nutrir una relación personal, comercial o laborar requiere de atención frecuente. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste el teléfono solo para saludar a un viejo amigo y dejarle saber que estás ahí? ¿Cada cuanto le envías alguna información relevante para algún cliente, ex-cliente o socio, aún cuando eso no represente un negocio para ti?

3) ¿Cuánto respetas y cuidas a tu red? 
Es fácil caer en la tentación de querer ser el héroe popular que todo lo puede y quien a todos conoce. Es fácil dejar salir esas peligrosas palabras de: “¡claro, es mi amigazo! yo te lo presento”, para luego presentarle a algún amigo cercano o no, cliente, proveedor o socio, a un total extraño que no sabemos si siquiera hará buen uso del contacto. Es fácil también ceder ante la tentación de pedir una recomendación a alguien que ni siquiera nos conoce bien.
Nuestra red es una comunidad y como tal debemos respetarla, darle el valor que tiene y cuidarla. No dejarías tu cartera abierta en plena calle para cualquiera la tomase, tampoco repartirías los números de teléfonos celulares de tus amigos en 10 vendedores desconocidos en la calle ¿correcto? Entonces ¿por qué lo haces a través de redes como linked-in?

6 difíciles lecciones como emprendedor

Si siguen este blog con frecuencia, sabrán que desde hace un tiempo decidí aventurarme a la vida empresarial, dedicándome por completo a esta, por lo menos en los dos últimos años.

Debo admitir que el tiempo ha sido poco y que, para nada puedo ya sentirme, ni siquiera cómodo con el título de empresario. Definitivamente aún tengo mucho que aprender para, al menos, sentir algo de equilibrio en este camino.

Pero como parte de mi mantra es seguir aprendiendo y seguir compartiendo (Keep sharing, keep learning & stay happy), no puedo dejar de… pues eso, compartir algunas de las lecciones más difíciles que, hasta ahora, he aprendido:

1. Las mejores ideas no valen nada si no eres capaz de hacerlas realidad. No importa que tan brillante, ingenioso y astuto creas que eres, si no estás preparado para trabajar y convertirlas en realidad, no eras tan brillante como en un principio pensabas que eras.

2. Tu equipo no es clave, es indispensable. Contar con gente que se identifique plenamente con tu visión y con el sentido de propósito de tu empresa es crucial si quieres hacer que tu sueño se vuelva realidad.
No basta con contratar gente talentosa o experimentada; si se unen a tu equipo solo por el dinero, las prestaciones y la forma de trabajo que les ofreces, pronto se identificarán con la compañía en la que les ofrezcan un poco más de paga o requieran  de menos esfuerzo.
Se valiente y atrévete a integrar personas que más que la aptitud tengan la actitud que buscas, la experiencia, de todas formas la irán acumulando juntos.

3. Cada día que te tomas libre es un día que dejas de producir; y un día sin producir es un día sin generar recursos. Es tan tentador pensar que “como eres tu propio jefe y nadie podrá decirte más que tienes que hacer”, puedes tomarte las cosas con más calma, pero la realidad es que no hay mayor responsabilidad laboral que la de ser responsable por el trabajo de uno mismo y del de toda la empresa.

4. “El primer paso es el mas difícil” es una gran mentira. El primer paso es en realidad el mas sencillo de todos. Seguir construyendo es lo complicado. Continuar construyendo peldaños y manteniendo el balance entre estos para seguir creciendo, ese es el verdadero reto.
Luchar con la tentación de ya no crecer más para no arriesgar a caer de más alto, eso es también complicado porque no hay vuelta atrás, una vez que das ese primer paso, no puedes dejar de avanzar. Porque, mantener tu empresa andando, es como andar en bicicleta, tienes moverte y avanzar todo el tiempo para mantener el balance.

5.  Los planes de escases solo traen carencias. En los momentos difíciles, recortar gastos es en lo primero que se piensa, pero al hacerlo, invariablemente afectas el ánimo de cada integrante del grupo. Claro que hay que administrar mejor los recursos financieros de la organización y ser mesurados con los egresos, pero una cosa es ser cuidadoso con la forma de usar el dinero de la empresa y otra muy distinta es actuar como si nada se tuviera. Si en tu mente hay escases, en tu vida solo habrá carencia; y para operar una empresa necesitas saber que siembre hay suficiente, que se vive en abundancia, que el dinero no es para acumularse sino para circular. Y que nunca se ha tratado de acumular riqueza sino generar abundancia para ti y para todos a tu alrededor.

6. Nunca, nunca, nunca olvides tu “por qué”. En el éxito total o en los momentos más difíciles; en la cima gritando victoria o con un nudo en la garganta luchando contigo mismo para no tirar la toalla, jamás olvides por qué, en un principio, comenzaste esa aventura. Mantener un firme sentido de propósito en lo que hacemos, es el viento del norte que nos permitirá seguir moviéndonos.

¿Qué lecciones me puedes compartir también?