De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Recetas de vida… no las hay.

Ayer, durante la comida, una querida amiga me contó una breve fábula:

Un día una mujer le prometió a su esposo que prepararía su platillo favorito: Pierna de cerdo al horno, con la receta secreta de su mamá. Siempre que él prometiera acompañarla al mercado a comprar todo lo necesario.Entusiasmado el hombre aceptó. Al día siguiente, de acuerdo a lo planeado, fueron al mercado donde puesto por puesto compraron todos los ingredientes que la famosa receta indicaba. Cuando llegaron a la carnicería la señora le dijo al carnicero: “Me da por favor una pierna de cerdo y le corta 5 centímetros de la parte más ancha por favor.” Extrañado, el marido le preguntó: “¿estás segura de lo que pediste? ¿Quieres que le quiten 5 centímetros de la parte más ancha de la pierna? ¿Por qué?”. A lo que ella simplemente respondió: “claro, así lo dice claramente la receta de mi mamá”, a la vez que le mostraba, con toda la confianza y confort que tener un contrato por escrito da, el papel que, en puño y letra de su mamá, contenía la tan famosa receta.
El esposo no pudo con la duda así que en la primera oportunidad que tuvo, preguntó a la mamá de su esposa por qué la receta decía que había que quitarle 5 centímetros de carne a la parte más ancha de la pierna de cerdo. A lo que ella contesto con similar certeza: “porque así lo indica la receta que me pasó mi propia madre.”. El señor, ahora aún más integrado por esta receta trans-generacional, visitó a la abuela de su esposa con el propósito único de saber por qué su receta secreta indicaba, con tan absoluta claridad, que para preparar su famosa pierna de cerdo había que quitarle 5 centímetros de la parte más ancha de la pierna. La abuela, incrédula ante semejante pregunta, con ternura respondío: “fácil hijo, porque sino se los quito, la pierna de cerdo no cabe en el horno de mi cocina”.

Y tengo que preguntar: ¿Cuántas veces no hemos hecho o dejado de hacer algo porque la receta que nos pasaron considera un ajuste que era, en realidad, específico y único para las condiciones de vida de otra persona?

canstockphoto9596952

Siempre hay una receta de vida que queremos seguir.

Con mayor frecuencia que no, seguimos la receta que otros han preparado para nosotros y recorremos el camino que nuestro círculo social ha dado por bueno para nuestra vida. Con buenas intenciones, por costumbre, porque así lo hicieron otras generaciones en tu familia, etc, nos apegamos al instructivo de “cómo tú vida debe ser”, aún sin entender por qué o quién dijo que así tenía que ser.

En otras ocasiones, buscamos la fórmula secreta para “tener una vida exitosa” viendo la vida y obra de otros y pensando que si seguimos su camino podremos, entonces, vivir igual que ellos; olvidando que esa es la vida de otros y que no existe razón alguna por la cual las cosas tengan que funcionar exactamente igual para nosotros.

Algunas veces también, pretendemos dejar la responsabilidad del mapa que habremos seguir, en manos de alguna corporación que nos dicte cuándo, dónde y cómo habremos de seguir dicho mapa.

Y en otras también, de forma aún más trágica, bebemos demasiado de nuestro propio jarabe y formamos una imagen idealista e inflexible de lo que pensamos que nuestra vida debe ser para sentirnos felices.
En un inicio, tener una visión clara del estilo, forma, tipo y nivel de vida que queremos tener es muy bueno pues nos hace responsables de crear, construir y vivir nuestra propia vida. Pero entonces, si no somos cuidadosos y tomamos en cuenta que hay subidas y bajadas, cambios repentinos en nuestro entorno, responsabilidades y compromisos que cumplir, nuestra visión de vida se convierte, peligrosamente, en una obsesión que más pronto que tarde, obstaculiza la realización misma de la visión de vida que hemos definido. Opacando nuestra propia visión y limitando nuestro espacio de acción para movernos y hacer los ajustes necesarios a nuestro recorrido, trazar los nuevos caminos en nuestro mapa, asumir nuevos riesgos y recorrer el camino necesario para construir y vivir la vida que queremos vivir.

Porque no basta con solo soñar y pre-escribir una receta para vivir la vida que queremos tener; necesitamos vivirla con sus bajas y altas, con sus retos y cambios y con los grandes momentos y logros que hacen que todo, al final, valga la pena lo recorrido.

6 acciones para luchar contra la “Empleopía”.

Por definición una empresa es una organización que reúne el talento, experiencia y trabajo de distintas personas que comparten un fin común para, en equipo, construir los recursos necesarios para recorrer el camino que los llevará a realizar esa causa compartida por todos los integrantes de dicho organismo.
Uno pensaría que los principales retos que estos enfrentarían son la competencia, las crisis y recesiones económicas, el desabasto de materia prima o recursos, etc. Pero me parece que la peor amenaza que enfrentan no son estos sino una enfermedad altamente contagiosa pero muy curable también: La empleopía.
O al menos así he decidido llamar a la “cuasi-miopía” profesional que muchos integrantes de estas organizaciones aparentan padecer 99% del tiempo y que no les permite ver más allá de las funciones básicas-mínimas-indispensables-para-justificar-su-puesto-pero-no-para-dar-resultados-reales.

Seguro conoces muchos casos así o, tal vez, lamentablemente, hayas contraído también este padecimiento. Gente que más frecuente que no llega tarde para todo, que gasta su tiempo quejándose de su trabajo, aclamando lo que haría de ser el jef@ del lugar, constantemente buscando cómo tomar ventaja de la empresa para la que trabaja y prometiendo lo que jamás va a entregar, pero siempre alerta a la oportunidad perfecta para quedar bien con el jef@ aunque sea de forma temporal.

Definitivamente la “empleopía” puede hacer mucho daño, no solo dentro de la organización sino a todo el ecosistema alrededor de esta, impactando a accionistas, empleados, clientes y proveedores por igual.

Sin embargo hay algunas acciones que cada uno de nosotros podemos hacer, como empleados o empresarios para romper con este mal

Si eres empleado en una organización:

– Primero que nada, cumple con cada uno de tus compromisos. Entiende que tu trabajo tiene un impacto directo en el trabajo y la vida de decenas o cientos de personas más. Que cada compromiso incumplido, cada orden de compra olvidada, cada factura traspapelada, cada entrega retrasada, cada venta caída, mucho más allá de causarte un momento incómodo a tí, puede arruinar el trabajo de alguien más.

– Haz tuyo el negocio. Entiende que no eres un empleado más. Rompe con el engaño de que tu trabajo es insignificante y no aporta a los demás. Comprende que no importa el título que ostentes, tan importante es el trabajo de quien hace la limpieza en la oficina como el del director de esta, y que gracias al trabajo de estos dos y de todos los demás, pueden impactar positivamente la vida de otros.

– Persigue una causa y brilla. Entiende de una vez que no tienes que ser el siguiente Gandhi o Mandela para cambiar la vida de los demás. Pregúntate qué es lo que más te importa, en qué te gustaría más y podrías contribuir mejor. Busca una organización que persiga esa misma causa y lleva a su mesa las competencias y habilidades con las que puedes colaborar con ellos. Y no olvides que no importa si es bajo las luces o tras bambalinas, tu trabajo, cuando realmente estás identificado con esa causa, puede brillar muchísimo para los demás.

Como emprendedor:

– Jamás olvides la causa de tu organización, el por qué comenzaste a hacer lo que ahora haces. Sí conviértete en un experto en lo que haces y un maestro del cómo lo haces, pero mantén siempre viva la pasión por la misión de tu empresa; y encuentra y ábrele las puertas a aquellas personas que comparten la misma visión y pasión.

– Contrata complices, no empleados. No importa cuanta experiencia tengan ni que tan bien luzca su currículum en papel, no contrates a quienes solo quieren trabajar contigo por el dinero que les puedes pagar. Si no están 100% involucrados, apasionados por la misma causa que tú, al tercer día de comenzar a trabajar contigo comenzarán a prepararse para su siguiente trabajo.

– Haz que los demás brillen. Una vez que hayas encontrado a tus primeros cómplices, procura ser un catalizador de recursos y oportunidades para que puedan brillar por sí solos. Y todos los días déjales ver lo mucho que aprecias como, con su trabajo, impactan positivamente la vida de otros. Y acaba por fin con la “empleopía” en tu empresa.

canstockphoto6594359

Mi tema de vida en 2013.

Segundo día del año y en todos lados llueven las listas de propósitos de año nuevo. En las reuniones familiares, entre amigos, en el trabajo y hasta en el time line, todos comparten con gran ánimo la lista de buenos propósitos que este año prometen sí cumplir. El problema es que basta con entrar al segundo mes del año o que comencemos a lidiar con las tareas cotidianas de nuestra vida para empezar a dejar atrás la mayoría de esas buenísimas intenciones con las que pretendíamos convertirnos en una mejor persona.

En lugar de esto, desde hace ya varios años, decidí adoptar la idea que mi amigo Phil Gerbyshak proponía en su blog – Make it Great, de definir un tema de vida para todo el año. Práctica que durante años me ha sido muy útil pues, al hacerlo, fijo una dirección con la cual alinear todas mis actividades en los siguientes meses, dándome a la vez, el suficiente espacio para hacer cambios y ajustes (sin perder el rumbo) de acuerdo a la situación en que me encuentre y/o retos que enfrente; además de permitirme mayor flexibilidad para medir un avance real hacia lo que me he propuesto para dicho año, versus tachar, o mejor dicho dejar de tachar una lista de propósitos no cumplidos; complementando mi tema anual con otra, muy útil práctica que comencé a realizar desde el año pasado: La regla de tres en tres. Dividir mi tema en 3 grandes áreas que a su vez puedo desmenuzar en tres objetivos trimestrales, tres mensuales o tres semanales para realizar cada día, por lo menos 3 acciones clave que me lleven a vivir mi tema anual todos los días del año.

Y así, para este 2013 el tema de vida anual que he definido es: VIVIR.

Cada día crear, construir y VIVIR la forma y el estilo de vida que quiero vivir. Una vida alegre, próspera, sana y saludable, armónica, pacífica, de servicio a otros y llena de abundancia, en la que siempre alcanza y todo se puede compartir.

Y para VIVIR así he definido las tres aristas más importantes que guiarán mis acciones durante todo el año:

1) Procurar mi salud para estar en excelente condición física que me permita ser un gran papá y esposo, trabajar como mucha energía y alegría, viajar seguro y siempre tener una sonrisa para los demás. Logrando un sano equilibrio de mi energía física (adoptando una más estricta rutina de ejercicio), emocional (dedicando más tiempo a meditar y practicar Reiki como antes), intelectual (continuando con distintos estudios y enfocando mi atencíon en lo que importa y evitando distractores) y espiritual (asegurándome de que todas mis acciones estén siempre alineadas con mis principios, valores y prioridades).

2) Dedicar tiempo en cantidad y de calidad a mi familia y a mi hogar.
Procurar un ambiente de paz y alegría en casa. Apoyar y acompañar a mi hija en su desarrollo, enseñarle y aprender de ella también. Apoyar y acompañar a mi esposa, ser una pareja más cariñosa y atento a sus necesidades. Y ser un mejor amigo visitando mucho más a esos grandes amigos que tanto me han aguantado y apoyado.

3) Continuar y solidificar mi trabajo como coach, consultor, conferenciante y autor. Participando con nuevas organizaciones y viejos amigos también como conferenciante y facilitador. Apoyando a más personas como coach, acompañándolos en su desarrollo personal, liberar sus habilidades y fortalecer sus competencias. Ayudando a empresas a desarrollar las fortalezas de sus integrantes, a entender mejor las nuevas herramientas de trabajo que los medios digitales traen consigo e integrar una renovada visión como equipo. Ayudando a emprendedores y líderes de diversas organizaciones a hacer una mejor adopción de los medios digitales en sus esfuerzos de comunicación y mercadotecnia, pero también en otras áreas funcionales que mucho pueden aprovechar y tanto se han resistido a la tecnología. Y apoyando a más profesionales a encontrar y ejercer su marca personal y a empresas y organizaciones su marca como empleador, para propiciar que estas se encuentren en un punto en común que beneficie a organizaciones y profesionales por igual.

Y así VIVIR todos los días del año como lo quiero VIVIR.

Tu turno. ¿Cuál es tu tema para el 2013?

@lasmanadas, @saraeshken, @Danykill, @mmandujano, @Macrisjauregui, @OdetteRdz, @ftrevino, @gonzoogle, @lezorrillo,@betyosunag, @jonathanalvarez, @rebecadallal, @wera_supernova, @jazminfajardo, @RomeoMarquez, @LaMazapancita, @RicardoZamora, @Amenazza, @marimar_g, @guruclef, @alfonsolg, @heberthernandez, @allan05, @ImSarai, @linaerg, @AngelicaGG, @gpbolde, @seumenicht, @PAVKA, @wolfmulder, @martinaceves, @p_mendicuti, @BONO_DG, @luserrano, @monyherrero, @ricardoblanco, @equevedo, @imarchant, @heberthernandez, @varu28, @luismaram, @LaBreton, @Ivette_pollis, @FannyCeron, @ImBrendaHali, @EloyLopezJ, @RafaCids, @MECHEJAHN, @KPPT1.

canstockphoto11114356

Tolerancia y respeto en la red.

¿Cuándo fue la última vez que criticaste o descalificaste a alguien más?

Si estás en Twitter, FaceBook, Linkedin o una que otra red social más; y trabajas en el medio de marketing, comunicación y publicidad, te aseguro que no habrá sido hace mucho…

Cada vez es más frecuente ver como unos a otros se descalifican con lo que y por lo que publican en su time line, en sus blogs, en sus muros.

Profesionales de distintas carreras, historias diferentes y diversos niveles de conocimiento y experiencia, tratando de hacer menos a otros para tratar de hacerse parecer, así mismos, mejores que los demás.
No solo mostrando su desacuerdo con lo que otros comparten, pero descalificándolos y menospreciándolos, en la red, como nunca se atreverían a hacerlo de frente.

Para ser franco, no se si esto se vea en otros campos y profesiones o si, por la natural cercanía con estos medios y el egocentrismo que la misma labor de comunicación trae consigo, sea este un padecimiento casi exclusivo de quienes trabajamos en marketing y comunicación (en la disciplina y medio que sea); pero basta hacer una simple búsqueda en Twitter de palabras como Gurús o expertos, y en distintos idiomas (es decir no es privativo de México o América Latina, sino que sucede en todo el mundo), para encontrar, de entre los resultados, decenas, sino es que cientos de tweets haciendo burla o críticas al respecto.

¿Quién nos dijo que estábamos preparados para ser juez y parte?

El truco está en la tolerancia y la tolerancia está en saber escuchar sin juzgar.

Y eso es precisamente lo que todos deberíamos intentar hacer, para después poder compartir con la misma seguridad, de que no seremos descalificados solo porque sí, nuestro punto de vista.

Hace tiempo lancé en el time line una pregunta que últimamente me hago a mi mismo casi todos los días: ¿Qué somos hoy capaces de hacer que hace un año no sabíamos?

Me parece que en mi caso, y habiendo, en su momento, lanzado mi buena parte de críticas a otros, una de las cosas que he aprendido es que todos tenemos derecho a compartir lo que pensamos y lo que sabemos o, por lo menos lo que creemos saber.
Todos tenemos derecho a intentar ganarnos un lugar en una industria y crear un nombre para nosotros en el medio en el que nos desempeñamos.

Ya estará en cada uno de nosotros hacerlo con honestidad, humildad y trabajo duro y real. Pero en esto es en lo que nos deberíamos fijar y no en lo que están haciendo los demás. Porque una vez que logramos no perder de vista el enorme trabajo que nos está costando ganarnos nuestro lugar, podremos ver el mérito en el trabajo de los demás y no solo excusas para criticarlos nada más.

Pienso que tal vez ha sido el último par de años que he pasado lejos de la vida corporativa, lanzando, construyendo con mucho trabajo y manejando mi propia organización, lo que he me ha ayudado a darme cuenta de esto. Pero lo que sea que haya sido estoy agradecido porque, al ver o escuchar del trabajo de otros, hoy me doy (no a ellos, a mi) la oportunidad de preguntar e investigar que han hecho para así poder dejar de lado a fanfarrones y embusteros y reconocer y respetar el trabajo que, de acuerdo o no con el, estos profesionales han hecho.

“Ese hombre no me simpatiza. Debo darme a la tarea de conocerle mejor” dijo alguna vez Abraham Lincoln.

Y eso traté de hacer hace algunos años cuando, como muchos, yo criticaba lo que mi hoy amigo Guillermo PérezBolde publicaba. Hoy algunos me critican a mi porque yo ya no lo critico a el. Pero ¿Con qué cara podría criticarlo a el o a cualquier otra persona, si antes no me di a la tarea de, cara a cara, preguntarle exactamente qué hacía o por qué lo hacía; conocer un poco sobre su historia y su experiencia y decirle de frente lo que pensaba?

Hoy sigo sin estar de acuerdo con algunos de sus puntos de vista y él con los míos también; pero los hemos discutido de frente, con un café en la mano o compartiendo el mismo foro en distintos eventos. Y eso no nos hace ni mejores ni peores que el otro, nos hace solo diferentes. Y esa diversidad permite que haya tantas maneras de hacer nuestro trabajo.

Por supuesto esa buena fe que uno otorga a otros puede traer otras consecuencias no deseadas, como las que hoy pago al haber confiando en quien tantas personas me decían a gritos que no lo hiciera… pero a final de cuentas es una lección y experiencia (nada agradable o fácil) más para crecer… y material para otro post.

El respeto no se impone, se gana.

No busques ser respetado imponiendo tu punto de vista y descalificando el de los demás. Gánate el respeto de otros regalándoles tu respeto a ellos primero.

Seguramente seguiremos encontrándonos con muchas personas con quienes no estaremos del todo de acuerdo y, sin duda, también nos cruzaremos con alguno que otro embustero total. Pero no perdamos el tiempo queriendo “desenmascarar” a quienes ni el tiempo merecen y mucho menos demeritando el trabajo de quienes están haciendo su mejor (recuerda tu no eres quien para decir si sí o no) esfuerzo, porque todos ellos, por alguna razón se han ganado su lugar.

… y un último favor… si en algún momento en mi time line ves que cometo el error de criticar o demeritar a alguien más, por favor siéntete libre de restregarme en la cara este post.

3 acciones para no estorbar tu propio camino.

“Perdona y olvida”, “Vive y deja vivir” y otras frases similares dicen por ahí, para aconsejarnos no guardar rencores y seguir adelante a pesar de lo que nos haya ocurrido en el pasado.

Pero ¿cuántas veces logramos en verdad perdonar y olvidar? A menos que tu apellido sea Gautama, dudo que sea muy seguido.

La realidad es que no es fácil justificar, entender y disculpar a quien crees que te ha hecho daño de una manera u otra. Mucho menos olvidar lo que crees que hizo y la forma en la que asumes que te afectó.

El problema es que igual de real es el daño que nos hacemos a nosotros mismos, cuando guardamos, o mejor dicho, traemos montados en nosotros todo el rencor que le guardamos a esa persona que nos afectó.

Con franqueza, no se si sea yo una persona capaz de perdonar por completo, olvidar totalmente y dejar pasar las cosas como si nada hubiera sucedido.

Pero lo que sí se es que no quiero ser una persona que se bloquea a si mismo por rencores, corajes y resentimientos. Mucho menos una que se eche encima el insostenible peso de “odiar” a alguien más.

Daño, nos hacemos todos entre todos constantemente, no necesariamente porque tengamos la intención de lastimar a alguien más, sino porque, con más frecuencia de la que deberíamos, sin darnos cuenta, pasamos por encima de otros con tal de conseguir aquello que tanto queríamos.
De modo que, quiero (e intento) pensar que no lo deberíamos tomar tan personal.

Pero cuando sentimos que alguien o algo nos ha hecho daño, cómo no asumirlo como personal, no lo se. Es algo que aún tengo que pensar, conversar y estudiar mucho más.

Lo que sí creo es que en tanto entiendo ese cuestionamiento, hay por lo menos 3 acciones que podemos poner en práctica para “poner a un lado” ese rencor y que no estorbe el resto de nuestro camino:

1)    Tratar de entender qué cosas son las que te afectan en realidad. No el por qué de las cosas, sino el qué, para poder identificar así qué efectos puedes aislar o eliminar de la situación actual. Incluyéndose a veces a uno mismo.

2)    Hacer un inventario objetivo de los recursos con los que cuentas para salir delante de la situación que estás enfrentando. Probablemente te des cuenta de que, aunque parezcan injustamente pocos, son justo los suficientes para salir adelante.

3)    Define un plan de acción sencillo. Acciones concretas, contadas pero muy impactantes que te ayuden a darle un giro completo a la situación. Enfócate a ejecutar y cumplir cada una de las acciones que definiste.  Voltea atrás y asegúrate de que ni tu mismo te estás estorbando para salir adelante.

¿Qué otra cosa se les ocurre a ustedes?

Dramática adicción

Pareciera que todos somos adictos al drama. ¿o no?

Estás viendo las consecuencias de tus acciones o de la falta de estas y en lugar de hacer algo al respecto, te congelas a esperar el drámatico desenlace en el que todo termina mal.
Es como estar viendo una vieja película de terror en la televisión, que viste ya hace tiempo y que por semanas no te dejo dormir, y no cambiarle de canal a pesar de saber que sufrirás ver lo que viene a continuación.

Todos somos adictos al drama. ¿o no?

¿Entonces por qué seguimos adelante con esas relaciones altamente tóxicas que sabemos que no llevarán a un buen fin?

¿Entonces por qué nos gusta hacer un escándalo de cualquier cosa por pequeña que sea?

¿Entonces por qué tantos nos quedamos sentados y cruzados de brazos ante esa situación que tanto queremos evadir?

¿Entonces por qué nos quejamos tanto de lo que no tenemos en lugar de agradecer con sinceridad todo con lo que sí contamos?

Todos somos adictos al drama.

Así que he aquí una propuesta para esta semana: ¿Que tal si en los siguientes 7 días no hacemos drama de nada? Solo tomamos las cosas por lo que son, ni buenas ni malas, mucho menos dramáticas. Y si no nos gustan como son, o hacemos algo por cambiarlas o aprendemos a aceptarlas por lo que son. Pero así, sin drama.

Y rompemos así, de una vez por todas, con esa dramática adicción.

 

 

 

 

De mejor a más.

Todos queremos ser el mejor. La necesidad de serlo nos la imprimen desde pequeños. Aún no tenemos real uso de razón y ya nuestros padres, por un lado, y los medios por el otro, se hacen cargo de impregnar en lo más profundo de nuestra psique, la necesidad… mejor dicho la obligación de ser el mejor.

El mejor en la escuela, el número uno en la banda de honor, el mejor jugador de la selección de la escuela, el campeón.

Pasan lo años y la competitividad generada, toma inercia propia y se pone aún peor. Ya no es necesario que en casa nos digan que tenemos que ser el mejor. Ya está de sobra que la sociedad y los medios nos muestren con falsas imágenes y conceptos erróneos del éxito, lo que quiere decir ser el mejor.
Actuamos por nuestra cuenta. El programa ha sido asimilado por completo y está siendo ejecutado… buscamos ahora solo ser el mejor en la carrera, el mejor profesional, con el mejor puesto, la mejor oficina y el mejor sueldo con el que compramos el mejor departamento, el mejor coche, las mejores escuelas y los mejores juguetes… Cayendo en picada en una espiral de inútiles frustraciones producto de una incesante e innecesaria competencia con los demás; con quienes quieren lo mismo que nosotros y con quienes no lo quieren, con los nuestros, en casa, con nosotros mismos también.

Y yo me pregunto: ¿Que nos sería mucho mejor para todos sin en lugar de querer ser el mejor, quisiéramos ser el que más?

El que más satisfecho y agradecido está por lo que tiene.

El que más pasión le imprime a su trabajo.

El que más valor genera para sí y para otros.

El que más contento está con lo que hace.

El que más enfocado está en su proyecto de vida.

El que más conciente está del valor de todos los que le rodean.

El que más disfruta de su trabajo.

El que más claridad tiene sobre lo que quiere lograr en su vida personal y profesional.

El que más se dedica a cuidar su salud física, mental y espiritual.

El que más procura a sus seres queridos.

El que más veces en el dia dice gracias porque sabe cuántas bendiciones tiene en realidad.

Cosa de elegir…

3 breves pero importantísimos pensamientos sobre tu Network.

“Your net worth is your network” (Tu valor neto es tu red de contactos), dicen por ahí y con mucha razón. Pero no solo por lo que tu red contactos puede hacer por tí, sino por lo que tú has hecho por este.
En una época en la que todos queremos “enlazarnos” con todos y descubrir que tenemos en común con totales extraños y en la que queremos acortar distancias y tiempos a través de entablar “contacto” a través de las redes sociales es fácil perder de vista lo que hacer networking es en realidad, por eso quise compartir rápidamente 3 breves pero, desde mi punto de vista, muy importantes conceptos sobre la forma en la que tratamos a nuestro network.

1) ¿Qué memorias estás creando en tu red?
Cuando la gente en tu network piensa en ti ¿Cómo te recuerda? ¿Qué has hecho hasta ahora por ayudarlos a estar mejor? La gente, difícilmente, recordará el puesto que tenías cuando te conoció, podrá olvidar tal vez lo que hicieron juntos, pero nunca olvidará como la hiciste sentir. No pretendo decir que trates de darle gusto a todos en todo, pero siempre habrá algún pequeño gesto con el que puedas dejar a la gente en tu red mejor de como la encontraste!

2) ¿Cuánto procuras a tu red?
Buscar a una persona solo cuando la necesitas no hará mucho por la relación que puedas tener con esta. Nutrir una relación personal, comercial o laborar requiere de atención frecuente. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste el teléfono solo para saludar a un viejo amigo y dejarle saber que estás ahí? ¿Cada cuanto le envías alguna información relevante para algún cliente, ex-cliente o socio, aún cuando eso no represente un negocio para ti?

3) ¿Cuánto respetas y cuidas a tu red? 
Es fácil caer en la tentación de querer ser el héroe popular que todo lo puede y quien a todos conoce. Es fácil dejar salir esas peligrosas palabras de: “¡claro, es mi amigazo! yo te lo presento”, para luego presentarle a algún amigo cercano o no, cliente, proveedor o socio, a un total extraño que no sabemos si siquiera hará buen uso del contacto. Es fácil también ceder ante la tentación de pedir una recomendación a alguien que ni siquiera nos conoce bien.
Nuestra red es una comunidad y como tal debemos respetarla, darle el valor que tiene y cuidarla. No dejarías tu cartera abierta en plena calle para cualquiera la tomase, tampoco repartirías los números de teléfonos celulares de tus amigos en 10 vendedores desconocidos en la calle ¿correcto? Entonces ¿por qué lo haces a través de redes como linked-in?

6 difíciles lecciones como emprendedor

Si siguen este blog con frecuencia, sabrán que desde hace un tiempo decidí aventurarme a la vida empresarial, dedicándome por completo a esta, por lo menos en los dos últimos años.

Debo admitir que el tiempo ha sido poco y que, para nada puedo ya sentirme, ni siquiera cómodo con el título de empresario. Definitivamente aún tengo mucho que aprender para, al menos, sentir algo de equilibrio en este camino.

Pero como parte de mi mantra es seguir aprendiendo y seguir compartiendo (Keep sharing, keep learning & stay happy), no puedo dejar de… pues eso, compartir algunas de las lecciones más difíciles que, hasta ahora, he aprendido:

1. Las mejores ideas no valen nada si no eres capaz de hacerlas realidad. No importa que tan brillante, ingenioso y astuto creas que eres, si no estás preparado para trabajar y convertirlas en realidad, no eras tan brillante como en un principio pensabas que eras.

2. Tu equipo no es clave, es indispensable. Contar con gente que se identifique plenamente con tu visión y con el sentido de propósito de tu empresa es crucial si quieres hacer que tu sueño se vuelva realidad.
No basta con contratar gente talentosa o experimentada; si se unen a tu equipo solo por el dinero, las prestaciones y la forma de trabajo que les ofreces, pronto se identificarán con la compañía en la que les ofrezcan un poco más de paga o requieran  de menos esfuerzo.
Se valiente y atrévete a integrar personas que más que la aptitud tengan la actitud que buscas, la experiencia, de todas formas la irán acumulando juntos.

3. Cada día que te tomas libre es un día que dejas de producir; y un día sin producir es un día sin generar recursos. Es tan tentador pensar que “como eres tu propio jefe y nadie podrá decirte más que tienes que hacer”, puedes tomarte las cosas con más calma, pero la realidad es que no hay mayor responsabilidad laboral que la de ser responsable por el trabajo de uno mismo y del de toda la empresa.

4. “El primer paso es el mas difícil” es una gran mentira. El primer paso es en realidad el mas sencillo de todos. Seguir construyendo es lo complicado. Continuar construyendo peldaños y manteniendo el balance entre estos para seguir creciendo, ese es el verdadero reto.
Luchar con la tentación de ya no crecer más para no arriesgar a caer de más alto, eso es también complicado porque no hay vuelta atrás, una vez que das ese primer paso, no puedes dejar de avanzar. Porque, mantener tu empresa andando, es como andar en bicicleta, tienes moverte y avanzar todo el tiempo para mantener el balance.

5.  Los planes de escases solo traen carencias. En los momentos difíciles, recortar gastos es en lo primero que se piensa, pero al hacerlo, invariablemente afectas el ánimo de cada integrante del grupo. Claro que hay que administrar mejor los recursos financieros de la organización y ser mesurados con los egresos, pero una cosa es ser cuidadoso con la forma de usar el dinero de la empresa y otra muy distinta es actuar como si nada se tuviera. Si en tu mente hay escases, en tu vida solo habrá carencia; y para operar una empresa necesitas saber que siembre hay suficiente, que se vive en abundancia, que el dinero no es para acumularse sino para circular. Y que nunca se ha tratado de acumular riqueza sino generar abundancia para ti y para todos a tu alrededor.

6. Nunca, nunca, nunca olvides tu “por qué”. En el éxito total o en los momentos más difíciles; en la cima gritando victoria o con un nudo en la garganta luchando contigo mismo para no tirar la toalla, jamás olvides por qué, en un principio, comenzaste esa aventura. Mantener un firme sentido de propósito en lo que hacemos, es el viento del norte que nos permitirá seguir moviéndonos.

¿Qué lecciones me puedes compartir también?

Momentos de magia, “bump the lamp”… una historia verdadera.

“Bump the lamp” (golpea la lámpara) decía Micheal Eisner en 1988 a Robert Zemeckis cuando revisaban los avances en la edición de la película de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”,que este último dirigía, al discutir como podían hacer aún más especial una secuencia en la que el personaje (live character) Eddie Valiant (Bob Hoskins) discute con el cartón de Roger Rabbit, mientras trata de cortar las esposas que los mantiene atados.

Desde ese entonces, esta frase forma parte de la jerga corporativa entre los cast members (empleados) de The Walt Disney Co. cuando quieren hacer referencia a cómo pueden hacer más especial una experiencia para sus huéspedes (clientes), creando un momento mágico para ellos.

Y si hubo algo realmente importante que aprendí durante los años que trabajé para Walt Disney Parks and Resorts, es que todos, sin importar el puesto, título, presupuesto o incluso organización, podemos crear nuestra propia magia y hacer algo especial no solo para nuestros clientes, sino para cualquier persona… en mi caso, mi momento mágico me lo regaló un huésped en Walt Disney World:

Hace 11 años, después de aterrizar en el aeropuerto de Orlando, Florida, mientras abría la gaveta superior de mi asiento en el avión, un niño de aproximadamente 10 años y que entendiblemente tenía más prisa por llegar a Walt Disney World a jugar que yo a trabajar, me ganó a abrir la puerta, con la que, de no ser por mis ágiles reflejos, o mejor dicho porque se me atoró el cinturón de seguridad, estuvo a punto de ponerme un singular descontón.
Su papá apenado se disculpó y le llamó la atención. Minutos más tarde el mismo pequeño, accidentalmente cruzó su maleta con la mía, provocando que casi cayéramos los dos, justo llegando al área de migración. Su papá, una vez más, a nombre de su hijo, se disculpó.
Saliendo de la larga fila da migración cada quién tomó su camino, pero grande fue mi sorpresa al encontrarme al niño, junto con su hermana menor, su mamá y su papá, registrándose en el hotel Animal Kingdom Lodge, igual que yo.
Recordé inmediatamente la facultad que, como cast member, tenía de “bump the lamp” para la gente, así que decidí, enviar con el conserje del hotel algunos muñecos de peluche para el niño y su hermana, con una pequeña nota escrita atrás de mi tarjeta de presentación en la que les deseaba unas mágicas vacaciones y en la que firmaba tan solo diciendo “esquivando gavetas”.

Por supuesto Disney, por su cultura organizacional tiende a hacer más fácil la creación de esos momentos especiale pues, prácticamente, todos sus integrantes están autorizados para tomar decisiones para que, dentro de sus posibilidades, alcances y con sensatez,  puedan crear momentos especiales para sus huéspedes.

De modo que, para mi, la historia había terminado ahí, pero enorme fue mi sorpresa al ver que un par días después el papá de los niños había enviado a mi habitación una nota de agradecimiento que once años después conservo aún:

 “Gracias por la magia, gracias por el detalle, gracias, muchas gracias por hacernos disfrutar de la vida… como la sonrisa de mis hijos al ver tu regalo…” escribió.

Y así este total desconocido me regaló una de las más importantes lecciones que he tenido y que ni siquiera el más completo de los entrenamientos corporativos me dio: realmente todos tenemos la posibilidad de hacer mejor el día de alguien más, en verdad cualquiera de nosotros tenemos la capacidad de “hacer magia” por los demás. No necesitamos ser el CEO de una gran corporación, ni un prominente político o un filántropo adinerado, para mejorar la vida de alguien más.

En mi caso fueron dos completos extraños, un niño de 10 años y su papá, quienes me enseñaron lo increíble de hacer algo simple pero especial por alguien más.

El sencillo pero maravilloso significado de “Bump the lamp”.

10 grandes prácticas de liderazgo personal.

Los vemos todos los días destacando con su trabajo dentro y fuera de las organizaciones con las que colaboran. Vemos, incluso con cierta incredulidad, como hacen ver tan sencillo aquello que hacen con maestría y tratamos de aprender, al menos un poco de ellos.
No importa si se trata del CEO de una gran transnacional, de un coach destacado, un autor o un deportista de alto desempeño, si dedicamos un poco de tiempo a estudiar qué hacen para destacar como lo hacen, podríamos identificar al menos 10 prácticas que estos verdaderos líderes realizan, virtualmente, todos los días:

  1. Tienen claramente definida su marca personal. Y no me refiero a una marca para auto-promoverse como si fueran una lata de refresco, sino la marca que quieren dejar en la vida  de los demás.
  2. Mantienen foco en sus prioridades. Saben que no se trata de hacer lo popular sino lo correcto, poniendo así toda su atención en las actividades que realmente los llevarán a lograr las metas que se han trazado. Saben decir “no” a las peticiones que, aunque podrían hacerlos muy populares con quienes se las solicitan, solo los distraerían del valioso trabajo que saben que tienen hacer. Mantienen primero lo primero.
  3. Entienden la crucial importancia de generar un balance en su vida . Saben cuales son los distintos roles que tienen en lo personal, en lo laboral y en lo familiar y las prioridades que cada uno de estos roles implican, asegurándose de darle un lugar primordial a cada una estas.
  4. Eligen muy bien a sus influenciadores. Saben que si quieren ser los mejores en algo, deben trabajar y rodearse de personas que sean mucho mejores que ellos en eso en particular. Entienden que hoy, gracias a los medios digitales, pueden acceder a personas que, por geografía, antes no era posible contactar, los buscan, levantan la mano y se relacionan con ellos. Reconocen que muchas de las soluciones a los retos que hoy enfrentan están plasmados en miles de libros y escritos; lecturas a través de las cuales se pueden relacionar también con los autores más destacados e influyentes en los temas que les atañen.
  5. Jamás dejan de aprender. Todos los días se dan un espacio para estudiar, leer, preguntar, para meditar, analizar y reflexionar. Y continuamente se dan la oportunidad de intentar algo nuevo.
    Prueban, indagan y aprenden un poco más. Porque saben que cuando uno deja de aprender, deja de crecer y el día que dejas de crecer comienzas a morir.
  6. Practican, practican y practican. Reconocen que el éxito espontáneo no existe y que tarda, por lo menos 5 a o 8 años convertirse en un gran éxito de la noche a la mañana, así que todos los días practican su arte.
  7. Siempre van más allá del SPLAT. Cuenta la historia que un día un ejecutivo que buscaba el éxito con gran ambición se acercó a un Yogi que encontró en el camino y le pregunto: “¿Hacia dónde está el éxito?”, el yogi sin hablar señaló con el dedo en una dirección. El ejecutivo caminó hacia donde el sabio apuntó y justo tras perderse en el horizonte se escuchó un estruendoso “SPLAT”. Entonces el ejecutivo apareció con un pequeño golpe en el rostro, regresó con el yogi y le dijo: “Creo que hubo una confusión, ¿Me puede indicar hacia dónde está el éxito?”, el sabio, sin hablar, señaló en la misma dirección. El ejecutivo entonces una vez más se puso en camino, pasó del horizonte y siguió andando hasta que poco después se escuchó otro gran “SPLAT!” Esta vez el ejecutivo, realmente enojado, frustrado y golpeado, volvió con el Yogi a reclamarle: “Te he preguntado hacia dónde está el éxito y seguido exactamente tus instrucciones pero todo lo que he conseguido es que un enorme “SPLAT” me golpeé… ¡Basta! dime ya en dónde está el éxito.”, demandó. A lo que el yogi con calma respondió: “Está en esa dirección. Justo ahí después del SPLAT”.
  8. Se abren a la retroalimentación. Reconocen la crucial importancia de dar y recibir retroalimentación continua. Buscan recibirla abiertamente y la proveen de manera oportuna. No esperan a que llegue el momento de la revisión anual o trimestral, saben que la retroalimentación es crucial y no puede esperar.
  9. Cuidan y procuran a su más importante activo. Entienden que el único recurso renovable con el que realmente cuentan es su salud y energía, y comprenden que para sentirse en un óptimo nivel, tienen que procurar los cuatro niveles de energía que tenemos: la física (cantidad de energía), la emocional (la calidad de nuestra energía), la mental (como enfocamos nuestra energía en ciertas actividades) y la espiritual (como alineamos el uso de nuestra energía de acuerdo a nuestros principios y valores.
  10. Entienden la ley de la reciprocidad y olvidan el Quid Pro Quo pues comprenden que la reciprocidad no está en esperar algo a cambio por la labor que hacen, sino en realizar esas acciones a favor de otros porque así devuelven a su comunidad todas las oportunidades que han recibido. Comparten su experiencia y conocimiento, comparten su talento, sus recursos y sus relaciones. Comparten porque saben que solo así se genera valor para todos. Porque entienden que nunca se ha tratado de acumular riquezas solo para unos sino de generar abundancia para todos.

Rompiendo con el mito del balance entre la vida profesional y personal.

Si has leído este blog en los últimos años, sabrás que he dedicado muchos posts a hablar sobre temas como la definición del éxito profesional y personal, sobre el desarrollo de nuestras carreras profesionales y la realización de nuestra vida en familia, sobre crecimiento profesional y el desarrollo personal… en pocas palabras sobre el balance entre la vida profesional y la vida personal.

Durante al menos cinco o seis años, desde que comencé a escribir DLC, he estudiado, leído, cuestionado, investigado, preguntado, pensado y meditado al respecto. Tanto quizás que después de un tiempo, con la sensación de estar perdido, dejé de preguntar.

Pero la ventaja de perderse, es que es justo cuando uno tiende a encontrarse. O al menos eso dicen por ahí. Y es que, cierto o no el dicho, siempre habrá algo que nos ayude re-encontrar(nos) lo que estábamos buscando.

En mi caso fue ver un video en Ted.com de Nigel Marsh que mi amiga y co-autora (sí, esperen noticias muy pronto al respecto), Brigitte Seumenicht me recomendó ver, y que me hizo, no solo reconocer varias preguntas y planteamientos que por años he discutido, sino reconocer también muchas de las respuestas que hasta ahora no había querido ver que tenía ya.

Para cualquier profesional y para cualquier organización, la búsqueda de un balance entre la vida laboral y personal, es un tema de enorme relevancia sobre el que cientos o miles  de personas de múltiples empresas trabajan todos los días para encontrar la mejor, pero aparentemente, inexistente combinación.

Y, es ahí, en la combinación, en la que, desde mi punto de vista, está el error.

Pasamos años buscando la mejor combinación de tiempo y lugar como si la vida fuera una serie de sucesos cronológicamente ordenados y bien sincronizados,  aspirando a tener una utópica y balanceada agenda que nos permitirá hacerlo todo:

5:30 am Despertar
6:00 am Gimnasio
7:00 am Baño y arreglo
7:30 am Desayuno
8:00 am Lleva a los niños al colegio
8:30 am Camino a la oficina
9:00 am En la oficina.
13:30 am Por los niños a la escuela
14:00 pm Comiendo en casa
15:00 pm Camino a la oficina
15:30 pm En la oficina
18:30 pm Camino a casa
19:00 pm Juego y cena en familia
20:00 pm Baño de los niños
20:30 pm Niños a dormir
21:00 pm Tiempo de pareja
22:00 pm A dormir

Pero esto no es balance. Es tan solo el sueño de una ordenada agenda diaria que en 11 de cada 10 casos, NO SUCEDE.

Y no sucede porque el balance no está en administrar el tiempo y la geografía; querer administrar estos sería pretender administrar un recurso compartido con todos ¿y quién entonces tendría derecho por encima de otros para hacer esto?

No, el balance no se da en tiempo y lugar. Vaya, el balance ni siquiera se da ni se obtiene.

El balance se crea. Lo generamos nosotros mismos de manera consciente a través de las elecciones que tomamos, las decisiones que hacemos y las acciones que realizamos todos los días.

Elecciones entre la vida que queremos vivir y el concepto de vida que nos han querido vender; cosa que no es fácil si pensamos que gran parte del esfuerzo que hacemos típicamente es para cubrir las expectativas que otros pretenden poner sobre nosotros.

Decisiones sobre lo que vamos a hacer y a qué asuntos en nuestra vida, de acuerdo a la que hemos elegido y al periodo/etapa de vida en la que estamos, vamos a favorecer priorizándoles en nuestra agenda. Aceptando, a la vez, las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo.

Y acciones, porque el balance no se vive en contemplación ni suposición, sino en acción. Creando, construyendo, viviendo y disfrutando desde hoy la vida que hoy y mañana queremos vivir, en lo profesional y en lo personal.