De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

De mejor a más.

Todos queremos ser el mejor. La necesidad de serlo nos la imprimen desde pequeños. Aún no tenemos real uso de razón y ya nuestros padres, por un lado, y los medios por el otro, se hacen cargo de impregnar en lo más profundo de nuestra psique, la necesidad… mejor dicho la obligación de ser el mejor.

El mejor en la escuela, el número uno en la banda de honor, el mejor jugador de la selección de la escuela, el campeón.

Pasan lo años y la competitividad generada, toma inercia propia y se pone aún peor. Ya no es necesario que en casa nos digan que tenemos que ser el mejor. Ya está de sobra que la sociedad y los medios nos muestren con falsas imágenes y conceptos erróneos del éxito, lo que quiere decir ser el mejor.
Actuamos por nuestra cuenta. El programa ha sido asimilado por completo y está siendo ejecutado… buscamos ahora solo ser el mejor en la carrera, el mejor profesional, con el mejor puesto, la mejor oficina y el mejor sueldo con el que compramos el mejor departamento, el mejor coche, las mejores escuelas y los mejores juguetes… Cayendo en picada en una espiral de inútiles frustraciones producto de una incesante e innecesaria competencia con los demás; con quienes quieren lo mismo que nosotros y con quienes no lo quieren, con los nuestros, en casa, con nosotros mismos también.

Y yo me pregunto: ¿Que nos sería mucho mejor para todos sin en lugar de querer ser el mejor, quisiéramos ser el que más?

El que más satisfecho y agradecido está por lo que tiene.

El que más pasión le imprime a su trabajo.

El que más valor genera para sí y para otros.

El que más contento está con lo que hace.

El que más enfocado está en su proyecto de vida.

El que más conciente está del valor de todos los que le rodean.

El que más disfruta de su trabajo.

El que más claridad tiene sobre lo que quiere lograr en su vida personal y profesional.

El que más se dedica a cuidar su salud física, mental y espiritual.

El que más procura a sus seres queridos.

El que más veces en el dia dice gracias porque sabe cuántas bendiciones tiene en realidad.

Cosa de elegir…

3 breves pero importantísimos pensamientos sobre tu Network.

“Your net worth is your network” (Tu valor neto es tu red de contactos), dicen por ahí y con mucha razón. Pero no solo por lo que tu red contactos puede hacer por tí, sino por lo que tú has hecho por este.
En una época en la que todos queremos “enlazarnos” con todos y descubrir que tenemos en común con totales extraños y en la que queremos acortar distancias y tiempos a través de entablar “contacto” a través de las redes sociales es fácil perder de vista lo que hacer networking es en realidad, por eso quise compartir rápidamente 3 breves pero, desde mi punto de vista, muy importantes conceptos sobre la forma en la que tratamos a nuestro network.

1) ¿Qué memorias estás creando en tu red?
Cuando la gente en tu network piensa en ti ¿Cómo te recuerda? ¿Qué has hecho hasta ahora por ayudarlos a estar mejor? La gente, difícilmente, recordará el puesto que tenías cuando te conoció, podrá olvidar tal vez lo que hicieron juntos, pero nunca olvidará como la hiciste sentir. No pretendo decir que trates de darle gusto a todos en todo, pero siempre habrá algún pequeño gesto con el que puedas dejar a la gente en tu red mejor de como la encontraste!

2) ¿Cuánto procuras a tu red?
Buscar a una persona solo cuando la necesitas no hará mucho por la relación que puedas tener con esta. Nutrir una relación personal, comercial o laborar requiere de atención frecuente. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste el teléfono solo para saludar a un viejo amigo y dejarle saber que estás ahí? ¿Cada cuanto le envías alguna información relevante para algún cliente, ex-cliente o socio, aún cuando eso no represente un negocio para ti?

3) ¿Cuánto respetas y cuidas a tu red? 
Es fácil caer en la tentación de querer ser el héroe popular que todo lo puede y quien a todos conoce. Es fácil dejar salir esas peligrosas palabras de: “¡claro, es mi amigazo! yo te lo presento”, para luego presentarle a algún amigo cercano o no, cliente, proveedor o socio, a un total extraño que no sabemos si siquiera hará buen uso del contacto. Es fácil también ceder ante la tentación de pedir una recomendación a alguien que ni siquiera nos conoce bien.
Nuestra red es una comunidad y como tal debemos respetarla, darle el valor que tiene y cuidarla. No dejarías tu cartera abierta en plena calle para cualquiera la tomase, tampoco repartirías los números de teléfonos celulares de tus amigos en 10 vendedores desconocidos en la calle ¿correcto? Entonces ¿por qué lo haces a través de redes como linked-in?

6 difíciles lecciones como emprendedor

Si siguen este blog con frecuencia, sabrán que desde hace un tiempo decidí aventurarme a la vida empresarial, dedicándome por completo a esta, por lo menos en los dos últimos años.

Debo admitir que el tiempo ha sido poco y que, para nada puedo ya sentirme, ni siquiera cómodo con el título de empresario. Definitivamente aún tengo mucho que aprender para, al menos, sentir algo de equilibrio en este camino.

Pero como parte de mi mantra es seguir aprendiendo y seguir compartiendo (Keep sharing, keep learning & stay happy), no puedo dejar de… pues eso, compartir algunas de las lecciones más difíciles que, hasta ahora, he aprendido:

1. Las mejores ideas no valen nada si no eres capaz de hacerlas realidad. No importa que tan brillante, ingenioso y astuto creas que eres, si no estás preparado para trabajar y convertirlas en realidad, no eras tan brillante como en un principio pensabas que eras.

2. Tu equipo no es clave, es indispensable. Contar con gente que se identifique plenamente con tu visión y con el sentido de propósito de tu empresa es crucial si quieres hacer que tu sueño se vuelva realidad.
No basta con contratar gente talentosa o experimentada; si se unen a tu equipo solo por el dinero, las prestaciones y la forma de trabajo que les ofreces, pronto se identificarán con la compañía en la que les ofrezcan un poco más de paga o requieran  de menos esfuerzo.
Se valiente y atrévete a integrar personas que más que la aptitud tengan la actitud que buscas, la experiencia, de todas formas la irán acumulando juntos.

3. Cada día que te tomas libre es un día que dejas de producir; y un día sin producir es un día sin generar recursos. Es tan tentador pensar que “como eres tu propio jefe y nadie podrá decirte más que tienes que hacer”, puedes tomarte las cosas con más calma, pero la realidad es que no hay mayor responsabilidad laboral que la de ser responsable por el trabajo de uno mismo y del de toda la empresa.

4. “El primer paso es el mas difícil” es una gran mentira. El primer paso es en realidad el mas sencillo de todos. Seguir construyendo es lo complicado. Continuar construyendo peldaños y manteniendo el balance entre estos para seguir creciendo, ese es el verdadero reto.
Luchar con la tentación de ya no crecer más para no arriesgar a caer de más alto, eso es también complicado porque no hay vuelta atrás, una vez que das ese primer paso, no puedes dejar de avanzar. Porque, mantener tu empresa andando, es como andar en bicicleta, tienes moverte y avanzar todo el tiempo para mantener el balance.

5.  Los planes de escases solo traen carencias. En los momentos difíciles, recortar gastos es en lo primero que se piensa, pero al hacerlo, invariablemente afectas el ánimo de cada integrante del grupo. Claro que hay que administrar mejor los recursos financieros de la organización y ser mesurados con los egresos, pero una cosa es ser cuidadoso con la forma de usar el dinero de la empresa y otra muy distinta es actuar como si nada se tuviera. Si en tu mente hay escases, en tu vida solo habrá carencia; y para operar una empresa necesitas saber que siembre hay suficiente, que se vive en abundancia, que el dinero no es para acumularse sino para circular. Y que nunca se ha tratado de acumular riqueza sino generar abundancia para ti y para todos a tu alrededor.

6. Nunca, nunca, nunca olvides tu “por qué”. En el éxito total o en los momentos más difíciles; en la cima gritando victoria o con un nudo en la garganta luchando contigo mismo para no tirar la toalla, jamás olvides por qué, en un principio, comenzaste esa aventura. Mantener un firme sentido de propósito en lo que hacemos, es el viento del norte que nos permitirá seguir moviéndonos.

¿Qué lecciones me puedes compartir también?

Las 5 E’s del emprendedor

Con frecuencia resulta difícil definir qué y quién es un emprendedor.

Hay muchas suposiciones y percepciones, una correctas y otras no tanto, al respecto. Y, como en todo, cada quien tiene su propia opinión.

Desde mi punto de vista, para definir cómo es un emprendedor, primero tenemos que entender que todos tenemos la capacidad y hasta obligación de serlo. No importa si eres un empresario que con sus propios recursos inicia una nueva operación o si eres parte de una compañía, lo que más necesita el mundo hoy es gente con ganas de emprender acciones positivas y llevarlas a cabo. No solo personas que generen ideas o echen algo a andar para abandonarlo después, sino emprendedores capaces de crear oportunidades y planes de acción que llevan a cabo de principio a fin.

Seguramente conocemos a más emprendedores de los que pensamos y más probable que no, nosotros mismos seamos buenos emprendedores, ya sea como dueños de nuestra propia empresa o formando parte de alguna organización.

Definirlo no debería ser tan difícil en mi parecer. Y tal vez haya 5 E’s que podríamos buscar en cada persona para saber que tan buen emprendedor es:

Entendimiento: un gran emprendedor entiende claramente cuál es el propósito que quiere servir y entiende también cuáles son los objetivos que tiene que alcanzar para cumplir con su misión.

Entrenamiento: un gran emprendedor sabe que ser muy talentoso de poco sirve, si ese talento no se cultiva, educa y desarrolla, por lo que busca prepararse mejor y desarrollar las competencias y habilidades que complementan mejor sus fortalezas y áreas de oportunidad.

Experiencia: un gran emprendedor, comprende también que a pesar de la crucial importancia del estudio continuo, ese no servirá de mucho, si no pone en práctica aquello que ha aprendido. De modo que pronto deja la teoría atrás para dar paso a la práctica para poner a prueba lo que ha estudiado y acumular experiencia.

Enfoque: un gran emprendedor está siempre pendiente de no caer en la tentación de la popularidad, sabe que no se puede, ni se debe, querer ser todo para todos y mantiene su enfoque todo el tiempo en sus objetivos.

Ejecución: un gran emprendedor sabe que a las palabras se las lleva el viento. No pierde tiempo diciendo qué es lo que va a hacer. Sabe que hay un momento para la reflexión y el discurso, pero también reconoce que no importa que tan brillante sea una idea, si esta no es transformada en una acción real, carecerá siempre de valor alguno. En otras palabras, entienden que el verdadero valor de un plan no está en su teoría sino en su ejecución.

Visión y misión

Visión, todos (casi) la tienen. Todos (casi) quieren ser los mejores en lo que hacen: la mejor empresa, la número uno, el líder del mercado, el mejor vendedor, la cabeza de la organización, la compañía más moderna, el mejor lugar para trabajar.

Misión, muy pocos la comprenden. Escasas son las empresas y personas que tienen claramente definida cuál es su misión, su propósito en la vida, el rol que jugarán en su comunidad, más allá de hacer dinero, su razón de ser.

La mayoría entonces, pretende ganar seguidores por lo maravillosa que es su visión del futuro, por lo que aspiran a hacer y a tener, pero ni siquiera saben lo que quieren ser.

Y el punto importante aquí está en que, a pesar de los brillos y luces, las personas nos identificamos con causas y propósitos. La gente, buscamos lazos emocionales y conexiones personales. Porque seguimos a un líder, persona o empresa, no solo por lo que hace, sino por el por qué lo hace, por la causa que persigue y que podemos compartir.

Y cuando un líder, persona o empresa, tiene claramente definido su propósito, es mucho más sencillo encontrar gente que se identifique y comparta esta misión. Creyentes en la misión, quienes se convierten en los seguidores y amplificadores de la misma y que, consigo, traen a más creyentes que, con el tiempo, hacen más grande a ese líder.

Así que la próxima vez que compartas tu visión de lo maravilloso que será tu futuro como el mejor, el más, el líder; respóndete antes exactamente cuál es tu misión.

Momentos de magia, “bump the lamp”… una historia verdadera.

“Bump the lamp” (golpea la lámpara) decía Micheal Eisner en 1988 a Robert Zemeckis cuando revisaban los avances en la edición de la película de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”,que este último dirigía, al discutir como podían hacer aún más especial una secuencia en la que el personaje (live character) Eddie Valiant (Bob Hoskins) discute con el cartón de Roger Rabbit, mientras trata de cortar las esposas que los mantiene atados.

Desde ese entonces, esta frase forma parte de la jerga corporativa entre los cast members (empleados) de The Walt Disney Co. cuando quieren hacer referencia a cómo pueden hacer más especial una experiencia para sus huéspedes (clientes), creando un momento mágico para ellos.

Y si hubo algo realmente importante que aprendí durante los años que trabajé para Walt Disney Parks and Resorts, es que todos, sin importar el puesto, título, presupuesto o incluso organización, podemos crear nuestra propia magia y hacer algo especial no solo para nuestros clientes, sino para cualquier persona… en mi caso, mi momento mágico me lo regaló un huésped en Walt Disney World:

Hace 11 años, después de aterrizar en el aeropuerto de Orlando, Florida, mientras abría la gaveta superior de mi asiento en el avión, un niño de aproximadamente 10 años y que entendiblemente tenía más prisa por llegar a Walt Disney World a jugar que yo a trabajar, me ganó a abrir la puerta, con la que, de no ser por mis ágiles reflejos, o mejor dicho porque se me atoró el cinturón de seguridad, estuvo a punto de ponerme un singular descontón.
Su papá apenado se disculpó y le llamó la atención. Minutos más tarde el mismo pequeño, accidentalmente cruzó su maleta con la mía, provocando que casi cayéramos los dos, justo llegando al área de migración. Su papá, una vez más, a nombre de su hijo, se disculpó.
Saliendo de la larga fila da migración cada quién tomó su camino, pero grande fue mi sorpresa al encontrarme al niño, junto con su hermana menor, su mamá y su papá, registrándose en el hotel Animal Kingdom Lodge, igual que yo.
Recordé inmediatamente la facultad que, como cast member, tenía de “bump the lamp” para la gente, así que decidí, enviar con el conserje del hotel algunos muñecos de peluche para el niño y su hermana, con una pequeña nota escrita atrás de mi tarjeta de presentación en la que les deseaba unas mágicas vacaciones y en la que firmaba tan solo diciendo “esquivando gavetas”.

Por supuesto Disney, por su cultura organizacional tiende a hacer más fácil la creación de esos momentos especiale pues, prácticamente, todos sus integrantes están autorizados para tomar decisiones para que, dentro de sus posibilidades, alcances y con sensatez,  puedan crear momentos especiales para sus huéspedes.

De modo que, para mi, la historia había terminado ahí, pero enorme fue mi sorpresa al ver que un par días después el papá de los niños había enviado a mi habitación una nota de agradecimiento que once años después conservo aún:

 “Gracias por la magia, gracias por el detalle, gracias, muchas gracias por hacernos disfrutar de la vida… como la sonrisa de mis hijos al ver tu regalo…” escribió.

Y así este total desconocido me regaló una de las más importantes lecciones que he tenido y que ni siquiera el más completo de los entrenamientos corporativos me dio: realmente todos tenemos la posibilidad de hacer mejor el día de alguien más, en verdad cualquiera de nosotros tenemos la capacidad de “hacer magia” por los demás. No necesitamos ser el CEO de una gran corporación, ni un prominente político o un filántropo adinerado, para mejorar la vida de alguien más.

En mi caso fueron dos completos extraños, un niño de 10 años y su papá, quienes me enseñaron lo increíble de hacer algo simple pero especial por alguien más.

El sencillo pero maravilloso significado de “Bump the lamp”.

Rompiendo con el mito del balance entre la vida profesional y personal.

Si has leído este blog en los últimos años, sabrás que he dedicado muchos posts a hablar sobre temas como la definición del éxito profesional y personal, sobre el desarrollo de nuestras carreras profesionales y la realización de nuestra vida en familia, sobre crecimiento profesional y el desarrollo personal… en pocas palabras sobre el balance entre la vida profesional y la vida personal.

Durante al menos cinco o seis años, desde que comencé a escribir DLC, he estudiado, leído, cuestionado, investigado, preguntado, pensado y meditado al respecto. Tanto quizás que después de un tiempo, con la sensación de estar perdido, dejé de preguntar.

Pero la ventaja de perderse, es que es justo cuando uno tiende a encontrarse. O al menos eso dicen por ahí. Y es que, cierto o no el dicho, siempre habrá algo que nos ayude re-encontrar(nos) lo que estábamos buscando.

En mi caso fue ver un video en Ted.com de Nigel Marsh que mi amiga y co-autora (sí, esperen noticias muy pronto al respecto), Brigitte Seumenicht me recomendó ver, y que me hizo, no solo reconocer varias preguntas y planteamientos que por años he discutido, sino reconocer también muchas de las respuestas que hasta ahora no había querido ver que tenía ya.

Para cualquier profesional y para cualquier organización, la búsqueda de un balance entre la vida laboral y personal, es un tema de enorme relevancia sobre el que cientos o miles  de personas de múltiples empresas trabajan todos los días para encontrar la mejor, pero aparentemente, inexistente combinación.

Y, es ahí, en la combinación, en la que, desde mi punto de vista, está el error.

Pasamos años buscando la mejor combinación de tiempo y lugar como si la vida fuera una serie de sucesos cronológicamente ordenados y bien sincronizados,  aspirando a tener una utópica y balanceada agenda que nos permitirá hacerlo todo:

5:30 am Despertar
6:00 am Gimnasio
7:00 am Baño y arreglo
7:30 am Desayuno
8:00 am Lleva a los niños al colegio
8:30 am Camino a la oficina
9:00 am En la oficina.
13:30 am Por los niños a la escuela
14:00 pm Comiendo en casa
15:00 pm Camino a la oficina
15:30 pm En la oficina
18:30 pm Camino a casa
19:00 pm Juego y cena en familia
20:00 pm Baño de los niños
20:30 pm Niños a dormir
21:00 pm Tiempo de pareja
22:00 pm A dormir

Pero esto no es balance. Es tan solo el sueño de una ordenada agenda diaria que en 11 de cada 10 casos, NO SUCEDE.

Y no sucede porque el balance no está en administrar el tiempo y la geografía; querer administrar estos sería pretender administrar un recurso compartido con todos ¿y quién entonces tendría derecho por encima de otros para hacer esto?

No, el balance no se da en tiempo y lugar. Vaya, el balance ni siquiera se da ni se obtiene.

El balance se crea. Lo generamos nosotros mismos de manera consciente a través de las elecciones que tomamos, las decisiones que hacemos y las acciones que realizamos todos los días.

Elecciones entre la vida que queremos vivir y el concepto de vida que nos han querido vender; cosa que no es fácil si pensamos que gran parte del esfuerzo que hacemos típicamente es para cubrir las expectativas que otros pretenden poner sobre nosotros.

Decisiones sobre lo que vamos a hacer y a qué asuntos en nuestra vida, de acuerdo a la que hemos elegido y al periodo/etapa de vida en la que estamos, vamos a favorecer priorizándoles en nuestra agenda. Aceptando, a la vez, las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo.

Y acciones, porque el balance no se vive en contemplación ni suposición, sino en acción. Creando, construyendo, viviendo y disfrutando desde hoy la vida que hoy y mañana queremos vivir, en lo profesional y en lo personal.

Encabezar no es lo mismo que liderar.

Hay organizaciones líderes en su ramo y organizaciones que lideran su vertical.
Y en contadas ocasiones son las mismas. Hay personas que encabezan y administran una compañía y personas que lideran a los integrantes de dicha organización.

Apple no encabeza la venta de computadoras personales, ni teléfonos celulares en el mundo, de hecho hay muchas otras empresas por delante de esta en la categoría, y sin embargo, todos estamos constantemente pendientes de lo que Apple hará a continuación porque su pensamiento, actitud y trabajo, lidera y guía para muchos la forma de pensar respecto a la innovación en este y otros mercados.

Google no es el medio número uno en ventas en publicidad pero su trabajo y visión, sin duda han formado una nueva manera de pensar respecto a la publicidad en línea y en la tradicional.

En muchos casos el vendedor número uno de la empresa, simplemente no sabe trabajar en equipo y le es casi imposible trasladar su experiencia a otros, porque sencillamente no porta el gen de compartir.

Y a menudo alguien en el equipo se convierte en un líder de pensamiento y opinión de su grupo, por encima del director general de la organización.

¿Y dónde radica la principal diferencia entre quienes encabezan algo y los que lideran en verdad?

Me parece que esta se encuentra en la actitud.

Mientras que los primeros se enfocan en encabezar, en sobresalir del resto y glorificar su posición, los segundos ponen toda su energía y atención en el movimiento que lideran. Entienden la misión que tienen y comparten una clara visión de esto con el grupo que los sigue,  tratando a cada integrante del grupo no como un seguidor más, sino como un personaje clave, un embajador incluso, que puede llevar su mensaje y compartir su visión a muchos más.

Estos líderes, por supuesto están interesados y ocupados en generar un ingreso importante para su organización; pero no porque estén preocupados como quienes la encabezan y piensan en cómo se va a ver su reporte anual, sino porque saben que contar con esos ingresos les permitirá tener combustible para el motor económico que requieren para seguir adelante con su misión.

Pero es esta, su misión, la que guía sus esfuerzos y la que, con toda la intención de dejar un legado y hacer la vida de otros un tanto mejor, mantienen viva por encima de solamente las ganas de encabezar un grupo y nada más.

Y es que tienen claro que encabezar, para nada es lo mismo que liderar.

¿Qué hay de tu sueños?

Todos tenemos sueños, unos más grandes que otros y, sin duda, unos mucho más osados también.

Soñar no es solo lo que hacemos mientras dormimos, soñar es una parte cotidiana pero crucial de nuestra vida y es la manera en la que vamos imaginando nuestro posible futuro, la forma en la que podemos marcar nuevas metas y trazar posibles caminos.

Nuestros sueños dicen mucho de nosotros. Dejan ver quiénes somos, de dónde venimos y a dónde aspiramos a llegar. Hacen evidentes nuestros temores y deseos; hablan de nuestros valores y principios y nos obligan a demostrar cuánto creemos en estos.

Además los sueños sacan de nosotros lo mejor o lo peor, pues hacen constar también que tan solidarios, o por lo menos respetuosos, somos de los sueños de los demás. Y a la vez, lo que otros opinan de nuestros sueños nos dejan saber que tan grandes son estos. Como dicen por ahí: “Si la gente no se está burlando de tus sueños, probablemente estos no sean tan grandes”.

Algunos sueños, los menos, están ahí para aliviar nuestra realidad. Pero los más importantes sueños que tenemos son los que están aquí para empujarnos a crear la realidad que queremos vivir.

Todo lo que creamos y hacemos, sin duda alguna lo pensamos o, mejor aún, lo soñamos primero. Pero no basta con soñar.
Los sueños, nuestros sueños, los que más valen la pena, son por los que tenemos que luchar, por los que tenemos que mantenernos enfocados y tomar acción todos los días para así hacerlos realidad.

Porque un sueño, una visión, sin acción no es más que una alucinación.

Keep dreaming, take action & make it happen.

No se trata de hacer lo que te gusta.

En los últimos años he escuchado de muchos vendedores de sueños la premisa  de vida que dice que: “Para ser feliz tienes que hacer lo que más te gusta y disfrutas hacer”.

A primera vista, inspirador y muy alentador, ¿No es así? Una manera perfecta de encontrar el balance perfecto que siempre habías buscado para de una vez y para siempre ser y vivir feliz.

Pues no, no es así.

Durante años nos han vendido la idea de que “si hacemos y trabajamos en lo que nos gusta, jamás lo veremos como un trabajo”. Pero no es así.

Si algo he aprendido, incluso con algo de dolor, es que esa lección en algún momento se mal interpretó.

No se trata de “hacer lo que te apasiona” sino de que te apasione lo que haces, que es muy distinto. El truco para no volver a un trabajo que no quieres, no está en trabajar haciendo lo que más te gusta hacer, sino en que en verdad te guste lo que haces y lo hagas con pasión.

Quiero decir, si nos enfocáramos solamente a hacer lo que más nos gusta hacer (además de que las probabilidades de que eso nos generará los recursos económicos mínimos necesarios para mantenernos son bajas y que las de que las playas estuvieran llenas todos los días son muy altas), caeríamos en una descontrolada espiral en la que solo estaríamos buscando nuestra propia satisfacción, y aunque en un principio, saciar todo nuestro gusto suena muy tentador, pronto nos daríamos cuenta del vacío que una vida de búsqueda de autosatisfacción podría dejar.
El capricho y la cólera se convertirían en nuestra única respuesta cuando por alguna circunstancia, la que sea, no pudiéramos hacer únicamente nuestra voluntad. Y al final de cuentas, después de hacerlo por un tiempo, eso que tanto nos gusta hacer se convertiría en el propio castigo de solo haber hecho eso.

De modo que no, no se trata de hacer lo que más te gusta hacer y nada más; sino de que te encante y te apasione lo que haces. Que no nada más obtengas un gran placer haciendo lo que haces, sino de que eso te brinde un real y profundo sentido de propósito porque lo estás haciendo, no por ti, sino por dedicar tus fortalezas, conocimiento, esfuerzo y experiencia al servicio y en beneficio de alguien más. Y porque has encontrado en alguna organización (propia o de otro) la oportunidad de también, a cambio de todo esto, obtener una remuneración, un combustible económico que te permita mantener el motor andando para continuar disfrutando profundamente  de lo que haces.

Así que, por favor, hoy no hagas lo que más te gusta, mejor disfruta enormemente lo que hagas.

¿Suficiente…?

Últimamente he inundado mi cabeza de muchas dudas, preocupaciones y angustia.

Hace muchos años, desde el 2005 aproximadamente, comencé a buscar un cambio, empecé a estudiar, investigar y adoptar nuevas prácticas en mi vida, más espirituales para unos, o intelectuales para otros.
De esta manera fue que hace poco más de tres años, tomé la decisión de dar un importante giro a mi vida para “dedicarme a hacer lo que más me gusta hacer” y así, “ser más feliz”.
Entonces comencé a prepararme, ahorré dinero, me asocie y formé una empresa que, junto con mi socio y algunos colaboradores, empezamos a operar de manera virtual y a distancia.

Pasó el tiempo y fui entendiendo, casi como despertando a una realidad distinta, que darle este giro a mi vida no solo se trataba de hacer lo que más me gusta y mejor se hacer, sino de también hacerlo con un auténtico propósito de servicio a otros a quienes puedes beneficiar haciendo eso que sabes hacer muy bien y tanto disfrutas hacer; y de no solo hacerlo, sino de crear y construir el estilo, el nivel y la calidad de vida que queremos vivir.  Es decir, crear una forma de vivir.

Al cabo de un año de haber lanzado formalmente la empresa que co-fundé, llegó el momento en el que creía estar bien preparado y listo para dejar mi “trabajo regular” y dedicarme totalmente a esta organización con la que haría realidad esa forma de vida que tanto anhelaba vivir.
Y en un inicio así fue: tiempo de calidad y en gran cantidad no solo para mi familia sino para mi también. Rendición de cuentas reducida a un par de personas que juntos vamos tomando decisiones sobre el negocio. Y además trabajando haciendo justo lo que tanto me gusta hacer.

Estaba “viviendo mis sueños” dirían por ahí.

¿Y entonces por qué digo hoy que últimamente me encontraba lleno de angustia y dudas? preguntarán algunos.

Es que en efecto me encontraba viviendo un sueño, pero en algún momento de este permití que de nuevo las expectativas, deseos y sueños de otros comenzarán a colarse en mi visión.

Verán, para mi, mis métricas críticas de éxito desde un principio serían:
– La capacidad de dedicar mucho tiempo en cantidad y calidad a mi familia, a nuestra salud y bienestar y a mi desarrollo personal, espiritual y profesional.
– La capacidad de contar con los recursos necesarios para cubrir las necesidades de mi familia, cubrir nuestros gastos, también nuestros gustos y ¿por qué no? hasta ahorrar un poco también.
– Trabajar como coach, conferenciante, autor y facilitador, ayudando e impulsando el desarrollo personal y profesional de otras personas que, como yo, buscan hoy vivir mejor.

Sin embargo, al paso de los meses, otras subjetivas métricas de éxito de otros, comenzaron a nublar mi visión, inundando mi mente de incesantes cuestionamientos sobre lo que he estado haciendo:

– ¿Será suficiente? Soy un empresario. Necesito una gran oficina, un equipo robusto, un salario de varios ceros y muchos lujos y premios también.
– ¿Serán justos? He trabajado mucho por “x” empresa o agrupación ¿pero valorarán lo que he hecho o solo valoraban cual era mi anterior posición en la organización para la que trabajaba?
– ¿Serán parejos los esfuerzos y recursos que inyecta mi socio al proyecto?
– ¿Serán suficientes los recursos que genero hoy para pagar todo lo que tengo que pagar y comprar todos los lujos que creo merecer?
– ¿Será suficiente el éxito que proyecto a los demás, serán suficientes los halagos y los aplausos, será suficiente el respeto y la admiración que obtengo de los demás?

“¿Será suficiente, serán justos, será parejo, será suficiente, serán justos, será parejo, será suficiente, será suficiente, será suficiente?..” preguntas que por los últimos meses han rondado como ave de rapiña a mi mente, esperando el momento en que caiga vencido para llevarme a la desesperación.

Pero fue justo en ese momento previo a la rendición, sientiéndome a punto de perder que, de nuevo casi como si despertara de un sueño, un familiar pensamiento que como hace mucho no lo hacía, cruzó por mi mente otra vez:

¿Y qué si no lo es? ¿Importa más que otros te vean exitoso bajo sus métricas, que te rodees de lujos y halagos, mientras otros compensan con su trabajo el valor que crees que con el tuyo has generado?
¿O importa más el hecho de que hoy vives precisamente como durante tanto tiempo has querido vivir? Haciendo eso que por tanto tiempo soñaste hacer, dedicando tu tiempo a las personas a las que siempre se lo has querido dedicar, ayudando a otros con el trabajo que mejor sabes y más disfruta hacer?

¿Y qué si no tienes los lujos que con otro trabajo, antes pudiste o ahora podrías tener? ¿Pesan más las cuentas de gastos, los viajes en primera, títulos nobiliarios y bonos adicionales ó  pesa más saber que has sido capaz de crear y vivir la visión de vida que por años habías querido vivir?

¿Necesitas en verdad un coche último modelo, un traje de marca y una tarjeta dorada en tu cartera?

¿O prefieres una vida próspera, sana y abundante porque tienes lo que necesitas, haces lo que te gusta y pasas tu vida con quien más quieres estar?

¿Qué métrica de éxito prefieres usar?…

… ¿Que si ya lo logre sacar todas mis dudas de mi cabeza?… Nahh… no aún, pero al menos estoy aprendiendo a hacerlo cada día mejor…

¿Y si todo es un ensayo?

Es muy fácil perderse en el hoy: los problemas que tenemos hoy, los miedos que tenemos hoy, las carencias que tenemos hoy, el mucho trabajo que tenemos hoy o en lo afortunados que también somos hoy (aunque tristemente, son muchos menos quienes piensan esto).

Es aún más fácil perderse en el ayer, lo bien que nos iba en nuestro anterior trabajo, lo divertido que la pasábamos con menos responsabilidades, lo sanos que estábamos cuando eramos mas jóvenes o las tragedias que arruinaron los planes de grandeza que algún día tuvimos.

Y cuando nos perdemos entre el ayer y el presente, continuar avanzando hacia donde queremos se torna tan difícil como “correr en el lodo”. Intentas seguir adelante pero cada paso que das es lento, torpe y pesado, porque la carga que te has impuesto es más de la que deberías tener.

Construir un futuro no es tarea fácil. Definir una meta, trazar un camino hacia esta y avanzar por el mismo, resulta por si solo un enorme reto, pero como si esto no fuera suficiente, decidimos (con frecuencia inconscientemente) llevar con nosotros todo el bagaje de nuestro pasado y los caprichos y temores de nuestro presente.
El ego, el miedo y la arrogancia nos anclan y las ganas de “tener la razón” pese a  lo que sea construyen muros a nuestro alrededor que nos encarcelan en una prisión de nuestra propia necedad, pretendiendo lograr algo nuevo, haciendo aquello que bien sabemos que simplemente, si algún día lo hizo, hoy no funciona más.

Continuamos amarrándonos a quienes sabemos que no nos están aportando nada, por temor a perder lo mucho o poco que hasta ahora hemos construido, cuando precisamente desprendernos de eso tal vez sería lo mejor que podemos hacer.

La vida es muy corta para pasarla amarrado a quienes no te ayudan a ser una persona mejor ”, dicen por ahí.
Y sin embargo, seguimos con ellos porque creemos no tener mejor opción, porque la alternativa parece demasiado difícil o simplemente porque la venda del miedo que el tiempo nos ha colocado no nos la deja ver.

Pero… ¿y si todo fuera tan solo un ensayo?

¿Si cada paso que damos, cada vez que avanzamos o retrocedemos, cada logro obtenido y lección aprendida, la viéramos tan solo como lo que es en realidad: Un ensayo que nos permite avanzar al siguiente nivel?

Connect the dots” decía en el más famoso de sus discursos Steve Jobs, haciendo referencia a las diferentes experiencias que vivió en su desarrollo profesional y como después de un tiempo y visto desde otra perspectiva pudo voltear a echar un vistazo a su pasado y conectar cada vivencia que, sumadas entre sí, lo habían llevado hasta donde llegó.

Y conectar estas experiencias es lo que deberíamos hacer.

Quizas hoy no veámos como cada cosa que vivimos y aprendemos conecta con las demás, probablemente incluso pensemos que no somos merecedores de lo que nos ha sucedido o no entendamos como terminamos en la posición que nos encontramos hoy.
Pero, y si en lugar de cuestionarnos por qué nos pasó lo que nos pasó, hacemos un inventario de lo que hemos aprendido y las herramientas, habilidades, competencias y recursos de los que nos hemos hecho a través de este proceso y nos mostramos a nosotros mismos de qué somos capaces hoy que antes no podíamos hacer. Es decir, si nos demostramos lo mucho que este “ensayo” hizo en realidad por nosotros, a pesar de no haber llegado hasta donde queríamos llegar, ¿No estaríamos mucho mejor preparados para continuar?

Así que esta semana ¿en qué vas a ensayar?