De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Pasión versus profesión

¿Cuántas veces han escuchado a alguien decir: “encuentra tu pasión y vívela. Sigue tus sueños, que nada importa más que eso”; para sólo darte cuenta que has mal seguido el consejo de una idea a medias, reducida a eso por algún vendedor de sueños que sólo quiere aparentar tener la vida perfecta, o porque te has obsesionado tanto por ese sueño que te has encerrado en un interminable ciclo de simple auto indulgencia y auto complacencia, sirviendo sólo a tu ego pero no a los demás?
“Tengo el talento nato para hacer x o y, y no puedo dejar de perseguir mi sueño y desarrollar mi don” te mientes a ti mismo, para justificar no trabajar como el resto, mientras te pierdes en tu soberbia.

El talento es sólo el 10% del camino o tal vez aún menos, el otro 90% está en el trabajo que realizas para compartir tu talento en servicio de otros.

Por supuesto que debemos perseguir nuestros sueños y seguir nuestra pasión, pero pasión no es lo mismo que profesión, y salvo por algunos extraordinarios casos, la mayoría tenemos que ejercer una profesión para ganarnos la vida y con ella la posibilidad de seguir nuestra pasión.

Quizás sea la ilusión de la casi ilimitada accesibilidad a información y contactos con la que contamos hoy a través de las tecnologías digitales y sociales que nos hacen creer que tenemos todo al alcance de nuestras manos; o tal vez el incansable trabajo por obtener estabilidad, seguridad y hasta reconocimiento de generaciones anteriores lo que hace a muchos vivir con un absurdo sentido de merecerlo todo y pensar que, por lo tanto no tienen que trabajar en otra cosa que no sea complacerse a sí mismos.

Pero la realidad de las cosas tarda menos de lo que uno cree en enseñar su feroz cara para aleccionar a quien cree tener un vitalicio título de propiedad sobre todo sueño que cree poseer, para hacerlo trabajar, luchar, por ganarse el derecho a hacerlo realidad y entender así que una simple profesión puede hacer mucho por vivir nuestra pasión.

7 simples cosas que un líder jamás puede dejar de hacer.

Liderar un equipo no es cosa sencilla, sobre todo porque la mayoría quiere dirigir, administrar y controlar a una serie de “recursos humanos”, en lugar de liderar, facilitar e inspirar a un grupo de personas capaces de llevar a la organización al éxito al que esta aspira.

Son muchas las personas que buscan llegar a una posición “directiva” solo por el ácido gusto de escuchar a otros decirles jefes, pero por fortuna somos cada vez más quienes estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de liderar a un grupo para servir a este (y no servirse de este) y ayudarlo a llegar a los objetivos que se han fijado.

Sin embargo, aún cuando tu intención de liderar es auténtica y real, con frecuencia, la presión, los tiempos límites, los objetivos, etc. pueden hacer que olvidemos por momentos lo que significa ser un líder y lo que se requiere para hacerlo. Así que no cae nada mal recordar, de vez en vez, al menos 7 simples cosas que un líder no puede darse el lujo de dejar de hacer:

  1. Tener y compartir con su equipo una visión clara para el presente y el futuro del mismo. Objetivos claros, ambiciosos pero sensatos y alcanzables; previendo con anticipación los escalones que se asumen como pequeñas pero muy importantes victorias para marcar el avance hacia la obtención de dichos objetivos.
  2. Conocer, empatizar y comprender lo que teme y limita, motiva e inspira a cada integrante de su equipo. Conocer su historia, los retos que han conquistado y aquellos que aún tienen que vencer. Entender sus prioridades, valores y principios; y como estos concuerdan y se alinean con los de la organización.
  3. Respetar el tiempo y trabajo de su equipo. Conocer con detalle las labores que realmente tiene que llevar a cabo cada integrante del equipo para ejecutar el plan por el que, juntos, están trabajando; y entender el esfuerzo y tiempo que esto lleva, para darles el espacio y los recursos posibles y suficientes para que avancen. Y respetar, en todo momento, los tiempos personales de tu equipo para trabajar, para comer, para tomar un respiro, para su familia, para aprender y muchas otras cosas más. Seguro que de cuando en cuando habrá la necesidad de trabajar durante la hora de comida o hasta largas horas de la noche, pero esto debe ser tan solo la excepción y jamás una manera normal de operar.
  4. Reconocer y apreciar el esfuerzo que cada integrante hace día con día por el equipo. Agradeciendo sinceramente el trabajo realizado, celebrando los logros y el esfuerzo extra. Detectando y reforzando, sin apuntar dedos, los puntos débiles para hacerlos fuertes. Delegando mayor responsabilidad y ampliando el campo de acción y empoderamiento de cada miembro del equipo conforme, juntos, van avanzando en la formación de ambos.
  5. Cuidarse y respetarse a sí mismo. ¿Cómo un persona puede liderar a un grupo de personas si no es capaz de cuidarse a si mismo? La disciplina, la organización, el orden, el equilibrio y sano balance son rasgos que se ven a gran distancia en una persona. No importa cuan ocupados estén, ni el nivel de responsabilidad de estas personas, los líderes más exitosos, saben cuidar de sí mismos. Se dan el tiempo necesario para cuidar su salud, comen ordenadamente, ejercitan no solo su cuerpo, pero también su mente y espíritu; y cuidan hasta con los dientes su vida familiar. Sino, ¿cómo podrían tener cabeza para liderar?
  6. Continuar estudiando y preparándose y mantenerse en continuo crecimiento. “Cuando uno deja de aprender, deja de crecer. Cuando uno deja de crecer, comienza desaparecer”. Nada más que decir.
  7. Desarrollar nuevos líderes. Suena a cliché, sí. Pero la realidad es que el trabajo de un líder no es crear y mantener seguidores que hagan caso ciego a lo que se les pida, sino identificar, atraer y desarrollar personas capaces de ser nuevos líderes. Profesionales mejor preparados y capacitados, incluso más que el propio líder. El rol del líder no es ser quien más sabe o mejor hace las cosas, sino ser un integrador de talento, facilitador de recursos y catalizador del mejor trabajo de los nuevos líderes que está formando.

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Jamás dejes de intentar.

“Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar”, me he repetido a mí mismo más de 10 veces cada día, todos los días por los últimos ocho meses.

“Siente el fracaso, reconoce el dolor, digierelo y hazlo de lado”, es un consejo que en cientos de formas distintas he leído una y otra vez en veintenas de libros a lo largo de los años y que durante los últimos 227 días me recordado a mí mismo una y otra vez.

“Analiza, medita y haz lo posible por entender en qué fallaste y qué es lo que tienes que aprender de todo esto”, me he dicho a mí mismo día tras día siguiendo las lecciones y consejos de mis coaches y mentores, familiares y amigos.

Pero, “trata de no pasar más tiempo del necesario pensando en lo que no pasó y en lo que no tenía que pasar y enfoca tu atención en trabajar y hacer suceder aquello que quieres lograr”, fue el mejor consejo que pude abrirme a escuchar.

Una vez que entendí que nada iba a lograr lamentándome por el engaño y desencanto de una persona, ni por el enojo y la frustración de ver mermado un sueño, pude poner toda mi atención en retomar mis objetivos y comenzar a trabajar de nuevo en construir aquello que quiero lograr.

A pesar de lo mucho que lo puedes escuchar y hasta predicar, la resilencia y flexibilidad son, en un principio, realmente difíciles de encontrar en uno mismo, pero una vez que las encuentras (y encontrarlas lo harás) se convierten en tu principal herramienta de trabajo para construir el proyecto de vida que quieres vivir.

Y así, con un nuevo aire, renovado enfoque y un adquirido sentido de humildad, es que dejas de reclamar y te pones a trabajar, a construir y a vivir.

Logrando nuevas pequeñas, medianas y grandes victorias; y aprendiendo nuevas lecciones de nuevos desencantos y nuevos logros también. Apreciando y agradeciendo todo lo que tienes y lo que ya no también. Valorando aprender a desprenderte de aquello que en algún momento te fue de gran valor y que al por fin soltarlo te regala la sorpresa de que al hacerlo dejó contigo el doble de dicha que en un principio, cuando lo adquiriste, te dió.
Revalorando de forma distinta los recursos con que cuentas, mirando con nuevos ojos todo el abanico de oportunidades que se presentan frente a ti, agradeciendo profundametne que tienes a tu lado a las personas que decidieron estar contigo en tus peores ratos, redescubriendo aliados y fortaleciendo tu amor por tus seres amados.

¿Te caiste? Levántate.
¿Te metieron el pié? Ponte de pié otra vez.
¿Fallaste? Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar.

6 preguntas, una pirámide y tu marca personal

Se dice por ahí que nunca hay que responder una pregunta con otra pregunta.

Sin embargo, durante los últimos años, en los que como coach ejecutivo y personal, tuve el privilegio de ayudar a distintas personas (altos ejecutivos, empresarios y emprendedores y jóvenes que comienzan su carrera) a re-encontrar y definir su propósito de vida. Es decir, ese gran porqué de vida que guía cada acción y paso en su camino; fueron exactamente 6 preguntas, que luego acomodé en un modelo piramidal, las que nos ayudaron a responder ¿Qué sigue ahora?

Seis  simples preguntas que con frecuencia olvidamos hacernos para asegurarnos de estar en el camino que queremos recorrer:

Primero la base:

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¿No sería genial poder trabajar siempre haciendo lo que mejor sabemos y más nos gusta hacer? Es la situación ideal en la que encontramos plena satisfacción en hacer lo que nos encanta y “hasta nos pagan por hacerlo” ¿o no?

El problema con esto es que, a pesar de sonar maravilloso, se queda corto cuando hablamos de realizarnos en lo profesional y en lo personal, pues corremos el peligro de atorarnos en una incesante búsqueda de autosatisfacción, complacencia e indulgencia.

Entonces es el momento de responderse dos preguntas más, que ayudan a reunir los dos extremos de base de lo que nos gusta y sabemos hacer:

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Definir claramente a favor de quiénes podemos hacer eso que más nos gusta y mejor sabemos hacer y entender cómo podemos beneficiarles así, es la diferencia entre una solitaria satisfacción y una auténtica realización.

Pero aún respondiendo esto seguimos algo cortos; limitados a la idealización, pues falta la manera de poner todo esto en acción y darle un sólido cimiento que nos ayude a mantener el curso que estamos eligiendo:

Captura de pantalla 2013-08-13 a la(s) 16.41.39Tener siempre presente las cosas que más valoramos en nuestra vida, la familia para unos, la libertad financiera para otros, la salud física para unos más; así como los principios más sólidos que sirven de timón en todo lo que hacemos: honestidad, valor, trabajo, honradez, humildad o cualquiera que sean los principios y valores que sostengamos, resultan la mejor y única brújula para guiar las decisiones que tomamos.

Para finalmente, dejar de idealizar y comenzar a accionar. Es decir, encontrar la actividad profesional y personal que mejor nos permitirá dejar nuestra marca o legado personal en la vida de los demás.

Seis simples preguntas de hacer, aunque no tan fáciles de responder.

Algunas lecciones parte 1: De colaboradores, valores, principios y prioridades.

Lecciones. Puedo decir con confianza que, de los últimos tres años, tengo todo un almanaque de estas.

Dicen por ahí que la única manera de terminar de aprender algo es compartiendo tu experiencia con los demás. Que una vez que seas capaz de explicar con algo de claridad lo que has aprendido, podrás terminar de grabar esa lección en tu mente; y que conocimiento que no se comparte pierde por completo, su valor.

Así que ahora, intentaré hacer algo de sentido de algunos de estos aprendizajes, compartiéndolos aquí. Empezando por la enorme importancia que tiene saber rodearse de las personas correctas y tener mucho cuidado en entender a quiénes dejamos entrar a nuestras vidas.

“Si quieres llegar rápido, viaja solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”, dice con mucha razón el dicho. Lo que no dices es que si no somos cuidadosos, la compañía que elegimos, no solo no nos ayudará a llegar lejos, pero también nos detendrá, o al menos entorpecerá nuestro avance.

Si las personas de quienes nos rodeamos no tienen valores semejantes a lo que nosotros más valoramos, si no se rigen por principios similares a los nuestros y si no comparten la misma misión, difícilmente caminarán en la misma dirección.

Puede ser que en un inicio la emoción de comenzar una nueva aventura empuje a unos a ceder un poco y a otros también, para alinearse con las prioridades y objetivos que han trazado. Pero poco tiempo se requiere para que cada quien vaya mostrando (o monstruando) sus “verdaderos colores”.

El primer reto es que todos compartan la misma misión, con la misma pasión. Si alguien no está cien por ciento alineado con la meta y el plan de acción que han definido, pronto de distraerá con otro camino.

El segundo obstáculo que hay que sortear es que todos compartan los mismos valores. Puede ser que todos estén convencidos de que la dirección que han trazado para el grupo, es la correcta, pero si alguien en el grupo, en realidad no valora el “por qué” están haciendo lo que hacen, y solo está ahí porque le parece una buena manera de ganar algo de dinero, mientras “ayuda” a una buena causa, la causa más importante para este será tener más dinero y en tanto esta oportunidad se le presente se irá sin dejar huella alguna, abandonado al grupo tal vez incluso cuando más se le necesita.

Y el tercero y más importante tropiezo que podemos llegar a enfrentar es que, en efecto todos compartan apasionadamente la misma misión y que todos sostengan los mismos valores; pero si tan solo un miembro del equipo no se rige por los mismos principios, más temprano que tarde, la burbuja reventará. Puede que todos quieran llegar al mismo destino y todos valoremos mucho la perseverancia y el éxito, pero si en los principios de otro no está la honestidad y la honradez, puede anular por completo ese éxito. Puede que todos valoren muchísimo el desarrollo del talento, pero si en principio alguien lo hace por el reconocimiento y prestigio que esto le puede traer versus el impacto que puede dar ¿a qué le pondrá mayor atención?

Al inicio, en medio de la confusa emoción de emprender un nuevo camino, puede parecer que todo funcionará muy bien, pues nos hemos asegurado de tener las herramientas y sobre todo a las personas correctas con el conocimiento preciso y las experiencia exacta para nuestro recorrido, pero si en el fondo la misión no es la misma para todos, si en verdad no compartimos los mismos valores y no son los mismos principios los que rigen esa caravana, muy pronto esta se desmantelará en los intereses escondidos que algunos ocultaban.

De ahí la tremenda importancia de aprender a asociarse y rodearse de las personas correctas.

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Vueltas de la vida.

Han pasado casi tres meses desde el último post aquí en DLC. Los retos enfrentados en ese tiempo consumieron de alguna manera mis ganas de escribir. Mi atención era requerida en otros asuntos críticos que requerían inmediata solución.

Por fortuna las aguas se han calmado y, aunque todavía quedan algunos temas por resolver, como al final de cada tormenta, el río toma su cauce y todo comienza poco a poco a caer en su lugar.

¿Qué debo escribir para regresar a DLC?, ha sido una pregunta que me ha dado vueltas a la cabeza en las últimas semanas y, sobre vueltas precisamente es que un tweet de mi amigo Dani Granatta (aunque él no lo sabe, que somos amigos sí, que inspiró mi post no) me recordó sobre lo que quería compartir: “A veces la vida te lleva por senderos que ya caminaste, para que puedas comprobar cuánto has cambiado…”

Y es que a veces, nuestro ego nos ciega tanto que cuando se nos presenta la oportunidad de hacer algo que ya hemos hecho, pensamos que sería un retroceso volver a hacerlo porque creemos que hemos crecido más allá de eso, cuando en realidad el volverlo a hacer es justo lo que nos permitirá, no solo saber cuánto hemos crecido, evolucionado y madurado en realidad, sino poner todo ese aprendizaje, experiencia y madurez, en servicio de otros.

Con frecuencia lo que pensamos que puede ser un paso atrás es en realidad la maravillosa oportunidad de regresar a hacer lo que mejor sabes y más disfrutas hacer y poner tu experiencia, fortalezas, habilidades y competencias al servicio de los demás.

De recordar tu propósito en la vida y tener un norte que te sirva de guía y te ayude a entender que ninguna definición de ti mismo es definitiva y que puedes cambiar cuantas veces sea necesario, volver atrás y volver a avanzar, detenerte brevemente para analizar, pensar, aprender y de nuevo comenzar una nueva vuelta para llegar al final a formar y a vivir la vida que quieres para tí.

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Un año más con saldo a favor.

Una tradición que tengo desde que comencé a escribir este blog es hacer un recuento de lo que viví a lo largo del año, ponerlo todo en una balanza y comprobar que cada año que pasa termina dejando un gran saldo a favor.

Y este año, por enorme fortuna, no fue la excepción.

Sin duda fue un año complicado, de continuar con cambios, riesgos y descubrimientos; acompañado de algunos desencantos y desencuentros; y también afortunados reencuentros. Un año con su buena dosis de retos y muchas lecciones, algunas un tanto amargas y otras más fáciles de digerir. Pero lo mismo fue un año de mucho crecimiento profesional, personal y hasta espiritual.

Por cada momento incómodo hubo muchos más de satisfacción. Por cada enojo, hubo mucha más alegría. Las personas que no tenían que estar no están más ya y en su lugar permanecieron unos y reaparecieron otros (o tal vez nunca se fueron) quienes sí tenían que estar. Para cada dificultad hubo una solución. Y, a pesar de que en algunos momentos parecía que no sería posible, siempre alcanzó y jamás nada faltó.

Mi familia siempre sana y unida. Mi hogar siempre con luz, calor, paz, amor y prosperidad. Y mi trabajo, afortunado, nunca faltó y como nunca antes comprendo hoy que no importa si es por mi cuenta, en un start up, de forma independiente o siendo parte de una organización puedo hoy y siempre trabajar haciendo lo que mejor se y más disfruto hacer, sirviendo un propósito de servicio a los demás.

Sí, definitivamente un año más con saldo a favor, no solo porque todo marcha bien, pues se que retos siempre habrán muchos que vencer. Pero porque además hoy he podido contestar esa pregunta que hace tan solo un año no me podía responder: ¿Qué eres hoy capaz de hacer que hace un año o dos creías no poder?

Hoy se que soy capaz de tomar más riesgos y de confiar en mi capacidad de crear, construir y vivir la vida que quiero vivir. Sabiendo que la vida trae siempre cambios, suaves y bruscos, placenteros y dolorosos que nos llevan siempre a tomar una decisión: detenerte o avanzar. Adaptarte, crecer y evolucionar.

Entendiendo que las oportunidades no solo se aprovechan sino se crean para uno y para los demás. Comprendiendo que los rencores solo son lastres que no te dejan avanzar. Que aprender a desprenderse no solo te da libertad pero trae consigo mucha prosperidad. Que la carencia es lo único que dejan los planes de austeridad. Y que si bien hay que saber administrase y no desperdiciar, jamás hay que perder el pensamiento de abundancia y prosperidad. Que la salud se cuida hoy para no tener que recuperarla mañana. Y que el mejor ejercicio para estar bien con uno mismo es saber dar gracias todos los días de corazón.

Haz el ejercicio, haz un recuento y seguramente verás que también terminas el año con saldo a favor.

4 “súper poderes”

Todos quisiéramos tener súper poderes. ¿o no?

¿Te imaginas leer la mente de otras personas o poder escuchar sus pensamientos?

¿O poder absorber el conocimiento de otros?

¿Qué tal poder influir en el pensamiento de las personas con quienes convives?

¿O quizás hacer que las cosas sucedan de una forma u otra?

¿Te gustaría? ¿Por qué no los aprovechas entonces?

Porque todos tenemos estos poderes… y no estoy hablando de seres súper dotados que desafían la naturaleza humana.

¿Quieres leer las mentes de otros? Lee, estudia. Todos los días hay mucho más tiempo del que crees. Cambia la telenovela de la noche por un buen libro y lee.

¿Quieres escuchar lo que otros piensan? Cambia los videos de el fua, el canaca y otros videos sensacionalistas y mejor dedica ese tiempo a ver algunas conferencias o entrevistas de miles de líderes de pensamiento que ahí están compartiendo.

¿Absorber lo que otros saben hacer? Acércate a las personas que más admiras, pídeles que te dejen acompañarles  un tiempo y en silencio para ver lo que hacen y como lo hacen; o mejor aún pídeles que sean tu mentor.

¿Influir en la forma de pensar de otros? Gánate su respeto, crea, construye, comparte.  Se positivo. Se proactivo. Habla sobre lo que sí sabes y no trates de aparentar saber lo que no.

¿Hacer que las cosas sucedan de una forma específica? Trabaja. Dedica tiempo, invierte recursos (no solo económicos). Se paciente pero encamina. Se certero pero no agresivo. Se constante pero no obsesivo.

Todos tenemos la capacidad de escuchar, estudiar, aprender, influencias y hacer y compartir. Es cosa de que te decidas a hacerlo y ya.

Tolerancia y respeto en la red.

¿Cuándo fue la última vez que criticaste o descalificaste a alguien más?

Si estás en Twitter, FaceBook, Linkedin o una que otra red social más; y trabajas en el medio de marketing, comunicación y publicidad, te aseguro que no habrá sido hace mucho…

Cada vez es más frecuente ver como unos a otros se descalifican con lo que y por lo que publican en su time line, en sus blogs, en sus muros.

Profesionales de distintas carreras, historias diferentes y diversos niveles de conocimiento y experiencia, tratando de hacer menos a otros para tratar de hacerse parecer, así mismos, mejores que los demás.
No solo mostrando su desacuerdo con lo que otros comparten, pero descalificándolos y menospreciándolos, en la red, como nunca se atreverían a hacerlo de frente.

Para ser franco, no se si esto se vea en otros campos y profesiones o si, por la natural cercanía con estos medios y el egocentrismo que la misma labor de comunicación trae consigo, sea este un padecimiento casi exclusivo de quienes trabajamos en marketing y comunicación (en la disciplina y medio que sea); pero basta hacer una simple búsqueda en Twitter de palabras como Gurús o expertos, y en distintos idiomas (es decir no es privativo de México o América Latina, sino que sucede en todo el mundo), para encontrar, de entre los resultados, decenas, sino es que cientos de tweets haciendo burla o críticas al respecto.

¿Quién nos dijo que estábamos preparados para ser juez y parte?

El truco está en la tolerancia y la tolerancia está en saber escuchar sin juzgar.

Y eso es precisamente lo que todos deberíamos intentar hacer, para después poder compartir con la misma seguridad, de que no seremos descalificados solo porque sí, nuestro punto de vista.

Hace tiempo lancé en el time line una pregunta que últimamente me hago a mi mismo casi todos los días: ¿Qué somos hoy capaces de hacer que hace un año no sabíamos?

Me parece que en mi caso, y habiendo, en su momento, lanzado mi buena parte de críticas a otros, una de las cosas que he aprendido es que todos tenemos derecho a compartir lo que pensamos y lo que sabemos o, por lo menos lo que creemos saber.
Todos tenemos derecho a intentar ganarnos un lugar en una industria y crear un nombre para nosotros en el medio en el que nos desempeñamos.

Ya estará en cada uno de nosotros hacerlo con honestidad, humildad y trabajo duro y real. Pero en esto es en lo que nos deberíamos fijar y no en lo que están haciendo los demás. Porque una vez que logramos no perder de vista el enorme trabajo que nos está costando ganarnos nuestro lugar, podremos ver el mérito en el trabajo de los demás y no solo excusas para criticarlos nada más.

Pienso que tal vez ha sido el último par de años que he pasado lejos de la vida corporativa, lanzando, construyendo con mucho trabajo y manejando mi propia organización, lo que he me ha ayudado a darme cuenta de esto. Pero lo que sea que haya sido estoy agradecido porque, al ver o escuchar del trabajo de otros, hoy me doy (no a ellos, a mi) la oportunidad de preguntar e investigar que han hecho para así poder dejar de lado a fanfarrones y embusteros y reconocer y respetar el trabajo que, de acuerdo o no con el, estos profesionales han hecho.

“Ese hombre no me simpatiza. Debo darme a la tarea de conocerle mejor” dijo alguna vez Abraham Lincoln.

Y eso traté de hacer hace algunos años cuando, como muchos, yo criticaba lo que mi hoy amigo Guillermo PérezBolde publicaba. Hoy algunos me critican a mi porque yo ya no lo critico a el. Pero ¿Con qué cara podría criticarlo a el o a cualquier otra persona, si antes no me di a la tarea de, cara a cara, preguntarle exactamente qué hacía o por qué lo hacía; conocer un poco sobre su historia y su experiencia y decirle de frente lo que pensaba?

Hoy sigo sin estar de acuerdo con algunos de sus puntos de vista y él con los míos también; pero los hemos discutido de frente, con un café en la mano o compartiendo el mismo foro en distintos eventos. Y eso no nos hace ni mejores ni peores que el otro, nos hace solo diferentes. Y esa diversidad permite que haya tantas maneras de hacer nuestro trabajo.

Por supuesto esa buena fe que uno otorga a otros puede traer otras consecuencias no deseadas, como las que hoy pago al haber confiando en quien tantas personas me decían a gritos que no lo hiciera… pero a final de cuentas es una lección y experiencia (nada agradable o fácil) más para crecer… y material para otro post.

El respeto no se impone, se gana.

No busques ser respetado imponiendo tu punto de vista y descalificando el de los demás. Gánate el respeto de otros regalándoles tu respeto a ellos primero.

Seguramente seguiremos encontrándonos con muchas personas con quienes no estaremos del todo de acuerdo y, sin duda, también nos cruzaremos con alguno que otro embustero total. Pero no perdamos el tiempo queriendo “desenmascarar” a quienes ni el tiempo merecen y mucho menos demeritando el trabajo de quienes están haciendo su mejor (recuerda tu no eres quien para decir si sí o no) esfuerzo, porque todos ellos, por alguna razón se han ganado su lugar.

… y un último favor… si en algún momento en mi time line ves que cometo el error de criticar o demeritar a alguien más, por favor siéntete libre de restregarme en la cara este post.

Dramática adicción

Pareciera que todos somos adictos al drama. ¿o no?

Estás viendo las consecuencias de tus acciones o de la falta de estas y en lugar de hacer algo al respecto, te congelas a esperar el drámatico desenlace en el que todo termina mal.
Es como estar viendo una vieja película de terror en la televisión, que viste ya hace tiempo y que por semanas no te dejo dormir, y no cambiarle de canal a pesar de saber que sufrirás ver lo que viene a continuación.

Todos somos adictos al drama. ¿o no?

¿Entonces por qué seguimos adelante con esas relaciones altamente tóxicas que sabemos que no llevarán a un buen fin?

¿Entonces por qué nos gusta hacer un escándalo de cualquier cosa por pequeña que sea?

¿Entonces por qué tantos nos quedamos sentados y cruzados de brazos ante esa situación que tanto queremos evadir?

¿Entonces por qué nos quejamos tanto de lo que no tenemos en lugar de agradecer con sinceridad todo con lo que sí contamos?

Todos somos adictos al drama.

Así que he aquí una propuesta para esta semana: ¿Que tal si en los siguientes 7 días no hacemos drama de nada? Solo tomamos las cosas por lo que son, ni buenas ni malas, mucho menos dramáticas. Y si no nos gustan como son, o hacemos algo por cambiarlas o aprendemos a aceptarlas por lo que son. Pero así, sin drama.

Y rompemos así, de una vez por todas, con esa dramática adicción.

 

 

 

 

6 difíciles lecciones como emprendedor

Si siguen este blog con frecuencia, sabrán que desde hace un tiempo decidí aventurarme a la vida empresarial, dedicándome por completo a esta, por lo menos en los dos últimos años.

Debo admitir que el tiempo ha sido poco y que, para nada puedo ya sentirme, ni siquiera cómodo con el título de empresario. Definitivamente aún tengo mucho que aprender para, al menos, sentir algo de equilibrio en este camino.

Pero como parte de mi mantra es seguir aprendiendo y seguir compartiendo (Keep sharing, keep learning & stay happy), no puedo dejar de… pues eso, compartir algunas de las lecciones más difíciles que, hasta ahora, he aprendido:

1. Las mejores ideas no valen nada si no eres capaz de hacerlas realidad. No importa que tan brillante, ingenioso y astuto creas que eres, si no estás preparado para trabajar y convertirlas en realidad, no eras tan brillante como en un principio pensabas que eras.

2. Tu equipo no es clave, es indispensable. Contar con gente que se identifique plenamente con tu visión y con el sentido de propósito de tu empresa es crucial si quieres hacer que tu sueño se vuelva realidad.
No basta con contratar gente talentosa o experimentada; si se unen a tu equipo solo por el dinero, las prestaciones y la forma de trabajo que les ofreces, pronto se identificarán con la compañía en la que les ofrezcan un poco más de paga o requieran  de menos esfuerzo.
Se valiente y atrévete a integrar personas que más que la aptitud tengan la actitud que buscas, la experiencia, de todas formas la irán acumulando juntos.

3. Cada día que te tomas libre es un día que dejas de producir; y un día sin producir es un día sin generar recursos. Es tan tentador pensar que “como eres tu propio jefe y nadie podrá decirte más que tienes que hacer”, puedes tomarte las cosas con más calma, pero la realidad es que no hay mayor responsabilidad laboral que la de ser responsable por el trabajo de uno mismo y del de toda la empresa.

4. “El primer paso es el mas difícil” es una gran mentira. El primer paso es en realidad el mas sencillo de todos. Seguir construyendo es lo complicado. Continuar construyendo peldaños y manteniendo el balance entre estos para seguir creciendo, ese es el verdadero reto.
Luchar con la tentación de ya no crecer más para no arriesgar a caer de más alto, eso es también complicado porque no hay vuelta atrás, una vez que das ese primer paso, no puedes dejar de avanzar. Porque, mantener tu empresa andando, es como andar en bicicleta, tienes moverte y avanzar todo el tiempo para mantener el balance.

5.  Los planes de escases solo traen carencias. En los momentos difíciles, recortar gastos es en lo primero que se piensa, pero al hacerlo, invariablemente afectas el ánimo de cada integrante del grupo. Claro que hay que administrar mejor los recursos financieros de la organización y ser mesurados con los egresos, pero una cosa es ser cuidadoso con la forma de usar el dinero de la empresa y otra muy distinta es actuar como si nada se tuviera. Si en tu mente hay escases, en tu vida solo habrá carencia; y para operar una empresa necesitas saber que siembre hay suficiente, que se vive en abundancia, que el dinero no es para acumularse sino para circular. Y que nunca se ha tratado de acumular riqueza sino generar abundancia para ti y para todos a tu alrededor.

6. Nunca, nunca, nunca olvides tu “por qué”. En el éxito total o en los momentos más difíciles; en la cima gritando victoria o con un nudo en la garganta luchando contigo mismo para no tirar la toalla, jamás olvides por qué, en un principio, comenzaste esa aventura. Mantener un firme sentido de propósito en lo que hacemos, es el viento del norte que nos permitirá seguir moviéndonos.

¿Qué lecciones me puedes compartir también?

Visión y misión

Visión, todos (casi) la tienen. Todos (casi) quieren ser los mejores en lo que hacen: la mejor empresa, la número uno, el líder del mercado, el mejor vendedor, la cabeza de la organización, la compañía más moderna, el mejor lugar para trabajar.

Misión, muy pocos la comprenden. Escasas son las empresas y personas que tienen claramente definida cuál es su misión, su propósito en la vida, el rol que jugarán en su comunidad, más allá de hacer dinero, su razón de ser.

La mayoría entonces, pretende ganar seguidores por lo maravillosa que es su visión del futuro, por lo que aspiran a hacer y a tener, pero ni siquiera saben lo que quieren ser.

Y el punto importante aquí está en que, a pesar de los brillos y luces, las personas nos identificamos con causas y propósitos. La gente, buscamos lazos emocionales y conexiones personales. Porque seguimos a un líder, persona o empresa, no solo por lo que hace, sino por el por qué lo hace, por la causa que persigue y que podemos compartir.

Y cuando un líder, persona o empresa, tiene claramente definido su propósito, es mucho más sencillo encontrar gente que se identifique y comparta esta misión. Creyentes en la misión, quienes se convierten en los seguidores y amplificadores de la misma y que, consigo, traen a más creyentes que, con el tiempo, hacen más grande a ese líder.

Así que la próxima vez que compartas tu visión de lo maravilloso que será tu futuro como el mejor, el más, el líder; respóndete antes exactamente cuál es tu misión.