De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

2015, mi tema de vida, mis #Daily5’s.

Este es el noveno año consecutivo en que no declaré ni un solo propósito de año nuevo.

En lugar de hacer falsas promesas rápidamente abandonadas desde las primeras semanas del año; definiré, una vez más, mi tema de vida para 2015 con el que guiaré mis acciones durante los siguientes 12 meses.

Suena raro, lo se. Pero no lo es tanto.

De lo que se trata es de definir un norte que seguir. De tener una visión y una dirección clara para todo el año que, alineada con nuestro propósito de vida, nos den suficiente claridad para avanzar hacia nuestros objetivos y a la vez nos den el espacio necesario para ser flexibles ante los retos que podamos sortear a lo largo de los próximos 365 días.

Verán, los propósitos suelen ser absolutas, absurdas, genéricas e inflexibles promesas que no permiten rango alguno de movimiento; o los cumples o no.

O bajas esos 10 kilos que te prometiste para el día del mes que dijiste que lo harías o no.
O corres esos 10 kilómetros diarios que aseguraste que correrías desde el primer día del año o no.
O dejas de fumar a partir del día exacto en que dijiste que lo harías o no.

¿Lo ven? Promesas que a la primera posibilidad de ser incumplidas permiten la excusa perfecta para no realizarlas y el pretexto idóneo para aplazar un año más lo que debimos hacer hace tantos años atrás.

En cambio, con una visión que puede ser resumida en tan solo 5 frases que representen nuestras más grandes prioridades o aspiraciones para el año que estamos comenzando, podemos marcar un camino que recorrer a  lo largo del cual, podemos implementar distintas acciones para vivir, desde hoy, alineados con dicha visión.

Cinco prioridades, no cinco objetivos.

Mis #Daily5’s, hashtag con el que comencé a nombrar y etiquetar estos cinco conceptos desde hace varios años ya, son las cinco cosas más importantes para ti en el nuevo año.

En mi caso, mis #Daily5’s son:

  1. #HighEnergy – Mantener un alto nivel de energía que me permita hacer todo lo que tengo y quiero hacer día a día.
    En su libro “Why the way we are working is not working”, Tony Schawrtz explica, primero como nuestra energía es el único recurso “renovable” que podemos sostener y regenerar nosotros mismos, si somos capaces de trabajar en los cuatro tipos de energía con que contamos:

    1. Energía física, es decir la cantidad de energía con que contamos y en la que trabajamos más a través del ejercicio, la nutrición, el descanso y la recreación.
    2. Energía emocional, o sea la calidad de la energía con que contamos y en la que trabajamos más desde el punto de vista emocional.
    3. Energía intelectual o la manera en la que enfocamos y usamos la energía con que contamos. Tiene que ver más con cómo usamos nuestra energía, como evitamos el llamado “multi-tasking” y como priorizamos y tomamos acción bien enfocada en lo que tenemos que hacer.
    4. Finalmente, la energía espiritual. Que no tiene que con aspectos religiosos ni esotéricos, sino más bien con que tan alineadas están nuestras acciones, esas en las que invertimos nuestras energía intelectual, emocional y física, con nuestros principios, valores y prioridades en la vida.
  2. #KeepLearning: continuar aprendiendo. Hace unos años leí una frase que me quedó muy marcada: “cuando uno deja de aprender termina de crecer; y cuando uno termina de crecer comienza a morir”.
    Desde ese entonces no he parado de buscar aprender cada día algo más.
    Claro, hay días en que hacerlo resulta más difícil que otros, pero incluso en esos días llenos de pendientes, busco, ya como rutina, casi ritual, darme un espacio temprano por las mañanas para leer y estudiar.
    Otra cosa que hago es aprovechar la tecnología y los que muchos tachan como “tiempos muertos”, para escuchar un podcast, por ejemplo, mientras manejo rumbo al trabajo.
    Este año, además quiero incrementar la cantidad de cursos y seminarios que pueda tomar.
    Y claro, viajar más.
  3. #KeepSharing: continuar compartiendo. Dicen por ahí que uno no termina de aprender hasta que es capaz de compartir con otros lo que ha estudiado.
    Esto, junto con una visión y convicción de que la abundancia y prosperidad se generan compartiendo, es lo que desde hace más de 8 años,  me ha impulsado a compartir lo poco que se a través de cursos, diplomados, talleres y conferencias.
    Este año no será la excepción, por el contrario, intentaré, en la medida que mi trabajo me lo permita, no solo continuar coordinando e impartiendo clases en el Diplomado de Marketing Digital Integral de Collective Minds y la Universidad Anáhuac y en el Master on Internet Business del ISDI, pero también participar más como conferenciante en otros eventos, congresos y seminarios.
    Y por supuesto retomar mis posteos semanales, aquí en DLC, también. Quién sabe, quizás producir un nuevo podcast, sea también una posibilidad.
  4. #WorkThaMatters: Decía Peter Drucker que no hay cosa más inútil que hacer eficientemente aquello que justo no debía hacerse. Y a veces, el trabajo se puede sentir así. El remedio, creo, no está necesariamente en hacer otro trabajo, sino en darle sentido al nuestro. Entender cuál es nuestro propósito, cuál el de la organización para la que trabajamos y cómo los alineamos. Tiene mucho que ver con la energía intelectual y espiritual.
    Tal vez el truco esté en entender bien lo que David Cottrell expone en sus libros de coaching y liderazgo: Profundamente entender y siempre recordar cuál es la prioridad clave en nuestro trabajo. Hacerlo tan solo pueda ayudar a mantenerse bien enfocado, tomar acción y hacer un trabajo que realmente impacte la vida de los demás.
  5. #StayHappy: Mantenerme contento. Definitivamente la más difícil de las prioridades que tengo este año. Si bien desde hace tiempo practico el ser agradecido todos los días y tener siempre presente lo muy afortunado que soy, mantenerme contento y aprender a disfrutar es un cambio decisivo de actitud que aún no he logrado hacer.
    Darme permiso de soltar y gozar el momento, disfrutar mucho más cada instante con mi familia, pasar más tiempo con mis amigos, divertirme un poco más en mi trabajo y gozar de momentos conmigo mismo, es algo que ocupará un muy alto lugar en mi lista de prioridades a lograr.

Cinco prioridades que dan tema a mi nuevo año. Cinco guías que seguir, resumidas en sencillos hashtags que puedo usar día a día para recordar y registrar como he de vivir los siguientes 360 días con mis #Daily5’s.

Y ahora es su turno: ¿Cuáles serán sus #Daily5’s?

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Si quieres llegar lejos…

“Si quieres llegar rápido, ve solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”.

Pero ¿Qué tan lejos podemos llegar con una mala compañía?

Estamos arrancando el año y con este nuevos proyectos o nuevas etapas en nuestros trabajos; y no es raro que en esta época del año muchas empresas comiencen a formar, reestructurar o fortalecer sus equipos de trabajo.

Curriculums recomendados, perfiles referidos y cartas de presentación van y vienen.

Mientras unos mantienen la esperanza de por fin encontrar el empleo que solucionará su vida, otros buscan con prisa cubrir la plaza vacante antes de que sea ocupada para algo más. El hambre se junta con las ganas de comer y la angustia del desempleo se combina con la presión de cubrir una posición.

En un principio todo parece funcionar. Los “peros” son enmudecidos ante la prisa de un oportuno nuevo ingreso; y la falta de aptitud, o pero aún de actitud, se cambian por la conveniencia de un sueldo más accesible y el falso consuelo de un “ya aprenderá”… Hasta que todo comienza a fallar.

La pronta contratación se convierte en una mala contratación y la persona que integraste a tu equipo, de un momento a otro deja de ser promesa para convertirse en amenaza.
No siempre porque la persona contratada sea un mal elemento sino porque tal vez se le colocó en el lugar equivocado.

Según John C. Maxwell el 80% de las probabilidades de éxito en el desarrollo de un empleado está en su contratación, así que en un proceso tan importante como este, no deberíamos tomar una decisión sin antes plantearnos, al menos 5 preguntas básicas para integrar a alguien a nuestro equipo (preguntas, por cierto que también uno como candidato puede hacerse para aceptar una posición):

1) ¿Sabe(s) hacer el trabajo que se requiere? ¿Tiene(s) el conocimiento, la experiencia y las horas de vuelo realmente necesarias para considerarse(te) un profesional, especialista o experto, con la madurez e inteligencia emocional básica requerida para el trabajo? ¿Es(eres) la mejor persona para hacerse cargo de esa labor o sabes que hay alguien más con quien aún no has(han) conversado?

2) ¿Comparte(s) los mismos valores y principios de la organización? ¿Son estos igual de importantes para el/ella(ti)? ¿Será(s) capaz de mantener los más altos estándares de ética profesional al desempeñarse(te) en el trabajo?

3) ¿Está(s) buscando la plaza por llenar (obtener) rápido una posición y salir del problema o realmente está(s) apasionado por el trabajo que va(s) a realizar? ¿Realmente esta(s) interesado(a) en crecer desempeñando ese rol o al primer obstáculo o primer externo que le(te) ofrezca mil pesos más pensará(s) en irse?

4) ¿Se trata de (eres tu) una persona capaz de liderar a todo el equipo de trabajo, incluso a la cabeza de este?

5) ¿Abonará(s) positivamente a la dinámica del equipo, fortaleciendo los lazos entre sus integrantes, o podría(s) ser un agente de conflicto? ¿Sumará(s) al equipo de trabajo y complementará(s) las capacidades de este para elevar la calidad y cantidad del trabajo entregado? ¿Mejorará(s) el equipo y dejará(s) a quienes forman parte de este mejor de como estaban antes de trabajar con el/ella (contigo)?

Plantearse preguntas como estas puede resultar a veces difícil e incómodo, pero más seguro que no, no hacerlas a tiempo, sería mucho peor.

Abrazando la incomodidad

A nadie nos gusta sentirnos incómodos.

La mayoría de la gente pasa prácticamente toda su vida buscando tener una vida cómoda. Es naturaleza humana.
El problema, sin embargo, es que con enorme frecuencia muchos confunden resignación con satisfacción y comodidad con realización; engañándose con pretextos como: “tengo una casa pequeña, pero no necesito más”, “un trabajo que no me paga lo que necesito pero el horario es cómodo”, “un puesto mediocre pero seguro”, “podría hacer más pero eso no está en la descripción de mi trabajo”, etc.
Pensando equivocadamente que si logramos rodearnos de las comodidades más básicas, con el más mínimo esfuerzo posible, entonces lograremos vivir como queremos.

Pero comodidad no es igual a realización.

Una cosa es ser agradecidos y apreciar profundamente lo que hemos logrado y hasta donde hemos llegado; y otra totalmente, querernos engañar con una falsa satisfacción que resulta ser el disfraz de la resignación de no creernos capaces de lograr aún más.

Sucede en el trabajo y también en nuestra vida personal. Lo mismo con la salud que con nuestra educación. Incluso hasta con a dónde queremos ir de vacaciones.
A las empresas bloquea su crecimiento, cegando al equipo con la creencia de que, porque han logrado ya ser especialistas o hasta expertos en sus entregables, no tienen a dónde más crecer.

Pero mientras que para nuestros ancestros, la comodidad era sinónimo de seguridad, en un mundo tan cambiante y una época tan acelerada como la actual, sentirse cómodo es el primer riesgo.

Cuando uno se enajena en su comodidad, cesa su búsqueda por crecer y, como dicen por ahí: “cuando uno deja de crecer, comienza a morir”.

Por una clara razón en Inglés usan la frase de: “Growing pains”, porque crecer duele, es incómodo. Crecer, cambiar, evolucionar, avanzar, resulta siempre muy incómodo. Para muchos hasta angustiante quizás.
Cuando apostamos por crecer, visualizamos y esperamos lo mejor, pero nos sometemos a la incómoda realidad de no saber con certeza que sigue, qué nos espera a la vuelta y cómo todo será.

Pero es esa incomodidad la que nos lleva a continuar. Porque no habría tragedia más grande que engañarse con la noción de que ya no necesitamos más para volver a una falsa comodidad.

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Mi tema personal en 2014.

No me he hecho un solo propósito de año nuevo desde, al menos, hace 8 años.

Verán, no creo en los propósitos establecidos bajo la presión del final de un ciclo y el inicio de uno nuevo con el que quisiéramos que casi por acto de magia, los malos hábitos y viejas costumbres que tenemos se borren para dar lugar instantáneo a nuevas prácticas con las que bajaremos de peso, abandonaremos nuestros vicios y nos convertiremos en el mejor padre, pareja, profesional, atleta y gurú espiritual.

Tampoco creo en las promesas del “mañana”, el “ahora sí”, ni mucho menos en la de “el nuevo –pon tu nombre aquí-“ o “el año del –pon de nuevo tu nombre aquí-“.

En lo que sí creo es en los ciclos. Creo en las nuevas oportunidades que cada nueva etapa trae consigo. Y estoy convencido de que, a pesar de los retos que cada periódo pueda presentarnos, nosotros tenemos el enorme poder de decidir cómo los queremos enfrentar  y vivir.

Y esa decisión, consciente y clara, año con año, desde el 2006, la he llamado “mi tema del año”. Es decir el tema o concepto rector sobre el que basaré cada decisión, cuestionamiento y acción que tome durante el año.

Suena un poco raro, hasta exagerado tal vez. Quizás, incluso, algunos pudieran sentirse hasta restringidos; obligados a apegarse a una sola forma de ver o hacer las cosas. Pero, por el contrario, tener un tema del año, se trata justo de contar con marco de referencia bajo el cual planear, actuar, medir y modificar cada acción que llevemos a cabo durante los siguientes meses.

Más frecuente que no funciona muy bien. Y cuando algo comienza a seguir un camino que no tenías planeado y enfrentas retos que simplemente no esperabas, te permite tener una base y un norte a donde mirar para orientarte y asegurarte de que estás viviendo, o al menos intentando, vivir tu vida como la quieres vivir.

Y así para este año mi tema será: Disfrutar, agradecer, claridad, acción y soltar.

Debo aprender a Disfrutar más de cada momento que vivo, especialmente con mi familia, con mis amigos, en mi trabajo y en mi casa. Debo hacer conciencia de los sano que realmente estoy y disfrutar mi salud y ejercitarme más.
Debo disfrutar mucho más lo poco o mucho que he logrado y apreciar profundamente cada lección, cada momento y cada amistad que en los últimos años he construido.

Desde hace años practico ser agradecido, pero agradecer todos y cada día por uno nuevo, es algo que debo seguir haciendo de forma consciente, sincera y humilde. Porque ser profundamente agradecidos es lo que nos permite apreciar lo verdaderamente afortunados que somos. No en comparación con los demás, sino con nuestra propia vida. Ser agradecidos evita caer en la codicia, pero nos mantiene con una sana ambición. Ser agradecidos, nos mantiene abiertos a la abundancia y prosperidad.

Debo tener mayor claridad sobre lo que quiero, a dónde voy, por qué y con quién.
Tener una visión clara nos abre el panorama y ofrece un buffet de opciones y posibilidades para alcanzar la meta que nos hemos trazado.
Con frecuencia hacemos una enorme lista de cosas que desearíamos tener o hacer, para luego abandonarla para atender aquello que es urgente para otros.
Y eso sucede porque desear no es lo mismo que querer.
Querer tiene intención, la intención da claridad y la claridad nos ayuda a tomar acción.

Y tomar acción, continua, contundente y permanente, es precisamente otra de las cosas que en 2014 continuaré haciendo.
La mejor de las intenciones no vale nada si no la llevas a cabo.
Hace tiempo uso el mantra en Inglés de “Make it happen” y en 2014 lo seguiré usando, haciendo cosas suceder.

Y finalmente, soltar. Para soltar se requiere claridad y acción… check! Pero sobre todo, se requiere valor. Valor para soltar aquello que crees desear pero que sabes no realmente querer. Valor para soltar la necesidad de agradar a los demás y aprender a decir que no. Valor para soltar lo que alguna vez funcionó y ya no más.
Valor para soltar el timón de vez en vez y permitir que las cosas sucedan también.

Así mi tema para el año que comienza: Disfrutar, agradecer, claridad, acción y soltar.

Y el de ustedes ¿Cuál es?

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Pasión versus profesión

¿Cuántas veces han escuchado a alguien decir: “encuentra tu pasión y vívela. Sigue tus sueños, que nada importa más que eso”; para sólo darte cuenta que has mal seguido el consejo de una idea a medias, reducida a eso por algún vendedor de sueños que sólo quiere aparentar tener la vida perfecta, o porque te has obsesionado tanto por ese sueño que te has encerrado en un interminable ciclo de simple auto indulgencia y auto complacencia, sirviendo sólo a tu ego pero no a los demás?
“Tengo el talento nato para hacer x o y, y no puedo dejar de perseguir mi sueño y desarrollar mi don” te mientes a ti mismo, para justificar no trabajar como el resto, mientras te pierdes en tu soberbia.

El talento es sólo el 10% del camino o tal vez aún menos, el otro 90% está en el trabajo que realizas para compartir tu talento en servicio de otros.

Por supuesto que debemos perseguir nuestros sueños y seguir nuestra pasión, pero pasión no es lo mismo que profesión, y salvo por algunos extraordinarios casos, la mayoría tenemos que ejercer una profesión para ganarnos la vida y con ella la posibilidad de seguir nuestra pasión.

Quizás sea la ilusión de la casi ilimitada accesibilidad a información y contactos con la que contamos hoy a través de las tecnologías digitales y sociales que nos hacen creer que tenemos todo al alcance de nuestras manos; o tal vez el incansable trabajo por obtener estabilidad, seguridad y hasta reconocimiento de generaciones anteriores lo que hace a muchos vivir con un absurdo sentido de merecerlo todo y pensar que, por lo tanto no tienen que trabajar en otra cosa que no sea complacerse a sí mismos.

Pero la realidad de las cosas tarda menos de lo que uno cree en enseñar su feroz cara para aleccionar a quien cree tener un vitalicio título de propiedad sobre todo sueño que cree poseer, para hacerlo trabajar, luchar, por ganarse el derecho a hacerlo realidad y entender así que una simple profesión puede hacer mucho por vivir nuestra pasión.

7 simples cosas que un líder jamás puede dejar de hacer.

Liderar un equipo no es cosa sencilla, sobre todo porque la mayoría quiere dirigir, administrar y controlar a una serie de “recursos humanos”, en lugar de liderar, facilitar e inspirar a un grupo de personas capaces de llevar a la organización al éxito al que esta aspira.

Son muchas las personas que buscan llegar a una posición “directiva” solo por el ácido gusto de escuchar a otros decirles jefes, pero por fortuna somos cada vez más quienes estamos dispuestos a asumir la responsabilidad de liderar a un grupo para servir a este (y no servirse de este) y ayudarlo a llegar a los objetivos que se han fijado.

Sin embargo, aún cuando tu intención de liderar es auténtica y real, con frecuencia, la presión, los tiempos límites, los objetivos, etc. pueden hacer que olvidemos por momentos lo que significa ser un líder y lo que se requiere para hacerlo. Así que no cae nada mal recordar, de vez en vez, al menos 7 simples cosas que un líder no puede darse el lujo de dejar de hacer:

  1. Tener y compartir con su equipo una visión clara para el presente y el futuro del mismo. Objetivos claros, ambiciosos pero sensatos y alcanzables; previendo con anticipación los escalones que se asumen como pequeñas pero muy importantes victorias para marcar el avance hacia la obtención de dichos objetivos.
  2. Conocer, empatizar y comprender lo que teme y limita, motiva e inspira a cada integrante de su equipo. Conocer su historia, los retos que han conquistado y aquellos que aún tienen que vencer. Entender sus prioridades, valores y principios; y como estos concuerdan y se alinean con los de la organización.
  3. Respetar el tiempo y trabajo de su equipo. Conocer con detalle las labores que realmente tiene que llevar a cabo cada integrante del equipo para ejecutar el plan por el que, juntos, están trabajando; y entender el esfuerzo y tiempo que esto lleva, para darles el espacio y los recursos posibles y suficientes para que avancen. Y respetar, en todo momento, los tiempos personales de tu equipo para trabajar, para comer, para tomar un respiro, para su familia, para aprender y muchas otras cosas más. Seguro que de cuando en cuando habrá la necesidad de trabajar durante la hora de comida o hasta largas horas de la noche, pero esto debe ser tan solo la excepción y jamás una manera normal de operar.
  4. Reconocer y apreciar el esfuerzo que cada integrante hace día con día por el equipo. Agradeciendo sinceramente el trabajo realizado, celebrando los logros y el esfuerzo extra. Detectando y reforzando, sin apuntar dedos, los puntos débiles para hacerlos fuertes. Delegando mayor responsabilidad y ampliando el campo de acción y empoderamiento de cada miembro del equipo conforme, juntos, van avanzando en la formación de ambos.
  5. Cuidarse y respetarse a sí mismo. ¿Cómo un persona puede liderar a un grupo de personas si no es capaz de cuidarse a si mismo? La disciplina, la organización, el orden, el equilibrio y sano balance son rasgos que se ven a gran distancia en una persona. No importa cuan ocupados estén, ni el nivel de responsabilidad de estas personas, los líderes más exitosos, saben cuidar de sí mismos. Se dan el tiempo necesario para cuidar su salud, comen ordenadamente, ejercitan no solo su cuerpo, pero también su mente y espíritu; y cuidan hasta con los dientes su vida familiar. Sino, ¿cómo podrían tener cabeza para liderar?
  6. Continuar estudiando y preparándose y mantenerse en continuo crecimiento. “Cuando uno deja de aprender, deja de crecer. Cuando uno deja de crecer, comienza desaparecer”. Nada más que decir.
  7. Desarrollar nuevos líderes. Suena a cliché, sí. Pero la realidad es que el trabajo de un líder no es crear y mantener seguidores que hagan caso ciego a lo que se les pida, sino identificar, atraer y desarrollar personas capaces de ser nuevos líderes. Profesionales mejor preparados y capacitados, incluso más que el propio líder. El rol del líder no es ser quien más sabe o mejor hace las cosas, sino ser un integrador de talento, facilitador de recursos y catalizador del mejor trabajo de los nuevos líderes que está formando.

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Jamás dejes de intentar.

“Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar”, me he repetido a mí mismo más de 10 veces cada día, todos los días por los últimos ocho meses.

“Siente el fracaso, reconoce el dolor, digierelo y hazlo de lado”, es un consejo que en cientos de formas distintas he leído una y otra vez en veintenas de libros a lo largo de los años y que durante los últimos 227 días me recordado a mí mismo una y otra vez.

“Analiza, medita y haz lo posible por entender en qué fallaste y qué es lo que tienes que aprender de todo esto”, me he dicho a mí mismo día tras día siguiendo las lecciones y consejos de mis coaches y mentores, familiares y amigos.

Pero, “trata de no pasar más tiempo del necesario pensando en lo que no pasó y en lo que no tenía que pasar y enfoca tu atención en trabajar y hacer suceder aquello que quieres lograr”, fue el mejor consejo que pude abrirme a escuchar.

Una vez que entendí que nada iba a lograr lamentándome por el engaño y desencanto de una persona, ni por el enojo y la frustración de ver mermado un sueño, pude poner toda mi atención en retomar mis objetivos y comenzar a trabajar de nuevo en construir aquello que quiero lograr.

A pesar de lo mucho que lo puedes escuchar y hasta predicar, la resilencia y flexibilidad son, en un principio, realmente difíciles de encontrar en uno mismo, pero una vez que las encuentras (y encontrarlas lo harás) se convierten en tu principal herramienta de trabajo para construir el proyecto de vida que quieres vivir.

Y así, con un nuevo aire, renovado enfoque y un adquirido sentido de humildad, es que dejas de reclamar y te pones a trabajar, a construir y a vivir.

Logrando nuevas pequeñas, medianas y grandes victorias; y aprendiendo nuevas lecciones de nuevos desencantos y nuevos logros también. Apreciando y agradeciendo todo lo que tienes y lo que ya no también. Valorando aprender a desprenderte de aquello que en algún momento te fue de gran valor y que al por fin soltarlo te regala la sorpresa de que al hacerlo dejó contigo el doble de dicha que en un principio, cuando lo adquiriste, te dió.
Revalorando de forma distinta los recursos con que cuentas, mirando con nuevos ojos todo el abanico de oportunidades que se presentan frente a ti, agradeciendo profundametne que tienes a tu lado a las personas que decidieron estar contigo en tus peores ratos, redescubriendo aliados y fortaleciendo tu amor por tus seres amados.

¿Te caiste? Levántate.
¿Te metieron el pié? Ponte de pié otra vez.
¿Fallaste? Falla, falla mil veces pero no lo dejes de intentar.

6 preguntas, una pirámide y tu marca personal

Se dice por ahí que nunca hay que responder una pregunta con otra pregunta.

Sin embargo, durante los últimos años, en los que como coach ejecutivo y personal, tuve el privilegio de ayudar a distintas personas (altos ejecutivos, empresarios y emprendedores y jóvenes que comienzan su carrera) a re-encontrar y definir su propósito de vida. Es decir, ese gran porqué de vida que guía cada acción y paso en su camino; fueron exactamente 6 preguntas, que luego acomodé en un modelo piramidal, las que nos ayudaron a responder ¿Qué sigue ahora?

Seis  simples preguntas que con frecuencia olvidamos hacernos para asegurarnos de estar en el camino que queremos recorrer:

Primero la base:

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¿No sería genial poder trabajar siempre haciendo lo que mejor sabemos y más nos gusta hacer? Es la situación ideal en la que encontramos plena satisfacción en hacer lo que nos encanta y “hasta nos pagan por hacerlo” ¿o no?

El problema con esto es que, a pesar de sonar maravilloso, se queda corto cuando hablamos de realizarnos en lo profesional y en lo personal, pues corremos el peligro de atorarnos en una incesante búsqueda de autosatisfacción, complacencia e indulgencia.

Entonces es el momento de responderse dos preguntas más, que ayudan a reunir los dos extremos de base de lo que nos gusta y sabemos hacer:

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Definir claramente a favor de quiénes podemos hacer eso que más nos gusta y mejor sabemos hacer y entender cómo podemos beneficiarles así, es la diferencia entre una solitaria satisfacción y una auténtica realización.

Pero aún respondiendo esto seguimos algo cortos; limitados a la idealización, pues falta la manera de poner todo esto en acción y darle un sólido cimiento que nos ayude a mantener el curso que estamos eligiendo:

Captura de pantalla 2013-08-13 a la(s) 16.41.39Tener siempre presente las cosas que más valoramos en nuestra vida, la familia para unos, la libertad financiera para otros, la salud física para unos más; así como los principios más sólidos que sirven de timón en todo lo que hacemos: honestidad, valor, trabajo, honradez, humildad o cualquiera que sean los principios y valores que sostengamos, resultan la mejor y única brújula para guiar las decisiones que tomamos.

Para finalmente, dejar de idealizar y comenzar a accionar. Es decir, encontrar la actividad profesional y personal que mejor nos permitirá dejar nuestra marca o legado personal en la vida de los demás.

Seis simples preguntas de hacer, aunque no tan fáciles de responder.

Algunas lecciones parte 1: De colaboradores, valores, principios y prioridades.

Lecciones. Puedo decir con confianza que, de los últimos tres años, tengo todo un almanaque de estas.

Dicen por ahí que la única manera de terminar de aprender algo es compartiendo tu experiencia con los demás. Que una vez que seas capaz de explicar con algo de claridad lo que has aprendido, podrás terminar de grabar esa lección en tu mente; y que conocimiento que no se comparte pierde por completo, su valor.

Así que ahora, intentaré hacer algo de sentido de algunos de estos aprendizajes, compartiéndolos aquí. Empezando por la enorme importancia que tiene saber rodearse de las personas correctas y tener mucho cuidado en entender a quiénes dejamos entrar a nuestras vidas.

“Si quieres llegar rápido, viaja solo. Si quieres llegar lejos, ve acompañado”, dice con mucha razón el dicho. Lo que no dices es que si no somos cuidadosos, la compañía que elegimos, no solo no nos ayudará a llegar lejos, pero también nos detendrá, o al menos entorpecerá nuestro avance.

Si las personas de quienes nos rodeamos no tienen valores semejantes a lo que nosotros más valoramos, si no se rigen por principios similares a los nuestros y si no comparten la misma misión, difícilmente caminarán en la misma dirección.

Puede ser que en un inicio la emoción de comenzar una nueva aventura empuje a unos a ceder un poco y a otros también, para alinearse con las prioridades y objetivos que han trazado. Pero poco tiempo se requiere para que cada quien vaya mostrando (o monstruando) sus “verdaderos colores”.

El primer reto es que todos compartan la misma misión, con la misma pasión. Si alguien no está cien por ciento alineado con la meta y el plan de acción que han definido, pronto de distraerá con otro camino.

El segundo obstáculo que hay que sortear es que todos compartan los mismos valores. Puede ser que todos estén convencidos de que la dirección que han trazado para el grupo, es la correcta, pero si alguien en el grupo, en realidad no valora el “por qué” están haciendo lo que hacen, y solo está ahí porque le parece una buena manera de ganar algo de dinero, mientras “ayuda” a una buena causa, la causa más importante para este será tener más dinero y en tanto esta oportunidad se le presente se irá sin dejar huella alguna, abandonado al grupo tal vez incluso cuando más se le necesita.

Y el tercero y más importante tropiezo que podemos llegar a enfrentar es que, en efecto todos compartan apasionadamente la misma misión y que todos sostengan los mismos valores; pero si tan solo un miembro del equipo no se rige por los mismos principios, más temprano que tarde, la burbuja reventará. Puede que todos quieran llegar al mismo destino y todos valoremos mucho la perseverancia y el éxito, pero si en los principios de otro no está la honestidad y la honradez, puede anular por completo ese éxito. Puede que todos valoren muchísimo el desarrollo del talento, pero si en principio alguien lo hace por el reconocimiento y prestigio que esto le puede traer versus el impacto que puede dar ¿a qué le pondrá mayor atención?

Al inicio, en medio de la confusa emoción de emprender un nuevo camino, puede parecer que todo funcionará muy bien, pues nos hemos asegurado de tener las herramientas y sobre todo a las personas correctas con el conocimiento preciso y las experiencia exacta para nuestro recorrido, pero si en el fondo la misión no es la misma para todos, si en verdad no compartimos los mismos valores y no son los mismos principios los que rigen esa caravana, muy pronto esta se desmantelará en los intereses escondidos que algunos ocultaban.

De ahí la tremenda importancia de aprender a asociarse y rodearse de las personas correctas.

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Vueltas de la vida.

Han pasado casi tres meses desde el último post aquí en DLC. Los retos enfrentados en ese tiempo consumieron de alguna manera mis ganas de escribir. Mi atención era requerida en otros asuntos críticos que requerían inmediata solución.

Por fortuna las aguas se han calmado y, aunque todavía quedan algunos temas por resolver, como al final de cada tormenta, el río toma su cauce y todo comienza poco a poco a caer en su lugar.

¿Qué debo escribir para regresar a DLC?, ha sido una pregunta que me ha dado vueltas a la cabeza en las últimas semanas y, sobre vueltas precisamente es que un tweet de mi amigo Dani Granatta (aunque él no lo sabe, que somos amigos sí, que inspiró mi post no) me recordó sobre lo que quería compartir: “A veces la vida te lleva por senderos que ya caminaste, para que puedas comprobar cuánto has cambiado…”

Y es que a veces, nuestro ego nos ciega tanto que cuando se nos presenta la oportunidad de hacer algo que ya hemos hecho, pensamos que sería un retroceso volver a hacerlo porque creemos que hemos crecido más allá de eso, cuando en realidad el volverlo a hacer es justo lo que nos permitirá, no solo saber cuánto hemos crecido, evolucionado y madurado en realidad, sino poner todo ese aprendizaje, experiencia y madurez, en servicio de otros.

Con frecuencia lo que pensamos que puede ser un paso atrás es en realidad la maravillosa oportunidad de regresar a hacer lo que mejor sabes y más disfrutas hacer y poner tu experiencia, fortalezas, habilidades y competencias al servicio de los demás.

De recordar tu propósito en la vida y tener un norte que te sirva de guía y te ayude a entender que ninguna definición de ti mismo es definitiva y que puedes cambiar cuantas veces sea necesario, volver atrás y volver a avanzar, detenerte brevemente para analizar, pensar, aprender y de nuevo comenzar una nueva vuelta para llegar al final a formar y a vivir la vida que quieres para tí.

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Un año más con saldo a favor.

Una tradición que tengo desde que comencé a escribir este blog es hacer un recuento de lo que viví a lo largo del año, ponerlo todo en una balanza y comprobar que cada año que pasa termina dejando un gran saldo a favor.

Y este año, por enorme fortuna, no fue la excepción.

Sin duda fue un año complicado, de continuar con cambios, riesgos y descubrimientos; acompañado de algunos desencantos y desencuentros; y también afortunados reencuentros. Un año con su buena dosis de retos y muchas lecciones, algunas un tanto amargas y otras más fáciles de digerir. Pero lo mismo fue un año de mucho crecimiento profesional, personal y hasta espiritual.

Por cada momento incómodo hubo muchos más de satisfacción. Por cada enojo, hubo mucha más alegría. Las personas que no tenían que estar no están más ya y en su lugar permanecieron unos y reaparecieron otros (o tal vez nunca se fueron) quienes sí tenían que estar. Para cada dificultad hubo una solución. Y, a pesar de que en algunos momentos parecía que no sería posible, siempre alcanzó y jamás nada faltó.

Mi familia siempre sana y unida. Mi hogar siempre con luz, calor, paz, amor y prosperidad. Y mi trabajo, afortunado, nunca faltó y como nunca antes comprendo hoy que no importa si es por mi cuenta, en un start up, de forma independiente o siendo parte de una organización puedo hoy y siempre trabajar haciendo lo que mejor se y más disfruto hacer, sirviendo un propósito de servicio a los demás.

Sí, definitivamente un año más con saldo a favor, no solo porque todo marcha bien, pues se que retos siempre habrán muchos que vencer. Pero porque además hoy he podido contestar esa pregunta que hace tan solo un año no me podía responder: ¿Qué eres hoy capaz de hacer que hace un año o dos creías no poder?

Hoy se que soy capaz de tomar más riesgos y de confiar en mi capacidad de crear, construir y vivir la vida que quiero vivir. Sabiendo que la vida trae siempre cambios, suaves y bruscos, placenteros y dolorosos que nos llevan siempre a tomar una decisión: detenerte o avanzar. Adaptarte, crecer y evolucionar.

Entendiendo que las oportunidades no solo se aprovechan sino se crean para uno y para los demás. Comprendiendo que los rencores solo son lastres que no te dejan avanzar. Que aprender a desprenderse no solo te da libertad pero trae consigo mucha prosperidad. Que la carencia es lo único que dejan los planes de austeridad. Y que si bien hay que saber administrase y no desperdiciar, jamás hay que perder el pensamiento de abundancia y prosperidad. Que la salud se cuida hoy para no tener que recuperarla mañana. Y que el mejor ejercicio para estar bien con uno mismo es saber dar gracias todos los días de corazón.

Haz el ejercicio, haz un recuento y seguramente verás que también terminas el año con saldo a favor.

4 “súper poderes”

Todos quisiéramos tener súper poderes. ¿o no?

¿Te imaginas leer la mente de otras personas o poder escuchar sus pensamientos?

¿O poder absorber el conocimiento de otros?

¿Qué tal poder influir en el pensamiento de las personas con quienes convives?

¿O quizás hacer que las cosas sucedan de una forma u otra?

¿Te gustaría? ¿Por qué no los aprovechas entonces?

Porque todos tenemos estos poderes… y no estoy hablando de seres súper dotados que desafían la naturaleza humana.

¿Quieres leer las mentes de otros? Lee, estudia. Todos los días hay mucho más tiempo del que crees. Cambia la telenovela de la noche por un buen libro y lee.

¿Quieres escuchar lo que otros piensan? Cambia los videos de el fua, el canaca y otros videos sensacionalistas y mejor dedica ese tiempo a ver algunas conferencias o entrevistas de miles de líderes de pensamiento que ahí están compartiendo.

¿Absorber lo que otros saben hacer? Acércate a las personas que más admiras, pídeles que te dejen acompañarles  un tiempo y en silencio para ver lo que hacen y como lo hacen; o mejor aún pídeles que sean tu mentor.

¿Influir en la forma de pensar de otros? Gánate su respeto, crea, construye, comparte.  Se positivo. Se proactivo. Habla sobre lo que sí sabes y no trates de aparentar saber lo que no.

¿Hacer que las cosas sucedan de una forma específica? Trabaja. Dedica tiempo, invierte recursos (no solo económicos). Se paciente pero encamina. Se certero pero no agresivo. Se constante pero no obsesivo.

Todos tenemos la capacidad de escuchar, estudiar, aprender, influencias y hacer y compartir. Es cosa de que te decidas a hacerlo y ya.