De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Más de una forma para cumplir un sueño…

Todo empieza con un sueño.

La idealización del cómo queremos vivir nuestra vida; no importa si se trata de una próspera carrera corporativa, una vida de filantropía, dejar un gran legado para el mundo, ser famoso o llevar una vida tranquila y familiar, todos comenzamos con un pequeño esbozo, vestido de sueño y arropado de esperanza, de lo que queremos hacer de nuestra vida.

El tiempo pasa, la vida avanza y nosotros seguimos soñando.

Adoptamos como nuestros los sueños de alguien más hasta darnos cuenta de que jamás fue eso con lo que soñábamos. Buscamos entonces nuestro propio sueño, a veces cayendo desesperadamente en un hoyo negro donde resulta casi imposible  ver aquello con que soñamos.

Entonces un día todo hace sentido y abrimos los ojos a un nuevo sueño.
Sabemos lo que queremos y creemos saber qué tenemos que hacer para conseguirlo. Nos preparamos. Trabajamos. Nos esforzamos. Mantenemos el sueño vivo día con día hasta caer casi en la obsesión, convirtiendo así, nuestro sueño, en una gran pesadilla.

“¿Pero qué estaba yo pensando cuando comencé a soñar con esto?”, “¿jamás conseguiré mi sueño?”, “¿Será momento de comenzar a soñar con otra cosa?”
Son algunas de las preguntas que acosan a nuestros pensamientos y casi con certeza llegamos a pensar que nuestro sueño no era más que una locura.

¿Pero en realidad lo es o es que simplemente nos tomamos mucho del kool-aid que nos dieron a beber los vendedores de sueños que dicen que con solo soñarlo y decretarlo es suficiente?

Los sueños no se cumplen, se viven.

A los sueños no se llega para declararlos cumplidos. A los sueños se llega viviéndolos todos los días.  Y con esto quiero decir que hay más de una forma de cumplir, o mejor dicho vivir nuestros sueños. Y que esa imagen utópica de la realización mágica de estos no es más que una de cientos o tal vez miles de formas en las que podemos vivir nuestros sueños.

Y cuando aprendemos a desprendernos de la utopía de nuestro sueño, cuando aceptamos que podemos vivirlos desde ya, desde el sitio en el que nos encontramos, en vez de buscar cumplirlos; cuando decidimos cambiar, no el destino, pero si el camino, el vehículo que usamos y hasta la compañía que tenemos, podemos dejar la vieja pesadilla atrás para vivir todos los días como queremos soñar.

 

3 acciones para no estorbar tu propio camino.

“Perdona y olvida”, “Vive y deja vivir” y otras frases similares dicen por ahí, para aconsejarnos no guardar rencores y seguir adelante a pesar de lo que nos haya ocurrido en el pasado.

Pero ¿cuántas veces logramos en verdad perdonar y olvidar? A menos que tu apellido sea Gautama, dudo que sea muy seguido.

La realidad es que no es fácil justificar, entender y disculpar a quien crees que te ha hecho daño de una manera u otra. Mucho menos olvidar lo que crees que hizo y la forma en la que asumes que te afectó.

El problema es que igual de real es el daño que nos hacemos a nosotros mismos, cuando guardamos, o mejor dicho, traemos montados en nosotros todo el rencor que le guardamos a esa persona que nos afectó.

Con franqueza, no se si sea yo una persona capaz de perdonar por completo, olvidar totalmente y dejar pasar las cosas como si nada hubiera sucedido.

Pero lo que sí se es que no quiero ser una persona que se bloquea a si mismo por rencores, corajes y resentimientos. Mucho menos una que se eche encima el insostenible peso de “odiar” a alguien más.

Daño, nos hacemos todos entre todos constantemente, no necesariamente porque tengamos la intención de lastimar a alguien más, sino porque, con más frecuencia de la que deberíamos, sin darnos cuenta, pasamos por encima de otros con tal de conseguir aquello que tanto queríamos.
De modo que, quiero (e intento) pensar que no lo deberíamos tomar tan personal.

Pero cuando sentimos que alguien o algo nos ha hecho daño, cómo no asumirlo como personal, no lo se. Es algo que aún tengo que pensar, conversar y estudiar mucho más.

Lo que sí creo es que en tanto entiendo ese cuestionamiento, hay por lo menos 3 acciones que podemos poner en práctica para “poner a un lado” ese rencor y que no estorbe el resto de nuestro camino:

1)    Tratar de entender qué cosas son las que te afectan en realidad. No el por qué de las cosas, sino el qué, para poder identificar así qué efectos puedes aislar o eliminar de la situación actual. Incluyéndose a veces a uno mismo.

2)    Hacer un inventario objetivo de los recursos con los que cuentas para salir delante de la situación que estás enfrentando. Probablemente te des cuenta de que, aunque parezcan injustamente pocos, son justo los suficientes para salir adelante.

3)    Define un plan de acción sencillo. Acciones concretas, contadas pero muy impactantes que te ayuden a darle un giro completo a la situación. Enfócate a ejecutar y cumplir cada una de las acciones que definiste.  Voltea atrás y asegúrate de que ni tu mismo te estás estorbando para salir adelante.

¿Qué otra cosa se les ocurre a ustedes?

3 breves pero importantísimos pensamientos sobre tu Network.

“Your net worth is your network” (Tu valor neto es tu red de contactos), dicen por ahí y con mucha razón. Pero no solo por lo que tu red contactos puede hacer por tí, sino por lo que tú has hecho por este.
En una época en la que todos queremos “enlazarnos” con todos y descubrir que tenemos en común con totales extraños y en la que queremos acortar distancias y tiempos a través de entablar “contacto” a través de las redes sociales es fácil perder de vista lo que hacer networking es en realidad, por eso quise compartir rápidamente 3 breves pero, desde mi punto de vista, muy importantes conceptos sobre la forma en la que tratamos a nuestro network.

1) ¿Qué memorias estás creando en tu red?
Cuando la gente en tu network piensa en ti ¿Cómo te recuerda? ¿Qué has hecho hasta ahora por ayudarlos a estar mejor? La gente, difícilmente, recordará el puesto que tenías cuando te conoció, podrá olvidar tal vez lo que hicieron juntos, pero nunca olvidará como la hiciste sentir. No pretendo decir que trates de darle gusto a todos en todo, pero siempre habrá algún pequeño gesto con el que puedas dejar a la gente en tu red mejor de como la encontraste!

2) ¿Cuánto procuras a tu red?
Buscar a una persona solo cuando la necesitas no hará mucho por la relación que puedas tener con esta. Nutrir una relación personal, comercial o laborar requiere de atención frecuente. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste el teléfono solo para saludar a un viejo amigo y dejarle saber que estás ahí? ¿Cada cuanto le envías alguna información relevante para algún cliente, ex-cliente o socio, aún cuando eso no represente un negocio para ti?

3) ¿Cuánto respetas y cuidas a tu red? 
Es fácil caer en la tentación de querer ser el héroe popular que todo lo puede y quien a todos conoce. Es fácil dejar salir esas peligrosas palabras de: “¡claro, es mi amigazo! yo te lo presento”, para luego presentarle a algún amigo cercano o no, cliente, proveedor o socio, a un total extraño que no sabemos si siquiera hará buen uso del contacto. Es fácil también ceder ante la tentación de pedir una recomendación a alguien que ni siquiera nos conoce bien.
Nuestra red es una comunidad y como tal debemos respetarla, darle el valor que tiene y cuidarla. No dejarías tu cartera abierta en plena calle para cualquiera la tomase, tampoco repartirías los números de teléfonos celulares de tus amigos en 10 vendedores desconocidos en la calle ¿correcto? Entonces ¿por qué lo haces a través de redes como linked-in?

Visión y misión

Visión, todos (casi) la tienen. Todos (casi) quieren ser los mejores en lo que hacen: la mejor empresa, la número uno, el líder del mercado, el mejor vendedor, la cabeza de la organización, la compañía más moderna, el mejor lugar para trabajar.

Misión, muy pocos la comprenden. Escasas son las empresas y personas que tienen claramente definida cuál es su misión, su propósito en la vida, el rol que jugarán en su comunidad, más allá de hacer dinero, su razón de ser.

La mayoría entonces, pretende ganar seguidores por lo maravillosa que es su visión del futuro, por lo que aspiran a hacer y a tener, pero ni siquiera saben lo que quieren ser.

Y el punto importante aquí está en que, a pesar de los brillos y luces, las personas nos identificamos con causas y propósitos. La gente, buscamos lazos emocionales y conexiones personales. Porque seguimos a un líder, persona o empresa, no solo por lo que hace, sino por el por qué lo hace, por la causa que persigue y que podemos compartir.

Y cuando un líder, persona o empresa, tiene claramente definido su propósito, es mucho más sencillo encontrar gente que se identifique y comparta esta misión. Creyentes en la misión, quienes se convierten en los seguidores y amplificadores de la misma y que, consigo, traen a más creyentes que, con el tiempo, hacen más grande a ese líder.

Así que la próxima vez que compartas tu visión de lo maravilloso que será tu futuro como el mejor, el más, el líder; respóndete antes exactamente cuál es tu misión.

Equipo y dedicación.

Entre más grandes sean tus sueños y anhelos, más importante será tu la fortaleza e integración de tu equipo de trabajo; es sin duda una de las más grandes lecciones que he aprendido en los últimos años. Una lección, sin embargo, que tristemente veo que muchas cabezas de grupo, aún no han querido aprender.

Pero, en serio, si pretendes que tu equipo de trabajo se entregue con dedicación a tu organización, más vale que comiences tu a mostrarles la misma dedicación a ellos.

1. Demuestra tu auténtico aprecio por tu equipo. La principal razón por la que las personas abandonamos nuestro trabajo es porque no se sienten apreciados y respetados por quienes encabezan al grupo. Házle saber a cada miembro de tu equipo lo importantes que son para tu organización y déjales saber que con claridad que reconoces cada una de las fortalezas y competencias con las que contribuyen a tu empresa. Todos queremos sentirnos reconocidos.

2. Crea un sentimiento de pertenencia a una comunidad. Crea una cultura especial con la que cada integrante de tu equipo se pueda identificar y sentir orgulloso de predicar y vivir.

3. Déjales saber el tan importante impacto que su trabajo está teniendo en la vida de los demás. Comparte con ellos constantemente tu visión como líder de la organización y muéstrale a tu equipo  como con su trabajo están impactando positivamente la vida de otros dentro y fuera de la organización. A todos nos gusta sabre que hemos contribuido al bienestar de alguien más.

4. Celebra el éxito y progreso de tu equipo todos los días. Jamás los hagas esperar a que llegue la revisión trimestral o anual para proveerles de la dirección que debiste darles meses atrás.
Retroalimenta todos los días a tu equipo y ellos te lo agradecerán haciendo de tu visión la suya también

5. Pon especial atención en desarrollar el potencial de cada miembro de tu equipo. Conviértete en un generador de oportunidades y catalizador de recursos para ellos.

6. Se un coach, se un mentor, se un líder para ellos y ayúdalos a ir de donde hoy están a donde jamás se imaginaron que podrían llegar. Y en tanto lo haces, trabajo con ellos para convertirlos en grandes líderes también.

Encabezar no es lo mismo que liderar.

Hay organizaciones líderes en su ramo y organizaciones que lideran su vertical.
Y en contadas ocasiones son las mismas. Hay personas que encabezan y administran una compañía y personas que lideran a los integrantes de dicha organización.

Apple no encabeza la venta de computadoras personales, ni teléfonos celulares en el mundo, de hecho hay muchas otras empresas por delante de esta en la categoría, y sin embargo, todos estamos constantemente pendientes de lo que Apple hará a continuación porque su pensamiento, actitud y trabajo, lidera y guía para muchos la forma de pensar respecto a la innovación en este y otros mercados.

Google no es el medio número uno en ventas en publicidad pero su trabajo y visión, sin duda han formado una nueva manera de pensar respecto a la publicidad en línea y en la tradicional.

En muchos casos el vendedor número uno de la empresa, simplemente no sabe trabajar en equipo y le es casi imposible trasladar su experiencia a otros, porque sencillamente no porta el gen de compartir.

Y a menudo alguien en el equipo se convierte en un líder de pensamiento y opinión de su grupo, por encima del director general de la organización.

¿Y dónde radica la principal diferencia entre quienes encabezan algo y los que lideran en verdad?

Me parece que esta se encuentra en la actitud.

Mientras que los primeros se enfocan en encabezar, en sobresalir del resto y glorificar su posición, los segundos ponen toda su energía y atención en el movimiento que lideran. Entienden la misión que tienen y comparten una clara visión de esto con el grupo que los sigue,  tratando a cada integrante del grupo no como un seguidor más, sino como un personaje clave, un embajador incluso, que puede llevar su mensaje y compartir su visión a muchos más.

Estos líderes, por supuesto están interesados y ocupados en generar un ingreso importante para su organización; pero no porque estén preocupados como quienes la encabezan y piensan en cómo se va a ver su reporte anual, sino porque saben que contar con esos ingresos les permitirá tener combustible para el motor económico que requieren para seguir adelante con su misión.

Pero es esta, su misión, la que guía sus esfuerzos y la que, con toda la intención de dejar un legado y hacer la vida de otros un tanto mejor, mantienen viva por encima de solamente las ganas de encabezar un grupo y nada más.

Y es que tienen claro que encabezar, para nada es lo mismo que liderar.

Redescubriendo los retos.

Retos, todos los tenemos. De mayor o menor tamaño, de menores o mayores consecuencias y casi todos los días enfrentamos al menos uno.

La cosa con los retos es que no importa cuántos hayamos conquistado en nuestra vida y qué tan frecuente los combatamos, siempre que nos enfrentamos a uno nuevo, lo sentimos como el más grande y más arriesgado de todos; como justo el reto que por fin nos doblará y vencerá.

Y sí, mientras que de muchos retos saldremos victoriosos, habrá algunos que por cualquiera que fuese la razón no libraremos de la misma manera.
Pero no importa si has “sido vencido” lo más importante es no asumirte así, no sentirte incapaz de continuar adelante sino de saberte mejor preparado para avanzar.

Algunas lecciones me han compartido y otras he aprendido sobre los retos con el tiempo:

  1. No importa que tan bueno seas para vencer los retos, nada es más inútil que vencer los retos de alguien más. Enfócate en construir tu vida y deja de querer probarle a los demás que puedes cumplir lo que ellos esperan de ti.
  2. La buena suerte tiene mucho que ver con el reto que haz de vencer y, como dicen por ahí: “entre más trabajo, mejor suerte veo que tengo”. ¿Qué más puedo decir?
  3. No importa que tan grande, mediano o pequeño sea el reto que estás enfrentando, jamás habrá un “momento ideal” para atacarlo. Comienza hoy.
  4. No todos los retos los tienes que enfrentar solo. Nadie espera en realidad que seas Súperman.  Voltea a tu alrededor con humildad y sencillez y date de cuenta de cuánta gente a tu alrededor está dispuesta a ayudar.
  5. A pesar de todo lo que te empeñes en preguntar ofendido, por qué has sido tu el merecedor de tal castigo o imposición del destino, hay cientos de miles de personas que han pasado ya por esa misma situación. Lee, estudia, investiga y busca aprender de quienes antes que tu, han enfrentado esa situación. Tal vez encuentres hasta un buen mentor.
  6. Ser víctima es una posición más lamentable pero mucho más cómoda… culpar a otros, a tu historia o la de tu país o a cualquier otra cosa es mucho más fácil que hacer algo a respecto. Así que no importa cuánto lo quieras ignorar, enfrentar ese reto es lo correcto y lo que precisamente tienes que hacer.
  7. Solo cuando corres hacía ese reto y no de este es cuando te das la oportunidad de conocerte un poco mejor y darte cuenta de todo lo que realmente eres capaz.
  8. No todos los retos los tienes que vencer de un solo salto. “El más grande de los viajes comienza con el primero de los pasos” solía decir Gandhi. Divide tu gran reto en pequeños escalones que puedas conquistar uno a uno y cuando lo hagas, regálate un pequeña celebración por cada pequeña victoria y refuerza así tu confianza en ti mismo.
  9. Solo de una cosa puedes estar seguro una vez que, por fin, hayas conquistado ese enorme reto al que tanto temías: Es momento de enfrentar uno más.

5 prácticas diarias para promover el desarrollo del talento de tu organización.

“El trabajo de un líder es desarrollar el talento de su equipo y generar nuevos líderes”, dicen atinadamente por ahí.

Y sin embargo, desarrollar y promover el talento de quienes forman parte de una organización no es un reto fácil de vencer.

La rutina del trabajo diario, el miedo al rechazo o al ridículo, la apatía, el estrés y una larga lista de factores que influyen en la cotidianeidad de la gente fácilmente obstaculizan esta crucial labor, al grado que incluso, en algunos casos, ni la persona misma conoce o mejor dicho reconoce cuáles son esas grandes fortalezas o dones que puede desarrollar para convertirse en un artista de su trabajo.

Y aún así sigue siendo labor de un verdadero líder, y que quede claro que por líder no solo me refiero a quienes formalmente en la empresa dirigen la operación de la misma sino a todo aquel que puede ser un influenciador positivo dispuesto a sacar lo mejor de los demás,  escavar y escavar en las personas con quienes colaboran día a día para descubrir y dejar salir a la luz esos talentos que convierten a cada integrante del equipo en un eslabón muy especial.

  1. Marca claramente el destino al que quieres llegar, pero también explica con la misma claridad por qué quieres llegar ahí.
  2. Se exigente y por ningún motivo aceptes como entrega del día el conformismo o la mediocridad.
  3. Todos los días observa su trabajo, ten claras las cosas por las que les debes de agradecer y verdaderamente festeja lo que han hecho bien.
  4. Celebra los errores y promueve un espacio y una cultura de riesgos, dándoles el espacio y, en la medida de lo posible, los recursos para decidir y actuar.
  5. Promueve una cultura de mentores y abre el espacio para que entre ellos mismos puedan ser mentores de unos y aprendices de otros; y juntos desarrollen y potencialicen el talento que en conjunto traen a tu organización.

¿Y si todo es un ensayo?

Es muy fácil perderse en el hoy: los problemas que tenemos hoy, los miedos que tenemos hoy, las carencias que tenemos hoy, el mucho trabajo que tenemos hoy o en lo afortunados que también somos hoy (aunque tristemente, son muchos menos quienes piensan esto).

Es aún más fácil perderse en el ayer, lo bien que nos iba en nuestro anterior trabajo, lo divertido que la pasábamos con menos responsabilidades, lo sanos que estábamos cuando eramos mas jóvenes o las tragedias que arruinaron los planes de grandeza que algún día tuvimos.

Y cuando nos perdemos entre el ayer y el presente, continuar avanzando hacia donde queremos se torna tan difícil como “correr en el lodo”. Intentas seguir adelante pero cada paso que das es lento, torpe y pesado, porque la carga que te has impuesto es más de la que deberías tener.

Construir un futuro no es tarea fácil. Definir una meta, trazar un camino hacia esta y avanzar por el mismo, resulta por si solo un enorme reto, pero como si esto no fuera suficiente, decidimos (con frecuencia inconscientemente) llevar con nosotros todo el bagaje de nuestro pasado y los caprichos y temores de nuestro presente.
El ego, el miedo y la arrogancia nos anclan y las ganas de “tener la razón” pese a  lo que sea construyen muros a nuestro alrededor que nos encarcelan en una prisión de nuestra propia necedad, pretendiendo lograr algo nuevo, haciendo aquello que bien sabemos que simplemente, si algún día lo hizo, hoy no funciona más.

Continuamos amarrándonos a quienes sabemos que no nos están aportando nada, por temor a perder lo mucho o poco que hasta ahora hemos construido, cuando precisamente desprendernos de eso tal vez sería lo mejor que podemos hacer.

La vida es muy corta para pasarla amarrado a quienes no te ayudan a ser una persona mejor ”, dicen por ahí.
Y sin embargo, seguimos con ellos porque creemos no tener mejor opción, porque la alternativa parece demasiado difícil o simplemente porque la venda del miedo que el tiempo nos ha colocado no nos la deja ver.

Pero… ¿y si todo fuera tan solo un ensayo?

¿Si cada paso que damos, cada vez que avanzamos o retrocedemos, cada logro obtenido y lección aprendida, la viéramos tan solo como lo que es en realidad: Un ensayo que nos permite avanzar al siguiente nivel?

Connect the dots” decía en el más famoso de sus discursos Steve Jobs, haciendo referencia a las diferentes experiencias que vivió en su desarrollo profesional y como después de un tiempo y visto desde otra perspectiva pudo voltear a echar un vistazo a su pasado y conectar cada vivencia que, sumadas entre sí, lo habían llevado hasta donde llegó.

Y conectar estas experiencias es lo que deberíamos hacer.

Quizas hoy no veámos como cada cosa que vivimos y aprendemos conecta con las demás, probablemente incluso pensemos que no somos merecedores de lo que nos ha sucedido o no entendamos como terminamos en la posición que nos encontramos hoy.
Pero, y si en lugar de cuestionarnos por qué nos pasó lo que nos pasó, hacemos un inventario de lo que hemos aprendido y las herramientas, habilidades, competencias y recursos de los que nos hemos hecho a través de este proceso y nos mostramos a nosotros mismos de qué somos capaces hoy que antes no podíamos hacer. Es decir, si nos demostramos lo mucho que este “ensayo” hizo en realidad por nosotros, a pesar de no haber llegado hasta donde queríamos llegar, ¿No estaríamos mucho mejor preparados para continuar?

Así que esta semana ¿en qué vas a ensayar?

 

Equipos hidropónicos.

La semana pasada tomé un taller para una nueva cartificación como coach, ahora enfocado a “The science of Happinees at work”, una metodología que tuvo su origen en el London Business School hace más de 6 años.

Y uno de los conceptos que más clavado se quedó en mi cabeza fue el de el gravísimo error que algunos padres cometemos al criar “hijos hidropónicos”. Es decir, al tener excesivos cuidados con nuestros hijos, similares con la manera en la que se cultivan algunos vegetales aislándolo de los riesgos del cultivo tradicional y brindándoles directamente y sin ningún riesgo, los nutrientes que estos necesitan para desarrollarse.
En tanto escuché el concepto, pensé inmediatamente en la cantidad de ocasiones en las que, como papá, he tratado de hacer precisamente eso: aislar a mi familia de cualquier riesgo o inconveniente y proporcionarles directamente y sin mayor esfuerzo de su parte lo que han querido.

Y es que así por encimita y de rapidito, hacer esto nos pasa por inadvertido o incluso como algo digno de reconocerse como “padre del año”, cuando en realidad, a largo plazo, estamos haciendo todo lo contrario.

Entonces, mientras pensaba en esto, mi mente regreso al tema sujeto del taller y me saltó de inmediato una pregunta más: ¿No estaremos, muchos de nosotros, haciendo justo esto con nuestros equipos de trabajo?

Piénselo. En esta época en la que tanto hablamos de las características básicas necesarias para ser un gran líder, no es difícil confundir el ser amable y atento a los sentimientos y necesidades de los integrantes de un equipo, con hacer lo que es más popular entre ellos. Y resulta también muy fácil mezclar el ser un facilitador de recursos y catalizador de acciones en el equipo, con terminar haciendo el trabajo del equipo o absorber toda la responsabilidad del mismo sin que sus integrantes conozcan y sean impactados directamente por las consecuencias de no llegar a las metas de la organización.

Por supuesto que un buen líder debe tener siempre en mente los intereses, valores y hasta sentimientos de su equipo de colaboradores, por supuesto que buen líder también debe estar preparado para aceptar la responsabildad del equipo y “recibir una que otra bala” por este, y por supuesto que un buen líder debe ser siempre un catalizador para los demás.

Pero a la vez, un buen líder jamás debería de sobre proteger a su equipo al grado de que este sea incapáz de avanzar por si solo para cumplir sus objetivos. Y si ese líder ha llegado al extremo de convertir a su equipo en uno hidropónico, entonces tal vez, solo tal vez, quien no debería de estar en este es justo quien lo encabeza.

¿Ustedes qué piensan?

Liderazgo: razón y emoción.

Liderazgo, palabra de moda y un concepto trillado y desgastado por tantos y tantos discursos que pretenden dictar una pretenciosa lista de pasos que si sigues, te transformarán de ser tan solo un director a un gran líder.

El problema es que no importa cuántas veces estos directores léan o sean capaces de recitar de adelante para atrás y vice versa las mejores prácticas de un lider, después de un tiempo todos se dan cuenta de que siguen teniendo muchos empleados pero ni un seguidor y que a pesar de sus esfuerzos para “dar una puntual retroalimentación”, “comunicar el estatus de la empresa a todos los empleados” y “tener una política de puertas abiertas” no son realidad el lider de la organización.

Y  estudiosos del tema como A.K. Pradeep o Simon Sinek coincidirían en explicar que esto se debe a que dichos directores solo se han dedicado a -Racionalmente- decir lo qué hacen o el cómo lo hacen pero carecen de la explicación más importante: Por qué lo hacen. Es decir, hablarle a la emoción. Y con esto no me refiero a la parte cursi-emotiva que muchos directivos tienden a confundir y descalificar, sino al origen científicamente comprobado que tiene que ver con cómo funciona el cerebro humano.

Verán, prácticamente todas las organizaciones y sus directivos saben explicar con precisión qué es lo que hacen (a qué se dedican, por ejemplo a construir hoteles) y algunos más saben explicar también cómo lo hacen (por ejemplo, construyendo grandes franquicias en distintos destinos). Y cuando somos capaces de con perfecta claridad explicar qué y cómo lo hacemos, estamos hablándole a la parte más moderna del cerebro humano: el Neo-Cortex, el lado racional del cerebro, que tiene la capacidad analítica y manejo de lenguaje que nos hace capaces de entender el qué y el cómo. Pero comprender el qué y el como no es suficiente para generar un acción e inspirar cierto comportamiento.
Y es que la parte de nuestro cerebro responsable de nuestra conducta es el cerebro límbico (o cerebro primitivo o reptílico, como muchos le llaman) que precisamente es el lado emocional del mismo, es decir, el que no maneja la capacidad del lenguaje ni de análisis, pero sí la de generar los sentimientos como el miedo y la lealtad. En otras palabras la parte del cerebro que nos dice y ayuda a entender el por qué hacemos las cosas.

Y es justo el por qué hacen las cosas que, más frecuente que no, estos directores no logran definir y mucho menos comunicar.

Más seguido de lo que quisiéramos admitir, escuchamos o leemos en distintos foros a las cabezas de grandes y no tan grandes empresas, hablar de como su objetivo es triplicar sus ingresos anuales y ser totalmente rentables para sus accionistas. Pero los ingresos y la rentabilidad son solo un resultado del qué y el cómo; y poco tienen que ver con el propósito y la razón de existir de la organización.

Generar cientos de millones de dólares en el año en ingresos es solo el resultado de negocio que una empresa como Google puede querer obtener, pero cambiar la vida de todos organizando la información del mundo y haciéndola accesible y útil para todos nosotros, ese es un propósito que hasta ahora ninguno de sus competidores, ha logrado hacer como lo han hecho ellos.  Y esa es la diferencia que convirtió a esta genial organización en el enorme líder de mercado y cuna de talento que hasta hoy ha sido.

Duplicar o triplicar la cantidad de seguidores de una organización religiosa como Vida Abundante puede ser el resultado que quieran obtener, pero proveer un espacio en el que la gente puede encontrar y desarrollar su espiritualidad y fe, es un propósito que otras organizaciones religiosas no han sabido ejercer.

(NOTA: Sí soy ex-Googler. No soy cristiano y no pertenezco pero respeto mucho a esta organización).

No es lo que haces sino por qué lo haces.

“El neo-cortex, el lado racional del cerebro, entiende lo que haces, pero la gente no compra ni sigue lo que haces. La gente compra y sigue el por qué lo haces, porque el cerebro límbico, responsable del comportamiento que tenemos, es el lado emocional que empuja nuestras acciones. Por lo tanto el objetivo de un líder no debe ser encontrar nuevos seguidores que compren sus ideas, sino personas que compartan sus creencias”, diría Simon Sinek.

Y vaya que hoy, como nunca antes, la tecnología nos permite encontrar gente que, sin importar su geografía e historia, comparte nuestra visión, se identifica con nuestro propósito y está dispuesta a apoyar nuestra misión.

Y sin embargo muchos de los grandes directores continuan haciendo caso omiso de lo que siempre nuestro instinto nos ha dicho, y con un manual que se asemeja más a un menú pre-cocinado de acciones “de liderazgo”, pretenden comportarse como “líderes” con seguidores incondicionales que, más temprano que tarde, dejan de seguirlos o tal vez nunca lo hicieron. Porque las personas no compramos y no seguimos lo que haces sino el por qué lo haces.
Nos identificamos o no con el propósito que has definido para tu organización y para tu equipo. Y cuando encuentras a gente que comparte tu visión y tu propósito y está dispuesta a actuar y caminar en el mismo sentido que tú, no importa si son cientos de miles o solo dos personas quienes, entendiendo tu propósito y han decidido seguirte, entonces sí te has convertido en el lider de esa organización.

Mañana se construye aquí y ahora.

La semana pasada parecía no cerrarla bien del todo. Un cliente que ya me había confirmado una fecha en Mayo para la contratación de una conferencia, simplemente me canceló, mientras que otro cambiaba de fechas el contrato de Mayo para Junio y el de Junio para Septiembre.

Lo primero que pasaba por mi mente: “ahí va el presupuesto de Mayo”, “¿qué pasa con este cliente que sin mayor reparo así me afectó”, “¿Ahora qué voy a hacer?”, “Ahora sí la cosa se jodió”…

Entonces, por fortuna, volteé la mirada a mi libreta de proyectos que silenciosa y paciente esperaba  en mi escritorio para recordarme las muchas cosas por las que hay que trabajar y hacer que sucedan para este y ese mes y muchísimos más.

Y es que la reacción que típiciamente adoptamos cuando algo no sale como planeábamos, incluso cuando asumimos que lo tenemos ya todo bajo control, es lamentarnos, quejarnos y preguntar qué hemos hecho para merecer semejante trato, para luego caer en el engaño de la desesperanza que, por momentos nos ahogoa, haciéndonos creer que ya no hay más solución que la resignación.

Pero lo cierto es que nada podría estás más lejos de la verdad.

Si algo no ha salido como esperábamos, si alguien ha inclumplido su parte del trato, si las circunstancias, por las razones que sean, han cambiado, lo único que NO podemos hacer es perdernos en nuestro lamento por lo que pasó y congelarnos ante el miedo de lo que podría suceder. Porque cuando lo hacemos, lejos de arreglar aquello que creemos que está muy mal, con nuestra distracción y falta de acción dañamos las demás cosas que hoy demandan nuestra atención.

Perdemos demasiado tiempo frustrándonos con lo ocurrido y temiéndole a lo que pueda pasar. Pero con lo que ya pasó, nada podemos hacer y tampoco podemos adivinar lo que probablemente, o no, ocurrirá.

Lo único que podemos hacer es aceptar (que no es lo mismo que resignarse) lo que sucedió, intentar entender por qué pasó y cuál es la lección que de ahí podemos aprender. Alejar de nuestra mente cualquier temerosa suposición de lo que esto podría, o no, implicar.

E inmediatamente poner toda nuestra atención, inteligencia, pasión y acción en lo que tenemos que lograr hoy.

Porque el pasado atrás se quedó y el mañana… el mañana se construye aquí, hoy, tomando acción.