De lo cotidiano... y lo no tanto #DLC

Mi tema de vida en 2013.

Segundo día del año y en todos lados llueven las listas de propósitos de año nuevo. En las reuniones familiares, entre amigos, en el trabajo y hasta en el time line, todos comparten con gran ánimo la lista de buenos propósitos que este año prometen sí cumplir. El problema es que basta con entrar al segundo mes del año o que comencemos a lidiar con las tareas cotidianas de nuestra vida para empezar a dejar atrás la mayoría de esas buenísimas intenciones con las que pretendíamos convertirnos en una mejor persona.

En lugar de esto, desde hace ya varios años, decidí adoptar la idea que mi amigo Phil Gerbyshak proponía en su blog – Make it Great, de definir un tema de vida para todo el año. Práctica que durante años me ha sido muy útil pues, al hacerlo, fijo una dirección con la cual alinear todas mis actividades en los siguientes meses, dándome a la vez, el suficiente espacio para hacer cambios y ajustes (sin perder el rumbo) de acuerdo a la situación en que me encuentre y/o retos que enfrente; además de permitirme mayor flexibilidad para medir un avance real hacia lo que me he propuesto para dicho año, versus tachar, o mejor dicho dejar de tachar una lista de propósitos no cumplidos; complementando mi tema anual con otra, muy útil práctica que comencé a realizar desde el año pasado: La regla de tres en tres. Dividir mi tema en 3 grandes áreas que a su vez puedo desmenuzar en tres objetivos trimestrales, tres mensuales o tres semanales para realizar cada día, por lo menos 3 acciones clave que me lleven a vivir mi tema anual todos los días del año.

Y así, para este 2013 el tema de vida anual que he definido es: VIVIR.

Cada día crear, construir y VIVIR la forma y el estilo de vida que quiero vivir. Una vida alegre, próspera, sana y saludable, armónica, pacífica, de servicio a otros y llena de abundancia, en la que siempre alcanza y todo se puede compartir.

Y para VIVIR así he definido las tres aristas más importantes que guiarán mis acciones durante todo el año:

1) Procurar mi salud para estar en excelente condición física que me permita ser un gran papá y esposo, trabajar como mucha energía y alegría, viajar seguro y siempre tener una sonrisa para los demás. Logrando un sano equilibrio de mi energía física (adoptando una más estricta rutina de ejercicio), emocional (dedicando más tiempo a meditar y practicar Reiki como antes), intelectual (continuando con distintos estudios y enfocando mi atencíon en lo que importa y evitando distractores) y espiritual (asegurándome de que todas mis acciones estén siempre alineadas con mis principios, valores y prioridades).

2) Dedicar tiempo en cantidad y de calidad a mi familia y a mi hogar.
Procurar un ambiente de paz y alegría en casa. Apoyar y acompañar a mi hija en su desarrollo, enseñarle y aprender de ella también. Apoyar y acompañar a mi esposa, ser una pareja más cariñosa y atento a sus necesidades. Y ser un mejor amigo visitando mucho más a esos grandes amigos que tanto me han aguantado y apoyado.

3) Continuar y solidificar mi trabajo como coach, consultor, conferenciante y autor. Participando con nuevas organizaciones y viejos amigos también como conferenciante y facilitador. Apoyando a más personas como coach, acompañándolos en su desarrollo personal, liberar sus habilidades y fortalecer sus competencias. Ayudando a empresas a desarrollar las fortalezas de sus integrantes, a entender mejor las nuevas herramientas de trabajo que los medios digitales traen consigo e integrar una renovada visión como equipo. Ayudando a emprendedores y líderes de diversas organizaciones a hacer una mejor adopción de los medios digitales en sus esfuerzos de comunicación y mercadotecnia, pero también en otras áreas funcionales que mucho pueden aprovechar y tanto se han resistido a la tecnología. Y apoyando a más profesionales a encontrar y ejercer su marca personal y a empresas y organizaciones su marca como empleador, para propiciar que estas se encuentren en un punto en común que beneficie a organizaciones y profesionales por igual.

Y así VIVIR todos los días del año como lo quiero VIVIR.

Tu turno. ¿Cuál es tu tema para el 2013?

@lasmanadas, @saraeshken, @Danykill, @mmandujano, @Macrisjauregui, @OdetteRdz, @ftrevino, @gonzoogle, @lezorrillo,@betyosunag, @jonathanalvarez, @rebecadallal, @wera_supernova, @jazminfajardo, @RomeoMarquez, @LaMazapancita, @RicardoZamora, @Amenazza, @marimar_g, @guruclef, @alfonsolg, @heberthernandez, @allan05, @ImSarai, @linaerg, @AngelicaGG, @gpbolde, @seumenicht, @PAVKA, @wolfmulder, @martinaceves, @p_mendicuti, @BONO_DG, @luserrano, @monyherrero, @ricardoblanco, @equevedo, @imarchant, @heberthernandez, @varu28, @luismaram, @LaBreton, @Ivette_pollis, @FannyCeron, @ImBrendaHali, @EloyLopezJ, @RafaCids, @MECHEJAHN, @KPPT1.

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Tolerancia y respeto en la red.

¿Cuándo fue la última vez que criticaste o descalificaste a alguien más?

Si estás en Twitter, FaceBook, Linkedin o una que otra red social más; y trabajas en el medio de marketing, comunicación y publicidad, te aseguro que no habrá sido hace mucho…

Cada vez es más frecuente ver como unos a otros se descalifican con lo que y por lo que publican en su time line, en sus blogs, en sus muros.

Profesionales de distintas carreras, historias diferentes y diversos niveles de conocimiento y experiencia, tratando de hacer menos a otros para tratar de hacerse parecer, así mismos, mejores que los demás.
No solo mostrando su desacuerdo con lo que otros comparten, pero descalificándolos y menospreciándolos, en la red, como nunca se atreverían a hacerlo de frente.

Para ser franco, no se si esto se vea en otros campos y profesiones o si, por la natural cercanía con estos medios y el egocentrismo que la misma labor de comunicación trae consigo, sea este un padecimiento casi exclusivo de quienes trabajamos en marketing y comunicación (en la disciplina y medio que sea); pero basta hacer una simple búsqueda en Twitter de palabras como Gurús o expertos, y en distintos idiomas (es decir no es privativo de México o América Latina, sino que sucede en todo el mundo), para encontrar, de entre los resultados, decenas, sino es que cientos de tweets haciendo burla o críticas al respecto.

¿Quién nos dijo que estábamos preparados para ser juez y parte?

El truco está en la tolerancia y la tolerancia está en saber escuchar sin juzgar.

Y eso es precisamente lo que todos deberíamos intentar hacer, para después poder compartir con la misma seguridad, de que no seremos descalificados solo porque sí, nuestro punto de vista.

Hace tiempo lancé en el time line una pregunta que últimamente me hago a mi mismo casi todos los días: ¿Qué somos hoy capaces de hacer que hace un año no sabíamos?

Me parece que en mi caso, y habiendo, en su momento, lanzado mi buena parte de críticas a otros, una de las cosas que he aprendido es que todos tenemos derecho a compartir lo que pensamos y lo que sabemos o, por lo menos lo que creemos saber.
Todos tenemos derecho a intentar ganarnos un lugar en una industria y crear un nombre para nosotros en el medio en el que nos desempeñamos.

Ya estará en cada uno de nosotros hacerlo con honestidad, humildad y trabajo duro y real. Pero en esto es en lo que nos deberíamos fijar y no en lo que están haciendo los demás. Porque una vez que logramos no perder de vista el enorme trabajo que nos está costando ganarnos nuestro lugar, podremos ver el mérito en el trabajo de los demás y no solo excusas para criticarlos nada más.

Pienso que tal vez ha sido el último par de años que he pasado lejos de la vida corporativa, lanzando, construyendo con mucho trabajo y manejando mi propia organización, lo que he me ha ayudado a darme cuenta de esto. Pero lo que sea que haya sido estoy agradecido porque, al ver o escuchar del trabajo de otros, hoy me doy (no a ellos, a mi) la oportunidad de preguntar e investigar que han hecho para así poder dejar de lado a fanfarrones y embusteros y reconocer y respetar el trabajo que, de acuerdo o no con el, estos profesionales han hecho.

“Ese hombre no me simpatiza. Debo darme a la tarea de conocerle mejor” dijo alguna vez Abraham Lincoln.

Y eso traté de hacer hace algunos años cuando, como muchos, yo criticaba lo que mi hoy amigo Guillermo PérezBolde publicaba. Hoy algunos me critican a mi porque yo ya no lo critico a el. Pero ¿Con qué cara podría criticarlo a el o a cualquier otra persona, si antes no me di a la tarea de, cara a cara, preguntarle exactamente qué hacía o por qué lo hacía; conocer un poco sobre su historia y su experiencia y decirle de frente lo que pensaba?

Hoy sigo sin estar de acuerdo con algunos de sus puntos de vista y él con los míos también; pero los hemos discutido de frente, con un café en la mano o compartiendo el mismo foro en distintos eventos. Y eso no nos hace ni mejores ni peores que el otro, nos hace solo diferentes. Y esa diversidad permite que haya tantas maneras de hacer nuestro trabajo.

Por supuesto esa buena fe que uno otorga a otros puede traer otras consecuencias no deseadas, como las que hoy pago al haber confiando en quien tantas personas me decían a gritos que no lo hiciera… pero a final de cuentas es una lección y experiencia (nada agradable o fácil) más para crecer… y material para otro post.

El respeto no se impone, se gana.

No busques ser respetado imponiendo tu punto de vista y descalificando el de los demás. Gánate el respeto de otros regalándoles tu respeto a ellos primero.

Seguramente seguiremos encontrándonos con muchas personas con quienes no estaremos del todo de acuerdo y, sin duda, también nos cruzaremos con alguno que otro embustero total. Pero no perdamos el tiempo queriendo “desenmascarar” a quienes ni el tiempo merecen y mucho menos demeritando el trabajo de quienes están haciendo su mejor (recuerda tu no eres quien para decir si sí o no) esfuerzo, porque todos ellos, por alguna razón se han ganado su lugar.

… y un último favor… si en algún momento en mi time line ves que cometo el error de criticar o demeritar a alguien más, por favor siéntete libre de restregarme en la cara este post.

3 acciones para no estorbar tu propio camino.

“Perdona y olvida”, “Vive y deja vivir” y otras frases similares dicen por ahí, para aconsejarnos no guardar rencores y seguir adelante a pesar de lo que nos haya ocurrido en el pasado.

Pero ¿cuántas veces logramos en verdad perdonar y olvidar? A menos que tu apellido sea Gautama, dudo que sea muy seguido.

La realidad es que no es fácil justificar, entender y disculpar a quien crees que te ha hecho daño de una manera u otra. Mucho menos olvidar lo que crees que hizo y la forma en la que asumes que te afectó.

El problema es que igual de real es el daño que nos hacemos a nosotros mismos, cuando guardamos, o mejor dicho, traemos montados en nosotros todo el rencor que le guardamos a esa persona que nos afectó.

Con franqueza, no se si sea yo una persona capaz de perdonar por completo, olvidar totalmente y dejar pasar las cosas como si nada hubiera sucedido.

Pero lo que sí se es que no quiero ser una persona que se bloquea a si mismo por rencores, corajes y resentimientos. Mucho menos una que se eche encima el insostenible peso de “odiar” a alguien más.

Daño, nos hacemos todos entre todos constantemente, no necesariamente porque tengamos la intención de lastimar a alguien más, sino porque, con más frecuencia de la que deberíamos, sin darnos cuenta, pasamos por encima de otros con tal de conseguir aquello que tanto queríamos.
De modo que, quiero (e intento) pensar que no lo deberíamos tomar tan personal.

Pero cuando sentimos que alguien o algo nos ha hecho daño, cómo no asumirlo como personal, no lo se. Es algo que aún tengo que pensar, conversar y estudiar mucho más.

Lo que sí creo es que en tanto entiendo ese cuestionamiento, hay por lo menos 3 acciones que podemos poner en práctica para “poner a un lado” ese rencor y que no estorbe el resto de nuestro camino:

1)    Tratar de entender qué cosas son las que te afectan en realidad. No el por qué de las cosas, sino el qué, para poder identificar así qué efectos puedes aislar o eliminar de la situación actual. Incluyéndose a veces a uno mismo.

2)    Hacer un inventario objetivo de los recursos con los que cuentas para salir delante de la situación que estás enfrentando. Probablemente te des cuenta de que, aunque parezcan injustamente pocos, son justo los suficientes para salir adelante.

3)    Define un plan de acción sencillo. Acciones concretas, contadas pero muy impactantes que te ayuden a darle un giro completo a la situación. Enfócate a ejecutar y cumplir cada una de las acciones que definiste.  Voltea atrás y asegúrate de que ni tu mismo te estás estorbando para salir adelante.

¿Qué otra cosa se les ocurre a ustedes?

Dramática adicción

Pareciera que todos somos adictos al drama. ¿o no?

Estás viendo las consecuencias de tus acciones o de la falta de estas y en lugar de hacer algo al respecto, te congelas a esperar el drámatico desenlace en el que todo termina mal.
Es como estar viendo una vieja película de terror en la televisión, que viste ya hace tiempo y que por semanas no te dejo dormir, y no cambiarle de canal a pesar de saber que sufrirás ver lo que viene a continuación.

Todos somos adictos al drama. ¿o no?

¿Entonces por qué seguimos adelante con esas relaciones altamente tóxicas que sabemos que no llevarán a un buen fin?

¿Entonces por qué nos gusta hacer un escándalo de cualquier cosa por pequeña que sea?

¿Entonces por qué tantos nos quedamos sentados y cruzados de brazos ante esa situación que tanto queremos evadir?

¿Entonces por qué nos quejamos tanto de lo que no tenemos en lugar de agradecer con sinceridad todo con lo que sí contamos?

Todos somos adictos al drama.

Así que he aquí una propuesta para esta semana: ¿Que tal si en los siguientes 7 días no hacemos drama de nada? Solo tomamos las cosas por lo que son, ni buenas ni malas, mucho menos dramáticas. Y si no nos gustan como son, o hacemos algo por cambiarlas o aprendemos a aceptarlas por lo que son. Pero así, sin drama.

Y rompemos así, de una vez por todas, con esa dramática adicción.

 

 

 

 

De mejor a más.

Todos queremos ser el mejor. La necesidad de serlo nos la imprimen desde pequeños. Aún no tenemos real uso de razón y ya nuestros padres, por un lado, y los medios por el otro, se hacen cargo de impregnar en lo más profundo de nuestra psique, la necesidad… mejor dicho la obligación de ser el mejor.

El mejor en la escuela, el número uno en la banda de honor, el mejor jugador de la selección de la escuela, el campeón.

Pasan lo años y la competitividad generada, toma inercia propia y se pone aún peor. Ya no es necesario que en casa nos digan que tenemos que ser el mejor. Ya está de sobra que la sociedad y los medios nos muestren con falsas imágenes y conceptos erróneos del éxito, lo que quiere decir ser el mejor.
Actuamos por nuestra cuenta. El programa ha sido asimilado por completo y está siendo ejecutado… buscamos ahora solo ser el mejor en la carrera, el mejor profesional, con el mejor puesto, la mejor oficina y el mejor sueldo con el que compramos el mejor departamento, el mejor coche, las mejores escuelas y los mejores juguetes… Cayendo en picada en una espiral de inútiles frustraciones producto de una incesante e innecesaria competencia con los demás; con quienes quieren lo mismo que nosotros y con quienes no lo quieren, con los nuestros, en casa, con nosotros mismos también.

Y yo me pregunto: ¿Que nos sería mucho mejor para todos sin en lugar de querer ser el mejor, quisiéramos ser el que más?

El que más satisfecho y agradecido está por lo que tiene.

El que más pasión le imprime a su trabajo.

El que más valor genera para sí y para otros.

El que más contento está con lo que hace.

El que más enfocado está en su proyecto de vida.

El que más conciente está del valor de todos los que le rodean.

El que más disfruta de su trabajo.

El que más claridad tiene sobre lo que quiere lograr en su vida personal y profesional.

El que más se dedica a cuidar su salud física, mental y espiritual.

El que más procura a sus seres queridos.

El que más veces en el dia dice gracias porque sabe cuántas bendiciones tiene en realidad.

Cosa de elegir…

3 breves pero importantísimos pensamientos sobre tu Network.

“Your net worth is your network” (Tu valor neto es tu red de contactos), dicen por ahí y con mucha razón. Pero no solo por lo que tu red contactos puede hacer por tí, sino por lo que tú has hecho por este.
En una época en la que todos queremos “enlazarnos” con todos y descubrir que tenemos en común con totales extraños y en la que queremos acortar distancias y tiempos a través de entablar “contacto” a través de las redes sociales es fácil perder de vista lo que hacer networking es en realidad, por eso quise compartir rápidamente 3 breves pero, desde mi punto de vista, muy importantes conceptos sobre la forma en la que tratamos a nuestro network.

1) ¿Qué memorias estás creando en tu red?
Cuando la gente en tu network piensa en ti ¿Cómo te recuerda? ¿Qué has hecho hasta ahora por ayudarlos a estar mejor? La gente, difícilmente, recordará el puesto que tenías cuando te conoció, podrá olvidar tal vez lo que hicieron juntos, pero nunca olvidará como la hiciste sentir. No pretendo decir que trates de darle gusto a todos en todo, pero siempre habrá algún pequeño gesto con el que puedas dejar a la gente en tu red mejor de como la encontraste!

2) ¿Cuánto procuras a tu red?
Buscar a una persona solo cuando la necesitas no hará mucho por la relación que puedas tener con esta. Nutrir una relación personal, comercial o laborar requiere de atención frecuente. ¿Cuándo fue la última vez que tomaste el teléfono solo para saludar a un viejo amigo y dejarle saber que estás ahí? ¿Cada cuanto le envías alguna información relevante para algún cliente, ex-cliente o socio, aún cuando eso no represente un negocio para ti?

3) ¿Cuánto respetas y cuidas a tu red? 
Es fácil caer en la tentación de querer ser el héroe popular que todo lo puede y quien a todos conoce. Es fácil dejar salir esas peligrosas palabras de: “¡claro, es mi amigazo! yo te lo presento”, para luego presentarle a algún amigo cercano o no, cliente, proveedor o socio, a un total extraño que no sabemos si siquiera hará buen uso del contacto. Es fácil también ceder ante la tentación de pedir una recomendación a alguien que ni siquiera nos conoce bien.
Nuestra red es una comunidad y como tal debemos respetarla, darle el valor que tiene y cuidarla. No dejarías tu cartera abierta en plena calle para cualquiera la tomase, tampoco repartirías los números de teléfonos celulares de tus amigos en 10 vendedores desconocidos en la calle ¿correcto? Entonces ¿por qué lo haces a través de redes como linked-in?

6 difíciles lecciones como emprendedor

Si siguen este blog con frecuencia, sabrán que desde hace un tiempo decidí aventurarme a la vida empresarial, dedicándome por completo a esta, por lo menos en los dos últimos años.

Debo admitir que el tiempo ha sido poco y que, para nada puedo ya sentirme, ni siquiera cómodo con el título de empresario. Definitivamente aún tengo mucho que aprender para, al menos, sentir algo de equilibrio en este camino.

Pero como parte de mi mantra es seguir aprendiendo y seguir compartiendo (Keep sharing, keep learning & stay happy), no puedo dejar de… pues eso, compartir algunas de las lecciones más difíciles que, hasta ahora, he aprendido:

1. Las mejores ideas no valen nada si no eres capaz de hacerlas realidad. No importa que tan brillante, ingenioso y astuto creas que eres, si no estás preparado para trabajar y convertirlas en realidad, no eras tan brillante como en un principio pensabas que eras.

2. Tu equipo no es clave, es indispensable. Contar con gente que se identifique plenamente con tu visión y con el sentido de propósito de tu empresa es crucial si quieres hacer que tu sueño se vuelva realidad.
No basta con contratar gente talentosa o experimentada; si se unen a tu equipo solo por el dinero, las prestaciones y la forma de trabajo que les ofreces, pronto se identificarán con la compañía en la que les ofrezcan un poco más de paga o requieran  de menos esfuerzo.
Se valiente y atrévete a integrar personas que más que la aptitud tengan la actitud que buscas, la experiencia, de todas formas la irán acumulando juntos.

3. Cada día que te tomas libre es un día que dejas de producir; y un día sin producir es un día sin generar recursos. Es tan tentador pensar que “como eres tu propio jefe y nadie podrá decirte más que tienes que hacer”, puedes tomarte las cosas con más calma, pero la realidad es que no hay mayor responsabilidad laboral que la de ser responsable por el trabajo de uno mismo y del de toda la empresa.

4. “El primer paso es el mas difícil” es una gran mentira. El primer paso es en realidad el mas sencillo de todos. Seguir construyendo es lo complicado. Continuar construyendo peldaños y manteniendo el balance entre estos para seguir creciendo, ese es el verdadero reto.
Luchar con la tentación de ya no crecer más para no arriesgar a caer de más alto, eso es también complicado porque no hay vuelta atrás, una vez que das ese primer paso, no puedes dejar de avanzar. Porque, mantener tu empresa andando, es como andar en bicicleta, tienes moverte y avanzar todo el tiempo para mantener el balance.

5.  Los planes de escases solo traen carencias. En los momentos difíciles, recortar gastos es en lo primero que se piensa, pero al hacerlo, invariablemente afectas el ánimo de cada integrante del grupo. Claro que hay que administrar mejor los recursos financieros de la organización y ser mesurados con los egresos, pero una cosa es ser cuidadoso con la forma de usar el dinero de la empresa y otra muy distinta es actuar como si nada se tuviera. Si en tu mente hay escases, en tu vida solo habrá carencia; y para operar una empresa necesitas saber que siembre hay suficiente, que se vive en abundancia, que el dinero no es para acumularse sino para circular. Y que nunca se ha tratado de acumular riqueza sino generar abundancia para ti y para todos a tu alrededor.

6. Nunca, nunca, nunca olvides tu “por qué”. En el éxito total o en los momentos más difíciles; en la cima gritando victoria o con un nudo en la garganta luchando contigo mismo para no tirar la toalla, jamás olvides por qué, en un principio, comenzaste esa aventura. Mantener un firme sentido de propósito en lo que hacemos, es el viento del norte que nos permitirá seguir moviéndonos.

¿Qué lecciones me puedes compartir también?

Momentos de magia, “bump the lamp”… una historia verdadera.

“Bump the lamp” (golpea la lámpara) decía Micheal Eisner en 1988 a Robert Zemeckis cuando revisaban los avances en la edición de la película de “¿Quién engañó a Roger Rabbit?”,que este último dirigía, al discutir como podían hacer aún más especial una secuencia en la que el personaje (live character) Eddie Valiant (Bob Hoskins) discute con el cartón de Roger Rabbit, mientras trata de cortar las esposas que los mantiene atados.

Desde ese entonces, esta frase forma parte de la jerga corporativa entre los cast members (empleados) de The Walt Disney Co. cuando quieren hacer referencia a cómo pueden hacer más especial una experiencia para sus huéspedes (clientes), creando un momento mágico para ellos.

Y si hubo algo realmente importante que aprendí durante los años que trabajé para Walt Disney Parks and Resorts, es que todos, sin importar el puesto, título, presupuesto o incluso organización, podemos crear nuestra propia magia y hacer algo especial no solo para nuestros clientes, sino para cualquier persona… en mi caso, mi momento mágico me lo regaló un huésped en Walt Disney World:

Hace 11 años, después de aterrizar en el aeropuerto de Orlando, Florida, mientras abría la gaveta superior de mi asiento en el avión, un niño de aproximadamente 10 años y que entendiblemente tenía más prisa por llegar a Walt Disney World a jugar que yo a trabajar, me ganó a abrir la puerta, con la que, de no ser por mis ágiles reflejos, o mejor dicho porque se me atoró el cinturón de seguridad, estuvo a punto de ponerme un singular descontón.
Su papá apenado se disculpó y le llamó la atención. Minutos más tarde el mismo pequeño, accidentalmente cruzó su maleta con la mía, provocando que casi cayéramos los dos, justo llegando al área de migración. Su papá, una vez más, a nombre de su hijo, se disculpó.
Saliendo de la larga fila da migración cada quién tomó su camino, pero grande fue mi sorpresa al encontrarme al niño, junto con su hermana menor, su mamá y su papá, registrándose en el hotel Animal Kingdom Lodge, igual que yo.
Recordé inmediatamente la facultad que, como cast member, tenía de “bump the lamp” para la gente, así que decidí, enviar con el conserje del hotel algunos muñecos de peluche para el niño y su hermana, con una pequeña nota escrita atrás de mi tarjeta de presentación en la que les deseaba unas mágicas vacaciones y en la que firmaba tan solo diciendo “esquivando gavetas”.

Por supuesto Disney, por su cultura organizacional tiende a hacer más fácil la creación de esos momentos especiale pues, prácticamente, todos sus integrantes están autorizados para tomar decisiones para que, dentro de sus posibilidades, alcances y con sensatez,  puedan crear momentos especiales para sus huéspedes.

De modo que, para mi, la historia había terminado ahí, pero enorme fue mi sorpresa al ver que un par días después el papá de los niños había enviado a mi habitación una nota de agradecimiento que once años después conservo aún:

 “Gracias por la magia, gracias por el detalle, gracias, muchas gracias por hacernos disfrutar de la vida… como la sonrisa de mis hijos al ver tu regalo…” escribió.

Y así este total desconocido me regaló una de las más importantes lecciones que he tenido y que ni siquiera el más completo de los entrenamientos corporativos me dio: realmente todos tenemos la posibilidad de hacer mejor el día de alguien más, en verdad cualquiera de nosotros tenemos la capacidad de “hacer magia” por los demás. No necesitamos ser el CEO de una gran corporación, ni un prominente político o un filántropo adinerado, para mejorar la vida de alguien más.

En mi caso fueron dos completos extraños, un niño de 10 años y su papá, quienes me enseñaron lo increíble de hacer algo simple pero especial por alguien más.

El sencillo pero maravilloso significado de “Bump the lamp”.

10 grandes prácticas de liderazgo personal.

Los vemos todos los días destacando con su trabajo dentro y fuera de las organizaciones con las que colaboran. Vemos, incluso con cierta incredulidad, como hacen ver tan sencillo aquello que hacen con maestría y tratamos de aprender, al menos un poco de ellos.
No importa si se trata del CEO de una gran transnacional, de un coach destacado, un autor o un deportista de alto desempeño, si dedicamos un poco de tiempo a estudiar qué hacen para destacar como lo hacen, podríamos identificar al menos 10 prácticas que estos verdaderos líderes realizan, virtualmente, todos los días:

  1. Tienen claramente definida su marca personal. Y no me refiero a una marca para auto-promoverse como si fueran una lata de refresco, sino la marca que quieren dejar en la vida  de los demás.
  2. Mantienen foco en sus prioridades. Saben que no se trata de hacer lo popular sino lo correcto, poniendo así toda su atención en las actividades que realmente los llevarán a lograr las metas que se han trazado. Saben decir “no” a las peticiones que, aunque podrían hacerlos muy populares con quienes se las solicitan, solo los distraerían del valioso trabajo que saben que tienen hacer. Mantienen primero lo primero.
  3. Entienden la crucial importancia de generar un balance en su vida . Saben cuales son los distintos roles que tienen en lo personal, en lo laboral y en lo familiar y las prioridades que cada uno de estos roles implican, asegurándose de darle un lugar primordial a cada una estas.
  4. Eligen muy bien a sus influenciadores. Saben que si quieren ser los mejores en algo, deben trabajar y rodearse de personas que sean mucho mejores que ellos en eso en particular. Entienden que hoy, gracias a los medios digitales, pueden acceder a personas que, por geografía, antes no era posible contactar, los buscan, levantan la mano y se relacionan con ellos. Reconocen que muchas de las soluciones a los retos que hoy enfrentan están plasmados en miles de libros y escritos; lecturas a través de las cuales se pueden relacionar también con los autores más destacados e influyentes en los temas que les atañen.
  5. Jamás dejan de aprender. Todos los días se dan un espacio para estudiar, leer, preguntar, para meditar, analizar y reflexionar. Y continuamente se dan la oportunidad de intentar algo nuevo.
    Prueban, indagan y aprenden un poco más. Porque saben que cuando uno deja de aprender, deja de crecer y el día que dejas de crecer comienzas a morir.
  6. Practican, practican y practican. Reconocen que el éxito espontáneo no existe y que tarda, por lo menos 5 a o 8 años convertirse en un gran éxito de la noche a la mañana, así que todos los días practican su arte.
  7. Siempre van más allá del SPLAT. Cuenta la historia que un día un ejecutivo que buscaba el éxito con gran ambición se acercó a un Yogi que encontró en el camino y le pregunto: “¿Hacia dónde está el éxito?”, el yogi sin hablar señaló con el dedo en una dirección. El ejecutivo caminó hacia donde el sabio apuntó y justo tras perderse en el horizonte se escuchó un estruendoso “SPLAT”. Entonces el ejecutivo apareció con un pequeño golpe en el rostro, regresó con el yogi y le dijo: “Creo que hubo una confusión, ¿Me puede indicar hacia dónde está el éxito?”, el sabio, sin hablar, señaló en la misma dirección. El ejecutivo entonces una vez más se puso en camino, pasó del horizonte y siguió andando hasta que poco después se escuchó otro gran “SPLAT!” Esta vez el ejecutivo, realmente enojado, frustrado y golpeado, volvió con el Yogi a reclamarle: “Te he preguntado hacia dónde está el éxito y seguido exactamente tus instrucciones pero todo lo que he conseguido es que un enorme “SPLAT” me golpeé… ¡Basta! dime ya en dónde está el éxito.”, demandó. A lo que el yogi con calma respondió: “Está en esa dirección. Justo ahí después del SPLAT”.
  8. Se abren a la retroalimentación. Reconocen la crucial importancia de dar y recibir retroalimentación continua. Buscan recibirla abiertamente y la proveen de manera oportuna. No esperan a que llegue el momento de la revisión anual o trimestral, saben que la retroalimentación es crucial y no puede esperar.
  9. Cuidan y procuran a su más importante activo. Entienden que el único recurso renovable con el que realmente cuentan es su salud y energía, y comprenden que para sentirse en un óptimo nivel, tienen que procurar los cuatro niveles de energía que tenemos: la física (cantidad de energía), la emocional (la calidad de nuestra energía), la mental (como enfocamos nuestra energía en ciertas actividades) y la espiritual (como alineamos el uso de nuestra energía de acuerdo a nuestros principios y valores.
  10. Entienden la ley de la reciprocidad y olvidan el Quid Pro Quo pues comprenden que la reciprocidad no está en esperar algo a cambio por la labor que hacen, sino en realizar esas acciones a favor de otros porque así devuelven a su comunidad todas las oportunidades que han recibido. Comparten su experiencia y conocimiento, comparten su talento, sus recursos y sus relaciones. Comparten porque saben que solo así se genera valor para todos. Porque entienden que nunca se ha tratado de acumular riquezas solo para unos sino de generar abundancia para todos.

Rompiendo con el mito del balance entre la vida profesional y personal.

Si has leído este blog en los últimos años, sabrás que he dedicado muchos posts a hablar sobre temas como la definición del éxito profesional y personal, sobre el desarrollo de nuestras carreras profesionales y la realización de nuestra vida en familia, sobre crecimiento profesional y el desarrollo personal… en pocas palabras sobre el balance entre la vida profesional y la vida personal.

Durante al menos cinco o seis años, desde que comencé a escribir DLC, he estudiado, leído, cuestionado, investigado, preguntado, pensado y meditado al respecto. Tanto quizás que después de un tiempo, con la sensación de estar perdido, dejé de preguntar.

Pero la ventaja de perderse, es que es justo cuando uno tiende a encontrarse. O al menos eso dicen por ahí. Y es que, cierto o no el dicho, siempre habrá algo que nos ayude re-encontrar(nos) lo que estábamos buscando.

En mi caso fue ver un video en Ted.com de Nigel Marsh que mi amiga y co-autora (sí, esperen noticias muy pronto al respecto), Brigitte Seumenicht me recomendó ver, y que me hizo, no solo reconocer varias preguntas y planteamientos que por años he discutido, sino reconocer también muchas de las respuestas que hasta ahora no había querido ver que tenía ya.

Para cualquier profesional y para cualquier organización, la búsqueda de un balance entre la vida laboral y personal, es un tema de enorme relevancia sobre el que cientos o miles  de personas de múltiples empresas trabajan todos los días para encontrar la mejor, pero aparentemente, inexistente combinación.

Y, es ahí, en la combinación, en la que, desde mi punto de vista, está el error.

Pasamos años buscando la mejor combinación de tiempo y lugar como si la vida fuera una serie de sucesos cronológicamente ordenados y bien sincronizados,  aspirando a tener una utópica y balanceada agenda que nos permitirá hacerlo todo:

5:30 am Despertar
6:00 am Gimnasio
7:00 am Baño y arreglo
7:30 am Desayuno
8:00 am Lleva a los niños al colegio
8:30 am Camino a la oficina
9:00 am En la oficina.
13:30 am Por los niños a la escuela
14:00 pm Comiendo en casa
15:00 pm Camino a la oficina
15:30 pm En la oficina
18:30 pm Camino a casa
19:00 pm Juego y cena en familia
20:00 pm Baño de los niños
20:30 pm Niños a dormir
21:00 pm Tiempo de pareja
22:00 pm A dormir

Pero esto no es balance. Es tan solo el sueño de una ordenada agenda diaria que en 11 de cada 10 casos, NO SUCEDE.

Y no sucede porque el balance no está en administrar el tiempo y la geografía; querer administrar estos sería pretender administrar un recurso compartido con todos ¿y quién entonces tendría derecho por encima de otros para hacer esto?

No, el balance no se da en tiempo y lugar. Vaya, el balance ni siquiera se da ni se obtiene.

El balance se crea. Lo generamos nosotros mismos de manera consciente a través de las elecciones que tomamos, las decisiones que hacemos y las acciones que realizamos todos los días.

Elecciones entre la vida que queremos vivir y el concepto de vida que nos han querido vender; cosa que no es fácil si pensamos que gran parte del esfuerzo que hacemos típicamente es para cubrir las expectativas que otros pretenden poner sobre nosotros.

Decisiones sobre lo que vamos a hacer y a qué asuntos en nuestra vida, de acuerdo a la que hemos elegido y al periodo/etapa de vida en la que estamos, vamos a favorecer priorizándoles en nuestra agenda. Aceptando, a la vez, las consecuencias que nuestras decisiones traen consigo.

Y acciones, porque el balance no se vive en contemplación ni suposición, sino en acción. Creando, construyendo, viviendo y disfrutando desde hoy la vida que hoy y mañana queremos vivir, en lo profesional y en lo personal.

Equipo y dedicación.

Entre más grandes sean tus sueños y anhelos, más importante será tu la fortaleza e integración de tu equipo de trabajo; es sin duda una de las más grandes lecciones que he aprendido en los últimos años. Una lección, sin embargo, que tristemente veo que muchas cabezas de grupo, aún no han querido aprender.

Pero, en serio, si pretendes que tu equipo de trabajo se entregue con dedicación a tu organización, más vale que comiences tu a mostrarles la misma dedicación a ellos.

1. Demuestra tu auténtico aprecio por tu equipo. La principal razón por la que las personas abandonamos nuestro trabajo es porque no se sienten apreciados y respetados por quienes encabezan al grupo. Házle saber a cada miembro de tu equipo lo importantes que son para tu organización y déjales saber que con claridad que reconoces cada una de las fortalezas y competencias con las que contribuyen a tu empresa. Todos queremos sentirnos reconocidos.

2. Crea un sentimiento de pertenencia a una comunidad. Crea una cultura especial con la que cada integrante de tu equipo se pueda identificar y sentir orgulloso de predicar y vivir.

3. Déjales saber el tan importante impacto que su trabajo está teniendo en la vida de los demás. Comparte con ellos constantemente tu visión como líder de la organización y muéstrale a tu equipo  como con su trabajo están impactando positivamente la vida de otros dentro y fuera de la organización. A todos nos gusta sabre que hemos contribuido al bienestar de alguien más.

4. Celebra el éxito y progreso de tu equipo todos los días. Jamás los hagas esperar a que llegue la revisión trimestral o anual para proveerles de la dirección que debiste darles meses atrás.
Retroalimenta todos los días a tu equipo y ellos te lo agradecerán haciendo de tu visión la suya también

5. Pon especial atención en desarrollar el potencial de cada miembro de tu equipo. Conviértete en un generador de oportunidades y catalizador de recursos para ellos.

6. Se un coach, se un mentor, se un líder para ellos y ayúdalos a ir de donde hoy están a donde jamás se imaginaron que podrían llegar. Y en tanto lo haces, trabajo con ellos para convertirlos en grandes líderes también.

Encabezar no es lo mismo que liderar.

Hay organizaciones líderes en su ramo y organizaciones que lideran su vertical.
Y en contadas ocasiones son las mismas. Hay personas que encabezan y administran una compañía y personas que lideran a los integrantes de dicha organización.

Apple no encabeza la venta de computadoras personales, ni teléfonos celulares en el mundo, de hecho hay muchas otras empresas por delante de esta en la categoría, y sin embargo, todos estamos constantemente pendientes de lo que Apple hará a continuación porque su pensamiento, actitud y trabajo, lidera y guía para muchos la forma de pensar respecto a la innovación en este y otros mercados.

Google no es el medio número uno en ventas en publicidad pero su trabajo y visión, sin duda han formado una nueva manera de pensar respecto a la publicidad en línea y en la tradicional.

En muchos casos el vendedor número uno de la empresa, simplemente no sabe trabajar en equipo y le es casi imposible trasladar su experiencia a otros, porque sencillamente no porta el gen de compartir.

Y a menudo alguien en el equipo se convierte en un líder de pensamiento y opinión de su grupo, por encima del director general de la organización.

¿Y dónde radica la principal diferencia entre quienes encabezan algo y los que lideran en verdad?

Me parece que esta se encuentra en la actitud.

Mientras que los primeros se enfocan en encabezar, en sobresalir del resto y glorificar su posición, los segundos ponen toda su energía y atención en el movimiento que lideran. Entienden la misión que tienen y comparten una clara visión de esto con el grupo que los sigue,  tratando a cada integrante del grupo no como un seguidor más, sino como un personaje clave, un embajador incluso, que puede llevar su mensaje y compartir su visión a muchos más.

Estos líderes, por supuesto están interesados y ocupados en generar un ingreso importante para su organización; pero no porque estén preocupados como quienes la encabezan y piensan en cómo se va a ver su reporte anual, sino porque saben que contar con esos ingresos les permitirá tener combustible para el motor económico que requieren para seguir adelante con su misión.

Pero es esta, su misión, la que guía sus esfuerzos y la que, con toda la intención de dejar un legado y hacer la vida de otros un tanto mejor, mantienen viva por encima de solamente las ganas de encabezar un grupo y nada más.

Y es que tienen claro que encabezar, para nada es lo mismo que liderar.