De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Live (at your best) and let live.

A veces empezar bien el día, resulta más difícil de lo que quisiéramos. Sobre todo cuando vemos como el mundo parece estar fuera de control… catástrofes naturales en un lado del mundo, absurdas guerras en otro, la violencia y el tráfico de drogas y de armas en el nuestro y, como si no les fuera suficiente, personas que solo mal gastan su energía y la de los demás peleando innecesaria y públicamente con otros individuos que, con buenas o no tan buenas intenciones (depende del punto de vista de cada quien y de conocer la historia completa) han provocado en sus detractores una sobre reacción y ganas de destruir lo que otros han creado.

Destruir el trabajo de otros es mucho más fácil que construir la propia obra de cada persona; y crear una artificial imagen de “moralidad”, pisoteando el error de otros hasta el cansancio (o por lo menos el de quienes te siguen o leen) resulta también mucho más sencillo que tomar la iniciativa de crear algo positivo y propositivo que construya en favor de otros. Sin mencionar claro la cómoda posición de no hacer nada para solo criticar desde la seguridad de un teclado, en lugar de escoger la vulnerabilidad de crear algo.

Por supuesto el hacer grandes cambios en la sociedad y en el mundo no es para todos y no podemos esperar que el mundo esté lleno de Gandhis, Bransons, Mandelas y Sharmas.

Pero lo que sí es cierto es que cada quien puede, desde su pequeño cuadrito de mundo, tomar acciones para mejorar en mayor o menor medida, la vida de quienes habitan los otros cuadritos de mundo a su alrededor.

No es necesario hacer mucho, ni gastar dinero. Ni siquiera se requiere de mucha energía. Es más, en ocasiones, hacer nada es mucho mejor. Pero si quieres hacer algo positivo por alguien más, ¿por qué no empezar con pasos que pueden parecer pequeños para ti, pero que pueden ser realmente significativos para alguien más?

  1. Celebra el trabajo de alguien más. Hazles saber lo mucho que aprecias su esfuerzo y dedicación.
  2. Presta tu atención y empatía al amigo que tan solo busca desahogar  por un momento su frustración.
  3. Comparte con alguien más lo que sabes. Permíteles que se beneficien de tu experiencia, de tus aciertos y de tus equivocaciones y las lecciones que de estas has aprendido.
  4. Sonríe. Sonríe con sinceridad.
  5. Aprende algo nuevo. Asegúrate de que no se te vaya el día sin llevarte una lección más.
  6. Crea nuevas oportunidades para alguien más. Presenta a quienes pueden beneficiarse de esa nueva relación, aún si tu no tienes nada que ganar.
  7. Impulsa el trabajo de otros. Ayúdalos en la medida que puedas a cumplir sus objetivos y a llegar a la meta que quieren alcanzar.
  8. Se agradecido. Agradece profundamente todo lo bueno que tienes en tu vida y agradécelo con sinceridad.
  9. Desarrolla tu talento. Sueña, planea y vuelve a soñar como puedes explotar todas las destrezas, habilidades y fortalezas que tienes. Pero después ponte a trabajar. Acciona y ejecuta tu plan. Arriésgate, equivócate, tropiézate, levántate y vuelve a caminar.
  10. Respeta a los demás. Respeta sus ideas, sus preferencias, sus intereses, su origen, su historia y su trabajo. El que no coincidan del todo contigo, no necesariamente quiere decir que estén mal.

Escoge lo que quieras. Escoge no hacer nada si así lo prefieres. Pero no elijas destruir el trabajo de quienes sí han querido poner su granito de arena, aún cuando la manera en que lo estén haciendo no sea la que mejor te parece a tí. En ese caso, ocúpate de ti mismo y, como dicen por ahí… “live and let live”.

¿Algún otro consejo que me quieran compartir?

  • Ten claro cuales son tus prioridades en la vida: la familia, la salud, el bienestar.
  • No tengas un plan de carrera. Ten un plan de vida. Define que quieres de la vida y como quieres vivirla.
  • No caigas en la tentación de la escalera corporativa, los grandes sueldos y los títulos nobiliarios. Si solo te enfocas en estos, tarde o temprano seguro que los obtendrás, pero tan solo lo harás para luego descubrir que, a pesar de todo lo que haz logrado, estás haciendo exactamente aquello que no te hace feliz.
  • No busques trabajo, más bien encuentra un motor económico que te ayude a construir la vida que quieres vivir, haciendo lo que más te gusta y mejor sabes hacer.
  • Jamás ignores o digas que no a un abrazo, a una caricia o a un beso de tus seres más amados. Después de todo, cuando todo termine ellos son quienes estarán a tu lado.
  • Manten tu vida simple y sencilla. Tener lujos está bien pero jamás deben serte necesarios para vivir. Conoce y define bien tus necesidades para vivir bien y todas las noches poder dormir.
  • Cuida tu salud y mantente en buena condición física, la necesitarás para seguir luchando y para disfrutar tus logros también.
  • Mantente siempre fiel a tus principios y valores, estos simplemente no son negociables o intercambiables.
  • Conoce tus fortalezas y tus áreas de oportunidad; y enfócate sobre todo a mejorar las primeras.
  • Se autentica y profundamente agradecido con la vida y con quienes te rodean.
  • Rodéate de quienes te inspiran a esforzarte para ser mejor. Si crees que eres el que más sabe o más puede en la habitación donde estás, seguramente no te encuentras en donde deberías estar.
  • Estudia, lee, escucha música, conoce gente nueva y aprende de ellos.
  • Viaja y conoce otras maneras de ver la vida. 
  • Aprende a descansar y a recrear.
  • Pasa tiempo contigo mismo y aprende de la soledad.
  • Házte de un coach y de un mentor. El mentor te compartirá todo lo que sabe y te mostrará su camino. El coach te acompañará y apoyará en el recorrido de tú propio camino.
  • Asume tu responsabilidad. Habla menos, ejecuta más.
  • Se siempre humilde, honrado, amable, considerado y honesto con los demás.
  • Da de ti, de tu tiempo, de tu experiencia y conocimiento y haz muchos más favores de los que puedes pedir.
  • No solo busques aprovechar cada oportunidad que se presenta ante ti, crea oportunidades para los demás también.

Son solo algunas de las cosas que me recuerdo a mi mismo cada vez que me encuentro preguntándome que debo hacer para continuar construyendo la vida que quiero vivir.

Y ustedes ¿Qué otros consejos me quisieran compartir?

Equivocarse está bien, no hacerlo, no.

¿Cuándo fue la última vez que se equivocaron? ¿Cuáles fueron las consecuencias de su error? ¿Qué aprendieron entonces y cómo aplicaron su lección?

¿Cuándo fue la última vez que criticaron a alguien por el error que cometieron o peor aún lo juzgaron y condenaron, haciéndolo que “pague” por su equivocación?

Equivocarse está bien. Hacerlo muchas veces y con frecuencia ¡está muy bien! Quiere decir que seguimos intentando, que estamos aprendiendo y cada vez más acercándonos a aquello que queremos lograr.

Cometer exactamente el mismo error una y otra y otra vez, no está bien. Tenemos que aprender a reconocer con humildad cuando nos hemos equivocado y abrirnos a aprender la lección que ese difícil momento nos da.

Jamás cometer un error, está simplemente mal.  Presumir que nunca te has equivocado es confesar que nunca te has arriesgado a hacer algo nuevo y que ni siquiera lo has querido intentar.

Y criticar y condenar a quienes se equivocan una y otra vez, mientras observan seguros y cómodamente detrás de un escritorio es mucho, muchísimo, peor.

Así que si en algún momento sentimos las ganas de criticar a alguien en nuestro trabajo, en nuestra familia o en nuestro círculo social, por el error que cometieron, tomémonos un momento para preguntarnos ¿Y últimamente en qué me he equivocado yo?

 

Nuestra carrera y la sostenibilidad.

Sustentabilidad. Una palabra muy en boga últimante y un concepto que le ha estado dando muchas vueltas a mi cabeza en los últimos meses.

Hoy no resulta extraño escuchar la palabra “sustentabilidad” en todo tipo de plática, desde una conferencia en la que el tema central es la responsabilidad social y las práctica sostenibles de la empresa, hasta en charlas en la mesa de al lado donde hablan de las prácticas ecológicas que cada quien tiene en su casa mientras, quienes platican, beben café en un vaso de papel reciclado.
Vaya, hasta un cursos sobre energía personal sustentable, tuve oportunidad de tomar hace poco más de un mes, en el que el concepto rector es la buena administración de nuestra energía personal como recurso auto-sustentable.

Sin embargo, hasta ahora, no he escuchado a muchos hablar sobre la sostenibilidad de nuestro desarrollo profesional y personal.

Carreras profesionales y vidas sustentables.

“No me importa todo eso que dicen del coaching, ni del balance de vida con el trabajo, mucho menos del “work smart” y que puedas hacer bien tu trabajo en menos horas, lo cierto es que, en esta organización, la gente que más crece es la gente que trabaja más horas y hace más cosas”, me respondía el “country manager” para México, de una muy importante empresa global, ante mi aseveración sobre la enorme importancia de apreciar y reconocer el esfuerzo de los integrantes de una organización y del crucial respeto que hay que tener por su vida personal, sus intereses particulares y desarrollo personal.

De acuerdo a varias definiciones, el término sustentabilidad se refiere al equilibrio que hay entre una especie con los recursos del entorno al cual pertenece. En otras palabras, la sustentabilidad, trata de satisfacer las necesidades de la actual generación pero sin que por esto se vean sacrificadas las capacidades futuras de las siguientes generaciones.

Pero si seguimos el camino que esta persona sugiere y solo trabajamos largas horas, haciendo más y más para satisfacer nuestras necesidades de desarrollo profesional y las de la empresa para la que laboramos ¿no estaríamos, precisamente, descuidando totalmente las necesidades del resto del ecosistema social al que pertenecemos? ¿en verdad es sostenible esa manera de trabajar?

Es entendible y deseable querer desarrollar una sólida y éxitosa carrera profesional llena de ascensos meteóricos y la acumulación de incrementos salariales; es totalmente necesario que todos busquemos la mejor forma de cubrir las necesidades económicas, de seguridad y estabilidad de nuestras familias; y es absolútamente importante que todos seamos agradecidos y leales a la organización para la que trabajamos. Pero ¿hasta qué punto tenemos o podemos llegar sin sacrificar otros aspectos de nuestra vida y de la de los demás?

Y no solo me refiero a cuidar el tiempo de descanso y distracción, como muchos, equivocadamente, creen que es tener un balance entre lo personal y lo laboral, sino a un equilibrio básico que, como personas, tenemos que cuidar para desarrollarnos, sí en lo profesional, sí en lo personal, pero también en lo familiar, en lo social, en nuestra comunidad y en lo cultural.

¿Dónde está el equilibrio? ¿Hasta dónde podemos llegar, sin que el viejo modelo industrial en el que alguien tiene que perder para que otros puedan ganar, termine por romper el poco balance que queda? ¿Cuántos profesionales con crisis nerviosas o agotamiento por estrés, cuánto talento desperdiciado y sin desarrollar, cuántas más familias con hijos descuidados y desatendidos tenemos que tener a cambio de una oficina ejecutiva más?

Y con esto, para nada pretendo decir que no debemos trabajar ni que debamos hacerlo con menor tesón, por el contrario, siempre debemos hacerlo con dedicación y pasión, pero esa misma dosis de pasión, de enfoque y dedicación la debemos de inyectar a los otros aspectos de nuestra vida, a nuestra familia, a nuestro cuidado personal, a nuestra cultura y a nuestra comunidad.
Porque ¿por qué habría que sacrificar uno o varios aspectos de nuestra vida por uno solo nada más? ¿Sería eso sostenible? La respuesta, creo que yo, es para cada quien algo muy personal.

Five in Life

Vivimos en un época en la que es casi imposible conocer a alguien quien no esté ocupado todo el tiempo y un poco más.

La mayoría de las personas que conozco están activos cada vez más horas y cada día pasan más tiempo sin descansar.

Pero la pregunta que me queda es ¿Y estamos logrando más o solo nos estamos ocupando más, perdiendo más tiempo y desgastándonos más?

Estar muy ocupados y “hacer más” no es lo mismo que lograr más.

Hay muchas razones por las que hacemos las cosas que hacemos:

Algunos porque buscan seguridad y estabilidad: “Si trabajo todos los días de 9am a 18pm cada quince días recibiré, siempre seguro, mi cheque”.

Otros por miedo: “Si no hago lo que me están pidiendo justo en este momento puedo perder mi trabajo”.

La mayoría hacemos lo que resulta fácil, rápido, divertido y poco comprometido: “Tengo mucho que hacer pero estar posteando en Twitter es más divertido”.
Y solo algunos pocos están haciendo eso que requiere de un mucho mayor esfuerzo pero que es realmente estratégico e importante para lograr aquello que quieren lograr.

Y el círculo vicioso siempre empieza igual: primero muy pocos saben con claridad a donde quieren llegar y a falta de esta visión adoptan la “certeza” como condición. Toman un trabajo estable en el que, si cumplen fielmente con sus tareas, ganarán una cantidad razonable para tener seguridad y estabilidad en su vida. Muy pronto esas tareas se van acumulando, algunas resultan placenteras y sencillas y otras más aburridas o pesadas, se convierten casi en una pesadilla.
Entonces viene ese efecto dulce y engañador en el que decidimos dejar de hacer aquello que teníamos que entregar para distraernos con actividades sin importancia, ni propósito que solo nos llevan a la procrastinación.

Muy pronto entonces, aquellas simples tareas que nos ofrecían esa estabilidad, se convierten, a falta de cumplirlas, en amenazas a esa seguridad y corremos espantados a hacer lo que podemos para evitar que el regaño o reprimenda sea mayor.

Y así muchos más de los que quisiéramos aceptar, se pasan toda una vida ocupándose mucho para no lograr llegar a ningún lugar.

Pero el problema no está en no hacer lo importante y estratégico. Tampoco está en ocuparse con lo estable, distraerse con la fácil y correr por lo urgente. Jugar y distraerse no tiene nada de malo, Y casi siempre tendremos que sacar del frente a esas tareas “no tan importantes” o “urgentes para otros” para poder continuar nuestro camino hacia lo importante.

El problema es: ¿Cómo nos vamos a enfocar en hacer lo importante y estratégico para llegar a nuestro destino sino sabemos a dónde queremos llegar? Ese es, simple y corto el problema, en realidad.

Por eso la crucial importancia de identificar los básicos tres que nos llevarán a nuestros “5 in life”.

Nuestros “5 in life” o “Big 5” como los llama John Strelecky, son esas 5 cosas que, en nuestro lecho de muerte al voltear atrás pudiéramos pensar: “lo hice, mi vida tuvo un propósito cumplido y no fue solo un vacío pasear”. En otras palabras, nuestros “5 in life” son nuestra métrica de éxito personal con la que evaluaremos si hemos logrado lo que en nuestra vida queremos lograr.

Para algunos será una familia unida, para otros el más alto puesto ejecutivo a lograr y para unos más tal vez conocer algún lejano lugar y mil y un cosas más.

En mi caso mis “5 in life” son:

–       Una familia unida y un hogar lleno de luz y paz.

–       Salud física, mental y espiritual.

–       Desarrollarme como Coach, conferenciante, entrenador y consultor, ayudando a otros a desarrollar su talento y potencial.

–       Crear, escribir, producir y publicar.

–       Aprender a parar y disfrutar.

Ahora, teniendo claro cuáles son nuestros “5 in life”, fácilmente podríamos definir cuáles son, en cada nuevo día esas 3 cosas básicas que tenemos que hacer para avanzar y dar un paso más.

Puede ser que cada día tengamos que hacer muchas otras cosas más, pero jamás deberíamos de perder de vista esas 3 del día que sin duda debemos ejecutar.

Puede ser que una o dos de las tres tengan que ver con las tareas sencillas que nos dan estabilidad, y puede ser incluso que en ocasiones una de estas tenga que responder a una urgencia especial. Por supuesto, podemos dejar tiempo para hacer lo divertido y que nos distrae, pero siempre, cada día deberíamos de realizar, de entre todo lo que hacemos, esas 3 cosas básicas que si hacemos todos los 365 días de cada año nos acercarán más y más a cumplir con nuestros “5 in life”.

El precio de no atraverse

Seguramente las has sentido antes y temido tanto que las escondiste en el lugar más profundo que pudiste encontrar: las ganas de hacer ese algo que hasta ahora no te has atrevido a hacer.

Has pensado en mil y una sólidas razones para justificar tu falta de acción. Has buscado incluso la comprensión de otros para validar tu decisión (o falta de esta) de no ir adelante con ese proyecto: “No cuento con los recursos”, “Necesito mucho dinero para hacerlo”, “Me falta experiencia”, “Requeriría una red de contactos mucha más grande”, “No tengo el tiempo suficiente para hacerlo” o la mejor de todas, “¿Por qué cambiar las cosas si así funcionan bien?”
Incluso, recuerdo hace poco haber escuchado a un importante ejecutivo de un muy importante medio digital comentar que no podía imaginarse por qué habría personas que quisieran trabajar en un lugar distinto a ese que él representa, si no solo está a la cabeza de la categoría, pero también ofrece estabilidad y seguridad para sus empleados.

En tiempos como en los que estamos viviendo, una reacción así resulta hasta compresiva, es decir ¿por qué alguien querría dejar de lado todos los beneficios que trabajar en lugar así donde, a pesar de toda la innovación y cambios propios de la industria, la mayoría de los asuntos para los empleados están prácticamente solucionados?”
¿Quién querría, estando en una situación, relativamente privilegiada, romper con el estatus quo? Muy pocas personas diría yo.

Pero la realidad es que si no existieran esas personas decididas a estudiar y entender la situacion actual, definir estrategias y tomar riesgos, algunas veces menos calculados que otras, ese estatus quo que tantas personas quieren defender y conservar no sería tan perfecto, caducaría, vencería… tarde o temprano terminaría por no funcionar.
Como dice Charlie Rose “Puedes perderlo todo si lo único que te interesa es proteger solo una cosa”.

Y es que piénsenlo un momento, no importa que tan cómodos nos sintamos con como las cosas están, ¿de qué nos sirve el estatus quo de otro?

El otro día leí una cita que, desde mi punto de vista lo resume todo muy bien: “Atreverse es perder el piso temporalmente, no hacerlo es perderse a si mismo para siempre”, Aabye Kierkegaard.

Y solo dos preguntas me quedan:
¿Qué te atreviste a hacer en 2010? y ¿Que piensas cambiar en el año que está por comenzar?

Reconocimiento no es igual a realización.

Para muchos, tomar su primer trabajo es resultado de una necesidad para generar ingresos y mantenerse. Para otros más afortunados, comenzar a trabajar es algo “normal” y esperado al cumplir cierta edad y para otros tantos aún con más suerte empezar a trabajar es también la oportunidad de realizar un sueño de años.

Sea cual sea la razón por la que hayamos comenzado a trabajar, todos buscamos algo en común de nuestro trabajo que va mucho más allá del dinero que ganamos: realización.

El problema con la realización que esperamos lograr con nuestro trabajo es que, en la mayoría de los casos, no sabemos qué se siente o como se ve esa realización, así que  equivocadamente creemos que la veremos reflejada en el reconocimiento de nuestro trabajo.

Esperamos que nuestro jefe reconozca abiertamente y frente a nuestro equipo, el gran trabajo que hemos hecho. Esperamos que la organización que nos emplea reconozca nuestro esfuerzo y dedicación a esta recompensándonos con una promoción, un incremento salarial o un bono especial.
Esperamos que la industria de la que participemos nos reconozca como líder de opinión en esta, invitándonos a impartir conferencias, a escribir para publicaciones, y algunos, hasta con homenajes o tributos.

Esperamos que nuestros amigos nos reconozcan adulándonos, diciéndonos todo lo que nos admiran, estiman y respetan.

Y esperamos que nuestra familia nos reconozca como un gran proveedor, como una muy buena pareja, un excelente hijo y un mejor padre.

Esperamos, esperamos y seguimos esperando a que se nos de el reconocimiento que creemos que nos merecemos, en el tiempo y forma en la que pensamos que lo merecemos.

Y así, esperando, nuestro ego e inseguridad van consumiendo nuestra paz.

Nos angustiamos, enojamos y hasta deprimimos porque no hemos recibido el reconocimiento que sabemos merecer y que necesitamos tanto para sentir que por fin, después de tanto esfuerzo casi sobre humano, nos hemos realizado.

Y olvidamos por completo que la realización  de cada uno como persona no puede venir de ningún factor externo. Perdemos de vista que si dejamos nuestro sentido de realización en manos de otros, jamás lo obtendremos, pues cada quien está tan ocupado, como nosotros, por obtener su propia realización.

Yo he cometido con frecuencia este error, después de todo el ser humano es el único animal capaz de caer en la misma trampa más de dos veces.

Y cada vez que me descubro esperando el reconocimiento de otros para sentir que lo estoy haciendo bien, tengo que preguntarme a mi mismo por que estoy haciendo el trabajo que estoy haciendo y entre otras cosas cuestionarme también:

¿De todas las tareas que tengo que hacer en mi trabajo, son muchas más las que disfruto que las que no?

¿Hago lo que me gusta y me gusta lo que hago?

¿El precio que pago por hacer lo que hago es el que estoy dispuesto a cubrir?

¿Cuándo hago bien mi trabajo, veo a alguien sonreírme al espejo?

¿He podido ver como mi trabajo aporta a la vida de alguien más?

¿Cuando llego a casa tengo más sonrisas que malestares que compartir?

Y puede ser que al responderme estas y otras preguntas no sea capaz aún de decir si me he realizado o no, pero más seguro que no, por lo menos  veré si voy en el camino correcto o no.

 

De decisiones, acciones y consecuencias.

Piensa por un momento en alguna situación muy buena que hayas vivido.

Piensa ahora en una experiencia muy difícil que hayas pasado.

Piensa como esas dos te han llevado hasta donde hoy estás.

Ház un esfuerzo y recuerda cada detalle de lo que ocurrió tanto en aquellos grandes momentos, como en esos que preferirías no recordar.

Piénsalo y recuerda las decisiones que en esos momentos tomaste y con las que hasta ahora has tenido que vivir.
No pienses en las razones o factores que predispusieron a cada situación. La vida sucede, hay muy gratas experiencas y otras muy dolorosas también. Sobre eso no tenemos control.
Pero lo que sí podemos controlar es lo que decideremos hacer a partir de ese momento y el saber que cada decisión que tomemos traerá consigo una serie de consecuencias, ni buenas ni malas, solo consecuencias, que irán formando parte de nuestra realidad.

Tal vez alguien perdió su trabajo y decidió que no servía para trabajar… En tanto que otro decidió aprender y enfocarse en aquello que tenía que mejorar…

Tal vez alguien decidió salir a tomar con sus amigos en lugar de terminar ese importante proyecto que al día siguiente tenía que entregar… Mientras que otro decidió ignorar a sus amigos por mucho tiempo para enfocarse solo en trabajar…

Puede ser que alguien haya fallado una y otra y otra vez, pero haya decidido continuar luchando porque sabe que con cada fallo está mucho más cerca del acierto… a la vez que otro simplemente ya no quizo seguir…

Posiblemente alguien decidió ignorar las señales que su organismo le enviaba de dolor y que ahora lo tienen delicado de salud… Y a lo mejor alguien decidió comenzar a cuidar su salud a partir de hoy.

Piensa en todas las decisiones que hasta el día de hoy has tomado y piensa en la realidad que con estas te has formado.

Piensa en lo importante que es cada decisión que haces, piensa en las acciones que como resultado de tus decisiones habrás de tomar y acepta con congruencia las consecuencias que estás traerán.

Del quisiera al quiero lograr.

“Quisiera bajar de peso”, “Me gustaría estudiar un posgrado”, “Me encantaría vivir en ______”, “Como quisiera trabajar por mi cuenta”…

Cuantas cosas nos gustaría hacer. No puedo recordar un solo día en que no haya escuchado a alguien (con cierta frecuencia a mi mismo) decir todo lo que quisiera lograr y hacer.

Pero realmente ¿Que tan comprometidos estamos con lo que queremos hacer?

Hay una gran diferencia entre un simple quisiera y un quiero de verdad.

Un simple quisiera es una respuesta casual a un difuso interés en algo que, en realidad no es de mayor importancia para nosotros. Un Simple quisiera no hace otra cosa más que reflejar algunos de nuestros gustos o fantasías:
Nos gusta una ciudad u otro país por su colorido, calidad o nivel de vida y decimos que “nos gustaría vivir ahí”, vemos el estilo de vida o de trabajo de alguien más y comentamos que “quisiéramos trabajar ahí”. Encontramos una fotografía de cuando pesábamos 20 kilos menos y pensamos “quisiera estar tan delgado como a mis 20s otra vez”. Vemos a un profesional que nos inspira con su trabajo y decimos “quisiera ser tan exitoso como él/ella”.

Pero un simple quisiera deja las cosas tal y como están, porque un simple quisiera no requiere de un compromiso de nuestra parte, no exige ni el más mínimo esfuerzo, ni mucho menos implica un riesgo para nosotros, más allá de que las cosas, por más que quisiéramos que fueran de otra forma, siempre seguirán igual.

Un quiero, en cambio, es definitivo.
Un quiero implica que sentimos algo más que un casual gusto por algo; un quiero indica pasión por aquello que queremos lograr.
Un quiero separa al amateur del profesional. Un quiero rompre records en los deportes y crea empresas que cambia la historia de los demás.
Un quiero fija objetivos, marca un rumbo e indica que estamos dispuestos a hacer grandes esfuerzos y sacrificios por aquello que queremos lograr.
Un quiero, detona la definición de un plan y su puesta en acción.
Un quiero nos impulsa a permanecer en el camino que hemos emprendido, nos hace responsables por los avances que tengamos, por los retos que enfrentemos, las desfortunas que en el camino tengamos y las lecciones que de estas aprendamos.
Un quiero nos ayuda a rodearnos de personas que comparten nuestra pasión y compromiso y que, por lo tanto, pueden ayudarnos (y nosotros a ellos) a lograr lo que queremos.
Un quiero puede cambiar vidas enteras.

Por eso hoy, dedica un buen rato a pensar y separar tus simples quisieras de tu quiero de verdad, da ese primer gran paso y arranca desde ya ese plan de acción que te llevará a donde en verdad quieres llegar.

Dulce resistencia.

Ser constantes y continuar trabajando por conseguir nuestros objetivos nunca es tan fácil como parece. Seguir adelante a pesar de todos los retos que se interponen en el camino siempre resulta complejo, cansado y con frecuencia incluso desgastante.

Pero enfrentar una gran resistencia que se muestra clara y franca para avanzar es, de hecho, el mejor tipo de resistencia podemos enfrentar:
Si en nuestro camino encontramos un muro alto y ancho que hay que sortear para seguir adelante, entendemos que tendremos que saltarlo, rodearlo o atravesarlo para seguir adelante y buscamos la manera más eficaz de hacerlo; en cambio si en el mismo camino encontramos un cómodo sofá que nos invita a descansar y tomarlo con calma, probablemente nos acomodemos tan bien en el que olvidemos continuar.

Tener en frente un gran reto y que las cosas se presenten difíciles, no es lo peor que nos puede pasar. Tener críticos que menosprecien nuestro esfuerzo o cínicos que digan que nunca lo vamos a lograr, tampoco. Por el contrario, cuando menos así identificamos bien al enemigo a vencer y podemos calcular el tamaño del esfuerzo que nos va a tomar llegar a donde queremos llegar.

Por el otro lado, cuando las cosas aparenten ser fáciles, cuando todo lo obtenemos sin mayor esfuerzo, cuando vivimos cómodos en el estatus quo y rodeados de gente que solo nos dice que todo lo que hacemos lo hacemos bien y nos justifica cuando no lo hacemos; cuando nosotros mismos nos damos más “Chance” del que en verdad necesitamos, no hacemos otra cosa que engañarnos a nosotros mismos, y crearnos algo mucho peor que un gran reto. Nos creamos una dulce y amigable resistencia que poco a poco y sin darnos cuentas nos va alejando de nuestro camino.

El gran problema con esta dulce resistencia es que casi siempre viene acompañada de genuinas y buenas intenciones y, por lo tanto, no estamos alertas ante estas.
Es como la metáfora de la rana hervida. ¿La recuerdan? Si tratas de meter a una rana en una olla de agua hirviendo, esta inmediatamente saltará afuera para salvarse a si misma, pero si tomas a la misma rana y la pones dentro de la misma olla con agua a una temperatura agradable para esta y lentamente vas aumentado la temperatura hasta hervir el agua, la rana se quedará ahí,cociéndose sin darse cuenta.

Piénsenlo un momento. ¿Cuántas veces no hemos caído ante esta afable resistencia?
Cada vez que apretamos el botón de snooze en el despertador para “dormir 5 minutos más” en lugar de levantarnos a hacer el ejercicio que tan solo la noche anterior nos prometimos que íbamos a hacer sin falta, justificándonos tras el pretexto de habernos acostado tarde y que merecemos dormir un poco más.
Cada vez que teníamos que estudiar tan solo un poco más para el exámen del día siguiente y que nuestros amigos nos convencían de ir a jugar dardos y tomar algo en la noche.
Cada vez que un famililar, un ser querido o nosotros mismos justificamos alguna falta de nuestra parte estamos, de algún modo, sometiéndonos a esa dulce y amigable resitencia.

Y no es que esté mal darnos espacio o que tengamos que vivir en un régimen dictatorial.
Está bien tomarlo con calma y regalarnos, de vez en vez, “5 minutos más”. Pero si ese “chance” nos distrae constantemente de donde tenemos que enfocarnos para lograr nuestros objetivos, entonces no se trata de un tiempo y espacio para nosotros, sino de una dulce resistencia que tenemos que enfrentar.

Picture credit: Vivianev

Dos lecciones inesperadas…

No cabe duda, a veces las lecciones vienen de quien menos lo esperas.

La semana pasada estuve en Nueva York asistiendo al congreso anual de IAB Mixx y al Summit global del Interactive Advertising Bureau, organización con la que desde hace varios años tengo el honor de colaborar en su capítulo de México.

Privilegiado, pude escuchar en vivo y cara a cara a grandes, grandísimas personalidades del medio, líderes de pensamiento y de acción: Desde Seth Godin hasta Yossi Vardi, Penry Price y Chuck Porter, y muchas más personalidades del medio del marketing digital, quienes de alguna manera u otra, han cambiado el nombre del juego e inspirado a muchos a seguir sus pasos, pero…

¿Quién me iba a decir que las dos más importantes lecciones me las darían Doña Inés y Gourav?

Lección número 1: Hay lugar para todos.

Imaginen la escena… 9 y pico de la noche en el metro de Nueva York , vagones saturados de gente ansiosa por llegar a su casa y que además corre para refugiarse de la lluvia que durante 2 días seguidos no había dado tregua. Entro al vagón… lleno. Yo, el único parado. En la estación siguiente se levantan 3 personas y me muevo hacia el lugar ahora libre, solo para encontrarme con un par de sujetos de mayores dimensiones que yo (cosa difícil, y quienes me conocen no me dejarán mentir) que se expanden en los asientos que, a su lado, se acababan de vaciar, mientras me observan con cara de “a ver…dinos algo”.

En eso una pequeña señora de unos 70 años de edad aproximadamente, me jala del saco y, en un Inglés forzado y acentuado, sonriente me dice “hay lugar para todos”, a la vez que se desliza dejándome ver un lugar junto a ella.
Así, Doña Inés (originaria de Costa Rica y quien lleva viviendo en EUA desde hace 20 años, donde trabaja en intendencia en oficinas corporativas), me recordó que, en efecto, siempre hay lugar para todos y que, siempre que estés dispuesto a ver y escuchar, verás muchos rostros sonrientes abriéndote un lugar a su lado.

Lección número 2: Deja de quejarte y haz lo que tienes que hacer.

Esta es la escena, el cierre de una larga semana fuera de casa. 8:30 pm tomando el taxi rumbo al aeropuerto para tomar ese vuelo que muchos llaman “Red eye” (por como se te ponen los ojos después de una noche de no dormir). Las largas filas para documentar y para pasar los puntos de seguridad y el prospecto de esperar 3 horas en uno de los aeropuertos más conflictivos del mundo, resulta muy poco alentador.
Entonces, Gourav (originario de la India y padre de 4 gemelos, sí dos pares de gemelos), como si escuchara mis pensamientos mientras conducía el taxi, me dice: “no te preocupes por la espera, solo haz lo que tienes que hacer, cumple con eso y después haz algo por ti: relájate.”

¿Por qué será que necesitamos a un perfecto extraño que venga del otro lado del mundo para recordarnos que lo mejor que podemos hacer es dejar de quejarnos, cumplir con nuestra parte, hacer lo que tenemos que hacer y después relajarnos y dejar que la vida siga su curso, sin forzarla ni frustrarnos innecesariamente?

Y así, esta semana, mis maestros, mi ejemplos a seguir, no fueron ni Seth ni Yossi ni Robin ni ninguna otra celebridad o líder de pensamiento.

Esta semana mis mejores maestros fueron Gourav y Doña Inés.

Y tengo que preguntar:

¿De qué personajes singulares han aprendido ustedes?

Compartiendo y aprendiendo de una industria.

“¿Pero por qué habría de participar en cursos para entrenar a mi competencia?”, “No me gusta enviar a mi gente a estos seminarios porque la competencia luego me los quiere piratear”, “Esta empresa no es cuna de talento”, “No capacito a mis clientes para que así siempre me necesiten”.
Son solo algunas de las más tristes excusas que he escuchado en los últimos años de parte, lamentablemente, de algunos muy destacados miembros de la industria del marketing digital.
Pretextos absurdos para esconder su miedo a no ser lo suficientemente buenos para competir. Prefieren incluso que una industria entera se quede estancada, siempre que esto les permita conservar por un rato más, eso a lo que ellos prefieren llamar ventaja competitiva.
Y entonces, un mercado que debería crecer tan rápido como la tecnología, se ve deprimido en su desarrollo, no por la poca adopción, experimentación o inversión de los anunciantes, sino porque algunos, simplemente no predican con el ejemplo.
“La información es poder” bien dice el dicho y tristemente a algunos aún les gusta creer que “quien tiene la información tiene el poder”. Sin embargo, lo cierto hoy es que la única manera de seguir creciendo y desarrollando cualquier industria, organización o mercado es compartiendo y aprendiendo.

Que a miembros de tu equipo les ofrezcan nuevas oportunidades de trabajo porque cuentan con un conocimiento y experiencia que obtuvieron colaborando contigo, no es malo, por el contrario, habla muy bien de ti. Que estos quieran explorar estas nuevas posibilidades o no, está en tus manos: ¿qué haces para desarrollarlos y retenerlos? ¿Qué te mantiene atractivo como empresa?

Ayudar a tus clientes a aprender más sobre tú trabajo y prepararlos para saber tanto o más que tú, no es para que ellos dejen de contratar tus servicios, sino para que los sepan aprovechar mejor. Ellos ya tienen muchas cosas en sus manos, y tomar tu trabajo es lo menos que quieren. ¿Cómo te mantienes vigente y a la vanguardia con tus clientes? ¿Qué haces para continuar aportándoles valor?

Participar en proyectos de capacitación y desarrollo a los que puede acceder tu competencia, no debería ser para ti una amenaza. Crear nuevos programas de desarrollo para dotar de mayor conocimiento y mejores herramientas a todos los que participamos en una industria no puede hacer otra cosa más que elevar la barra para todos y crecer el tamaño del pastel.
¿Qué haces tú para mantenerte en la punta de la ola?

En resumen, ayudar a  que todos los integrantes de la industria estén mejor preparados no te quita negocio, ni empleados ni clientes. Poner nuestro granito de arena para que todos hagan un mejor trabajo, crece, construye y refuerza la credibilidad de quienes participamos de este mercado y crea nuevas oportunidades para todos.

Por eso comparte, aprende, sueña, actúa y sé feliz.

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姒儿喵喵